- COLECCIÓN LITERARIA -

- OBRA  COMPLETA -

 


 

 

 


Décimo noveno volumen de la Colección , el escenario de las circunstancias que rodean a los personajes y los sucesos se desarrollan en el ámbito territorial del norte del Perú, se trata del niño abandonado por sus padres y maltratado socialmente, supervive a la realidad de su pueblo, adolescente es llevado como provinciano a prestar servicio militar, participó y fue testigo presencial en la época de la revolución de Trujillo en 1932.

 


 

VIDA DE UN SOLDADO PROVINCIANO

 

(ENSAYO DEL NATURALISMO LIRICO)

 

POR

 

A.   ARNULFO MORENO RAVELO

 

-2008-
 

Colección Nº 19


159 págs.

  

LIMA-PERU

 

2008


 

Autor:

Alipio Arnulfo Moreno Ravelo

Editor:

Hélwis César Moreno Bardales.

Ilustrador:

Hélwis César Moreno Bardales

Diagramador de la carátula y contratapa.

Hélwis César Moreno Bardales.

Editado por:

Demagraf PERU

Av. Eloy Espinoza Nº 415, Urb. Ingeniería, distrito de San Martín de Porres-Lima.

Revisión y corrección: Dra. Flora Nelly Bardales Flores

Primera publicación: año 2012.

Tiraje: 1,000 ejemplares

Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú Nº 2012-04536

Derechos Reservados del autor D. Ley  Nº 822.

Impreso en:

Talleres gráficos de la Empresa Editora: J&O Editores Impresores S. A. C

Jr. Rufino Torrico Nº 225-Lima.

Diciembre -2012

 


 

MANIFIESTO DEL NATURALISMO LÍRICO

 

La existencia en si pertenece a la naturaleza, éste es el concepto del contenido primordial de este mundo.

 

No podemos ser ajenos al Movimiento Literario del Naturalismo, los artistas y los literatos de esta parte del mundo, también debemos formar parte de éste movimiento universal.

 

La naturaleza es la madre de todas las ciencias científicas y del conocimiento del saber humano,  y desde luego, del arte y de la literatura, que son creadas en base a una real conciencia propia tradicional y objetiva de un hecho que busca representar directamente a la naturaleza.

 

El arte y la literatura en su universalidad evocan siempre escenas, paisajes y personajes de la existencia humana; abordan temas de la realidad de la vida, sin tener que idealizar ni menos retocar el contorno de la naturaleza.

 

La universalidad de las áreas temáticas son más humanizadas dentro del contexto de éste natural universo; generando consecuencias infinitas, que nadie pueda singularizar ni menos alcanzar definitivamente.

 

La amplitud multiplicador se acerca más a la vida real que a la técnica artística, en una misma consecuencia del ser palpitante, concreto y existente, tanto en las características físicas del suelo y del campo, como también políticas, sociales, sentimentales y pasionales, dentro de la conciencia lírica creativa del arte y la literatura. 

 

    Dr. A. Arnulfo Moreno Ravelo

                                                           Autor del proyecto

 

 


 

PRESENTACIÓN

 

Esta obra literaria, es para el hombre del pueblo, que sin las posibilidades de vida, proceden de algún lugar de la patria, con el ánimo bajo la sombra, de supervivir a su propia realidad de los que le rodean.

 

            Esta obra  nació con el nombre de “La vida en la sombra” el 12 de Febrero de 1978, terminado después de un año; pero he creído conveniente especificar con mayor claridad, realismo y objetividad, cómo los jóvenes reclutados en las provincias, son testigos de las ambiciones de los políticos, de los militares y de los grupos politiqueros circunstanciales y ocasionales que pasan en el tiempo, dejando huellas vergonzosas sobre esta bella naturaleza que nos brinda la Tierra.

 

En las provincias de los Departamentos, se tenía la idea de que Lima, como capital de la República del Perú, era la más hermosa en donde todos los aspectos, que se ganaba dinero para vestirse y gozar de la felicidad que Dios le había colmado por ser la ciudad principal del país, porque todos siempre querían venir a Lima y además, lo demostraban los provincianos, que regresaban después del año que se habían venido huyendo de sus casas maternas, jamás había escuchado lo contrario de este ideal; nunca se habló del gran secreto que se guardaban en el interior de los hogares limeños, de los grupos sociales capitalinos, políticos, militares, religiosos, económicos y administrativo, de sus turbios manejos corruptos de sus organizaciones estatales, paraestatales, empresariales y bancarias. 

 

En mi experiencia personal, fue el día domingo 18 del mes de Febrero del año 1962, que salí de mi pueblo de Tauca, de la provincia de Pallasca Ancash, vine en tren hasta Chimbote y luego a las nueve de la noche nos embarcamos en una Empresa de Transportes “Chincha-Suyo” siempre acompañado de mi padre, con la esperanza de seguir mis estudios universitarios en Lima. A las seis de la mañana del día lunes 19, nos desembarcamos en su agencia ubicada en el Parque Universitario, fue la primera vez que conocía Lima. En el transcurso de los días veía mucha caras provincianas, muy poco se escuchaba el huayno por la radio, solo en algunos al amanecer se entonaban los cantos provincianos, como en la “Radio el Sol” que trasmitía el recordado Luís Pizarro Cerrón, siempre se despedía en quechua, comunicaba las fiestas costumbristas y los eventos musicales andinos de los domingos en el Coliseo Nacional.

 

Aquí en Lima, conocí el termino de barriadas en donde vivían los provincianos por que no podían pagar los arriendos de sus habitaciones, la mayoría eran obreros, me agradaba escuchar los huaynos de mi pueblo; en ésta capital supe diferenciar las costumbres y los estilos de sus interpretaciones musicales, como las canciones del Sur (Cusco y Puno), del Centro (Junín, Ayacucho y Huancavelica), del Norte (Cajamarca, Lambayeque y La Libertad) y en ésa época no se escuchaba los del Oriente. Los parques se poblaban de colores los días domingos de provincianos, la gente nos llamaban “serranos”; para evitar éste calificativo o trato peyorativo, nadie quería decir el lugar de su procedencia, en forma general todos decían soy del norte, del centro o del sur. Se veía muchos soldados uniformados gozando su día de franco, con sus respectivas enamoradas vestidas de colores llamativos.

 

La gente acriollada les trataban con cierto desprecio a los provincianos, existía cierta indiferencia de oportunidades, casi no apoyaban a los jóvenes para realizar estudios secundarios ni universitarios, existían solamente dos universidades San Marcos, nacional y La Católica, particular, el examen de ingreso eran muy concurrido en su mayoría eran alumnos egresados de Colegios de secundaría de las provincias.

 

Lima en ése tiempo se encontraba rodeado de muchas barriadas, me causaba mucho dolor y cólera de ver que a mis paisanos provincianos, los limeños los arrinconaran miserablemente de esa manera, ésta situación dio lugar para escribir Eufonías de la noche 1967,  Rebelciáticas 1967,  Zurriagal 1968,  Suburbiales 1968,  Hojarascas de la ciudad 1969; con un poco subido de tono o voz literario, con desubicada color de rebeldía sin o con causa política.

 

Me parecía comprender, que el servicio militar obligatorio, sólo se había dado para los provincianos, para los hijos que se dedicaban a las tareas agrícolas, el que hacia producir los campos, el que mantenía a sus familias, les arrancaban del seno de sus modestos hogares para servir a la Patria, éste servicio obligatorio no era para los ociosos, vagos, hurtadores, estafadores, “niños bonitos”, de las familias de la capital de clase alta, que solamente ellos, eran los llamados o que podían aspirar a niveles de mayor jerarquía militar o social.

 

Era una injusta e irracional discriminación racial, se había enraizado en la capital, la existencia de grupos raciales dominantes, poderosos, sobre los grupos étnicos de los valles interandinos de las provincias tanto del interior del país como de las vertientes de los Andes. Esta actitud de los militares y de los grupos sociales, me causó mucho descontento y en todo momento estuve en contra de este trato de inferioridad que daban a los soldados hijos de los provincianos, por motivos de ser naturales de la sierra o de los Andes, andinos por nacimiento y no contar con las posibilidades económicas suficientes, menos con el apoyo político, educacional y social de sus pueblos provincianos, alejados y olvidados de los Gobernantes de turno de las altas familias o apellidos conocidos de la sociedad Capitalina.      

         

                                              A. Arnulfo Moreno Ravelo.

           Autor de la obra

 

 


 

C A P I T U L O   I

REALISMO INTERIOR DEL MUNDO SOCIAL

 

En uno de mis viajes que realice a la ciudad de Chiclayo capital del Departamento de Lambayeque, de donde me desplegué a sus demás provincias con el propósito de conocer más de cerca las bondades y riquezas culturales que tiene este grandioso mundo social de nuestra patria.

 

Nuestros maestros nos enseñaron que la situación geográfica de Lambayeque hoy Región Nor Oriental del Marañón, se encontraba localizado en el sector Nor Occidental del territorio peruano, es fundamentalmente costero, ocupa pequeñas áreas del flanco occidental andino hacia el Nor Este; fue creado por Ley del 1º de diciembre de 1874, con tres provincias, Chiclayo, Ferreñafe y Lambayeque, con su capital la ciudad de Chiclayo que fue fundada en 1720, es un territorio poco accidentado y ocupa principalmente llanuras costeras desérticas, bañadas por el océano Pacifico, su economía básicamente es agrícola, sus principales cultivos es el arroz y la caña de azúcar, su actividad artesanal en el trabajo de la madera y tejidos en paja, de abundante legado histórico,       

 

El viento tibio cruzaban las pocas profundidades de sus valles, el bajo riego de sus aguas reflejaban de plata los tallos de la verdosa escasa vegetación de sus bosques de algarrobo, el tiempo en amanecida surcaba el sector septentrional del departamento, reflejado en el cristal azulado de las aguas del mar que se pierden en el alejado horizonte de aquél perlado e inmenso del cielo. 

 

No se trata aquí de describir un viaje peatonal o un viaje aéreo ni marítimo menos fluvial u otro espacial terrestre ó de la vida no natal, se trata de testimoniar un hecho real de la sociedad de aquélla época que sucedía en esta parte de la amplia patria, que se extiende hacia el norte, musicalizado de sus estremecedores tonderos, entristecidos valses, alegres marineras característicos de las tierras cálidas de la costa, este aspecto diagrama el elemento lírico sustancial de una hermosa región, que da lugar necesariamente a recopilar las voces líricas naturales que se difunden entre sus generaciones, siendo las fibras de fuerza que conducen entre las tristezas y las alegrías en el camino de la existencia de los pueblos.

 

Entrando por sus campos encontré a un grupo de gentes que bailaba animadamente, dando un sentido pintoresco de “un marco lírico puro” costumbrista social, con la sensibilidad de sus habitantes de entonar éstas canciones y ejecutar el baile característico de éste tondero titulado “El Palomo Enamorado” de Filomeno Ormeño y grabado por Jorge Luis Jasso:

 

Volaba de prado en prado,

volaba de loma en loma,

volaba de prado en prado,

volaba de loma en loma,

un palomo enamorado

que se sintió separado

de su inocente paloma, ¡ay!

 

Al otro lado del río,

en una jaula encerrado,

el palomo enamorado

cantaba y así decía:

Dónde estás, paloma mía,

que de mi te has olvidado

con sólo cruzar la loma.

 

Y el arroyo, entrecortado,

de los campos, repetía.

Y el arroyo entrecortado,

de los campos, repetía.

Parece que así decía:

¡Ay, de mi te has olvidado!,

donde estás, paloma mía,

que de mi te has olvidado,

con sólo cruzar la loma.     

 

En otros de los lugares del valle costeño, borronean las ilusiones en el cielo, escritas con el amor instintivo y natural de sus hombres y mujeres, cantando sus emociones y bailando el sentir y el reflejo de sus costumbres que traslucen sus tristezas y sus alegrías, entonando sus canciones con un contenido emocional de tradición, como en éste alegre tondero “La Apañadora” de Alicia Maguiña, grabado por Ana Bertha Arroyo:

 

Un sábado por la tarde,

me propuso mi patrón,

me dijo:”Ay, Asunción;

ay, Asunción, chola china,

sal pronto de la cocina,

ya no pelarás gallinas,

vas a apañar algodón,

vas a apañar algodón”.

 

Cuando llega la cosecha,

con multicolor pollera

y con sombrero de paja,

sale ya la apañadora

a apañar el algodón,

a apañar el algodón.

 

Los cholos con pecho al aire,

tostaditos por el sol,

le dicen: “Ay, Asunción,

vente a apañar a mi lado”.

Pero en caballo de paso

llegó el apuesto patrón

y se fue con Asunción

y se fue en su caballo,

y se fue con Asunción

a apañar el algodón,

a apañar el algodón.  

 

    Al cruzar un pueblo caluroso de la costa tuve la suerte de presenciar las creativas inspiraciones de la cultura y costumbres de su gente, expresadas en ese elemento lírico natural de sus compositores, se bailaba otro tondero titulado “La Perla del Chira” de Guillermo Riofrío, grabado por Maritza Rodríguez:

 

Del Chira eres la perla,

sultana de las sultanas.

Recuerdo tus marineras,

tus mocitas palanganas,

paseos en las canoas

al calor de las mañanas.

Aunque lejos yo me encuentre,

no te olvidaré Sullana.

 

Recuerdo los picaditos

en casa de las Coloma,

rico seco de chabelo

y “estilao” de la Simona,

sabroso sabor del claro

servido en un chirihuaco,

además por su cebiche

de caballa y peje blanco, ¡ay!

 

En casa de la Cristina

y también donde Ballona,

Ancajima, Rafaela,

María Elena y la Asunción.

 

He de volver a mi tierra

en busca de mi gallada,

recordando viejos tiempos

para seguir la jarana.

 

He de volver  a mi tierra

en busca de mi gallada,

recordando viejos tiempos…

¡Hasta la vuelta, paisana…!

 

Naturalmente era el tiempo caluroso que reverberada sobre la arena de los campos irreversible, en que el niño de estos lugares de la provincia costera, para aprender las primeras letras del Abecedario Hispano, debía encontrarse obligatoriamente de pie firme mirando al arenal cálido horizonte lambayecano muchos descalzos; al lado izquierdo del inocente niño se encontraba vigilada de la señora de avanzada edad, próxima a cumplir los setenta años, que oficiaba de Maestra de aula, a quién el tiempo le había castigado sin compasión los rayos solares de los arenales, dejándoles profundas huellas imborrables que surcaba en su cara autoritaria de blanca cabellera, su cuerpo ya no le podía sostener todo se iba en curva por su vejez. Naturalmente el niño nervioso y asustado con el pensamiento alborotado, que se exteriorizaba en sus cerdosos cabellos sin haberse peinado; quién previamente estuvo ubicado sobre ésa dura tabla el llamado “banco de colegio”, hecho de madera de algarrobo que por el uso de varias generaciones ya se había compactado de tal manera su consistencia con calor y hasta ennegrecido tomando el color de marrón brilloso, pero ya provisto de un trozo de paja, de la que se usa para hacer escobas, a guisa (a modo o de manera de puntero). En su temblorosa mano izquierda, recelosamente sostenía el niño un trozo de tabla de madera de dos por veinte, por treinta y reducida en un extremo, a cinco centímetros, sobre la que estaba adherida la llamada cartilla, con sus veintinueve letras que conformaban el Alfabeto latino. Aquí es en dónde se iniciaba la dura experiencia angustiosa de la incertidumbre, de ser sorpresivamente atacado con un temeroso retorcido pellizco, de ése tremendo apretón doloroso de la piel de un inocente niño que le hacia estremecer todo el cuerpo, pues era con éste retorcido aplicado en el lugar del lado derecho intercostal de la zona escapular del débil cuerpecito de la criatura; generado por efecto de la violenta presión efectuada por la primera y segunda falange respectiva de los vejestorios dedos pulgar e índice de la mano izquierda de la vieja señora Maestra de aula, el castigo era por el sólo hecho, de no haber aprendido a pronunciar en el sistema de ésa llamada enseñanza de muchos quinquenios pasados, en donde los maestros aplicaban éstos inhumanos castigos causándoles imperdonables traumas al inicio en el crecimiento de los niños.

 

Armonizando los repliegues de las exigencias sociales y de los rigores del clima de su secano ambiente. Pues realmente ir a la escuela en esos tiempos era un terror permanente para los niños, por eso muchos dejaron de asistir a sus colegios y naturalmente se ahuyentaron hacia los campos para aprender a cultiva las tierras y quedarse analfabetos para toda su vida con la cara envejecida y no recibir estos inhumanos castigos. Solamente aquéllos niños que eran exigidos por sus padres y que desconociendo el pánico en que se vivía en los colegios, seguían asistiendo aún haciéndose “la vaca” o repitiendo año tras año. Pero en el caso, de éste niño provinciano que nos ocupa se vio obligado a soportar tales castigos con aquélla expresión de piedad hasta terminar el año escolar, superados aquéllas amarguras estudiantiles, quedaba expedito el niño para tener acceso, a continuar con las materias siguientes.

 

No olvidarse, que naturalmente las modalidades anotadas al inicio era cuando un niño iba por primera vez al colegio fiscal de su pueblo provinciano; en éste caso, sólo es un débil destello de la magnitud del vejamen y odiosa forma de la enseñanza, que debía asimilar el niño en edad escolar, para salir liberado de otras torturas insufribles; como el látigo y la palmeta lo cual consistía en recibir en cualquiera lado de la mano, golpes dados con una pieza de gruesa madera redonda con varios huecos en el centro, con un mango de treinta centímetros de largo de donde lo cogía fuertemente el maestro para iniciar el castigo, previamente hacia que el niño a castigarse alargara o extendiera la mano con la palma mirando al cielo, quién cerraba los ojos volteando la cara al contrario de la mano, que esperaba recibir el número de palmetazos, mientras que el maestro concentraba su cólera en el mango de la palmeta y luego descargaba con toda su fuerza en la mano estirada del niño, contando los palmetazos algunos lo resistían valientemente hasta el final, otros llorando de dolor soportaban hasta el último palmetazo, caso contrario, se les obligaba a recibir el doble del castigo en la otra mano. Los imperativos actos tanto escolares como sociales continuaban la senda cotidiana del pueblo.

        

El propio y abismal tiempo formal de encuentro del día y de la noche constituía su innegable mundo legado de sus antepasados en su tradicional educación. Es conveniente señalar que el castigo para las niñas en el aula del colegio, por razón de sexo, se les obligaba á arrodillarse, sobre granos secos endurecidos de garbanzos o de frijoles; dichas torturas y agravios eran aceptados por los padres de familia de aquélla época como la cosa más natural; la educación tanto en el hogar como la enseñanza en el colegio fiscal, eran rigurosos con el empleo de estas prácticas salvajes e inhumanas, de ahí que en muchas partes de la patria, se decían que la “lección entra con sangre”, “la letra se aprende con golpes”, “los padres debe reprender a sus hijos a látigos”, si no podía hacerlo los padres, entonces los delegaban a los padrinos o a los tíos o a los maestros”; por ejemplo, en caso de que un niño de encontrarse caminando por la calle o por la vía pública o por los arenosos caminos, el sólo motivo de no ceder el paso o la vereda a las personas de mayor de edad, constituía una falta grave para un niño y que era castigado como escarmiento para que en el futuro no se repita; siendo el castigo de escarmiento, que al niño se le aplicaba una cantidad de latigazos, administrados por sus progenitores con pretensiones de insinuarse que en su hogar existía orden de una buena crianza de los hijos, éste castigo que debían ser recibidos de buen o mal agrado por el malcriado niño, sin justificación alguna de inmediato eran aplicados en las posaderas o nalgas o en cualquier otro lugar en donde la furia ciega o salvaje paterna los lograra aplicar sin mirar o medir las consecuencias del castigo, que eran tan fuerte que al niño le hacía soñar despierto las llanuras desérticas desconocidas de la costa y entre lágrimas de dolor le hacia mirar “el reventarse las estrellas del cielo” en sus ojos en pleno día.   

 

Pero los flancos productivos de la región, regados por los ríos descendientes de aquél macizo andino occidental, que sustenta su alta producción agrícola, frente a un aturquesado océano Pacifico, crecía su vigorosa ciudad de Chiclayo, entre su incomparable vegetación de árboles y arbustos que verdean sus extensas e importantes lugares naturales de inspiración poética. No deseamos cansar al lector, con mayores sadismos sufridos y torpemente amparados en las costumbres de sus ancestros, ejercidas naturalmente como una regla de los hogares norteños en la aplicación de que los hijos gozan de una buena crianza a lo antigua.

 

Es menester dejar presente otra costumbre relevante en la vida de los niños, aún en una breve narración, aunque ésta costumbre en la forma elemental es empleada en diferentes partes del Perú; se deja sentado así mismo, que al advenimiento o venida o llegada de los días de la Semana Santa, según manda la “religión foránea”, como los denominaban los chiclayanos, por que la religión católica vino con los conquistadores, así como todas las existentes en el país. El niño, como todos los demás de la sociedad de éste lugar, sus costumbres lo imponía a que deberían hallarse avocado a observar muy rígidas reglas de vida, como por ejemplo aquéllos consistentes; en no hacer manifestaciones o ademanes de festejos o bailes, como también llámense sonrisas o hablar en voz alta, tampoco podían dedicarse a cualquier clase de juegos infantiles durante los días del segundo Jueves y Viernes del mes de Abril, llamados “Santos”. Las sanciones o castigos aplicadas en esos casos; se ejecutaban en las primeras horas de la madrugada del siguiente día sábado, denominado “Sábado gloria”. Los días de guardar en obediencia a Dios, era de tal manera, que aquél niño, que por descuido había generado alguna mínima travesura, tenía que ser flagelado sorpresivamente al despertar en su lecho víctima de los azotes, que los propinaba con gran fuerza de maltrato por parte de sus progenitores en obediencia a las leyes morales de Dios. Esas pesadillas se presumían que tenían el sabor de inquisición, de acuerdo a nuestra historia nos han enseñado que fue el más cruel sistema de justicia implantada en el Perú, traída “allende los mares” por los españoles; como los califican los habitantes de las afueras de la ciudad de Chiclayo, con una mente de tantos recuerdos confusos que fue “el plan de explotación Ecónomo Mental, llamado Religión Católica y Apostólica, importada de la Iglesia Romana”, y muy convencidos nos agrega que podríamos llamar “La Fe de Pozo”, curiosamente le preguntamos a qué obedece la definición y luego sonriente nos afirma que hacen referencia a la “sepultura en tierra firme”. Pero el otro al parecer más leído de otra religión nos dice: “Este agravio, lo sufren especialmente los países que ofertan libertad de cultos (Perú) y cuyo deber de las autoridades en un país, sería esmerarse en culturizar a sus hijos, sobre el riesgo que entraña el establecimiento de religiones ajenas dentro del país, aunque las ampare la ley, deben establecer rigurosas exigencias a cambio de no sugestionar adeptos, que ya rayan en el fanatismo y cuya base fundamental es la incultura de los pueblos”. En cierto modo éste habitante chiclayano nos hace reflexionar que en Perú, a su criterio “sostenemos lo inútil, como pesado lastre que nos corresponde mantener cualquier religión importada”; en éste caso, el personaje chiclayano, en tono áspero prosigue diciendo “si se considera la natural evasión de capitales en moneda extranjera; pues, aparte de sustraerles a sus creyentes, respetables estados económicos y otros” de carácter diverso que nos abstenemos en publicar, por no ser naturalmente nuestro fin, sostener polémicas de aquel género y además por qué el sistema de definir a un Dios, tienen en varias religiones un medio indefinido y atormentador de naturaleza divina, para el supuesto caso, de que pretendiese sentirse mancillada alguna persona  creyente en alguna religión, solamente exponemos como muestra real de un habitante de ésta extensa naturaleza; por lo que respecta al catolicismo, nuestro personaje demuestra a su criterio un inconfesable desagrado. Mientras que la tarde se derramaba sobre los cálidos amplios valles de la costa y el arenal de plata era soplada por el viento tibio del mar, proseguía airadamente sosteniendo su disgusto y enfado, diciéndonos: “cuando tiene lugar el Cónclave de Cardenales y en el que se hace entrega de valiosa prenda al Aspirante Papal, cuyo uso le está reservando hasta el término de su existencia terrenal y el gran secreto impronunciable, mientras sea un Ser viviente, sumado a todo ello, lo ya afirmado de que cada religión, tiene un medio como definir a sus dioses”, soltando al aire una sonrisa burlona, cogió su herramienta de agricultor al hombro conjuntamente con su bien usada alforja y poncho, se puso a un lado de la cabeza su sombrero de paja por donde le caía los candentes rayos del sol, comprado en un centro industrial de artesanía, en donde había tres mujeres y una niña sentadas en ruedo, cumpliendo el deber de tejedoras de sombreros de paja y otros artículos, igual que los existes en las inmediaciones del pueblo de Monsefú, provincia de Chiclayo, con su camisa blanca de tocuyo, se apretaba la cintura con una faja de algodón, que sostenía a su deshilachado corto pantalón ocre, que se doblaba a media canilla y con los pies descalzos, se levantó del muro de adobe y se marchó a prisa por el angosto camino de riego, por donde caminaba sorteando las sombras de los árboles, para evitar que su cuerpo reciba el fuerte calor de la tarde.

 

Mientras que una pareja de jóvenes daban el marco pintoresco lírico de su ámbito social de su pueblo, tratando de teñir el redondeo de las emociones decorativas de la felicidad que les embarga, ágilmente bailaban dibujando con los pies descalzo de su canto, sobre las secas hojas de los árboles que barnizaba la arenosa superficie, cantando el tondero titulado “San Miguel de Morropón”, de letra y música de Miguel Correa, grabado por Fiesta Criolla:

 

Para bailar tondero,

netamente de Morropón

tiene que haber primero

un repique en el cajón.

Entonces el bordoneo

firuleteando empezará

 

y luego el rasqueteo

de las guitarras retumbará. (bis)

 

Empieza lo rico y bueno

del tondero de San Miguel,

que por su compás ameno

en todo el mundo no hay como él.

 

¡Adentro, cholita linda,

que venga esa chicha pura,

seco, e chabelo también,

y si alguien habla de Piura,

le rompería hasta la sien!. (bis).

 

Esta alegría se redondeaba plenamente con un vals titulado “Viva mi Norte”, letra de Raúl Cáceda, interpretado por Carmencita Lara, en ésta forma:

 

Quiero a mi Patria

y su lindo Sol,

quiero a mi Norte

Por eso a nadie

tengo que envidiarle

porque en mi tierra

dichosa soy.

¡Oh! mi norte querido

eres mi dicha mi inspiración

eres la tierra anhelada

que todos quieren nacer en ti.

HABLADO:

Pero que lindo es mi Norte

querido cholito,

tierra de artistas y de poetas

que, brillan como el Sol.

Porque ellos son

la luz divina

en que hoy vivo

y soy feliz.

 

 


 

C A P I T U L O   I I

ESTAMPA DE UN JINETE DEL NORTE

 

Lo poco accidentado de las extensas llanuras costeñas, naturalmente expuestas sus desérticas tierras arenosas a merced de las brisas del mar, bajo un límpido cielo acampanado de cristal, girando de extremo a extremo las blancas arrancadas neblinas pintadas por el alba que se esparce a lo largo y ancho de la mañana, dorada por los primeros rayos del profundizado sol del norte, que al abrirse en dos parte el tiempo, hacia el horizonte se configuraba la presencia física de la existencia de una estampa de hombre como un orgulloso jinete, que por obra de la bendita naturaleza, alcanzó supervivencia entre las adversidades de su pueblo, como una herencia recogida de los conquistadores que llegaron al norte del Perú, como veteranos en el manejo y crianza de un elegante corcel, cuyo relato de la vida real de estos caballos como un personaje de gran utilidad a través de la historia, se espera llevar al alcance del conocimiento, no como una obra más sino que se haya encaminado a encontrar en éste ensayo del naturalismo lírico, el propósito perseguido de aquél proyecto soñado, con el exclusivo objeto de tratar de generar un concepto sincero del realismo social y de su entorno lírico instrumentado con sus canciones inolvidables fiel reflejo de su identidad cultural de esta parte de la patria.

 

Flotaba la aurora como vaporosas brisas alargadas primaverales, contemplando el maravilloso fondo claro de la arribada mañana salida del horizonte. Eran las primeras horas de un día cualquiera en Chiclayo, floreciente ciudad en siglo y medio de su creación política, Capital Departamental, notable por su excelente y variada producción agrícola; especialmente arroz, caña de azúcar, pan llevar, emporio de agradabilísimas frutas de extensa variedad como: ciruelas, mangos, limas, mamey, lúcuma, cereza, pomarrosa, diversos tipos de caña dulce, higos, pacay, cacao, tumbo, tubérculos y otros de dilatado enumerar y un alto desarrollo industrial de artesanía  en sombreros finos de paja “mocora” y del mejor multicolor poncho fino de hilo tramado prenda masculina de sugestivo golpe de vista, para uso exclusivo en festividades muy renombradas, como también complemento indispensable para un jinete chiclayano que montado en un bello alazán (caballo) que bien enjaezado o alhajado con costosa montura llamada galápago, hecho o confeccionado de cuero de la más alta calidad y llevando adornos en la cabeza del cuadrúpedo, consistentes en jáquima, especie de bozal, que servía para aprisionarle las quijadas dirigiendo su encaminar y sobre el gordo pecho del animal, unos correajes entrecruzados, llamado “pecho petral”, sobre el que en forma escalonada, lucia adornos de plata, estaba provisto de su “tapa ojos”, todos éstos así mismo, eran de cuero repujado, con adornos de plata, de la parte posterior de la montura, pendía otro juego de correas elegantes con extensión a la llamada baticola, cuya pieza, insustituible impedía que resbalase la montura en sentido horizontal sobre el lomo del animal, era colocado bajo presión, en el extremo superior de la cola del animal, para seguridad formal del orgulloso jinete de las arenosas tierras cálidas del norte.

 

El hombre montado en su caballo representaba a un gran jinete, como una estampa del hombre tradicional de las ciudades del norte, la marcha o modo de  caminar de dicho espécimen o caballo, referente a sus miembros anteriores; era del aspecto usual de la pisada firme en vertical y rápido despliegue habitual al lateral del cuerpo del animal, formando un sugestivo manoteo desde dentro hacia fuera, característico  rutinario del “Caballo de Paso”, cuya procedencia se estimaba que fue heredado de mucho tiempo atrás como propiedad en familias económicamente acomodadas. Por lo que, respecta a los medios de sujeción y mando los caballos se acondicionaban en primer lugar, constaban de dos largas y bien trenzadas riendas, que partiendo de los extremos superiores de la boca, se extendían en paralelas a lo largo del cuerpo del caballo, correspondiendo su parte media, lo que sostenía firmemente el tradicional jinete con la mano izquierda. Terminaban este par de redondas y largas riendas, en una pieza de forma plana y aguda punta, cuyo objetivo era servir de ves  en cuando; para aplicarle severo golpe, sobre el anca para imponerle o endosarle mayor entusiasmo en la caminata del animal; otro complemento indispensable del galápago,  consistía en dos bien cuidadas como fuertes y resistentes correas, que pendiendo del centro de la montura de una pieza trapezoidal, llevaba como colgajo elegantes piezas de cuero repujado, una por lado o en cada lado correspondiente a la mejor obra de arte plateado se denominaban estribos, que se utilizaban preferentemente del lado izquierdo, para tomar posesión o cabalgar el jinete en la montura. Otras veces, los estribos, era de madera, en forma de pirámide o metálicos, en forma de pequeñas argollas enchapadas de plata. Resumiendo esta breve mediana descripción, de los elementos de la montura, un ancho tejido complementado de cordel de resistente hilo blanco y correas de cuero en ambos extremos conformaban el sistema de ajuste de la montura, sobre la parte media superior y la zona inferior del cuerpo del animal. El jinete, en su vestimenta, llevaba en todo tiempo y especialmente en horas del día con luz radiante, su infaltable fino sombrero tejido de paja mocora, representaba a una excelente obra de arte, por razón del material empleado de finísimas tiras o hebras en tejido entrelazado, de figura circular vertical con altura superior a quince centímetros, terminando en un ancho alero. Este sombrero, en supuesto caso de emergencia; fácilmente se podía utilizar como útil recipiente, incapaz de perder una gota de agua en considerable transporte de tiempo y distancia del cual podía beber el Jinete.

 

Era costumbre tradicional para los Jinetes, constituirse al pueblo de la Villa de Eten, cerca del puerto del mismo nombre bañada por las olas del Océano Pacifico, a donde deberían de recurrir los interesados Jinete de valía, para adquirir dicha prenda de la cabeza. Este pueblo de Eten, era el lugar nato de origen ancestral de donde procedían las costumbres y demás cualidades, en éste lugar se completaba el traje festivo el un buen Jinete del “Caballo de Paso”, luciendo impecable camisa blanca almidonada, hecha de fina batista y anchos holgados como bombachos pantalones de hilo blanco, adherido a los tacos del calzado, el metal elegantemente forjado en plata, en forma semicirculares piezas metálicas de plata provistas de espigones, llamadas “espuelines” o espuelas, consistían que en un extremos se adornaban de pequeñísimas sierras circulares, para aplicarlas hincadas por el jinete en el sitio denominado “hijar” del caballo. De éste modo, fue la histórica estampa del hombre del norte, elegantemente montado como un orgulloso jinete de buen caballo de paso, en aquéllas tierras norteñas del Perú, a principios del siglo XX.

 

He aquí un vals, titulado “La Novia tierra”, letra de A. Fernando Graña, grabado por Chabuca Granda, que se refiere al paisaje natural y a la figura de un jinete enamorado de su tierra transita en su caballo color caramelo y dice así:

 

Entre la flor del naranjo

que bordea un caminito

anda un señor a caballo,

pasito a paso, solito;

con la mirada perdida

va acariciando su tierra,

es su novia y viste azahares

para entregarle naranjos.

Y por la tierra callada

y al rumor de un arroyito,

sigue el señor a caballo,

pasito a paso, solito;

y entre la flor del naranjo

que bordea un caminito.

 

La mañana, que lo busca,

le sale al paso y lo encuentra,

le regala su frescura,

le ofrece su primer beso;

mas se lo quita la tarde

salpicándole colores

y con pétalos de flores

quiere detener su paso;

mas el señor a caballo,

solito, pasito a paso,

la ve caer, mas no mira

que se muere en el ocaso;

sigue el señor a caballo,

solito, pasito a paso.

 

Con su rabioso perfume,

la noche levanta vientos

y se los tiende de lazo,

subyugante y gime tientos…

mas el señor a caballo,

solito, paso a paso,

con la mirada perdida

va acariciando su tierra,

entre la flor del naranjo

que bordea un caminito…

Y es su novia… y viste azahares…

y se le entrega en naranjos.

 

 


 

C A P I T U L O   I I I

MUNDO EXISTENCIAL DEL NATURALISMO SOCIAL

 

La naturaleza es base fundamental de la supervivencia de los seres en el mundo, entre toda esta belleza, también existe las adversidades en éste relato de la vida real de este personaje. El niño había nacido en la ciudad de Chiclayo, llevaba por nombre Agustín, no era excepción de ser testigo presencial en aquéllos pueblos del norte de la generalidad en ésas épocas pasadas si consideramos o nos referimos al panorama desolador a que se hallaban sujetas la cantidad de madres solteras, en la diversificación de aquél mundo social de los pueblos del norte de la costa.

 

Pues los hombres de no obstante de ser buenos trabajadores y forjados en el quehacer de la agricultura de los campos, también eran muy buenos cortejadores de las bellas mujeres, que por ser del sexo débil, las damas se rendían a los brazos de éstos forzudos y valientes hombres que no escatimaba esfuerzos en sostener duplicidad de mujeres y además representaban a múltiples hogares, cuya asistencia y manutención de jefatura lo desarrollaban a la perfección, ejercían bajo el influjo de absurda como descabellada mentalidad de ser el “hombre macho” de los de arriba del norte del mapa del Perú. Al cumplirse los ciclos anuales de cortejos a las mujeres solteras a la ganada con otros de su genero, resultaban obteniendo cuando menos, cuatro o cinco hijos por año calendario en cada mujer soltera. Imagínese el Perú no ajeno al escaso y crítico estado demográfico, que se consideraba de un kilómetro cuadrado por habitante, cuyo factor no era pretexto justificatorio para el caso, ya que realmente constituía excelente caldo de cultivo, para comprobar su alta responsabilidad de los hombres casados del norte de la costa frente a las tantas mujeres solteras que eran embarazadas anualmente, pero nadie se quejaba ni existían juicios de alimentos, naturalmente se sometían voluntariamente ponerse de lado del ineludible y célebre deber paternal de cuidar, sostener, educar y forjar buenos hijos a imagen exacta del valeroso progenitor, que la historia recoge en su seno, por que no existían ladrones ni asaltantes, todos tenían obligatoriamente ser conocedores de la agricultura como base fundamental de la alimentación de la vida.

 

Aquí es oportuno agregar los dichos de la gente del pueblo, ¿a qué se debía todo ésta procreación de hijos?, nos relataban que en estos pueblos del norte del país, existen muchas creencias mundanas, que obedecen las leyes naturales en sus diferentes aspectos de la vida de un poblador del norte de la costa, para cortejar a las mujeres, dominan mucho la música y baile como el tondero, la marinera y muchos otros géneros musicales, además todos desde niños aprenden el arte de la guitarra, la quena, rondín, acordeón, violín, etc. y en el baile hasta descalzos en los arenales se desplazan son para atraer al sexo opuesto, y en sus alimentos se recomendaban algunos afrodisíacos que de la misma planta y en el mismo campo se alimentaban de bastante miel de abeja, leche, almendras, palta, chocolate, chancaca, el cañazo, cebiche de conchas negras, las fresas, las ostras, plátano, maní, espárragos, eran alimentos o insumos más populares para potenciar la energía sexual y el deseo sexual tanto del hombre como de la mujer, y entre las canciones populares del norte de la costa que son cantados y bailados en las conquista de los enamoramientos tenemos los tonderos que son la viva fuerza del hombre y la mujer sobre el arenal, como lo hacen en la Caleta de San José de Chiclayo, en San José de Lambayeque, como también en bajo Piura, en Morropón y en otros lugares de la costa norte, son las siguientes:

 

El enamorado baila su marinera al compás de su guitarra como el que trascribimos la marinera norteña, titulada “Saca Chispas”, letra de Luís Abelardo Nuñez, grabado por Fiesta Criolla y dice:

 

La jarana va a empezar

al golpe de un buen cajón,

salgan todos a bailar

y ajústense el pantalón. (bis)

 

¡Saca, cholo, chispas de suelo, sí,

agitando el blanco pañuelo, no! (bis)

 

Marinera de mi tierra,

como tú no hay nada igual,

en costa, montaña y sierra,

es la más tradicional.

 

¡Saca, cholo, chispas del suelo, sí,

agitando el blanco pañuelo, no! (bis)

 

¡Marinera de mi tierra,

que se baila hasta en el cielo…!                       

 

Muchas mujeres jóvenes de Chiclayo, eran madres solteras, aquí sólo nos ocuparemos para anotar que las mujeres es el único elemento capaz creadora de mundo en el universo, y excelentísima lumbrera asociada de la naturaleza, eminencia figura para la supervivencia del hombre sobre la Tierra; es la que configura la triste o alegre criatura del globo terrestre, víctima de crueles tratos y despojos en que vivimos como incalificable delito amoroso, era el que asumía de hecho la responsabilidad y naturalmente quedaba moralmente obligada a asistir al producto de sus entrañas; purgando así, la llamada ingenuidad con que fue premiada por naturaleza desde el germen de su gestación, que sin mostrar vanidad en el heroico singular tedioso, dilatado y empeñosa espera de largo novenario mensual. Brinda al mundo natural, el hombre fruto de su existencia y le entrega el más cálido beso materno de bienvenida a su regazo, vivificante su enfaldo como solo ella puede darlo. Como producto de ésa humana materia viviente, es nuestro personaje de nombre Agustín, el último de cuatro hermanos de familia que presentamos, trajeado en forma humilde, como habían de ser su carácter y actitudes propias de deseo personal. Ésta criatura, vio la primera luz, en penúltimo día (30) del mes de Agosto, que según algunos oráculos, le asiste poseer recia contextura moral, así como ágil memoria y valiente coraje en adversidad.

 

Aquí va una marinera norteña titulada “Así es el norte”, letra de Octavio Fernández y dice:

 

Dime, dime Chiclayanita

porque tú ya no me quieres

como antes me adorabas

y ahora me desprecias.

 

Eras buena y cariñosa

a tu casa me invitabas

a comer esa rica causa

que tú misma la preparabas.

 

Así………………………..

 

Los sábados era el frito,

los domingos era la causa,

los lunes el espesado

y los martes el cabrito

y asentábamos con clarito. 

 

   Tenía unos cinco años de edad y naturalmente, no lograba sospechar cuando bajo camuflaje o encubrimiento se disimulaba percibía el enorme susto que se empeñaba en proporcionarle su primo Nicanor, lo cual consistía en la áspera exigencia de saludarlo al primo; por entonces el joven Nicanor, representaba los dieciséis años de edad, se encontraba atravesando las épocas de los rebeldes sin causa y era tal la perversidad moral de éste joven; cuando preguntado en los alrededores de la vecindad de su domicilio habitual, ¿quién era la señora ancianita?, que moraba en la casa del joven Nicanor. Éste sin pérdida de tiempo contestaba a sus interlocutores, refiriéndose aquélla pobre anciana, les decía: “que la anciana sólo era una pordiosera”, era una respuesta totalmente adversa y falsa, cuando en realidad aquélla pobre y mal trajeada anciana, era la madre verdadera de su propio padre del joven Nicanor. No le agradaba reconocerla como su abuela paterno. Los jóvenes de éste tiempo vivían en otra realidad, nadie quería ser descendiente de familias pobres de la costa, tampoco querían ser procedentes de lugares aledaños de las ciudades o caseríos, menos quería decir que son de la sierra o de otro lugar de los Andes, todos querían ser imaginariamente de lugares y descendiente de familias importantes, la juventud siempre ocultaban innecesariamente el lugar verdadero de origen o de su nacimiento o de su procedencia, todos querían nacer en la capital del Departamento o en las ciudades notables del norte del país, era como una reacción social de vanguardia contra la enseñanza tradicional de los pueblos de provincia y distritos.

 

En este caso, la crianza de nuestro personaje, felizmente ya había cambiado de domicilio y se encontraba en los menesteres de aprender memorizando el terrible abecedario,  también llamado Cartilla, de lo que surgió a este gracioso niño Agustín, la siguiente composición:

                                                                                                                                                                              A – B - C,

                                    la cartilla se me fue

                                    en la calle San José,

                                    si no parece este mes,

                                    llevaré mi queja al Juez.

                                                                                                                                          En el desarrollo hogareño de la vida familiar de nuestro gracioso personaje, surgen internamente sorpresivos e inesperados problemas en su modesto hogar de madre soltera, que marcan el inicio de innumerables dramas, similares al que nos proponemos enumerar en éste nuestro narrable esfuerzo, al encumbrar la modestia con figura de una obra literaria del naturalismo lírico, que damos a luz en el empeño de nuestra humilde tenacidad.

 

Aquí transcribimos un vals titulado “Rosa Té”, escrito por Max Edgardo Arroyo Gutiérrez y música de Germán Zegarra, grabado por Los Kipus:

 

Brotó al amanecer de un día de abril,

mi linda Rosa Té, como un rojo botón;

al lado vio crecer, oculto entre un jazmín,

un apuesto doncel que hacíale el amor.

 

Y le llegó a tener un amor tan febril

que no hubo en el vergel

quien le inspire pasión.

Solíase mecer en el tallo gentil

de su hermoso clavel, que acaso la engañó.

 

En vano fuiste fiel a tu querer

y nadie comprendió tu corazón,

son muchas como tu, mi Rosa Té,

las que han muerto de amor.

 

Por eso solo a ti, mi Rosa Té,

dedico con amor esta canción, 

porque en las hojas secas de tu ser

está todo el dolor.

 

Pero un día al volver sus hojas a entreabrir,

no halló al ingrato aquel, que herida la dejó,

y así, al atardecer, buscó sin conseguir

los besos que otra vez le dio con tanto amor.

 

Al fin, sin su querer y al no poder sufrir

tiño de palidez sus pétalos en flor,

herida al florecer y ansiosa de vivir,

murió mi Rosa Té sumida en el dolor.    

 


 

C A P I T U L O   I V

MUNDO NATURAL DE AGUSTIN

 

Animadamente iniciaremos haciendo referencia a doña Agustina, nombre materno del Padre de Agustín, quién divertida lucía calva y blanqueada la longeva cabeza pensante de mujer, por los venerables años de existencia y haber vencido los muchos problemas de la vida, era puntualísima creyente católica y ostentaba alegremente orgullosa preciados distintivos de su religión, que constituían su principal preocupación mundana, por el cual asistía infaltable a oír misa los días domingos, en la primera misa que tenía lugar en la iglesia principal lugareña y que los curas se celebraban en horas de la madrugada, antes de rayar festivamente la aurora, y no conforme con lo actuado alegremente en la celebración de la misa; sólo abandonaba el templo, después de haber transcurrido muchas horas en indescifrable coloquio o contento dialogo con el adorado Redentor de Almas.

 

Era de rigor rendir culto a las imágenes, en éstas épocas en que la religión católica imperaba en el país, todos rendían culto con la más profunda reverencia en los altares de las iglesias, que elegantemente cuidado y ornamentados de finos trabajos de filigrana de oro de la más alta calidad, con interpretación y concepción artística en madera conducente a la divinidad celestial; los curas de las iglesias no conocían las diferencias todos eran hijos de Dios, sin discriminación alguna y la asistencia de fieles, eran tan numerosa constantemente en cualquier día de la semana, el interior de las iglesias era la exaltación del alma, la felicidad del hombre encontrada en la tierra, con solamente observar el radiante dorado, nos producía la animación de regocijo más extraña encontrada en los bellos y costosos altares, erigidos por la feligresía para presentar y realizar solemnes reverencias a las imágenes que ordenadamente en ellos se encontraban en sus correspondientes urnas.

 

Pues habían efigies correspondientes a la divinidad representada por el Dios Supremo, el Padre Celestial, de todo lo existente sobre la Tierra, en los cielos y en el espacio del universo, en igual manera que a Jesucristo, Dios hijo, del Espíritu Santo y sacrificado Redentor de Almas, todos aprendían que en el día del Juicio Final, “Descenderá de los cielos” y vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos, según reza la oración llamada El Credo, que todo creyente católico, no debe ignorar. En el Altar de la Virgen María, Madre de Jesucristo, a todos les pretendemos sugerir que nos de absoluto crédito a lo expuesto, relacionado con el nombre de Jesucristo, sin ir muy lejos en el país, tenemos y encontramos persona humana laborando como profesional liberal, de lo que podemos dar fe, queremos decir; El altar eficientemente adornado con sobresalientes piezas de precioso metal de oro y de las más bellas flores que produce la naturaleza, atendido siempre alegremente, con dedicación extremadamente amorosa por las creyentes del sexo opuesto, quienes dedicaban más tiempo a ésa Imagen de Jesucristo, alabanzas como el canto “María, madre mía, yo te doy mi corazón. Alabemos a Dios, y a la madre de Dios, etc.”. abran podido observar que sobre la puerta de entrada del Templo, en construcciones elevadas se hallaba situado el lugar del Coro, éste lugar alborozado era elegido por los adolescentes de ambos sexos, era en donde se reunían, para ensayar y cantar escogidas piezas religiosas y composiciones musicales divinas, que eran complementos obligados del sacrificio de la Misa. Los compactos grupos Corales, estaban integrados por los mejores exponentes de la festiva voz, eran exponentes amantes y cultores del canto y de la música religiosa.

 

Como podemos observar en comprobada competencia, dejando a un lado la más insignificante duda, respecto a que siempre la Mujer tendrá participación en el coro, es en realidad de invalorable apoyo, así como punto básico de la entronización de la religión, por razón propia de ser encomendada el necesario cuidado casero de la familia en el idioma universal; es decir, la mujer será siempre la generadora y la creadora de ése mundo real hogareño, lo que resulta indiscutible y estéril todo esfuerzo tendente a debilitar la presencia y penetración religiosa de cualquier género en los hogares.

 

Para doña Agustina, no existían fronteras para su idolatría, y se sentía terriblemente indispuesta, si a su vida llegaba el conocimiento de “alguien”, señalado o encubierto de perjuro, o de falto de fe de juramento y no exenta del clásico y femenino placer de mujer, nunca apurada de recibir torcidas y mal intencionadas interpretaciones, en confidencias de congéneres o en conversaciones de mujeres chismosas, empeñosas en desquiciar ajenas reputaciones, con la ceguera propia de mujeres que empaña y causa desorden en los hogares, creando rencor inmotivado hacia quién se auto titulan “Hija política”, por hacer gala de influencia barata, se impuso la triste misión  de lanzar con arrogancia inútil, el dardo maligno, con el fin único de que inocentes criaturas, producto de la unión carnal de su hijo con Madre soltera. Fuesen separados por insondable espacio, sin que pudiera hallarse apoyada por el falso orgullo Feudal o de rancio abolengo; pues a fin de cuenta, ella, sólo era infeliz huérfana de progenitora creado por estos actos; el camino de calvario por éstos cuatro hermanos, faltos de calor materno y ensombrecido por triste noche; todo panorama, carecían de la más elemental prueba de afecto.

 

Considerando que realmente todo cuanto se hace, o se tiene; no es legítimamente duradero. Cuando se encuentra “mal encaminado”, podría encontrarse “suponemos” la persona humana, que pretenda hacer eterno juramento de amor, Pues bien, éste es lo que le sucedió a doña Agustina; ella fue víctima de ataque de agudo reumatismo, consecuencia de la avanzada edad de vida, que le impidió totalmente seguir el modelo de existencia personal acostumbrado. Después de superar aquélla dolencia en la que Agustín, se convirtió para ella, en el más eficiente auxiliar, especialmente en las noches de su dolencia, para alcanzarle medicinas o lo que fuera menester a fin de que logrará obtener algún alivio en su molestoso dolor; pero surgió inesperadamente la abismal diferencia, naturalmente en la separación de la existencia del niño Agustín, cuando fue llevado por su padre, a casa de su madrastra. A quién no conocía muy bien; por ésta razón, de aquí en adelante la llamaría simplemente tía, ésta nueva mujer se encontraba gestando su primer hijo, y naturalmente el mandadero de turno o sea el que iba hacer los mandados de la casa era el hijastro.

 

He aquí un vals que entonan los hijos a sus progenitoras, titulada “Amor de Madre”, letra de David Igreda, grabado por Los Embajadores Criollos, que dice:

 

Jamás he conocido

lo que es amor de madre,

por eso es que yo envidio

la suerte de los seres

que Dios lo ha premiado

con caricias de madre;

 

al fin, yo soy un huérfano,

capricho del destino,

estrella de mi vida

que así Dios designó. (bis)

 

Perdóname, Dios mío,

si en algo te reprocho,

no es justo lo que has hecho

quitándome ese amor.

Hay hijos inconscientes

que, lejos de adorarla,

ultrajan a la madre

con sus viles acciones.

Yo quisiera tener madre

para poderla adorar,

yo quisiera tener madre

para poderla besar.

 

Parece que ayer fuera,

tan presente lo llevo,

cuando mi madrecita

la frente me besó

 

y me dijo, apenitas

con su voz moribunda:

“Hijito de mi vida,

éste es mi último adiós.” (bis)

 

 


 

C A P I T U L O    V

NATURALISMO SOCIAL DEL PERSONAJE

 

                                                                                                                                          Aquél día se había ensombrecido y profundizado la compleja visión en el tierno corazón, de una criatura que no sabía distinguir los caminos de la vida. El niño Agustín, llega a su nuevo hogar de su madrastra, a quien le trata como su tía. La tía, ocupaba el reinado oficial de Madre soltera, en quinto y último lugar, refiriendo a la línea sucesoria de las demás queridas que le antecedieron. En ésta parte vamos a relatar o narrar lo concerniente al aparente normal medio de subsistencia y todo cuanto le sucedió al niño Agustín, en éste lamentable período infeliz y desdichado que no sería exagerado calificar de maldita o mala escuela. Cotidiana labor era del niño Agustín, acudir a cumplir exigencias como mandadero, especialmente a la plaza de abastos, con objeto de adquirir la misérrima porción de carnes de res. Clásica palabra que no desmiente la dificultad que se presentaba como problema insoluble o que no se podía resolver, ni siquiera Dios lograba remediar el problema; por lo que se formaban cerrados grupos de personas, en torno de la mesa en donde se expendía o se despachaba al menudeo la carne, las personas mayores también deseosas de obtener lo que les fuese posible. Como el niño Agustín, naturalmente sentía hambre y que éste deseo resultaba ser su amigo inseparable. En el caso, de que la suerte le acompañara, el carnicero por su inadvertida presencia de niño no le cobraba, volvía presuroso a la casa de la tía y le informaba, que debido al tumulto de los compradores, abandonaba rápidamente la escena y no pagaba el precio de la carne de res al carnicero, éste breve relato le producía regocijo emocional y lo cual dibujaba amplia sonrisa que se iluminaba en la joven semblante de la madrastra, es cuando se mostraba gozosa de aquella picardía de este inocente niño; pero el hambre sin duda, resulta ser un elemento poderoso cuando ataca el débil cuerpo de una criatura como la de Agustín, que por todo alimento sólo recibía un ligerísimo y ralo caldo, consistente en un poco de agua, donde flotaban tacaños o miserables granos de arroz, que eran el sustento habitual en horas del medio día.

 

Los días que pasaban no había cuando se cambiaran de color, siempre para éste chiquillo el tiempo era de un eterno color ennegrecido en el más profundo de su inocencia, que guiaba a su alma apenada. En aquélla casa, no se imaginan que se trate del más triste y pobre tugurio, y que aquello fuera el móvil de tan extraño hábito internamente. La casa era de muy buena y noble construcción, constaba de un amplio patio revestido el piso de fino mosaico floreado, luego venía la sala de considerable extensión, se hallaba ocupada por un armazón de madera, con sucesivas divisiones escalonadas, que se hallaban repletas de mercaderías, compuestas en su mayoría de sombreros tejidos de paja mocora, de toda calidad; así mismo, de los más variados precios. Pues era un establecimiento comercial importante en la zona; ya que la madrastra, practicaba negocios en respetable magnitud comercial al por mayor y menor. Sus importaciones procedían de la República del Ecuador, había bien surtida sección de abarrotes, por lo que no era extraño ver en un ángulo de ésa sala, la botija de arcilla llena de pisco puro, que fue su envase original de esa bebida alcohólica. Había escaparates colmado de paja multicolor, teñida ex profesamente, para dar mayor vistosidad a cierta clase de sombrero llamado “chalaquito”. No faltaba entre ésa mercadería, la cerveza de fabricación alemana, llamada “Águila Verde” y la de envase mediano con sabor a malta. El establecimiento comercial, fue obra implementada del conviviente de la tía, quién para obtener el cariño de ella, la colmaba de desmedidos antojos y caprichos, además siendo la situación económica del marido, bastante respetable y cómoda; la tía, se cubría con sencillez y facilidad la inmoderada e innoble ambición de su quinta conviviente oficializada. En la que alcanzó a procrear el mayor número de hijos comparado con las cuatro madres solteras de sus anteriores hijos.

 

El mundo cósmico se partió en dos, el amanecer se había retenido a la distancia, todo el universo de éste pequeño se había inundado de melancolía por los estrechos y ásperos caminos de sus sueños. Era una mañana de aquellos días inolvidables del niño Agustín, cuando el ciego poder del hambre, atacó sin clemencia al débil cuerpecito del niño en referencia, y el dinero que “no fue pagado” al vendedor de carne en el mercado de abastos, lo retuvo muy secretamente en uno de sus zapatos que el uso ya lo había deteriorado, lo que fue motivo de sorpresiva alarma de disgusto en el carácter de la llamada tía; quién sin compasión alguna procedió de inmediato a desnudar al niño Agustín y a despojarlo del dinero retenido en su calzado, cuando ambos se encontraban en el lugar en donde ella ejercía el negocio, exclamando la madrastra en alta voz: “a su tía no se engaña”, mientras en su cara malhumorada, se podía observar un maligno gesto de risueña y pésima maldad. Risa satánica e hipócrita, que perduraría en el recuerdo más profundo de aquél ingenuo niño, hasta los últimos momentos de su vida.

 

Con el salvaje castigo aplicado por la tía, en una crisis de dolor y llanto, se desmayo aquél inofensivo niño, que fue a despertar en una modesta y aseada cama de un Hospital, en donde los esfuerzos de la Ciencia Médica, resultaron estériles, para combatir la extrema debilidad anémica causada en su infantil organismo, Estos actos perduraría recordando aquél niño, el grave daño que le había originado en los largos veinte años de sufrida dolencia hepática y de la que ya había sido intervenido en Cirugía, en tres oportunidades la grave causa de su casi el fallecimiento, fue siempre el violento cierre total del conducto de gases en el paquete abdominal, llamado Esfínter de Odi, hacían lo posible para seguir venciendo ésta adversidad.

 

Aquí escuche este vals titulado “Triste Despedida”, letra de Emilio Peláez Montero, grabado por Maritza Rodríguez, que dice:

 

Dicen que las despedidas son muy tristes

yo digo que tu ausencia para mi es la muerte,

porque desde el día aciago que te fuiste,

muero porque ya tal vez

no he de volver a verte.

 

Tengo desolado y triste el corazón

porque no estás junto a mí.

Se que poco a poco pierdo la razón,

no lo pudo resistir.

Dicen que las despedidas son muy tristes,

desde que te fuiste me siento morir.

 

En la noche linda y bella,

contemplando las estrellas,

me parece ver tu imagen

y al saberte tan distante,

mi corazón anhelante

sueña volver a estrecharte.

 

Sólo me consuela el saber

que si te alejas es porque

el destino así lo quiso,

que tú sufres tan igual que yo,

que lloras como lloro yo

con esta separación.

 

El mundo de éste niño, ya se veía tan distante, era un mundo tan confuso, todo se le había derribado por el espinoso quehacer de sus pensamientos, pero tenía que regresar al mismo sitio de su tristeza. El dormitorio de la casa de la tía, era una habitación amplia, de unos seis metros de ancho y de igual medida en profundidad, había en el: una ancha cama, que era  el lecho que compartía la pareja, compuesta de la ama de casa y su marido, allí estaba también una cuna, para el recién nacido, cuya persona ocuparía el primogénito lugar en esa línea familiar, heredera del nombre materno; cuya costumbre “es un plagio importado”, “como tantos”, venidos de la mal llamada Madre Hispana por fuerzas de represión, necesarias en el sostenimiento de todo Gobierno Nacional, y que como referencia anotamos, de la Madre Española Noble, Benemérita Institución seguiremos sus vivos ejemplos, etc, parte del amoblado de ése dormitorio, estaba ocupado con dos grandes cajas hechas o construidas de madera, cuyas junturas se les dominaba endentado por que las uniones, formaban un sistema de excelente seguridad no precisando utilizar clavos al construirlas, sus medidas aproximadas; un metro de largo por unos sesenta centímetros de alto y cincuenta de ancho, que provistas de buena chapa se utilizaba para guardar y  conservar, en ella los valores y objetos más valiosos, que constituían la riqueza material del hogar, la de propiedad del varón, jefe de la casa celosamente encerraba entre otros objetos; un fino y elegante maletín, dentro del cual había una valiosa cantidad de monedas componentes del patrón de oro, nacional de las cuales no se podía precisar, a golpe de vista su total contenido de las relucientes y brillantes monedas, que por encontrarse fuera de circulación, ya había sido objeto de especulación, por su tenedor, quién manifestara que se había retirado pobre de un trabajo de constructor a contrata y realizaba obras, en las que tenía como colaboradores bajo su influencia de mando, un centenar de hombres. En observación conjunta en la referida caja, un par de repletos finos sombreros; daban cabida a incontables monedas de fina plata de nueve décimos, del cual estimará la imposibilidad material de encontrar mayores detalles, al tener en cuenta el paupérrimo atraso de cultura y el invencible obstáculo llamado honestidad a cargo de Agustín, la caja gemela, cuya propiedad era  de la tía, resultaba inestimable su contenido, si se tiene en cuenta, la terrible desconfianza; que en todos sus actos, la tía dejaba notar y para darse una idea, bastaba con observar lo que noche a noche, con rígida disciplina ejecutaba ella, antes de ocupar el lecho con fines de reposo.

 

Con la mayor prolijidad o cuidado después de asegurarse del cierre hermético de la puerta de acceso a la calle y provista de vela encendida en su mano, se dedicaba a examinar por los ángulos de las habitaciones, y debajo de camas, en donde sólo su obsesionado y turbio pensamiento, le insinuaba encontrar fantasmas inconcebibles que pudiesen turbar su angustia, fruto de su extremada tacañería y temor sólo atribuible a mentes humanas extraviadas, o criadas bajo la sombra feroz del delito perennizado, sobre sus hombros llevaba el agobiante peso de ser hermana de un individuo, que vivía evadido de condena, por haber cometido homicidio. En la persona de un propietario de bueyes, acto en que fracasó en su intento de robo al ser descubierto, encontrándose en inferiores condiciones del adversario, inmediatamente hundió su mortal puñalada en supuesta defensa propia, para luego poder librarse y emprender su improvisada fuga.

 

La curiosidad de todo niño no se le había perdido todavía, a pesar de sus pesadumbres y desconsuelos su infantil corazón ponía en práctica su inquieto y agudo oído a las conversaciones de los mayores. Aquella narración del crimen, fue fielmente interpretada cuando la tía, tuvo la ocurrencia de propagarla en singular coloquio de escalofriante expresión, había sido su conviviente, a quién le ayudara a poner tierra de por medio al asesino, facilitándole los medios necesarios en la huida. Cumplidos más de cincuenta años, no se tuvo noticia alguna del evadido criminal. Durante éste tiempo de larga y afligida espera, se produjo el deceso de la tía, que antes había enfermado gravemente de diabetes, ya convertida en legítima esposa, por haber sido casada en “artículo de muerte” antes del fallecimiento del esposo, que según a un Certificado Médico indicaba que su deseo se produjo por “arterioesclorosis”; pues la tía le había sobrevivido al esposo por espacio de catorce años.

Mientras tanto por las calles se escuchaba este vals titulado “Angustia”, letra de Pablo Mesías y música de Luís Abelardo Nuñez, interpretada y grabada por Eva Ayllón, en esta forma:

 

Cuando tú no estás

quisiera llorar,

no puedo vivir sin verte. (bis)

 

Tener que sufrir

con tanto esperar

y lloro mi mala suerte.

¡Ya no puedo más

con tanto esperar,

mejor viniera la muerte!.

 

Ven, quítame esta pena

que en mi pecho se anida,

pues sufro cruel condena

que acaba con mi vida.

 

Tener que sufrir

con tanto esperar

y lloro mi mala suerte.

¡Ya no puedo más

con tanto esperar,

mejor viniera la muerte!.

      

 


 

C A P I T U L O    V I

                            NATURAL FORMA DE VIDA DE AGUSTIN

 

El maltratado espacio que mantenía un niño sin destino conocido en el mundo, cada día se ampliaba los flancos de su tristeza, en los dudosos e inciertos horizontes de su ingenuo corazón. Entres las permanentes labores cotidianas del niño Agustín, estaban los mandados de la tía de encontrar el elemento que se empleaba como leña en la casa, para obtener el fuego indispensable para preparar la alimentación; el cual era bagazo disecado de caña de azúcar. En la localidad, aparte de ser netamente labores agrícolas en la totalidad de los pobladores; sin embargo, existía una actividad industrial basada en obtener miel, producido por el cocimiento en alta temperatura de calor del jugo de caña; cuando el niño Agustín, era enviado por la tía a traer ése elemento de combustión, necesario para la cocina de la  casa, se encontraba directamente forzado a solicitar a la fabrica en condición de obsequio el bagazo; es decir, para obtenerlo previamente la caña era triturada entre un grupo de gruesos pesados cilindros de hierro, que giraban accionados por un enorme palanca, de la que tiraban un par de bueyes, uncidos a un yugo amarrados mediante largas correas de cuero llamadas “coyuntas” o coyundas, aseguraba las astas del animal a una pieza de madera liviana irrompible debidamente acondicionada, sobre las astas de la pareja de bueyes y al centro del yugo, colgaba una cadena metálica para jalar la palanca, la pareja de toros era la fuerza motriz de ésta industria. En muchas veces el niño Agustín, ayudaba con una vara a exigir a caminar a los animales, a fin de conseguir se le obsequiaran un pequeño atado de bagazo, con un trozo de dulce y madura caña para comer, en compensación por la pesada faena de ayuda.

 

Este mundo natural se había borrado de la esperanza de ésta criatura, los días ya no alumbraba su destino, sus sueños desolados se le había abandonado en el revés de su posible vida. En tantas veces que acudía el niño Agustín a este lugar de la trituración de la caña, ningún presagio presentía el referido niño, nuestro personaje principal en ésta narración; pero resulta, que en un momento inadvertido, en el preciso instante, en que la pareja de fornidas bestias, eran liberados del pesado trabajo que habían ejecutado, el niño Agustín cansado y sediento se hallaba en su proximidad y es cuando fue levantado en forma intempestiva por las filudas astas de una de ésas bestias, arrojando su débil cuerpecito a una considerable distancia, felizmente que por milagro y amparo de nuestro creador todo Poderoso, salió ileso; pero éste peligro constante que le rodeaba todos los días en ése lugar, al retornar a casa le relató lo sucedido a la tía su madrastra, después de escucharle se sonrió burlonamente; luego, ella como demostración de alta generosidad de su parte, le puso en manos del menor, una mezquina moneda de dos centavos. Recomendándole que no debiera contarle a su conviviente, que era el padre del niño, todo lo que le suceda debe inorarlo su amoroso conviviente.

 

Al nacer éste niño, parece que el destino le había reservado todo lo contrario de la vida, a la esfera de su niñez se le dieron un color no deseado, que siempre la tiraba hacia el lado de la infelicidad y de la aflicción, sus sueños se había visto empañado con la crecida sombra de la maldad. Pues, otro aspecto de sus labores que se encontraba a cargo del niño Agustín, consistía de llevar de la ciudad al campo, para que se encargara de pastar: una vaca con su pequeña cría, sumados a la tarea varios caballos y otros cuadrúpedos como los mulos y burros, que se empleaban en menesteres de transporte de viaje o traslados de mercaderías o para llevar leña a la ciudad, por ser los únicos elementos destinados a locomoción en los pueblos del norte, los cuales posteriormente fueron sustituidos por el moderno sistema de transporte, con la llegada del vehículo automotor. La vida del pastoreo en el soleado campo, la carencia de alimentos y la sed constante sobre estos candentes arenales de fuertes vientos tibios como salidos de la boca de un horno costeño, todo esto fue curtiendo la débil piel de su cara y su frente de un ingenuo niño, que todos los días a pie descalzo se exponía a los pesados rayos candentes del sol del norte.

 

En cuanto regresaba al pueblo escuchaba éste vals titulado “Mi pena”, letra de Lorenzo Humberto Sotomayor, cantado y grabado por Jesús Vásquez y dice así:

 

A veces la vida encierra un misterio

que al ser descubierto es cruel realidad,

uno hoy es pobre, mañana no sabe,

pero siempre sufre con el qué vendrá.

 

En mi triste vida todo había pasado,

todo había llegado con resignación,

pero lo que nunca yo había sentido

son penas de amores, triste decepción.

 

Nadie me consuela en mi desventura,

los que ven que sufro, se ríen de mi;

dicen que mi pena pasará muy pronto,

dicen que en la vida todo es siempre así.

 

Yo tan sólo creo que los que así juzgan

los pesares míos, no han sufrido así.

 

Son ciegos del alma y es que el sufrimiento

no rasgó su pecho como el mío si. (bis)

      

La tía madrastra, era el que le prestaba o los alquilaba por varios días o semanas al niño Agustín, al servicios de terceras personas extrañas del pueblo, solo llevaba puesto el único pantalón y camisa que tenía, el mismo tenía que lavarse en el campo, en donde encontraba agua y sol, usaba lavaza de penca en vez de jabón, para que lograra secar mientras realizaba el pastoreo, para luego ponerse en cima, no tenía cambio alguno, llevaba un viejo poncho deshilachado en sus orillas, con cierta roturas en los hombros por el constante uso, siempre andaba descalzo, nunca conoció ni usó zapatos, por que la tía, no permitía que su padre le comprara, usaba el sombrero que lo despojó al espanta loros o pájaros de un maizal que se ubicaba cerca del arenal, para evitar que el sol siguiera quemando su curtida y dolorida cara de un enjuto niño explotado.

 

Como ése día no hubo quién o persona que los llevara prestado al niño Agustín, entonces la tía, le mandó llevar animales al pastoreo en terrenos de propiedad de su padre, fue como un milagro de haber propiciado la única oportunidad en que el pequeño, nuestro personaje, se nutriera de frescas y maduras frutas, que no precisaba hurtar o sustraer de lo ajeno; al comprender la gente de su estado de necesidad y además en aquella época era tan cómoda la existencia humana, que los propietarios de tierras agrícolas daban en obsequio a manos llenas cuanto necesitara o deseara ingerir el necesitado. Sólo les causaba molestia o furia en la persona de aquélla buena gente; cuando por descuido o negligencia, algún animal al servicio del hombre, se dejaba introducir a sus sementeras o penetraban a comer de sus cosechas o dicho en otras palabras le causaba daño en sus plantaciones de sus sementeras; sin embargo, el niño era muy responsable y no descuidaba su tarea encomendada, el cual era conducido sus animales al lugar indicado y seguro, hasta deslindar y cumplir con su responsabilidad hasta el final; jamás descuido su tarea del pastoreo, menos degeneró en alguna tragedia.

 

Era un pequeño de gran responsabilidad, por eso la tía los prestaba para el pastoreo, caso contrario, era castigado por la tía madrastra. Que tristes años fue para éste infeliz niño, al padre no le importaba ni menos tuvo conocimiento del sufrimiento, de su hijo de madre soltera, se dejaba influenciar por la madrastra. La existencia de éste niño fue precisamente como atravesar el mismo infierno, que jamás lo merecía, el único delito era de haber venido a éste mundo procedente de una madre soltera, cuánto se pesaba éste niño en el alma de haber nacido, cuándo tenía hambre, sed, frío, dolor, tristeza, miedo, evocaba a sus padres y se maldecía así mismo de haber nacido, pedía a Dios se le mandara la muerte antes de seguir viviendo en ése sufrimiento constante y permanente de su vida en ésta calamidad.      

 

El tiempo le trataba muy duro a éste pobre niño, de quién nos ocupamos, había alcanzado los diez años de edad, tenía almacenada varios años de sufrimiento en su corazón y sólo llevaba en el alma ésos breve momentos como una reliquia inolvidable del recuerdo de que alguna vez estuvo en su casa materna, en donde nunca recibió el cariño de su propia madre soltera; pero que sí la sentía ése inocente calor de niño de haber sido conducido en tiernos brazos de una joven bella llamada Rosa, aludiendo a la ingenua joven que fuera en ése tiempo criada en el seno hogareño de la casa de su madre. Esta joven fue la única que durante toda su infancia le brindaba su posible cariño y naturalmente fue su estimación tan valiosa a nivel fraternal, ya que, su madre soltera no contaba con los instantes ni siquiera para darle de amantar, por tener que dedicarse a otros quehaceres de mayor importancia, fuera de la casa materna. Qué triste fue, la vida de este niño, que nunca recibió el cariño de su madre tampoco de su padre, solamente fue objeto del rechazo y repudio de la madrastra y luego más tarde del padrastro.

 

Por el pueblo en esa época se cantaba éste vals titulado “Corazón herido”, letra de Carlos Casanova, música de Luís Gálvez Ronceros, que dice así:

 

Llora, corazón, llora tu pena,

¡cómo no has de llorar, si estás herido!

cómo no has de sufrir, si estás vencido.

 

Llora, corazón, llora tu pena,

que es tu amarga condena

el sufrir y llorar.

 

El amor que tuviste se extinguió,

como una luz de cirio se apagó.

Tú no puedes negarlo, corazón,

que a ella la quisiste con pasión.    

 

 


 

C A P I T U L O    V I I

                ENCUENTRO DE AGUSTIN CON SU ABUELA MATERNA

 

Por la noche había soñado muchas cosas, pero Agustín no sabía interpretarlo, solamente sabía sentir y comprender que tenía hambre, sus ideas se le cruzaba por la cabeza, que en cuanto su tía madrastra le solicitó ir a comprar al mercado él, podría aprovechar el momento para pedir a los vendedores de frutas que les obsequie una fruta para comer y aplacar su hambre, había aprendido en los campos de pastoreo que el niño no debería de hurtar o sustraer cosas ajenas, sino más bien, pedir de buenas maneras y agradecer infinitamente a la persona que le regalaba algún alimento, por que esto sería perdonado por Dios; así fue amaneció el día y la tía madrastra en voz de mando autoritario de hogar le dijo, que fuera ha realizar las compras al mercado de abastos; el niño Agustín, en cierto estado todo sumido y abatido, hambriento, sumiso y obediente, obedeció la orden de la tía madrastra y fue a realizar las compras.

 

En cuanto se encontraba dirigiéndose hacia un puesto de frutas para saciar la necesidad de su estómago, fue en un encuentro casual de ambos en el Mercado de Abastos de la localidad, el menor Agustín y su abuela materna, se reconocieron y luego se trenzaron en un profundo e inseparable abrazo entre nieto y abuela materna, a quién luego le confesó todo el sufrimiento, maltrato, físico, psicológico y la vía crucis, que venía pasando en poder de su tía madrastra, que era la quinta conviviente de su padre. La abuela materna, al escuchar la versión del menor Agustín y al observar el estado de su contextura corporal de su nieto, además de la envejecida y rota de su vestimenta que llevaba, caminando  sin zapatos; se condolió profundamente hasta el alma la abuela y de inmediato la condujo a su casa materna, el menor Agustín perdió el hambre en el camino, con la esperanza de encontrar a su madre soltera, en aquél hogar materno en donde vio por primera vez la luz de este mundo, en donde antes estuvo aunque por poco tiempo.

 

La ciudad era grande pero cabía en su corazón, cuando escuchaba éste vals titulado “Cuando me quieras”, la letra pertenece Alberto Fernández, y música de Filomeno Ormeño, que decía:

 

Cuando me quieras, no estaré solo,

todas mis penas tendrán su fin;

cuando me quieras, más perfumadas

serán las flores de mi jardín.

 

Será una noche de blanca luna,

cuando en tu pecho nazca el amor

por el misterio de algún boscaje

junto al hechizo de un lirio en flor.

 

Por el sendero de arena fina

tu leve paso presentiré

y enamorado, tierno y amante,

por vez primera te besaré.

 

Junto a mis labios tendré tus labios,

cupido al lado sonreirá,

y Dios entonces desde lo alto

sus bendiciones nos enviará.

  

El menor Agustín, ya no regreso ése día a la casa de la tía madrastra. La abuela materna, le retuvo alejados del lugar y bajo estricta vigilancia, en previsión de que por algún caso que viniera el padre del menor a rescatarlo. Inmediatamente contrato los servicios profesionales de un Abogado de la ciudad, para iniciarle un proceso de tenencia de menor, cuya demanda literalmente comenzaba diciendo: “Que, en vía de proceso sumarísimo, vengo a vuestro Juzgado a interponer demanda de tenencia y custodia de mi menor hijo, contra su padre, domiciliado en un lugar de la calle San José número no determinado de la ciudad de Chiclayo; sobre tenencia y custodia del menor Agustín de diez años de nacido, habido en nuestra relación extramatrimonial, reconocido voluntariamente, según aparece en la Partida de Nacimiento que se acompaña; a efecto de que se me otorgue la tenencia y custodia de mi menor hijo antes mencionado, por los fundamentos de hecho y derecho que paso a exponer: Hechos en que se funda mi petitorio:

 

En primer lugar que, con el padre de mi menor hijo Agustín, hemos mantenido una relación de convivencia de madre soltera y como producto de ésta relación de convivencia marital procreamos a nuestra menor hijo Agustín, nacido el treinta de agosto de hace diez años atrás y actualmente frisa los diez años de edad.

 

En segundo lugar, con el demandado empezamos una relación amorosa de soltera, sin motivo alguno de un momento a otro, se me alejó de mi vida y se fue a vivir a otra conviviente en un lugar desconocido, dejándome con mi menor hijo en brazos, después de algunos años regresó en forma silenciosa y con el propósito de no acudirme con una pensión alimenticia para mi menor hijo que ya hablaba y jugaba por si solo, en forma cariñosa y galante me convenció para llevarse a mi menor hijo, no obstante de que el demandado tenía compromiso de convivencia con otras mujeres solteras en las cuales tenia otros hijos, aduciendo que por ser varoncito le correspondía la tenencia de mi menor hijo, pretextando de que la demandada no contaba con los medios económicos suficiente como para mantenerlo, darle sus estudios en un centro escolar; sin embargo, el demandado por su carácter galante se dedicaba a conquista más mujeres solteras, lo ha dejado en poder de su quinta conviviente, quién no le importa sus estudios, solamente le manda irresponsablemente al pastoreo sin importarle los peligros, no ha matriculado en ningún colegio, al contrario después de regresar de hambre del campo lo hace cuidar a su otro hijo menor; por tal razón, mi menor hijo tiene como resultado un cuerpo de bajo peso, que va en su perjuicio para su crecimiento.

 

En tercer lugar, el emplazado por su experiencia en conquistar mujeres solteras y los malos hábitos de beber licor,  fumar cigarrillos “inca” y asistir a fiestas constantemente por motivo de su madurez de hombre le lleva a una indecisión en sus actos a poder cuidarlo a nuestra menor hijo, ante ésta situación mi obligación de madre es de recuperarlo, mantenerlo y velar por el crecimiento, el perfecto desarrollo físico y mental de mi menor hijo; por lo que formulo esta demanda de tenencia y custodia, que vuestro Juzgado, debe otorgármela para poder atenderlo directa y personalmente en la mejor forma de acuerdo a mis posibilidades económicas, ya que vengo cohabitando con mi nuevo conviviente y dedico por entero al cuidado de mis demás hijos, además, mi conviviente viene laborando en la condición de obrero de un centro azucarero y puede asumir todo los gastos que requiera para su subsistencia y educación de mi menor hijo.

 

En cuarto lugar, señor juez, debe tenerse en cuenta, que el demandado, le viene dando mal trato, inclusive en muchas oportunidades le ha inferido golpes y maltratos físicos, agresiones que le ha causado mucho daño, como en el caso del internado en un Hospital por las agresiones propinadas por la tía madrastra, sin importarle su tierna edad, tan solo por un falto de entendimiento, viene agrediéndole físicamente como lo acredito con la fotografía que adjunto a la presente demanda, como prueba de los maltratos que viene sufriendo el menor no solamente psicológicos sino que también físicos; que para evitar que el demandado venga maltratando a mi menor hijo; por lo que, me veo obligado a recurrir al Órgano Jurisdiccional, para que se me otorgue el derecho a la tenencia y custodia de mi menor hijo Agustín, quién en la fecha tiene diez años de edad, el mismo que requiere de muchos cuidados por ser menor, teniendo en cuenta además, que mi menor hijo, desde su nacimiento lo tuve en mi poder y ha vivido solamente cinco años con el demandado y como padre no le ha brindado apoyo alguno, que requiere para su subsistencia de mi menor en referencia.

 

En consecuencia, reuniendo las cualidades necesarias para garantizar el perfecto desarrollo físico y moral de mi menor hijo; por está razón, formulo esta demanda de tenencia y custodia, para poder seguir atendiendo directa y personalmente en la mejor forma que requiere mi menor hijo. Luego el profesional Abogado fundamenta jurídicamente su demanda, tanto en el derecho material como de derecho procesal, solicitando que el señor juez la declare fundada la demanda”.

 

Al ser notificado con la demanda el Padre del menor Agustín, se apersonó a instancia y contestó la demanda solicitando y alegando que el juez la declare infundada la demanda y pedía exigentemente que la abuela materna la devuelva a su menor hijo Agustín, caso contrario la denunciaría penalmente por el delito de secuestro de menor, el lío fue candente. El padre inmediatamente recurrió a las más altas esferas del Poder Judicial, hizo uso de inútiles y odiosas influencias, obtenidas arteramente apoyado y conseguido por las principales autoridades gubernativas, locales, policiales, pretendiendo ejercer el dominio de autoridad paterna sobre el niño, por poco le iba ser adversa la demanda, pero por el estado corporal que representa nuestro personaje conocido en ésta obra, con el nombre de Agustín, a fin y al cabo se le dieron la tenencia y custodia a su madre biológica y se fue a vivir con sus tres hermanos.

 

Pero, no contento el padre del menor Agustín interpuso recurso de apelación y le fue concedido, el expediente fue elevado a la Corte Superior de Justicia de Lambayeque, en donde funcionó las influencias corruptas del padre y entonces en la Corte, en donde las circunstancia le fueron adversas a la madre de esos cuatro menores, dado al poderoso e influyente y notable como inútil recurso de la abuela analfabeta frente a estas altas autoridades, que con las acciones desarrolladas; no tuvieron en cuenta, para nada todos los sacrificios, que una madre soltera, enfrentaba por encontrar el justo inalienable e intangible derecho de justicia, que las leyes humanas y constitucionales se alejan, son inalcanzables para los pobres analfabetos, inoficiosamente pretendieron negarle y naturalmente, invadieron enorme pena a un cuerpo inocente que solo se buscaba ir a un hogar más comprensible, sin embargo, con estos actos se le colocaba a éste ingenuo menor al borde de la desesperación y del desconsuelo, sólo la inmensa inquebrantable y muda expresión, pero gloriosa elocuencia desbordante de incontenible amor maternal, le permitió sufrir  estoicamente la separación de sus retoños, hasta el reencuentro con ellos después de muchos años,  en que fueron destruidas las aparente insuperables obstáculos y el menor Agustín, dejó para el pasado en el olvido, el infortunado apelativo de “Pelao” que le fue impuesto por la tía madrastra, quién venía a ser la quinta conviviente, la misma que posteriormente se convirtió en esposa de su padre.

 

 

El sol había perdido sus violetas notas del amanecer, el viento suave se había endurecido por el arrastre de los caminos que atraviesan los cálidos arenales, el fulgor de la claridad de seda blanca envolvente de los árboles, se pretendían ensombrecerse de nácar en las mismas aguas del mar, la brisa soplaba como fuertes golpes de manotones un ahogado desamparado que grita en el silencio del alejado horizonte. Pero el tiempo, no detiene su marcha, tampoco se detiene la vida de los hombres sobre la Tierra; pues era de suceder que entre los sucesos se motivara que el mayor de los hermanos llegara a emanciparse y fue precisamente el menor Agustín, por haber alcanzado su mayoría de edad.

 

Cuando atravesaba una de las calle del pueblo escucho cantar este vals titulado “Mis algarrobos”, letra de Rafael Otero, interpretado y grabado por Los Trovadores del Norte:

 

Verdes, mis algarrobos, verdes,

verdes, mis algarrobos, verdes,

verdes, como la fe de la esperanza.

Entre sus ramas se columpian nidos

formados por las aves en su andanza.

 

Verdes, mis algarrobos, verdes.

Una tras otra, su sombra indominante,

 

debajo de su espléndido ramaje

siesta su cuerpo un triste caminante. (bis)

 

Pasan las aves en continuo vuelo,

unas tras otras, transportan en su pico

las hojas secas lanzadas por el viento,

las algarrobas caídas en el suelo.

 

Entre los troncos de mis algarrobos,

con gran locura, serpenteando baja el río,

 

una cabaña, un candil, un perro lobo

y una cholita que adoro con delirio. (bis)

 

Entre los troncos de mis algarrobos…

    

Antes es necesario recordar esta gratitud que no es fácil olvidar a quiénes hacen el bien, cuando llegó a la casa materna, por primera vez su propio padrastro, fue el quién la llevará de la mano a la escuela al menor “Agucho”, nombre cariñoso e intransferible que le puso su padrastro, con que fue siempre nombrado por todo su familia hasta el final de su existencia como hemos anotado. Como antes afirmamos  la existencia de todas las cosas, bienes y objetos materiales, las mismas que alcanzan siempre su fin, en forma indefinida como en el caso, de nuestra misma existencia humana, respondiendo de ello la marcha inexorable del devenir del tiempo, por lo que al sobrevenir la muerte, se rinde tributo innegable a la grandiosa obra de la naturaleza que laboró ciegamente. Desde la invisible célula aparecida en el mundo y al amparo asociado del excelso rendimiento femenino de la vida, crea la inconcebible concepción humana, al parecer indestructible asombrosa eternamente estupenda y portentosa obra natural.

 

De una casa puerta abierta al aire se escuchaba las notas de un vals titulado “Quiero que estés conmigo”, letra, música y grabado por Juan Mosto, su contenido decía:

 

Quiero que estés conmigo

cuando llegue el silencio,

cuando me encuentre solo

quiero que estés conmigo;

cuando no hayan aplausos,

cuando no tenga amigos,

cuando llegue el ocaso,

quiero que estés conmigo.

 

Compartiremos juntos

lo mucho que nos queda,

yo tengo para darte, cariño,

una vida nueva.

Mira, cuando llegue ese momento,

no habrá penas, ni tristezas,

no habrá, envidias, ni rencores…

Sólo sé que mis amores

siempre fueron para ti.

 

Quiero que estés conmigo, mi amor,

siempre conmigo,

cuando llegue el silencio, mi amor,

siempre conmigo;

cuando no hayan aplausos, mi amor,

siempre conmigo.  

 

 


 

 C A P I T U L O    V I I I

                            TRISTE MUERTE DE LA MADRE DE AGUCHO

 

La perspectiva climática y atmosférica del tiempo norteño, las críticas más controvertidas que se cruzaban por el acrisolado cielo del universo y de los grupos sociales terrestres sobre el acuerdo o desacuerdo retrospectivo de las conductas inmediatas tomadas por los padres biológicos de nuestro personaje. No fue propicia la suerte para “Agucho”, pues en la época que sólo fue llamado “Pelao”, ya experimentaba en faenas difíciles por las que percibía una compensación pecuniaria minúscula; pero de ello ya dependía y deducía el valor de su propia subsistencia; en muchas oportunidades teniendo que conformarse con recibir una mísera moneda, cuando finalizaba las forzadas etapas semanales de labor; con esta experiencia más conciente de los actos los guiaba de la misma forma a su hermano menor que ya inmediatamente había alcanzado la mayoría de edad, quién igualmente desarrollaba distintas labores de acuerdo a su edad, y por supuesto, compartían el resultado del valor de sus esfuerzos fraternalmente de modo invariable con su inexpresiva madre.

 

Ya cuando se encontraba en posesión del ansiado regazo materno, la falta de medios económicos que no estaban al alcance de su modesto hogar; surgieron y le obligaron a formar barrera infranqueable entre la casa y la escuela, por lo que antes del estudio se dedicaron a ofertar su oportuna ayuda económica a su adorada madre. Los seres humanos, al nacer cual si fueran señalados por un destino imposible de detectar el futuro, han de conformarse en la vida, el de mantener desigual lucha constante por su existencia y proporcionar lo necesario para mantener a su adorada madre, aunque no haya recibido los inicios de cariño maternal en cuanto con ansia lo necesitaba.

 

Así como el cuadrilátero de la plaza de la ciudad se opone en sus características formales del cielo circular del enorme espacio universal, así mismo, fue la contrariedad triangular entre la juventud, el hogar familiar y la manera de desempeñarse dentro de la corriente social. Siendo indudablemente sorpresivo el suceso que le tocó enfrentar al inseparable como igualmente sufrido hermano, inmediatamente mayor de “Agucho”, se encontraba ése hermano alejado del hogar materno, por motivo de trabajo y en forma accidental del destino, se produjo un inesperado violento e incontenible incendio, a consecuencia de éste infortunado y desgraciado momento enfrentado, del cual quedó gravemente quemado en una de sus extremidades inferiores, la quemadura fue calificada por los facultativos del hospital como de tercer grado, que le imposibilitó humanamente movilizarse; así como la desdicha de falta de medios económicos y de comunicación; le impidieron conocer y acudir oportunamente a despedirse de los restos mortales de su venerada madre. Sólo “Agucho”, pudo asistirla casi hasta el final de ésa noble existencia de vida de su abnegada madre, cuando ya se sentía al borde de sus últimos momentos de existencia, después de reconfortarse espiritualmente por algunos instantes, por haber recibido el acto de la eucaristía de la comunión y los “santos oleos” impartida por el cura de la religión católica y encontrándose dispuesta como cristiana, con el ánimo para enfrentar la consecuencia de la desventurada muerte. Llamó especialmente a su hijo varón “Agucho”, para encomendarle expresamente diciéndole: “hijo, yo me voy a morir en ésta noche, ya no tendrán presente a su madre, ustedes tendrán que ir al poder de su padre, no se quede aquí”, estas fueron sus últimas entrecortadas palabras de su madre soltera y efectivamente esa misma noche falleció…

 

En el norte del Perú, cuando una persona fallece, previamente se le dan los pésames a sus familiares en este sentido: “te doy, mi más sentidos pésame, por la pérdida de vuestra madre y me aúno a tu dolor”, luego estrechándose en un abrazo de expresión doliente se van despidiendo del lugar, o en éste otra modalidad: “Mi sentido pésame, por la pérdida de su mamá, espero que supere este dolor”, o éste otro: “La vida es así, estamos de paso, ella nos a adelantado el camino, ten paciencia”, luego el abrazo característico, durante sus funerales se entonan las canciones más tristes del lugar, entre ellos yaravíes, tonderos, valses, etc. que se refieran a la despedida de un ser humano de esta vida, a los adioses más entristecidos que los familiares y amigo les manifiesta al fallecido que se despide por última vez de este mundo, para cuando transbordan los límites finales de ésta Tierra, para dar inicio la otra vida del más allá, en donde se dice que los espera Dios. Todos los que acompañan el velorio de cuerpo presente del difunto en la noche y en el día y aún en el cortejo fúnebre del entierro del fallecido, lloran desconsoladamente por la desdicha de haber perdido a su ser querido, que nunca más los volverán ver en éste mundo.

 

Dejamos escrito como muestra uno de las canciones tristes de las tantas que existen en estos lugares del norte del país, se refiere al triste yaraví, titulado “La Despedida”, de derechos reservados de autor desconocido, interpretada por la maravillosa y característica voz de la cantante Carmencita Lara, cuyo texto dice:

 

Ya me voy a otras tierras lejanas

a un país donde nadie me espera,

donde nadie sepa que yo muera

donde nadie por mi llorará.

 

¡Ay!, que lejos me lleva el destino

como hoja que el viento arrebata,

¡ay!, de mi no lo sabes ingrata

lo que sufre éste fiel corazón.

 

Estos ojos, llorar no sabían

pues llorar, parecía locura,

hoy que lloras, tu triste amargura

de una sola y ardiente pasión.

 

Mas por Dios,

de rodillas te ruego,

que a lo menos

te acuerdes de mí…

  

 


 

C A P I T U L O    IX

      DESTINO INCIERTO DEL HUERFANO “AGUCHO” Y SU SERVICIO MILITAR

 

Semejando a las frías lluvias del invierno repentino, el tiempo se cubría de gruesas nubes resbaladas de un empobrecido cielo norteño, las suaves neblinas de la costa arenosa retenían su aliento entre las olas del friolento mar del norte, los arbustos de algarrobo de los valles calurosos y la humedad de la vegetación delicadamente abandonados bajo una sobresalida sombra, todo se había hundido por encima de los corazones de cuatro hijos huérfanos, que se quedaban inciertos en el áspero camino de la vida. Después del deceso ocurrido a la madre soltera de éstos cuatro hermanos huérfanos y habiendo transcurrido algunos años después, durante los cuales “Agucho” ya superaba poco a poco tanto el infeliz estado de su niñez, como el de su adolescencia; pero las leyes naturales prefijados se tiene que cumplir progresivamente en la vida de un ser humano y en éste caso, el hijo mayor “Agucho”, que había alcanzado su mayoría de edad, se encontraba en la proximidad ya de su emancipación; es decir, expedito para obtener su Libreta Militar y luego su Libreta Electoral en ése tiempo, en éste transe precisamente es “levado” para el Servicio Militar Obligatorio, en ésta época, el mayor número de jóvenes para obtener su Libreta Militar inmediatamente eran reclutados para el servicio militar, el contingente de mayor cantidad se reclutaban de las provincias, porque eran perseguidos por la “Guardia Civil” de ése entonces y conducidos amarrados de brazos a la cintura, para no escaparse, custodiado por los guardias civiles debidamente armados al “ristre” listos para disparar en caso de cualquier intento de fuga, a la fuerza eran llevados por los caminos de herradura con dirección a la ciudad de Lima, para ser internados en el Cuartel General del Ejercito; en caso de haber vehículos motorizados, eran transportados en camiones fuertemente amarrados con sogas, unos a otros, para no escaparse, la “contingencia de sangre” siempre era los jóvenes provincianos. En éstas circunstancias, es cuando “Agucho”, obtiene su ingreso a un centro de estudios militares, de un lugar de rígida disciplina, de imperantes normas de conducta, en donde “Agucho”, forjaría finalmente uno de sus preciados tesoros personales, llamado obediencia.

 

En donde le enseñaron la educación moral, en donde aprendió a distinguir cuales eran los símbolos de la Patria, como el Escudo, la Bandera, el Himno Nacional y la Escarapela. “Agucho”, llevando el uniforme de soldado, aprendió de memoria que el Escudo Nacional, representaba las riquezas naturales del Perú, en los tres reinos de la naturaleza, tanto en el reino animal la sección izquierda, de fondo azul, lleva una vicuña, cuyo fino pelaje es reconocido internacionalmente; la sección derecha de fondo blanco, representa el árbol de la quina, cuya corteza se usó mundialmente contra las fiebres de la malaria; como en el reino vegetal en la sección inferior de fondo rojo, porta una cornucopia derramando monedas, símbolo de nuestros recursos minerales, diseñado por el político y matemático José Gregorio Paredes, fue aprobado por el Congreso en 1825. Le enseñaron en marcha de paso redoblado que la Bandera Nacional, representa al Perú, con franjas verticales, creada por el marqués de Torre Tagle en 1822, es el emblema de la Patria, es el ideal del sentimiento que exalta la nobleza y el valor del Perú, que debe latir en todos los corazones de los peruanos, es la más pura distinción bicolor e inmarcesible, que flamea en lo más alto de las cumbres, que nadie puede mancillar su pureza, es el símbolo de la patria que todos los peruanos defienden hasta perder por ella sus propias vidas. El que mancilla, abandona o no respeta nuestro bicolor, es una cobardía, es una deshonra y traición a la patria. También lo enseñaron a pie firme, con el saludo característico de un militar a entonar de memoria las notas del Himno Nacional, que es el cántico de la Patria, su letra fue compuesta por don José de la Torre Ugarte y la música inspirada por don José Bernardo Alcedo, cantada por primera vez por Rosa Merino, en la noche del 23 de septiembre de 1821;que por su solemnidad y respeto solamente debe ser entonada en los aniversarios de la patria, de las institucionales públicas y privadas, de las organizaciones sociales representativas del país y de las fundaciones institucionales.

 

                 El Himno Nacional

                         CORO:

Somos libres, seámoslo siempre,

y antes niegue sus luces el sol,

que faltemos al voto solemne

que la Patria al Eterno elevó.

 

Largo tiempo el peruano oprimido

la ominosa cadena arrastró;

condenado a una cruel servidumbre

largo tiempo en silencio gimió.

Mas apenas el grito sagrado

¡Libertad! en sus costas se oyó;

la indolencia de esclavo sacude,

la humillada cerviz levantó.

 

Ya el estruendo de broncas cadenas

que escuchamos tres siglos de horror,

de los libres el grito sagrado

que oyó atónito el mundo, cesó.

Por doquier, San Martín inflamado,

libertad, libertad, pronunció,

y meciendo su base los Andes

la anunciaron, también, a una voz.

 

Con su influjo los pueblos despiertan,

y cual rayo corrió la opinión;

desde el istmo a las tierras del fuego

desde el fuego a la helada región.

Todos juran romper el enlace

que natura a ambos mundos negó,

y quebrar ese centro que España

reclinaba orgullosa en los dos.

 

Lima cumple ese voto solemne,

y, severa, su enojo mostró,

al tirano impotente lanzando,

que intentaba alargar su opresión.

A su esfuerzo saltaron los grillos

y los surcos que en sí reparó,

le atizaron el odio y venganza

que heredara de su Inca y Señor.

 

Compatriotas, no más verla esclava

si humillada tres siglos gimió,

para siempre jurémosla libre

manteniendo su propio esplendor.

Nuestros brazos, hasta hoy desarmados

estén siempre cebando el cañón,

que algún día las playas de Iberia,

sentirán de su estruendo el terror.

 

En su cima los Andes sostengan

la bandera o pendón bicolor,

que a los siglos anuncie el esfuerzo

que ser libres, por siempre nos dio.

A su sombra vivamos tranquilos,

y al nacer por sus cumbres el sol,

renovemos el gran juramento

que rendimos al Dios de Jacob.               

 

Después de los ejercicios diarios de un soldado y durante las clases diarias, les hacían repetir incansablemente la definición de -¿qué es la patria?-, todos a una sola voz contestaban, “la patria es el suelo en donde hemos nacido, es nuestro patrimonio de gloria, de honor y de libertad que nos han legado nuestros padres y que legaremos a nuestros hijos”. Inmediatamente el maestro de clase, -nos recalcaba- entonces ¿qué es el patriotismo?, en voz alta contestábamos, “el patriotismo es el amor a la Patria, el respeto a sus leyes y a sus instituciones”. El maestro de clase le daba el punto final, diciendo: “una patria no muere sino cuando muere en el corazón de los suyos”.

 

El Instructor de clase nos enseñaba y nos exigía a repetir constantemente ¿Qué es el honor?, de inmediato con expresión valiente nos decía: “el honor es el sentimiento que conduce a cumplir bien sus deberes, es el valor frente al enemigo, es el culto a la lealtad y de los sentimientos generosos”; y como un buen militar enfáticamente lo resumía en dos grandiosas palabras: “Vencer o morir”. En muchas clases nos enseñaba ¿qué es el valor?, el Instructor de clase con voz pausada los definía: “el valor es el arrojo frente al enemigo”, luego con expresión de olor a militar nos enfatizaba: ¡Soldados!, “tengan corazón, porque con el corazón ganaran las batallas” todos simultáneamente aplaudían.

 

En otro pasaje de las clases también el instructor nos inculcaba sobre ¿qué es el heroísmo?, el mismo repetía con voz de mando: “es la intrepidez, la firmeza, la abnegación llevada hasta los limites supremos del sacrificio, bajo la influencia de los sentimientos de patriotismo, del deber y del honor”. Otro de los Instructores militares, nos enseñaba ¿qué es el espíritu de sacrificio?, con voz gruesa frunciendo las arrugas de su despoblada frente nos decía: “es el sentimiento que lleva al soldado a sacrificar su vida por su país, es el desinterés en el orden material y el olvido de su persona en el orden moral”. Dando unos pasos a los extremos del aula de clase, repasaba su mirada por todo los ángulos despintados del recinto y como quien regresa a su interior en busca de algo perdido nos decía no olvidar, que para todo esto, debe haber disciplina, entonces ¿qué es la disciplina?, haciendo gala de su inteligencia de retención, suavemente casi en baja voz nos decía: “la disciplina, es la sumisión absoluta a los reglamentos militares y la obediencia a todos los jefes”, luego como quien se descarga de alguna culpabilidad, casi cerrando los ojos pardos nos hacia una aclaración, no confundir que: “no es servilísimo, sino es un deber de hombre libre”. Pero alzando la mirada por los techos con una voz de mando militar terminaba con esta frase: “un ejercito sin disciplina, es un ejército vencido”. Regresando en giro su intensión de lo más lejos del cuartel procedía así mismo a interrogarse: ¿Qué es la solidaridad?, todos quedaban en un absoluto silencio, entonces el mismo Instructor, sólo se respondía: “la solidaridad es el lazo moral que dará al soldado a ayudar a sus compañeros y a sacrificarse por ellos si es necesario” todos murmuraban entre ellos mismos, pero sin importarle del silencioso comentario se daba vuelta hacia el pizarrón y terminaba diciendo: tengan por divisa: “uno para todos, todos para uno”. Cogiendo una tiza blanca de su escritorio como para subrayar la palabra que iba a expresar, terminaba recalcando acentuando no olvidar: ¿qué es el Ejercito?, como quien insiste en el tema para ser grabado en lo alto de las vigas del recinto, se respondía el mismo: “el ejercito en tiempo de paz, es la reunión de todos los ciudadanos que reciben una instrucción especial para la defensa del sagrado suelo; en tiempo de guerra, es toda la nación en armas, de pie contra el enemigo”. Por ésta razón, soldados de la patria no deben de olvidar, subráyenlo y resáltenlo con las letras más grades que puedan escribir: “Pueblo culto, país libre” de las ambiciones de los enemigos de la Tierra.

  

Después de las clase grupos de soldados entonaban alegremente el vals titulado “Mi Perú”, letra de Manuel Rasgada, grabado por Los Trovadores del Perú, en forma siguiente:

 

Tengo el orgullo de ser peruano

y soy feliz

de haber nacido en esta hermosa

tierra del Sol,

 

donde el indómito Inca,

prefiriendo morir,

legó a mi raza la gran herencia

de su valor.                                   (bis)

 

¡Ricas montañas, hermosa sierra,

risueñas playas, es mi Perú!

¡Fértiles tierras, cumbres nevadas,

ríos, quebradas, es mi Perú!        (bis)

 

Así es mi raza,

noble y valiente por tradición;

pero es rebelde cuando coartan

su libertad;

 

entonces, poniendo alma, mente

y corazón,

rompe cadenas

aunque a la muerte vea llegar.     (bis)                    

 

 


 

C A P I T U L O    X

              EXPERIENCIA DECEPCIONANTE DEL SOLDADO “AGUCHO”

 

Los algarrobos de los valles candentes de Chiclayo, su bella vista a la distancia de sus vientos, el calor del sol caía con gran peso hasta bien entrada de las faldas de la tarde, los follajes de los arenales de la costa norteña bañada con los últimos rayos amarillentos rayados por las enrojecidas aroma del mar, las verdes hojas susurrantes cubrían los extramuros de las ciudades cálidas del norte, las manchas oscuras de la costa se extendían hacia los contrafuertes de los Andes. En el deseo de “Agucho”, de lograr el más insignificante lugarcito de Chiclayo, hoy obligadamente ya se encontraba en otro mundo de la esfera mundana de la Capital, la sociedad se le iba alejando al transcurso que pasaba los meses y años, eran semejante a la caída de las tardes en el olvido, la vida de los hombres eran diferente dentro de la base militar de Chorrillos, dentro de una rígida disciplina solo se percibía el olor de la pólvora y el golpe seco de los fusiles, adherido a su pesada mochila o morral, el trato al soldado especialmente provinciano era distinto. “Agucho”, con su pesado uniforme, más su mochila a la espalda, con sus correajes usados de muchas promociones, los pesados zapatos usados por varias promociones pasadas, y el viejo oxidado fusil que todavía no había hecho disparo alguno, le faltaba que le enseñaran en el campo de tiro, en donde todavía no le había llegado su turno, por que a los provincianos se les rezagaba para el último, ya que ellos por no saber entender bien los cálculos o retener las órdenes, eran destinados a tareas de bañados de caballos, limpieza de los servicios higiénicos, a las tareas de la cocina, al lavado de las bandejas y cucharas, a barrer y limpieza de las cuadras, de las veredas, de las oficinas de los jefes, mandados particulares en las casa de los jefes, hacer infaltable centinela de las puertas que nunca se abrían, eran lastimosamente los de la plana baja, a los que fácilmente se les podía explotar en varios servicios de campo, de jardinería, de riegos de las bermas, lavados de carros de los jefes y de los comandos, en fin era los llamados “perros”, todo el mundo podía abusar de su nobleza de obediente provinciano. Pero, diario escuchaba que la vida en camaradería no era más que la vivencia de “ése sentimiento que une a los hermanos de armas”, que el trato a un soldado “era el cariño sincero de los unos hacia los otros”, se le había inculcado en los primeros días que llegaron al Cuartel, que dentro del ejercito, el soldado debe aprender esta grandiosa frase: “perece, pero salva a tus hermanos”, este era como un principio de la verdadera camaradería que debería existir dentro del ejercito, los soldados provincianos no eran más que un grupo de gente inocente que “servía de carne de cañón”, ellos eran las primeras víctimas de morir por salvar a sus cobardes y temerosos jefes que no se arriesgaban a enfrentarse al enemigo en defensa de la patria.   

 

Por las tardes muchos soldados provincianos dentro de las inmediaciones del Cuartel, se escuchaba nostálgicos y sollozos entonar éste triste vals titulada “El Provinciano”, escrita por Laureano Martínez  Smart, interpretado por la característica voz de Luís Abanto Morales, que todos cantaba de ésta forma:

 

Las locas ilusiones

me sacaron de mi pueblo

y abandoné mi casa

para ver la capital.

Cómo recuerdo el día

feliz de mi partida;

sin reparar en nada

de mi tierra me alejé.

Y mientras que mi madre,

muy triste y sollozando,

decíame: ¡Hijo mío

llévate mi bendición!

 

Ahora que conozco la ciudad

de mis dorados sueños

y veo realizada la ambición

que en mi querer forjé,

es cuando el desengaño

de esta vida me entristece

y añoro con dolor

mi dulce hogar.

Luché como varón para vencer

y pude conseguirlo,

alcanzando mi anhelo de vivir

con todo esplendor.

Y en medio de esta dicha

me atormenta la nostalgia

del pueblo en que dejé

mi corazón.

 

En muchas clases recibidas les enseñaban el porqué los regimientos tenía su propia bandera, al principio no entendía, que representaba la bandera del regimiento, pero al transcurso del tiempo que iban los días pasando como las aguas del río, se iba esclareciendo su mentalidad, con nuevos conceptos, les enseñaban que la bandera del regimiento no solo era el emblema de la patria, sino que también era el monumento que recuerda y honra la memoria de todos aquellos soldados, que han servido en el mismo regimiento, y en particular, de aquellos que han derramado valientemente su sangre en los campos de batalla. Siempre los enseñaban hacer diferentes ejercicios por las mañanas, antes de su higiene y de su alimentación, para dotar de energías suficientes dentro de su base, dentro de su regimiento, sus instructores le enseñaron que “la energía era la fuerza moral que domina al dolor y sostiene el valor en medio de las pruebas prolongadas”, de las tareas y de las misiones que las encomendaban dentro de la base del ejercito, el Instructor les enseñaba incansablemente que la energía: “está basada en la confianza recíproca de jefes y soldados, en el amor a la Patria, en el desprecio al peligro, en una palabra, en el espíritu de sacrificio”, el soldado era que enfrentaba con su vida sólo para salvar de la muerte a los altos mandos ociosos, cobardes, corruptos, temerosos, que se escondían tras de los muros, sus cargos y de sus grados, dejando al frente al valeroso soldado provinciano, para que después vergonzosamente se lleve los laureles a costa y sacrificio de otros inocentes que verdaderamente quieren a su Patria.         

 

En ésta parte de la experiencia de “Agucho”, es la primera vez que va ser testigo presencial y realizará su relato histórico de los sucesos sangrientos, que vivió el noble pueblo trujillano, por culpa de la terrible y satánica ambición de poder, desatada de la alienada mentalidad de uno de sus hijos, que pretensiosamente alcanzó lograr el más infame propósito de ensangrentar la patria. Mediante el socorrido efecto de crear odioso antagonismo, entre hermanos de una misma raza, que como es de entender, constituye un medio fácil de obtener fuerzas de incautos, a quiénes sacrificaran para encumbrarse a la triste fama. Que como fruto de execrables crímenes y masacres, se quedarán en cargos, a ése irresponsable, hábil tramador de intrigas nacionales, que fue la única labor base de su ascensión a la esfera política. Donde llevará en arriendos, su contagiosa podredumbre de fuerzas amparadas en las sombras inundas del engaño y de la falsía corruptora. La cara opuesta de ése terrible panorama, cual pomposo nombre vino arrastrando los largos años de historia que el país sufrió.

 

En lo que se espera desaparezca estas contrariedades, como una obra más de los gobiernos modernos. Sepan sobrellevar los problemas sindicalistas, que siempre se creían que era una solución para los menos favorecidos, pero al transcurso de los años se ha llegado politizar en vez de apoyar a sus obreros o empleados sindicalizados se dedican aprovecharse para postular a cargos gubernamentales. Se necesitaba contar con experiencia en labores manuales, obreras y haber caminado la cantidad de gente en busca de un trabajo, en su condición de obrero, para convertirse en fiel intérprete de la infranqueable valla gubernamental, que aún constituyen un medio de ciega agresión a su clase, para quién no desarrollará simpatías favorables al sistema sindical. En otras palabras, los hombres con necesidad de ocupación, deberán enfrentar el indeseable obstáculo sindical, con la suerte propia del torero o bien soportar cualquier imposición procedente de ésa fuerza inquisidora, cuando el aspecto residual de tantos sucesos, ocurridos en dilatado como desdichado malestar nacional, facilite estar libre, alejado de esa irrespirable atmósfera sindical de las haciendas. La ciudadanía política democrática progresista encontrará expeditiva cualquier vía de acceso para la agitación contra los gobiernos, que los gobiernos eran imposibles controlar, los programas que estimen favorables para la grandeza nacional no eran posible su ejecución.

 

Los campesinos, los obreros, los manuales intelectuales que se encontraban agrupados por todo el norte del país cantaban como especie de himno este vals titulado “”¡Cholo soy… Y no me compadezcas!”, letra, música y grabado por Luís Abanto Morales, cuya composición dice:

 

¡Cholo soy…y no me compadezcas!,

que esas son monedas que no valen nada

y que dan los blancos como quien da plata.

Nosotros, los cholos, no pedimos nada,

pues faltando todo, todo nos alcanza.

 

Déjame en la puna vivir a mis anchas,

trepar por los cerros detrás de mis cabras;

arando la tierra, tejiendo unos ponchos,

pastando mis llamas

y echar a los vientos la voz de mi quena.

 

Dices que soy triste, ¿qué quieres que haga?

¿No dicen ustedes que el cholo es sin alma

y que es como piedra, sin voz, sin palabras?

Y llora por dentro, sin mostrar las lágrimas.

 

¿Acaso no fueron los blancos, venidos de España,

que nos dieron muerte por oro y por plata?

¿No hubo un tal Pizarro, que mató a Atahualpa,

tras muchas promesas bonitas y falsas?.

 

(RecitadoJ

       

Entonces… ¿Qué quieres?,

¿qué quieres que haga?,

¿qué me ponga alegre,

como día de fiesta,

mientras mis hermanos

doblan las espaldas

por cuatro centavos

que el patrón les paga?

 

¿Quieres que me ría,

mientras mis hermanos

son bestias de carga

llevando riquezas

que otros se guardan?

 

¿Quieres que la risa

me ensanche la cara,

mientras mis hermanos

viven en las montañas como topos ,

escarba y escarba,

mientras se enriquecen

los que no trabajan?

 

¿Quieres que me alegre,

mientras mis hermanas

van a casas de ricos,

lo mismo que esclavas?

 

¡Cholo soy…y no me compadezcas!

 

Déjame en la puna vivir a mis anchas,

trepar por los cerros detrás de mis cabras;

arando la tierra, tejiendo unos ponchos,

pastando mis llamas…

y echar a los vientos la voz de mi quena.

 

Déjame tranquilo, que aquí la montaña

me ofrece sus piedras, acaso más blandas

que esas condolencias que tú me regalas.

 

¡Cholo soy…y no me compadezcas!    

 

 


 

C A P I T U L O    X I

             MOTÍN EN EL CUARTEL SANTA CATALINA DE LIMA 1931

 

Nuestro personaje “Agucho” como soldado del Ejercito Peruano, nos va relatar como testigo presencial y de excepción en éstos vergonzosos acontecimientos que enlutaron nuestra Patria y que nunca más suceda en nuestra pacífica y honorable sociedad. Los sucesos que tuvieron lugar y del cual participó nuestro narrador, ciñéndose estrictamente a presentar un panorama exacto dentro de la absoluta y natural realidad en cada caso, está presente el motivo de la narración de los hechos, considerando por supuesto, que los personajes que tuvieron que intervenir; sólo lo podremos conocer mediante sus datos físicos o por sus prendas personales, que para el presente caso, se encontraban llevando consigo.

 

 A la fecha, no es absolutamente imposible entregar o propagar una información más allá de la realidad o de nuestras responsabilidades personales. Hecha la salvedad concerniente, se estima que el propósito del ensayo, no es otro, que reseñar con claridad meridiana, sin esperar qué razón ni motivo alguno, con o sin fundamento por el caso, o los casos que serán descritos en éste testimonio, que pudieran dar lugar a plantear en cualquiera época futura, planteamientos de polémica o reclamaciones de ningún género. En igual forma también, queda hecha la salvedad, sobre las pretensiones de continuar en el anonimato.

 

En las primeras horas de la mañana del día 22 de agosto de 1930, las emisoras de la capital informaban, sobre el pronunciamiento de la revolución del Comandante Luís Sánchez Cerro en Arequipa, en contra del régimen del Presidente Augusto B. Leguía y que ya había dimitido el mando y por supuesto de hecho, haber cambiado el régimen político derrocado.

 

En cuanto se realizó los comicios  electorales del día 11 de octubre de 1931, en forma discutible, se impuso la candidatura de Luís Sánchez Cerro, sobre la de Víctor Raúl Haya de la Torre, los métodos del nuevo gobierno fueron calificados como un fracaso democrático, por instaurarse una supuesta tiranía semi-castrense en sustitución de la anterior dictadura civil de Leguia; por cuya razón, fue alentado el descontento ciudadano por los militantes apristas, como también por los propios militares, que repudiaban el proceder del gobierno de Sánchez Cerro.    

 

Año de 1931, se había producido en la histórica Escuela Militar de Chorrillos, la  revolución que -entonces se dijo- había tenido enlace directo, con la que fomentara en el antiguo Cuartel de Santa Catalina de Lima, el que fuera Sargento Huapaya, las pretensiones del mencionado Sargento, hasta el presente continuaron ignoradas y sólo son de conocimiento en los anales netamente históricos militares, pero tuvieron derivación y fuerza, para convertir en desastres. Las aspiraciones de centenares de  jóvenes provincianos en edad de Servicio Militar Obligatorio, que en la época que nos ocupa se encontraban conformando los “Cuadros” de la llamada “Escuela de Clases”. Esos jóvenes militares, constituían por aquél tiempo, los “efectivos de sangre” de las cuatro armas. A saber: Infantería, Ingeniería Militar, Artillería y Caballería.

 

Se habían apagado las luces en el silencio de la gran ciudad de Lima, la calles apenas se delineaban bajo el oscurecido tiempo, sólo un lenguaje de agua turbia corría por el río Rimac, ignorando la ceguedad de las ideas jaladas por las calles y avenidas urbanas, pero ya el alba vencía lejanamente a la noche. Era una mañana del mes de abril, cuando no había hecho su aparición todavía el astro Sol, mientras en el Cuartel Santa Catalina de Lima, y sus alrededores, se podían escuchar claramente los sonidos de los disparos de armas de fuego (fusilería). En la Escuela Militar de Chorrillos, la Superioridad había dispuesto el inmediato emplazamiento de fuerte destacamento militar, en todo el área de la Escuela, se encontraban; tanto la puerta principal, como la de Tropa, guarnecidas con ametralladoras “oerlinkon” y fusiles ametralladoras Z. B. 30, en número suficiente, como para derrotar a cualquier fuerza militar, que en aquél tiempo, hubiese pretendido tomar por asalto el inexpugnable edificio de la Escuela Militar de Chorrillos.

 

En igual forma, los torreones de la Escuela, se encontraban fuertemente protegidos con ametralladoras, listas para repeler cualquier ataque que se pretendiera efectuar desde el campo exterior de sus alrededores. Como resultado de ése movimiento de alerta, para los efectivos de ése tiempo en la Escuela, todo volvió a la calma y una ves que fueron investigados los antecedentes de la insurrección por la Superioridad, llegó el inesperado desastre, para la generalidad de aquéllos jóvenes militares, que fueron dados de baja, con una leyenda de letras de imprenta grande con tinta roja impresa en sus Libretas de Servicio Militar Obligatorio. Por lo cual, se les consideraba indignos de pertenecer a la Escuela Militar de Chorrillos. Sin embargo, por aquello -de que en toda regla, hay excepción- y a pesar de que el Reglamento Interno de la Escuela en ésa época, fijaba la permanencia en dos años, en su seno a sus componentes contingentes, se encontraban libre del barrido, en aquel huracán que se produjo.

 

Un joven limeño que recientemente había logrado obtener la clase de Cabo, a quién por el momento, llamaremos “sin mancha”, inesperadamente fue rigurosamente conducido al calabozo, aplicándosele en la puerta de la prisión un “centinela de vista”. Pero aquél prisionero, por haberse encontrado a ordenes de un jefe familiar de alta Jerarquía (Jefe de División Superior) fue inmediatamente requerido por éste, y de ése modo hasta la ignorada prisión llegó la liberación no soñada para el Cabo. En breve tiempo, después de absolver plenamente las interrogaciones a que estuvo sometido, lo absolvieron de los cargos imputados, disponiendo a pasar limpiamente las más estrictas investigaciones (en cambio si hubiera sido de un provinciano inmediatamente le daban de baja); en éste caso, por tratarse de un limeño, fue designado a un nuevo cambio de colocación, con el apoyo directo del Jefe de Alta Jerarquía, a quién describiremos que era de talla alta, representaba unos treinta y ocho años de edad, pues media como un metro setenta y cinco centímetros de alto, musculoso, de mirada serena y valiente, su rostro de seriedad tal que sobrepasaba a lo hermético, no se podía advertir una sonrisa, siendo completamente inescrutable su pensamiento, al mirar su rostro, pues sus “semis caras” en servicio o fuera de el, jamás denotaban ni la más pequeña alteración de enfado, violencia ni alegría; pero en cambio, al caminar, su marcha semejaba un movimiento armonioso en sus anchas espaldas, que resultaban idénticas a ése movimiento armónico, enérgico, que al caminar distinguiera en forma tan clásica similar al Gran Capitán de Ejércitos; NAPOLEÓN BONAPARTE, ése movimiento consistía en un suave desliz de los músculos de la espalda, de izquierda a derecha y de derecha hacía bajo, y de atrás hacia arriba; dando lugar a llevar permanentemente el pecho erguido y saliente, la cabeza erguida constantemente y todo el tronco vertebral en posesión recto. Para entonces, lucía sobre la bocamanga de la guerrera o casaca cinco galones de “sutache” de oro como insignia de su mando.

 

Es necesario dejar aclarado de la existencia de un viaje en una lancha de Servicio Oficial, que partía del muelle “Dársena” hasta el Buque Mercante y éste se complementaba con el ferrocarril de Lima al Callo y viceversa; éste viaje que realizaban por las tardes, fuera del servicio, ésta actividad fue lo indispensable para gestionar su destaque a su nueva colocación, que le destinaron a “sin mancha”. No pasaremos por alto una pequeña aventura, en compañía de ése Comandante, a quién ya conocemos por sus insignias y que tuvo lugar en época muy cercana al conocimiento del cambio de colocación de nuestro personaje el “sin mancha”.

 

Ya que juntos tuvieron que efectuarlo. El Comandante, era casado y en su matrimonio tenía una parejita de niño y niña; siendo la edad de la niña menor y sumada la edad de ambos, llegaría entonces a once años; se tenía conocimiento de que la niña, que aparentaba entre cuatro o cinco años, era nacida en Francia. La esposa una bella señora, sin que por ello, dejara de ser tan femenina como lo demostrara en ocasiones, que con indiscreción solicitara a nuestro personaje “sin mancha”, una confidencia, sobre los frecuentes viajes que en horas fuera de servicio en la Escuela Militar de Chorrillos, se veía precisada a realizar el Comandante. Según la esposa, su deseo era conocer el motivo por qué, invariablemente el esposo, después de las diecisiete horas, lejos de recogerse a compartir el calor hogareño procedía al contrario. Pues el retorno solo tenía lugar en las primeras horas del siguiente día; como es natural ella, la esposa, se encontraba seriamente contrariada y sin explicación alguna, que en parte pudiera atenuar su justa intranquilidad. En esas circunstancias el Cabo, ante la interrogación que permanentemente lo hacía objeto, a quién ya era el Cabo de reciente ascenso, con ánimo de dar una respuesta, éste se limitó a utilizar una mentira piadosa, en favor de la bella esposa del Comandante, diciéndole “que todos ésos frecuentes e invariables viajes, después de las diecisiete horas, tenían lugar a desarrollar problemas de política, en compañía de hombres del Gobierno, los cuales tenían lugar en los Palacios de Gobierno y Legislativo”, lo cual en parte era verdad.

 

Siendo la admiración del Cabo “sin mancha”, hacia el Comandante, de carácter netamente sana, la cual lindaba en el círculo filial y en momentos en que se encontraban viajando ambos acompañados, como tenía costumbre de hacerlo en un automóvil, que para la época a que hacemos referencia, era el conocido “Ford” de cuatro cilindros en línea. En estas circunstancias, tuvo la ocurrencia el Cabo, de hacerle saber al Jefe, las perturbaciones o celos que su esposa estaba padeciendo, motivado a éstos frecuentes viajes y retornos de siguiente día. Enterado el Jefe (Comandante) de la respuesta piadosa de la propia versión del Cabo, reglón seguido tuvo la siguiente expresión para el Cabo, luego de hacerle un cariñoso palmeo sobre la espalda, le advirtió diciéndole: “el día en que tú, le digas a mi esposa, lo que ves que hago, te mando clavar cuatro balazos, en el campo de tiro reducido”, dando término así a todo lo acontecido sobre la indiscreción anotada.

 

El Cabo, le gustaba divertirse en sus horas de servicio con la polca titulada ¡Cómo te gustan los Militares!, letra de Albino Canales y grabado por Los Chamas, que decía:

 

Las muchachas de mi barrio

ya no quieren saber nada

con ninguno de los muchachos,

con nadie de la barriada.

Me cuentan que el otro día,

la novia de Colmenares

le dijo en su propia cara:

“Ahora me gustan los militares”.    (bis)

 

Los militares, sí, los militares,

¡cómo te gustan, cómo te gustan

los militares!,

pero no niegues al amor de tus amores

porque te gustan, porque te gustan

los militares.

 

Los militares, sí, los militares,

¡cómo te gustan, cómo te gustan

los militares!,

pero ten presente

que en la próxima alborada

los militares te pueden dejar plantada.

 

A la casa de doña Juana

todos fuimos a bailar,

también fueron militares

y las chicas del solar;

cuando Pedro sacó a Sara

ésta no quiso aceptar,

pero al cabo de un momento

bailó con un militar.                       (bis)

    

 


 

 

C A P I T U L O    X I I

                                           EL CABO DESTACADO A PIURA

 

El movimiento del vacío militar tomaba sentido, para sostener la obligación de avanzada cobijada en la sombra del silencio, como una voz vigorosa unificando la dualidad de hombre y patria. Durante el tiempo que pasó el Cabo, en su nueva colocación; que para el caso que narramos, era la ciudad de Piura, empezaremos haciendo una sucinta o breve descripción de ésa ciudad: de aspecto bastante empobrecida, así como su escasa población. Constituyendo lo más bello de sus adornos arquitectónicos su antiguo Templo Cristiano, ubicado en un extremo de la Plaza de Armas, como era costumbre en las fundaciones de ciudades españolas, formado por un cuadrilátero bien amplio y sus jardines muy bien conservados. La Estación del Ferrocarril que va hacía Paita, el Cementerio Local, muy notable por existir dentro de su campo santo reliquias que datan desde el tiempo de la Colonia y del Virreinato, como también de sus esculturas presentadas en fina madera, que representan a hombres de raza negra, acongojados por la pérdida de su amo.

 

El río que separa a la ciudad en dos extremos, en su silencioso recorrido de Norte a Sur. La población de la margen izquierda, en ése tiempo tomaba el nombre de “Tacalá”, por encontrarse más cerca al Trópico Ecuatorial, cuando el Sol se encuentra en su parte más alta, en los meses de intenso calor, resultaba imposible darse un baño de ducha sin correr el riesgo de sufrir intolerable calor sobre la piel. Sus calles, eran más estrechas y torcidas; tenía sólo una amplia avenida que era la central llamada Grau, y se encontraba adornada con árboles a excepción de las calles centrales; todas las demás, estaban faltas de pavimentación y por ser suelo arenoso, no era nada extraño, que en cualquier parte de sus suburbios, pudiera quedarse impedido de rodar los vehículos, por quedarse atascados en la arena algunos de los pocos vehículos motorizados existentes en el lugar.

 

Constituía entonces, como distracción para los habitantes modestos, la clásica y familiar bebida de maíz la llamada “chicha” y “clarito”, hecha de “pachucho” (maíz remojado en agua), que se tendía en capas de arena mojada, durante un período de ocho días en cuyo lapso germinaba, luego de secarse al sol, finalmente para ser molido y con el cocimiento dilatado terminaba el proceso de la preparación de la referida bebida. La chicha, es un líquido algo espeso de color blanquecino y de agradable sabor, capaz de producir embriaguez cuando es ingerida por la persona en gran cantidad. El clarito, es el resultado obtenido del proceso de los primeros cocimientos del “pachucho”, carente por completo de los sedimentos del maíz, para quiénes hacían vida nocturna en “Tacalá” era costumbre encontrar lugares de ventas de bebidas calientes como el café, que se acompañaban con los llamados “chifles”, consistente en el plátano cortado en rodajas delgaditas y fritas en manteca de cerdo. El río, sufría de la llamada sequía, por que tenía su temporada en que el agua desaparecía o bajaba su caudal al mínimo y los habitantes en su mayoría, perforaban pequeños pozos en el lecho seco del río, para conseguir agua fresca del subsuelo, que de todas maneras resultaba de un sabor salobre color arena.

 

Entre las verdes copas de los algarrobos, un suave viento de la tarde soplan las ramas, sobre la arena que se infiltra entre los campos resecos y también entre las pocas veredas de las calles y avenidas, que se ventilan mirando hacia el mar. La ciudad de Piura era la nueva colocación del Cabo, procedente de la Escuela Militar de Chorrillos, quién por razón de edad, veinte años, no tenía empacho alguno, para dedicarse a distracciones nocturnas especialmente si se considera que el factor del ambiente caluroso, incidía notoriamente para los efectos románticos; lo que originó que no obstante haber hecho amplia práctica referente a disciplina militar y llevar consigo en la mente, la posesión constante y permanente del texto del artículo número uno del Reglamento de Servicio Interior, para los Cuerpos de Tropa; sin embargo, el Cabo, descuidó por breves momentos el servicio a que estaba afecto y para remate del caso; una noche se hizo presente un Oficial, a requerir los servicios y asistencia de éste Cabo, quién resultó sorprendido, por que en ésos momentos se encontraba fuera de lugar, dedicado a gozar del tibio ambiente que se quedaba flotando entre las arterias urbanas del centro, como también circundando por los campos abiertos, como lo era la plaza de armas y otros lugares más, habiendo ya cerrado la noche en las riberas de la costa norte y en cualquier Oficina o Dependencia correspondiente a las Fuerzas Armadas, después de haberse terminado las faenas diarias, la gente y todo el ambiente costeño pesadamente tienden a la calma y el reposo, para recobrar las fuerzas perdidas del obrero y del campesino labrador de los campos agrícolas. Pero la llegada del Oficial en busca del “Clase de Semana”, era naturalmente desusada y fuera de todo género, comprendido dentro de los deberes exactos a cargo del Cabo, personaje extrovertido de quién nos ocupamos en ésta narración. No pasaremos por alto y reseñamos que en toda Agrupación Armada, perteneciente al ejército: en tiempo de paz, llegadas las veintiún horas, se escucha el toque de corneta “llamado silencio”. Después del cual, no debe escucharse en el Cuartel, el menor rumor o ruido, y solamente queda cubierto el “Servicio de Guardia”, que es de rigor, así como el “Servicio de Imaginarias”, que se denomina a cada soldado, el que estará dedicado a cuidar y vigilar, que los demás reposen. Este servicio dura dos horas, dentro de las cuales, si puede presentarse el “Oficial Jefe de Ronda” al que “el imaginaria”, debe informar con absoluta claridad el número de armamento, bajo su custodia personal y el número de soldados, en general que reposan bajo su cuidado.

 

En Piura, el Oficial que se presentó no era de Ronda y solo era subalterno, quién por sentir deseo de cabalgar y pertenecer al Arma de Infantería, deseaba se le proporcionara un caballo, con todos los elementos de uso para ensillar. Es decir, exponemos que las pretensiones de oferta de cuánto necesitaba éste Oficial, por parte del Cabo, quedaron sin respuesta y más bien afloró la grave amenaza contra el Cabo, de que al día siguiente sería elevada una sumaría información al Superior, solicitando un castigo ejemplar, por haberse encontrado haciendo abandono de servicio, la amenaza se hizo realidad y cuando fue puesta en manos del conocido Comandante, que recordamos que había llegado precisamente en ése mes de abril, se convirtió la sumaría información en un inútil papel sin disponerse sanción alguna.

 

En la travesía marítima de nuestros dos personajes: el Comandante y el Cabo, para sus respectivos cambios de colocación; sucedió un pequeño incidente. Se presentó el Cabo con el objeto de saludar al Jefe, pues la Superioridad y el Rango Militar, no podía privar al Cabo, de éste acto de cortesía y al preguntarle el Jefe: ¿qué tal era el rancho?, la respuesta fue negativa, en otras palabras “malo”. En el Ejército, se denomina “rancho”, a toda clase de alimentación, sea para Oficiales o Soldados, indistintamente; por lo que, el Comandante, dirigiéndose al Cabo le dijo: ¿Qué el rancho malo?, todos los soldado se quedaron como piedras del río. Por respuesta militar el Cabo, al ser increpado y de ser posible le habría podido contestar: “Mi Comandante”, “las piedras no logran ser traídas hasta Alta Mar por el Río”. Alta Mar, es la línea de navegación de Buques de mayor calado. Se entiende que el Cabo, por razón de disciplina militar, debía guardar silencio, que en los tiempos actuales equivale a cerrar la boca con cierre relámpago y no contestar al Superior.

 

Después de tantas veces de haber asistido a las jaranas en la ciudad de Piura, se había aprendido el vals-Tondero titulado “Todos los peruanos somos el Perú”, letra, música y grabado por Mario Cavagnaro, cuyo texto:

 

Como amanece el día,

como amanece el sol,

amanece mi patria

en mi corazón.

 

Corazón peruano

donde la emoción

amanece ahora,

como si la aurora

se hiciera canción.

 

Canción que está impregnada

de nueva juventud,

canción en la que vibra

la patria en plenitud.

 

Canción hecha bandera,

pues lleva como tú,

el alma, los colores

y el nombre del Perú.          (bis)

 

(Tondero:)

 

Como nace el día

cuando sale el sol,              (bis)

 

amanece ahora

la nueva hora en mi corazón  (bis)

 

Corazón peruano,

donde la emoción                 (bis) 

 

amanece ahora

porque la aurora se hizo canción. (bis)

 

De la Selva a los Andes

y de los Andes al mar,

¡una sola bandera, una sola alma,

un solo cantar!

 

¡Somos el Perú,

todos los peruanos somos Perú!     (bis)

 

Y un día, con alegría,

se estrecharán nuestras manos

y cantaremos el himno

con esperanza de hermanos.

 

¡Somos el Perú,

todos los peruanos somos Perú!    (bis)

 

Hagamos juntos, hermano,

mi hermano sueño peruano.

 

¡Somos el Perú,

todos los peruanos somos Perú!   (bis)

    

 


 

C A P I T U L O    X I I I

                                      EL CABO TRASLADADO A TRUJILLO

 

Las tierras costeñas se dejaban levantarse por las nubes, como un baño de olas tibias de mar, bajadas por las refrescantes vertientes de los contrafuertes de los Andes, todo de espalda volvía hacia el mismo mar. Habían transcurrido algunos meses desde la llegada a la nueva colocación para ambos el Comandante y el Cabo. El Cabo, fue llamado a presencia del Jefe, para recibir por segunda vez, otra palabra favorita del Comandante. Explicamos que la primera, tuvo lugar de escucharla el Cabo, tres días antes de la partida de la Escuela Militar de Chorrillos, momentos después de haber abandonado el calabozo, como quedó anotado anteriormente. Pero ahora, la situación era diferente, después del saludo conveniente entre ambos. El Cabo, fue conminado a viajar a la ciudad de Trujillo, “por su propio bien y por el cumplimiento del mandato”, debía constituirse inmediatamente con el preciso objeto y motivo de obtener el Ascenso Militar inmediato superior. El Comandante, dirigiéndose con voz nada militar sino amigablemente con expresión de sonrisa le dijo: “te he llamado para que alistes todas tus “cacharpas” para que te dirijas a Trujillo y tu ascenso te espera”; después de ésta entrevista, transcurrió un largo período de tiempo, que le impidió al Cabo, entrevistarse con el Jefe. Ya se encontraba desempeñándose en su otra novísima ocupación, poco a poco se dedicó el conocido Cabo, a los mismos menesteres y distracciones que antes desempeñaba, se había tecnificado en lo concerniente a productos farmacéuticos y preparación de variados recetarios Médicos. El desarrollo de su existencia no tenía nada de extraordinario, pasaba dichoso y despreocupado, contaba con la amistad del Médico Sanitario. Cumplidas sus obligaciones de su cargo militar y de las más con la mayor normalidad posible diaria, así fueron pasando los días y semanas, nada le hacía presagiar lo que el tiempo le tenía reservado.

 

En el Cuartel Militar de Trujillo, se presentó una “ola de gripe”, atacando a un buen número de soldados; pero, por las atinadas medidas sanitarias puestas en práctica y la valiosa sensibilidad de la población, como el excelente sentido de humanidad e interés del Cabo, en brindar atención a los pacientes, sin escatimar esfuerzos alguno, aún en horas de la noche, y así mismo el envío inmediato al nosocomio local de los pacientes gravemente afectados, permitió que se disipara y se controlara aquél flagelo, sin consecuencias que lamentar. Esta actuación y otras análogas crearon y dieron lugar a una felicitación de parte de la más alta Autoridad Militar en favor del Cabo. El Médico Sanitario, fue trasladado y en su reemplazo llegó para hacerse cargo del puesto, uno de los amigos íntimos del Cabo; pues la marcha sanitaria continuó en todo el orden de cosas al mismo ritmo habitual de siempre, sin que sufriera daño ni quebranto alguno en el marco de la Disciplina Militar, base absoluta necesaria.

 

Entre sus andanzas libertinas se llegó aprender a cantar el tondero titulado “Canto a Trujillo”, letra, música y grabado por Mario Cavagnaro, que dice:

 

Con mi guitarra en la mano

y con mi canto sencillo.

 

hoy toco la puerta de oro

del corazón de Trujillo.         (bis)

 

Ansioso de ver su gente,

alegre, noble y sincera         (bis)

 

y sus hermosas mujeres,

trocitos de primavera,

 

tan lindas como tú misma,

¡Ciudad de la Marinera!        (bis)

 

Sí…

Hidalga ciudad norteña

con alma de juventud,

en tu tierra liberteña

se vive más el Perú.

 

Honor a tus caballeros

y a tu casta de primera,

a tus lindas chinas cholas

de majestad verdadera.

Para todos es el canto

de mi corazón viajero,

yo vine desde mi tierra

para vivir este sueño.        (bis)

 

¡Encantadora Trujillo,

un abrazo a lo norteño! 

 

En medio de las órdenes, actividades cívicas y el desempeño administrativo, transcurría en el silencioso tiempo y en el Cuartel Militar del Regimiento, se conocieron las disposiciones del Gobierno de ésa época, disponiendo el envío de efectivos de Tropa a la ciudad de Piura, con el objeto de la Celebración del IV Centenario de su Fundación. En cuyo importante acontecimiento debería celebrarse con un gran despliegue de las Fuerzas Armadas, tanto en la parada militar en la plaza de armas, como el desfile por sus avenidas principales de la ciudad y con el derroche de incomparable suntuosidad, por ser la primera vez que se celebraba de tal magnitud; pues el personaje gobernante de ése entonces era natural de Piura, quién estimulado por el cariño de todo ser humano agradecido por su tierra, hijo bien nacido, siente por el pueblo donde ve la luz primera al nacer; era natural que deseara lo mejor de los acontecimientos, para festejarse el Centenario, con el boato y grandeza imaginable, entre los efectivos de las Fuerzas Armadas que fueron puestos en campaña, desde el Cuartel Militar de Trujillo, con rumbo hacia el norte a la gloriosa ciudad de Piura, la conducción se encontraba al frente de nuestro ya conocido Cabo, que hacía poco de haber recibido el ascenso y que ostentaba las insignias de su Clase de Sargento Segundo, la marcha de campaña estaba a su mando realizando la travesía por tierra, a pie sin contar con otros medios de traslado que los propios soldados, salvo algunas bestias de carga como las mulas que fueron utilizados para el cargamento de vituallas necesarias como para preparar el rancho de los soldados en campaña.

 

Muchos soldados alegres por la marcha en campaña, iban cantando por los caminos la marinera norteña titulada “Casi me despepito”, letra, música y grabado por Alicia Maguiña, y así decían:

 

¡Que bonito que es Trujillo, compadre!,

¡ay, que bonito!,

cuando se baila un tondero, ¡caramba!,

bien mecidito.                                           (bis)

 

Me convidó un mochero, ¡mi negro!,

¡ay!, un tumbito

y casi, casi, casi, compadre,

me despepito.                                           (bis)

 

En un caballo de totora,

allá en Huanchaco me fui a pescar,

en un caballo de totora

con mi cholito me fui a pescar.

Y muy juntitos los dos,

cruzamos el ancho mar…

y muy juntitos los dos,

cruzamos el ancho mar.                        (bis) 

 

Pero muchos de los soldados que integraban las filas de las Tropas, ya no iban a estar en Trujillo, para la salida de franco los días domingos, sus enamoradas tenían que esperarles hasta su retorno, entonces ellos cantaban el vals titulado “Antes de partir”, letra de José Escajadillo, música y grabado de Lucia de la Cruz, que sus letras eran lo siguiente:

 

Antes de partir, te quiero decir

algo que me quema:

No me voy de ti por cambiar de amor,

de vida o sistema;

yo no sé si estoy confundido o qué,

con tantos problemas,

pero has de saber que yo te amaré

hasta que me muera.

 

Sé que extrañaré la felicidad

que siento en tus brazos;

sé que extrañaré esas cosas que

sólo tú me has dado.

Mas, si es por salvar nuestro gran amor

que ronda el fracaso,

quiero ser, de ti, siempre amanecer

y jamás tu ocaso.

 

Antes de partir, por última vez

dime que me quieres,

para no sentir que si tú te vas

nuestro amor se muere.

Antes de partir, por última vez,

abrázame fuerte,

para no sentir esta soledad

de morir sin verte.

 

 


 

                                                C A P I T U L O    X I V

                  MARCHA DE CAMPAÑA RESEÑADA DE TRUJILLO A PIURA

 

El mar comenzaba a soplar sus primeras ráfagas de brisas tibias hacía las inmediaciones de la costa trujillana, el tiempo fijó su claridad de mármol encuadrada dentro de los contrafuertes de las vertientes de los Andes, el cielo giraba su esfera azul y blanco, como una borrada de tintura recostada hacia el horizonte del caluroso arenal. En la partida de ésta marcha de campaña, con la finalidad de que el ganado de sustento de las tropas no se fatigara con el traslado de los cañones consistentes en las “Armas de Guerra”, la Superioridad dispuso que el armamento pesado los cañones “Krup” de montaña, de setenta y cinco milímetros, fuesen trasladados con dirección a la ciudad de Piura por la vía marítima, que nunca llegó por haber sido retenido en el trayecto, resultando más adelante en forma extraña se lo encontraremos que éste pesado e importante armamento de gran peligrosidad, resultara en poder de las “fuerzas del vandalismo” que eran contrarios al Gobierno de ése entonces.

 

El mar de las costas de Trujillo, hablaba en un perfil por debajo de las olas friolentas, se dibujaba como mandíbulas triangulares que se abrían en forma negativa hacia delante como quién no estuviera de acuerdo con la idea de la marcha de campaña, pero eran incomprendidas naturalmente por la emocionada masa humana. Cada uno de los soldados en general, estaba ataviado de su correspondiente mochila, morral de aseo, armamento y munición. Siempre que un Destacamento o Tropa, en número mayor de soldados se encuentran en campaña, según a la naturaleza de sus acciones, los obliga a pernoctar en campo abierto y es ésta la poderosa razón, porque llevan consigo mochila y equipo completo. Según reseñamos: la mochila es una bolsa de forma rectangular mide unos cuarenta y cinco centímetros de alto y esa misma medida es el ancho, por unos veinte de espesor lleva por cubierta, una tapa del mismo material, dos correas y hebillas para sujetarla, en su interior lleva la ropa de cama, esto es frazada y otros objetos necesarios. La carpa individual que se utiliza al formar el “VIVAC” o lugar de reposo, después de las marchas de resistencia. Todo soldado, en campaña lleva consigo cantimplora (objeto de aluminio) portador de agua. Desde la salida del Cuartel Militar de Trujillo, las Tropas caminaban interminables kilómetros de costa, el viento suave soplaba los caminos arenosos, bajo un candente sol costeño que descargaba todo el peso de la ley natural del cielo. Todo se desarrollaba la “Marcha de Campaña Reseñada”, sin novedad alguna, pasando por la pampa Cerro Colorado, hasta que arribaron al pueblo de Mocupe, cercano a la ciudad de Chiclayo, en donde algunos soldados ya habían dado muestras de encontrarse fatigados, faltos de energía y otros presentaban síntomas de encontrarse enfermos por las inclemencias del tiempo en las caminatas tanto de noche como de día; cuando esto tenía lugar o sucedía, inmediatamente se remediaba el caso, permitiendo que el soldado cabalgara en la bestia de carga, el soldado ya sea enfermo o afectado por el cansancio de la caminata.

 

Nuestro conocido Sargento, también ya experimentaba sed, hambre en la marcha, ya que las travesías de estas distancias prolongaras, en grandes zonas están compuestas de grandes extensiones arenales y en cuya superficie no se encuentra ni agua ni tampoco alguna vegetación, además en éstas época de referencia se carecía mucho de carreteras y caminos viales, los que apenas existían o se utilizaban carecían totalmente de conservación. En estas circunstancias un trozo de chancaca, servía para aplacar la sed insaciable del Sargento.

 

Entre los ventarrones suaves de arenosas oscurecidas ante el caluroso rayos del sol, el pueblo de Mocupe, se encuentra en el margen izquierdo del río de Saña, histórico pueblo desbastado por ése río, según apuntara en sus Tradiciones don RICARDO PALMA. La llegada a Mocupe, guardaba para el Sargento, la sorpresa de tener que lavar por si mismo, sus prendas de ropa, pues estos menesteres no son obligados para quienes obtienen ingreso a la Escuela, donde perteneció el Sargento. La marcha de aquella campaña llegó a Pueblo Nuevo, donde se registró un incidente sin mayor importancia debido a la indisciplina de un soldado y que fue reprimida en el acto por el Sargento, quién ayudado por otros soldados trataba de acorralar a las briosas mulas, que utilizaban para la conducción de la carga. Cuando aún todavía no amanecía el atrevido soldado, quién llevado de su pensamiento insensato o tonto alarmaba a las bestias de carga, con el propósito de impedir que fueran llevadas al Vivac, al ser conocida tal indisciplina, la voz en tono militar del Sargento se hizo respetar, siendo increpado dicho soldado, para que moderara su actitud, recibiendo en respuesta un ataque leve de una cadenaza en una mano del Sargento, produciéndole una pequeña herida, inmediatamente respondiendo el Sargento el ataque, valiéndose de un trozo de tierra arenosa endurecida como adobe, porque en éstos lugares no existen piedras por ser extensas áreas de resecos arenales, con lo que puso por tierra la inconveniente discusión con el agresor y con lo que terminó zanjado el incidente suscitado en el Pueblo Nuevo.

 

De lenguaje tibio soplaba el viento, el calor constante reverberaba sobre los desiertos de interminables arenales, el olor a tierra seca se dejaba retrocedida en las horas, el sol brillaba cada vez más fuerte sobre los hombros de la Tropa entera, al fin continuaba paso a paso agotados los soldados llegaron al pueblo de Olmos la marcha de campaña sin mayores dificultades, gracias a que se lograron contratar hombres guías, que por modestas sumas de dinero les mostraban los caminos que resultaban más cortos que los de herradura. Estando en aquellos parajes arenosos desérticos de gran calor, era común entre la Tropa la falta de provisión de tabaco, por lo cual, se improvisaban cigarrillos de formas cónicas rellenados con las hojas secas desmenuzadas de algarrobo, que eran las únicas plantas que se encontraban sembradas en el transcurso del camino, y éstas eran conservaba por la propia naturaleza; los caminos siempre atravesaban aquéllos extensos desiertos, fanegadas de tierras que constituían los campos, por donde pasaban el lugar de las “Norias de Morante”, era el lugar así llamado por la existencia de varios pozos artesianos del cual les servia para proveerse de agua.

 

Pues hundido en el polvo de los valles arenosos del calor del norte, la nada del cielo guiaban a los caminantes hacia un mismo destino de su nuevo despertar. El próximo arribo estaba señalado hacia el lugar “Pabúr”, que era una hacienda agrícola y ganadera por excelencia. Pues ya eran las altas horas de la noche la luna se encontraba ausente del cielo no se dejaba fácilmente distinguir el camino y al pasar un puente valientemente construido por los moradores de pesados troncos de árboles, el remanso de las aguas que discurrían por su cause, habían formado un elevado copo de blanca espuma, que precisamente se encontraba muy próximo al puente, el Sargento, en aquel momento se encontraba cabalgando una bestia mular, que le habían asignado para usar, la noche era oscura y la visibilidad extremadamente difícil de poder distinguir el camino todos caminaban a tientas, la mula sufrió un impacto de nerviosismo al percibir este fenómeno de natural de las aguas y espantado al pasar el puente y al mirar el novedoso copo de espuma flotando sobre el agua, repentinamente aceleró los pasos y a grandes trancos recorrió el puente llegando al final a tropezar en un montículo de tierra arenosa, llegando entonces tanto el jinete como la bestia, a derribarse, cayeron pesadamente por tierra, resultando el Sargento con la boca llena de tierra arenosa y con leves raspaduras en la cara izquierda; pero así, prosiguieron su avanzada hacia el norte del camino, con la esperanza de llegar lo más antes posible a la ciudad de Piura.

 

Con los ojos engrandecidos de redonda mirada puesta a la abierta puesta del cielo, por donde se podía con satisfacción tratar de aspira su aliento de madrugada de color de rosa. Cuando faltaba sólo siete kilómetros para llegar a la ciudad de Piura, siendo aproximadamente a las nueve de la mañana, el sol piurano se agrandaba en su ascenso cada ves más se asentaba sus rayos con fuerza y el arenal que se había trotado difícilmente toda la santa noche, se quedaba retrocedido hacia atrás para llenar los vacíos del recuerdo y justamente ya se encontraban en carretera de afirmado, las Tropas ya no quedaba por caminar ningún tramo de arena difíciles como antes los habían atravesado. Pero lastimosamente otra sorpresa, le esperaba a nuestro Sargento, el Oficial que comandaba la “marcha de campaña”, dirigiéndose al Sargento, le ordenó que inmediatamente volviera “grupas” para ubicar a un soldado, que se había quedado rezagado en el camino. El Sargento, en seguida daba cumplimiento a la orden recibida del Oficial. Surgiendo el obstáculo de que la cabalgadura de caballería se comportaba reacia de volver a caminar en sentido inverso del que ya había cubierto con tanto pesar. Pero, las órdenes militares fielmente se cumplen, por lo que fue necesario que el jinete desmontara y tirando de las riendas obligara a marchar a la acémila hacia lo ordenado, éste retraso fue otra consecuencia más de la que ya se había perdido el control de compañía, durante el viaje que experimentara el Cabo. Es decir, dio quebranto a su natural resistencia militar. Se dio por terminado éste incidente en unas horas después de producirse el encuentro del jinete con el vehículo motorizado de carga de un camión particular, en el cual se habían refugiado varios soldados, cansados, hambrientos, desvelados y fatigados en la marcha de campaña. En jinete trato de encontrar a sus compañeros soldados, al informárseles de su misión, inmediatamente las condujo hacia las presencia de sus Superiores. Una ves unificados todos las Tropas en “marcha de campaña”, nuevamente tuvieron que reemprender en conjunto el camino con destino a la ciudad de Piura, definitivamente significó para el Sargento, personaje de ésta narración, alcanzar con las manos el mismo cuerpo celeste del sol, cuando se encontraba en insalvable caída entrando en el poniente. El viaje en “marcha de campaña”, fue muy pesado y difícil el superar varios imprevistos por el Sargento. Pero al fin terminó la odisea, llegaron al objetivo programado por la Superioridad con el objeto de la Celebración del IV Centenario de su Fundación de la ciudad de Piura, el 15 de Julio de 1532. Pizarro lo bautizó al nuevo pueblo con el nombre de San Miguel, hoy Piura. En cuyo importante acontecimiento debería celebrarse con un gran despliegue de las Fuerzas Armadas, tanto en la parada militar en la plaza de armas, como el desfile por sus avenidas principales de la ciudad y con el derroche de incomparable suntuosidad, por ser la primera vez que se celebraba de tal magnitud; pues el personaje gobernante, era el Presidente de la República de ése entonces Luís M. Sánchez Cerro, era hijo natural de Piura, quién estimulado por el triunfo de haber llegado a la primera magistratura de la nación. El arribo a la ciudad de Piura fue de gran júbilo y alegría para todos los integrantes de la “marcha de campaña reseñada”, el gozo generalizado tanto para los Jefes Superiores, como para los de las tropas que había arribado con gran felicidad a la ciudad de Piura y ahora se preparaban los soldados lustrando sus calzados y sacando lustres de sus armas para hacerlos reflejar a los rayos verticales que se desciendan en el cuadrilátero de la Palaza de Armas y sus arterias principales, el día de la parada militar, con el propósito de realizar marcialmente el gran y el único recordado desfile histórico en el Perú.

 

Por todos los ámbitos de la ciudad se escuchaba entonar la gente éste hermoso vals titulado “Ansias”, letra de Luís Abelardo Núñez, música y grabado por Los Kipus, que dice así:

 

Con rayos de luna

haré un pentagrama

donde escribiré,

con gotas de sangre,

las penas sentidas

de mi corazón;

 

y entrelazando las notas

con versos floridos,

yo te diré mis ansias

en ésta, mi canción.         (bis)

 

Cada nota un suspiro,

marcando en silencio

toda mi ansiedad,

gotas de rocío,

cristalinas lágrimas han de caer.

Recónditos gemidos vibrarán

en esta melodía,

 

cual trinos de un ave,

que canta muy triste

su melancolía.                 (bis)

 

Las velas muy blancas

de mis pensamientos

surcaran los mares,

los astros lejanos

prenderán sus luces

de todo color.

 

Y en tu fresca boca

el eco de un beso será sinfonía,

cuando llegue el día

que con ansias locas

me entregues tu amor.           (bis) 

 

 


 

C A P I T U L O    X  V

                        LA MARCHA DE CAMPAÑA RESEÑADA EN PIURA

 

Los vientos de la ciudad de Piura susurraba dulcemente, bajo las hojas de los pocos árboles que se levantaban en el cuadrilátero de la plaza de armas, que se escurrían como gotas de escasas brisas por sus terrosas arterias urbanas, desde entre los recodos de las paredes de barro se escuchaba a todos lados los socarrones voces extraños y a los pasos de las botas de soldados y herraduras de caballos, que buscaban los frescos aires de las sombras, para respirar alzando los ojos enrojecidos hacia la esperanza extendida en el cielo. En las primeras horas de haber anochecido y celebrando la feliz llegada, entre los recién visitante militares, se encontraron algunos soldados de carácter alegre celebrando el acontecimiento de haber conocido por primera ves la ciudad norteña, algunos otros también que se dispusieron a hacer vibrar las cuerdas de una guitarra norteña y agrupados en círculo pretendían cantar los tonderos, los valses, polcas y marineras norteñas, muchos alegremente se hallaban dispuestos amanecerse en jaranas que las piuranas habían organizado en honor a la presencia de los nuevos visitantes, para que puedan pasar la noche disipando las penurias que habían experimentado con la larga caminata de sus caminos de tierra afirmada inconclusas y que la dureza de la marcha sobre aquéllos arenales, en algunos les había afectado su salud, pero con el descanso se encontraban recuperando sus energías, el regocijo, la euforia y el entusiasmo se generalizo en todo los ámbitos del pueblo y de la cual, todos los pobladores participaron de ésta excepcional alegría.

 

La gente cantaba alegremente esta marinera norteña titulada “!Qué viva Chiclayo!, letra de Luís Abelardo Nuñez, música y grabado por Los Mochicas, cuyo texto:

 

¡Que viva el departamento de Lambayeque,

con su capital Chiclayo, Monsefú y Reque.

¡Qué rica que está la chicha de doña Juana,

la causa ferreñafana, rica y sabrosa!

 

¡Chiclayano soy, a mucha honra, señores!

¡Chiclayano soy, y bailo mi marinera,

y no de cualquier manera!

 

¡Que viva Chiclayo, tierra generosa!

¡Cualquiera se goza,

mamita, con poca cosa…!             (bis)   

 

El tiempo se había desenfadado con las olas del mar, sus brisas había generado el alborozo júbilo de toda la extensa costa norteña, el gozo y la felicidad se había inundado en el horizonte, con el fin de producir el placentero jolgorio y desbordar la alegría en todos los ámbitos de la ciudad, todo se encontraba preparado como para dar la recepción deliciosa a todos los visitantes emisarios del Gobernante. Hacía muy poco tiempo que había empezado ésa sana y reconfortante distracción. Pero en esos instantes, se hizo presente un Oficial, para insinuar e insistirles a conveniencia de dedicarse al descanso de la Tropa, que bien merecido y atinada disposición que era para recuperas las fuerzas perdidas de sus organismos de militar, lo que fue inmediatamente aceptado sin observación alguna.

 

Pero lastimosamente, en aquella misma noche, cuando ya poco faltaba para la hora cero, se presentó un Oficial, ante la Tropa, declarando que todos se pusieran al estilo de “GENERALA”, que significaba en el lenguaje militar en la acción de ponerse “en pie de guerra”. Pues, se tenían informes, de que había estallado un “Movimiento Revolucionario en Trujillo”, fomentado y dirigido por el Partido Aprista (APRA). Es decir, por dirigentes y militantes apristas, además el Oficial recalcó que ya se tenían conocimiento, que se habían producido un sin número alarmante de bajas, en el Cuarte Militar de Trujillo y muchos civiles en la ciudad, con uso de armas de fuego de largo alcance y de graves consecuencias.

 

La gente del pueblo provinciano se pesaron del desengaño y del sorpresivo retorno y se escuchaba cantar el vals titulado “Decepción”, letra de Serafina Quinteras y música de Laureano Martínez Smart, grabado por Los dos Compadres, que dice así:

 

Luz de amanecer

que iluminó mi atardecer,

destello del sol,

blanca ilusión de mi querer.

Tú dejaste en mí ser, la sensación

de una visión bella y fugaz,

que con su fulgor

iluminó mi sueño de amor.

 

En la noche de mi soledad,

mi alma se va tras de ti

y con loco frenesí te va buscando.

Vago solo por la inmensidad,

sin esperanza, pues sé muy bien

que nunca más te encontraré.

 

Crucé el cielo, la tierra y el mar,

ellos vieron mi dolor

y en mi angustia, sin rencor,

siempre te nombro;

tu recuerdo será mi obsesión

y mientras viva,

sólo por ti palpitará mi corazón.

 

Fue en vano el amor

que te ofreció mi corazón,

no quisiste ver

la inmensidad de mi pasión;

de mi imaginación fuiste la luz,

de mi ideal fuiste la fe

y hoy, lejos de ti,

mi inspiración te evoca otra vez.      

 


 

 

C A P I T U L O    X  V I

                 RETORNO DE LA “MARCHA DE CAMPAÑA” DE PIURA A TRUJILLO

 

La ciudad de Piura despejada daba su última brillante acción, se entremetió bajo la bóveda oscurecida de la noche en un suave sonoro, con una transparencia doblada en gruesa de sorpresa, que sus lentos sonidos soplaban a un centro urbano cobijado dentro de la sombra triangular, del paisaje condensada en las arenosas lomadas del valle del norte. Empezó nueva odisea, para todos los componentes de la “marcha de campaña diseñada”, emprendida desde la ciudad de Trujillo, desde hacía un mes atrás.

 

Las primeras manifestaciones de éste nuevo despliegue de energías, para el retorno a Trujillo, estaba relacionado íntimamente con requisar o capturar, cuanto vehículo automotor de carga, fuese habido en la localidad, operación que estuvo a cargo de la Fuerza Armada Auxiliar (Guardia Civil). Como la situación era de emergencia inmediata, se utilizó la palabra “DE ORDEN DEL GOBIERNO”, que naturalmente resultó muy drástica y chocante en los habitantes de la ciudad de Piura, como después veremos más adelante. En consecuencia, se obtuvo con éste procedimiento de captura el número indispensable de vehículos motorizados como camiones y ómnibus. Inmediatamente ése mismo día el Oficial dispuso el retorno de las Tropas a la ciudad de Trujillo, En cada uno de los vehículos, abordaron una cantidad suficiente de soldados o que la Superioridad estimaba necesaria el embarque. Antes que amaneciera el día, era de emergencia militar impostergable.  

 

Sin pérdida de tiempo el Oficial, dispuso que todo las Tropas de la “macha de campaña”, vuelvan a como de lugar con destino a la ciudad de Trujillo, Todos sin pregunta alguno, tomaron sus pertenencias militares y se pusieron en camino con el fin de llegar lo más pronto posible a ésta ciudad de donde había venido antes. Las órdenes eran para su cumplimiento inmediato, luego se emprendió la marcha de regreso rumbo a la ciudad de Trujillo.

 

El ruido metálico se deslizaba sobre la tierra arenosa, el polvo de un improvisado amanecer, ocultaba a los vehículos que se despedían de los extramuros urbanos piuranos, el sol todavía no se veía sus efectos, era temprano para el lugar. Después de haber recorrido pocos kilómetros en terreno duro, solamente quedaba por detrás las huellas marcadas por sus neumáticos, hacía delante el camino se engrosaba su trayecto con el rodar tolerado de los vehículos, por el cual sólo transitaban en fila de uno formando la ese estirada, por ser imposible su mayor avance y como era de suponer, cuando un vehículo al atascarse cualquiera de éstos en su recorrido que rodaban adelante, de hecho quedaban movidas las arenas y en consecuencia originaba el trastorno de los demás vehículos, aún más debemos de imaginar el problema que se hacían para los restantes vehículos, estos percances producían atraso imprevisto a la “marcha de la campaña”. Los soldados ocupantes del vehículo atascado resolvían el problema empujando a viva fuerza. Así con tantos problemas en el trayecto que se había suscitado durante la noche. Se logró llegar al siguiente día a la localidad llamada “La Encantada”, este lugar era el punto obligado de la concentración de las Tropas, en aquél tiempo éste lugar era de descanso para el tránsito, aquí también fue en donde nuestro Sargento, llegó a enterarse que se encontraban escondidos y perfectamente camuflados entre ramas, dos camiones de aspecto flamante o sea nuevos, por lo que valiéndose de un ardid, en otras palabras le atemorizó al confidente y se consiguió ésos camiones, que fortalecieron el estado de la “marcha de campaña”.

 

El calor era sofocante durante el día y el hambre era urgente satisfacer a la Tropa. Después de la ingestión alimenticia de aquella mañana, sólo fue posible mantener el deseo de comer en la idea; porque en el camino solitario y pesado de polvo de un desierto, sin más muestras de vegetación que algunas plantas llamadas “Zapote” (produce goma), no hubo lugar alguno en donde adquirir alimentos, en ésta condición continúo su camino la “macha de campaña”, hasta llegar al pueblo de Motupe, cuando ya habían transcurrido más de treinta horas de viaje, desde la partida de retorno de la ciudad de Piura. En éste pueblo recién se sirvió una mísera cena militar, consistió en una porción de arroz, con la clásica presentación de “tiempo de guerra”, el arroz estuvo falto de cocimiento y capaz de atragantar a cualquier faringe humana, pero el hambre de la Tropa era muy poderoso y no le importo su mal preparado fueron ingeridos inmediatamente lo poco que existía.

 

Pero, no todo había de ser opuesto a la opulencia, la “macha de campaña”, continuo su camino, luego se hizo la entrada correspondiente al Cuartel Militar de Lambayeque, en donde la Tropa, se repusieron las fuerzas enérgicas perdidas y se echó al olvido los pesares, el cansancio y los sucesos antes reseñados.

 

Nuevamente proseguían en “marcha de campaña” la columna expedicionaria que venia en trayecto, transitando en la jurisdicción del pueblo de “Pacanga”, comprensión de la Provincia de Pacasmayo, se hizo necesario practicar con el uso de las herramientas disponibles, en el relleno de zanjas o acequias, para facilitar el paso de los vehículos, culminando la esperada llegada a la localidad de San Pedro de Lloc, en cuyo Cuartel Militar, se pernoctó algunos instantes y luego en horas de la madrugada, durante la marcha se atravesó una laguna pequeña, en la cual fue menester ingresar con el uniforme de soldado completo para remolcar a los vehículos atascados en su camino. Sólo faltaba que los vehículos continuaran el viaje desesperado bordeando la orilla de la arenosa playa del refrescante mar, por el lugar llamado el “Pedregal”, y en más de una ocasión, se hubo de recibir ya sea de buen o de mal agrado, un mitigante baño de las frías aguas del mar, por encontrarse éste mar del Océano Pacifico en período de luna llena.

 

El viento salado llegaba con mayor fuerza cada vez más al interior de la costa, con su olor característico de sabor a pescado y entre su murmullo traía las brisas suaves que acariciaba el fresco húmedo arenal sin vegetación. Pero así en fila continuaba la caravana vehicular. Hasta que inmediatamente de poder arribar al puerto “Mal Abrigo”, bastante calados o sea era un lugar en que abundaba la piedra caliza, en donde la Tropa tuvo el propósito de un inesperado baño necesario. Al partir de ése lugar, se hizo presente un Emisario, con urgentes informes para la Superioridad de la “macha de campaña”, en el cual fue ampliamente informada de la cruda realidad que había acontecido en el Cuartel Militar y en la ciudad de Trujillo y de la gravedad de los sucesos habidos tierra adelante.

 

La “marcha de campaña” que se encontraba desesperadamente de regreso de Piura. Antes de hacer su intempestivo ingreso a la Hacienda “Casa Grande”, se recibió a manera de ofensivo saludo, una salva pequeña de disparos de fusilería, que no produjo bajas en la columna expedicionaria que se encontraba de regreso. En éste lugar de la Hacienda de “Casa Grande”, fue oportuno tomar medidas de táctica militar, la Superioridad de la Tropa, dispuso inmediatamente que fueran reparados algunos camiones que sufrieron desperfectos y sólo se continuó la marcha con mayor precaución defensiva, a nuestro Sargento, le cupo la suerte de quedarse a cargo con el último vehículo, que se encontraba en reparación técnica y como Tropa a su mando solamente unos cuantos soldados enfermos levemente de salud.

 

En cuanto se puso en marcha el vehiculo averiado, nuestro personaje el Sargento, al llegar al Cuartel de la Guardia Civil, intervino militarmente y presenció la posesión por los efectivos de ésas Fuerzas Auxiliares, de un cañón Marca “Krup” de montaña, de setenta y cinco milímetros, que había sido capturado y rescatado del poder de los “Revolucionarios”, en dura lucha y tenaz esfuerzo no obstante de contar con una inferioridad numérica de sus efectivos de Tropa. Prosiguió valientemente su camino, al llegar al lugar conocido como “La Cumbre”, ya en horas de la noche, hubo otro ataque del enemigo “Revolucionarios” era de disparos de fusil de largo alcance, pero que no lograron hacer blanco en el socorrido grupito de la suerte,.en éste caso, ayudados o amparados por la escasa claridad nocturna y por llevar las luces del único vehículo malogrado felizmente apagadas, por previsión y táctica militar.

 

Con extrema lentitud y temor al fin arribaron a las proximidades del anhelado Trujillo, no originó más sorpresas, que las que brindaron una pareja de soldados, listos a hacer fuego, si en caso de que el vehículo no se hubiera detenido oportunamente, en cuanto fueron avisados o alertados del peligro. Recibidas las advertencias las Tropas siguieron ganando terreno cedido por los insurgentes en retirada, ya nos encontramos próximos al campo de aterrizaje y en las proximidades de la “Portada de Mansiche”, cerca de las entradas de la ciudad de Trujillo.

 

La lucha fue ardua, los insurgentes contenían el avance se sentía una gran resistencia, Después de recibir una espléndida cena en éste lugar, consistente en un Bistec, pan y plátanos, pero siempre teniendo como fondo de marco del descanso, el constante silbido de disparos de fusilería de parte de los insurgentes. El soldado “Agucho”, el reseñante, se encontraba muy agotado de la caminata y tomó un improvisado descanso de pocos instantes, teniendo por apoyo de almohada al rollo de frazada, que el soldado lleva reglamentariamente cruzado sobre el hombro derecho y ambos extremos apoyados sobre la cadera izquierda, siendo muy breve el descanso por encontrarnos frente al enemigo insurgente, serían las cuatro de aquella madrugada del día diez de Julio de 1932, la Superioridad dispuso desarrollar un táctico despliegue de las agotadas Tropas en camino, con el ánimo de recuperar el Cuartel Militar que había sido tomado por asalto y también la población civil de la ciudad de Trujillo, que había sido asediado por los insurrectos contrarios al Gobierno de Sánchez Cerro.

 

Algunos compañeros apristas a viva voz entonaban valientemente la Marsellesa Aprista que su líder Víctor Raúl Haya de la Torre les había enseñado, en sus manifestaciones y conferencias políticas, cuya letra es la siguiente:

 

Contra el pasado vergonzante

nueva doctrina insurge ya

es ideal realidad liberante

que ha fundido en crisol la verdad.

 

Tatuaremos con sangre en la historia

nuestra huella pujante y triunfal

que dará a los que luchen mañana

digno ejemplo de acción contra el mal.

 

Peruanos abrazad

la nueva religión

la Alianza Popular conquistará

la ansiada redención.

 

Que viva el APRA compañeros

viva la Alianza Popular

militantes puros y sinceros

prometamos jamás desertar.

 

Reafirmemos la fe en el aprismo

que es deber sin descanso luchar

la amenaza del imperialismo

que a los pueblos quiere conquistar.

 

Apristas a luchar

unidos a vencer

fervor, acción, hasta triunfar

nuestra revolución.

  

 


 

 

 C A P I T U L O    X  V I I

SOLDADO “AGUCHO” Y EL CABO RECIBEN ÓRDENES DE RECONOCIMIENTO

 

Las órdenes se entrecruzaban, los pueblos del norte como Paiján, Chepen, Ascope, Cartavio y otros apoyaban a los insurgentes, que días antes habían tomado cuerpo al saquear las armas del desguarnecido Cuartel, el problema contra el Gobierno de ése entonces, se había complicado en un aspecto social muy serio, con nosotros que regresábamos de la “marcha de campaña” era la única esperanza de los leales del gobierno. En ésos instantes difíciles es cuando el reseñante soldado “Agucho” y un Cabo, recibieron la orden de marchar hacía adelante, para recoger la información que fuese posible conseguir, a mérito de la expresión de ambos efectivos, de “ser conocedores del terreno” trujillano. El reseñante soldado “Agucho”, sólo pretendía por su parte, “ceñirse estrictamente en presentar un modestísimo aporte, como un pálido reflejo de lo que, un par de ojos de soldado, gobiernista y leal servidor a su patria”, por ser testigo presencial de lo sucedido y la coincidencia que le toco vivir en ése entonces, por razón de la ley del Servicio Militar Obligatorio. Estaba comprometido de servir a su patria. No era verdad lo que se expresó ante sus Superiores, antes de recibir la orden, de “conocer el terreno”, por parte del narrador soldado “Agucho”; pero, llevado por el entusiasmo de prestar su defensa personal a su querido Cuartel, en el que no en vano, es decir, hizo su “larga permanencia como todo ciudadano”, obligado a cumplir con la ley del servicio obligatorio militar, y en donde es fácil observar ése espíritu de confraternidad, que de todas maneras supera en parte, a las aulas en donde se capacita todo ser humano en su niñez, para enfrentarse por la lucha que el hombre debe realizar por su permanencia en la existencia sobre el orbe de ésta Tierra. .

La orden estaba dada, tenían que cumplirse, en ésos momentos iniciando la marcha, el soldado “Agucho” se encontró con una casa vivienda, situada en un punto al norte de la posesión del lugar de la partida y el Cabo, a quién llamaremos de enlace, tomó la iniciativa de dirigirse para inspeccionar ésa casa, a su regreso, manifestó haber encontrado a un Teniente, que se encontraba protegido en aquella casa y según el Cabo, aquél Teniente, presentaba heridas de bala en el cráneo, producidas por cumplir la orden que le impusieron los “Revolucionarios” insurgentes de enfrentar a un pelotón de fusilamiento, y que la muerte le respetó por que el Teniente fingiendo encontrarse muerto fue abandonado y sin duda posteriormente auxiliada en la casa mencionada. A partir de aquél punto geográfico, hubo necesidad de separarse, entre el narrador “Agucho” y el Cabo de enlace, téngase presente que si bien la ligereza del reseñador, afirmando conocer el terreno, faltaba a la verdad, lo cierto es que no conocía el terreno en donde se había suscitado los hechos de los grupos insurgentes, sólo lo hacia por pertenecer a las Tropas del Ejercito y ha éstas alturas ya se encontraba perfectamente encaminado.

 

La claridad del alba, ya pronunciada constituía su mejor aliada, y lo encontramos en inspección en una casa de campo perdida entre la zona, y en la planta alta de ésa casa, recibió la sorpresa de encontrar un pequeño perro, casero que a la presencia del extraño, se alejó atemorizado; así también en su camino, salió al encuentro un hombre, que intimidado por el arma de fuego, en posición de quién hacía el reconocimiento, terminó exponiéndole que “estaba enterado que en el Cuartel a donde van, habían muchos cadáveres que se encontraban insepultos y el Cuartel estaría convertido en un verdadero desastre”. Era pues, una noticia de primera mano. No obstante de recibir ésta información y otras referencias interesantes, quedó aquel hombre, en libertad, sin trámite de ningún género.

 

El sigiloso avance continuó por parte del soldado “Agucho” el reconocedor, hasta que valerosamente trata de llegar a hacer vecindad de aproximación en terreno del Cuartel, a una distancia escasamente entre setenta u ochenta metros, de las paredes límites del Cuartel, a su paso encontró el cadáver de un soldado, que presentaba herida penetrante de bala, en el centro de su frente, al cual le retiró la prenda de cabeza o sea su cristiana, para tomar la información respecto al número de matrícula y a la unidad o regimiento a que pertenecía. Inmediatamente seguía enrollando dicha prenda ensangrentada y visiblemente endurecida por efecto de la coagulación de la sangre, el soldado “Agucho” se la guardo en un bolsillo de su respectivo “capote” consistente en una prenda militar, que se usa como abrigo para la época de invierno. El mencionado “capote” y parte de su uniforme de soldado que vestía nuestro informante “Agucho”, se encontraba con manchas de barro; pues momentos antes del encuentro o del hallazgo de los restos del cadáver del soldado desconocido, había sido temerariamente sorprendido con una ráfaga de fuego de fusil, que inexplicablemente por suerte no hizo blanco en el débil y maltratado cuerpo del soldado “Agucho”, menos mal, éste susto todo se redujo, a sufrir tan solamente un arrastre y remojo de tierra mojada o barro, impregnado especialmente en la parte del grueso “capote” que llevaba consigo.

 

Cuidadosamente con el temor de la muerte, seguía cumpliendo con su deber de soldado, en los momentos siguientes de la valerosa avanzada del desnutrido solitario y prevenido soldado “Agucho”, y además por encontrarse en la proximidad tan cerca como ya anotamos anteriormente, se percató que el Cuartel había sido asaltado y saqueado por los insurgentes, agudizando su sentido auditivo llegó a escuchar el diálogo siguiente, el hablante tenía toda una expresión de mando, parecía a su entender que era algún militar el quien dirigía la operación y que al parecer de haberse enterado de la proximidad de las Tropas, porque un poco alterado decía con “voz de mando”, que son características en los medios militares y ésta orden fue textualmente así: “Usted, a la puerta de fondo, y usted, a las letrinas…”, no pudiendo escuchar más voces, por cuanto la distancia o la dirección del viento, no lo había permitido, pero para el narrador “Agucho”, el término “letrina”, comprendió el resultado a todas luces en desuso, porque en la residencia anterior en ése Cuartel, el informante “Agucho”, nunca había oído nombrar con aquel nombre ése lugar; que le daba una idea exacta del refrán que dice: “donde va el Rey solo”, es decir, era el lugar en donde se encontraba los excusados o los servicios higiénicos.  

 

Esta pared de la “letrina” como se le denominaba en la voz de mando, separaba con la propia pared del Cuartel, era un espacio de terreno que se utilizaba como camino común, con dirección de Sur a Norte, ése espacio solamente podría tener unos cuatro metros de ancho; éste camino público se utilizaba para dirigirse a la zona llamada “mampuesto”. En tales circunstancias el narrador soldado “Agucho”, se encontraba muy confundido como para hacer llegar el mensaje a su Tropa, pero como para no ser advertido o localizado por el enemigo, optó por introducirse inmediatamente en una excavación del terreno, que sólo tendría unos cuarenta centímetros de profundidad y en tal posesión que sus pies se encontraban más próximos a la pared o tapia, en sentido transversal en aquélla posesión, con la Carabina “Mauser”, Modelo Argentino, que aseguraba entre las manos y el pecho, siempre apoyado sobre el terreno en actitud vigilante. En aquéllos momentos sentí una descarga de una ráfaga de ametralladora, que pudo ser visible sobre el extremo superior de la otra tapia, que formaba escuadra con la pared en donde se encontraba protegido el informante soldado “Agucho” y lo utilizaba como refugio. Pero, se le causó un gran asombro y temor, cuando al reconocer al “Cabo de enlace”, que era nada menos que el objetivo o el hombre a quién fue dirigida la ráfaga de la descarga de la ametralladora, había hecho blanco en su persona, es decir, los insurgentes de todas maneras habían sido los que alcanzaron al “Cabo de enlace”, quién al pretender pasar o transponer la tapia fue blanco de la ráfaga descarga.

 

 


 

 

C A P I T U L O    X  V I I I

                               EL SOLDADO “AGUCHO” ES PRISIONERO

 

En cuanto fue testigo presencial de la sorpresiva muerte del “Cabo de enlace”, instantes después temeroso de una muerte segura como la de su compañero y como el terreno en donde se encontraba refugiado el soldado “Agucho”, tenía acceso mediante una rústica puerta construida de madera en bruto, a las cuales, sólo se les había retirado la respectiva corteza; pero, que son ensambladas mediante perforaciones que se practican en las piezas que conforman una figura rectangular, por aquél terreno que se encontraba separada como unos cuarenta y ocho metros del lugar, el cual servía como refugio al soldado “Agucho”, hicieron repentina aparición dos hombres que sin dilación alguna, uno de ellos se expresó de la siguiente manera: “SI NO QUIERE QUEDARSE DONDE ESTA, ENTREGUE SU ARMA”. Por lo que en el acto temerosamente seguido, no le quedaba más que hacer, obedecer lo que le solicitaba, se veía vencido y perdido en la misión encomendada.

 

Aquí terminó la misión encomendada del reconocimiento del terreno, el quién salió de la Tropa, en plan de brindar información y que la Superioridad le había confiado una “misión de reconocimiento”, al ser descubierto tuvo que entregar su arma, dándose en ése instante como preso irremediablemente. Pues bien, los dos hombres tomaron actitud nada conciliadora, luego fue conducido por uno de los hombres, se situaron por la espalda y el otro, le cogió a la altura del brazo derecho y apuntando con sus respectivos fusiles, le obligaron a atravesar por un solitario espacio de terreno, situado exactamente a la espalda del edificio del Cuartel Militar de Trujillo, siendo el perímetro del campo de unos diez mil metros cuadrados, el cual era utilizado para que los soldados, practicaran los ejercicios militares cotidianos. Durante la marcha obligada por la amenaza que pendía como espada de Damocles, sobre el indefenso relator el soldado “Agucho”, recibió el saludo amenazador o el silbido de las balas de todas partes, estuvieron presentes en ésos momentos, pero gracias a Dios, que no hacían blanco en ninguno de los tres hombres. Veamos como vestía la aterradora pareja, que dicho sea de paso, acumulaba una mayor dosis de problemática interpretación por parte del soldado informador. Nos permitimos dar con mayor detalles pormenorizada, en éste audaz ensayo; pero, si bien ambos hombres, presentaban un físico regularmente proporcionado, pues podían medir entre un metro setenta y un metro setenta y cinco de alto; en su aspecto físico corporal, no demostraban en absoluto apariencia de rasgos militares o sea la piel bronceada por la exposición a los rayos del sol; en cambio, sin uniforme puede llamarse a la forma estrafalaria, como estaban vestidos. Los describiremos llevaban un pantalón de montar y polainas negras, uno de ellos, semejantes a los usados por la Guardia Civil, pero con la polaca “kaki” de faena, para soldado de Ejército; mientras que el otro, pantalón “Kaki”, de faena, para soldado de Ejército, bandas grises, igualmente de uso en las Tropas de Infantería de Ejército, pero con la polaca que usa la Guardia Civil, como prenda de cabeza llevaba uno de ellos, puesta la cristina del ejército, mientras que el otro, ostentaba la conocida gorra de Policía. No tenían insignia de mando y carecían de correas y emblemas. Todo nos llevaba a un desorden de identificación y a una absoluta confusión.

 

En estas circunstancias nuestro personaje informante el soldado “Agucho”, parecía que podía precisar por lo menos haber nacido en ¿Calcuta? o poseer dominio ¿perfecto de las ciencias ocultas?, para adivinar quién podían ser aquellos estrafalarios personajes. Que, habiendo cubierto el espacio solitario que mediaba hasta la “puerta de fondo” del Cuartel, y llevando sobre si, una gran turbación, que consideramos propia de la situación, salió al paso como un obstáculo insuperable un Oficial, en otras palabras, un hombre con atuendo de uniforme destinado a los Oficiales, quién solamente ostentaba insignias de Capitán, pero distintivos de Unidad como emblemas, absolutamente ninguno. Como se podrán ver que se hacen cargo del siguiente problema, no se conoce hasta el momento actual, qué individuos uniformados, pertenecientes a las Fuerzas Armadas del Perú, se movilicen en sus propias Unidades, donde pertenecen sin los requisitos de emblemas por lo menos o  mucho menos tratándose de encontrarse en tan crítica situación, con la que nos encontramos reseñando. Un verdadero absurdo calificativo, que consideramos concerniente a ello, aquel Oficial, si en verdad lo era; lo mismo a la pareja que ya hemos mencionado más arriba, dejaban mucho que desear relativo a su rango y diciendo a nuestro entender, podían ser impostores ante la presencia del que llevaba insignias de Capitán, la interrogación impuesta al narrador el soldado “Agucho”, llegó al máximo, cuando fue preguntado a que cuerpo pertenecía, ya hemos afirmado el estado de ánimo que le asistía y para remate de males el capote salpicado de barro, uso de polainas de color negro, que por supuesto resaltaban antirreglamentarias. Pues éste elemento criticador, debía llevar las llamadas bandas grises, consistentes éstas en fajas de tela de lana de unos dos metros de largo por unos doce centímetros más o menos de ancho, con una tira de la misma tela, para asegurarla en la pierna y completando el atuendo, un sombrero de paja llamado junco, que por convenir al servicio, así estaban equipadas las Tropas que conformaban ésa “Marcha de Campaña”, que daba fin al viaje redondo de Trujillo a Piura y Piura a Trujillo. La pregunta del Capitán, quedó sin respuesta, si tomamos en consideración los antecedentes ya puntualizados. El sobrecogedor o aterrador estado de ánimo, producido por la serie de sorpresas de que venía siendo víctima, quién verdaderamente era Sargento Segundo, del regimiento Arma de Artillería, perteneciente respectivamente a ésa Unidad del Ejercito.

 

Como nuestro propósito al inicio fue que el informante soldado “Agucho”, nos debía narrar voluntariamente toda la información de los hechos que le sucedía con veracidad, dentro del alcance de nuestros recursos literarios, pues pedimos que nos siga acompañando, el cual no pretenderá defraudarnos, hecha la salvedad pertinente continuaremos aclarando la información requerida. El soldado “Agucho”, nos expone que repentina y abruptamente, sufrió la paralización de la emisión de la voz sin más explicación posible, por haber sufrido el impacto de tener la muerte tan próxima, en manos de la pareja por haber sido capturado, por no poder discernir quienes eran aquéllos, con sus atuendos tan fuera de reglamento y lo mismo con la presencia del que llevaba insignia de mando como Capitán, en aquellas circunstancias, impresionado el Capitán por el silencio. Observado y posiblemente por ideas que estaba muy remotamente de imaginar el narrador el soldado “Agucho”, dispuso lo siguiente: “retírenle la “canana” y revisen si ha hecho fuego, para hacerlo fusilar inmediatamente”. Menos mal, nos dice nuestro narrador capturado: que ya antes dejó establecido, que después de la partida del lugar llamado “Mal Abrigo”, habíamos recibido un saludo de fuciles, si a ésa puede llamársele el ataque por varios disparos de armas de fuego y aunque un pronunciamiento hubo por responder a ése ataque; pero el informante soldado “Agucho”, en aquella ocasión, menos mal, no hizo uso de su arma, habiendo permanecido en consecuencia la carabina a su cargo, sin huella alguna, pues no había disparado en ningún momento. Cuando le comunicaron al Capitán que el “ánima” o sea el interior del cañón de la carabina, todavía conservaba aún la grasa, derivado del petróleo que para su buena conservación del armamento se emplea. Este ordenó que el capturado fuera custodiado por un centinela de vista, cuya vigilancia estuvo a cargo por uno de los componentes de la pareja de hombres que lo capturaron. Siendo aproximadamente las seis con cuarenta minutos de aquélla mañana.

 

 A P I T U L O    X I X

                                           ATAQUE AEREO EN TRUJILLO

 

De negro tinte se derramó la paciencia el cielo norteño, el mar se retiró de sus costas hacia sus adentros, los vientos dejaron de filtrarse por las hojas de los árboles, las brisas se congelaron en los caminos de los valles arenosos, el tiempo lloró y lloró sus pocas esperanzas de sus pueblos. En esos instante un aeroplano, hizo su aparición sobre el cielo del Cuartel Militar de Trujillo, volaba a baja altura y fue descendiendo en forma vertical, pero en descenso vertiginosos, de pronto en forma inadvertida arrojó una bomba cilíndrica en uno de sus extremos del Cuartel, mientras en el extremo opuesto, era de forma cónica y mediría aproximadamente unas veinte pulgadas de largo, siendo su espesor en su parte más gruesa parecido a una fruta (PERA CHILENA), en el extremo delgado tenía unas aspas o hélices, que el soldado “Agucho” el narrador, imagina que éstas hélices facilitaba su impulso y conservaba la dirección de la bomba. Aquélla bomba estalló en el área del Cuartel y produjo resquebrajamiento de algunas paredes entre los pabellones o cuadras para vivienda de la Tropa. En aquellos momentos un hombre le informaba al Capitán, que por efecto del estallido de la bomba había resultado muerto un hombre, mientras que el hombre o soldado que tenía bajo su custodia a nuestro informante “Agucho”, colocó temerosamente amarrando un pañuelo blanco a “guisa” de bandera, en la parte alta de la bayoneta de su fusil y desesperadamente hacía señales inequívocas de estar pidiendo paz y agitaba fuerte y vivamente el fusil, con un movimiento enérgico de derecha a izquierda y se alejaba paso a paso del lugar, haciendo abandono del prisionero el soldado “Agucho”.

 

Fue precisamente en éste momento que inesperadamente llegó a alterar la aparente tranquilidad del soldado “Agucho” nuestro narrador, quién dirigiéndose con voz enérgica hacía el Capitán le preguntó: “¿Oiga usted mi Capitán, puesto que el centinela que me tenía en arresto, a pedido paz, yo, me encuentro en libertad?”, recibiendo del Capitán la siguiente respuesta: “ya sé lo que usted quiere decirme y no se mueva de su sitio o le clavo un balazo”; pero, mientras hablaba de ésa manera, hacía movimientos enérgicos con la mano derecha, en la que portaba un revolver y que daba muestras bien claras de que no hablaba en broma, era capaz de hacer cualquier cosa sin lamentación alguna, en su agitada desesperación física y psicológica que puede soportar el comportamiento de un hombre sin salida.  

 

Dejamos explicado también, que con motivo del vuelo del aeroplano en picada, sin duda para lanzar la bomba, ése aeroplano al enmendar su vuelo normal se escuchó el arrastre de ruido característico, como un silbido profundo originado por la velocidad de rotación de la hélice de que estaba proveída la bomba, y como el narrador “Agucho”, se encontraba dando la espalda a la zona del descenso, naturalmente sintió un temor escalofriante de intensidad inenarrable, por que el ataque aéreo produce destrucción y muertes, entonces abruptamente suspendí mi respiración olvidando mi existencia y luego paulatinamente me fui recuperando de mis adentros. Momentos después, apareció a la distancia un soldado, relevando al individuo que en esos instantes había  corrido pidiendo paz, por medio de señales del pañuelo amarrado en la punta de la bayoneta. Este soldado pertenecía al II (ONCE) Regimiento, lo que produjo en el ánimo del soldado “Agucho” el informante, pánico, desconcierto y estado de desolación. Si se considera y pensamos que en aquéllos tiempos sólo ingresaban al Servicio Militar Obligatorio, muchos jóvenes ciudadanos absolutamente analfabetos, por su carencia y capacidad intelectual limitada no sabían interpretar bien las ordenes Superiores, solamente trataban de cumplían manuablemente con realizar los hechos; como por ejemplo ponemos, en el caso del soldado Choquehuanca. Encontrándose nuestro informante, en éste aprieto y terror nada consolador, como para disimularlo su pavoroso momento en que se encontraba viviendo, sólo se permitió a dedicarse a fumar un improvisado cigarrillo y concentrando su atención total en la gravedad de la situación que para él representaba en ésos escasos instantes. Además, por tener en aquéllos momentos de angustia, guardada en uno de sus bolsillos de su capote, la cristina ensangrentada que retiró del cadáver del soldado, encontrado en su camino de venida hacia el Cuartel.

 


 

 

C A P I T U L O    X  X

        LLEGADA DE LA COMPAÑÍA AL CUARTEL PARA SU RECUPERACIÓN

 

El terror se había expandido por todo los rincones de los tejados, las sombras habían cedido sus aberturas para dar alcance a los sueños de la esperanza. En unos breves momentos después de los sucesos narrados, se observó a la distancia que algunos efectivos de Tropa, hicieron su aparición justamente por el camino del “Mampuesto”, debidamente armados los soldados, aceleraban el paso de vencedores que venían con dirección al Cuartel Militar y cuando ya faltaban escasos metros de distancia, para desembocar al espacio abierto del área de terreno existentes detrás del Cuartel, repentinamente fueron atacados desde un nido camuflado de los insurgentes. El informador “Agucho”, desde su lugar de arresto, observó en ésos instantes el rápido  despliegue en abanico de las Tropas, que habían sufrido bajas en sus filas, sin poder precisar su número; pero insistiendo en su marcha de ataque, lograron llegar entre los primeros soldados que se adelantaron como portadores de dos ametralladoras, que luego las emplazaron en los sitios estratégicos de la Puerta de fondo del Cuartel, con dirección al objetivo o punto de donde antes habían sido atacados y entonces haciendo uso con un fuego graneado, en sucesivas descargas de las dos ametralladoras, insalvablemente silenciaron totalmente éste grupo de insurgentes apostados en la defensiva. Las Tropas en avances organizadas militarmente llegaron al Cuartel Militar que había sido asaltado y saqueado por los grupos insurgentes de campesinos y obreros. Entre éstos efectivos militares se destacó la figura valiente de un Oficial, quién al encontrarme en ése trance tan grave, como era al borde de la muerte, en caso, de que yo si pretendía siquiera dar un paso o hacer cualquier movimiento sospechoso era blanco de un balazo. El Oficial se acercó al lugar en donde me encontraba capturado como soldado “Agucho”, al estrecharme la mano diciéndome: “este muchacho, es de los nuestros y viene con nosotros desde Piura”, inmediatamente ordenó se me fueran entregadas mis respectivas cartucheras y carabina, de los cuales fui despojado por orden del supuesto Capitán insurgente.

 

En ésta parte, el narrador hace su aclaración diciéndome que debe rectificarse la frase del Capitán: “cananas” por cartucheras, pues en Artillería, las cartucheras son portadoras de munición, pero en el Arma de Infantería, aunque sirven para el mismo objetivo, la denominan “cananas”. El caso es, que nuestro conocido Sargento, si bien era “Clase de Arma” y desempeñaba como “Especialista”, no estaba enterado del cambio de nombre referente a “canana”. Ahora veamos, quién entregó la carabina y cartuchera a nuestro narrador “Agucho”; pues, fue nada menos que uno de sus captores, el narrador de hecho había recuperado sus pertenencias decomisados y como su liberación correspondiente. Al fin las Tropas de la “macha de campaña diseñada” que retornaba de Piura, había retomado y recuperado el Cuartel Militar de Trujillo, que días antes fue asaltado y saqueado por el pueblo insurrecto los pertrechos y las armas de artillería, cañones móviles, fusiles y ametralladoras, agitado y dirigido por el Partido Aprista, conformado por la intelectualidad progresista de los estudiantes, campesinos, obreros y trabajadores de las haciendas azucareras de Cartavio, Laredo, Casa Grande y los grupos insurgentes de la ciudad de Trujillo. 

 

En cuanto la Tropa retomó las instalaciones del Cuartel, en formación desordenada e informal se izó nerviosamente la bandera en el mástil de costumbre, entonando las notas de la “Marcha de Banderas”, cuyas letras parecía revivir los ánimos de todos los soldados al cantar:

 

Arriba, arriba, arriba el Perú

y su enseña gloriosa inmortal,

llevad en alto siempre

la bandera nacional.

 

Tal la llevaron con gloria y honor,

héroes peruanos de invencible ardor.

Arriba, arriba siempre la bandera nacional.

 

Es la bandera del Perú,

de blanco y rojo color,

cual llamarada de amor,

que en Ayacucho y en Junín

victoriosa amaneció con el

sol de la Libertad.

 

Todo peruano ha de sentir,

vibrar en su corazón

amor al patrio pendón,

y bajo sus pliegues luchar,

y si fuera menester

por sus lauros y honor morir.

 

El soldado “Agucho”, al momento que entonaba las notas marciales de la Macha de Banderas, recordaba que en sus clases de cuartel le había enseñado el instructor militar, que en un día 9 de diciembre de 1897, se estrenó la “Marcha de Banderas”, que fue usada en el Perú para anunciar la llegada y el retiro del Jefe de la Nación o sea el Presidente de la República, así como también en el izamiento de la bandera en cuarteles, buques de la Armada, puestos de frontera y centros de enseñanza; fue compuesta por el maestro José Livornio, cuya letra fue creada por el hermano Ludovico María, hermano de las Escuelas Cristianas, director del Colegio La Salle de Lima, por petición del presidente de la República Manuel Prado Ugarteche, estas palabras le cruzaba por la mente por haberlo aprendido de memoria por amor a la Patria.        

 


 

C A P I T U L O    X X I

SOLDADO “AGUCHO” ASCIENDE A SARGENTO DEL CUARTEL

 

Instantes después, sus mismos captores del soldado “Agucho”, le rendía el saludo militar respectivo por haber sido ascendido al grado de Sargento y quién ostentaba la insignia de “Mando” en su cristina, consistente en un pequeño triángulo de “sutache dorado”, en la parte media y delantera de dicha prenda de cabeza. Pues los dos hombres que lo capturaron y que tenía la presencia y el atuendo tan fuera de reglamentación, quiénes crearon al principio en el ánimo del narrador, tan tremendo desconcierto y confusión, no eran otros extraños, sino que eran miembros pertenecientes a las Fuerzas auxiliares de la Guardia Civil.

 

El paso marcial de los efectivos, tanto del Regimiento N° Once (II), como los de la Artillería, lo hicieron a través de las instalaciones del Cuartel Militar recuperado, prosiguiendo su trayecto con rumbo a la ciudad de Trujillo, su desplazamiento trajeron como consecuencia una alteración total de la organización militar interno del Cuartel. Pues, automáticamente el narrador “Agucho”, en su condición de Sargento, constituía la máxima Autoridad en el Cuartel, en esos momentos con las facultades concedidas por la Superioridad, procedió a impartir sus órdenes a sus subalternos. Como primera medida, recibió el signo de respeto y obediencia por los presentes efectivos que sumaban más o menos ocho hombres, entre los cuales, había tres pertenecientes a las Fuerzas Armadas del Ejército. En segundo lugar, se dispuso la vigilancia y defensa del resguardo del Cuartel Militar. En tercer lugar, ordenó restablecer y reparación del desastre causado al Cuartel Militar. El informante Sargento “Agucho”, con gran serenidad, respeto y dominio de mando, dividió éstas tareas entre los subalternos. La Guardia, estaba constituida en la vigilancia y seguridad de los cuatro ángulos del edificio del Cuartel, más un centinela en la parte más alta del Castillo de considerable altura, que se encontraba contiguo al monumento al soldado heroico, Domingo Choquehuanca a quién en el Cuartel Militar de Trujillo, se le tenía destinado un lugar preferencial.

 

 

Descripción del Oficial, por quién fue salvado de la muerte segura el informante “Agucho”, era de talla alta, bien parecido, más bien delgado de contextura, representaba unos veintitrés años de edad, lucía insignias de Subteniente de Infantería, pertenecía al Batallón de ésa Arma N° I, hasta hacer su entrada gallarda Comandando las Tropas al Cuartel Militar de Trujillo. Descontando el artero ataque del nido camuflado de insurrectos, enfrentado tanto a él como la Tropa que comandaba a sus órdenes. Por un grave error, se habían encontrado atacado por los efectivos dispersos, que eran pertenecientes al diezmado Regimiento N° Once (II), se dice dispersos porque eran algunos efectivos que sobrevivían del enfrentamiento que mantuvieron en la zona de “Mampuesto”, en donde sufrieron un despiadado ataque con muchas bajas en sus filas. Después de lo que sucedió se tuvo conocimiento, que el Regimiento N° Once (II), tenían los mismos objetivos y se encontraba también en la misma “misión” de develar el movimiento sedicioso del pueblo insurrecto y tratar de recuperar el Cuartel Militar capturado por los grupos insurgentes, pero lastimosamente que en cuanto hacían su entrada por la Portada de la Sierra, fueron atacados por sorpresa, quedando entre sus miembros efectivos una crecidas considerable de bajas, teniendo que obligarse necesariamente a replegarse a la zona del Mampuesto. Pero gracias a las atinadas e inmediatas medidas de seguridad e identificación, dispuestas por el Comando, permitió el oportuno reconocimiento efectivo entre ambos Regimientos y Bandos Militares, llegando a unirse el resto de sus efectivos, hasta llegar a formar o reunirse sus Tropas con un sólo objetivo, pero lamentablemente para ser nuevamente víctimas por sorpresa del alevoso nido camuflado de los insurgentes dentro del Cuarte asaltado.

 

Los ambientes del Cuartel Militar recuperado de los insurgentes, se encontraba hundida en el más cruel desconsuelo y tristeza, el cuadro desolador y doloroso que presentaba todo el Cuartel, como saldo del grave y devastador ataque de que fue objeto, por parte de los grupos insurgentes agitados e instigados por el Partido Aprista, las “cuadras” con éste término militar se designa a los lugares en donde la Tropa, tienen instalados sus dormitorios, confeccionados con madera de una pulgada de espesor, su construcción estaba asentada sobre bases de concreto, que sólo tendrían unas quince pulgadas de altura, todas las paredes presentaba múltiples perforaciones de proyectiles de fusil y diseminados por el suelo gran cantidad de casquillos de munición, además se encontraban algunos cadáveres de militares y civiles, confundidos entre el Equipo de uso propio de los Militares, como mochilas y prendas de vestir. La sangre de los muertos, estaban regadas y habían formado charcos aquí y allá, en muchas partes del suelo, sintiéndose hediondez insoportable, por los días que iban transcurriendo, todo por acción del ataque y asalto insana de los insurrectos, de la posesión temperamental en los cadáveres inundados entre los charcos de sangre. Todo éste abatido y afligido ambiente desgarrador y entristecido lugar, se notaba una soledad melancólica sólo comparable con el silencio de la muerte. Las tablas que formaban las paredes, se encontraban destruidas muchas de ellas, con desgarramientos como si hubieran sido atacadas con los efectos y fuerzas de un arrasador viento huracanado jamás visto antes y en los campos abiertos entre las cuadras, se veían muchos casquillos de proyectiles regados por el suelo. En los departamentos destinados para conservar la Administración y Archivo documentario, estaban rotos las puertas, las chapas de seguridad violentadas fuera de su sitio, igualmente los documentos de todo orden se encontraban dispersos por el suelo, arrancados, rotos y revueltos, en suma todo el Cuartel, había sido víctima del más desastroso y criminal saqueo. En igual manera, era inenarrable en los ambientes de los almacenes de provisión de armas y municiones, también habían sido barridos con todo por la mano gigantesca de la turba de ataque de los insurrectos, que amparada en su aliada, oscura y lóbrega noche, que les permitió a los insurgentes llevar a cabo el más grande desenfreno, el desborde de una locura y de un odio en una mentalidad extremadamente enferma,  ésta infame acción desbastador e incalificable conducta de un pueblo, que atenta contra los irreparables valores morales históricos, que nos legaron con los inmensos sacrificios de Túpac Amaru, María Parado, Grau, Bolognesi, Ugarte y otros tantos hijos héroes de nuestra Patria. Los más grandes héroes de la historia mundial. Nos legaron como herencia, respecto a las armas, que solo son para engrandecer y hacer respetar la Integridad Nacional. Pero no para esgrimirla en contra de los propios hermanos, pretendiendo justipreciar por ideas políticas, el horrendo daño causado, que hasta hoy, los inocentes caídos en ésta matanza imploran desde el más allá, pidiendo justicia contra la violencia del cual fueron víctimas.

 


 

 

C A P I T U L O    X  X  I I

            TROPAS DEL CUARTEL SE DIRIGEN A LA CIUDAD DE TRUJILLO

 

El mundo trujillano se había partido en dos discursos, uno de ellos era la base de la fuerza represiva ya retomado de terceros, la otra de inocente representación de una supuesta orientación de base popular, sin mayores objetivos de esperanza social, las pérdidas de las valiosas vidas en inútiles derramamiento de sangre inocente que bordeaba la insana democracia de un pueblo inteligente. Habiendo transcurrido un pequeño tiempo, después de haber establecido la más férrea disciplina como era de estricto rigor en la vigilancia y seguridad del Cuartel Militar, hizo su alertada y reconocida entrada, otro grupo numeroso de Tropas efectivas, Comandado por un Mayor de Arma de Ingeniería Militar, a quién el narrador Sargento “Agucho”, hizo la recepción de estilo militar correspondiente, luego le dio las explicaciones requeridas y conjuntamente también hicieron su aparición, los propios camaradas de armas del Sargento “Agucho”, quiénes unidos en marcha militar prosiguieron su camino hacía la ciudad de Trujillo, la misma que se encontraba separada del Cuartel, más o menos por una distancia de un kilómetro de terreno polvoriento, teniendo por límite direccional el sembrado a sus lados o extremos de árboles de regular tamaño, que le daban las características de su aspecto y de un diseño progresivo de avenida, que también habían resultado afectados en el entrecruces de los tiroteos de los bandos insurrectos.

 

Al llegar a las primeras casas del pueblo de Trujillo, era visible una ancha tela blanca que tenía teñida la figura de una cruz y simbolizaba a la Cruz Roja, pero aclaramos, que el tinte rojo sobre la tela blanca, era de la sangre de los mismos, heridos de bala que se hallaban refugiados en aquella casa y algunos de ésos heridos, se encontraban agonizando y sin asistencia médica.

 

No adelantaremos sin hacer previamente una breve reseña de las calles de la población trujillana, presentaba un cuadro umbrío y desolador, la ciudad había también sido que tenía un saldo del grave y devastador ataque de que fue objeto por parte de las fuerzas del orden en contra de los insurgentes, los lugares donde la habitaban la gente sus dominios se encontraban fuertemente cerrados, por el temor de los desborde callejeros y de los saqueos de las tiendas comerciales o simplemente de cualquier casa de algún vecino que no se plegaba a sus actos vandálicos y malsanos, las puerta de maderas habían sido perforados por arma de fuego, en sus construcción se apreciaban las huellas en donde había hecho blanco los fusiles y los efectos del alcance del ataque aéreo, los parques estaban desoladas y tenebrosas solo se advertían las bancas de madera o de troncos destartalados por los efectos de la descarga de las bombas, las paredes que los rodeaban al cuadrilátero presentaba múltiples perforaciones de proyectiles de fusil y entre sus hierbas del parque se encontraban algunos cadáveres de militares y muchos de civiles en diferentes posiciones de desesperación de huidas, confundidos entre las piedras de las veredas, algunos portando maderas en sus manos y rotas sus prendas de vestir. La sangre de los muertos regaban los jardines con las pocas aguas que discurrían, y en las calles de piedras y tierra se formaban charcos hediondos insoportable resecos en la tierra casi de un color ennegrecido algunos cadáveres habían sido recogidos por sus familiares y otros se encontraban esperando casi entrando a la descomposición de los cuerpos, a lo lejos se observaba una completa soledad, comparable al silencio de un cementerio. Los tejados de las viviendas se apreciaban de haber sufrido los estragos de las esquirlas del ataque de la flota de aviones remitidos por el gobierno de este entonces.

 

La casa refugio antes enunciado de los agonizantes, se encontraba llena de ellos o sea los heridos de los insurgentes, que reposaban sus cadavéricos cuerpos sobre el suelo y una que otra manta que les servía de lecho, se encontraba encharcada en su propia sangre, en el exterior de aquella casa un apreciable Grupo de Tropa, entre los que se encontraba el informante Sargento “Agucho”. Las Tropas que vigilaba esta vivienda, fueron nuevamente atacados por la infatigable alevosía de las armas contrarias. Pero, simultáneamente el Comando, dispuso que se efectuara una descarga de fusilería, tengan en cuenta que el narrador Sargento “Agucho”, utiliza la palabra “alevosía”, por cuanto, resultaba que no se podía precisar o ubicar el punto exacto de donde partía el ataque o los disparos de arma de fuego, de los cuales eran víctimas las Tropas que servían al Gobierno Constitucional de la época, fue en ésos precisos momentos que dando cumplimiento a la descarga ordenada por el Comando.

 

El narrador Sargento “Agucho”, pudo inmediatamente advertir la peligrosa posición de un franco tirador tendido en un lugar estratégico, que nuestro conocido Cabo de enlace, que se encontraba su lado derecho casi avecindado, hizo pronto fuego contra el agresor, pero por la decidida actitud oportuna del narrador Sargento “Agucho”, al desviar la dirección del arma del Cabo, lo libró de una certera puntería que el insurrecto hubiera podido perder la tapa de los sesos de la cabeza. Gracias a Dios que se dio por terminado el incidente, con la consiguiente satisfacción rendida en favor del Sargento “Agucho” el narrador. La marcha no se detuvo siguió su trayecto, con mayor cuidado y observando cualquier sospechoso movimiento, adoptando de todo género de precauciones para no perder la vida, se caminaba en fila india, ocupando ambos extremos de la calle. Pero al finalizar la calle o para abandonar una cuadra recorrida y luego pasar o al iniciar a la siguiente, previamente emplazaban o cubrían a la Tropa dos ametralladoras, que de inmediato hacían fuego graneado frente a cada una sobre su flanco derecho e izquierdo respectivo, ya sea al cruzar o al doblar el contiguo de la dirección de la calle, siguiendo la marcha en ésta forma se evitó las bajas en la Tropa, que caminaban por toda el área urbana, con el propósito de pacificar la violencia y evitar incidencias de muerte entre ambos bandos, tanto de las Fuerzas del orden como de los insurrectos, así llevaban sus armas consiguiendo de ése modo, que los efectivos, cruzaran las arterias de la ciudad sin causar novedad alguna.

 

Las Tropas seguían cumpliendo las órdenes impartidas por el Comando, de ése modo fue cubierta la marcha en línea recta, hasta encontrar un pequeño parquecito avecindado a un Templo Cristiano, en donde por haberse detenido brevemente los efectivos, tuvieron que recibir el impacto de un “scharapnel” procedente del grupo de los insurrectos, mal llamadas en ésos momentos enemigas, en éste tiroteo de milagro se libró de perder la vida nuestro informante Sargento “Agucho”, caso contrario ya no estuviera narrándonos los presente hechos; pero por suerte éste fue una prueba más que milagrosamente siguió su destino para librarse y salir airoso en todas las peligrosas que le tocó enfrentar. Nos aclara nuestro testigo presencial, que en ésas circunstancias se encontraba atendiendo a la recámara de su propia arma, cuando se produjo el ataque del cual resultó ileso, pudiendo observar que la dirección balística aplicada al proyectil de cañón, se había producido con matemática precisión, dejando como una reguera de cuerpos de soldados sus compañeros, convertidos en cadáveres tendidos por el suelo. Como antes anotamos, en aquel lugar del incidente, cayó herido de bala con orificio de entrada en una pierna el Mayor de Ingeniería Militar, a quién el narrador Sargento “Agucho”, diera en el Cuartel Militar, el informe verbal exigido.

 

En éste triste panorama del tiroteo se vio un insólito caso de que un soldado, que no obstante encontrarse cadáver, pero todavía permanecía su cuerpo en una posesión de una actitud patriótica, que es digno de resaltar el soldado: con una rodilla apoyada en tierra, todavía mantenía ambas manos firmemente sujetas a los cofres de munición para ametralladora del cual era su portador. A escasos centímetros de nuestro conocido informante Sargento “Agucho”, se hallaba un dolorido soldado herido en la cabeza, presentando a simple vista, graves heridas, que a parte de la hemorragia a borbotones, producía conmovedores y lastimeros quejidos, pidiendo auxilio para que alguien le salve la vida.

 

Considerándose que las bajas en la Tropa, producida por éste nuevo alevoso ataque dentro de la ciudad de Trujillo no fueron las únicas; sin embargo, observando la cantidad de bajas en aquél lugar, se cambió o se varió la dirección de la marcha en sentido de Oeste hacía el Este, proseguimos la caminata, cuando se arribó al local del Colegio San Juan, se encontró cantidad de cadáveres de personal civiles, nuestro narrador Sargento “Agucho” ignora totalmente como se habría producido o cual sería el motivo o el origen de aquellos resultados de la matanza. Una ves que la Tropa de soldados llegaron a la proximidad del Templo Cristiano que se ubica en el cuadrilátero de la Plaza de Armas de Trujillo, un ciudadano temeroso abrió la puerta principal de su domicilio, le manifestó al Sargento “Agucho”, el deseo que le brindara un cigarrillo marca “Inca”, mientras fumaba apuradamente le contaba diciéndole: “que junto con su familia, habían permanecido tres días tendidos sobre el suelo de su casa y sin probar bocado de alimento alguno y así como él han soportado varias otras familias vecinas, y que pide al Ejercito soluciones este problema, porque se encuentra sin alimentos”, después de terminar de fumar en seguida nuestro informante Sargento “Agucho”, impulsado por el natural sentimiento de solidaridad hacia sus propios congéneres o del mismo género, en breves pasos más allá encontró un establecimiento Comercial, abierto a media puerta, en donde con el resto de su propina que le quedaba, adquirió algo útil como para ahuyentar el hambre, finalizando así ese incidente lamentable.

 

Luego nuestro narrado Sargento “Agucho”, en pareja con otro de igual Clase, fueron destinados para situarse exactamente junto a la puerta del Templo Cristiano y habiendo logrado cumplir la orden emanada de un Capitán, que se hallaba camuflado entre los soldados; pero que con derroche de valor por su juventud, siempre estaba a la cabeza de la Columna de soldados, tenían la misión de hacer fuego en dirección de altura hacia el techo del Templo Cristiano, cuando se disponían a cumplir la orden, inesperadamente del local de la Prefectura, que ya estaba en poder de las Fuerzas del Orden, por representar la máxima autoridad civil de la ciudad de Trujillo, nos hacían señales como para el inmediato retiro de la pareja de soldados, de no haber logrado entender con brevedad la señal, hemos podido haber sido blanco o liquidados mediante las ráfagas de ametralladoras que se encontraban emplazadas en el local de la Prefectura, que desde éste lugar eran lanzados a fuego graneado, sobre los insurgentes o revolucionarios que operaban en los techos del Templo Cristiano. Pero, felizmente hasta éste momento ya la ciudad de Trujillo se encontraba normalizada los organismos públicos y privada, estaban debidamente dominada y controlada la situación de los grupos insurrectos, por las Fuerzas Gubernamentales.

 

Durante las horas de vigilancia de noche eran tan largas de llegar el día, en sus adentros de su pensamiento, le llegaba al recuerdo un hermoso vals que había aprendido en el Cuartel Militar de Chorrillos que se titulaba “Alma, corazón y vida”, era letra de Adrián Flores Albán, música e interpretación por Los Embajadores Criollos, que dice:

 

Recuerdo aquella vez,

que yo te conocí,

recuerdo aquella tarde,

pero no me acuerdo

ni cómo te vi.

 

Pero si te diré

que yo me enamoré

de esos, tus lindos ojos

y tus labios rojos,

que no olvidaré.          (bis)

 

Oye esta canción que lleva

alma, corazón y vida;

estas tres cositas, nada más te doy.

Porque no tengo fortuna,

estas tres cosas te ofrezco:

alma, corazón y vida, nada más.

 

Alma, para conquistarte;

corazón, para quererte;

y vida, para vivirla junto a ti.   (bis)

 


 

 

C A P I T U L O    X  X I I I

                SARGENTO “AGUCHO” A CARGO DE UN GRUPO DE MANDO

 

El tiempo seguía pasando la prensa escrita y la radio hablada daban sus primicias a distancia, muchas noticias no relataban la veracidad de los sucesos, porque todo eran vistos de la distancia. Existiendo con todo rigor la Ley Marcial o mejor dicho el toque de queda, que si alguna persona sospechosa se le viese al descubierto en horas de la noche había que disparar a matar. La narración continúa con el ingreso a la Cárcel Pública, en donde la ingenuidad del narrador Sargento “Agucho”, se apersonó al Oficial que hacía vigilancia en dicho local, manifestándole que había una baja en su Grupo de Mando y deseaba un reemplazo, recibiendo la más exquisita respuesta de cortesía, a la ves, que franqueaba la reja de hierro y señalaba un numeroso grupo de cadáveres diseminados por todas partes del local, inclusive en el mismo lugar que ése momento, servía de Oficina directriz y además le ofrecía, con el mayor placer y normalidad que el narrador, se llevara los cadáveres cuando desease. Todos ésos cadáveres, se encontraban en avanzado estado de descomposición y en las zonas de las vísceras, se removían agitadamente innumerables gusanos del cual despedía un insoportable olor nauseabundo. Nuestro ingenuo Sargento “Agucho” narrador, hizo su ingreso al local de la Cárcel Pública, comprobando personalmente que en las habitaciones interiores de la cárcel, se encontraba en un estado deplorable, que sólo era comparable el cuadro observado a un local destinado para encerrar el ganado, además que despedía un insoportable olor a olisqueado de humedad de orines, además se observaba que en las habitaciones se encontraban confundidos el atuendo de uso de civil, con el uniforme militar de la Guardia Civil, todo conformando un dantesco y como horroroso cuadro de un pesebre de animales, dentro de éste desorden se encontraban los cadáveres, algunos faltos de miembros locomotores, sobre inmensos charcos de sangre, el cual en algunos lugares parecían haber corrido con clara semejanza a la lluvia, por condensación de los vapores de agua se había resecado.

 

Cuando el narrador Sargento “Agucho”, menos esperaba que un soldado del grupo a sus ordenes, con voz quebrada por el inmenso dolor de encontrar en aquél lugar de la Cárcel Pública, los restos mortales del quién fue en vida su progenitor, le dijo: “Mi Sargento, ése que Usted ve allí, es mi padre”; por lo qué el narrador Sargento “Agucho, le preguntó al soldado: “¿Cómo lo había reconocido a pesar de que ése cadáver, se encontraba en posición cubito ventral?”, respondiendo el soldado, que lo había “reconocido por el calzado que tenía puesto”, y a la ves hacía un juramento solemne de vengar la sangre vertida, así como la irreparable pérdida de la persona de su padre, “con la muerte del autor de ése asesinato”. Este juramento fue preocupante para el Sargento, por la forma y gesto de evocar el signo de cruz sobre sus furiosos labios, solamente se limitó a darle el pésame al soldado Abelardo Mendoza Leiva, en el mismo lugar y posición como se encontraba realizando una misión, en cumplimiento de una orden de su Comando.

 

Ayudado o estimulado con la franciscana paciencia del lector, continuaremos enumerando la visita del Sargento “Agucho”, a otro lugar de la cárcel conocido como “La Siberia", este temible infierno no era más que se refería a una estrecha habitación, de unos tres metros de ancho por tres metros de largo y estaba asegurado y adornado por una maciza y resistente reja de hierro, que ya se encontraba clausurada, pero mirando a través de los grueso barrotes, resultaba imposible practicar un recuento del número de cadáveres, amontonados unos sobre otros, en las más grotescas posiciones inhumanas, quedando pálida o menos importante la narración de los cuadros enumerados anteriormente. Pues, al ser comparados con éste último, tan penosa, tan triste y conmovedor solo comparable éste hecho, con los resultados de un campo de batalla, que semejase a la derrota de Napoleón Bonaparte en la Batalla de Waterloo, acontecido en Bélgica en 18 de Junio de 1815.

 

En sus cortas y sobresaltadas horas de descanso el Sargento “Agucho”, recordaba brevemente un vals que había aprendido en su tierra norteña, llevaba por titulo “Cielo serrano”, letra, música y grabado por Luís Abanto Morales, que dice así:

 

Cielo serrano, cómo te añoro,

cómo recuerdo tu limpio tul;

te siento lejos, lejos, muy lejos,

y extraño, triste, tu claro azul.

 

Cielo serrano, testigo hermano,

de mis ensueños de la niñez,

volver quisiera a contemplarte

sereno, humilde, sin altivez.

 

Tú, que eres bello, porque eres bueno,

porque no sabes de distinción,

¿cómo consientes, bajo tus plantas,

que la injusticia siembre el dolor?

Tú, que cobijas bajo tu manto

al pobre humilde y al gran señor,

 

¿por qué es que dejas, indiferente,

que el vil explote al trabajador?        (bis)

 

¿Por qué no lanzas contra el cobarde,

que explota al indio, tu maldición

y con tus rayos terminas todo,

vicios, riquezas y explotación?

Cielo serrano, sereno y claro,

mudo testigo de eternidad,

¡ay, quién pudiera llegar al fondo

de tu insondable inmensidad!

 


 

 

C A P I T U L O    X  X I V

             FUERZAS DEL ORDEN OCUPA LA MUNICIPALIDAD DE TRUJILLO

 

El día se había ennegrecido de tristeza, la ciudad se parecía a un cementerio de cadáveres, el honorable nombre español se había rasgado como un trozo de cielo derribado por el suelo y lloraban de su injusto desastre en aquélla tarde. Faltaba muy poco para que la luz natural desapareciera en aquél tan deprimente día, además de la espera de la llegada a ésta infeliz localidad de las Fuerzas del Orden y encontrándose ocupado el edificio de la Municipalidad de Trujillo, en donde les iba servir de albergue temporalmente a las Tropas por llegar. Sin pensarlo hizo su aparición en aquél local Municipal, un amigo muy querido y estimado por nuestro conocido narrador Sargento “Agucho”, era también de la Clase inmediata Superior y al presentarse ante el Sargento “Agucho”, llevaba cogido del portafusil un excelente “Mauser” original peruano, y al ser entrevistado por el informante, éste recibió en obsequio de cigarrillos, pasando luego a otra habitación contigua del local municipal, aunque no tiene mayor explicación la inesperada presencia en aquel lugar por parte del amigo del narrador “Agucho”, por lo que damos por terminado la entrevista del caso.

 

Cuando ya había transcurrido la angustiada y preocupante vestigio de la noche, al día siguiente a primera hora de la mañana, el Sargento narrador, encontró los restos mortales del quién fue en vida su amigo y Superior Jerárquico, regados sus cuerpos sin sentido en la vía pública, después de haber valientemente enfrentado a un Pelotón de fusilamiento, en compañía de otros seis cadáveres correspondientes a civiles. Para entonces, ya había sido desposeído de sus insignias de Mando. En su condición de Sargento fue informado el narrador “Agucho”, que antes de enfrentarse a la muerte, se mostró valiente y sereno, porque sobre él pesaba los cargos de la “afrenta de ser traidor a su patria” y haber asesinado a determinado número de Oficiales leales a la Patria, y al Gobierno de entonces. Los sucesos estaban eslabonados de tal manera, que sin esperanza de encontrar el final, por lo que existiendo vigente la Ley Marcial, no era de esperar atenuación alguna, en ésta gravedad que se le imputaba, y es así, como por informaciones dignas de absoluto crédito, fue ajusticiado y fusilado por el pelotón de soldados del gobierno.

 

Los nuevos sucesos entran en reseña en éste tan conmovedor relato, de aquéllas terribles mortificadas horas en que la omnipotencia del Sumo Hacedor, no intercedió ni menos alcanzó a frenar, ni tampoco consiguió atajo alguno, para evitar la tan terrible desborde de violencia. Que el innegable tormento, como ciego apetito inconfesable de un Partido Político de nuestra patria, consiguió enlodar a muchos hermanos para ensombrecer las páginas de la historia del Perú, con la actuación de aterradores y horrorosos hechos ya narrados como corolario a tan grave situación de un pueblo. A consecuencia de éstas escalofriantes violencias se inició insalvablemente una cacería humana, destinada a obtener de ésas víctimas, forzadas confesiones, conseguidas por el sistema de aplicar el tristemente célebre, “Cepo de Campaña” y de ésa manera, obtener en el menor tiempo posible la identificación de las víctimas, que tuvieron de marchar directamente al cadalso, acondicionado especialmente en los ambientes de la llamada “Ruinas de Chan chán”.

 


 

 

C A P I T U L O    X  X  V

                                EN QUE CONSISTIA EL “CEPO DE CAMPAÑA”

 

Hay acciones de los gobernantes, que por incubarse odios inconfesables en contra de partidarios que no comulgan con sus principios o sus ideas, se permiten disponer medidas mordaces que ensombrecen sus buenos actos y sorprenden a las críticas nacionales e internacionales, como lo que vamos a comprender en la continuación de éste ensayo, con la aplicación del “Cepo de Campaña”, por las Fuerzas del Orden que consistía, en unir los dedos pulgares de ambas manos, con una amarra de cordel y conseguir que la víctima, flexionando el cuerpo introdujera los antebrazos encima de las tibias, para luego atravesar un arma de fuego, de largo alcanza sobre los codos, pasando debajo de las rodillas, lo cual naturalmente causará agudo dolor, concentrado en los dedos pulgares. Además de ser martirizados en la espalda y miembros locomotores; sumado a ello, el flagelamiento, consistente en recibir violentos azotes donde le caigan. Pues de ésta manera, no hubo ajusticiado que resistiera el suplicio, por largo tiempo, y se producía entre aquellos, que sufrían ése martirio, las más veraces acusaciones, que dejaban como rayos de luz, ver claramente la actuación cobarde y criminal de que estaban poseídos ésos infelices, seres humanos, que con apremio señalaban hasta los domicilios donde moraban otros autores de los atentados incalificables que tuviera lugar en tan trágicas tareas.

 

No es de nuestra incumbencia pronunciarnos a quién correspondía administrar justicia, por los hechos mencionados, pero la crudeza de la narración, exige aún que sea medianamente informar sobre la terrible como injusta actitud organizada y llevada hasta sus más increíbles extremos, por quienes en la infeliz fecha vieron la luz al nacer en nuestro suelo. Y decimos, que al ser informados en honor a la verdad, RATIFICAMOS, que innumerables víctimas sucumbieron arrastrados por el odio, que lograron anidar y hacer germinar en mentes adormecidas por el letargo que la fecunda como artera imaginación, para crear el caos y el desquiciamiento de la Patria, que tuvieron como meta final el caso que nos ocupa. Producida por el asalto de la toma del Cuartel de artillería Ricardo O” Donovan, cobraron la primera víctima de aquélla tétrica noche del mes de Julio, en que sucumbió el Centinela de Servicio, atacado inmisericorde, luego la toma por sorpresa del Cuerpo de Jefes y Oficiales, los cuales en observancia de reglamento, permanecían muy ajenos a la “sorpresa mortal”, que el aciago o infausto destino les tenía preparado y como es natural en mentes sanas no podían ni soñar siquiera en los maquiavélicos o astutos planes de quiénes ya habían decretado su muerte.

 

Todos los Jefes y Oficiales del Cuartel, fueron recluidos y encarcelados en sus propias habitaciones, a excepción del Oficial que se encontraba de guardia y que fuera encontrado herido por el Cabo de enlace, después de enfrentar al pelotón de fusilamiento, organizado por los grupos insurgentes. Mientras automáticamente un individuo que desempeñaba las funciones de cocinero, hacía entrega total de toda clase de armamentos y equipos militares, existentes en los almacenes del Cuartel, nuestra información nos permite sumar a los actos mencionados, que para aquella tragedia no hubo reparo ni menos compasión alguna, porque conociendo que en una habitación del Cuartel estaban albergados soldados enfermos, sin embargo, sobre ellos arrojaron petardos de dinamitas, el ataque sin piedad se hizo extensivo en las “Cuadras” o sea en los dormitorios, que por la fragilidad de su estructura sirvió de sepultura inmediata para todos éstos infelices soldados desprevenidos y leales a la Patria, y solamente los efectivos del Regimiento N° 5, tuvieron la suerte de prevenirse y repeler el ataque, de ésos enemigo insurrectos que amparados en las sombras de la lóbrega y oscura noche, actuaron con ensañamiento incalificable. Los del regimiento se defendieron valerosamente como leones, pero ante la enorme superioridad numérica del pueblo insurgente en contra, tuvieron que batirse en retirada, no sin antes causar apreciables bajas entre los atacantes.

 

El asalto y el saqueo ofensiva de los grupos insurgentes del pueblo se había producido en ésa noche, la luz del día siguiente al asalto y toma del Cuartel, encontró a los Jefes y Oficiales, en correcta formación militar, obligada por la manifiesta superioridad del pueblo insurrecto, tan célebre como asesino de los asaltados y también es algo increíble que los atacantes insurrectos hayan realizado la vergonzosa y la más grande AFRENTA en contra de los militares sometidos, se encontraba uno de ellos en apuros y apremiado a practicar por la mañana su necesidad fisiológica; es decir, como es natural la evacuación intestinal de todo ser humano; sin embargo, habiendo manifestado tal deseo a la turba asesina, UN CAPITAN, a quién el informante no logra identificarlo, fue tal la cólera y la furia de los asaltantes o insurrectos, que como una afrenta, fue obligado a ejecutarla en presencia absoluta de todos sus compañeros militares, que se encontraban en formación. Así, por el estilo fueron drásticamente torturados a los efectivos tan sólo por trabajar como Militares, que nos reservamos el derecho a continuar narrando otros hechos, por ser tan bajos, crueles e increíbles que mentes sanas lo hayan realizado.  

 

Si hiciéramos comparación de incalificables excesos realizados por el pueblo insurrecto, en contra de las Fuerzas del Orden, diríamos que jamás se igualarían a las acciones ejecutadas por los insurgentes, con las represalias que los efectivos ejecutaron al practicar con el suplicio del “Cepo en Campaña”, tuvo lugar, bajo el más “riguroso secreto”. No damos ni solicitamos opinión, ni a favor, ni en contra de ninguno de las partes, nuestro propósito es narrar los hechos con toda sinceridad y veracidad del caso. Sólo apuntamos que la ingenuidad del narrador en su condición de Sargento “Agucho”, sirvió de base primordial para tener la “desgracia” de haber participado en aquél lastimoso suplicio que se realizaron en contra de los insurgentes recluidos y apresados en las Ruinas de Chan Chán, en ésos momentos se encontraba el informante como testigo presencial frente al también increíble como pavoroso conjunto de inenarrables atrocidades aplicados en venganza de lo anteriormente sucedido a los miembros de las Fuerzas del Orden.

 

Así mismo también ponemos de manifiesto incidiendo en el camino del informante que en su condición de Sargento “Agucho”, que como si fueran poderosas fuerzas extrañas invisibles guiaran en tan macabras marchas, se produjo al ingresar al Hospital Local, allí le esperaba otro, otro panorama que no era análogo a los anteriores, si no que eran mayor y escalofriante cuadro horroroso, se pudo observar que se encontraban tendidos los cadáveres sobre las baldosas de una amplia Sala del Nosocomio, yacían por orden jerárquico, el Primer y Segundo Jefe de Regimiento, hasta los Oficiales Subalternos, que en vida representaron al Comando del Regimiento. Entre aquellos fríos restos, el narrador Sargento “Agucho”, solo podía reconocer con exactitud solamente a cuatro, cuyos cuerpos mortales, además de conservarse íntegros, aunque horriblemente deformados sus cuerpos, por sus tallas resultaban inconfundibles, ya que el cuadro físico espantoso que se ofrecía a la vista del narrador era de aterrador salvajísimo, además de ser enteramente deprimente y conmovedor, se precisaba en sus cuerpos desnudos de encontrarse desposeído del órgano vital en el sistema de circulación sanguínea en éste caso del corazón, se les habían mutilado y cortados sus órganos genitales, como también se les habían cortado las lenguas, extraídos los ojos, como cortados las orejas, horriblemente mutilado los dedos de pies y manos, era increíble haberse ejecutado el odio con tanta monstruosidad, era espeluznante soportar ante la visión de aquél espantoso cuadro, que jamás en su vida pensó ver tan repugnante actitud que los insurgentes habían practicado en una persona humana.

 

Después de haber observado éste terrorífico cuadro de sus Jefes y Oficiales Militares, en un acto de verdadera solemnidad propia de aquéllos momentos, el narrador Sargento “Agucho”, sintiendo un sudor frío tan hondo como profunda pena, en justa protesta de sí mismo, ante los preceptos cristianos imperativos, amparados por las leyes de la Patria, prestó ante la presencia del desgarrador cuadro, a pie firme en armas, acompañado de los soldados que su mando, el solemne juramento que inflamado de emoción patriótica, de haber cumplido con el servicio militar obligatorio y de haber tenido la suerte de librase en muchas oportunidades de la muerte por ser leal a la Patria, solo le restaba entregar como último recurso de simbólica ofrenda, en desagravio ante los yertos restos en aquél lugar, siendo tal juramento: “de no volver jamás a vestir el uniforme militar”, con un saludo en alto y más un ¡Viva los caídos!, ¡Viva el Perú!, con voz lo más fuerte que pudo, dimos medía vuelta y continuamos nuestro camino, decepcionado de comprender que mientras los soldados de la ley, se preparan para defender a nuestra Patria, nuestros propios compatriotas vierten odio, violencia y repugnancia contra sus Fuerzas Armadas, que pierden su vida por defender su suelo patrio.

 

Porque si bien en el “Campo de Guerra”, todos los excesos han podido ser permisibles, como en el caso que cuentan nuestros abuelos, respecto al conflicto con la vecina República de Chile, allá por el año de 1879, cuando la soldadesca chilena había vencido a nuestras Fuerzas Armadas en el campo de batalla, en su invasión progresiva sobre nuestra patria, fue tan abominable su actitud rencorosa que atravesó el cuerpo de un niño lactante indefenso, con la bayoneta de su fusil, o bien cuando en rabia y desprecio, cercenaba con la acción enemiga e irrefrenable de un alineado o cuando se trastorna su mentalidad en la locura, los naturales senos de una infeliz e indefensa mujer peruana, que valiente llegó hasta el heroísmo, de preferir la muerte, antes de permitir que la obcecación asesina del chileno invasor, se atreviese a pretender hacerla víctima del cruel ultraje. En éste caso se trata de una acción enemiga entre dos naciones; pero no, entre hermanos de una misma nación. 

 

En el caso, que nos ocupa, pedimos considerar la incompatibilidad de ambos como abruptos excesos, no obstante que por ningún motivo podríamos aceptar ni la más remota suposición de solidaridad, con quién se atreva a justificar, que el producto de una insurgencia o revolución del pueblo Trujillano, podría haber producido hechos como los expuestos en ésta narración, jamás serán aceptados y erróneamente justificados por quiénes se aprecian de llamarse civilizados, no nos anima por supuesto sostener en el presente ensayo, apoyo a determinada tendencia política ni menos como ninguna religión sea del género que fuese; pero si, dejamos establecido que la experiencia ha demostrado en cualquier latitud del mundo, que la violencia y el odio, esgrimidos como armas de combate entre hermanos, no pueden dar otros frutos, que tan solamente producirán daños tan irreparables como los enunciados. Siendo la razón, solo describir dentro de nuestras posibilidades, los sucesos reales vividos en carne propia, es pues el porqué éste nuestro ensayo, como empeñoso y audaz objetivo de la realidad de un pueblo; no me he permitido relatar ni abarcar dentro de ésta obra real, fantasías de ningún género.

 

En la ciudad de Trujillo y en otros pueblos de la jurisdicción, no era fácil tarea desear y conseguir que la normalidad fuese restablecida en el más breve lapso de tiempo, por lo que pasaremos a la información relativa al acto tan triste como desolador, que constituyó en ése entonces el traslado de los ataúdes conteniendo los restos mortales de los que perteneciendo a las Fuerzas leales al Gobierno de entonces, rindieron sus existencias como tributo de sostener la integridad de la paz interna, en el seno de la Patria.

 


 

 

C A P I T U L O    X  X V I

                   MILITARES FALLECIDOS FUERON TRASLADADOS A LIMA

 

El Gobierno dispuso que aquéllos restos inanimados de las víctimas, que cayeron abatidos por la alevosa y traidora acción de la mano enemiga de la paz y del orden reinante en el país, gobernado por la Constitución y las leyes, fueron trasladados a la capital de la República y se incluyera entre los ataúdes que contenían los restos de los que fueron Oficiales, otros ataúdes en los cuales también se guardaran restos mortales a razón de un militar representativo por cada Unidad Militar, de las que habían tomado parte activa en develar el movimiento sedicioso o los grupos insurgentes y habían igualmente caído en defensa del orden y fidelidad jurada a la Patria. El paso de los ataúdes en hombros de los quiénes tuvieron la suerte de sobrevivir en tan trágicos sucesos, recibió en su fúnebre recorrido, hasta la Estación Ferroviaria, el gesto acongojado, así como el triste, mudo, pero elocuente homenaje de la ciudadanía honesta y consciente del orden constitucional.

 

En cuanto llegaron a la ciudad de Lima, fueron recibidos en la Plaza de Armas frente al Palacio de Gobierno, el paso de los ataúdes en hombros de los Oficiales y de los soldados quiénes tuvieron la suerte de no haber participado por ser su base militar en la capital y no encontrarse frente a éstos actos vandálicos, recibió en su fúnebre y ceremonioso recorrido muchas ovaciones jubilosas y aplausos del público limeño, el acongojado gesto de altos jefes militares de lujo y gala ceremonial, así como el triste acto, silencioso, pero elocuente homenaje de la ciudadanía capitalina, que apiñada al solemne paso del cortejo fúnebre y vistiendo riguroso luto de etiqueta y protocolo enjugaba sus amargas lágrimas, en homenaje a ésos sus últimos restos mortales inocentes, como desagravio a sus propios hermanos de juramento y de sangre patriótica.

 

El narrador Sargento “Agucho”, desde aquélla época, siempre mantuvo latente en el recuerdo de sus días ésta trayectoria, que le quedo marcado en su conciencia y alma, no podía saber que la oportunidad siempre le ha estado esperando, de narrar al autor de éste ensayo, la declaración de éste testimonio vivido como un testigo presencial y de excepción de éstos hechos que sucedieron al viajar a la ciudad de Piura, integrando la Tropa en la “Marcha de Campaña” y al conocerse del asalto del Cuartel de artillería Ricardo O” Donovan, ubicado en la entrada de la ciudad de Trujillo, por el pueblo y los grupos insurrectos agitados por el Partido Aprista; luego del retorno de la ciudad de Piura, para recuperar el asaltado y saqueado Cuartel Militar antes mencionado, en el cual tuvo directa y vivida participación, tanto en su condición de soldado y como también de sargento de mando, aunque pequeña y modesta declaración, pero absolutamente real en toda su magnitud, para conocimiento y difusión de quiénes omitiendo pasiones solidarias de política, con los responsables de aquéllos sucesos y además del dilatado tiempo pasado, hasta el presente, hayan pretendido continuar con la obra desquiciadora, de la que han dado claras muestras de hacer manifiesta acción.

 

Nuestra crítica del Sargento “Agucho”, aparentemente contundente hacía quién correspondiera, no podía enmudecerse por no haber comulgado jamás con procedimientos reñidos con la honestidad y respeto a las leyes establecidas, que rigen los destinos del país, desde la historia y memorable fecha, en que el Gran Capitán de los Andes, pronunció las palabras recogidas por la Historia del Perú, el año 1821, “el Perú es de ese momento libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende”.

 

En el campo santo local, nos dice nuestro informante, tuvimos necesariamente que encontrarnos, no por deseo de curiosidad, sino como antes ya señalamos, respecto a fuerzas invisibles que guiara nuestros pasos en el pasado y que el presente nos brinda oportunidad de ignorar hasta nuestros días, no ha visto la luz otra obra como lo narrado en el presente ensayo, aunque modesto pero real y que esperamos tenga acogida suponiendo que el amparo de las sombras, no sea un aliado más que vaya exigir de nuestra parte un holocausto, sumado a los incontables, exceptuando los que en magnitud mencionamos aquí en éste ensayo. En aquél cementerio, recibimos informe no esperado en zanja común de grandes dimensiones, que semejaba representar la visionaria volcadura de gigantesca como fabulosa cuchara, la madre tierra, guardaba en sus entrañas, un inconmensurable agrupamiento de restos humanos, como producto de los esfuerzos que planearon mentes humanas, allí estaban confundidos los hermanos todos de sangre, sin discriminación de género, sexo ni raza, sin duda, semejaba una rara montaña espantosa y de magnitud inenarrable. Allí pues habían caído para no levantar jamás.

 

Los justos y los arteramente engañados, confundidos con la falsa prédica de insensatez, que en su voracidad no podía detenerse a contemplar el irreparable como cruel daño infligido a la familia peruana, la información aun que modesta repetimos, no nos permite rebasar un nivel de realidad. No nos exime de presentar al presente tiempo, el clamor que muchos ajusticiados en pago de sus acciones, también cayeron víctimas cegados inconfesablemente, en su vano empeño de secundar tarea en imposible obra, que no era otra, que la imposición de sus ideales, de derrocar al Gobierno y cumplir directivas, aún que para ello, importara nada, conmover al mundo. Nuestro informante nos termina diciendo: “Grandes autores literarios, no solicitan ser dispensados en sus trabajos. Pero teniendo en cuenta que solo estamos demostrando un ensayo, estimamos nos asista tal dispensa, que de antemano, agradecemos”. Este es una narración netamente de la vida real y del natural suceso.

 


 

 

C A P I T U L O   X  X  V  I  I 

MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO DEL 32 EN HUARAZ

Este vandálico proceder de persecusión contra los militantes y fundadores apristas fue desplegado tanto en Lima, Trujillo, Cajamarca y Huaraz; es necesario que el Perú conozca lo sucedido en Huaraz, siendo la más importante e histórica la información de lo sucedido en la provincia de Pomabamba y de Huaraz, poco conocido, gracias al testimonio presencial de don Zenobio Bernuy Solórzano, en su obra “La revolución del 32”, nos narra como antecedentes, que en esta época se desempeñaba el Capitán Aparicio Mendizábal, como Jefe de la Circunscripción Militar Provincial de Pomabamba, quién cobardemente se dejó apresar en compañía de 30 prosélitos o revoltosos, por un solo hombre don Ortega Leguía, que desempeñaba el cargo de Subprefecto, en los altos del local de la Municipalidad de Pomabamba, en la mañana del día 22 de agosto de 1930, día del pronunciamiento de Sánchez Cerro en Arequipa, contra el régimen de don Augusto B. Leguía, siendo liberados después a las nueve de la noche de ese mismo día, por orden telegráfica del Prefecto de Huaraz.

 

Después de los dos años, se produjo el pronunciamiento del movimiento político militar aprista, iniciado por el Mayor del Ejército, Raúl López Mindreau, que repudiaba al Comando Revolucionario de Sánchez Cerro, por mantener en los cargos públicos a personas decrépitas e incompetentes, como el caso del Capitán Aparicio Mendizábal.

 

El Mayor Raúl López Mindreau, había ejercido el cargo de Jefe de la Circunscripción Provincial en la ciudad de Pomabamba, discrepaba con los permanentes desaciertos del gobierno de Sánchez Cerro, y el Cabo Alberto Torres López, se desempeñaba como Jefe del Puesto de la Guardia Civil, en la ciudad de Pomabamba, ambos se reunieron con otros amigos allegados a su círculo político, tramaron y propagaron la revolución de Huaraz, cuyo pronunciamiento se realizó en Huaraz, el 12 de julio de 1932, por Mindreau, formando su Gobierno de Junta Provisional, entre los que figuraba, como uno de sus ministros el Odontólogo don Milciades Reyna, desde esa fecha comienza la intranquilidad en todas las provincias del Departamento de Ancash, huye a refugiarse en las tranquilas chozas de los campesinos, imponiendo “cupos” a los adinerados, porque los revolucionarios son gente pobre y necesitaba arsenales para sostenerla, éste proceder encendió la cólera de las fuerzas del orden.

 

En la mañana del 13 de julio de 1932, seis números de la Guardia de Seguridad llegaron de Huaraz, inmediatamente se pusieron al habla con los de la Policía del Puesto de la ciudad de Huaraz, cuya jefatura lo ocupaba el Cabo Caballero, quien asumiendo las funciones de Jefe Político Militar de la Provincia, procedió a capturar al Subprefecto Víctor Philipps, irrumpió la oficina de la Caja de Depósitos y Consignaciones, de donde sustrajo S/. 680.00, deteniendo a sus empleados; se introdujo al local del Colegio Santas Inés, apropiándose de los fusiles de ejercicios del plantel; capturó al Secretario de la Jefatura Militar, obligando la entrega de fusiles del Club de Tiro y de los movilizables, apresó al Jefe de Correos y Telégrafos, apropiándose de sus fondos de la oficina; todos estos actos de fuerza de la policía fueron acompañados por conocidos apristas de la ciudad de Huaraz, la revolución había empezado.

 

Se organiza el mando político.- Pasados los primeros momentos de actividad aprista, procedieron a encuartelarse. Inmediatamente nombraron Subprefecto al Sr. David Fernández Caballero, dicho sea de paso, correctísimo. Esperaba las garantías y el respeto que se debe. Designaron Jefe de la Guardia Urbana a don Eduardo Osorio, Gobernador, a don Alejandro Olivera, etc.

 

Evolucionan los aviones.- En medio del laberinto en que se encontraban los apristas, se sintió el ruido del motor de naves aéreas, las que en número de tres aparecieron por el lado norte, volando a gran altura. La confusión del novel ejército revolucionario fue tremenda, y sus componentes armados desaparecieron como por encanto. Los aviones evolucionaron a todo lo largo del Callejón, permaneciendo uno sobre nuestra población, maniobrando de un extremo a otro. Esta nave que fue descendiendo hasta una pequeña altura, arrojó volantes en los que se anunciaba el descabellado movimiento, y que para evitar el bombardeo se izaron banderas blancas. Luego tomó altura y arrojó al N. E. de la población en terreno escarpado, tres terroríficas bombas como demostración de su potencialidad bélica. Con la advertencia de los aviadores, el pueblo procedió al embanderamiento exigido, el que fue también autorizado por los funcionarios revoltosos. En este estado permaneció Yungay por varios días.

 

Alarmantes rumores.- Minuto a minuto, llegaron noticias de hechos delictuosos, que se llevaban a cabo en los pueblos vecinos, por lo que, bajo el pretexto revolucionario ponían en práctica sus planes protervos en agravio de comerciantes y propietarios indefensos. Estos rumores sembraban el pánico, nadie atinaba qué hacer, y sólo imploraban que el Gobierno acudiese lo más pronto, para impedir los crímenes que se temían.

 

Orden de imponer cupos.- Entre las medidas de violencia que recibiera el jefe de esta plaza de parte del jefe de la Junta de Gobierno, había las de imponer cupos a determinadas personas, entre las que figuraban: don Miguel Villón, las familias Vinatea, señores Andavaka y Cía, don Alfredo Bambarén, Dr. Domingo Nieto, Dr. Víctor Suárez, Dr. Edmundo Vargas Morales, don Asunción Roca, don Domingo Moreno y otros, manifiestamente se pretendía desarrollar el movimiento con dinero incautado al vecindario, hostilizando completamente.

 

Avisos de tranquilidad.- Cuando el pueblo se encontraba dentro de una marcada zozobra, volvieron a aparecer nuevos aviones, revelando la proximidad de las fuerzas del orden. A nuestro entender, según la técnica militar moderna, los aviones estaban guiando al ejército que avanzaba sobre Huaraz. Ya de noche, cuando la noticia de que varios camiones y autos repletos de facciosos emprendían viaje a ésta. A este aviso, los revoltosos de acá pusieron pie en polvorosa y las familias temerosas con razón de un ataque a las propiedades, cosa que se acentuaba de momento a momento, se pusieron a buen recaudo. Los rumores en contra del movimiento eran alentados.

 

Asalto a Yungay.- A las dos de la madrugada del día 18 de julio de 1932, llegaron a la Plaza principal de Yungay las huestes facciosas en número de 60, encabezado por el Jefe del Movimiento, Mayor Raúl López Mindreau, ordenando acampar su tropa en el local del Colegio Santa Inés, intentando hacer resistencia a las fuerzas del orden, manifestando necesitar la suma de S/. 20,000.00 soles, aportados por los vecinos, particularmente comerciantes, para lo cual autorizó romper las puertas para apoderarse de las mercaderías, iniciándose por el pelotón que dirigía un tal Maineto, ayudante de Mindreau. Los revoltosos irrumpieron el establecimiento de don Alfredo Bambarén, se apropiaron de artículos de valor, sombreros, chompas, pañolones, dinero, licores finos. Luego el establecimiento de los señores Andabaka y Cía, al intentar abrir la sólida puerta, sintieron disparos del segundo piso de la casa, ordenando que el camión cargador del botín, acometiera con fuerza de su motor, para romper la puerta protegidos por los tiradores, se lanzó destrozándolo; pero tuvo que huir rápidamente, porque en esos momentos, intensificaban el fuego los dos defensores de la casa, el jefe Elías Vergara y su hermano Juan Vergara. El fogueo continuó unos instantes desconcertando a los atacantes, que sin duda creyeron una reacción en contra de ellos. También el jefe de la revolución se desmoralizó, según el mismo confesó más tarde al ser conducido preso, con las detonaciones abandonó la plaza en precipitada fuga hacia Caraz.

 

Captura del Mayor Mindreau y de Zorrilla, quien era Ministro de Hacienda en la revolución.- Estos dos personajes precipitadamente dejaron Yungay, abandonando a todos sus compañeros, con los presos que tenían, llegaron a Caraz, y creyendo no estar seguros en esta ciudad, retrocedieron y entraron a la hacienda Canyasbamba, de propiedad de los señores Hudson. Toques fuertes a la puerta despertaron al Sr. Eduardo Hudson, quien al salir se encontró con Mindreau, que le exigió le diera dos caballos aperados para seguir su fuga, manifestándole que se esperara porque sus bestias estaban lejos. Aclaraba ya el día y sus operarios acudían al trabajo con el empleado Francisco Mejía a la cabeza, el que informó al Sr. Hudson de lo que había ocurrido en Caraz; procediendo a capturarlos. Mindreau, al ver que Mejía se le abalanzaba, disparó un tiro, pues estaba revolver en mano. Mejía esquivó y le propinó a su vez un terrible puñetazo en las costillas, lanzándolo sobre una tapia, quedando inutilizado para seguir la lucha, pues el revolver había caído lejos. A Zorrilla un operario le quitó el revolver y lo tomó preso. En seguida el Sr. Hudson ordenó encerrarlos en un cuarto, habiéndoles proporcionado antes té y sándwiches.

           

La Guardia Urbana.- Ante la noticia de la vuelta de los facciosos para trasmontar la Cordillera por la quebrada de Llanganuco, un numeroso grupo de caballeros se reunieron en el local del Consejo y aclamó como Jefe de la Guardia Urbana al Sr. Elías Vergara, quien designó Capitán al Sr. Enrique Coello y Vinatea, y como ayudante al Sr. Germán Jaramillo.

 

Traslación de presos.- Avisada la Guardia de la captura de Mindreau, rápidamente se destacó una comisión compuesta por los señores: Enrique Coello Vinatea, Alfredo Bambarén, Afredo Percovich, Rodolfo Ángeles, Lucio Sotelo y Segundino Ramírez, la que condujo al jefe revolucionario y al pseudo ministro Zorrilla, los que en la cárcel, con una buena custodia, fueron puestos a disposición del Prefecto Sr. López Alfaro que ya estaba libre. La misma tarde, a la llegada de las tropas del orden, los presos fueron entregados al jefe de dichas tropas. La guardia urbana se disolvió, pues se había restablecido completamente el orden y la tranquilidad. El comentario periodístico era a todas luces de desprestigio al movimiento revolucionario, aun cuando recoge los hechos con detalle.

 

El periódico “La Verdad” de Yungay, en su Nº 270 del 31 de julio de 1032, hace el siguiente comentario sobre la revolución de López Mindreau: “Hacía tiempo que se rumoreaba sobre un movimiento que debía estallar en toda esta región, para derrocar al Gobierno del General Sánchez Cerro, y se aseguraba que para tal fin, había completo entendimiento entre apristas y el ejército. Esta noticia se propalaba sin reparo, y era de suponerse que las autoridades de policía se encontrasen enteradas de todo”.

 

Consecuencias producidas en Huaraz.- En cuanto a la situación de Huaraz, el giro de los acontecimientos iba empeorando en contra de la Junta de Gobierno Revolucionario que sólo disponía de un ejército improvisado, en su mayoría de civiles, con escasas armas y municiones, de grupos de estudiantes del Colegio La Libertad que no servían más que para hacer barra y gritar con vivas al APRA dentro del radio urbano.

 

Los días 14 y 15 de agosto de 1932, seguían evolucionando sobre la Cordillera negra los aviones del gobierno, lanzando sobre las escarpas (declives ásperos del terreno) de cuando en cuando bombas que atronaban los riscos de ambas cordilleras, y se repetían los ecos de las explosiones de horizonte a horizonte. El ejército del orden avanzaba sobre Huaraz protegido por los motores de aviación; entre tanto la población civil había evacuado en su gran mayoría, y hasta los reclusos de la cárcel pública habían fugado aprovechando la confusión reinante, entre ellos, el Sargento 1º de Caballería Policarpo Escudero Villanueva, condenado a presidio por doble homicidio de adulterio, procedente de la Provincia de Pomabamba, pero que se había sumado a las filas de los revoltosos.

 

En la tarde del 17 de agosto de 1932, se difundió la noticia en todo el Callejón, que las fuerzas del Gobierno habían entrado en acción en las faldas de Collán en Huaraz, y después de desbaratar a los sediciosos se apoderaron del puente de Calicanto sobre el río Santa, uno de los mejores baluartes para la defensa de Huarupampa y de la misma ciudad de Huaraz; y las fuerzas de Infantería al mando del Oficial Alejandro Izaguirre Valverde, hicieron nutrida descarga sobre los flancos revolucionarios, disparándolos a discreción cerca de las 7 p.m. Luego avanzaron sobre la desierta capital, despejando a los caídos y heridos. Procedieron a pasar revista a los vencidos, apresando a la mayoría de los sobrevivientes esa misma noche y durante la persecución del siguiente día. Cayeron presos para ser enjuiciados y que después fueron puestos en libertad las siguientes personas: Ricardo Emiliano, Avate Chávez, Augusto Carrión, Rigoberto López, Germán Huamán, Francisco Jara, Rodolfo Coral, Eloy Díaz, Emilio Montero, Abad Alegre, Antonio Antúnez, Honorato Dextre, Leofigido Valderrama, Florencio Espinoza, Víctor Villaorduña, Elías Robles, Emilio Ortiz, Manuel Cadillo, Alejandro Mautino, Tomás Sal y Rosas, Eladio Bermejo, Máximo Cortrino E., David Uribe, Aurelio Valenzuela, Teófilo Luna, Cornelio Veramendi, Casimiro Collazos, Ciriaco León, Braulio Mantilla, Jacinto Maguiña, Fortunato Collas, Grimaldo Caballero, Teodosio Ramírez, Francisco Robles, Andrés Tarazona, Esteban Porcel, Félix Manuel Ramírez, Ricardo Hidalgo, Justo Castro, Elías Núñez, José Valenzuela, Carmelo Rashta, Manuel Pando D., Diógenes Ortiz, Emilio Meléndez, Víctor Pineda, Atilio Chávez, Manuel López, Hermenegildo Zegarra, Isano Agama, José Varillas, Milciades Reyna, Ovidio Quiñónez, Samuel Castillo, Arcadio Reyes, Néstor Ponte, Ciriaco Manuel Rojas, Pascual Alva, Patazón Dávila, José Figueroa, Octavio Díaz, Cabo Montero, Manuel López Alfaro, Víctor Romero, Antonio Mejía, Cipriano Mejía, Pedro García, Juan García, Isaías Meza, Maximiliano Pedrozo, Juan Lazárate, José María Norabuena, Juan Demetrio García, Abel Ramos Guardia, Nicanor Atanasio P., Medardo Cruz, Toribio Checa, Justino Figueroa, Adolfo García, Oscar Muñoz, Jorge Dextre, Nicolás Mestanza, Felipe Pérez, Macedonio Chávez, Manuel Benjamín R., David Collantes, Miguel Veliz, Héctor Olivera, Arturo Barrera O., Fidel Vargas, Ezequiel Ocampo, Teófilo Díaz, Rafael Morales, Amador Galardeta, Víctor Romero, Juan Gonzáles, Estanislao Carrera, Luís Salazar, Carlos Alberto Sievas, Mariano López, Carlos Huamán Agripino Gómez, José Nikkilron, Julio Chávez, Teodoro Númen, Estela Torres de Paz, Pedro Artola, Pablo Yupán, Teodoro Lázaro, Esteban López, Víctor Lozada, Víctor López, Manuel Aparicio Gómez, Avelino Calvo, Teniente Guillermo López y Capitán Carlos Briolo. (Nómina recogida del periódico “La Autonomía”, Nº 8, 606, Huaraz 05 de agosto de 1933.)                   

 

Provincia de Pomabamba.- En las provincias de Conchudos, principalmente en Pomabamba, donde se había gestado el plan de la revolución por el Mayor Raúl López Mindreau, no se recibía noticia alguna después del telegrama que comunicó al ciudadano Aquiles Solís anunciando la nómina de la Junta de Gobierno de Huaraz, y a la vez nombrándolo Subprefecto de esta Plaza presupuestal. Pasaron días de conflicto y angustia las familias y empleados desde el 13 de Julio de 1932, hasta fines del mismo mes por la completa ausencia de noticias; éxodos y regresos a los hogares con los menajes y enseres; busca de refugio en las estancias campesinas por varias noches, el temor al “cupo” por los más indicados y algunos comerciantes. No se sabía si la revolución había triunfado o fracasado. Todos los puestos de Policía de esta zona estaban desiertos y el orden público desamparado. Casi cerca a las fiestas patrias del día 28 de julio de 1932, el Dr. Julio Lostanau Sánchez recibió un telegrama del Prefecto Alfaro por el cual le nombraba Subprefecto de Pomabamba, para restablecer el orden, bajo responsabilidad de dictar las medidas represivas contra cualquier grupo político y la captura del prófugo Policarpo Escudero Villanueva, porque los revolucionarios habían sido derrotados y apresado el Jefe López Mindreau. El nuevo Subprefecto nombrado, inmediatamente formó la Guardia Urbana hasta la llegada de las fuerzas policiales.       

    

CORTE MACIAL DE HUARAZ.- La Corte Marcial de Huaraz, estaba constituido bajo la Presidencia: del Teniente Coronel Enrique García; los Vocales: Capitanes Germán Mendizábal y José Ruiz Mejía, Tenientes José Corso y Alférez Rafael Serrano; Fiscal: Capitán Flor Cornejo; Auditor: Dr. Tello, y Relator: Dr. Mondoñedo

 

La sentencia de la Corte Marcial del 04 de agosto de 1932, fue emitida sentenciando a cinco años de presidio para: Dr. Milciades Reyna,  Dr. Genaro Flores, Dr. Alejandro Maineto, Srs. Aurelio Valenzuela (hijo), Leoncio Zorrilla, Santiago Sevilla, Nicanor Frisancho, Gerardo Córdova, Carlos Vargas Vargas, Carlos Alzamora, Donato Zerrante, Arístedes Boza, Mariano Calle, Emilio Vilchez, Pedro Ramos. Adultos que fueron puestos en libertad: Dagoberto Hinostroza, Federico Vidal, Cristóbal Cruzado, Delfín Calle, Carlos Figueroa, Enrique Rivera, Juan Broncano, Teobaldo Manrique, Rafael Aguilar, Marcelo Zelaya, Víctor Béjar, Segundo Estrada, Carlo Llunglo, Patricio Castro, Néstor Sotelo, Mariano Sánchez, Héctor Ochoa, Isidoro Tafur, Juan Mac Donald, Cab. Armando Pugliesi, Luís M. Mejía, Víctor Ferry, Clemente Melgarejo, Froilán Cruz, Héctor Silva, Federico Bedriñaña, y Norberto Pomar.

 

Fueron liberados mediante circular oficial, cuyo tenor decía: “En mérito de la respuesta obtenida del Comandante General de la Primera División, y de lo opinado por el señor Auditor de Guerra, tengo a bien notificar que queda usted en completa libertad. Lo que comunico a usted para su conocimiento.-E. García C.”. Manuel López Alfaro, Cap. Carlos Briolo, Teniente Guillermo López Martínez, Víctor Philipps, Pedro Bernaola, Gerardo Villanueva y Mauricio Alberto.

 

Preliminares de la ejecución.- La Corte Marcial de Huaraz, el día 4 de agosto de 1932, dio lectura a la nómina de los sentenciados a la pena capital, por consideraciones y conmiseración de éstos, y por un acto de respeto al auditorio, evitó que aquéllos estuvieran presentes, siendo puestos en capilla en el mismo Templo de San Francisco, contiguo al local de la Corte, con excepción del Mayor López Mindreau, que recibió los mismos auxilios religiosos en el Hospital de Belén. Desde el templo indicado, el Cabo Torres, solicitó de la Corte autorización para contraer matrimonio con una conviviente suya, gracia que le fue concedida inmediatamente, a cuyo efecto se nombró una comisión para que llamara al Alcalde Municipal, que debería llenar los requisitos de la parte civil. La aproximación al templo de la compañera invocada por el Cabo Torres, produjo ante los espectadores una escena indescriptible de emoción: Torres suplica a la que ha de ser su esposa que no llore ni se desespere, y que le dejaba como única herencia su inocencia y la seguridad de morir como un hombre. Inmediatamente se realiza el matrimonio civil y canónico (ironías del destino, esposa que le sirvió sólo para cerrarle los ojos).  

 

Imprecaciones (proferir palabras pidiendo daño) al Teniente Alcalde y Director del Departamento por Torres y Philipps en el momento del matrimonio civil.- El detalle completo que debemos dar del doloroso epílogo, nos obliga a reproducir las últimas palabras de imprecación que los condenados Torres y Philipps hicieron al que en esos momentos llenaba la fórmula civil como Alcalde de la Comuna, don Moisés E. Haro. “Aquí nos tenéis, sr. Alcalde y Director del Departamento, próximo a rendir nuestra vida, conforme lo habéis auspiciado y solicitado. ¡Miserable!, gozad de vuestra obra que caerá sobre usted y sus hijos”.

              

Siguen las peticiones de gracia.- Después del incidente Philipps, solicitó un Notario Público para testamentarse, Presente la autoridad notarial manifestó el encausado, que más que bienes materiales, dejaba a su esposa e hijos los votos de que su muerte sea vengada, toda vez que como único delito era su ideología aprista, a la que no renunciaba ni en esos instantes supremos. También pidió a la Corte que dejara entrar a su Señora, gracia única que pedía. La Corte Marcial que en esos momentos trataba de retirarse, después de haber dado lectura a la sentencia de muerte, deliberó algunos segundos, autorizando al fin la entrada de la señora Philipps al templo, quien ingresó más o menos a las tres de la madrugada (5-08-1932), en momentos en que su esposo daba término a su testamento ante el Notario Señor Moreno, y el Capitán Camilo Calderón, que era el designado para este caso, a recibir oficialmente la expresión de las últimas voluntades de los condenados a muerte.

 

Inocente Soto, otro de los sentenciados a muerte, cuya señora y sus cuatro hijos tiernos se encontraban ausentes, hizo también disposiciones testamentarias con las mismas formalidades y ante las mismas personas que el Sr. Philipps. Juan Alonso, súbdito español, no hizo testamento, pero dejó algunos encargos al Reverendo Padre Echevarría, Guardián de los Descalzos. El poco dinero que tenía (soles cincuenta) entregó a la señora de Carlos Philipps, de la cual sabía no poseía un solo centavo, rogándole que aceptara esa modestísima dádiva para sus hijos, porque sabía que minutos después partirán a lo desconocido de brazo de su esposo que era su hermano de infortunio. Los cuatro reos indicados confesaron y comulgaron dentro de la mayor unción y serenidad, sin proferir una sola palabra que amargara el acto sublime de la religión a que entregaban sus almas puras de penitentes de verdadera fe. Y juntos en sensacional abrazo, recibieron con abnegación de verdaderos cristianos lo que los deparaba el destino, confiando en la infalible e inexorable justicia de Dios.

 

Escenas en el Hospital de Belen.- Como dejamos dicho el Mayor Raúl López Mindreau se encontraba en el Hospital de Belén, mientras todos estos pasajes de consternación y dolor se desarrollaban en la forma descrita a sus infortunados y pocos compañeros de armas que dieron sus últimas confesiones irrecusables de participación y lealtad a su persona. Las reverendas Madres, a cuyo cargo se encontraba aquel establecimiento de caridad, no escatimaron hasta el último momento sus palabras de reconfortación cristiana para con el Mayor Mindreau que era presa de síncopes nerviosos.

 

Actuación del Dr. Eudaldo Masana.-  El hábil facultativo, ha desempeñado con su humanitaria profesión  en estos trágicos y dolorosos acontecimientos, con autorización de la Corte Marcial para acompañar a los reos hasta sus últimos momentos, desde el Templo de San Francisco, hasta el Hospital de Belén y el Cementerio General, prodigándoles no solo sus valiosos conocimientos profesionales de médico, sino palabras de aliento, consuelo y resignación. El súbdito español Alonso dejó encargo a su compatriota y profesional Dr. Masana, dijera a sus relatores, que en esos momentos sus labios proferían solamente palabras de perdón para ellos, pues que su mismo papel de tales los llevaba al remordimiento de sus crímenes. El Dr. Masana, profundamente conmovido, le manifestó que había hecho todo lo posible ante la Legación y Consulado Español en Lima, para que intercediera en su favor, pidiendo la conmutación de la pena capital por la reclusión respectiva. El Teniente Soto, encargó al mismo facultativo, comunicara a su familia residente en Piura de la suerte que corría y que tuvieran fe en Dios.

 

Actos preparatorios a la ejecución.- A las cinco menos un cuarto de la mañana (5-08-1932) se pidió la presencia del Dr. Masana, quien se encontraba en el Hospital de Belén proporcionándole tratamiento del caso al Mayor Mindreau, próximo a rendir el tributo de su vida, tenía gravemente lesionadas las últimas cuatro costillas, una de las anteriores fracturadas que le produjo una seria destrucción en la pleura respectiva, con el consiguiente derrame hemorrágico. Presentes en el cuarto número seis de aquel establecimiento el Notario Público, algunos testigos, varios números de la Guardia Civil, el Teniente Comisario López Martínez, el Subprefecto Saco Vertiz, hizo también su testamento López Mindreau, quien nombró albacea testamentario a su amigo personal y médico doctor Eudaldo Masana. Encarneció en medio de la mayor  consternación y angustia a su albacea que cuanto antes cumpliera los encargos que le había hecho, para su señora madre, su esposa y sus tres hijos. Más o menos a horas cinco y media de la madrugada (5-08-1932), acompañado del predicho facultativo, del Teniente López Martínez y de numerosos guardias civiles fue llevado al lugar destinado para la ejecución, que era la parte nor-este del panteón de Huaraz, frente a cuyos muros se habían estacionado los pelotones de la fuerza armada, para dar cumplimiento a la terrible sentencia y donde ya se encontraban de antemano sus cuatro compañeros de desgracia.

 

El fusilamiento.- Al llegar (en la mañana del día 5-08-1932) frente a la muralla donde debían situarse los reos, se dispusieron los pelotones en la forma en que iban a actuar en el último y terrible momento, y se colocó el Mayor López Mindreau que estaba delicado de salud, sentado en un pequeño montículo, unos seis metros distanciado de los otros cuatro condenados. Estos mantuvieron en todo momento una serenidad y firmeza sorprendente, se despidieron de los presentes. Alonso abrazó y dio su último adiós al doctor Masana, así como al Cabo Torres que le hizo al mencionado facultativo algunos encargos para su familia. Los Padres Descalzos como el doctor Masana no abandonaron un momento a los reos desde que entraron en capilla, también los abrazaron impartiéndoles su bendición. El Teniente Soto se despidió de sus soldados, pues la ironía del destino quiso que los soldados de su misma compañía fueran los que debían fusilarlo. Les recomendó que tiraran bien sin hacerles sufrir…..

 

Llega el momento en que los cuatro condenados a muerte tuvieron  que ir a colocarse en su sitio, cosa que hicieron, cogiéndose los cuatro en un abrazo conmovedor y presentando el pecho valientemente, sin que ninguno quisiera ser vendado ni ofreciera señales de abatimiento. El Cabo Torres exclama, dirigiéndose a los pelotones que ya estaban apuntándole: “Compañeros, tiren bien al corazón y no hagan sufrir a ninguno”. En seguida, se adelanta el Alférez a quien por sorteo le toca dirigir el fuego, y saludando militarmente a los reos, da la voz de mando, oyéndose una descarga y viéndose caer simultáneamente a los cuatro así como a López Mindreau que se desplomó dando vueltas. Una segunda descarga y un oficial designado, le disparó el tiro de gracia para llenar las fórmulas del caso, pues todos recibieron la primera descarga sobre el corazón, muriendo instantáneamente, menos el Mayor López Mindreau, que la recibió en la cabeza, debido a la posición en que se encontraba: semicaído al ser fusilado. La Corte Marcial que se encontraba detrás de los pelotones, saludando militarmente, se retiró así como todos los oficiales y tropas que estaban allí, siendo trasladados los cadáveres al depósito del panteón, para ser enterrados en los nichos que ya fueron colocados en la misma noche del aciago día.

 

Al lado del lugar donde fueron fusilados se veía una enorme fosa donde debían ser enterrados, pero gracias a las gestiones hechas por el doctor Masana y a la buena voluntad desplegada por el Mayor Lazo que se interesó muchísimo, se designó que se desistiera de enterrarlos en una fosa, sin ataúdes ni ceremonia alguna. De esta manera y a pesar de que en nombre de la familia, el doctor Masana había pedido el cuerpo del Mayor López Mindreau y de su paisano Alonso, se obtuvo que López Mindreau y Soto fueran enterrados por cuenta de sus compañeros de armas, que hicieron una erogación para mandar a sus viudas los quinientos soles, que oficialmente debían ser destinados a su entierro. El Cabo Torres fue enterrado por sus compañeros en un nicho que costearon así como el ataúd, entregando los 180 soles, que le correspondía al efecto a su viuda. A Carlos Philipps lo pudo recoger su familia, y también fue sepultado a las pocas horas de su fusilamiento. A Juan Alonso, lo inhumaron en un nicho sus paisanos, y un día de estos irán en romería a llevarle una corona.

 

En el Cementerio General de la ciudad de Huaraz, situado al Este de la Capital, se encuentran los nichos de los fusilados por sentencia de la Corte Marcial, se encuentran:

Mayor Raúl López Mindreau, deja madre, esposa y tres hijos, ocupa el nicho ubicado en la cuadra San José Nº 11, Letra “B”.

El Teniente Santos I. Soto, deja esposa y cuatro hijos, ocupa el nicho ubicado en la cuadra San José Nº 22, Letra”C”.

Dr. Carlos Philipps, deja esposa y un hijo, ocupa el nicho ubicado en la cuadra San Gregorio Nº 31, Letra”C”.

El Cabo Alberto Torres López, deja esposa y un hijito, ocupa el nicho ubicado en la cuadra San Gregorio Nº 36, Letra”C”.

Señor Juan Alonso, ha dejado encargado al Padre Echevarría que comunique su triste fin a un hermano ausente a quien encargó también se le envíen algunos efectos que posee, ocupa el nicho ubicado en la cuadra San Gregorio Nº 30, Letra ”U”.

 

El drama ha conmovido a Huaraz y lo ha envuelto en una niebla sombría de tristeza y de horror. Los que se dedicaron a delatar y a pedir severas sanciones tienen escrito su nombre en el corazón de todos, que no es delatando como se levantan los espíritus ni se afianzan las ideas. Los que se fueron ya lo dijeron en su hora. Los que nos quedamos veremos pasar con repugnancia por nuestro lado a esa cuerda de cobardes que representaron tan repugnante papel, sin ejercer ni pedir misericordia para los caídos, que al salirse de la ley lo hicieron sin asesinar a nadie.

 

El periódico “La Autonomía”, en su misma historia y dolorosa edición del 06 de agosto de 1932, finaliza con esta valiente y magnífica nota: “Nuestro público lector acogerá la veracidad y autenticidad de la información de esta crónica sensacional, tanto porque acostumbramos a la norma inquebrantable periodística, cuanto porque nos concedió autorización oficial por la Corte Marcial, para ser testigos de todo lo que llevamos dicho en este imperativo y doloroso deber”.- Edición del 05 de agosto de 1933.-Director Propietario L. F. Sánchez Díaz.

Es importante glosar del prólogo redactado por el Dr. Wilfredo Kapsoli Escudero, el contenido del libro de actas del Concejo Provincial de Huaraz, del mes de julio de 1932, que textualmente dice: “Los concejales que suscriben, en vista de los últimos sucesos revolucionarios, presentan la siguiente moción: Anticipadamente rogar al supremo gobierno conmiseración para los presos políticos, dirigiendo el presente telegrama. Presidente República. Lima. Concejo Huaraz condenó descabellado movimiento revolucionario encabezado Mayor López Mindreau. Expresa su adhesión y simpatía gobierno. Felicítale triunfo tropas restauradoras orden y ruega la conmiseración para presos políticos, conmutando penas capitales caso Corte Marcial las aplicará. Huaraz 23 de julio de 1932. Firman Eliseo Alarcón, Luís Santillán y Nemesio Morales”. Desde luego, la prensa de entonces, también abogó por la suerte de estos políticos, sin embargo, el gobierno fue drástico en sus sanciones, porque se trataba de evitar que este germen, se hiciera extensivo a otros lugares, como los que ya habían sido anteriormente realizados en Trujillo y Cajamarca.         

(El presente capítulo, se obtiene de la fuente de la obra de Zenobio Bernuy Solórzano, Nuevos Apuntes sobre el Ayer de Pomabamba, La revolución del 32, 1989).                                                               

     


 

 

C A P I T U L O    X  X  V  I  I  I

        BREVE RESEÑA HISTORICA DE LA REVOLUCIÓN DE TRUJILLO DE 1932

 

Antecedentes  Históricos.-

 

Nuestros maestros de escuela y de secundaria nos han enseñado que los períodos de la Historia del Perú, son Período Pre-Incaico, Período Incaico, Conquista, Virreinato, Período de la Emancipación y Período Republicano, en éste caso, en la CONQUISTA que comprende desde 1532 hasta 1542, en éste período, Francisco Pizarro “su antiguo sueño de eregir un pueblo de cristianos se cumplió en Tangarará, un gracioso lugarejo sembrado de algarrobales a la diestra del río Chira. Allí, junto a un pequeño promontorio, se efectuó la fundación. Dicen que fue el 15 de julio de 1532, festividad de San Enrique, pero Pizarro bautizó al nuevo pueblo con el nombre de San Miguel”, la misma  que se denomina hoy en día la ciudad de Piura.

 

Hechos Históricos.-

 

Levantamiento de Arequipa.- En medio de extrañas contradicciones transcurrió los once años de gobierno de Leguía, cambió la Constitución, permitiendo la reelección presidencial por un periodo, se reeligió 1924, posteriormente se estipuló la reelección sin límite, lo que le permitió continuar en el poder luego de 1929, reiterados préstamos endeudó al país, vivió en bonanza, emprendió muchas obras, al poder incrementó el gasto público, nuevas urbanizaciones, donaciones extranjeras, Palacio de Gobierno y otras más.    

 

Luís M. Sánchez Cerro (1930-1933).- Nació en Piura en 1889, sus padres fueron Antonio Sánchez y Rosa Cerro, estudio en la Escuela Militar de Chorrillos. En 1925 viajó a Europa en misión de estudios. Inició su revolución en Arequipa el 22 de agosto de 1930, se sublevó el comandante Luís Miguel Sánchez Cerro. Pronunciamiento de Arequipa, notable proclama revolucionaria, de hondo contenido y elegancia, redactado por José Luís Bustamante y Rivero, distinguido maestro de la Universidad de San Agustín, documento llamado “El Manifiesto de Arequipa”. Ratificado plenamente el levantamiento y conocedor del respaldo de diversas guarniciones, Leguía, renunció dejando el poder a una Junta Militar presidida por el general Manuel María Ponce, el general le comunicó al comandante, que el motivo de su rebeldía ya no tenía objeto, el presidente había renunciado, se disponía abandonar el país y le solicitaba reconocer a la Junta que presidía.

 

Medidas de Sánchez Cerro.- Tres días había durado el “gobierno” de Ponce. El 27 de agosto de 1930, el líder de la revolución de Arequipa llegó a Lima. Multitudes acudieron a recibirlo al aeropuerto, constituyendo un tácito plebiscito de respaldo a su audaz pronunciamiento. Desconoció a la Junta, Poncé declinó el cargo que en la práctica no llegó a ejercer y Sánchez Cerro fue reconocido como presidente de una nueva Junta de Gobierno y asumió el poder. Por primera vez, un hombre salido del pueblo, era de evidente origen social y económico humilde, alcanzaba la presidencia de la República.

 

Tribunal de Sanción.- El 31 de agosto de 1930, a cuatro días de haber llegado Sánchez Cerro a Lima, abrió juicio a Leguía y a sus más cercanos colaboradores. Para ello se estableció un Tribunal de Sanción. Sánchez Cerro comprendió que ese hecho era irregular, Leguía se sometió plenamente al Poder Judicial, absolviendo al dictador y a sus seguidores. El momento era crucial cuando se conoció en Lima la renuncia de Leguía, se había dirigido al Callao, para embarcarse en el crucero Grau, bajo protección de la Marina, con rumbo a Panamá, conminó el regreso de la nave con el ex presidente bajo amenaza de bombardearse, turbas asaltaron su casa, ubicada en la calle Pando, causando destrozos e incendiándola. El Tribunal de Sanción declaró culpables de diversos delitos a muchas personas, sancionándolas por “ilícito enriquecimiento”. El fallo del 8 de enero de 1831 reconoció esa falta al presidente Leguía y a tres de sus hijos: Augusto, José y Juan, fijando en “veinticinco millones de soles oro el monto de la responsabilidad monetaria que conjuntamente les afecta”. Caso inédito en nuestra historia, aunque el origen de los titulares de aquel tribunal era francamente impugnable. Muchos de los obsecuentes seguidores de Leguía, tal vez no todos merecedores de las sanciones que les recayeron, recibieron penas menores.                 

       

Juntas de gobierno.- Un país en convulsión. Luís M. Sánchez Cerro convocó a elecciones para una Constituyente, la que además debía elegir presidente provisional. Pero el 6 de febrero de 1931, mediante Decreto Ley reiteró la convocatoria a la Constituyente y también a la presidencia de la República, en el cual ya era provisional. La oposición a que se convocara a elecciones presidenciales, en las que sin duda Sánchez Cerro iba a ser candidato, porque contaba con aceptación. La oposición al intento de Sánchez Cerro se intensificó en el sur del país.

 

El Cusco expresó su rechazo a la convocatoria a elecciones, al frente del cual apareció David Samanez  Ocampo.

 

Desde Arequipa los comandantes Carlos Beytía y Antonio Dianderas, el mayor Enrique Barreda y el capitán de navió Moisés Pinto, aglutinaron la oposición del sector militar. Civiles y militares coincidieron en acordar una plataforma revolucionaria, que incluía la denuncia del incumplimiento por Sánchez Cerro, de las promesas hechas cuando el levantamiento de agosto del año anterior y “su propósito de lanzar su candidatura a la presidencia de la República, reteniendo el gobierno para imponerla en las elecciones a realizarse”. En Arequipa se propuso al ilustre apurimeño Samanez Ocampo, residente en el Cusco, luego de redactar el “Manifiesto de la Revolución”, constituyó la Junta de Gobierno Provisoria.

 

En Lima los acontecimientos del sur tuvieron resonancia en el propio Palacio de Gobierno.

 

En el Callao, el general Pedro Pablo Martínez encabezaba en el Real Felipe un levantamiento que se inauguró tomando la propia fortaleza, pero el movimiento sería sofocado cruelmente ese mismo día 29 de febrero de 1931.

 

Ante diversos pronunciamientos desde distintos lugares del país a favor del levantamiento sureño. Sánchez Cerro, en abierto desafío ante aquella suerte de plebiscito en contra de su candidatura para retener el poder procedió a anular los decretos convocatorios a elecciones, pero emplazó la suspensión de todo acto de fuerza habido en las diversas guarniciones, y dispuso expediciones al norte y al sur.  Al conocerse que desde Lima se enviaban tropas la Junta de Arequipa remitió una circular a distintos países condenando la ”tiranía” de Sánchez Cerro y responsabilizándolo de los horrores de la guerra civil que ocasionaba su obstinación.                  

 

Las elecciones de 1931.- El 1º de marzo de 1931, Sánchez Cerro, conciente  de que no contaba con el apoyo indiscriminado que había creído tener, reunió una Junta de Notables. De los 60 convocados solo asistieron unos 45; ante ella dimitió (renunció, dejó el cargo de presidente) el caudillo, que hacia siete meses había derrocado al presidente del oncenio. Se nombró presidente de esta Asamblea.

 

Efímero (pasajero de corta duración) presidente del Perú, por escasas horas a monseñor Mariano Holguín. Bajo su inspiración se acordó nombrar una Junta de Gobierno que tuvo al frente al presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Leoncio Elías.

 

Conforme la crisis se agudizaba, podía notarse que se iba acentuando el sentimiento regional del movimiento del sur. Sensible a aquella situación, la Junta de Lima decidió enviar una delegación a Arequipa, invocando la necesidad de paz y unión en esos momentos tan difíciles que vivía el país.

 

Mientras tanto, el comandante Gustavo Jiménez, apodado “El Zorro”, tomó Palacio de Gobierno desconociendo la autoridad de Elias Ricardo Leoncio.

 

Al entrar Jiménez en comunicación con Arequipa, luego de breve negociación, se acordó constituir una Junta Nacional de Gobierno, con personas oriundas de distintos lugares del país. Al final se reconocería a David Samanez Ocampo como presidente de aquella junta, constituida además por Rafael Larco Herrera, el propio Gustavo Jiménez, José Gálvez Barrenechea, Manuel Vinelli y Francisco Tamayo. Esta junta convocó a elecciones que debían realizarse el 11 de octubre de 1931.

 

Se nombró una comisión que debía abocarse a la preparación de un estatuto electoral. Estuvo conformada por ocho personas de diversas posiciones: César Antonio Ugarte, Luis E. Valcárcel, Luis Alberto Sánchez, José Antonio Encinas, Jorge Basadre Grohman, Alberto Arca Parró, Carlos Manuel Cox y Federico More Basadre, por primera vez en el Perú, estableció el voto secreto y obligatorio; que el Estado proporcionara las cédulas electorales. Se estableció que ni militares ni clérigos votarían, y que el voto solo correspondía a ciudadanos alfabetos mayores de 21 años.

           

Apristas.- Víctor Raúl Haya de la Torre fue deportado por Leguía en 1923 y estando en México, fundó en mayo de 1924 la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), cuyos planteamientos: 1) Acción contra el imperialismo yanqui, 2) Por la unidad política y económica de América Latina, 3) Por la internacionalización del Canal de Panamá, 4) Por la nacionalización de tierras e industrias, y 5) Por la solidaridad con todos los pueblos y clases oprimidas del mundo.

Aquella alianza se convirtió en partido en 1928, lo que significó la separación entre José Carlos Mariátegui, del Partido Socialista que se encontraba en Europa (Italia), y Haya de la Torre en Lima.

El APRA fue refundada en Lima en marzo de 1931, para entonces ya había muerto Maríategui.

  Haya volvió al Perú por la frontera norte, por Talara. Había estado ausente siete años, durante los cuales sus seguidores habían difundido sus planteamientos, llegando a cautivar a grandes sectores, particularmente en las haciendas cañeras y en los enclaves urbanos de los departamentos norteños. El 15 de agosto hizo su entrada a Lima. La elecciones encontraban a dos sectores muy enfrentados: los seguidores de Haya y los de Sánchez Cerro; otros candidatos, José María de la Jara y Ureta y Arturo Osores, los tenían en menor número.

La campaña aprista presentaba características nunca vistas antes en episodios electorales: las pintas callejeras se dieron en muchas ciudades; los líderes del partido eran llamados por sus nombres: Víctor Raúl, Luís Alberto, etcétera. La organización incluía aun a quienes, por razones cronológicas, no podían votar, por lo que surgió la JAP (Juventud Aprista), y más adelante la CHAP (Chicos Apristas). El partido contaba con himno propio, que sobreponía su letra a la música del himno francés, por lo que se le llamó la Marsellesa aprista. Una bandera identificaba también a los partidarios, que se convertían en verdaderos bosques durante las manifestaciones; los afiliados apodados “compañeros” desfilaban ordenadamente por escalones luciendo pañuelos blancos como símbolo; se difundieron “slogans” como el que proclamaba “seasap” (sólo el APRA salvará al Perú). Desde entonces se mostró un marcado culto a la persona del líder y una rígida estructura disciplinaria, cuyas formas traían reminiscencias fascistas.

La campaña fue intensa y no faltaron enfrentamientos entre los seguidores de los dos candidatos mayores.

 

Resultados del acto electoral.- En medio de un clima violento, el 11 de octubre de 1931 se realizó el acto electoral del que salió triunfante Sánchez Cerro, con más de 152,000 votos sobre los 106,000 que obtuvo Haya. El APRA no aceptó la derrota. Para los seguidores de Haya, era una necesidad lógica no aceptar la derrota; al definirse desde el primer momento como partido mayoritario, el revés electoral debía llevarlos a aceptar que no eran mayoría; al no hacerlo así, no quedaba, lógicamente, otro camino que denunciar un fraude.    

 

Sanchezcerristas.- El 2 de julio de ese agitado año 1931, Sánchez Cerro, que estaba en París desde que fue, de alguna manera destituido, regresó a Lima. Respaldado por su partido Unión Revolucionaria (U.R.).

El 2 de octubre de 1931, fue reconocido presidente constitucional. El 8 de diciembre de 1931 asumió el poder Luís Miguel Sánchez Cerro. Ese mismo día en Trujillo, ante un mitin multitudinario, Haya sentenciaba: “Mientras los que conquistaron el mando con el oro o el fusil mandan desde Palacio, nosotros continuaremos gobernando desde el pueblo”. Los adversarios políticos del líder aprista interpretaron esas expresiones como un acto de rebeldía. La prensa adversa al APRA incidió en que, con sus palabras, Haya desconocía al legítimo presidente del país e intentaba crear una suerte de Estado paralelo. La pasión política, mala consejera, agudizó los enfrentamientos y desde allí, y por muchos años, el país pareció polarizarse; el poder económico acusó que se trataba de un partido marxista, que repudiaba la verdadera democracia, que negaba la propiedad privada y que se mostraba opuesto al Ejército y la Iglesia.

   

Ascenso de Sánchez Cerro.-Tiempos de violencia sofocó revoluciones en el Callao, Trujillo, Huaraz y Cajamarca todas de inspiración aprista. Desde que ascendió al poder Sánchez Cerro, dio muestras de un marcado antiaprismo. Manejando una evidente mayoría en el Congreso, logró que este diera poderes extraordinarios al Ejecutivo por la llamada Ley de Emergencia de fecha 9 de enero de 1932.

Esa norma fue el instrumento que permitió mutilar el Congreso: 22 representantes del APRA y uno del Partido Descentralista fueron apresados y deportados.

 

El clima de violencia crecía conforme el gobierno endurecía su posición. El 6 de marzo, el presidente Sánchez Cerro fue victima de un atentado en la iglesia de Miraflores, del cual felizmente salvó. El autor del hecho fue señalado como perteneciente a las filas del APRA. Mientras el gobierno fustigaba al sector aprista, este crecía en la simpatía de grupos juveniles. La Universidad de San Marcos se convirtió en centro de movilizaciones contra el gobierno, el que denunció que esta casa de estudios se había constituido en foco de difusión de ideas apristas y comunistas, por eso procedió a su clausura, que se prolongaría hasta 1935. Al mismo tiempo, se ordenó la prisión de Haya.

 

Revolución de Trujillo de 1932.- El clima de agitación tuvo dolorosa expresión en la revolución de Trujillo, bastión aprista, donde fue tomado, por campesinos y obreros, el cuartel O”Donovan. Con las armas obtenidas allí se hicieron dueños de la ciudad. Tropas del ejercito enviadas a restablecer el orden recuperaron la ciudad, y actuando en represalia, procedieron a fusilar a quienes consideraron cabecillas del motín, Trujillo estuvo en poder de los alzados del 7 de 11 de julio de 1932.

 

Es necesario ver sus antecedentes, “durante los años 1920 y 1930 en Trujillo se gestó la organización sindical entre los campesinos de las haciendas de la región y la agitación de la intelectualidad urbana progresista como en Casa Grande, Cartavio y Laredo se convirtieron en bastiones del nuevo Partido Aprista Peruano, organización política de orientación social demócrata, fundada por el líder estudiantil Víctor Raúl Haya de la Torre. El 8 de enero de 1932, Sánchez Cerro perpetró un “autogolpe”, publicando una ley inconstitucional que proscribía las libertades políticas y permitía la detención de cualquier ciudadano sin mandato judicial, sumado a las desigualdades sociales, al irrespeto de los derechos laborales de los trabajadores de las haciendas azucareras ubicadas al norte de Trujillo, más la liberación de Haya de la Torre, que se encontraba preso desde el 6 de julio de 1932, acrecentaron el descontento social”.

    

Cuales fueron los hechos, “en la madrugada del 7 de julio de 1932, un grupo insurgente integrado por campesinos y obreros, comandado por Manuel Barreto, conocido como “Bufalo”, asaltaron y capturaron el cuartel de artillería Ricardo O”Donovan, ubicado en la entrada de la ciudad, siendo uno de los primeros en caer abatido, el cuartel fue saqueado, las armas, entre ellas seis cañones móviles, fusiles y ametralladoras, fueron distribuidas entre los insurgentes, durante la mañana la ciudad de Trujillo fue tomada por el pueblo insurrecto, se nombró como Prefecto a don Agustín Haya de la Torre, hermano de Víctor Raúl, los demás distritos también se sumaron a la revuelta”.

 

“Sánchez Cerro ordenó un ataque aéreo con una flota de aviones, el primero a la población civil el día 8 de julio de 1932, mientras se movilizaba tropas desde el departamento de Lambayeque y el regimiento de infantería Nº 7 se disponía a desembarcar en el puerto de Salaverry, los líderes insurgentes pasaron a la clandestinidad y el pueblo, alzado en armas, se preparó para resistir la acción del ejercito. El día 9 de julio, diez oficiales del ejercito y quince guardias civiles capturados durante la insurrección perdieron la vida en un confuso incidente que nunca se llego a aclarar, entre ellos estaban dos oficiales de apellidos Ortega y Villanueva, culpables de atentados criminales ocurridos en diciembre de 1931 en el pueblo de Paiján y en la ciudad de Trujillo contra algunos militantes del Partido Aprista Peruano, la muerte de estos oficiales fue atribuida a los jefes insurrectos, cuando en realidad fueron causadas por las tropas sumados a la revolución. El mismo día 9 de julio, tropas del regimiento Nº 7, fueron rechazadas por los insurgentes en la zona denominada “La Floresta”, hasta el día lunes 11 de julio, el pueblo armado logró contener el ataque de las fuerzas del gobierno, hubo numerosas bajas por ambos lados”.

 

“En la madrugada del día 11 de julio, tras un intenso bombardeo aéreo y terrestre, un gran despliegue de tropas inició la ocupación de la ciudad. En la “Portada de Mansiche”, un grupo de francotiradores dirigidos por Carlos Cabada contuvo el avance del ejército, ayudando a fortalecer las defensas dentro de la ciudad, en la plazoleta “El Recreo”, la dama de nombre María Luisa Obregón, apodada “La Laredina” condujo la resistencia disparando ella misma una ametralladora, la lucha se libró calle a calle, los soldados eran recibidos con disparos y en general con cualquier objeto contundente arrojado por los pobladores rebeldes desde los techos, entre cánticos y lemas alusivos al partido aprista peruano. Fue el profesor Alfredo Tello Salavarría quien se mantuvo frente a las últimas trincheras, en el barrio trujillano de “Chicago”. El 18 de julio, el jefe de operaciones coronel Luís Bravo, informó tener pleno control territorial, luego de cometer numerosas represalias contra la población civil en Chepen, Mansiche, Casa Grande, Ascope y Cartavio, en las tres últimas haciendas azucareras laboraban algunos de los insurgentes”.

 

Después se realizó las ejecuciones, “numerosos combatientes que se habían rendido fueron fusilados sin juicio. Una “Corte Marcial” sin ninguna garantía e independencia dictó pena de muerte contra 102 personas sindicadas como principales responsables del alzamiento; debido a que muchos de estos se encontraban fugitivos y otros habían muerto en el enfrentamiento, la pena solo pudo aplicársele a 42 detenidos, quienes fueron dirigidos a la ciudadela de Chan Chan, obligados a cavar las fosas que se convertirían en sus tumbas y sin excepción recibieron la descarga fatal el 27 de julio de 1932, un día antes al día de la independencia nacional del Perú; pero se calcula que el número exacto al terminar el conflicto llego a sumar aproximadamente unos 5 mil civiles muy vinculados al partido aprista, que fueron fusilados de forma extrajudicial. Aun así, enfrentaron a la muerte, dando vivas al partido aprista y a su líder Víctor Raúl Haya de la Torre. Esta insurrección y su represión desmedida, marcaron por mucho tiempo la identidad política de la ciudad de Trujillo y del norte del Perú, llegando a ser considerada como bastión electoral del Partido Aprista Peruano. Significó también el surgimiento de una animosidad recíproca entre el APRA y las Fuerzas Armadas, que tuvo honda repercusión en la vida política del Perú y que solo pudo ser superada en la década del 80 del siglo XX, poco antes de morir Víctor Raúl Haya de la Torre.”

                       

La difícil situación interna que vivía el país se vio agravada, en lo externo, por el llamado incidente de Leticia. El 1º de septiembre de 1932, pobladores procedentes de Iquitos y Caballococha y residentes en Leticia, en territorio del llamado “Trapecio Amazónico”, se alzaron contra las autoridades ya colombianas y tomaron el control de la ciudad. Colombia protestó por los sucesos de Leticia.

 

El 25 de marzo del 1933 desembarcó en el Callao el general Óscar R. Benavides, que meses antes había escrito al Presidente de la República poniéndose a disposición ante aquel incidente internacional. El 27 de marzo, el gobierno nombró a Benavides general en jefe del Consejo de la Defensa Nacional y cuatro días más tarde, el Congreso lo ascendió a general de División.

 

Muerte de Sánchez Cerro.- En medio de la agitación interna y el problema internacional, nuevos contingentes de 20,000 movilizables fueron convocados a una parada o pasar revista militar a llevarse a cabo en el hipódromo de Santa Beatriz, hoy Campo de Marte en Lima, decididos a defender la causa nacional. Concluido el evento, Sánchez Cerro abandonó el improvisado escenario militar en coche descubierto, el cual, por la presencia de la multitud, debió discurrir muy lentamente. De ello sacó provecho un individuo que, burlando los cordones precarios de seguridad que rodeaban al mandatario, pudo acercarse hasta el automóvil presidencial y descerrajarle tres disparos. El audaz sujeto fue acribillado a balazos, mientras el auto presidencial emprendía rauda marcha al entonces cercano Hospital Italiano, donde los mayores esfuerzos médicos resultaron infructuosos. El asesino Abelardo Mendoza Leiva, había conseguido su objetivo: el presidente Sánchez Cerro falleció a la una y media de la tarde del 30 de abril de 1933.

 

Consejo de Ministros asume mando de la República.- De acuerdo con la reciente Constitución aprobada el 9 de abril de 1933, con vigencia hasta 1980, el Consejo de Ministros asumió el mando de la República, decretando de inmediato la suspensión de las garantías ciudadanas, el estado de sitio en todo el territorio nacional, y convocando a sesión de urgencia al Congreso.

 

Gobierno de Benavides.- Reunido el Congreso ese mismo día, procedió a nombrar sucesor del finado presidente al general Oscar R. Benavides, por una amplia mayoría, gestión que debía concluir al término del periodo para el cual Sánchez Cerro había sido elegido hasta 1936 (Fuente, República, Percy Cayo).

 


 

 

C A P I T U L O    X  X  I  X

                            CONCLUSIÓN HISTORICA DEL NATURALISMO

 

Esta obra la finalizo diciéndoles, que la mejor política de los pueblos es defender la democracia, los gobernantes deben tener mucha tolerancia con su pueblo y comprender sus reclamos y sus inquietudes venga de donde venga, los mejores gobernantes serán aquéllos que sepan defender la persona humana y el respeto de su dignidad, de sus derechos a la vida, a la igualdad ante la ley, a la libertad en todos los aspectos, a localizar en donde se encuentra el bien y por supuesto a distinguir en donde se encuentra el mal, el conocimiento de éstos dos aspectos fundamentales de la vida, sabremos evaluar el criterio y camino a seguir, teniendo por resultado necesario, el libre pensamiento de calificar el liderazgo, revestido de su personalidad y el valor de su resultado en los logros que se haya podido obtener en el transcurso de una determinada gestión gubernamental, respetando los derechos fundamentales de la persona.

 

Por ejemplo uno de los mejores gobernantes del mundo, tenemos:

 

Atila, nacido hacia el 406 y muerto en el 453, fue el último y más poderoso rey de los Hunos, gobernó el mayor imperio europeo de su tiempo desde el 434 hasta el día de su muerte, que a pesar de su atribuida crueldad y barbarie a su corta estatura y características personales, sus pueblos lograron superar militarmente a su rivales, siempre se mantuvo como un modesto huésped del gobierno, no ambicionó lujos ni riquezas se mantuvo al nivel de la gente de su pueblo.

 

Saladino, nació en 1138 en Tikrit (provincia actualmente llamada Salah Ad Din en su honor en Irak), “fue uno de los grandes gobernantes del mundo islámico, siendo sultán de Egipto y Siria e incluyendo en sus dominios Palestina, Mesopotamia, Yemen, Hiyaz y Livia”, fue el célebre defensor de la Tierra Santa durante la época de las cruzadas, quién por su tradición cristiana se quedó con su ejemplar cortesía, sabiduría estratégica de su tiempo, perfecto caballero medieval, tanto por el honor, como por su generosidad, su piedad, su falta de fanatismo, fue un gran señor que trataba con honor a sus cautivos, supo por todos los medios respetar al hombre y a los pueblos sometidos.

 

Napoleón Bonaparte, nacido el 15 de agosto de 1769, en Santa Elena, Francia, fue emperador de los franceses en 1804, Rey de Italia en 1805, casi una década adquirió el control de casi toda Europa occidental y central, mediante una serie de conquistas y alianzas, como brillante estratega, profundo conocimiento e inteligencia aplicable a tácticas militares, instituyó diversas reformas de centralización administrativa de departamentos, educación superior, dictó los códigos tributario, civil, Penal, Comercio, Instrucción criminal, Branco central, nuevas leyes, sistema de carreteras y un gran respeto al derecho del hombre y de los pueblos, fue  derrotado en la Batalla de Waterloo en Bélgica el 18 de junio de 1815.

 

Mahatma Gandhi, nacido en Porbandar, una ciudad costera del pequeño estado principesco de Kathiawar, actualmente en el estado de Guyarat en la Indía, el 2 de octubre de 1869, fue abogado, pensador y político indio; lucho por la independencia de la India, siempre defendió por el desarrollo material de su pueblo, por la igualdad y la justicia; fue tolerante y bondadoso, en su gobierno llevó una vida simple confeccionando sus propias piezas de ropa; fue un destacado vegetariano, defendió el valor ético de los alimentos crudos; su espiritualidad e idealismo la llevó a la búsqueda de la paz en su país, abogó siempre por el respeto a la dignidad humana.     

 

Quiero terminar este ensayo del naturalismo lírico, mencionado una frase del literato Franz Kafka que nos dice:

 

                    “el mal conoce el bien, pero el bien no conoce el mal”.          

 

FUENTE BIBLIOGRAFICA

 

1) Testimonio presencial del soldado Agustín Ramírez Paredes.

2) La Revolución de Trujillo, Alfredo Rebaza Acosta, Lima-Perú, 1933.

3) El año de la Barbarie, Guillermo Thornike, Edición Popular, Lima-Perú.

4) Lo que vi y lo que se dé la revolución de Trujillo, Felix León Echagüe, México, 1934.

5) El crujir de las Ruinas, Germán Luna Segura, Ediciones La Tribuna, 2008.

6) Enciclopedia Temática del Perú-República, Percy Cayo Córdova.

7) Obras Escogidas, La conquista, Compendio del Perú, José Antonio del Busto.

8) 500 valses peruanos inolvidables, Eleazar Valverde Chale, mayo 2004.

9) Revolución de Trujillo de 1932 – Wikipedia, la enciclopedia libre.  

10) Nuevos Apuntes sobre el Ayer de Pomabamba, La revolución del 32, Zenobio Bernuy Solórzano, 1989.

 

                                         Terminado el 12 de Febrero de 1979.

 

 

                                          Dr. Arnulfo Moreno Ravelo.