- COLECCIÓN LITERARIA -

- OBRA  COMPLETA -

 


 

 


Décimo octavo volumen de la Colección  este ensayo resalta el realismo andino, con su peculiar engranaje literario de alba andina, de sus costumbres y anhelos de esperanzas ecológicas de esta parte del valle de Tauca, como el UNIVERSO DEL MUNDO ANDINO, a través de la narrativa de hechos sociales y culturales que acontecen dentro de los pueblos de los Andes portada del mundo.
(fragmentos: pág. 41, 60 al 72).


 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DESDE EL CERRO ANGOLLCA...
AMPLITUD DE TAUCA ...  INFINITUD DEL PERÚ

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 


 

 ANCASH 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

 

T A U C ACuadro de texto: ¡Tauca como mi madre!
vuelos y nido del si
amén hechura de Padre
almas y versos por ti
aulas y regla que arde
viejas ideas y plumas
ecos cubriendo la tarde
memoran penas y brumas.
 
Sorbí OH tierra querida
tus años y genes por mil,
tez vieja de cumbre real
flameando verso y candil
al son de huayno espacial.
 
Verbo en mi yo comunal
es Tauca y gente nacida
docencia y níveo toronjil
polleras y tarde soleada
campos, flores hasta el fin
los cambios y fe patronal
clamores y plaza corrida
aroma del beso y amada
encanto y puna florida
¡Tauca como mi Madre!
 

 


 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Luego de años decanos volví a trajinar por la vera de un bardo viejo ancashino y los poros conmovidos por el tacto iterado al palpar en sus historias, voltearon la enseña paginada de sus tractos exaltados por su alma que nos dice lo que el veda custodiaba mucho tiempo y desde niño. Leí de sus escritos en cientos de hojas que aún plenas de grafías seguían virginales porque el cosmos aprobaba la impoluta intención de un poeta narrador, de un mundo que es siglos y más eras juntadas en millones de libros por doquier que plasman su esencia en la sabia convivencia. Cada humano posee un templo interior que él deja cruzar sin celar pórticos sacros si extrae algo de si mismo y paga a la tierra la franquicia de extrapolarla a la raza que imita del Dios Padre su don de crear y disponer.

Una y más de otra vez y sin profanar arcanos secretos, leí privacías y pulsé lo que está apto al servicio en valiente grafía, más allá de pasados que por ende ya son personal existencia de quien habla por todos: Un andino por Andes, un peruano por orbe. Presto me puse sumiso y al orden, sabiendo que un libro dieciocho de letrado eminente, bajaba de cumbres con ideas galgadas; proyectando meseta de un pueblo lejano hacia el globo ingente. Así fue que acepté la posta que ensaya un resumen del macro en visión popular y abordé sus escritos como ese diario de un ser que destaca su afecto causal paralelo a sus genes y su gran trascendencia.

Tal intento fue un trago dulce que me supo a misma miel que probé de anterior crisol.

Fue la segunda ocasión que trataba de absorber prosa y verso y páginas sueltas al soplo espacial de avidez cognitiva de aquel escritor en su auge de sueños, esperanzas que ansían metas nuevas y logros ¡Otro libro de Arnulfo Moreno! ¡Otra obra peruana! ¿Tanto escribes Doctor? Claro, 18 libros con este y entre ellos “Ensueño de Cielo” ( Ensayo de la Esperanza) de hace nueve años, que me absorbió, una tarde del año 1999, trazando dones paralelos con su estilo narrativo en esta misión de atrevido corrector.

Así fue como ensayé un estudio integrado en el solemne lapso del tiempo que se me dio porque a la vez me concedió presentarlo en el auditorio principal del Colegio de Abogados de Lima “León Barandiarán” Es la data que ahora recuerdo y motiva, aunque  las palabras, al igual que las costumbres, estén sujetas a la tiranía de las modas y no escapen de obligatorias reglas.

Tal escritor nacional llegó entusiasmado a mi lar, en el ocaso del día, igual de mis edades, una tarde invernal de Mayo 2008, al limeñísimo hogar donde los años respetan mi contemplar de frutos que no tardarán en volverse robles que sus alturas superen al árbol primero.

Con sus aromas de cumbres celicadas y sencillez espiritual que engrandece, tocó los umbrales de mis razones de vivir esquivando a la parca mal venida -  Arnulfo y yo soportamos idénticos males donde la ciencia no tiene respuestas, así es la vida – y me encontró reunido con mis generaciones fufuradas rodeándome favorecido. En presencia de tanta alegría… posó un típico texto en la vieja inquietud de mi ser que aprende y cultiva hasta la hora de dormir, que sigue escribiendo en su vigílica conciencia y despierta con la humanidad, OH sorpresa para ella, con un libro en la diestra o usando a esta para legar en incesante teclear y sin menguar día tras día pues ya me acostumbré al alimento intelectual ¡Qué buen hábito este que no tuve en mis traviesos años profanos! Pares somos todos los hombres y esto conoce el bueno de Arnulfo porque debe sentir igual como acontece con otros escribientes de este plano de manifestaciones y por ello es difícil que la conciencia escriba. Dejando que los egos se persigan solos, ambos nos dimos las gracias: Yo, por tener el gran honor de leer su libro 18, pleno de convicciones reales y él porque sabe que velo por la pluma que ilustra a los estratos y esferas del mundo que castiga a Tirios y Troyanos aunque justos paguen por pecadores ¿Eh? ¡Otro reto fue para mí, tamaño encargo! Escribir de lo escrito como envido y además del estilo corregido proyectar prolegómenos o ensayar sobre las dimensiones de esta obra literaria; en el arduo laborar del despacho asesorial, pues se trataba sólo de una composición en prosa, de extensión moderada, cuyo fin era el de explorar un tema limitado que el de investigar a fondo los diferentes aspectos del mismo; pero los Andes traen más asuntos que el tema central y esta era la agenda escondida del autor de “Tarde Soleada” y es que…

Arnulfo escribe y versa con licencias gramaticales y sobre detalles desde sus diarios compilados, trompillando entre los segmentos de su alma, mente y corazón donde tintinea su patriótica devoción por un cielo que se llama Perú. Sus ilusiones me izaron azul y así nos reencontramos en otra historia sin fin saltando ya nueve años en que gustoso compartí su libro “Ensueño del Cielo”. Amical y señero ya es tanto ayer. Así se viaja de Lima a Tauca en su alfombra de versos…

 

¡Tauca como mi madre!
vuelos y nido del sí
amén hechura del padre
almas y versos por ti
aulas y regla que arde
viejas ideas y plumas
ecos cubriendo la tarde
memoran penas y brumas

 

Esa tarde un tanto asombrada por las luces de una buena nueva, Arnulfo me trajo otra obra desbrozando sus sienes y me hizo mirar el cerro Angollca hasta el Sol de los Incas y el nido del Cóndor. Todo parece “Ensueño del Cielo” – uno de sus novelas que una vez prologué y presenté – Estoy en mi trinchera viviendo el fragor de una “Tarde Soleada” saltando a mis sienes su alerta temprana: ¡Hay que hablar del Perú! Se derriten los Andes…  mientras duerme el país.  Y es que…

Perú es uno de los países más ricos en patrimonio turístico, no sólo por los invalorables restos arqueológicos que abundan en nuestro territorio, sino por ser partícipe de la transmisión oral que abunda en cada habitante regional de un territorio que vale más que sus ricas fuentes inagotables; como las vetas de oro, sus minerales cubicados, sus miles de plantas medicinales, sus oriundos alimentos naturales, sus ponderosas argentas, su Mar de Grau increíble, su cuenca del Río Amazonas y, por supuesto, sus tradiciones y costumbres, etnias, idiosincrasias, atractivos turísticos grandes. Testimonios y patrimonios de la grandeza peruana ¡Este es el impacto de su fiel escritura! Por eso…

No es sencillo corregir estilos, gramática, sintaxis y otros aspectos más si hay que suscribir de aquel vergel de memorias y pensamientos plasmados y encomiar lo inevitablemente valorativo. Es que, los textos son flores que hay que mirar sin tocar.

Me senté absorbido por las narraciones de Arnulfo, hijo, como los vástagos del mundo, trayendo la gesta del padre y el podium divino de madre. Fue sacra esa tarde, lo se. Exultada quedó mi estancia porque el escritor describía lo que mi alma sentía por mis padres y mi país aunque le ponga muletas a mis pensamientos.

Consolidamos compromisos proactivos al brindis de un Pisco Sour y vino el amanecer mientras mi hogar era testigo de excepción del lazo que une a viejos escribientes y del entusiasmo que los envuelve cuando se trata de hacer poesía, de burilar a las piedras y desbastar lo que oculta a los hombres, de hacer hablar a las flores. Ah… los escritores formamos sociedades secretas. Bueno. Coetáneos Arnulfo y Yo, gozamos de aquel asilo que se dan a los ancianos cuando el coloquio se convierte en soliloquio y la familia aplaude. Confieso que…

Adelanta mis pasos Arnulfo y respeto por eso su edén donde hay misterioso rosal, tan rojo como sus venas por donde fluyen versos; fechas, días y noches de niño, tardes y auroras de mozo, voces y ruidos del inquieto que renace, crece y florece y suelta su forma como aroma en la hoja que ahora, como página ya trazada, me pongo a carmenar y por eso como la piel de esa flor fui sutil en mi abordaje; inspirado por el viento cuando posa sus eólicas fuerzas sobre el jardín de la vida. Soy un viejo que no corta las ideas con lenguaje y sesgo castellano que con sus reglas juzga la dicción pero no aquella intención de escribir con tinta serrana la eclosión de un andino, queriendo clamarle al mundo lo que es nuestro hermoso Perú. Fue una exégesis tal reencuentro.

Transcurrió momentos más pero sólo un escenario que invitaba y tentaba seguir escuchando y por eso repetimos aquel pisco sour. Fue la esencia del libro que me hizo poner un pañuelo en el surco de la censura sonrojada pues trajo su verbo de antaño aquellos calores de hogar y no pude tangenciar el recuerdo como tampoco cortar esa flor ni siquiera con la intuición que se adelanta para rozarla pero si con el alma perfumarla - néctar que destila el querer - y fue más que ambrosía de la luz ofrecida en comunión. Se debe encontrar lo mejor que sustrae la primera impresión pues faltaba aprender de los pasos de  Arnulfo, por eso calcé sus pesares andinos y con él entendí por qué de los andes a la costa cargada y de todo el Perú al mundo que espera.

 

Sorbí OH tierra querida

tus años y genes por mil

tez vieja de cumbre real

flameando verso y candil

al son de huayno espacial

 

Si los hombres pasan y las obras quedan, tuve que unir más ideas con aquel sentimiento y saber desear lo mejor para el resuelto escritor que sólo intenta hablar del finito que se ahoga en el cosmos.

Se trata de un peruano que enaltece a su terruño y que no se demora en clamar ¡Viva el Perú! y ¡Viva! Repetirlo por siempre en proclama de libertad, igualdad y fraternidad; entonando en aquel patriótico silencio que enarbola el cóndor, señor de los Andes: “Somos Libres”  por la riqueza natural de nuestro país que se traduce en un importante patrimonio de la humanidad – “Seámoslo siempre” - porque es apenas conocido por los científicos y mucho menos por nosotros, simples curiosos de nuestro entorno. El calentamiento global está afectando directamente a Perú. ¿Qué pasará con el picaflor de los Andes, el agua y el bastión ecológico de los pueblos del mundo?

La Cordillera de los Andes representa el más extremo relieve topográfico en Sur América, extendiéndose por toda la costa del océano Pacífico. Estas montañas se han formado principalmente por la convergencia de las placas tectónicas de Nazca y Sur América. La placa tectónica de Nazca se encuentra en el este del Océano Pacífico y se desliza debajo de la zona oeste de Sur América, causando crecimiento en la corteza terrestre y efectos volcánicos. La costa nor. Oeste de Sur América es otra zona donde las placas tectónicas convergen. En esta área, la placa tectónica de El Caribe se desliza debajo de la placa tectónica de Sur América y forma la extensión nor. Este de los Andes.

Los Andes tienen los paisajes, la vegetación y el clima más diverso de cualquier macizo montañoso del mundo. Abarcan 200 millones de hectáreas, recorren más de 8, 000 kilómetros del occidente sudamericano, atravesando siete países. No sólo cruzan los Andes todas las zonas climáticas hasta la Antártica sino que además tienen las cimas más altas después de los Himalaya, lo que produce un espectacular efecto de sombra de lluvia. Estos factores ayudan a explicar por qué el terreno andino varía desde la vegetación exuberante hasta los paisajes más austeros. Sus ecosistemas únicos pueden ser tan húmedos como los páramos, las yungas y los bosques nubosos situados a sotavento y los bosques perennes del sur, que pueden ser tan áridos como los altiplanos, con escasa vegetación. En consecuencia, la flora y la fauna de los Andes es igualmente diversa y única.

 

Verbo en mi yo comunal

es Tauca y gente nacida

docencia y níveo toronjil

polleras y tarde soleada

campos, flores hasta el fin

los cambios y fe patronal

clamores y plaza corrida

 

El estilo de Don Arnulfo es la semántica de todos los que miran más allá de lo evidente, su habla es natural como el infante que lacta sin lesionar pezones. En su “Tarde Soleada” el idioma ancashino se hizo universal convirtiendo mi escenario familiar, frente a mi computadora, en plataforma transnacional; así que me di otro salto zambullendo mi crítica calma en el juez que cela mi oscuro gabinete de reflexiones ¿Qué persigues OH triste conciencia? ¡Mejor critico a mi yo y corrijo el estilo de mi vida! Mejor analizo mi peor cognitivo y sustancial, porque la astilla lancina el ojo perseguidor ¡Mejor no veo cruces ajenas! Entonces…

 

Aroma del beso y amada

encanto y puna florida

¡Tauca como mi madre!

 

“Vi” a los niños andinos llevar en sus tiernos deditos el escudo y pendón nacional flameando un 28 de julio con sus prístinos años de primariosa escuela regular, sin saber ese niñito por qué el pueblo aplaude y vitorea cuando sus ojitos sólo buscan y miran un rostro y nada más ¡Mamita me está mirando! ¡Ella planchó mi uniforme! - Arnulfo fue brigadier en su Escuela Pre-Vocacional 295 de Tauca - ¡Me ha dado mi avena con manzana y su diaria bendición! Y en idioma infraverbal… madre y niño se abrazan a la distancia, sacando de sus secretos la voz interior que resuena a los pies del Dios Creador y si el Gran Hacedor los entiende ¿Quién se atreve a soltar un baldón? Ni sabe el niñito que lleva un sagrado y real bicolor que costó miles de muertes; ni sabe aquella mamita que su hijo es el futuro de un hombre entregando sus libros para hablar de aquellos instantes en que hubo una vez… hace ya muchos años… cuando los ojos se buscaron e hicieron inmortal el amor divino encarnado en los andes ¡Eso fue lo que del fondo mensajero sentí al leer y releer esa “Tarde Soleada” en mi noche solitaria en que un reproche furtivo me quitaba el sueño ¡Cuánto no conozco del Perú! La gente aplaudía el paso compatriota en el día nacional. Corrían también mis diarios, y, compenetrado en la obra de Arnulfo,  tal vez como niño del ayer que recuerda su primer desfile o como viejo que presiente el latir de los civiles heridos para llamarnos peruanos sin fin, me dije…

Que el niño corra como quiera, que la madre ame como desee y que las manos impolutas siempre flameen nuestra bandera peruana, es desear lo mismo para que los escritores escriban y narren al mundo que así son los paisajes vividos, sin latitudes ni puntos cardinales; desde los Andes hasta las costas, desde las cumbres serranas hasta las playas del orbe y aunque la nieve roja se vuelva y las lluvias vengan con galgas: Nadie se atreva a juzgar lo que canta y exalta la pluma si es más que la emoción lo que azuzó al escritor y poeta ¡Sí! Es cierto… ¡Volví a leer este libro antes de sugerir lo que persigue y ordena el ortodoxo lenguaje! Y como crío de Tauca… corrí por sus calles.

 

Corregir un libro fidedigno es soberbia y arrogancia que empujan a los egos, lo sabemos, porque no se pueden cambiar a las cimas ni rellenar a las quebradas y menos gritarle al cielo ¡Detente universo andino! ni tampoco que una nube no nos moje con su llanto o mirando a sus dominios desfogar una protesta y en resonancia clamar ¡Paren al mundo que me quiero bajar!  Las sombras decidieron por mí pues la lengua y gramática castellana hicieron lo suyo y punto. El libro está bien y amén.

 

Arnulfo es un poeta que acerca al universo una piedrecilla al azar. Lo saben los Andes.

El mejor camino es el que se anda dos veces.  En el cosmos todo es un punto como aquel fragmento de roca en la mano de escritor: Una letra forma oración y un punto la línea infinita ¿Vale la pena escribir aunque prejuzguen terceros?

Asesinaron al Mesías por el delito de amar  ¿Se debe hacer otro tanto, con escritor nacional que trasunta sólo verdades, una y otra vez? – 18 obras lo confirman - Así Arnulfo puso a mi auscultar no sólo el material ya disponible en la mesa de mis privados, sobre la naturaleza del Perú y sus habitantes andinos, sino que yo cuente y sume a la vez con el correspondiente soporte evidencial e información de los espectros turísticos especializados, como turismo de aventura, caza fotográfica, observación de aves, flores, plantas, botánica en general, insectos, antropología; en una extraordinaria mezcla con los rezagos de una civilización, la incaica, que día a día nos va develando sus misterios. Hice turismo virtual con Arnulfo esa tarde. Por ello…

En la agitación censuradora de mi tarea correlacional, los hinojos me pidieron contemplación ante la inmensidad del paisaje andino sin hollarlo como viajero, sin caminar extasiado – cual viaje astral - por sus entrañas intocables, sin buscar por las alturas sus secretos enjoyados; sin indagar precedentes de los cuentos y leyendas que levantaron monumentos y para no sentirme montaraz pequeño remonté como un cóndor que entre sus plumas majestuosas pasaba este mensaje que vuela y revuela venerando al Hacedor por dejar de temerle a lo desconocido y porque gracias al escritor Arnulfo Moreno puedo agradecer, hasta refocilarme, por todo lo que voy a conocer y entonces soñé con la tierra prometida… mientras ese cóndor hacía de paloma mensajera…

Leer una Tarde Soleada fue lo mismo que viajar. Ah… magia del pensamiento. Ahora comprendo cómo la luna se presta para que los amoríos compliquen vidas desnudadas con los terrenales jadeos; cuando el si y las promesas fusionan las pieles sin prejuicios ni lamentaciones.

Exhausto como en noche de casados puedo decir que ya conozco Tauca, que he viajado por andenes regando mis semillas mortecinas, que un huayno me ha hecho sollozar como aquellas libertades que se ganaron con martirios y que me puse las ojotas de campesinos, agricultores, pastores y comuneros; que viajé hasta las cumbres sobre alfombras heladas y mis páginas desde donde ahora me siento Tauquino porque peruano ya soy ¿Es esta la intención de Arnulfo cuando habla del Perú desde tu tierra natal? Así retorné de mis sueños sin haberme consumido en pesadillas. He corregido algo, por Morfosintaxis y empatía, lo se pues tengo ahora doble membresía: Soy costeño de nacimiento y andino de sentimiento. Prometo soltar mis cenizas, arriba siempre arriba, más allá del Huascarán. En holocausto dichoso diré por siempre: ¡Soy peruano y gracias Dios mío!  Y, claro, como deseo ser costeño, selvático y andino porque todo es Perú en mí…

Las aguas recuperaron su nivel y ya nada nuevo brilla bajo el Sol pues aunque los ríos se discurran raudos hacia el Mar de Grau y la luz de las auroras espejen a las nieves… habrá paz en los Andes para todos los que deseen refrescar sus almas, mentes y corazones, habrá lagos sin tormenta y olas que no inquietan, habrán instantes donde la quietud de las cumbres, los ríos como hilos de plata… son recursos y escenarios donde el Yo es único dueño de aquella grandeza que se aspira cuando la tierra y el cielo se juntan ¡Así es nuestro Perú! ¿Hay historias de un costeño que en sus ansias elevadas sólo está en su nido seco y el árbol gigante del parque enrejado, con el policía secreto oteando demonios y atentados? ¿Hay historias así en los Andes? “Los Andes son gigantes pero te dan la bienvenida”… dice Arnulfo.

Por eso hay luces fantasmales junto al chispazo del recuerdo en el coloquio de gregarios poetas y escritores como Arnulfo. Hay más que años juveniles de un hermano de la pluma que hace revivir sus pasados y quien tiene en sus acopios libros y más libros, promovido por las voces apremiantes que le dicen ¡Escribe serrano, escribe! Y las raíces, casas solitarias como las de Tapugón; los hechos que rescatan al corazón insensible… grabarán en los emigrantes del surco andino, como se escucha por la costa: “Todos vuelven al lugar en que nacieron” porque nunca olvidará el que ama de verdad. Hoy es invierno en Lima pero es mi “Tarde Soleada”…  “Ricas montañas, hermosas tierras, cumbres nevadas… es mi Perú” - ¿Qué debemos hacer para que nos apasione nuestro país? – me preguntaba Arnulfo…

Tauca tocó los hombros del escritor Arnulfo para que cargue la cruz de la audiencia ayer callada ¿Puede alguien repetir una historia del mundo sin páginas no leídas? ¿Se puede pensar sin imágenes? Arnulfo le pone palabras a los intensos panoramas que se imponen como tsunamis con sus contiendas callejeras, su trajinar por las quebradas, su paso por esos pueblos que se pintan navideños de una montaña a otra. Ah… ¿Y los corrillos vecinales? ¿Quién mató al abigeo? ¡Ay, papacu tatacu, allí está el gambusino, allá viene el pishtaco; uyuyuy mamay! Que largas son las distancias que separan fronteras cognitivas ¿Cuánto sabemos de lo nuestro?

El fondo del libro de Arnulfo nace de una tragedia ¿Fue justicia andina? ¿Fue un golpe no deseado? El delito fue callar lo nunca se quiso hacer, pero la gente de Tauca temía a la injusticia ¿Cuántos siglos más pasarán para que todos seamos iguales aunque la geografía accidental nos separe lugareños?

Creo que esperaré porque los Andes allí estarán. ¡Qué imponencia, maravilla y espectacular enseñanza me deparan los tiempos que no viviré! Errante seré sobre todo lo que es inmortal.

Solamente viajando o leyendo se acopia cultura y saber ¡Es la génesis del mundo! Y Arnulfo, desde su libro número uno algo dice del Perú como su tarde de ayer hasta hoy en tan soleada imagen que me hace pensar y pasar por un compendio vulcanizado de su ser honesto y combativo, páginas de hogar que venera con su esposa e hijos tolerantes, calles y arrebatos que gritaron - ¡Allí va el papá de Arnulfo! –  Señor Juez buen día – y fueron sus gestas con sus Fiestas Patronales rutilando creencias lugareñas que inspiraron al hombre natural, fiel a sus verdades y ancestros: Un Perú y sus silencios con mucho que decir.

Ripley no es andino, pero es desde este ya aforismo que nos planteamos honestamente como peruanos exacerbados ¿Por qué se dice - parafraseando a Don Antonio Raimondi - que el Perú es un mendigo sentado en una banca de oro?  ¡Increíble! ¿Verdad? Ah, compatriotas dispersos por el planeta bendecido…

 

Protestemos sí alguien detrimenta nuestra belleza territorial.

 ¡Imagen viene a la mente y ya se puede pensar! Así lo afirmaron los sabios que iniciaban en la luz que adultece a los primeros trasuntadores de los hechos que abrieron las mentes, que fueron sus huellas repetidas surcando a la conciencia con semillas del principio; un sencillo testimonio juntado en los tiempos de escritor, donde los que luego fueron maestros legaron generaciones a la creciente humanidad, para recibir del infinito el sello de Grandes Maestros, luego partieron los Amautas como las hojas del veranillo de sierra de este mundo terrenal y en una noche misteriosa, tal como vinieron, se fueron de la Sierra por la tensa migración; “tentaculizando” a la capital que ahora es saturada por los telúricos avances de una población todavía segmentada.  Y…

Leyenda tras leyenda, va un pueblo serrano pidiendo redención. Si se juntan los pueblos andinos el mundo entero temblaría.

Duele graficar del cómo desaparecieron tales hitos parlantes. Voy a resumir de sus legados que dieron como arenilla al asiento cerebral porque de esta hacienda nacional se alimentaron y nutren los  escritores de ayer y de hoy, donde Arnulfo es sólo una petequia del átomo que en corto circuito del cosmos encarnó en Tauca – Pallasca, esa humilde y grandiosa obra natural y bella por sí misma: El mundo andino de Ancash, donde los primeros habitantes de este continente fueron los humanos que se cobijaron en las Cuevas El Guitarrero de Ancash; luego vino la historia diciendo que el Perú nació serrano. ¿Entre andinismo e hispanismo? ¡Leamos cada libro de Arnulfo y sepamos decidir!

 Leamos en alta voz para que escuchemos los susurros del silencio que trae de todo más el murmullo de los interiores... conciencias que gritan más. Con un hijo, la conciencia de una madre…

 

nunca una persona debe comer sin que previamente no se haya participado o invitado al vecino o a quien se encontraba a nuestro alrededor o a quien venia de visita a la casa, al despedirse siempre tenía que obsequiarse o compartirse algún producto que se había cosechado o alguna fruta que producía…

 

Los andes del Perú nos dicen que, como era el universo así eran los segmentos y como era la población así eran los individuos ¿Alguien tenía que cambiar las condiciones y superar a los imposibles? Estos personajes resaltaron de tarde en tarde soleada mientras la humanidad aprendía a encontrar valores agregados dentro de tantas crisis: Aparecieron los "tocados" por las chispas del deber, desde el firmamento tabú hasta las estrellas del cielo andino.

Como el Perú son los pueblos del mundo que por sus ritos promocionaron las verdades itinerantes de los Rabí, Gurú, Lama, Si Fu, Sensei, Chaman, Catedráticos, Docentes y millardos de Maestros y "Profes" que aparecieron, precisa y justamente, porque encontraron a la humanidad en un terrible CAOS;  enseñando que el desorden espacial fue bueno porque siempre aparecerá la concordia después del desconcierto; desde la era en que se rasgaron los tules oscuros del nacimiento de la razón y porque a partir de estos sesgados velos se visionó a la luz, que es para quien la ama si busca a la verdad, su fiel y real instrumento.

 Con los pueblos y amautas acontecieron las revoluciones y los ejes de la mutación lubricados quedaron y fueron. El libre albedrío puso nombres propios a los puntos geométricos, las geografías se volvieron continentes, nuevos escenarios bajo sus olas se ocultaron conmoviendo a las metas que asustadas se escondían dejando caminos libres a los antuviones porque la demografía golpeaba incesantemente el rostro de las civilizaciones; agitando al mundo que gestaba y consentía penosas cargas sociales. Son testigos los Andes. Sino creen, no pasen por la Sierra porque un huayco amenaza.

Entre el Kulli, el Quechua y el Castellano… la luz se hizo sombra y el poder amaneció temprano porque la oportunidad de crecer con los cambios se aletargó y las masas populares perdieron dirección al confundirse con el capricho limitado de sus ostrácicas fronteras que en vorágine entrópica convocaban estrellas fugaces  y credos para ordenar a sus dimensiones bajo el filo de las espadas y armas encimadoras, estacionando falsos dioses y mitos en mentes, almas y razones hasta que la inmensidad tuvo dueños horribles mientras la dicha pesadillas. Cuenta así Don Arnulfo.

Asustó lo desconocido porque los antiguos temían a los cielos, a los mares, a los volcanes; rayos como las bestias y dormían con sobresaltos penando por sismos y temblores que despertaban como las trompetas de Jericó o los tremores de las hordas conquistadoras. La naturaleza enredaba a los pensamientos en la maraña de supercherías, fantasías y procacidades. Malas raíces, cardos y ortigas crecieron con los pelos y barbas del humano que gateaba sapiente. Siguen allí esfumados los sabihondos pero Arnulfo Moreno evidencia y narra de ello en su libro.

Todo fue un caos al comienzo porque los elementos que conforman a la vida no eran entendidos como misma naturaleza sino como magia inducida ¡La ignorancia reinó en las mentes más que en los bolsillos! y el caos tomó asiento como rey del oportunismo mientras a su derecha ascendía el arribismo luciendo en su diestra el mito religioso.

En una de esas tardes soleadas de la sierra, surgió el fundador de escuelas y templos del saber para que la humanidad aprenda que no es bueno temerle al caos sino que hay todo un edén de goce y abundancia por lo que se aprende.

Los pueblos recibieron sectarios conocimientos y así los iluminados adoptaron a pocos elegidos quienes siguen con lenguas muertas su meta hasta la perfección. La vida continuó, la tinta recargó más venas, de grana se volvieron las nieves... mucho es pena y trauma. Por eso…

Los cambios arrancaron coronas, las cabezas fueron aluviones, las banderas flamearon solas y las formas trajeron calosfríos posicionando los efectos del caos sobre las masas confabuladas para  entender lo que es libertad. Este principio diseñó estandartes, escudos, pabellones e insignias. Los pines aparecieron siglos después cuando se extendieron las franquicias.

El caos fortaleció a los pueblos y aunque la paz reinó y las aguas se calmaron... saltaron las corruptelas y los intereses escondidos se volvieron enjambres sobre las cabelleras postizas. La igualdad se promovió y la hermandad se instaló con sangre de inocentes ¿Por qué? Tal vez porque los "dueños del Perú" postergaron sus agendas escondidas.

Los Grandes Maestros prosiguieron: Se instaló el gran templo del saber bajo la filosofía que enseñó la mejor práctica de las virtudes para trabajar los buenos cambios con la condición de callar y obedecer. Su majestad fue el libro y su sangre azulada, como torrentes luminosos, las antiguas y apergaminadas escrituras. Los sabios se encorvaron, las lenguas transmitieron novedades, las cosas tuvieron nombres, los jardines donaron colores pero los males continuaron y los envolvieron con penumbras porque alguien lo permitía. El amor marchitó un rosal o tal vez una flor de Cando...

El caos universal volviose personal desorden y se escucharon otros ecos y tambores desde el valle de los oprimidos. La revolución se tiñó de sumisión. Las autoridades policiales colaboraron con sus desmanes y excesos que los pueblos de los Andes les pierdan el respeto pues un pueblo así toma la decisión de gobernarse y reglarse sólo – narra Arnulfo –

El desconcierto tiene un podium para el cerebro profano, cunde la peculiar persona, la actitud y el pensamiento individual... el caos se vuelve monopolio y la industria de lo indispensable se llama pobreza tonta.

¡Abajo! Abajo de los Andes crepita el tren de olas para el momento final; el hielo acompañará, el fuego brotará de las entrañas. No habrá altura que proteja al humano mientras tenga cuerpo de mortal ¿Qué asuntos de la creación han quedado insolutos?

Como era el universo tal cual eran los segmentos y como era la población así eran los individuos ¡Alguien y algo tiene que cambiar las condiciones para vencer a los imposibles! Mas la humanidad sigue aprendiendo de sus calles en lugar de encontrar valores dentro de sus crisis internas.

Los Maestros, aprendices y los templos de la cultura, el arte y la intelectualidad, están en la oportunidad postrera, cual bastiones de ética y moral. No se habla de fábricas humeantes ni obreros de celdas abiertas pues tiemblan los andenes y la natura florece con nuevas enseñanzas. Información y conocimiento recibamos para ser bienvenidos en la evolución, percibiendo y aprendiendo para aplicarlos en la vida  natural por más dura que sea la ley, con mejores y mayores rentas ante aquellas exigencias que demandan las calidades, de la vida y el buen morir.

 

en tanto desconsuelo, un viento entristecido enfría los huesudos aspectos del pueblo…

 

Necesitamos incrementar valores, con especial dedicación, por y con aquellas virtudes que maniataron los intereses. El pueblo debe aprender que el conocimiento premia, finalmente, con la diploma del virtuosismo y que con este logro se obtiene y consagra la presea del prestigio. Lo primero que hace es protestar: ¡No a la corrupción!

 

La Guardia Civil y en los pueblos de mi Provincia era muy temible, odiados por todos y maldecidos por la pobre gente; por abusivos, por borrachos, por violadores y asaltantes, por inducir a las coimas, por chantajistas, siempre propiciaban el soborno, eran valientes y groseros porque poseían armamentos y andaban con polainas y espuelas en caballos, que les proporcionaba el Jefe de Línea de la Guardia Civil, que funcionaba en la capital de las Provincias. Cualquier persona inocente e indefensa era inmediatamente maltratada y  golpeada, con los gruesos zapatos negros de espuelas  y polainas que ellos acostumbraban a usar

 

Luzcamos en nuestros seres la fulgencia de nuestros prestigios y no las joyas o  riquezas que no se llevan los muertos. Basta de pedirle oro a los Andes. Demos gloria a la tierra, la eterna madre que tanto insiste. Apoyemos al escritor.

 Decidamos antes del aciago día junto con el epílogo de este mensaje: Si antes hubieron indistintos niveles - capas - sociales, y todavía se encorva la dignidad ante la subordinación a estamentos como esa alta, media y baja; como la pobre y la rica, como la ignorante y la sapiente...

¡Hoy! Es necesario que hayan sólo tres niveles: Aprendices, Maestros y Grandes Maestros. ¡Sí! Hoy, pues mañana será tarde. ¡Arriba, siempre arriba, como la montaña de Tauca!

 Que no haya estrato alguno que subsuma al Perú en fiestas de aquelarre porque el humano es su propio Dios aunque que éste no lo sepa o, tal vez, su ego propio el demonio que no le agrada reconocer.

 Hermandad del orbe creed que siempre tendrán a su lado un libro y escritor volteando la esquina de la existencia o levantando esa piedra en el camino de la vida que nunca se detiene, para que sepan que nuestro Perú es más que riqueza regional, para que no tropiecen los turistas y visitadores con pincelazos irreales sino sienten que el Creador derramó sus gracias en Tauca, un hermoso distrito peruano y amen hasta la vejez como aquel desprendido juez que fue paradigma del autor de esta obra y libros más ¡Hurguemos en aquella verdad! Pues las aguas recuperaron su nivel. Que no bajen los Andes a la costa ¡Qué suban los costeños a la sierra! Porque allí se respira libertad.

Todo esto dice Tauca en una “Tarde Soleada” Así y hablando a los cuatro vientos. Leamos, oyendo nuestras voces, este ensayo de un leal afecto del peruano que vio la luz en un pueblito que planea ser grande como el cielo que lo cubre.

Fiel a la sabia eclosión que le concedió la natura serrana al compatriota, escritor y poeta Arnulfo, por sus raíces familiares que se enredan entre los pasajes perdidos de los Andes – picos altos del mundo que cosquillea los pies de Dios - y por el premio accesitado que luce en su pluma, libro tras libro, con preseas por graficar y por acopiar más y más amigos del panorama terrenal; pensando en el futuro de esta señera Nación de América del Sur: Nuestro glorioso Perú. ¡Lee! Me decía el insomnio.

La verdad es para quien la busca y la luz para quien la ama – insisten los ecos andinos desde el rincón solitario de escritores y poetas -  por ello es preciso exaltar esta tierra que le dio vida e historia al autor de esta obra: El distrito Peruano de Tauca, uno de los once que conforman la provincia de Pallasca en la Región Ancash. De topografía accidentada, con laderas y pequeñas planicies que originan las cuestas y las bajadas en sus calles, con un área territorial de 209,12 kilómetros cuadrados, con una población Tauquina de 3.500 residentes y una tasa de crecimiento anual del 1.5 %  Entre ellos corrieron los años de Arnulfo.

Tauca es un pueblo legendario, con más de 3000 años de historia y de cultura, tierra prodigiosa, testigo de múltiples generaciones, con hermosas tradiciones e ideales que enaltecen su grandeza; por que los nacidos de sus entrañas como los tantos sin haber nacido en ella, han labrado un horizonte de prosperidad, unidos somos parte de esa prodigiosa patria chica que figura sin mengua en el Perú profundo.

Situada en las faldas de las colinas: Caquia, Corazón de Jesús y Cagoma, que al pie tienen las hoyadas de San Jerónimo, La Pampa y Ayahual. Topográficamente está protegida de las fuertes corrientes de vientos por el coloso Angollca – inspiración para “Ensueño de Cielo” del escritor Arnulfo Moreno Ravelo - y las citadas colinas.

En Tauca, ubicada en la provincia de Pallasca, departamento de Ancash, Perú, a una altura de 3,366 msnm, se habla el castellano con breve acento regional usando muchas palabras de la antigua lengua Kulli y algunas de la lengua Quechua – el corazón andino late detrás de cada palabra castellana - Goza de un clima maravilloso, buen sol, aire puro y suelo seco, geográficamente se puede disfrutar de tres zonas climatológicas, como: Zona Baja o Calaball sobre 2500 a 3000 m.s.n.m. clima cálido, pleno de arbustos y pastizales en la zona de Calaball, y la zona cultivada de Matibamba y Hualalay.

 

“Viajando desde la costa peruana del Pacífico hacia las cumbres nevadas y después hasta el territorio amazónico, y esa inmensa llanura, es como si uno viajara desde el la línea ecuatorial hasta las zonas polares. Se puede ver todo lo que hay en este planeta" ("Hacia los orígenes del Amazonas" Libro de Bohumír Janský)

 

No me asombraría que mi hermano de la pluma y par de hiperestesia, como Arnulfo, piense en su libro 19. Tiempo será de sentarnos uno al lado de otro, en la escudilla del destino, a ver si pasamos juntos por el umbral de los perfectos, escabulléndose la pluma por los pórticos solitarios de la balanza divina; trance donde los escribidores nos columpiamos al son de lo vivido y con la pesa como espada de Damocles con lo mucho que falta por hacer a favor de la imagen geometrada de nuestro amado y maravilloso mundo. En los Andes del Perú no hay fábricas ni smog.

Con ese triple abrazo al símil Arnulfo Moreno y a los pares que nos siguen, volveremos a escuchar los aplausos en el momento de la presentación de “Tarde Soleada” en la hora y lugar que este buen libro de peruanismos, regionalismos y telúrica fuerza que roza el cielo y se agacha para retar nuestro mar y se discurra en la mente, alma y corazón del ciudadano del mundo, tengan escenario propio… ¡Cuando acontezca su irradiación!  El banquete espiritual extenderá sus manteles. Congratulaciones, somos Hermanos en Acción.

Lectores y Escritores del mundo: Este exordio rebasa la emoción. Sólo decir, no corregir, que mucho más debemos conocer su belleza y riqueza ignoradas invitan a salir de uno mismo.

Juzguen la excelente intención del escritor, de quien es justo y noble exaltar su fervoroso patriotismo tan causal como el vuelo del majestuoso Cóndor y agregar antes de introito que: Arnulfo Moreno Ravelo nació el 15 de Agosto de 1940 en Tauca, Pallasca – Ancash. Estudió Letras y Derecho en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Ciencias Administrativas y Sociales en la Universidad Nacional Federico Villarreal. Funcionario y Director en la Administración Pública. Asesor. Miembro de diferentes instituciones culturales y asociativas. Abogado.

Perseverante  escritor  y  poeta, autor de 18 obras literarias, como:  Vida nostálgica 1961,  Pasaje a través de un sueño 1964,  Eufonías de la noche 1967,  Rebelciáticas 1967,  Rosal 1967,  Zurriagal 1968,  Suburbiales 1968,  Hojarascas de la ciudad 1969,  Florinel 1996,  Sonrosado amanecer 1996,  Neblinas de invierno 1997,  Las piedras se aman 1997(Ensayo filosófico), La casa de Tapugón 1998(Canto en prosa),  Espigas de plata 1999,  Ensueño de cielo 1999(Ensayo de la esperanza), Amanecida de azucena 1999 y  Aurora natural 2005(Ensayo del naturalismo expresivo). Medalla de oro por la Federación de Escritores del Perú  Laureles poéticos por la Asociación Nacional de Escritores y Artistas (ANEA) Secretario General Nacional y Representante Internacional Plenipotenciario en varios eventos literarios de poetas y escritores a nivel Internacional de la Casa del Poeta Peruano, otorgándole la Medalla de Oro de la Eficiencia. Secretario de Cultura del Instituto Cultural Ancashino, Secretario de Cultura del Club Ancash, condecorándole con el más alto grado de GRAN MERITO en reconocimiento a su fructífera labor intelectual, Asociación Las Vertientes, Asesor Legal del Directorio de Prensa Ancashina y Presidente de la Asociación de Ex Alumnos del Colegio Nacional Pallasca – Ancash.

Coincido con Arnulfo como peruano y peruanista. Viejo escritor que amanece con letras enredadas por sus canas y engarfadas en las sienes. Calvo yo y no él, aliso mis recuerdos sin pensar en las caídas de mis años tan vividos con esos pelos y sudores que se fueron en el dulce vivir.

Retorno, finalmente, a los fueros del trajinante acontecer entre el humano y existencia, pidiendo al espíritu de mis carnes ¡Paciencia mi hermano, paciencia! Llegará el plácido instante de caminar por los Andes y respirar la libertad por esta independencia que instalaron los bardos el día que gateamos de la cuna para gozar emancipados de rondas y de cadenas, como me ha enseñado a sentir el buen libro de Arnulfo, nada menos que en una Tarde Soleada.

Vendrá aquel momento en que otearemos al infinito para sacar este silencio que agita los interiores: Paz y grandeza a la vez en aquel ansiando momento que sólo se encuentra arriba siempre arriba, más allá del techo del mundo.

Dichosos los que nacieron rodeados de magnificencias, donde el humano nació y encontró todo en su palma. Tauca es una bendición y ella es una muestra de lo que hay por los Andes; hilos de aquella orla de la túnica de Dios. ¡Sientan esto los peruanos! ¿Cómo será más allá de las nieves, cumbres y los cielos?

Este es el Perú que presenta Don Alipio Arnulfo Moreno Ravelo y de esta forma induzco el exordio que funge de puente de los egos. Es pregón de mi alma frente a un escenario sito en un extremo de tal y fuerte unión porque con estas palabras que preludian una obra regional trascendente, llego al alma de aquel auditorio que se llama público que lee – otros peruanos, vecinos continentales y mundo globalizado - y por esta causa y efecto ya seremos el espacio espiritual; fusionados para valorarnos nosotros mismos por la grandeza de un planeta que todo lo tiene ¡Cuidémoslo! Hay países que viven y dependen del turismo y nada más y otros que devuelven a la tierra despojo y destrucción. Es bueno amar a la tierra como lo hace Arnulfo y esto hay que apoyarlo y festejarlo.

Desde esta palestra ensayo mi gratitud y reconocimiento ante Arnulfo por esta digna ocasión de escribir sobre su pluma con puntuaciones dirigidas y aunque subliminalmente haya manifestado la necesidad de una academia de letras para el escritor y poeta que nace y es titulado como tal, por obra y gracia natural, ingénita y voluntad del divino constructor y formador de huestes híper estésicas: Hay que graficar de lo grandioso dominando esas realezas que nos hagan par con lo creado pues una rosa y otra rosa hacen un edén. No hay retórica más bella en el habla y el escribir que la enriquecida con la lengua y gramática castellana. En esto hay que ser, por lo menos, algo ortodoxo.

Si Arnulfo habla del Perú, es mejor hablar de su libro. Defiende al pueblo en su fe.

 

La vida es muy dura para los pastores de las jalcas, la vida es un acontecer en el desconsuelo silencio diario del hombre andino, es el sabor más amargo de la injusticia en que vive el hombre. Ahora si puedo entender, por qué los hijos de las madres de la sierra son melancólicos y afligidos, son entristecidos en sus miradas y sumisos al sol y a la luna, porque son los únicos horizontes de sus esperanzas mientras vivan olvidados, llevan el corazón herido a profundidad de la tristeza solitaria, por el desamparo egoísta de la sociedad, por la única forma de poder supervivir a la vida, el ser inocente que viene sin ser traído de ninguna parte…

 

Dejo los cardos al rubro de los críticos con una astilla en sus ojos donde, está la auto censura, para compartir con ellos la cruz de escribir con sangre y la vena en juego; recordando en mis letras finales que hay tres cosas que nunca vuelven de atrás: Una piedra lanzada, una palabra emitida y la oportunidad perdida ¡Qué nadie robe los sueños de un hermano de la pluma!

Sigue escribiendo Arnulfo ¡Sigue! Espero a tu libro 19 pues este es un buen legado que los intelectuales debemos a la humanidad.

Bien por la obra de  Arnulfo y su identidad nacional que enaltece.

Tanta reseña de Arnulfo Moreno Ravelo es lo que la historia resalta en sus anales, por sus mismos coadyuvantes certeros, afirmando que la sociedad de esta zona que ahonda era rural.

Es cierto que el hacendado era un mini monarca por extensión de la conquista y que dueño de grandes fincas gobernaba el campo, mientras el campesinado trabajaba duramente. Desde la época colonial hasta el siglo veinte, Tauca podría describirse esencialmente como una sociedad agraria y pastoril, caracterizada por un extremado monopolio de la tierra con una estratificación social muy marcada. Sólo a fines del siglo diecinueve, la aparición de las nuevas clases urbana e industrial comenzó a borrar la línea de división tajante entre amo y sirviente.

Es esta distinción rígida la que le dio su carácter a la nación para que ahora se verse que el Perú nació serrano. La “aristocracia” terrateniente gobernaba la vida nacional en todos sus aspectos mientras el campesinado iletrado obedecía, claro, sino hubiesen los pequeños (débiles) los grandes (poder) no vencerían ni acontecerían las invasiones y menos las explotaciones.

La unidad social y económica del fundo, la gran hacienda, los pocos dueños del Perú y el sistema social que creaba fue una gran fuerza envolvente para la estabilidad del poder que encimaba a la ignorancia y lo mismo sucedió con la estructura racial del país.

El alto grado de fusión entre blanco e indio, que prosiguió a través de todo el período virreynal y colonial, había eliminado virtualmente en la época de la independencia a las razas aborígenes, dejando una estructura de dos grupos: Una minoría predominantemente blanca – costeña - que contaba con alrededor de miles de personas y otros tantos miles y más de mestizos, una fusión de razas en la cual prevalecía la ascendencia española y no la india. Ninguna de ellas superaba al millón de censados y por eso sobraba espacio en la costa, la sierra y la selva. Este cosmos veló por sus especies, entre ella a la humana y su secuela la andina. Hay sombras de atavismo que se filtran en cada libro cuando se habla del Perú. ¿Cahuide,  Tahuantinsuyo? Los cambios nunca cesarán ¿Peligro o ventaja?

La expansión y posicionamiento del colonialismo tenía por agenda monstruosa escondida el exterminio del nativo andino y regional, pero fueron los Andes y la naturaleza de esta parte del mundo que protegió a sus nacidos como suyos y de esta plataforma resurgió – la historia vuelve a decirlo –  el auténtico habitante andino como fuente monádica hacedora; dimanando sus gotas de energía vital para formar cauces sociales como la de Tauca.

Es, entonces, que el sincretismo promovido por el pasado andino, la influencia incaica, las hegemonías costumbristas, las creencias y tradiciones orales, los dialectos y mensajes cruzados, las culturas que el mar nos trajo, los gestos y ademanes infraverbales y los esfuerzos comunicantes para supervivir junto con el tren de modas y de estilos… pintaron el cuadro popular con lo que ahora somos los peruanos: Una extensión estereotipada – imagen que imita al mundo – donde no se salvaron los costeños ni los selváticos y menos los serranos en donde hubo y habrá aquella oportunidad de enriquecimiento porque mientras más alta la montaña… más tesoros esconde en sus entrañas, entre ellas se confunden metales, piedras preciosas,  minerales y raíces con los huesos y esqueletos de razas y pobladores, de ciudades y estructuras, de vestigios y civilizaciones; cuyos pilares adornan la atracción que el orbe siente por el Perú. Hay diferentes capas sociales si uno busca verlas para y por algo.

Conocer a una parte peruana por la narrativa de Arnulfo permitirá conocer al Perú.

Escritores y poetas, intelectuales y creativos: Hagamos lo mismo pues tenemos las herramientas, gozamos del patrimonio nacional; las regiones nos ayudan, la belleza está allí… ¡Tenemos la inspiración, la verdad que nos hará libres de dogmas, dependencias y muertes anunciadas por frustraciones! Perro que anda encuentra hueso.

Hay inversión extranjera porque saben lo que hacen los empresarios transnacionales ¿Arriesgando sus capitales, sistemas, recursos y personas? ¡Claro que no!

Fijaos cómo sale el oro, la plata, el cobre; las megas diversidades naturales y hasta el agua y el aire del Perú. Mirad cómo el cabotaje marítimo peruano ha enervado sus fuerzas y cómo un país vecino se lleva a sus arcas más de 1’200,000 dólares al año de cabo en cabo haciendo lo que los marinos peruanos no hacen, ved escandalizados cómo se alquilan a países cercanos nuestros puertos y líneas férreas y alarmaos también cómo arriban y se quedan miles de extranjeros, más y más cada vez, viviendo de nuestro Perú y de los consumistas peruanos ¡No nos quejemos de pobrezas ni de la vejez que achaca! ¡No! La pobreza como la vejez son estados mentales. ¡Recuperemos Matarani y la línea férrea de Cuzco!

 

“el mundo se le vino encima del silencio de un color pardo estrellado de la explosión emocional, la naturaleza andina de ese día se partió frágilmente en una quebradiza superficie del tormento, el tiempo se detuvo intempestivamente en un estrépito golpe interno, su imaginación galopaba por leguas y entre esos recodos se trizaban sus esperanzas convertidas en cárceles públicas, en audiencias, en juzgamientos de jueces desconocidos, en huirse y evadirse de ser llevado presos”

 

Parafraseo otra parte del texto que hoy prologo y ensayo a la vez, cuando Arnulfo nos dice que “Los sufrimientos no empañan a los Andes”  ¡Tiene toda la razón!

Que sigan viniendo las inversiones extranjeras y paguen, porque para todos hay en nuestro Perú pero no dejemos que estas se lleven todo y nosotros miremos tontamente porque hay infitinamente y más en nuestra Nación. No nos quejemos, sólo trabajemos. Escribir es una muy buena obra y el Perú una ocasión donde la tendencia fructifica.

 

La vista de los pueblos se vuelve impresionante, conforme las alturas regalan al humano algo inolvidable. Desde allí otro domingo junto al Creador, luego el desayuno compartido con aromas de virtud más la paz de los sueños gestando esperanzas y con ellas nuevas metas…

 

La exploración busca riquezas para quien las desea para si, como el petróleo y el oro en lo profundo del Perú, donde hay muchos tesoros que se van en otras grupas, como el libro que sobre mentes donde posan las razones y esa eterna joya que se llama el saber ¡Ya aprendimos qué hacer y en qué pensar, si ansiamos lo mejor! porque a veces pone Dios debajo de una piedra el mapa de la fuente que se llama libertad.

Entiendo ahora cómo hay un Centromin, Antamina, esa Barric, Southern y más asientos mineros como en Cajamarca, excavando y sustrayendo en el Perú poderes infinitos con metales escondidos y mil cuarzos volviéndose cristales en cuentas personales que no se llaman Tauca sino aquel letrero que anuncia rubros, giros y propiedades más allá de las fronteras. ¿Qué haría un campesino si encuentra oro en su huerto?

El Perú está despertando porque sabe que todo es suyo. Los pueblos rechazan migajas. El Estado es el pueblo y su fuerza es más poderosa que el Tsunami del 2004 o que el terremoto de 1960 en Chile. ¡Esta es la voz que clama desde la “TARDE SOLEADA”!  El Perú para los peruanos. Hay olas de agua, hay ondas de lodo y galgas, pero hay avances humanos donde bostezan los indolentes. Es la voz de los dioses esta voz popular que conmociona cuando despierta. Hay nieve roja, también.

Tienen la palabra y palestra sensibles compatriotas. Como Arnulfo hay mil plumas de escritores y poetas que a veces sostenemos la mano sobre el tecleado computacional con la verdad pensando en los demás.

Un hombre bueno se deja ver en los peores momentos.

De todo eso trata este libro que propicia. Que el amor por el Perú sea como los huaicos, arrasando todo a su paso sin destruir porque el corazón nacional sólo sabe conceder un espacio para crecer con libertad, igualdad y fraternidad.

Brújula fue para mí ensayar en “TARDE SOLEADA” Que los amantes de la lectura perciban en esta obra el farol del mejor camino, si desean conocer el Perú.

 

Carlos  Vera Tudela  De La Gala

 


 

 

La Piedra del Rollo de TAUCA

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Reliquia tradicional de la creencia popular


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

La usanza de un pueblo ha cargado el tipeo con ideas y escritos promovidos por los años personales, el acervo popular y letrado, la época y ciclo que memoro y lo que mi corazón debe sentir; sonriendo al cambiar como todo lo que gira y da vueltas en la vida de persona y población, pero sigue este pensar que vuelco en éste Ensayo de la cultura popular del mundo andino y en mi computadora personal animado por el recurso este modernismo trasuntar que aglomera mis venas henchidas con torrentes populares que emergen desde mis fueros, por intensas añoranzas que no me llevaré a la tumba.

Comparto hoy mis letras sabiendo que los escritores como los editores han dado en denominar “ensayo” a todo aquello difícil de agrupar en las tradicionales divisiones de los géneros literarios y por ello obrando estos recuerdos y escenas desde entonces, con engarce peculiar, para valerme de los hechos que hablan por sí solos en la grupa de contrastes citadinos, rupestres y modos populares de un ensayo del Realísmo Andino: Cabalgo arrinconado por paisajes y espectros nacionales como auténtico peruano, hacia los compatriotas en primera instancia y luego salto hasta los globos y fronteras desde este continente, esperanza ecológica y nutricional del resto del orbe hasta la portada del mundo; tantas veces maquillado por etnias y actitudes y más idiosincrasias del segmento comunal que dictan las costumbres. Sólo trato de caracterizar mis escritos pues las imágenes que viven y me asaltan cada día de estos 68 años de juventud acumulada en ésta tercera edad, que me anuncia cercanas cumbres en el techo del mundo, me hacen pensar… en este ENSAYO DE LA VISIÓN POPULAR DE UNIVERSO ANDINO, respetando el juicio como instrumento necesario en el examen de toda clase de asuntos, pretendo tremolar con fuerza sobre las alturas enarbolando al viento todos los corazones como pendones de alba andina, como joyas atesoradas en colores de banderas cordilleranas o en estandarte representativo de los pueblos olvidados de los Andes.

Suelto de anhelos viajo por mis tiempos, campos indecibles cual perennes sensaciones de esperanza. Sin escoger el camino que mejor se me antoja, porque hay cientos de senderos donde están las huellas de mis mayores y antiguos que deciden que lo más conveniente es el honor y fidelidad que debemos observar al hablar de mi terruño o de cualquier parte de mi Perú. Por ello…

Declaro mi libre albedrío en ortodoxia y taxonomías, avalado por licencia de narrar con la verdad de tierra pura que a veces duele sus perfiles, que no cree en protocolos sino en cuerpos sólidos demostrativos como las piedras; aunque sacudan sentimientos que se guardan censurados como el oro y las leyendas de los Andes y sus faldas, donde danzan las costumbres con los genes cual mixturas de verdosas vertientes; forjando pensamientos de insaciable narrador para decir fundamentado que el país es tema y trato de valor universal.

Comparto mis recuerdos y fugaces circunstancias del pueblo y habitantes, por donde corrieron mis años y aquellas ilusiones, escribiendo con tonos peculiares al son de la armonía que desata la emoción, usando estilo propio aunque atente contra el orden narrativo y local, siempre siendo tradicional, pues mi contexto sólo busca lo perenne, con toda autenticidad, en las raíces de un mundo supra andino que nos va de aquel pasado al olvido en sentido personal y coterráneo en mi Perú o partiendo desde él hacia cada país a donde lleguen mis incansables testimonios de la grandeza regional.

Para el efecto de escribir también en los corazones de propios y extraños, intentando sembrar ideas, he cursado citación al caudal juvenil de mis vivencias, incurriendo a veces en revelar realidades bío graficadas artísticamente y simbólicamente trasuntadas en ciertas partes del libro, con el ánimo de aceptar los temores de los abismos sociales, que casi se encuentran ya distanciados entre los años de mi vida  y las raíces de mi tierra.

Es un estudio de caso mi plan de encontrar la plataforma que difunda los secretos de la naturaleza humana de esta parte del país – Tauca, Pallasca, Ancash - reflejando ampliamente la vida andina de aquellos tiempos y sus personas, como la identidad cultural de pueblos olvidados; viviendo cada recuerdo para dejar plasmado este destino palpable e impuesto por la propia prevalencia de la vida andina peruana. Por ello mi libro no es un escrito que trata superficialmente algún asunto.

El Perú es más que vestigios y valores arqueológicos, más que sus clásicas regiones y atávicos pasados. El Perú es más que guías de turismo receptivo, de aventura y virtuales misticismos que se plasman en diseños evolutivos e incentivos para atraer inversiones en la industria sin chimeneas y podamos dotarnos de esa imaginación emprendedora que nos falta, para poder explotar nuestro mar, nuestros ríos y lagunas, bajo éstos incomparable estratos climáticos entre la costa, los Andes y la Amazonía que son grandes recursos naturales que nuestra patria los tiene como únicos tesoros en el mundo. 

No sólo hay dos cordilleras – la Blanca y la Negra -  y tampoco está reducido el panorama nacional a la costa que vive de importaciones ni a la selva y sus atracciones mega silvestres… ¡Hay más en el Perú, mucho más! Pues fue una leyenda que develó al Macchu Picchu, ahora maravilla del mundo.  Hay mucho que decir y contar de otras leyendas y certezas y de aquellos pueblos que la cima del mundo preserva porque aprendió a existir sin olvidar sus pasados. Tauca tiene más sorpresas dentro su identidad cultural. Pero…

Las comunidades son un grupo de familias que se juntan para colaborar en la provisión de servicios comunes. Cuentan con un territorio para administrarlo y manejar los recursos que allí se encuentran. Se puede dinamizar la sierra del Perú con un desarrollo ecológico sustentable basado en el dinamismo de la comunidad y su capacidad de movilizarse.

Hay tanto que hablar del Perú que sólo contemplando extasiados sus maravillas naturales, consumimos meses y meses hasta caer hechizados – como el caso de Tomayquichua – donde todo está preparado por la madre naturaleza y la mano del poblador desde la historia racional, para que todos los estamentos de las diversas capas sociales al son que desplazan los vuelos y surcos navegantes para que el mundo se quede entre las cumbres andinas hasta que llegue el día de conversar con los cielos.

Creo que todos guardamos maravillosos años de la inédita generación que, con esta expresión literaria, desearía traerles al momento y junto al lector, cada recuerdo de la viva existencia de aquellas épocas y causalidades por medio de la lírica elocuencia familiar que absorbió la sociedad andina; esa dimensión relegada y por ello desconocida o muchas veces lacerada por el tiempo o la indolencia.

Esta fuente, que inspira al alma, he tratado de graficarla conservando el mismo color y rasgo perfilados por nuestra identidad cultural del pueblo que nos vio nacer y a quien tanto debemos agradecer.

Sé que viajaremos como astronautas del mañana para formar colonias en el cosmos como sé que viviremos en el fondo del mundo marino porque la superficie terrena ya superó sus tolerancias, pero… ¿Por qué no se dan un salto a las mesetas andinas que palpitando nos espera, a las explanadas tentadoras y a sus costumbres que alimentan? Antes de seguir intentado conocer los imposibles e imaginar más historietas en lugar de propiciar fantasías, ficciones y mecanismos arribistas de la masa compulsiva, tan moderna a fin de cuentas ¡Conozca el Perú primero! Que sea del dicho a la acción. Tauca sabe esperar pero un Tauquino sabe recepcionar a quien ama como nosotros nuestra maravilla nacional. La madre Gea ha puesto a Tauca en el techo del mundo y así son todos los pueblos esparcidos por el gran territorio peruano donde la tierra se encarga de hacerlos sobrevivir.

Pierde tu vista en el infinito y duerme cuando desees con él, pues entre los Andes y la obra que hizo a la tierra tal cual, no hay calle contaminada; no hay ruidos de motores, no hay red de distribuidores, no hay marchas ni protestas, no hay cárceles ni celdas ni tampoco tentaciones de lesa humanidad. Las majestades andinas te hacen rey de ti mismo y dueño de tiempo, espacio y volumen. Te arropas sin pretensiones. Y si acorta tu vida porque vejez te reclama o tu vida se reduce a esperar al galeno: ¡Salta con tu voluntad, miles y miles de metros y súbete a tus Andes! Comprueba tu libertad porque entre el cielo y la tierra… el tiempo se detiene, respirando los rocíos del nuevo amanecer y recordando cómo en la noche anterior te saludaron estrellas fugaces dejándote aquella suerte; la dicha que apenas o nada se ve en el plano de manifestaciones donde todo es compulsivo superviviendo confrontaciones a salto de mata o penando y temiendo sorpresas del drama cotidiano, hasta quizá el desplazamiento de las tectónicas capas que te amenazan con tsunamis.

¿Sabes?  El cielo y los Andes no compiten el espacio del universo.

Vengan a Tauca compatriotas. Sed bienvenidos turistas del mundo globalizado y vaya mi palabra andina a lectores y escritores, sintiendo que tal vez exultará la dimensión de los tiempos y en sus propias meditaciones, porque el sentimiento del humano aunque sea comarquino o Tauquino… coba profundo su diamante y hondea las esperanzas de encontrar una razón empresarial verdadera a la existencia cualitativa.

La vida de millones de personas, del ámbito rural o urbano, en las cordilleras y fuera de éstas, depende de los Andes. La población de las numerosas ciudades, aldeas y zonas rurales es de origen étnico diverso, sobre todo negros, blancos, indígenas y mestizos. Si bien estos grupos se concentran en las fértiles tierras bajas y en los altiplanos centrales, también hay asentamientos en zonas alejadas y prácticamente yermas. Incluso lejos de los Andes, pocas comunidades de los países andinos son por completo independientes de estas montañas. Los Andes proporcionan ingresos al país a través de los productos de exportación, además de ser una fuente vital de agua potable, energía hidroeléctrica y alimentos básicos como la papa, las ocas, el trigo y el maíz. El turismo es una importante industria floreciente. No obstante que los Andes sean fuente de indispensables beneficios económicos incluso internacionales, la gran mayoría de sus pobladores son de monor recursos y viven de la agricultura de subsistencia y de empleos de mano de obra escasamente retribuidos.

Hace miles de años las mesetas de los Andes estaban densamente pobladas, así como los valles de Bolivia, el Perú, Ecuador y Colombia donde sigue habiendo una población indígena más numerosa que en cualquier otra parte de los Andes, con excepción de Colombia. La población de los países de la región central de los Andes, unos 17 millones de personas, está clasificada como “autóctona” y son principalmente quechuas (descendientes de los incas) y aymaras (descendientes de los Tiahuanacos)

Desde su poblamiento inicial, los Andes evocan una profunda espiritualidad en los seres humanos. Los incas y los tiahuanacos, así como las civilizaciones que los precedieron, consideraban divinas a las montañas y pensaban que estaban pobladas de dioses. Como estos pueblos tenían una relación más directa con la naturaleza entendían la importancia de los Andes con relación al clima y el suministro constante de agua, la fertilidad de la tierra y la abundancia vegetal y animal.

Es necesario organizar un manejo adecuado que evite que continúe el deterioro del medio ambiente serrano. Las comunidades campesinas son las instituciones ideales para encaminar el manejo adecuado del medio ambiente porque las comunidades tienen sus fueros internos y su sistema de autogobierno que constituyen mecanismos ideales para implementar políticas adecuadas de manejo ecológico en el ámbito local.

Persiste la reverencia por los Andes. Los indígenas modernos siguen creyendo que los Andes tienen palacios dentro de las cumbres de estas montañas, como en el monte Ausangate, cerca de Cusco y que los dioses de las montañas protegen a las llamas, las alpacas y las vicuñas silvestres. No son los únicos que creen en el carácter divino de los Andes. Según la tradición católica, en 1870 el Niño Jesús se le apareció a un niño pastor llamado Marianito Mayta. Desde entonces, los peregrinos, convencidos de que Cristo vive en esa montaña, acuden en masa al glaciar de Sinakara, en los andes peruanos, para participar en la fiesta religiosa de Qoyllur Rit'i.

La riqueza andina va mucho más allá pues he tratado de coger sus ramas en carne propia por mis andanzas y registros de mi interior, algunas fechas y datos a la volada por el quehacer cotidiano y a veces sin flores ni rocíos por adversos aspectos del entorno. He ido atrapando las cosas, asuntos y situaciones más importantes de la vida del personaje andino de esta parte del Perú. El problema del agua en Perú reside en parte en la peculiar geografía del país. Una buena parte de la costa en el Pacífico sería desierto, de no ser por el agua que fluye desde los Andes. Más del 70% de la población vive a lo largo de la costa, donde se encuentra menos del 2% de los recursos hidráulicos del país. En contraste, el lado de los Andes que da hacia el Atlántico tiene 98% del agua y sólo un cuarto de la población. Los habitantes de las ciudades cercanas al litoral peruano, son densidades andinas más que costeñas.

Las comunidades campesinas tienen vigencia y experiencia de muchos siglos. Su capacidad demostrada, de movilizar a la población local en asuntos de su propio interés y el hecho de que tengan legitimidad frente al estado; que las reconoce y apoya mediante legislación especial, hacen que las dirigencias de las comunidades puedan ser un vehículo ideal para implementar nuevas políticas de manejo ecológico en el ámbito local.

Las comunidades manejan complejos sistemas de riego, administran pastos naturales, regulan el consumo de recursos forestales, administran la infraestructura común en el manejo de ganado, llevan a cabo campañas de control sanitario para su ganado; todo en beneficio de las familias comuneras que las integran. Además, las comunidades son entes jurídicos que, sin problema, firman convenios para llevar a cabo proyectos forestales y de desarrollo. Por todo esto, revitalizar la comunidad campesina con proyectos de mejora del medio ambiente es una excelente idea.

Dentro de cada caserío del Perú, cada pueblo y cada lugar no divulgado, trata de preservar sus tradiciones y la implícita propiedad de caminar libremente porque el viento de los Andes eleva sus sueños con sus tierras cultivadas, sus ganados y sus productos eslabonados para sostener exponencialmente sus generaciones y por ello corren el grave peligro de saturar sus ambientes con lo que ahora preocupa a las ciudades costeñas: La industria o la explotación descabellada y arrasadora de la ambición permeada por el interés individual y oportunista; que sin tardías decisiones y por “gracias” del gobierno de turno les da en alquiler o licencia hasta exprimir las riquezas nacionales, desplazando a sus poblaciones e implantarles usos y costumbres que desperuanizan a mis compatriotas.

Hablemos de nuestro Perú, protejamos su grandeza y alabemos su realeza.

Esta obra es sólo una muestra de la madeja existencial y del tejido social, aproando rumbo al Sol que a todos los habitantes del planeta ilumina y hace vivir, desde nuestro amado Perú.


 

 

ARNULFO
Moreno Ravelo

  

 


 

NACI EN LA “CASA DEL SAUCO” MEDIA CUADRA ABAJO

DESDE JULIO DE 1945, HABITAMOS EN NUESTRA CASA

Jirón Recoleta Nº 312 hoy 315 (1er.puerta izquierda) del Barrio

La Pampa en Tauca, obtenido de la Revista El Bandero 1997.

(Calle empedrada característica de pueblo andino,
concepción de mis sueños e inquietudes de mi vida)


 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PAISAJE GEOGRÁFICO,  NATURAL Y CULTURAL DE LA CIUDAD DE TAUCA

(Plaza de Armas, Cerros de Angollca y Chullúsh,  lomada de Angovillca)

Tauca: ES UNIVERSO DEL MUNDO ANDINO

 
PRIMERA
VISIÓN
 

 

La tarde se iba enervando sobre los cerros cobrizos que rodean al pueblo de Tauca, el sol fuertemente calentaba la tierra fértil del lugar que ya quería descansar por el peso componente de ella y el horario de la fuerza usada, bajo los húmedos coposos árboles que delimitaban los hitos circundantes y silenciosos de este animoso pueblo como una sola unidad natural.

La tarde soleada descendía suavemente sobre los descoloridos techos de tejas de cada casa pueblerina, que, fatigada por las horas del día, se rendían inevitablemente a sus escondidas sombras, mientras el cielo de un color azul verdoso distante, también sentía a fondo el quebrantado agotamiento de los pobladores, todo dejaba acumulado el día en hojas de un tono aturquesado a media alegría en el limbo de las emociones escondidas.

El viento, de Norte a Sur, sosegadamente dejaba sentir el soplado ambiente que atraía del aroma dispersado, con su polvoriento maquillaje irresistible de color anaranjado, como un tul marrón de tierra levantada por encima de los estrechos caminos de la cumbre, que de la lejanía llegaban los vuelos sedientos a converger por todos los extremos del pueblo. Era una frontera virtual que todos hacían real.

La gente que regresaba del campo, plasmada con el típico color bronceado, con sus atuendos tradicionales del lugar, sintetizando en un medio redondo popular el trabajo y el esfuerzo cotidiano, como único cielo de supervivencia original de su pueblo. Como cualquier otro incrustado de oro característico en algún lugar de la sierra andina, dejando ver su mágico secreto distintivo abierto en un límpido diseño sofisticado costumbrista, grabada exclusiva en una pintada réplica paisajista y descendida en peculiar bajada del mismo centro del cielo.

El cansancio se hacía sentir cercanamente en cada puerta y así, por todas las calles empedradas de azul del pueblo, se escuchaban las pisadas ya conocidas de los veteados caballos, el traqueteo de las cosquillosas manadas de oveja de lana blanca como la nieve del Huascarán, de las frecuentes resbaladas de las vacas pintadas de blanco y negro como el mediodía del tiempo y de los asnos azulejos como las cumbres con sus cargamentos de alfalfa o de otro pasto de plata que se abastece al ganado y acémilas como alimento diario; en cuanto se encuentran ya en los pesebres o corrales de las casas de adobes. Todos estos ruidos penetrantes de andar y transitar por las calles soleadas de los pueblos del mundo andinos, se fueron adheriendo a las casas, árboles y caminos, tan luego se perdían debajo del humdimiento de las sombras cansadas de una tarde soleada en que se despiden.

Las penumbras sumergidas en las cumbres comenzaban a proyectarse raudamente hacia la caída crepuscular de la tarde. En el trajinante lejano ocaso oscurecido se hundía como una pulida media bola incandescente el aspecto circular del dorado sol endurecido, dibujándose informales entrelineas de un  enrojecido atardecer que finaliza a la orilla del mundo ¡Qué hermoso pintan los Andes el momento de reposar!

El anochecer ha empezado a estirarse en descanzo y a crecer en contrario su túnel fantasmal, hacia todos los ámbitos de esta parte calculada de la tierra, mientras la claridad débilmente queda derramada en miel de enamorado sobre las abruptas cumbres, que ha comenzado también a espesarse de un color negruzco desconsolado y lentamente va dejándose comprimir el cielo con inevitable fuerza de entrada a la inesperada y distante noche.

Dentro de tanto desconsuelo andino, un viento entristecido enfría los huesudos aspectos del pueblo y de repente a lo lejos se vislumbra el perfil echado hacia un lado del cielo apagado, la luna que visiblemente aparece partida de forma, parece elevarse cada vez algo más arriba, junto a un amplio estrellado firmamento.

El pueblo duerme plácidamente en silencio dentro de su cóncava noche pero muchos de pie esperan la fresca inclinada madrugada. Algo ocurrió esa noche…

 

 

El siguiente día se inició deletreando las sombras de la vida cotidiana y natural como los declives inmediatos escondidos de la formación geográfica, aumentando también y rápidamente el calor del sol de la mañana que a desnivel pesaba a plomo sobre las lomas vencidas por el clima del mes de mayo.

El ambiente iba siendo llenado por el flojísimo sol – nada apura a los Andes - paulatinamente, a lo largo de la exacta medida, desmadejando desde adentro la extensión del pueblo. Luego me hacía pensar en las macizas perladas oblicuas caídas de agua fresca y cristalina de los cuatro minúsculos chorros, ubicados por coincidencia natural en los lugares precisos al alcance, para abastecer de agua en la vida diaria de los residentes del pueblo.

Finamente, la mañana semidescolgaba en bajada por las verticales rendijas y goteras de los techos antiguos en desuso, como torrentosos filamentos de cabellos bastantes delgados color aroma y de aspecto límpido y de lustroso salto conceptual de espacio, como una delicada lluvia de amor derretido sobre el centro de una forma amarillenta miel a la redonda.

Había amanecido fijado sobre la puerta de cada casa de las autoridades, como en el Puesto de la Guardia Civil, en el Consejo Municipal, en algunas otras esquinas y lugares públicos, un extenso pasquín manuscrito en el cual se daban a conocer los pormenores de un hecho criminal; el lugar y los autores del delito pero no indicaban ni instrumentos ni cuerpos de aquel delito. Un panfleto más que en todo pueblo chico despierta inquietudes ¿Infierno grande?

El contenido de este manuscrito cartel anónimo, corrió como reguero de pólvora por toda la ciudad de Tauca, todo la gente se encontraba enterada que en las alturas del caserío de “La Banda” se había perpetrado el homicidio de dos  varones y que éstos habían sido ejecutados por los miembros de una misma familia.

El Puesto de la Guardia Civil de Tauca, conformado por un cabo y dos guardias, recogieron la información y luego corrieron traslado de la denuncia penal ante el Juez de Paz de Primera Nominación del Distrito de Tauca, cargo que en ese entonces venía desempeñando por varios años atrás mi padre Don Manuel T. Moreno Huazo, como ciudadano notable del pueblo, quién y en cuanto recibió la denuncia policial formulada por el Puesto de la Guardia Civil, previa autorización telegráfica del Juez Instructor de la Provincia de Pallasca, con sede en la ciudad de Cabana, capital de la Provincia, mediante Oficio de estilo, el Despacho o la Judicatura de mi padre ordenó inmediatamente llevarse la investigación del caso.

Era el mes de Mayo del año de 1953, mi padre en su condición de Juez de Paz del Distrito de Tauca, contando con las facultades delegadas por el Superior, asumió la investigación preliminar, como autoridad judicial.  Inmediatamente solicitó apoyo de dos guardias civiles quienes se constituyeron en el vecino caserío “La Banda”, ubicada a cinco kilómetros de distancia, en la parte Sur del Distrito de Tauca, con el fin de practicar las investigaciones ordenadas y recoger las pruebas suficientes que evidencien de un modo razonable la comisión del delito investigado, según lo manifestado en el anuncio anónimo, que en forma de pasquín apareció difundido geométricamente en el pueblo en las primeras horas contadas de la mañana.

Por esa época no existía carretera afirmada ni la facilidad de transporte de hoy. Las autoridades tenían que movilizarse a lomo de caballo o en su defecto a pie para tratar de cumplir en lo posible con la comisión ordenada por la Superioridad, en las actuaciones judiciales asumidas.

Por aquel entonces yo bordeaba los trece años de edad y me agradaba apoyar a mi padre en las actuaciones de su Judicatura. Siempre que el tiempo y las obligaciones del estudio y de mi casa lo permitían… permanecía en su Despacho tratando de aprender a redactar citaciones, oficios, actas, diligencias de inspección ocular, deslindes, divisiones, hijuelas, inventarios de bienes, contratos de compraventa y otras tantas que mi padre las redactaba con cierta formalidad y estilo normativo único y digno de admirarlo, además de la clara y perfecta caligrafía terminada en una compleja firma semejante a las alas de una libélula, impuesta a la derecha de un sello redondo o también ovalado con el escudo de armas en el centro, simbolizando el carácter oficial del Poder Judicial. Su firma y caligrafía eran usada en todos sus actos públicos y privados, gramática que había aprendido de niño y adoptado las mismas modalidades del “mosaico” antiguo.

Posteriormente el manejo de los códigos - Civil, Penal, de Procedimientos Civiles, de Procedimientos Penales, de Aguas, Ley Orgánica de Municipalidades - y otras tantas leyes más de uso diario de un Juez de Paz. Todo este manejo de papeles, de documentos al estilo judicial, influenció mucho en mi vocación profesional para elegir y estudiar la carrera de Derecho y ser hoy de profesión Abogado.

Toda esta tarea la realizaba mi padre mientras que mi madre -  Ramona Ravelo Chinchay de Moreno -  se dedicaba a los quehaceres de la casa, del campo, de las siembras, de los animales, tejía, cosía, bordaba y cocinaba de riquísimo sabor ¡No hay nada imposible cuando la madre sueña! Era alta, robusta, valerosa, trabajadora; vestía como todas las madres del lugar en donde nací. Tanta y santa grandeza quedaron atesorados en los Andes. Las nieves se perpetúan en honor a la pureza del amor de una madre.

Por ese caso investigatorio que inquietó mi adulto interior, me sumé a la Comisión de aquella verdad como hijo del Juez de Paz, claro, además de la curiosidad aceptable de mi adolescencia pues era necesario aprender – para mi y por los derechos humanos que a todos nos asiste, aún seamos o no letrados - cómo debe actuarse en estos casos de denuncias policiales penales y otros especiales de mayor gravedad. Don Manuel T. Moreno Huazo fue un maestro para mi y mi madre, junto a él, una gran mujer de honor y valor.

 

Mis recordados padres: Manuel T. Moreno Huazo y Ramona Ravelo Chinchay (Lima, 11 de Abril de 1987)

 

Ellos, mi padre y mi madre, fueron los pioneros en el terreno cerebral de mi  educación, con afecto, ciencia y libros: Elevados paradigmas. Mi campo racional era dúctil pero aún eriazo para la siembra que el destino deparaba bajo el riesgo de ser fácil presa de los atosigamientos de la supervivencia que viene de antuvión fuera de casa, cual ortigas que profanan las amelgas donde lo espiritual es semillero en la prístina formación: Loas y gratitud me salen del alma. Canas de mi padre, canas de mi madre, envolvían nubarrones de mi inquieta observación. Mis oscuros se acapullaban con las impoluciones de mis progenitores. Ella era lucerna de mi alma y mi padre un farol en mi conducta.

 

PLAZA DE ARMAS DE TAUCA (foto tomada el 3 de agosto de 1966)

 

 

El sol ascendía aceleradamente hacia él más arriba del espléndido cielo. El calor se acentuaba con mayor peso sobre las calles de la ciudad de Tauca, empedradas con piedras azules lavadas por las lluvias en un mes de mayo, coreografiadas por el bondadoso verdor de las sementeras.

Mi padre, yo, el alguacil, más los dos guardias civiles, cada cual con su caballo color caramelo y frente blanca, salimos de mi casa en donde atendía mi padre hacia la subida “acequia del alto” para coger las afueras del pueblo, rumbo al caserío  “La Banda”.

Como una manta de colores, la magia del tiempo enrollaba sus cantos orillados como pétalos de flores derramadas, envolviéndose a lo largo del redondeado espacio de blancos pistilos hasta donde alcanzaban las miradas. El calor del sol era tan fuerte con sus llamas inquietantes que pesaba tanto como nunca lo hizo pues hasta me parecía ver estremecerse a las vertientes de ambos bandos – vertientes y canteras montañosas que separan de cerro a cerro un río - como si aprisionaran por pocos a una vistosa flor. La calle desembocaba en su última cuadra para luego continuar en su áspero camino descendiendo en curva de piedra y pasando por la “acequia del pueblo”, la “capilla de Pucre”, los lugares de “Acerachín”, de “Pillco”, de “Pusuccha”, de “Collgapampa”, hasta bajar a la quebrada de “Ayaychaca” y luego llegar al río de “Rayamball”, por donde corren las aguas bulliciosas que descienden de las lagunas de “Tuctubamba”, hasta encontrarse con el riachuelo de “Aguas Blancas”, en abruptos cordones de plata corrian hacia abajo ásperamente para ensanchar el azul del mar.

Los ríos en el Perú son fuente de vida, belleza y diversión. Los hay para todos los gustos y de toda clase. Ríos secos que llevan agua solo en épocas del Fenómeno del Niño; negros, colorados, blancos y turbios; salados y amargos; navegables y violentos; tranquilos y románticos, gigantes como el Ucayali, el Amazonas el más grande del mundo, el Mantaro, el Santa e incluso sagrados como el Vilcanota que riega el Valle Sagrado de los Incas. Gran parte de los ríos del Perú nacen en la cordillera de los Andes. De sus glaciares y de las frígidas punas y páramos nacen pequeñas gotas o chorritos que van creciendo a medida que se alejan de su cuna. Las aguas que nutren el territorio peruano van a dar hasta los dos océanos que circundan el continente Sur americano, el Perú es la esperanza de los pueblos de esta parte de América es la integración social y cultural en el Mundo.

La belleza de las aguas de los ríos peruanos esta en los cañones que han roído con tenacidad de siglos, en las caídas de agua, en el perfil de las cuestas se van trasuntando en los vacíos sucesivos de las vertientes, en la vegetación que surge por doquier por su variedad geográfica y en las variedades de fauna que surcan sus aguas ¿Y las riquísimas yerbas aromáticas de sus riberas? La marcha continuaba con pensamientos distintos… con una concepción de grandeza fructífera, de un verdadero sembrado proyecto poético viviente, porque a veces los ríos se forman del arrastre dolorido del llanto humano…

El sol proseguía desbordante con nosotros sobre los estrechos caminos polvorientos de bajada. Después de atravesar el puente de madera y tierra empezaba el ascenso de una fatigada cuesta haciendo que en su vida deprimente de campo solitario aumentaran sus ánimos con dulzura a hierba y la suavidad verdosa de sus sementeras más el polvo reseco del camino que seguía en zeta la cuesta, para luego internarse sinuosamente por la ternura de aquella lejanía que de todas maneras constituía parte del Distrito de Tauca.

Era muy grato desplazarse por aquellos paisajes que sólo nos hacían vivir con alegría en el mundo natural al que pertenecíamos los Tauquinos y compartían los visitantes o transeúntes que esporádicamente pasaban por allí, cargados de Tauquina felicidad y otros tantos retazos de vida personal. Sé vivia en otro mundo de sueños apreciando los ásperos azulados cordones orográficos de la Tierra.

Por cultura general conocemos que en el Perú se pueden encontrar 84 de las 114 zonas de vida identificadas en nuestro planeta. Las reservas naturales peruanas son las más ricas fuentes de recursos naturales en el mundo. La flora peruana le ha dado al mundo la más grande variedad de plantas domesticadas, entre ellas, por ejemplo, existen más de mil variedades de papa. Este producto nativo de la papa ha solucionado el hambre de los pueblos del mundo.

En la zona andina existen lugares muy interesantes bajo el punto de vista ecológico y de paisajes de indescriptible belleza como el Parque Nacional del Huascarán y los nevados de la Cordillera Blanca y el Cañón del Colca, el más profundo del mundo, la Reserva Nacional del lago Titicaca el más alto del mundo o el Santuario de Macchu Picchu. El Valle del Colca es la sección previa al cañón del Colca. Este valle se encuentra encajonado y corre de este a oeste, empezando en la fría puna y bajando a las regiones tibias, mostrando su gran belleza escénica y atractivo cultural además de su riqueza étnica, petroglifica, iglesias coloniales, arte y folclor.

Regresando con nuestras miradas al momento y real situación, en cuanto llegamos al río “Rayamball”, el mismo que más abajo toma el nombre de “Río Ashoc”, todos aspiramos el frescor de la húmeda tierra, yo me distraía con el ruido de las caídas de las aguas, sobre las bien pulidas piedras redondas, que pasaban por debajo del corto puente característico del lugar, con su capilla de una cruz, siempre de fachada blanca despintada en su forma. En mi interior había un movimiento de recuerdos inolvidables de mi niñez cuando las miraba a la caída de la tarde, desde arriba de mi terreno de “Collgapampa” y se veía la profundidad del río con sus bulliciosas aguas discurriendo entre las tristes entonaciones de huayno del lugar, hacia el más abajo del valle encañado en su angosto cause, sin poder llegar antes a este río de esperanza.

El otro extremo Sur de la vertiente en subida que ya da en el caserío “La Banda”, un poco más allá comenzaba los límites del distrito de Llapo, sentado en una ubicación visible de exuberante verdor de sementeras; parceladas de fértiles tierras: Divisaba dulcemente dentro de los repliegues de sus faldas, el crecimiento del medio día que se diluía con fuerza calmada por las quebradas, subidas y bajadas de la tierra. Mi imaginación ya había explorado las profundidades y los extremos de los cerros, de sus sombras y de los recuerdos en la redondez del pueblo.

El sol desde el cielo circular, su reino compartido como un mar, dejaba caer con mayor fuerza sus penetrantes rayos urentes por sobre los hombros y todo en la zona se encontraba reverberando su calor de plata pulida hacía el firmamento enblanquesido de los Andes.

 

 

Desde el río “Rayanball”, el mismo que más aguas abajo, toma el nombre de río “Ashoc” para los lugareños vecinos de sus riberas, con las miradas ausentes empezamos nuestro ascenso por aquel soleado camino, que a menudo iba dejando a su paso una gruesa nube de polvo seco, que a su retirada en contrario se perdía en las subidas de los campos otoñales y debajo de las sombras de los árboles de las chacras llenos de alfalfas y de los huertos atestados de verdosos arbustos de frutales por donde el accidentado y estrecho camino daban curvas y más curvas y seguía cuesta arriba sin descansar y tropezándose con las piedras al andar.

Pasado ya el medio día llegamos al caserío “La Banda”. El cielo estaba de un color más celeste y caluroso pegado a su cristal reflejado. Las escasas viviendas esparcidas en forma natural, se encontraban muy alejadas entre una y otras como acogidas por una parte del silencio. La subida hizo sudar a chorros a nuestros caballos, roncaban sin estar dormidos. Me daban a comprender que ya no querían continuar más arriba. El camino no era tan cerca como parecía al observarse cuando salimos de las orillas de Tauca en la mañana.

Varias horas habían hecho crecer demasiado al caluroso día. La tierra era fértil y húmeda poblada del verdor natural, se oía a su entorno graznidos de aves, un poco retirado se apreciaba los ásperos gritos de chanchos, muy cerca secos gemidos de distintos otros animales domésticos y un olor a tierra dormida. Los techos de las viviendas eran en su mayoría de tejados ennegrecidos por el humo de las fogatas de leña, que enarbolados en espiral se perdían hundidas en el cielo; sus paredes envejecidas y chorreadas de lluvias por las épocas de invierno. Sus habitantes tímidos y modestos de buen corazón. Muy poco se dibujaba una sonrisa en sus almas pero profesaban la religión católica como fe. Eran silenciosos y taciturnos, de muy poco hablar. Dedicados a sus campos. Su medio de vida era la agricultura y la ganadería, entre ellos, lanar, vacunos, porcinos, pollinos, caballar y otros más ambientados en el lugar.

El día ha comenzado ya a declinarse. Las penumbras se van agrandando cada vez más debajo de las ramas de los árboles de los huertos, de las goteras de los techos del tejado, de las sombras de sus propios habitantes. La viscosidad del dulzor amarillento de su miel goteada, de la fresca mañana ya pasada por la vida, solamente ha dejado su efecto generalizado por arriba de los cerros, en el tiempo dilatado de un doliente pesar de sus quebradas, que ya se ha disuelto en un ardiente deseo de llenar de esperanza el alma del hombre, sobre la lejana superficie provinciana. El día con su calor de alegría a dado el aliento provisional de la vida, no sólo a todas las plantas y mieses asomadas por encima de las cultivadas lomas andinas, como siempre sonriendo junto a las acequias y a los surcos de las aguas reflejadas por el sol hacia el cielo ensordecido.

 

 

En cuanto llegamos al centro del caserío, en un área deshabitada en donde se decía que iban a construir una especie de plaza pública, nos detuvimos, luego en un madero se ataron a los caballos y el alguacil se encargó de vigilarlo. Mientras a mi padre todos le pasaban la voz al andar y le saludaban con gran amistad. Era muy conocido en el lugar. Con ayuda de los guardias civiles que nos acompañaban trató de ubicar en sus casas a los sospechosos pero no fueron hallados; habían salido al campo, entonces trataron de reunir a varias personas del lugar que inmediatamente acataron la orden y en un extremo de la plaza improvisada se reunieron prestos para escuchar en absoluto y sepulcral silencio. Me parecía que los habitantes reunidos habían dejado por un momento de respirar.

Pálidos los asistentes y deseosos de saber los motivos de la reunión, unos sentados sobre el muro o el tronco de eucalipto y otros apoyados en la pared vecina, esperaban atentos para saber de qué se trataba. Mi padre, con voz pausada y prudente, de sabia autoridad, dijo:

 

 

La gente, que escuchaba, se quedó sorprendida y asombrada de la noticia. El gesto que adoptaron fue tan abrupto, similar al resorte oprimido cuando se suelta repentinamente. Todos se miraron entre sí. Algunos se hablaban en baja voz y otros al oído sin dejarse escuchar.

Continúo mi padre hablando:

 

 

 Nuevamente todos permanecieron en silencio, nadie decía nada, sólo se escuchaba el zumbido de las moscas.

Prosiguió hablando mi padre:

 

 

Entonces temerosos y un poco desorientados, masticando las palabras, algunos de los asistentes respondieron:

 

 

Era la voz temblorosa y entrecortada de una de las señoras de pollera azulina y blusa rosada con bordes en línea quebradas de cinta verde, que se encontraba sentada en un tronco con su rueca a la cintura hilando entre sus dedos, a un costado de las demás mujeres, que también se expresaban en forma incomprensible, pero denotaban que sus frases les salían desde el fondo de su alma con mucha sinceridad, parecian en vivo las aromáticas hierbas de los huertos recien regados.

Los varones tenían un gesto un tanto hermético y los vocablos se les quedaban triturados dentro de los labios que masticaban coca, tirando su mirada ausente hacía un costado, luego movían la cabeza, como quién tratara de afirmar lo dicho por la señora anterior, al cual también se adhería otra madre de familia, de robusta contextura, de cara redonda palidecida de quien su frente descolgaba hacia sus hombros una gruesa trenza larga y negra, sus pechos abultados discretamente se escondían debajo de una blusa de varios colores - rosado, amarillo y azul - Reflejaba descendida hacía su falda colorada y ancha, que también guardaba empeñosamente sus gruesas piernas entrecruzadas, mientras que sus dedos continuaban activamente, hilando esa lana blanca como las nubes de los cerros vecinos, cogidos en la pureza de las tardes.

Eran cerca de las tres de la tarde, el sol caía con más fuerza hacia el poniente, la sombra se hacía más prolongada en las caras y bajo los sombreros de junco o de palma natural de cada uno de los habitantes que se encontraban escuchando, el aire refrescante cada vez se aproximaba a mecer las copas de los árboles y acariciar levemente las ramas de las vertientes de sementeras, los pájaros volaban en busca de agua que silenciosamente descendía por las solitarias acequias de color de plata.

Ya se acercaba la hora del retorno, los guardias civiles de ese entonces no habían encontrado a los sospechosos. La tarde cada vez más se deslizaba en descenso hacía el occidente. Entonces uno de los guardias civiles dijo con voz cansada, además bastante débil y reseca, pues hasta esa hora nadie había almorzado ni tampoco pidieron agua, todos permanecimos sin probar agua o alimento alguno, hambrientos se nos entremetían los estómagos y esto nos obligaba a tener que regresar inmediatamente y temprano.

Después que los dos guardias civiles se entredecían en silencio, uno de ellos se acercó a mi padre y le dijo:

 

 

Mi padre, al escuchar al guardia civil, pensativo bajó la cabeza, como queriendo dar una solución, que no le era posible, y sólo atinó a decir:

 

 

Entonces, mi padre muy aplomado, bien centrado en sus decisiones como autoridad Judicial, agradeció a los asistentes, les pidió colaborar con la justicia y luego de una manera diplomática y con gran carácter amistoso se despidió de todos ellos sin mencionar su próximo regreso. Nos despedimos de la gente y luego cabalgamos nuestros caballos que habían comido fresca alfalfa en esos instantes, traídos desde las chacras adyacentes  y luego cogimos el camino para regresar.


 

 

 

El viento apresurado levantaba el polvo del camino en contrario, los caballos ágilmente retornaban cuesta bajo de regreso por el mismo camino, la tarde se hacía sentir más a la distancia desplegada al universo, con sus oblicuas sombras aumentaban el frío traido desde los Andes. Todos ya comenzaban a descender con la mirada precisada a lo lejos de los cerros, otros vueltos a medida del avance del estrecho camino polvoriento. Más y más nos aproximábamos nuevamente a la hondonda del cauce del río de “Rayamball”.

La quebrada se perdía en sus recovecos escondidos hacia el mar, conteniendo sus bulliciosas aguas de blanca plata, se oscurecía desde arriba de la cumbre hasta abajo siguiendo el destino natural de la caída de sus pocas nubes ajustadas a los cauces del denominado río de “Achoc”, delimitando al distrito de Tauca con el distrito de Santa Rosa  (antes Cajamala) La quebrada era ahondada hasta el agua, se veía algo distinto desde el otro lado del regreso, se tenía que atravesar el mismo puente, el mismo camino, pero todo parecía distinto en esos instantes… la noche desparramada sobre el valle como granos de trigo en el aíre, la humedad de la brisa que tenuemente soplaba junto al ruido vacío de la escasa niebla del río y el camino que se iba dibujando en tantas curvas de negruzca pintura, llorosaba en áspero rastro de dolor de vertiente, cuando cruzamos el puente ensordecido por el agua furiosa que burlada en sus cauces se sabía que su mixtura quedaba tendida en la retina del alma.

¡Qué diferente! Todo se convertía y revertía por el tiempo en esos momentos pues la variedad de la hora breve era profunda en la forma ideada, las seis de la tarde se expresaba cada vez más, el terroso camino se introducía dentro de ese mundo silencioso de la inevitable noche; las conversaciones, las preguntas, los comentarios, todo se iban silenciando cada vez más. En cuanto comenzamos ascender pasando por la vertiente opuesta, solamente se escuchaba con mayor intensidad los resoplidos de los caballos por el cansancio y la agitada caminata hasta llegar de nuevo a la entrada de las afueras del pueblo, era aproximadamente las diez de la noche cuando volvimos a la Plaza de Armas de la Ciudad de Tauca.

Sabía por mis maestros que el Cañón del río Chuquikara sirve de frontera geopolítica entre las provincias de Pallasca (Ancash) y Santiago de Chuco y Huamachuco (La Libertad) que La banda geográfica de Pallasca es su margen izquierda mientras que Huamachuco y Santiago de Chuco conforman la ribera derecha. En ambas márgenes han estudiado los sitos arqueológicos pre cerámico de La Galgada, Vizcacha Alta, Quebrada Morín, Cerro Capitán Sánchez, etc., así como otros yacimientos con cerámica pertenecientes a distintos períodos culturales de la región.

El Perú es un gran escenario de más de una docena de ríos que superan los 600 km de longitud. Tan sólo los cinco ríos más largos totalizan cerca de 7.000 Km. de recorrido dentro de nuestra riquísima Nación. Muchos son grandes retos para el turismo de aventura y para liberar a las conciencias de las cargas emocionales, como nos enseñaba en clases de Introducción a la Geografía Humana el Profesor Ciro Hurtado Fuertes.

El Dr. Carlos Peñaherrera del Aguila, en la Enciclopedia Temática del Perú, Geografía, publicado por El Comercio, nos enseña que el canotaje que llegó al Perú desde Polonia, gracias al aventurero Yurek Majcherzyck y a sus compañeros de viaje, quienes luego de repetidos intentos lograron vencer el torrentoso río Colca y sus 300 rápidos en el corazón mismo de Arequipa. Desde entonces, un grupo de peruanos amantes de este deporte, ha logrado, no sin esfuerzo y trabajo, abrir nuevas rutas a lo largo y ancho del territorio nacional. Este deporte se vale de balsas inflables o rafts, los que, impulsados a remo y timoneados generalmente desde la popa, conducen la embarcación y a sus tripulantes a través de las turbulentas aguas de los ríos. Internacionalmente, los rápidos son clasificados en una escala del I al VI según su dificultad (siendo la última imposible de correr o que requiere un porteo de la embarcación).

Vertiente hidrográfica del Pacífico son los hilos de plata que bajan desde los Andes, junto con otros departamentos y desde nuestro turístico Ancash…

El Río Santa, que nace en la laguna Conococha – Ancash, forma el valle del Callejón de Huaylas. Es único longitudinal y el más caudaloso de la costa. Recorre la ciudad de Huaraz. Su torrente sirve a la central hidroeléctrica de Huallanca. Forma el cañón del Pato. Sus aguas se utilizan en las irrigaciones de Chavimochic (La Libertad) y Chinecas (Ancash). El Río Lacramarca que recorre la ciudad de Chimbote y desemboca por el muelle del SIMA. Prestigioso servicio Industrial que cela nuestra Marina de Guerra del Perú. El Río Sechín. El Río Arreico. El Río Culebras.

El río Santa, ubicado en el Callejón de Huaylas, en el departamento de Ancash, discurre separando a las cordilleras Blanca y Negra. La porción que se corre – canotaje - se sitúa entre los poblados de Caraz y Yungay y cuenta con rápidos de clase II y III. Es navegable entre mayo y octubre, por lo que constituye un complemento ideal para una visita a la región.

Ah… ¡Cómo soñaba con el futuro! En medio de las quebradas, laderas, pampas, cuestas y bajadas de los cerros y caminos… me sabía más que pequeño pero – sentimiento inspirado y andino, para muchos contradictorios  –  me sentía muy grande ser Provinciano, proceder de Tauca y pertenecer a la Provincia de Pallasca y por ende al Departamento de Ancash.

 

Perú simboliza la abundancia en la Tierra

 

Vista parcial de Tauca y la exuberancia de la vertiente del Cerro de Angollca

(La fertilidad de sus campos es el vestigio legendario e histórico de la cultura andina)

 (foto tomado en agosto1999)

 

 ¡Soñar! Compartiendo… la alegría de amar este país que nos duele tanto, pero que nos ofrece mucho que no sabemos valorar su abundancia ni menos su opulencia como un emporio de riqueza nacional.

El Dr. Antonio Brack Egg, en sus conferencias de Ecología nos refiere que el nombre del Perú deriva de una palabra quechua que significa "abundancia", recordando la opulencia de las épocas del incaico imperio. El Perú es la abundancia de recursos naturales para el mundo, es el quinto país más rico del mundo y el primero en número de mariposas, aves, orquidias y plantas domesticadas nativas. 

En la Tesis de Doctorado del Dr. Ampelio Barrón Araoz, se decía que el Perú es el país con mayor diversidad genética en el mundo. En el mundo existen 104 diversidades de climas, el Perú tiene 96. Como resultado de esta diversidad de climas, somos un país que posee el mayor número de especies en variedades de plantas y animales. Esta riqueza es una gran ventaja, nos da la oportunidad de tener plantas y animales útiles adaptados a la realidad ecológica de cada rincón del territorio y a cada requerimiento humano o circunstancia evolutiva de la vida, los antiguos habitantes de los Andes lo sabían y conocían estas originarias características de condiciones atmosféricas de nuestra región y originaron la mayor concentración mundial de plantas domésticas que hoy existen en nuestras grandiosas regiones del Perú.

El amor por este país y por sus grandes espacios comenzó desde muy joven en mí cuando en el mes de agosto de 1956, siendo alumno del quinto año de primaria con un grupo de compañeros de aula realizamos una excursión al cerro de “Angollca”, llegamos a la cumbre por primera vez, era al medio día y al mirar la amplitud de la naturaleza se quedó plasmado en mi alma los alcances del mundo y del universo entero, y este recuerdo inolvidable dio lugar posteriormente en 1997 a publicar la obra “Las piedras se aman”, ensayo filosófico que dio la vuelta al mundo por que hasta ese entonces nadie se atrevió a sostener esta verdad filosófica; observando, caminando y extasiándome con tantas lecturas sobre historia y geografía del Perú. Las montañas, las cumbres y las ganas de ascender y llegar a las cimas más altas del Perú, evadiendo a los ríos, al miedo de los abismos, a los obstáculos y venciendo con audacia, para tratar de conocer todos los departamentos de mi patria y encontrar el camino de la buscada esperanza, para conocer al mundo.

Pero la realidad andina nos baja del techo del mundo. Viene el precipicio....

 

 

De  claro en claro, tocando el sueño frustrado con la idea del rozamiento del pétalo de un madrugador clavel sobre mis sienes soñolientas, de pronto sacudieron los rayos del Sol sus friolentos rocíos cuando amanecía en la ciudad de Tauca. Muy de mañana, aguardando un mundo de visiones y muy preocupado, se levantó mi padre de su lecho, para preparar y redactar el informe sobre su actuación del día anterior. Yo también enseguida lo hice como un ensueño que pasa, para acompañarlo en el camino de la nada. Salimos de mi casa que quedaba en el Jirón Recoleta Nº 312 antes y hoy 315 del Barrio La Pampa, para dirigirnos hacía la plaza de armas en donde funcionaba el Puesto de la Guardia Civil y al frente de la misma plaza la Oficina de Correos y Telégrafos, para comunicarse con cualquier pueblo de la provincia ya sea telegráfica o telefónicamente.

Durante ese intervalo difuso de espera, pude percibir que los comentarios se hacían más frecuentes al umbral de esta puerta y había alcanzado mayor curiosidad en este grandioso suelo. Todo el mundo con pupilas de fuego cristalino se preguntaba sobre los hechos del día anterior. Era una noticia de última hora. Los chismes habían alcanzado mayor dimensión y pretendían fundirse de plata en una misma mirada. Mi padre sereno y majestuoso como una hermética roca; demostrando su experiencia de autoridad, les respondía con gran dominio de lenguaje y de política judicial. La mente de qué hacer marcaba el paso sólidamente por dentro, como una fría piedra diseñada en el aprieto del corazón buscando solución.

Telefónicamente mi padre dio cuenta de su pre avanzado informe al Juez de Primera Instancia de la Provincia que funcionaba en Cabana, capital de la Provincia de Pallasca - Ancash, y como los asuntos a investigarse lindaban ya con el campo delictivo de un hecho por homicidio agravado, era de competencia del Juez Instructor (que así se les denominaba en ese entonces) quién era la única autoridad que aperturaba instrucción, además sin que advirtiera mi padre la guardia civil ya le había informado. Investido de esta facultad, inmediatamente dictó la resolución de “auto apertorio de instrucción”, ordenando la detención de los presuntos implicados que se mencionaban expresamente en el pasquín.

De inmediato el Juez Instructor de la Provincia cursó telegrama al Puesto de la Guardia Civil de Tauca, solicitando y ordenando la inmediata captura y conducción de grado o fuerza a la ciudad de Cabana, en cumplimiento de la orden judicial. Los guardias inmediatamente regresaron al caserío “La Banda”  y haciendo efectivo lo ordenado, al final y después de muchos periplos que verán más adelante, efectuaron la captura solamente de tres personas, no de las cinco personas que se mencionaban en el Oficio de captura a mérito de tal pasquín, quienes fueron recluidos en el Puesto de la Guardia Civil de Tauca para luego ser conducidos al día siguiente a la ciudad de Cabana. Pero…

El guardia civil y en los pueblos de la provincia eran muy temidos y odiados por todos y maldecidos sus miembros por la gente del pueblo; por abusivos, por borrachos, por violadores y asaltantes, por inducir a las coimas, por chantajistas, propiciar el soborno, eran valientes y groseros porque poseían armamentos y andaban con polainas y espuelas en caballos, que les proporcionaba el Jefe de Línea de la Guardia Civil, que funcionaba en la capital de las provincias. Cualquier persona inocente e indefensa era inmediatamente maltratada y golpeada, con los gruesos zapatos negros de espuelas y polainas que ellos acostumbraban a usar. Se embriagaban hasta no más y al final no reconocía la cuenta de su consumo, todo y de mucho querían que se les diera gratis, eran muy sinvergüenzas, contrataban una pensión por todo un mes y luego se trasladaban de lugar o de la noche a la mañana se iban a otro pueblo debiendo a la modesta gente. Violaban a las mujeres indefensas, engendraban hijos y no los reconocían ni menos los alimentaban, estaban acostumbrados a evadir su responsabilidad delictiva. Siempre favorecían a la parte que les convenía o representaban a la contraria que le coimeaba, jamás defendían a la gente humilde y en todo momento eran contrarios al poblador inocente, al ciudadano de buena fe. Pobre de aquél campesino que no obedecían a estos guardias malditos y vengativos, no creían en Dios ni en el diablo. Toda esta furia, toda la grosería que acostumbraban hablar, toda esta maldad del abuso y de la venganza, lo descargaban durante todas las noches sobre los cuerpos inermes de estos pobres detenidos, culpables o inocentes pero de todas maneras fueron pasto de la golpiza y maltrato inhumano de estos salvajes guardias civiles.

Recuerdo que cuando era niño, de ocho años más o menos, presencie una afrenta imperdonable. En el pueblo existía una persona que le llamaban “Ñuco” y tenía un hijo que no recuerdo su nombre, éste por haber quedado huérfano de madre y por necesidad de comer pretendió hurtar unos cuantos panes y caramelos de una bodega, cuya propietaria era conocida del Cabo Zamudio, a quién le comunicó lo sucedido, entonces sin considerar las explicaciones del padre del menor quien por ser mudo de nacimiento no dejaba fácilmente entender sus posibles justificaciones, inmediatamente ordenó a un guardia subalterno que vaya a su casa y lo conduzca detenido al Puesto de la guardia civil, al llegar después de darle varios latigazos le exigió al menor que lloraba con las manos atadas se arrodillara ante su presencia y luego con la tijera que cortaba el crin de sus caballos, procedió a cortar su cabello del menor en forma de surcos irregulares, dejando en el centro de la cabeza un mechón, del cual le cogió y le hizo pasear por todo la “calle grande” a vista y paciencia de toda la gente que lamentaban de esta actitud, pero nadie se atrevía a decir nada al déspota Cabo, cumpliendo de esta manera con el requerimiento del castigo que solicitó su prometida. Mi padre sin temor alguno le salió al paso y le recriminó manifestándole - que era un abuso de autoridad y una afrenta imperdonable que a un menor se le haga esta clase de ultraje y que perjudica su conducta y su honor ante sus compañeros de colegio, que sicológicamente le hacía un grave daño - entonces el Cabo riéndose burlonamente, le respondió   -  no tenga cólera don Manuel, en otros lugares en donde he servido como en Huancavelica y en Apurimac me han temblado más, inclusive sus propios padres los traían hacia mí para yo castigarlos y reprenderlo, hacerlos pasear por el pueblo como ejemplo para que no roben más, esto es “un santo remedio” para los ladrones  - y continuo caminado en la misma forma que vino; maltratando al niño.

Contaban los vecinos que vivían cerca al Puesto de la Guardia Civil que en altas horas de la noche siempre escuchaban gritos soterrados, ruegos, llantos y muchos sórdidos alaridos más que se perdían por largos ratos sobre la tierra oscura, hasta que el frío “baldazo” de agua lanzado con fuerza sobre los cuerpos, les hiciera recuperar el conocimiento en este maldito silencio del calabozo. En cuanto, los desdichados detenidos volvían a recuperar el sentido, inmediatamente reanudaban débilmente los quejidos de sufrimiento, los alaridos de dolor. Y estos guardias civiles, embriagados, trasnochados y encolerizados con los ojos salvajes, nuevamente descargaban su violencia sobre los desvalidos cuerpos, los brutales puñetazos y patadas de la bestialidad que albergaban, no en el corazón ni en el alma, porque ellos ya no las tenían, los habían perdido en cuanto salieron embrutecidos de la Escuela de la Guardia Civil, sólo iban a la defensiva preparados a buscar enemigos, para vengarse del merecido que habían recibido en ese entonces como alumnos.

  Mi padre no tenía buen concepto de los guardias civiles, por eso creo que nunca quiso que yo fuera guardia civil, tampoco ningún miembro de la familia. Todo el mundo se quejaba de los guardias civiles, por abusivos, altaneros, pleitistas, vengativos, eran mal vistos en los pueblos, porque jamás amparaban o custodiaban a la clase social baja, al contrario, eran los que abusaban de los pobres y de los humildes, no tenian amigos porque al mejor amigo les traicionaba apresando y deteniéndolo en el calabozo para chantajearlo, eran unos grandes hipócritas.

En estas actitudes siempre los observaba. En muchas oportunidades las comenté y conversaba a mis amigos de ésta criticable conducta o también la comentaba con mi Padre, pero a pesar de todo, siempre acudían a mi padre y él les ayudaba y hasta le invitaba ha comer en mi propia casa. En una oportunidad estuvieron más de un mes desayunando, almorzando y cenando en forma gratuita en mi casa, siempre aducían que los pagos de sus remuneraciones no les alcanzaba y que además les abonaban con varios meses de retraso.

Esta misma “frescura” y “táctica” emplearon los guardias civiles, para hacerles declarar a los detenidos traídos del caserío “La Banda”, como sospechosos del delito de homicidio, toda la noche habían sido castigados con las acostumbradas torturas de siempre. En cuanto fue amaneciendo también fue calmándose esta horrible pesadilla para estos pobres y desdichados detenidos, de tantos golpes recibidos no lograron sacarles nada a los detenidos. Antes de las seis de la mañana, para que nadie se diera cuenta de los maltratos que habían recibido los detenidos, fueron llevados amarrados de la cintura y manos con una soga de “cabuya” que se usa en el pueblo de Tauca, atados a las monturas de los briosos caballos de los guardias civiles para que no se vayan a escapar. Así partieron dos guardias civiles montados en sus caballos uno adelante bien armado, los tres detenidos bien amarrados de manos y cintura y el otro atrás con arma al ristre listo para disparar en caso de intento de fuga, arrastrados tras de los caballos y a paso ligero, fueron llevados al “Despacho” del Juez Instructor de la Provincia de Pallasca, con sede en la ciudad de Cabana, que dista más o menos a tres leguas del pueblo de Tauca.

Al llegar los detenidos a la ciudad de Cabana, inmediatamente fueron llevados al Despacho del Juez Instructor de la Provincia, quien dispuso tomar su instructiva a los tres detenidos y al ver que se encontraban totalmente maltratados, para salvar su responsabilidad el Juez Instructor, ordenó que previamente pasaran por un examen del Médico Legista. El Médico Legista, al practicar el examen requerido, quedó verdaderamente asombrado cuando los detenidos se quitaron las ropas que los cubría dejando ver la cantidad de moretones por los golpes salvajemente inferidos, poco faltó para que pierdan la vida en manos de estos guardias civiles del pueblo de Tauca.

Con el informe del Médico Legista y la instructiva prestada por los inculpados, no se le encontraba indicios ni responsabilidad alguna de los supuestos hechos que se les imputaban y ante la falta de pruebas, el Juez Instructor de la Provincia, inmediatamente ordenó la libertad de los detenidos y dispuso “aperturar instrucción” a los tres guardias civiles (conformado por un cabo y dos guardias) por abuso de autoridad y maltrato físico a  los “inocentes” detenidos. El Señor Juez de la causa también ordenó que inmediatamente sean conducidos los tres guardias civiles, en la misma forma detenidos a la cárcel de Cabana, con conocimiento de su Superiores.

Los guardias civiles se enteraron en Tauca de ésta orden judicial y en la noche se fueron al caserío “La Banda”. Desesperados comenzaron bajo presión con algunos datos  superficiales que habían obtenido de la manifestación de los mismos detenidos que al fragor de la golpiza inferida, y para no ser detenidos, tenían que tratar de conseguir a como de lugar alguna prueba que les implicará en el delito, y así entonces los guardias civiles podía pretender justificar ante el Juez, el maltrato que les habían propinado sin piedad a los detenidos, que tampoco habían podido sacarles dinero a los detenidos porque eran, hasta esos momentos, inocentes; pero evidentemente pobres o de menos posibilidades económicas.

 


 

 

 

Toda la santa noche, los  tres guardias civiles, la pasaron en el Caserío “La Banda”, anexo de la ciudad de Tauca. Con revolver en mano derribaban a patadas las puertas de las modestas viviendas, en busca de pruebas y de los autores del supuesto crimen que se investigaba. La gente del lugar, atemorizados, se guardaban dentro de sus modestas chozas, nadie se atrevía cruzar el camino o salir a “aguaitar” por sus estrechas ventanas de madera. Un aire frío soplaba las hojas ensombrecidas de aquellos árboles de las inmediaciones. Mientras los tres caballos, color caramelo y de frente blanco, atados a un pilar de adobe que sostenía uno de los balcones que daba a la denominada “plazuela”, de vez en cuando arrastraban las herraduras de sus patas anteriores, como si algo buscaran sobre los hoyos de las goteras de tierra colorada que se afirmaban y hundían más cada vez por el paso constante de algunas personas que vivían cerca de la proyectada “plaza de armas” de tierra afirmada a la ligera con los que andaban por dicho lugar. De sus livianas monturas pendían unos largos fusiles con el cañón hacia abajo, que pacientemente cargados de muerte latente esperaban que algún momento no lejano sean usados por sus custodios indolentes.

  Los guardias civiles sin tregua alguna, desesperados, con los ojos desorbitados y sudorosos, con labios resecados de donde constantemente salían groserías a montones... seguían cometiendo muchos atropellos. La modesta gente les miraba espantada y horrorizada, sin pronunciar palabra alguna. Los paisanos humildes, seguramente sentían ser los hijos de la tierra más desdichados por vivir en tales momentos infernales. Los Guardias Civiles con apurados pasos cruzaban y entrecruzaban los caminos sinuosos que llegaban a los desnivelados patios de tierra afirmada de cada rústica casa, construida de piedras y adobes, con techos a dos aguas cubiertas con tejas ya usadas, por el paso de las lluvias de invierno y el calor del verano. Aun más, guardaban en sus corredizas el empolvado humedecido con las inclemencias del tiempo. Cualquier persona que le salía al paso por casualidad, en esos instantes, sin distinción de edad ni de sexo, era violentamente retenido con palabras groseras de grueso calibre y le hacían hablar a bofetadas y a golpes, a veces la humilde gente atemorizada declaraba afirmando algo, aunque ellos mismos no sabían de que se trataba ni a que se referían las bruscas preguntas de los guardias civiles.

Todo el mundo estaba desorientado en sí mismo. La noche tan larga y sin cola, que para los habitantes del lugar era como el mismo redondo infierno sin salida, sin embargo para los guardias civiles era el momento final de su única oportunidad de encontrar pruebas, nada más que pruebas sumadas, tratando de incriminar a los tres detenidos, que todavía se encontraban en los calabozos de la ciudad de Cabana, próximos a obtener su inmediata libertad, ya que el Juez lo había dispuesto el día anterior, por no existir pruebas suficientes que les implicara en el supuesto delito de homicidio que se pretendía investigaba.

Pero la madrugada sin espera alguna se venía encima de las pétreas cumbres heladas, los gallos con el sentimiento más alto del caserío cantando al reloj del tiempo con repiques de un extremo a otro, dentro de sus acostumbrados corrales o gallineros despertaron los aleteos de sus gallinas blancas y coloradas como el oro de la luz de la mañana, algunas con sus pollos pequeños que buscaban el calor de sus alas y la amplia abanicada madrugada poco a poco se esparcía algo más sobre las lomas, vertientes y los blanquecinos riachuelos que discurren por las profundas quebradas de aquel caserío “La Banda”.

Los guardias civiles, con los zapatos y polainas enfangadas de barro colorado, desabotonados la camisa del uniforme verde, los quepis de igual color, hundidos sobre sus cabezas sudorosas, agotados en todo el sentido irracional de su odio y de su cólera, por no lograr su propósito; habían repartido golpes a todo el mundo, no quedó puerta alguna sin haber sido abierta a golpes de patadas o a la fuerza de puñete; tampoco se libró alguna modesta casa o algún inadvertido depósito o rincón guardado por más pequeña que fuera, de haber sido violentado y visitado por los guardias civiles y aún más, de haber sido removidas y revoloteadas por el aire las pocas pertenencias que encontraban, con ese ánimo exasperado y enojado al tratar de encontrar o por lo menos de obtener a como de lugar alguna prueba que pudiera conducirlos a descubrir el delito. Pues mala suerte, el mundo amaneció al revés, los guardias civiles no encontraron nada que pudiera comprometer a los tres detenidos, que ya se encontraban en la puerta de salida de la cárcel de Cabana, por haber el Juez decretado su inmediata libertad.

 

 

  La madrugada se había abierto como rosa de primavera para dar paso a la radiante aurora dispersa sobre el polvo dorado del cielo, pues ya era casi las cinco de la mañana; los guardias civiles tenían que regresar al pueblo de Tauca; para que a primera hora del día (equivalía las nueve de la mañana) abrieran las puertas del Puesto de la Guardia Civil de Tauca y comenzara atender al público sobre los trámites policiales pendientes.

Antes se reunieron los dos guardias civiles, bajo el mando de su Cabo, para comentar sobre los resultados del operativo y la actitud violenta y efectiva que habían realizado en este caserío “La Banda”.

Los tres eran de la misma condición, groseros y soeces cortados con la misma tijera. El Cabo de la Guardia Civil era de color moreno, con un acento un poco acriollado, parecía ser procedente de algún lugar de la costa; los otros Guardias, tenían un acento provinciano de algún lugar del centro del país, pero muy despiertos siempre en la posición defensiva y más tiraban al otro lado de la maldad. Se arreglaron las botas, las espuelas, lustraron sus zapatos, se acomodaron los ajustados pantalones de montar color verde, se arreglaron el grueso cinturón de cuero negro que sostenía el revólver y sus cartuchos, además de otra cartuchera adicional de cuero negro. Se abotonaron bien la polaca de color del pantalón, con botones de cobre sin lustro, se despojaron de sus kepis para amarrarlos a la montura de sus caballos y se pusieron sus cascos verdes. Parecían los mismos diablos del infierno, de sus ojos se les brotaba cólera y odio hacía sus semejantes. Dando fuertes palmadas a los lomos de sus caballos, por la mente ennegrecida de fracasos, pensaban y se le cruzaban deseos en realizar alguna maldad, con el propósito de encandilar alguna treta, para defenderse de algo muy serio que les esperaba, por la decisión del Juez de la Provincia.

El cabo, con groserías, era el que daba las órdenes del operativo - Tenemos que llevar ha alguien - repetía varias veces el cabo como jefe del grupo policial. Uno de los Guardias respondió, anteponiendo una soez palabra a una “mujer”, el otro le dijo a un “hombre” en igual modalidad agregando una grosera palabra en bajada. Pero en el lugar sólo se encontraban escondidas muchas madres, hijas y sus hijos menores temerosos; todos los esposos y jóvenes de mayor edad habían huido aprovechando la oscuridad de la noche para esconderse por las alturas tras de los pajonales o por los montes formados de “shiracques” y de zarzales como siempre lo hacían y desde antaño en épocas de la “leva” es decir, en otros tiempos en que los Guardias Civiles reclutaban a los jóvenes provincianos para obligarlos al servicio militar obligatorio en los cuarteles de la capital.

Como la claridad les ganaba, el día venía al galope por encima de las alturas del caserío. El cabo resueltamente ordenó en última instancia, apresar a cualquier persona que se encontraba a su alcance. Los guardias miraban por sobre las paredes a las modestas casitas, que se encontraban cercanos y observaban que algunas madres de familia y niños les miraban asustados por sus pequeñas ventanitas o por las rendijas de las puertas que en las noches anteriores habían sido rotas, a golpe de patada, para entrar los guardias civiles. ¡Qué, desgracia!, ¡Qué desesperación! de la humilde gente, ellos seguramente hubieran preferido que vivos les tragara la tierra antes de soportar tanto miedo y abuso que injustamente habían interrumpido su privacidad y descanso hogareño los groseros guardias civiles. A pesar de sus grotescas corpulencias, los guardias civiles sentían debilitarse al momento que iban a detener a ésta inocente madre; luego se les removió un poco el corazón de piedra y les vino a la mente ensuciada que éstas modestas mujeres de campo, tímidas y sencillas madres, les representaba en el mínimo recuerdo, aunque no quisieran, a la misma raza, a la misma costumbre de vestimenta que posiblemente usan sus madres, que antes habían dejado en sus pueblos; éste leve trance de sentir de repente un poquito de sentimiento humano y casi nada de arrepentimiento, pero que los detuvo por un instante de su animal e irracional acción.

Tanto fue así, que cerraron los ojos y les vino con más fuerza y sagacidad bestial aquélla fatal lección, que duramente en su adolescencia de estudiante les enseñaron que las órdenes se cumplen “sin duda ni murmuraciones” Se dieron un sacudón a si mismos como quien despierta de un profundo maligno sueño y entonces se encaminaron con toda violencia para entrar a la casa cercana y extraerla a empellones a una sencilla madre, que temerosa se rodeaba de dos pequeñas niñas y quienes asustadas sin saber por qué razón lloraban con las manitas fuertemente prendidas de las ajadas faldas descoloridas de su madre temblorosa. En ese preciso instante escucharon la voz del Cabo, que fuertemente les decía a los guardias civiles: - ¡Detengan a ese hombre! - ¡Detengan a ese hombre!.... agregando una serie de improperios que no es conveniente reproducir por respeto al lector que sigue esta narración. Los Guardias Civiles intempestivamente detuvieron su violencia y ciegamente obedeciendo las órdenes impartidas por su jefe, miraron a todas partes, se lanzaron desesperados en busca del objetivo... mientras su jefe señalando con el dedo de la mano izquierda les gritaba ...  -  Ahí ahiiii... vaaaa, corran a detenerlos  - y en la mano derecha sostenía el viejo y pesado fusil con el cuerpo inclinado como si estuviera en el campo de guerra y dando un paso adelante el Cabo de los Guardias Civiles les seguía replicando con cólera y fuerza... -  corran caaaarajjjj... atraparlos”, “corran caaaarajjjj.. Qué esperan caaaarajjjj  - agregaba varías palabras más del más grueso y alto calibre que no puedo reproducir por respeto al culto lector.

Los guardias civiles localizaron a lo lejos a un hombre que se iba por el angosto camino de siempre, cargando sobre el hombro su descolorida alforja y abrigado con su poncho ya usado de color marrón con una franja blanca que casi ya no se notaba por el constante uso, además llevaba una lampa bajo el brazo, que tranquilamente se dirigía a sus chacras a regar sus “chauchas” (papas de riego) y a ordeñar sus vacas para obtener leche, precisamente al voltear la curva, les dieron el alcance. Uno de los guardias civiles le cogió desprevenido por detrás, colocándole el brazo a la altura del cuello, como ahorcándole y otro con la cacha de su revólver descargó un sórdido golpe al cráneo que le hizo perder el conocimiento y el equilibrio momentáneamente, para derribarse como un muerto por el suelo, en estas circunstancias le arrastraron su cuerpo de regreso; como a un perro por el polvoriento, áspero y angosto camino.

Mientras tanto, desde la ventana de su casa sorprendida y afligida le observaba su desesperada madre, quién al ver la horrenda y abusiva escena bajó inmediatamente tropezándose con las piedras y restos de adobes que encontraba en su apresurado caminar, se le había oscurecido la mente, se le había congelado la sangre, cerrado los ojos corría desorientada, sin pensar más que en su único querido hijo, desesperada corrió gritando y llorosa a defender y tratar de liberar a su hijo, pero al darle el alcance veía cómo el cuerpo inerme de su hijo amado era llevado a arrastras por el áspero y frío suelo, uno de los guardias le había cogido de los cabellos y el otro de los brazos, con gran furia los arrastraban como a un peligroso delincuente. La madre les suplicaba, les rogaba a pies juntillas a los enmudecidos guardias civiles, manifestándoles que no era la persona que buscan, se habían equivocado, que soltaran a su inocente hijo, pero todo parecía como hablar a la misma roca sin compasión, seguía actuando como si hubieran atrapado al verdadero culpable, toda suplica no era más que un soplo al aire, un ruego al vacío; en esos instantes nadie comprendía a nadie, todo era una total confusión, como si todos hubieran perdido la razón.

El atrapado “Juancito” era menor de edad, no tenía documentos personales. Su llorosa y agobiada madre sólo les mostraba temerosamente su Partida de Nacimiento. Les repetía muchas veces a los guardias que su hijo se llamaba JUAN y era menor de edad, además era inocente de cualquier hecho delictivo. Les decía, llorando, que su hijo no sabía nada sobre los que ellos buscaban. Desesperadamente les seguía insistiendo con gruesas lágrimas en los ojos, de vez en cuando se arrodillaba suplicante ante estos furiosos custodios del orden. Pero estos guardias civiles, haciendo oídos sordos y con caras más duras que las mismas piedras frías, sin compasión alguna le pusieron tendido sobre el agreste y friolento suelo delante del autoritario Cabo, éste al ver a Juancito con la cara pálido y asustado, le parecía todavía desmayado, porque no pronunciaba palabra alguna, ni menos abría los empolvados ojos; el Cabo trasnochado y rabioso descargo con todo su ira, contra éste inerte e infeliz cuerpecito y le sentó con la fuerza de sus duras botas, una sonora socavada patada a la altura del abdomen de este inocente gordito, que su prematuro crecimiento no representaba su verdadera edad y que al recibir éste inesperado golpe, dio un fuerte grito que hizo temblar la tierra y faltándole el aire rápidamente se encogió hacia un rincón de la pared de piedra. La madre de Juan, con el corazón estrellado e instintivamente se tiró de lleno sobre el cuerpo de su hijo para defenderlo y que no le repitieran otro golpe igual; sin embargo el Cabo, ayudado por sus dos guardias civiles, trataban de separarlo a viva fuerza, y como les resultó muy difícil separar a la madre de su hijo; el Cabo, monto en cólera y cerrando los enleonados ojos de rabia, le asentó un fuerte puñetazo en la cara de la llorosa y desesperada madre de Juancito; quién inmediatamente perdió el conocimiento de madre y fue a dar su débil cuerpo contra un monto de negruzcas piedras y basurales. Mientras tanto los guardias civiles, amarraron las manos de Juan con una cuerda y lo ataron a la montura del caballo color caramelo, brioso, que despedía sudor y ruidosamente un ronquido de cansancio tenebroso, listo para emprender camino y que cabalgaba el Cabo de la Guardia Civil, a la menor palmada inmediatamente partieron hacía el camino. Juan, parecía tener la mente desquiciada al otro mundo, la mirada volada al vacío, los cabellos negros desordenados como los estropeados pajonales, los ojos ya desorbitados y nublados totalmente de justo, la cara maltratada y escoriada por el arrastre sobre el suelo, sin alforja ni poncho, tenía roto el saco a la altura de los hombros, también los bolsillos del pantalón, se encontraba descalzo, sus “llanques” (especie de hojotas para proteger los píes) se habían quedado dispersos sobre el polvoriento camino por donde fue arrastrado.

La Madre de Juan, fue auxiliada por otras caritativas madres ancianas del lugar y testigos de los abruptos acontecimientos. Al ver el estado en que se encontraba casi muerta le ofrecieron un “jarro” (envase de conserva) de agua fría para rehabilitarla y auscultándole con el oído su profundo corazón, escuchando un débil latido muy lejano de la tierra. Apenadas las ancianas, le movían los brazos en distintas direcciones, con el ánimo de regresarla la vida y así le hicieron recobrar el suspiro que ya se iba, pero la hicieron retornar como si viniera de un profundo sueño. Bruscamente despertó la madre de Juan, para luego ver llorando, que a lo lejos se divisaba por un estrecho camino los tres caballos, cabalgados por los tres guardias civiles y a su hijo Juan que era llevado a la fuerza amarrado de una soga, casi arrastrándose, sin saco, con la camisa rota, perdiendo los desabotonados pantalones, con los pies descalzos y desnudos ensangrentados, caminaba tropezando en el camino polvoriento, con dirección a la ciudad de Tauca.

Más solitaria en el mundo, nubosa de lugar, triste de haber nacido y con negro panorama en su vida entregada a su familia, quedó destrozada el corazón y el alma de la Madre de Juan. Hasta las piedras lloraban con ella, algunos arbustos entristecidos se estremecían doblándose en si mismos y el silencio acongojado deshojaba las hierbas y abatido de injusticias se entremetía en la afligida mirada de la madre naturaleza, que fueron sus únicos testigos de estos infernales momentos… Los Andes y el Mundo superior que sobrepasa por esta apesadumbrada negrusca ubicación del espacio se quebraba por encima de todos ellos, que algún día no muy lejano les pedirán cuentas a los guardias civiles y a los hijos de estos maldecidos servidores del Estado.

 

           

 Eran las seis de la mañana, el crepúsculo auroral se había endurecido en las alturas como hielo de la Cordillera Blanca, los cerros estaban más quietos que ayer y se habían enlutado para el lugar conmocionado, hundida la naturaleza en si misma sus lágrimas regaban el mundo. Todas las familias del caserío “La Banda” estaban abatidas y desconsoladas por el abuso irracional de la guardia civil, de cuyas actitudes imperantes eran indefensos, débiles a sus matonerías policíacas, incapaces de hacerles frente a sus armas por temor a perder sin compasión alguna la vida.

 Recuperada doña Balvina, la madre de Juan, gracias a la oportuna intervención y auxilio comunitario de la vecindad. Sacudió el polvo de sus faldas descoloridas por el uso cotidiano y arreglándose la maltratada blusa de dos colores amarillo y azul, por cierto muy usada y trajinada, como un cielo opaco y triscado por la aspereza del tiempo. Sombrero de varios remiendos y descolorido por las lluvias de varios inviernos pasados. Ligera de ánimo se encaminó hacia su casa, llevando todo el llanto a cuestas, no obstante al dolor ardoroso del ojo hinchado y moreteado, como un trozo de cielo nublado y ennegrecido en sangre retenida, parecía caminar sobre arena y de rato en rato pronunciaba el nombre de su único hijo Juancito, con su dolor le daba una tonalidad entristecida de funeraria “ahí Juancitóoooo... donde te encontraréeeee... tal vez ya muerto te hallaréeeee....”. Esta amargura y desolación escuchada dentro de su modesta casita, se acompañaba de un profundo suspiro de afligimiento y angustia, que parecía en su nublada eternidad el fin de sus días. Mientras que cerraba y aseguraba sus pesadas puertas de tosca madera de aliso. Luego de cerciorarse de encontrarse lista, cargo su “lliclla” (manta) sobre sus espaldas y a paso acelerado se marchó tras de su único hijo, que era llevado detenido por los guardias civiles hacia la ciudad de Tauca. Pero la vecindad la retuvo no permitían que emprendiera la caminata sola decidieron que alguien la acompañe.

Juan, era el único hijo de doña Balvina, de cariño le decía Juancito, quién perdió a su padre después de un año de nacido. Doña Balvina, quedó viuda, vivía sola, en la casita que le construyó su difunto esposo. Juancito desde muy niño asumió las responsabilidades del hogar, estas circunstancias prematuras de la vida, le hizo desarrollar muy precozmente, tanto físico como mental, a pesar de su minoría de edad. Él mantenía a su madre Balvina, dejó en su temprana edad la escuela, por dedicarse a los quehaceres de la casa y a las labores del campo, se encargaba de cultivar sus pequeños terrenos como un hombre mayor y de su producción vivían y se alimentaban. Tienen por costumbre las viudas de no volverse a casar, son fieles a sus extintos esposos hasta después de muerto, creen que sus almas los ampara, les ayuda y les acompaña en todo momento de su vida, caso contrario, el alma de su esposo penara, sufrirá y se retirará de su lado llorando y maldiciéndole para no volver más al hogar que dejó.  

Cuando necesitaba dinero, vendía sus carneros o algún otro animal casero, como el cuy o las gallinas, que siempre no faltaban en el lugar de crianza. Tenía solamente tres vacas lecheras, pero que nunca le faltaba leche todo el año; además que el mismo preparaba los “quesillos” con cuajo y sin sal en unos moldes de mates de madera, frescos o secados los vendían en el lugar y a veces su madre lo llevaba los domingos, en baldes protegidos con panchas de maíz o con hojas de coles que cultivaban en su huerto a vender en la plaza de armas de la ciudad de Tauca.

A pesar de ser un menor de edad de dieciséis (16) años, actuaba y trabajaba como un hombre responsable de su hogar, en la temporada de verano, preparaba sus barbechos en las tierras fértiles de las alturas del caserío “La banda” y sembraba las agradables ocas, ollucos, mashuas, papas de varias variedades y otros productos de altura en los parajes de estos lugares de “Shirabamba” y “Shingullay”, también sembraba, habas, trigo, cebada, chochos, alverjas, etc. según la temporada y la estación en que los demás habitantes del lugar realizaban sus faenas agrícolas.

Juan con sus propios esfuerzos cultivaba sus tierras y luego con sus cosechas mantenía a su madre, no le faltaba en absoluto “el qué comer” durante todo el año; era un joven ejemplar, nunca tuvo infancia, como todos los demás jóvenes huérfanos de este caserío “La Banda”, son muy trabajadores y lo que sus campos producen lo llevan a vender a la ciudad de Tauca y a la de Llapo, por encontrarse más cerca de este lugar y en aquel entonces, no existían carreteras para movilizarse en vehículos como se hacen actualmente.

 

 

 

Los rayos solares abrigaban la mitad del cielo azul del mundo, que descanzaba sobre las cumbres de los cerros que rodean a la ciudad de Tauca, su gente comprensiva y pacífica se deslizaba por sus rectas y empinadas calles empedradas, listos con sus ponchos y alforjas al hombro, para acudir llevando sus herramientas de labranza a sus fértiles campos, los escolares se aseaban en las friolentas aguas retenidas en sus morteros de piedras, para luego asistir tempranamente a la única Escuelas Nº 295 de primaria en Tauca, y otros tantos jóvenes egresados de la primaria, para concurrir a sus quehaceres cotidianos, por que así lo habían decidido sus padres laborar en las tierras; mientras que en la plaza de armas, el campanario con boca de cobre abierta al aire, llamaba a sus feligreses de todos los extremos del pueblo, para asistir a la Misa de las nueve de la mañana, las mujeres vestidas de una falda negra, de sombrero blanco con cinta negra terminada en rosa a la derecha, de azul pañuelón y en otras de negro anaco, que siempre se encontraban más próximos a los actos religiosos. 

Era cerca de las ocho y media de la mañana, que llegaba a la plaza de armas de Tauca, los tres caballos, cabalgados por los tres guardias civiles debidamente uniformados. Los caballos briosos, color caramelo de patas herradas y firmes en su andar, hacían que el trote de pisadas rígidas, armoniosamente rechinaran sobre las rectas e inclinadas calles empedradas; mientras el sudor bañaba su cuerpo de buen engorde; tras del primer caballo, amarrado a la montura y prendido fuertemente con las manos de las ásperas cerdas de la cola, se veía al infortunado Juan, que llegaba también cansado y desarrapado, sudoroso por todo el cuerpo y desangrando los pies descalzos, con la lengua casi afuera, pálido de cara como de un muerto, surcado hondamente por gruesas derramadas lágrimas, entremezclado con el sudor más amargo y empolvado de su vida, por haber subido y bajado largas cuestas del camino de herradura, jalado violentamente a la fuerza por la gruesa soga de cabuya, caminando al compás de los pasos largos como a la distancia de los caballos y de frente jaloneado por los guardias civiles, sin explicación alguna fue depositado y encerrado como un feroz animal en el calabozo del Puesto de la Guardia Civil del distrito de Tauca.

Mientras que los guardias civiles custodiaban fuertemente armados a Juan, como si fuera un peligroso delincuente, que no hacia mucho de haber sido traído detenido desde el caserío La Banda, el Cabo del Puesto de la Guardia Civil de apellidado Zamudio, sin pérdida de tiempo, desmonto su caballo y de inmediato se dirigió a la Oficina de Correos y Telégrafos, que funcionaba en la misma plaza de armas al frente del mismo Puesto de la Guardia Civil, en la casa de la familia Veramendi, con vista a la salida del sol sobre el cerro de “Angollca”.

Inmediatamente el Cabo Zamudio, cursó un breve telegrama con carácter de “urgente”, al Señor Juez de Primera Instancia de la Provincia de Pallasca en Cabana, en el cual daba cuenta de haber capturado a otro cómplice del crimen denunciado y que se suspendiera la orden de libertad decretado por el Juzgado, para los tres inocentes inculpados, que todavía se encontraban detenidos en la cárcel de la ciudad de Cabana, asimismo prometía que pronto sería remitido el detenido, conjuntamente con las pruebas materiales del delito y su correspondiente atestado policial, en el cual se detallaba los autores intelectuales y materiales del posible crimen. El Juez Instructor de la Provincia, al tomar conocimiento del contenido de éste telegrama remitido por el Cabo del Puesto de la Guardia Civil de Tauca, inmediatamente ordenó de “Oficio” que se suspendiera los efectos de la Resolución Judicial dictada por su Despacho, que disponía la inmediata libertad provisional de los tres inculpados, sobre el supuesto delito denunciado.

Esta maliciosa tolerancia en el tiempo, favoreció enormemente a los tres guardias civiles, que habían sido denunciados y abiertos instrucción penal, por el Juez Instructor de la Provincia, por los “delitos contra la vida, el cuerpo y la salud- Lesiones graves”- en agravio de los tres detenidos que fueron brutalmente maltratados en el Puesto de la Guardia Civil de Tauca, los mismos que se encontraban con orden de libertad provisional en la cárcel de Cabana.

Ahora impacientemente esperaban la noche para hacerlo “cantar”, como acostumbraban decir los guardias civiles a sus víctimas. Es decir, aprovechaban la oscuridad de las altas horas de la noche, mientras que el pueblo descansaba sumido en profundo sueño. Los guardias civiles acostumbran cruelmente a maltratar y azotar a los detenidos dentro del Puesto de la Guardia Civil, con propósito de hacerles confesar, según ellos la “verdad” de los hechos.

 

 

Qué solloza la mañana de ese mismo día, sucedía paralelamente en el lejano escenario del paraje de “Chuquique”, La Banda, caserío de la ciudad de Tauca, doña Balvina, madre de Juan, que lloraba desconsoladamente al ver que prácticamente de sus entrañas se le había arrancado a su querido hijo, no hacía mucho que lo había perdía de vista, en el trayecto que era arrastrado sin compasión por los caballos, dentro de las enormes polvaredas que se quedaban a lo largo del camino que descendía hacía la quebrada. De abatida amargura y de desconsolada angustia, no esperó más. Volvió a entrar a su cuarto al lugar en donde se encontraba una rustica mesita de madera de aliso sobre el cual conservaba todavía el poncho, la alforja, el sombrero y una vieja fotografía tamaño carnet de la Libreta Electoral de su extinto esposo, palpando con sus débiles dedos estas empolvadas prendas y persignándose ante ellos pidiéndoles que le ayude y que le acompañe en su propósito. No le importó dejar sus cosas abandonadas y venir siguiendo a su hijo. Cerró la puerta de su modesta vivienda y cargó a la espalda su “lliclla” (manta) de colores ya bastante envejecida y soleada por el tiempo tirando más a la apariencia de manta vieja, como de costumbre la que más usaba en sus quehaceres cotidianos de campo. Con la misma ropa envejecida que la tenía puesta. Con la mente confundida en el increíble incidente, era un cuadro que jamás se imagino que le sucediera a su inocente hijo. Era algo así como que alguien le arrancara bruscamente el corazón. Cogió inmediatamente el mismo camino por donde el polvo del camino se perdía a la distancia, con dirección hacía la ciudad de Tauca.

Al ver en apuros a esta angustiada madre, la gente que curiosamente se arremolinaban en el lugar, decidieron en el mismo momento que alguna persona le acompañara a doña Balvina, ya que en esos instantes se le tenía nublada la mente, caminaba de un lugar para otro, sin tino, no sabia que hacer, daba pasos murmurando sin razonamiento lógico, parecía desmayarse, peligraba su salud en caso de movilizarse sola, en cualquier momento por algún lugar del camino podía desbordarse. Entonces voluntariamente, rompió el silencio de ese corto instante, era una resuelta voz femenina de mayor edad, era pues de esas cuantas otra madre de familia, llamada doña Joaquina, una modesta mujer que contaba con más de cincuenta años de edad, de contextura gruesa, muy conservadora de sus costumbres ancestrales, tomando el suficiente valor, voluntariamente se puso al camino, para acompañar a una de sus vecinas de tantos años que habitan el lugar. Doña Balvina agradeció profundamente su compañía, según al estilo y a sus manifestaciones costumbristas, luego se fueron por el mismo camino, por donde fue llevado arrastras a su único hijo Juan.

La mañana se había quebrantado en la esperanza de doña Balvina, el cielo parecía haberse borrado de su encanto. El calor era ya, insensible en el cuerpo de doña Balvina. La sensibilidad corporal se había endurecido como piedra al calor y al frío. Lo escabroso del camino era imperceptible para los pies de doña Balvina. La brusquedad de la caminata, no mellaba de modo alguno, las ansias de dar el alcance a su hijo Juan en el recorrido. Sus pies tropezaban a menudo con las piedras del camino. Las asperezas del trayecto, ya habían ensangrentado en varias partes los fríos endurecidos pies de doña Balvina, porque sus toscos “llanques” (hojotas) ya se habían roto a pocos minutos de haber iniciado el alcance a su hijo.

Cuando una madre se empeña a querer salvar a su hijo, instintivamente se agencia y se procura de todo el valor necesario, no se sabe de donde sale ese coraje determinante; pero lo consiguen, la valentía y la fortaleza materna para lograr lo que se proponen, son al parecer algo ya natural, que se fusiona como un todo de aliento entre el sacrificio y el amor de una madre. ¿Cómo es el cariño y el amor de una madre? –  es algo incomparable - para acudir en los momentos más álgidos de la vida, en búsqueda de amparo y salvación de su hijo. Son capaces de enfrentar y entregarse al más cruel peligro, con el propósito de salvar a su hijo. La madre no siente dolor ni menos temor al peligro. La madre es la madre. No existe en el universo un ser que les iguale.

Doña Balvina y su acompañante doña Juaquina una mujer gorda de varios años de vida, habían trajinado ya varias horas de camino dubitante como la vía Apia del Mesías, era una penosa cruz la de una madre que sin probar alimento alguno ni haber siquiera mojado sus resecos labios, a pesar de sus inundadas lágrimas que constantemente rodaban por sus rugosas mejillas… demostraba la dureza y temple de sus años que se diluían junto con las gruesas gotas de sudor empolvados, sin embargo así y teniendo en contra las circunstancias llegaron casi desfallecientes hasta la entrada misma de mi pueblo Tauca.

 

 

En cuanto doña Balvina y su acompañante traspusieron las orillas del pueblo, inmediatamente las dos apresuradas avanzaron caminando por la calle empedrada y sin pérdida de tiempo trataron de llegar a la plaza de armas del pueblo de Tauca, de inmediato se acercaron al Puesto de la Guardia Civil. En el mismo lugar, en donde no hacía mucho que su hijo Juan, había llegado detenido y luego fue encarcelado, bajo custodia de los guardias civiles.

Eran más o menos las nueve de la mañana de ese día. Por una hora de diferencia doña Balvina no le dio alcance en el camino a su hijo, que fuera traído arrestado por los guardias civiles. ¡Cuánto había caminado esa madre! Desesperada por liberar a su hijo, haber caminado a pie constante varios kilómetros y aún al distante paso desordenado de briosos caballos, además traía en el alma una empolvada pesada melancolía, seguida de una engrosada tristeza que le destrozaba la vida de una modesta madre de campo.

Las dos femeninas que se hallaban enjugando sus lágrimas, dieron varios toques a cada una de las puertas que herméticamente se encontraban cerradas, las mismas que daban toda la seguridad del caso al infortunado detenido, que se encontraba en el interior del Puesto de la Guardia Civil, en un silencio prolongado nadie respondía, cuando de repente desde la baranda del segundo piso, una voz trasnochada y con una cara de ojos enrojecidos por el cansancio, que todavía se encontraba sumida en un sueño, con un gesto grosero y desagradable le contestó “que no insistan en seguir golpeando la puerta, nadie les va atender, el Cabo Zamudio no se encuentra aquí, se ha ido a desayunar a dos cuadras de la esquina“ (toscamente con la mano derecha le señalaba el lugar) ante la insistencia de Balvina, agriamente con fuerza le replicó, “ él es el único que le va atender ”.

Doña Balvina y su compañera, bajaron sus pocos ánimos físicos que todavía les quedaba y dieron media vuelta con paciencia de espera; pero como madre no dejaba de llorar por su hijo Juan. Las fracciones de segundos que pasaban le significaba largas horas, sus ansias de madre le llevaba al deseo mental de mitigar su cuerpo dolido y cansado, deseaba tal vez enjuagar sus las lágrimas o consolar la tristeza de su hijo, con un extremo de su “rebozo” azul descolorido que llevaba puesta. Quería como madre secar la humedad del sudor de su frente. Se imaginaba a leguas, debajo del rotoso sombrero antiguo descolorido por las lluvias del invierno, maltratado por el riguroso frío y soleado por el sol andino, la penosa situación en que habría llegado su hijo traído desde tan lejos a pie por el áspero camino. Todas estas ideas abruptamente pasaban por la mente, mientras permanecía en espera sentada en una fría vereda de piedra, que circundaba el cuadrilátero de la plaza de armas. Su sencilla mirada esperaba nerviosamente la aparición y llegada del tan aguardado cabo Zamudio.

El sol con furia asentaba su condensado color andino. La espesa mañana ascendía muy aprisa las cimas endurecidas de los cerros. Por fin se apareció a la vista el cabo Zamudio, que muy suelto de huesos y bien desayudado venía por un extremo de la plaza de armas, exteriorizando un manifiesto aspecto de haber posiblemente descubierto algo inesperado. Entonces doña Balvina al verlo, se levanto de su aposento casi como un resorte y fue a darle el encuentro a pocos metros del Puesto de la Guardia Civil, con pocas palabras entrecortadas le reclamaba sobre su menor hijo Juan, preguntándole ¿En dónde se encuentra su hijo y que le permita verlo por un momento?. Con una mirada burlona y con palabras groseras, el cabo Zamudio, le impedía que la madre de Juan se acercara a su persona, con gesto despreciativo y volteando su cara redonda color de aceituna, marcada por una cicatriz el pómulo izquierdo, al parecer conseguida en los ajetreos revoltosos de una vida descarriada de su juventud pandillera, su expresión resumía todas estas frustraciones de su penosa conducta pasada; la misma que trataba de descargar en contra de una modesta madre, que en esos instantes se encontraba desvalida física y espiritualmente, por habérsele arrancado abruptamente el corazón y con ello todos los sentimientos de su alma pura de madre, que sólo reclamaba el derecho de ver a su inocente hijo, que injustamente le arrebataron de su materno lado.

Este personaje autoritario, de hace 55 años atrás, era prepotente, abusivo y vulgar, llevaba el cuero cabelludo, cortado al estilo militar, a pesar de tener un cabello de un duro ensortijado del mismo color de su piel, como esos tipos morenos acriollados que llegan de la costa a la sierra, de cara ovalada oscura, de amplia frente, de párpados abultados, de ojos grandes enrojecidos, como de los trasnochados, nariz gruesa y abultada, siempre movida por sus carnosos y resecos labios que sólo saben hablar lisuras y groserías, con una voz socarrona característica de la raza negra, sin bigotes; en su conjunto se asemejaba a una cabeza de un boxeador maltratado, protegido de un deformado y usado “quepi” de uniforme de color verde oliva. Unido por un musculoso cuello a un cuerpo corpulento y alto, de uniforme ajado y descuidado, parecía que nunca se lavaba por usarse todos los días; llevaba puesto polainas de cuero color negro, con zapatos del mismo color, grandes, anchos y usados, como los que calzan los militares de tropas, además llevaba adheridas unas espuelas de cobre, muy usadas, sus pesados y fuertes pasos rechinaban sobre el empedrado de las calles del pueblo y eso le daba apariencia de un temible guardia civil en ronda, ya sea en el día o en la noche, añadido el tono de voz ronca y gruesa de expresión, le daba una actitud de autoridad despótica e insolente, tiránico, sin vergüenza, hacía lo que el quería, lo que le daba la gana, en el pueblo nadie se le podía enfrentar, a la persona que le tenía cólera, o no gozaba de su aprecio, en cualquier momento le mandaba detener injustamente con sus guardias civiles. El pueblo le tenía mucho miedo y le reservaba más odio y rencor.

Imagínense cómo se había sentido esta modesta madre doña Balbina, (que nunca tuvo problemas policiales), al verse ante la presencia de este insensible personaje, que con voz altanera y déspota le dijo: “soy el cabo Zamudio, lo he detenido a tu hijo porque es un asesino, tengo las pruebas, ya comunique a Cabana, mañana será llevado ante el Juez“ (al escuchar estas palabras doña Balvina casi se desmaya sólo se puso a llorar) y él le replicó: “¡No! Aunque te mueras, no lo voy a soltar, quéjate a donde quieras... yo mando aquí, haré lo que yo quiero con el asesino de tu hijo”.

Ante esta altanera respuesta del cabo Zamudio, las esperanzas de doña Balvina de entrevistarse o encontrar a su hijo Juan, se le vino todo por tierra, como si el endurecido cielo se hubiera desplomado sobre su cabeza. La desesperada desorientación se apoderó de la persona de doña Balvina, confundida y turbada su mente, de pronto casi se desmaya, percibía que el mundo le daba vueltas y se le partía en dos, debajo de sus pies sentía dar pasos en altos y bajos, sobre las profundidades abiertas en el vacío. No encontraba respuesta alguna de esperanza, todo parecía haberse acabado, ya no había que hacer. El mundo se había detenido en la mente. Enceguecida de dolor y de rabia, vio que la figura del cabo Zamudio, rápidamente se retiraba hacia el Puesto de la Guardia Civil.

 

 

Entonces, recuperándose doña Balvina del desprecio y humillación, que había sido víctima, inmediatamente se acordó que su tía Juaquina que le acompañaba, tenía un compadre que residía en Tauca y se llamaba Manuel Moreno Huazo, quién era el Juez de Paz del distrito de Tauca, persona comprensiva, atento y servidor de toda la gente del pueblo que recurrían a su judicatura en busca de justicia, le vino a la idea en ese instante de que le podría ayudar en este caso de injusticia, ya que no había otra manera de defensa en el distrito. Sin pérdida de tiempo, le comunicó la idea a su tía Juaquina, quién afirmativamente le respondió que conocía la casa de su compadre y ágilmente se encaminaron desde la Plaza de Armas, por la calle La Libertad, pasando por el corrito de “Conshgan” con canal de piedra “shangal” (piedra plana) azulejo, continuaron bajando la calle las dos mujeres desconsoladas y afligidas, hasta llegar a encontrar la casa situada en el Jirón Recoleta Nº 312 antes hoy N° 315, del barrio La Pampa, era la casa de su compadre, en donde funcionaba el Despacho del Juzgado de Paz, ocupaba una de las habitaciones más amplias de la casa, en su interior habían dos mesas de madera de aliso, una grande antigua de cinco cajones repletos de documentos, con un pesado sillón grande de madera de aliso con brazos gruesos y un viejo cojín de alfombra de varios colores, en donde sentaba mi padre como Juez de Paz y otra mediana junto a la ventana en donde desarrollaba mis tareas de la Escuela, dos pesadas bancas grandes de madera de alcanfor con brazos rodeaban la habitación, servían para sentarse las gentes del pueblo que acudían solicitando ser atendidos por el señor Juez de Paz, quién solucionaba diariamente sus múltiples problemas, los documentos y expedientes cocidos a mano aumentaban los archivos cada año, las actas de las transacciones se registraban en los libros, sobre el escritorio de mi padre se veía una colección de varios lapiceros de pluma de metal de diferentes dimensiones, de color azul y rojo, de acuerdo a los tinteros de tinta azul o roja, los plumones de tanto escribir en papeles rayados de oficio o de carta, ya se habían vuelto un poco romas o chatas. Mi padre no usaba lentes, era alto siempre bien peinado con raya a la izquierda, de cejas pobladas, de nariz roma normal de un buen hablar, vestía bien, calzaba botines marrones, mantenía una posición de respeto y autoridad comprensible y pacificador. El falange del tercer dedo de la mano derecha la tenía ya callosa, por la permanente posesión del lapicero al escribir tanto en el papel con estilo de escribano y con un pulso de una gran caligrafía, que se asemejaba a las escrituras habidas en las paginas del “Mosaico”, porque sus antiguos maestros le habían enseñado a escribir a mano con hermosa letra y correctamente formada sobre las líneas del papel de oficio o de carta.

El sol ascendía aceleradamente las cuestas de la mañana, dejando a su paso el aire abrigado entre los ángulos de las lomas de “Angovillca”,  “Pagarína” y el cerro de “Angollca”, mientras escondida todavía bajo las sombras de los tejados de algunas casa, las “pichuchancas” (gorriones) maliciosas cantaban en las hileras de los techos. El portón de madera de la entrada de la casa, usada y cuarteada por el tiempo, muy poco se abría, sólo para acontecimientos grandes de fiestas u otro evento, existe todavía la puerta más pequeña por donde entraban y salía diariamente la gente que concurría a los comparendos del Juzgado de Paz. En ese entonces, se escuchó que alguien desesperadamente tocaba la puerta, salí corriendo a cerciorarme ¿quién era la persona que tocaba la puerta?, y al abrirla me di con la sorpresa de la presencia de dos mujeres que sollozaban y musitando hablaban debajo de sus viejos sombreros, no le entendía lo que me hablaban, sus palabras eran un tropel de aflicciones desesperadas que venían bañadas en lágrimas. Estas dos mujeres, tenian un aspecto de haber recién llegado de una larga y pesada caminata, estaban cansadas, desordenadas en su vestir, lloraban sin apaciguarse, parecian venir atravesando una fuerte tristeza, que les abatía todos los extremos de sus vidas. Eran pues doña Juaquina, comadre de mi padre, aparentava tener varios años de edad, venía del caserío La Banda, acompañada de doña Balvina, de menos años de edad, era la madre de Juan que se encontraba detenido en el Puesto de la Guardia Civil

En ese tiempo, yo, que era todavía un jovencito de catorce años de edad, realmente me quede impresionado de esa tristeza que traían a cuestas estas dos madres de familia, como si el mundo se le hubiera terminado para ellas, como si les hubiera fallecido alguno de sus seres más queridos, desconsoladas y afligidas lloraban y lloraban sin poder calmarse, Yo, no comprendía la magnitud de su sufrimiento. No entendía el dolor de una madre que siente en cuanto le falta uno de sus hijos. A esa edad todavía no había medido ni calculado la dimensión de la angustia, en que vivían en esos momentos estas dos infortunadas madres, tampoco había experimentado en mi vida esta inmensa aflicción. Al verlas en esta situación de tristeza, se me vino el cielo azul pintada de primavera por tierra y tomó cuerpo el trisado sombrío en el día que comenzaba y se me partió el alma en dos emisferios oscurecidos. Las dos madres lloraban y lloraban no existía para ellas ningún consuelo, sus alegrías hacia mucho rato que se habían enterrado en la más honda supeficie de esa dolorida mañana.

Ya no eran esas madres, que anteriormente les había conocido, que alegremente juguetean con sus hijos, con su familia. Ya no eran esas madres, que gozosamente desde lejos venían, sonrientes, fuertes, alegres, trabajadoras, que se levantan por la madrugada, a preparar el desayuno, para ir temprano a los quehaceres del campo. Ya no eran esas madres, que de “pañuelón” o rebozo azulino, cruzado sobre sus hombros abrigaban sus espaldas, cubriendo a medias sus polleras a colores, con la sonrisa en los labios, con la flor de rosa en la cinta negra del sombrero de paja blanca, acomodaban cuidadosamente los quesillos del caserío La Banda, en unas hojas grandes de col o repollo, para mantener la frescura de su humedad y el color natural de su blancura, agradable y de característico olor. Luego las traían cargadas sobre sus espaldas, en sus amplias “llicllas” (mantas) de variados colores, de los que más resaltaba era el rojo vivo, el rosado, el verde, el azul y el amarillo con el morado, agilitas y a pie se venían por esos lejanos caminos con dirección a la ciudad de Tauca. Ya no eran esas madres joviales, que muy tempranito amanecían entrando a las orillas del pueblo, que venían en conjunto, en grupos de mujeres cada fin de semana, generaban un movimiento festivo los días domingos en la plaza de armas del pueblo. Ya no representaban a esas madres, que traían sus productos del campo al pueblo, para venderlos en la plaza de armas del pueblo. Ya no personificaban a esas madres jóvenes, que con sus acostumbradas bromas graciosas se entretenían sonrientes mientras andaban en el polvoriento camino, cuando recién la mañana húmedamente se derramaba de pura aurora por el mundo, sobre los verdes campos regados de rocío. Ya no simbolizaban a esas madres gozosas, que sentadas en las veredas del cuadrilátero de la plaza de armas de la ciudad, relumbran su colorido de nuestra identidad cultural. Ya no eran esas madres, que transitaban jubilosas y risueñas las calles empedradas de la ciudad, los días domingos de sol de verano. Ni menos eran aquellas madres, que divertidas y contentas al caer la tarde del día domingo, regresan a sus caseríos, a sus dulces hogares, con el dinero obtenido de la venta de quesillos, frutas, verduras, papas, ají, rocotos y otros productos más, realizaban como ferias en el improvisado mercado de abastos, que formaban en la plaza de armas los días domingos y a su vez, también efectuaban sus compras de azúcar, arroz, fideos y otros tantos comestibles, que se abastecían para toda la semana. Todo este pasado y futuro de estas buenas madres, se le vino por el suelo, arrastrados por este breve presente, la adversidad de la vida de los menos pudientes, de los siempre explotados y desamparados por la ley.

Se vinieron a pie de La Banda a Tauca y en aquella soledad desesperada y ruin, fue compañía de espinas y terrales adversas del tortuoso destino.........

En cuanto reconocí a doña Juaquina, comadre de mi padre y a doña Balvina, sobrina de doña Juaquina, muy inquieto, les pregunté de inmediato:

 

 

Desde un silencio entrecortado me contestaron con un sí desesperado. Pronto abrí la portezuela y entraron las dos mujeres a mi casa.

Mi padre se encontraba en su Despacho, realizando una audiencia de conciliación de divisón y partición de tierras, entre varios herederos que no aceptaban el metraje ni menos el deslinde, tampoco la ubicación de su parte hereditaria, en esos momentos fue interrumpida.........

 Sin esperar su turno, doña  Juaquina entró primero al Despacho y tras de ella doña Balvina, diciéndole a mi padre:

 

 

Seguían relatando lo que había pasado a mi padre, quién atentamente las escuchaba, las dos mujeres no cesaban de lagrimear. Era un llanto doloroso, entristecido de corazón, como si Juancito se hubiese muerto. Enjugándose sus lágrimas derramadas por sus mejillas, con sus rebozos usados que llevaban puestos, de color azul apagado y cada vez que había un silencio, le recalcaban a mi padre:

 

 

Mi padre conmovido por este clamor, me dirigió su mirada que frente a él me encontraba y comprendió mi curiosidad, bajó su vista con un gesto de preocupación, buscando una lejana solución al problema escuchado de su comadre.

Les invitó a sentarse en las bancas grandes de madera en donde esperaba el público y él también cogió su sillón grande de madera gruesa y se sentó arribándose a su escritorio. La tristeza no sólo se inundó en el Despacho de mi padre, sino que también se rebalsó por toda la casa, todos en silencio querían escuchar y saber cómo iba a solucionarse el presente caso.

Mi padre, dejó de atender a las personas que había citado a su Despacho para la audiencia y luego de respirar profundamente, moviendo su cabeza, tomo su lapicero de color negro, de pluma metálica y le introdujo a un tintero de tinta azul, para luego escribir en el papel sellado tamaño oficio, que había previamente cogido y con gran estilo jurídico redactó una orden, con buena caligrafía antigua, dirigido al:

 

“Señor Comandante de Puesto de la Guardia Civil de Tauca.

Presente.

Me dirijo a Ud. manifestándole que, en el término de la distancia, ponga a disposición del Juzgado de Paz, al menor Juan, quien ha sido capturado en el caserío La Banda y que en el transcurso de la mañana de hoy día ha sido conducido a su Comandancia de Puesto, en donde permanece detenido, y para atender la denuncia verbal formulada en contra de su persona ante este Juzgado, por su señora madre doña Balvina, es necesario la comparecencia física del menor y de los cargos que se le acusa, a fin de abocarme a esta investigación judicial que así lo amerite.

 

Hago de su conocimiento, para los fines consiguientes.

 

Dios guarde a Ud.

 

Al terminar estampó el sello de pos - firma, que decía:

 

Manuel T. Moreno Huazo,

       Juez de Paz de Tauca”

 

Luego sobre el espacio que comprendía, rubricó con una firma grande, se asemejaba a una mariposa con las alas abiertas en vuelo y a su lado derecho agregó con fuerza otro sello redondo, con la inscripción:

 

“Juez de Paz de Primera Nominación del Distrito de Tauca – Provincia de Pallasca“, con el Escudo Nacional de Armas al centro, que le daba la certificación de carácter oficial de la autoridad judicial. Luego pasó sobre el papel el grueso “papel secante” de lustre verdecaña, con el fin de secar la tinta azul en el papel de Oficio de ese entonces.

 

(Esta copia del oficio corre inserto en el Exp. Nº09-53-JPPN-T, pág. 16, del Juzgado de Paz)

 

Llamó inmediatamente a  su alguacil, que en silencio esperaba sentado en un extremo de su Despacho, era don José Rosales (de sobre nombre “José Zorro” por vivaz y hablador) de estatura baja y delgada, siempre con poncho y sombrero ajado ya por el uso y el tiempo, sus canas se ocultaban bajo el sombrero, de movimientos rápidos, le faltaban algunos dientes delanteros, rápidamente de un salto ya estuvo frente al escritorio de mi padre para recibir la orden de llevar el Oficio dirigido al Comandante de Puesto de la Guardia Civil de Tauca, después regresar a dar cuenta con el cargo de la recepción respectiva.

Mientras esperaban el regreso del alguacil, las dos mujeres no dejaban de  llorar y así llorosas conversaba de su caso, a todas las personas que se encontraban sentadas dentro del Despacho, esperando ser atendidas en sus diligencias. Las escuchaban atentamente agudizando sus oídos y de vez en cuando también comentaban afirmando y a su turno se lamentaban con dolidos gestos de cara y posición de manos y cuerpo de este imperdonable abuso, que realizan de parte de la guardia civil en todos los pueblos de la sierra.

Con aprecio recuerdo la persona de este alguacil, don José Rosales “José Zorro” era tan eficiente y servidor, era el alguacil más antiguo y popular del pueblo, había trabajado con todos los Jueces de Paz anteriores. Con las propinas que les daban los litigantes, para llevar las citaciones y notificaciones a las partes ya sean como denunciantes o inculpados o agraviados, con este aporte voluntario mantenía a su familia. Inclusive recuerdo, mientras actuaba mi padre en sus diligencias, le encomendó a él para que nos acompañara a mí y a mi hermano Manuel, por primera vez a la Escuela del Segundo Grado de Varones Nº 295 de Tauca, era un día Lunes de aquél mes de Abril del año de 1949, a las diez de la mañana salimos por primera vez de mi casa con dirección a la Escuela, aproximadamente a las diez y media llegamos al frente de la Dirección de la Escuela, el Profesor Manuel Salvá Zamora como Director nos recibió, a quién mi padre le trataba cariñosamente como “hermano Manuel” y a su hermano “hermano Antonio” por la familiaridad que existía desde niños con la familia Zamora, luego a los dos hermanos nos llevó hacia el aula de “Transición” era ocupada por muchos niños de mi edad que se sentaban sobre unas bancas largas de madera tosca de alcanfor y se apoyaban a sus pizarritas pequeñas o a sus cuadernos en el cual escribían con sus lápices y borrador bicolor amarrados de sus cuellos con una pita y escribian sobre sus rodillas no tenían mesas para escribir, además cada uno guardaba muy seguros sus bolsas de lana o de tocuyo muy percudidos por su uso, se derribaban facilmente al suelo por más cuidado que los tenían, el piso era de tierra afirmada levantaba mucho polvo al más mínimo movimiento de los pies, la construcción era de adobes, ámplio de un solo piso, sin ventanas, techo de dos aguas con teja, hacian mucha bulla desordenada, nos recibió una maestra de guardapolvo blanco, de contextura mediana, con cabellos castaños que llegaba hasta la cintura, amablemente nos hizo sentar casi adelante frente a un pizarrón garabateado con tiza blanca, rota en el extremo izquierdo superior por el uso y una mota vieja de color violeta. Como habíamos llegado a medio mes, ya no tuvo tiempo de explicarnos las tareas anteriores, nos encontrábamos un poco desorientados; entonces, la maestra me hizo extraer mi cuaderno-block de mi bolso y cogiendo mi mano derecha me enseño como escribir la “a”, me decía cariñosamente “haz un redondito y luego jala un rabito detrás”, así apredí ese día escribir las cinco vocales repetidas por muchas veces en toda la hoja de mi cuaderno, hasta ahora recuerdo el suave calor de sus manitas de aquélla maestra, que por mucho tiempo la he buscado para identificarla y agredecerla por su tolerancia y el gesto alegre de enseñanza en sus cantos, pero por el correr del tiempo me fue dificil encontrarla, sólo posteriormente en gratitud la dediqué un poema en uno de mis libros, ¡Oh! Maestra de los maestros ¡Gracias!...... Todavía recuerdo que en el trayecto íbamos tras del paso ligero del alguacil, a veces corríamos de rato en rato, contentos y alegres, pero a la vez con cierta pena en el corazón, de haber dejado a mi casa por primera vez y más que todo a mis padres, tan solo por pocas horas. ¡Qué recuerdo tan profundo!  Nos dejó este  primer día, en la mente y en el corazón de cuando uno es niño.

Al cabo de un breve momento, regresó el alguacil al Juzgado, portando el cargo de recepción del Oficio, firmado por uno de los guardias civiles, con un sello redondo, en el cual se leía la inscripción de “Comandancia de Puesto de la Guardia Civil del Distrito de Tauca, con el Escudo de Armas impregnado borrosamente al centro.

Después de haber transcurrido aproximadamente una media hora, llegó apresurado uno de los guardias civiles el más joven, al Despacho de mi padre, portando un cuaderno de cargo forrado con papel lustre de color azul y etiqueta blanca, en su interior en forma sobresalida traía la contestación del oficio del Juzgado, que antes habían recibido en el Puesto de la Guardia Civil.

 

En el oficio de contestación se decía:

" - La fecha de ese día - 

Señor Juez de Paz –

Presente - 

Que, acuso recibo de su oficio de la referencia y esta Comandancia de Puesto le manifiesta, que no es posible atender a su pedido; por cuanto, el detenido Juan es cómplice del delito de homicidio agravado (no indicaba el nombre del supuesto agraviado contra quién se había cometido el delito) y que en el término de la distancia, será puesto a disposición del Juez Instructor de la Provincia, con el atestado formulado y las pruebas incautadas que constituyen el cuerpo del delito cometido, además que el suscrito ya puso en conocimiento de la detención del inculpado, a la autoridad Superior, quién se abocará del conocimiento de la denuncia penal, que se instruye a los autores del delito investigado.

 

(Este oficio se inserta a fojas 17 del Exp.Nº 09-53-JPPN-T, del Juzgado de Paz).

 

Ante esta contundente respuesta negativa del Comandante de Puesto de la Guardia Civil, sólo le quedó pedir a las personas que esperaban ser atendidas en sus diligencias, aguardaran un momento ya que pronto regresaría. Dirigiéndose mi padre a su comadre Joaquina y a su sobrina les dijo:

 

 

Volviéndose hacia ellas un poco fastidiado les recalcó:

 

 

El guardia civil (que había traído la contestación del oficio) después de escuchar en silencio de lo que se expresaba mi padre, procedió a despedirse con cierta atención de autoridad pero, expresando rudas sombra de duda y molestia, no aceptó ir con nosotros y luego les adelantó el caminar.

Las dos mujeres no se habían previsto de traer cargado en sus mantas algo de comida para Juancito, ya que en esas circunstancias que salieron desde su caserío, tenían la mente nublada sin destino.

Mi madre que también se encontraba presente cercana a la cocina de la casa, inmediatamente comprendió la situación de su comadre Juaquina y le proporcionó un poco de desayuno para llevar a Juancito, luego se encaminaron conjuntamente con mi padre, con dirección al Puesto de la Guardia Civil ubicado en la plaza de armas. La curiosidad de mi adolescencia, me llevó también acompañar a mi padre, con el propósito de ver a Juancito.

Desde mi casa del barrio de La Pampa hasta la plaza de armas, no sentimos cansancio ni menos advertimos la subida de la calle. En cuanto llegamos a la plaza de armas, nos dirigimos en grupo encabezado por mi padre al Puesto de la Guardia Civil, salió el Comandante de Puesto el Cabo Zamudio a recibirnos, era el Jefe de los dos guardias civiles que les acompañaban. 

En primer momento, amablemente conversaron con mi padre, quién le reclamaba por la detención injusta de Juan sin considerar su minoría de edad, el Cabo Zamudio por todos los medios trataba de justificar su arbitraria actitud y tuvo que verse obligado en aceptar la visita de las dos mujeres que lloraban desconsoladamente, además portaban el recipiente conteniendo un caliente desayuno de kuaquer con cocoa espesito y oloroso, todos se enteraban por el olor que de inmediato les abría el apetito. El Cabo Zamudio renegando entre dientes y bajando su altanería les decía a las dos mujeres, “tanto lloran como si el cerro se les hubiera derribado, pues ahora van ha visitar a su hijo“.... Pero, refirió que siguiendo las reglas carcelarias, los alimentos previamente son revisados y probados, entonces apoyando el recipiente sobre un escritorio, lo destapó y cogiendo la cuchara que llevaban, tomó varios sorbos prolongados del desayuno con esos labios tan gruesos, que casi lo termina el desayuno, limpiándose con las manos le dijo a la madre de Juan... “uuuuubbbb ........esta rico, es un buen desayuno”,  cogió uno de los dos panes y también las dio un mordisco de chancho y un buen trozo lo comió casi sin masticarlo, de poco en poco lo mojaba, en el escaso desayuno que se quedaba, expresando en su fea cara el gusto agradable que percibía del desayuno; luego pidiendo disculpas a mi padre, quién se encontraba sentado en la silla junto al escritorio del Cabo Zamudio, por la actitud glotona más que sinvergüenza observada les dijo a las dos mujeres, enseñándoles la puerta del calabozo, que en esos precisos instantes un guardia civil lo abría  “ahora pasen a visitar a su hijo, ... pero no se demoren.... mientras converso con don Manuel ....” 

Doña Juaquina y Balvina, tropezándose nerviosamente entre ellas no podían llegar a la puerta de entrada del calabozo, tomó la delantera doña Balvina por ser más joven y enseguida doña Juaquina. Al abrirse la pesada puerta vieja y despintada por los años, violentamente paso doña Balvina, sin importarle nada de lo que se hubiera podido caerse por las gradas. Los guardias parados junto a la puerta les observaban a las dos mujeres, que posiblemente les daba lástima su desesperación por ver a su Juancito, parece que les abrió el duro corazón de estos semejantes incomprensibles e indolentes, porque se ofrecieron amablemente a encaminarlas; yo, también aproveché entrar junto a las dos mujeres, no me dijeron nada ni menos me impidieron entrar porque se encontraba presente mi padre.

En cuanto traspusimos la puerta del calabozo, observamos una insondable oscuridad, que a medida en que se abrían más y más los ojos, difícilmente se iba distinguiendo la profundidad de la habitación, con dificultad nos deslizábamos sobre el área del cuarto que presentaba altos y bajos de tierra afirmada, en donde a veces encerraban a los caballos de los guardias civiles en las noches, el lugar era amplio de construcción antigua totalmente cerrado, apenas un rectángulo de luz se veía en la parte superior de la pared lateral quedaba hacia la plaza de armas.

Al escuchar las voces y los lamentos de doña Juaquina y de Balvina, que llamaban a tientas en la oscuridad a Juancito; entonces desde el fondo se escucho una vaga respuesta, todos agudizamos nuestros oídos para orientarnos de donde provenía esta palabra, la expresión era de Juan, que se encontraba hacia el rincón en un silencio temeroso, desde donde salía una voz apagada y desmoralizada, permanecía sentado sobre el suelo, no existía sillas ni bancas para sentarse.

El calabozo era amplio y de ambiente muy frío, humedecido por la oscuridad, el piso presentaba ciertos desniveles rehumedecidos de tierra afirmada, se inundaba de un olor a pesebre y a orina. Era un cuarto grande cerrado totalmente, asfixiante en su integridad, parecía que el aire en ese lugar, era retenido por mucho tiempo desde un siglo atrás y seguramente jamás llegó el sol a su interior. Parecía ser el propio infierno. El dorso de la vida en un socavón sin salida. Teníamos miedo seguir introduciéndonos más allá de donde nos encontrábamos.

Apenas se levantó Juancito dejó entrever su aspecto abatido y angustiado, parecía que se le habían engarrotado sus piernas por el frío del piso en donde estaba sentado. Se le habían entumecido los miembros inferiores por causa de la caminata forzada, en la condición y estado en que fue traído desde el caserío La Banda, con mucho esfuerzo se impulso hacía nosotros, su madre doña Balvina se adelanto unos pasos más y le cogió entre sus brazos, luego doña Juaquina como su tía, también lo abrazaba, entre los tres abrazados fuertemente lloraban desconsoladamente, mutuamente se maldecían de haber nacido en este mundo, se arrepentían de tener la vida, preferían morirse antes de ver esta infame injusticia, renegaban y murmuraban contra los guardias civiles, pedían a Dios castigo para el quién genera el abuso, justicia para los pobres y desamparados de esta tierra. En fin todo parecía espectar una desolada situación, el mundo se había detenido por varias horas, era interminable la escena de una madre arrancada con fuerza el corazón.

Yo, me mantenía parado sin saber qué hacer, totalmente desorientado del mundo, con la vasija del desayuno que me fuera dejado en la mano, mientras las dos mujeres abrazaban a Juancito. Todos nos olvidamos del desayuno. Al observar este entristecido momento. A mi edad jamás presencie tanta tristeza junta. Se me partió el alma y el corazón andino. Se me derribó totalmente el concepto que tenía sobre este mundo, también se me vino incontenibles lágrimas por la injusticia. Me sentí impotente de no poder hacer nada por Juancito. No comprendía el oscuro revés de la vida. Fue en ese momento que comencé a odiar el abuso, el atropello, la arbitrariedad, la corrupción, la sinrazón, la inmoralidad, el soborno, la indiferencia y la maldad. Desde ese instante conocí físicamente la injusticia, la coacción, el chantaje, el capricho de las malas autoridades y comencé justificadamente a odiarlos con todas las fuerzas que tenía a esa edad de mi adolescencia, me parecía que los guardias civiles representaban a la perfidia, a la maldad y a la injusticia de los pobres.

Era una injusticia y un abuso imperdonable que los guardias civiles cometieron con mi pobre amigo Juancito, con su madre y su familia. Era un menor de edad e inocente, detenido en forma arbitraria, la trajeron amarrado tras de sus caballos, le habían golpeado sin compasión alguna, no conocían los derechos del niño, del adolescente, del respeto para nuestros semejantes, para ellos imperaba la fuerza matonesca, el arma, el abuso, el capricho del más poderoso, del pudiente, del adinerado, del influyente.

La vida es una farsa en los pobres corazones de los alejados pueblos de los Andes, se desconoce la justicia, la verdad, la inocencia, el honor y la dignidad del poblador andino.

Cuando paulatinamente se iban desatando los dolorosos abrazos, que terminaban enjugando las lágrimas de Juancito, que lloraba desconsoladamente, al reconocerme bajó la vista, como quien se avergüenza, de pronto le ofrecí el desayuno conjuntamente con su tía Joaquina, sin pronunciar palabra alguna cogió la vasija que contenía el Kuaquer, y en dos sorbos empapado en el único pan que había, terminó con el desayuno que mitigó su hambre devorador, mientras sus lágrimas todavía seguía corriendo por sus sudorosas mejillas. Se encontraba sin sombrero, despeinado, presentaba la cara del lado derecho amoratado posiblemente por efectos de un fuerte puñetazo recibido, la camisa usada y descolorida estaba en varias partes rotas, se dejaba ver en el busto los toscos rastros de soga de cabuya con el que había sido castigado, se entrecruzaban en varias partes del pecho y la espalda, en algunos brotaban algo de sangre; en los brazos le habían caído algunas riendazas que le habían hecho manar sangre viva, todo su cuerpo templaba de frío. El pantalón de bayeta ya se le caía por no tener el cinturón, los bolsillos anteriores las tenían rotos y los posteriores estaban sobre salidos y vacíos, a la altura de uno de las rodillas se le había roto el parche que tenía y presentaba una abertura, por donde dejaba verse parte de su cuerpo maltratado por la rienda del caballo. Sus pies se encontraban descalzos, del dedo gordo izquierdo brotaba sangre semiseca, de un tropezón en el camino se le había roto la uña, en la palma del pie junto al tobillo también sangraba, las piedras del camino le había herido, además se encontraban ampolladas y empolvadas. Juancito, tiritaba de frío como un perrito flagelado. ¡Que! Triste había sido ser huérfano a esa edad y no tener quien lo proteja.

Al ver heridas y manchas de sangre en el cuerpo de Juancito, su madre de inmediato procedió a limpiarla, con un extremo de su envejecido pañuelón de color azul soleado. Desesperada trataba de arreglar sus cabellos desordenados con sus dedos como si fuera el grueso paso de un pesado peine improvisado. El sombrero y sus “llanques” (hojotas) de uso se les habían quedado en el trayecto del camino, el primero por efectos fuertes del viento, los segundos por el esfuerzo de la caminata y el arrastre de los caballos, todo se les fue quedando de uno a uno entre el aire empolvado que se quedaba sobre el camino. Fueron tan indolentes los guardias civiles que no les importó absolutamente nada lo que a su detenido le venía pasando dolorosamente. Solo deseaban llegar temprano a Tauca, para dar cuenta a Cabana.

La madre de Juancito, se despojó de pronto su pañuelón para abrigar la desnudez de su hijo. Yo, también sin pensar dos veces de inmediato le entregue la chompa azulina que llevaba puesto, para que pudiera abrigarlo del frío, que sentía en ese calabozo tétrico, húmedo y desolado. Su madre regañaba coléricamente la actitud de los guardias civiles, ellos no contestaban las censuras, el Cabo Zamudio ordenó que terminara la visita, recalcando que mañana el detenido será llevado al Juez Instructor de la Provincia, pueden quejarse a donde quieran, como autoridad política, podemos hacer lo que a nosotros nos venga en gana.

Al escuchar esta expresión desafiante vertida por el Cabo Zamudio, mi padre que se encontraba en el Puesto de la Guardia Civil de Tauca, con la cortesía que le caracterizaba y su buena facilidad de expresión le dijo, “Cabo en mi condición de autoridad de este pueblo y conocedor de su familia, aún más… Juan es menor de edad y acabo de verificar que no existe cargo ni prueba alguna que le comprometa, es inocente ¡Su detención es arbitraria! Debe ponerse inmediatamente en libertad, además conozco a su familia, yo lo garantizo, póngalo en libertad “.... estas palabras fueron como un baldazo de agua helada para el Cabo Zamudio, pero devolvió la alegría a las dos mujeres que no la esperaban, tampoco el soberbio Cabo, porque creía que en mi padre iba a encontrar alguna justificación que envaneciera su abusiva actitud, con esfuerzo negativo el Cabo decía:  “pero ya he dado cuenta al Señor Juez Instructor de la Provincia en Cabana y usted don Manuel, comprenderá que está bajo mi responsabilidad, el detenido puede huirse “....”ya no podría llevarle detenido a Cabana “...

Girando medio cuerpo mi padre, seriamente le replico “¡No! ¡No!,... Cabo Zamudio, usted esta actuando mal, es un menor de edad y no merece el trato que se le está dando”... “ya le dije, mientras yo sea autoridad en mi pueblo, no voy a permitir que se actué en contra de la ley ni se abuse de su humildad, menos se maltrate de esa forma a su gente “....

Entonces se generó una breve discusión, en donde mi padre le repetía... “no me retiro de aquí si antes no veo libre a Juan”... decía enfáticamente mi padre, ...hasta que, con buenas razones por fin.... le convenció al Cabo Zamudio, y éste a regañadientes dejó en libertad a Juancito.... con la promesa de que mi padre le llevara a mi casa y le garantizara para que no se huyera del pueblo.

Le abrieron las puertas del calabozo del Puesto de la Guardia Civil de Tauca, el Cabo con voz de militar socarrona le llamo por su nombre en esta forma determinante.... ¡El detenido Juan!, Venga a paso ligero...¡el Comandante de Puesto le llama!..... ¡Venga! ..... sólo respondía un vacío silenciooooo......., volvió a repetir la misma orden y recién dentro de la oscuridad se vio aparecer, temeroso, dudando de la realidad, daba unos pasos cojeando el pie derecho descalzo, lloroso, portando sus prendas abolladas en desorden e improviso, despacio se acercaba a la salida.....sus vistas semicerrados a la luz del día....su madre llorando, sin esperar más tiempo, se lanzó hacia su cuerpo y abrazándole le decía hijo ¡Ya estas libre! ¡Ya estas libre!.....”Nos vamos a la casa....¡mi Juancito!.....¡mi tesorito!....¡mi uniquito!....No voy a dejarte, así sea muerta”, y le seguía cariñosamente arreglando sus desordenados cabellos, le acariciaba los moretones de la cara, las heridas de sus manos y le arreglaba el cuello roto de la camisa, en fin todo veía y todo quería en ese momento desempolvarle, Juancito enmudecido, no sabia que hacer no entendía lo que su madre y su tía les decían, solamente se dejaba llevar de los brazos, ya que parecía no poder abrir los ojos ni menos caminar por la salvaje golpiza que en la noche había recibido de los guardias, porque se sentía adolorido todo su cuerpo, cojeaba al caminar, pero con palabras amorosamente pronunciadas por su madre se dejó llevar...       

Mi padre antes de despedirse del Cabo Zamudio le dijo: “no se olvide mi Cabo en su carrea policial, tenga por norma las sábias frases del gran filósofo alemán Emanuel Kant “solo las cosas tienen precio, los hombres tienen dignidad”, “no se olvide que la gente de ése caserío y de éste pueblo, son muy dignos, trabajadores y modestos agricultores, sea tolerante con éllos, no abuse de su ingenuidad por que desconocen de sus derechos”......el Cabo, un poco fastidiado, como no queriendo seguir escuchando, inmediatamente le cortó continuar expresando a mi padre, dándole la mano de despedida, diciéndole: “Ya convesaremos don Manuel más tarde”.....para luego apresuradamente entrar a su Oficina, ante ésta actitud mi padre prosiguió con pasos firmes su camino......

El himno andino a la alegría de ese instante de mi edad se escuchó en mi interior como para nunca olvidar y entender que la justicia esta más lejos de cualquier pueblo de los Andes y que los enemigos de la felicidad del hombre, de la paz, de la libertad, de la justicia, del honor y de la dignidad de los pueblos se encuentran enquistados en el propio Estado, en sus Poderes Legislativo, Judicial y Ejecutivo, así como de sus Fuerzas Policiales, que con tanto esfuerzo tributamos para que nos protejan, sin embargo es el primer ingrato de que nos desampara, abusando descaradamente y nos explotan sin compación alguna.

Entonces inmediatamente todos partimos de vuelta en grupo con dirección a mi casa.... Yo, y las dos mujeres a la vez, nos alegramos, me sentí orgulloso de tener un padre como él, que siempre defendía los derechos de los jóvenes, que aplicaba la justicia y hacia comprender y respetarse entre los hombres, de acuerdo a las costumbres del pueblo y a la ley.

Mi padre Manuel T. Moreno Huazo, no tuvo la dicha de llegar a la universidad o en alguna otra institución de nivel educacional superior para cursar estudios especializados, pero siempre fue un hombre notable, hábil, práctico e inteligente, se expresaba perfectamente y se dejaba entender en sus actos conciliatorios como autoridad del pueblo. Nació un día domingo 11 de Enero de 1903, fue bautizado en la Iglesia Matriz de Tauca, siendo sus padres Félix Moreno, natural del lugar de Cotocancha, Provincia de Pomabamba, de madre soltera llamada Justina Moreno, su padre apellidado Acero no lo reconoció, adoptando el apellido materno definitivamente, y Juana Evangelia Huazo Gallozo, natural de Tauca Provincia de Pallasca. Asistió a un colegio particular en donde aprendió a leer y escribir con el “Mosaico”, después matriculado en la Escuela Primaria de Tauca, en donde realizó sus estudios primarios, muy joven fue amanuense del Juzgado de Paz del distrito, recordaba siempre con gratitud a Tomás Toribio y Julián Reyes, quiénes le enseñaron tramitar y redactar actuaciones judiciales. Viajó en tren a Chimbote, al siguiente día el vapor “Urubamba” le condujo al puerto del Callao, luego a Lima. Trabajó como “dependiente” en la Sección de Correspondencia General del Correo Central de Lima, después de algunos años le nombraron Reparador de Líneas de Telégrafos (La Pampa - Corongo - Yuramarca; Casapalca - San Mateo – Yauli – Morococha; Ica - Nasca – Huancavelica) y otros lugares más que con cariño recordaba sus anécdotas. Renunció para regresar a su pueblo de Tauca y desempeñar varios cargos comunales como judiciales, entre ellos el de Juez de Aguas, Secretario del Concejo Municipal de Tauca, reemplazó en varias oportunidades al Alcalde del pueblo de Tauca, en su ausencia o mientras nombraban al Titular. Posteriormente el Juez de Primera Instancia de la Provincia de Pallasca, Dr. Eleodoro Olivera Cortez, el 20 de Marzo de 1948, le nombró Juez de Paz de Primera Nominación del distrito de Tauca, hasta el año de 1958, luego como Juez de Paz de Segunda Nominación, hasta el año de 1961, avocándose a los asuntos judiciales, resolviendo problemas cotidianos dentro del marco de una justa conciliación; era un gran lector y coleccionista de documentos antiguos e históricos de la fundación y organización del pueblo que le vio nacer, recopilaba versos populares para ejecutar como aficionado de su antigua concertina hexagonal, que guardaba con tanto celo como recuerdo de su juventud en un rincón de su Despacho. Reingresó al Ramo de Correos y Telégrafos en donde alcanzo la jubilación, falleciendo en Lima, el día viernes 2 de Marzo del 2001, a horas 9.15 de la noche, a los 98 años de edad, fue trasladado al Cementerio General de Tauca, Provincia de Pallasca - Ancash, en donde reposa sus restos junto a su esposa Ramona Ravelo Chinchay de Moreno. Ambos tienen un ejemplar secreto de vida que contar, como un legado andino del pueblo que llevaron por las nubes de la eternidad.

Lo que aprendí de mi padre fueron sus costumbres conciliadoras, su tradicional política cordial de la disculpa y el perdón entre los padres y los hijos del hogar que el practicaba y enseñaba a los jóvenes matrimonios. Cuando se producía alguna desavenencia o enemistad entre ellos o entre algún otro miembro de la familia, que aprendió de sus ancestros y del pueblo que lo ejerció como norma sustantiva, su redacción y actuación judicial, sus ocurrentes consejos creativos para cada caso, era tan amigos del humilde y como del adinerado, a todos les saludaba con gran reverencia, le gustaba orientar y ayudar a los jóvenes, y a todos que acudian les enseñaba la practica de la justicia, la verdad, la dignidad y el respeto a los demás, siempre me conversaba de que los ancestros del pueblo de Tauca tenían costumbres y modos de vida muy originales y sólidas desde muchos años de historia, es necesario y digno de recordar, afirmaba que en el pueblo de Tauca no existía pobreza ni miseria. Todos tenía sus terrenitos para dedicarse a la actividad de la agricultura de acuerdo a las estaciones del tiempo, también se dedicaban a la crianza de sus diferentes animales de la zona, nunca faltaba comida o algo en el “terrado”, lugar en donde se guarda los tubérculos como las papas, las racachas, las ocas, los ollucos, las mashguas o mashuas y toda clase de granos como el máz (paccho, dulce, negro, duro reventador), el trigo (normal y estaquilla), la sebada, las habas, los frejoles, etc. toda casa tiene su patio, terrado, su pesebre y su jardín. Necesitan dinero venden sus crías o sus granos cosechados en abundancia, o también realizan el trueque o intercambio de productos que no cultuban con otros pueblos de la región.

Estos principios y tradiciones sociales hacen recuperar su meritorio autoestima, el honor y la dignidad de los hijos Tauquinos y de todos los pueblos de nuestra Provincia, por eso no debemos permitir de ninguna manera la indebida calificación de “pobre” o “pobre serrano” o de “extrema pobreza”, ésta deshonrosa calificación arbitraria, es ultrajante y denigrante para el hombre provinciano y consecuentemente para la incontrastable bondad de nuestra espléndida y excelente tierra fértil de la Provincia de Pallasca; debemos enseñarlos a las generaciones venideras, que todos los hombres del mundo son dignos, honorables, ricos mental y físicamente, todos los pueblos de la Tierra son mundos grandes, son tan grandes como el mismo Universo.

Tampoco debemos permitir que peyorativamente se denomine a Tauca como “pueblo chico” ni “patria chica”, por que cada pueblo tiene sus propias y originales biodiversidad genética de recursos y riquezas naturales e intelectuales suficientes, no solo para superar las condiciones circunstanciales del estado social del menos pudiente o de escasos recursos económicos o de la falta de un eficiente aprendizaje tecnológico y científico; si no que también, atesoran un grandioso e incomparable caudal de valores e identidades culturales, como para ser pueblos dignos de un imponente emporio de singular riqueza en el mundo, como herederos de este natural espacio geográfico cultural que nos dejó la diversidad de la civilización andina de aquel incomparable proceso histórico del Tahuantinsuyo sembrado en todos los rincones de los Andes del Continente Americano.

 


 
 

MAJESTUOSO E IMPONENTE CERRO DE ANGOLLCA

(Elevado y alto protector del honor y riquezas naturales de Tauca)

(foto tomado en agosto de 1999)

 

 

Paisaje natural y cultural del Barrio La Pampa de Tauca

(Peculiar color acuarelado del paisaje urbano andino en donde he nacido)

(Foto tomado agosto 2005)

 

En el arco del triunfo de entrada a Tauca, debe escribirse estas palabras bien puestas con mayúsculas TAUCA ES UNIVERSO DEL MUNDO ANDINO por su inigualable paisaje urbano andino, tanto en su singular paisaje natural como en su peculiar paisaje geográfico que constituyen un emporio de riquesa nacional, significando su complejidad en una perspectiva filosófica algo más en revalorar nuestro patrimonio ancestral de una emergente y tradicional cultura, con verdadera conciencia de visión futura y humanitaria andina sobre el planta de la Tierra.

El hombre y la mujer de nuestro pueblo de Tauca en los Andes trabajan de igual a igual, cuando se casan, la mujer es su fiel compañera para toda la vida, el hombre Tauquino quiere mucho a su cónyuge, da la vida por su esposa, le trata amorosamente de “hija”; en igual forma la mujer también lo quiere, lo respeta, lo asiste en sus enfermedades, lo acompaña a realizar sus actividades agrícolas, ella siempre improvisa una rustica posada o choza en donde inmediatamente instala la fogata en tres “tullpas” o piedras en donde cocina sus alimentos para su esposo y sus hijos, con tal agilidad y precisión guiada por el movimiento del sol, no usan reloj, pero a las ocho de la mañana están desayunando, al medio día están almorzando, a la caída de la tarde más o menos a las tres de la tarde le sirve su lonche y a las ocho de la noche alumbrándose con su linterna o faro de kerosene sirven la “merienda” o la “comida” o la cena, eso si todos en rueda en mesa o sin mesa, centados en silla o en el suelo o en el poyo de piedra o de barro tanto padres, hijos e invitados en un solo acto o momento todos se alimentan para luego trabajar o descansar siempre la mujer hace “chushir” o dormir a su esposo y sus hijos, diciéndoles “dume dume” (duerme duerme) pasándole una de su manita por su cabeza y cuerpo cariñosa y suavemente, para que conciba su placentero sueño, mientras ella termina con las labores de la casa aunque se encuentre en estado o en gestación, son tan valerosas que la mujer muy poco duerme, siempre es la última en dormir y la primera en despertar para realizar el trabajo del siguiente día. 

Esta costumbre ha sido admirada por todos los pueblos de la provincia y del Departamento porque la mujer Tauquina es muy amorosa con su esposo e hijos, ella en todo momento la defiende y la cuida hasta no más; Son capaces de dar la vida por ellos, le tratan cariñosamente de “papá”, por eso el hombre Tauquino, jamás maltrata o golpea o arremete de improperio a su adorada mujer, su fiel compañera hasta la muerte (el viudo o la viuda ya no contraen nuevas nupcias, viven con el recuerdo, llevando por el resto de su vida siempre el luto en memoria del cónyuge fallecido) ni menos la hace sufrir, al contrario el nunca permite que sea agredida o faltada de obra o de palabra el honor de su mujer, para él es sagrada su intimidad y su honorabilidad, en caso contrario, el pueblo lo censuraría con el repudiable calificativo de “un cobarde y miserable hombre” que al pasar por la calle todas las mujeres las escupiría a la cara y nadie la perdonaría, todo el mundo se burlaría de ese indeseable hombre, hasta verse obligado abandonar definitivamente el pueblo.

En realidad la mujer es un símbolo inmarcesible del hogar, es la firmeza y estabilidad sólida del hogar, es la seguridad y esperanza del hogar, es la quién ordena y manda en la casa, ella administra todo el hogar, tanto en el dinero como en el abastecimiento del “terrado” en donde se almacena y se distribuye las cosechas y las semillas, ésta costumbre legendaria les generó a los hijos de Tauca el apelativo de que “el tauquino duerme y se enferma durante el tiempo que su mujer se encuentra embarazada”, este hecho es verdad y verificado, el hombre descansa, mientras la mujer permanece activa para que el hijo que lleva en sus entrañas nazcan sanos y sean valientes y trabajadores, útiles al servicio del pueblo y de la patria, inclusive en caso de ser varones les mandan a la Escuela aprender los principios básicos de moral, disciplina, armonía, higiene, puntualidad, cumplimiento de su palabra, honradez, honestidad, el amor al trabajo, el respeto a la ley, a la familia y a la patria, la niñez se acostumbraba desde muy niño a madrugar todos los días de la semana, desde los caseríos de Hualalay, Matibamba, Shuypampa, La Banda, Sahuachuco, y otros lugares aledaños al pueblo, tenía que venir caminando a pie varios kilómetros, por agrestes caminitos para llegar a la única Escuela del pueblo de Tauca, ya sea en verano con sol y calor, como en invierno con lluvia y frío. Todos traían su correspondiente “fiambre” para comer al medio día o en todo caso, cocinaban en sus abandonadas casas del pueblo, luego todas las tardes regresaban a sus caseríos a dar cuenta a sus padres.

Y de ser mujer se quedaban en su casa del caserío, para que sus madres les enseñara cocinar, hilar, tejer y otras obligaciones para ser madres responsables del hogar, cómo dirigir el hogar cuando contraigan matrimonio, cómo cuidar la salud de los hijos y cómo combatir las enfermedades del esposo y de los hijos, utilizando las defensas orgánicas de la naturaleza, que ha puesto a nuestro alcance como el aire, el sol, el agua, la tierra, la variedad de las plantas medicinales, sus maravillosas propiedades, para el tratamiento de muchas dolencias, como los vómitos, diarreas, reumatismos, diabetes, estreñimiento, hemorroides, dentales, llagas, heridas, anemias, tuberculosis, presión alta y baja, la menstruación, cólicos, flujos vaginales, inflamaciones, menopausia, várices, corazón, nervios, garganta, sinusitis, catarros, gripes, bronquitis, asma, sarnas, próstata, susto y otros. Utilizando las milagrosas plantas del llantén, linaza, pelo de choclo, cáscaras o rodajas de papas, flores de retama, berros, apio, diente de león, ortiga, achicoria, limón, menta, boldo, hierba luisa, manzanilla, toronjil, cedrón, malva, agua de papa, matico, miel de abeja, congona, pepa de palta, tara, cola de caballo, cáscara de granada, anís, membrillo, pepas de zapallo, hierba buena, paico, hinojo, romero, changas, sábila, alfalfa, tronco del plátano, romero, ruda, té, ajos, chancaca, eucalipto, orégano, valeriana, nogal, canchalagua, ortiga, raíz de valeriana, chancapiedra, pétalos de rosa, jugo de penca, toronjil, agua de claveles, flores de manzanilla, tilo, hojas de naranja, gárgaras de jugo de nabo, botellas de agua caliente, llacón, michahuacan, cáscara de habas, vaselina, azufre, cáscaras de fríjol, ollucos, pimientos, pasada de cuy y de huevo para el susto de los niños, y sembrar los vegetales alimenticios que contribuyen la nutrición equilibrada de su esposo e hijos, como las hortalizas, verduras, espinacas, tomates, papayas, alcachofas, col, beterragas, higos, cebollas, lechugas, espinacas, rabanitos, manzanas, naranjas, granadas, granadillas, piñas, “achapuscos”, y otras tantas frutas y cereales como el trigo, cebada, chochos, quinua, “coyo” o “ajunjuli” (especie de quinua), que abundan en la Región. Las mujeres conocían perfecta y profundamente las esencias y cualidades curativas. Por ese tiempo no existía sanitarios ni médicos menos farmacias de medicamentos, solo se conocían curanderos, éste era la ancestral filosofía del pueblo. Los maestros enseñaban las buenas modalidades de conducta, el saludo era general para todos conocidos y desconocidos, se daba preferencia a los mayores, el aseo era obligatorio, se prohibía tomar licor o fumar a las mujeres o a los hombres, menos a los menores de edad, en ese tiempo eran los menores de 21 años de edad, se imitaba la forma de vestir de los maestros, el peinado con raya al lado derecho en corte de cabello de varón, el uso de camisa blanca con corbata, saco y pantalón “cordoncillao” de lana de oveja, bien recortado las uñas, el maestro eran un ejemplo palpable del saber, de la superación, de la solidaridad y de la justicia del hombre. 

Qué diferencia de épocas pasadas, esta modalidad debe ser ejemplo para toda la provincia y el mundo; por que es doloroso saber que la mujer hoy en día venga sufriendo los efectos de las violaciones de los derechos femeninos, es tanto que la Asamblea General de las Naciones Unidas, se ha visto obligado a declarar el día 25 de noviembre de año 1999, como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, ha sido necesario esta urgente medida porque en muchas culturas no se le valora a la mujer, este problema de violencia de género tiene manifestaciones en todas las sociedades y culturas del mundo, sin considerar su raza, etnia, origen social, riqueza, nacionalidad o su condición humana, este hecho ha sido calificado por la Comisión de Derechos Humanos de la ONU como un acto vergonzoso, porque la mujer en todas partes es objeto de algún tipo de violencia doméstica, victima de maltratos en el entorno familiar durante su vida o son cruelmente asesinadas por sus parejas o vilmente violadas; sin embargo, esta salvaje bestialidad por suerte no sucede con las mujeres del pueblo de Tauca, por que ellas saben como defenderse, además desde muchos años atrás los hombres de Tauca, viene practicando la enseñanza Cristiana, tratar a la mujer con respeto y consideración, nunca tienen prejuicios raciales ni sexuales, hasta le llaman “hija” (Juan 4:7-9,25,26) (Mateo 9:22), dignificó a las mujeres permitiendo que los primeros testigos de su resurrección fueran ellas (Mateo 28:1, 5-10), por lo visto que Jesús no se dejó influenciar de los prejuicios de éste tiempo, ya que las mujeres no podían servir de testigos en un juicio. Esta norma bíblica se experimenta a cabalidad en esta parte del Perú, las mujeres del distrito de Tauca, aman, quieren y defienden a sus esposos, los prejuicios machistas han sido mucho tiempo atrás superados, las enseñanzas de Jesús han sido asimiladas fielmente demostrando al mundo que a las mujeres se respeta, se ama, se valora, se honra como a una flor inmarcesible, como a una copa del más puro y más frágil supremo contenido y como coherederas de la gracia de la vida (1 Pedro 3:7), la costumbre de este pueblo de Tauca, es digna de ser tomada como un ejemplo único en el ámbito mundial sobre el respeto a la persona humana y a su dignidad, persiguiendo un fin supremo de la sociedad universal.            

 

 

¡Qué ironía nos trae el paso de la vida! Contratiempos de algunas familias las enlutan de penas y de impotencias. Son los problemas incalculables e imprescindibles de las contrariedades humanas, ya sea todo es escasez o tal vez injusticias; mientras tanto por otras partes de la amplia ciudad de gente que ignora hay esos lugares, cual Tauca, que ajenas deslizan sus vidas comunes con realizaciones que los hacen vivir por sus calles y acciones, desplegando sus fuerzas en los quehaceres y actividades; sumando felices al goce que ofrece el espacio de la vida andina.

La mañana tejida de calor más y más crecían de forma, todos sé enmudecian con tanta belleza de las más altas montañas de la lejana Cordillera Negra, más abajo ascendiendo las hondonadas y verduscas vertientes salidas de las zanjadas cuestas sin fin, mientras las cobrizas cumbres de sierra hundidas en el cielo se perdían, y en sus bases doradas por completo los caminos de sol y reflejada de plata las acequias de aguas, las amarillentas sementeras de trigos, de cebada, de habas y de otros tantos cereales que producen la tierra fértil del pueblo de Tauca, tomaban el color nacarado de maduro generalizado sobre toda la Tierra.

Su gente noble, fuerte y amorosa, hablando sus costumbres del lugar. Tanta sementera por cosechar que se adentra como una hoja de un poco cetrino, bajo las sombras oblicuas de los árboles, desde donde sus indeterminados caminos salen y entran buscando las finicimas orillas del sol de la mañana. Los pueblos con el corazón hinchado de alegría, como un solo emisferio se prolongan con el viento la forma interminable de sus valles, que se pintan en todas partes de la Provincia como un Mundo grande de ese algo amarillo verdoso, que extensamente dibujan sus campos en sentido de sementeras surcadas de cerro a cerro llenas de pan llevar de la supervivencia de la vida.

El pueblo de Tauca, casi centrado se rodea de sus extensos caseríos, hoy llamados centros poblados como la de “Hualalay”, ubicado en la parte más baja del valle, en donde produce a mano llena el maíz, el trigo, las papas de riego, grandes extensiones de alfalfares, toda clase de frutas naturales, las plantas frutales son conservados hoy en día con más técnica como en el caso de las manzanas y otras plantas medicinales que abundan en el lugar, subiendo por el camino de piedras de “Lacapampa” seguimos ascendiendo por la quebrada de “Pausha”, tratando de ganar camino atravecé el mantial de “Huangaball”, una vez en mi adolescencia era las seis de la tarde el sol ya se ocultaba tras de los árboles de las lomadas. Entonces como no existia otra via de acceso para atravesar lo tuve que hacer con cuidado y con miedo por el centro, que al andar temeroso sentía bajo mis pies el resuellar de su humedad pantanoso de sus “pushas” amarillentas de óxidos, pues este hecho núnca pude olvidar en muchas ocaciones lo he soñado tal como fue esa vez, por muchos años de mi vida, el pase en ese entonces, era necesario para alcanzar la quebrada de “Llagatunán” porque ya la oscuridad me aventajaba para llegar a la casa en donde vivía mi hermana ¡Oh! Que paisajes misteriosos guardan estos lugares. Otro que recuerdo es la posa de “agua cotoso” de don Julían Santiago y de don Policar Toribio, que se inunda sus “chogos” (planta) con las aguas bajadas de las cascadas y peñas de la poza de Tapugón en caída subterranea a desnivel del cauce.

 Hacia la izquierda, junto a la elevada lomada de “Calaball” en donde produce la fruta del “mancaullo” o “tanqui” llamado en otros lugares, “tunas”, “pitajayas” en forma silvestre que por su tradicional consumo se demostrará al mundo que son grandes elementos medicinales, prosiguiendo vertiente abajo se ubica el centro poblado de “Matibamba”, en donde también se siembran mucho cereales, camotes, racachas o ricachas otro elemento sustancial que aportará al mundo industrial, alfalfares, frutales, maíz, trigo, quinua, “ajunjulí” y otros tantos productos que verdean el paisaje natural del lugar, la característica más resaltante de esta costumbre es la velada de la “Cruz de Matibamba” que se realizan por las noches en todos los hogares de sus fieles y las fiestas que se desarrollan hasta el amanecer, la Cruz es muy milagrosa, a sido traído hasta la Capital de la República y de aquí se ha irradiado hacia el mundo, para ser festejado conforme a sus costumbres.

Hacía la parte horizontal en las faldas de las vertientes del cerro de “Angollca”, la más visible se asienta el caserío o centro poblado de “Alaypampa”, de color soleada de vertiente se asemeja a las hojas de manzanas maduras, en donde también producen grandes extensiones de maíz, trigo, alfalfa, frijoles, quinua y las coloradas y agradables manzanas, tan antiguas y conocidas que dan tilde característica a los parajes de “Hualgayoc” y de “Parga”, que se ubican a poca distancia del en lineado camino que va de Tauca a Cabana. Un poco más aquí, más cerca de Tauca, sobre los parajes de “Rumbamba”, “Carahuallpa”, “Aguinpú” y Arena Blanca, terrenos secanos y arenosos en donde producen abundantes cereales, papas, ocas, cebadas, habas, ollucos, etc. se asienta el nuevo caserío o centro poblado de San Juan. Todo esta parte como si caminaran en un solo sentido se encuentra mirando hacía el norte, la quebrada de “Huamayara”, “Júcuves”, “Shúype”, “Quichua”, cómo tratando de dar el alcance hacia Cabana capital de la Provincia de Pallasca, antes de atravesar las pendientes del río de Cabana y aguas abajo del río de “Llactabamba” que lo separa en profundas vertientes, dejando al triángulo formado por las tierras de “Chichalle” en donde produce la fruta silvestre “Uyuchas” y “Cachamaram” o “sangui” llamado en otros lugares, que por la experiencia de su consuno será la que revolucione al mundo entero por su alta consentración medicinal y a la izquierda la contrafuerte lomada de “Conllacta” que es la continuación en bajada de la vertiente.

Mirando hacía el Sur, como quien retrocede en pendiente al otro lado de la ciudad de Tauca, se ubica el caserío o el centro poblado de “Sahuachuco”, en los parajes de “Cuchugón”, Hacienda de “Huayllapuc” y otros lugares de verdes sementeras y sombreadas de muchos árboles, en sus extensas tierras fértiles producen maíz, trigo, cebada, habas, frijoles, alfalfares y otros tantos productos de pan llevar; lo más característico del lugar es porque lo celebran la Virgen de “Huayllapuc”, también milagrosa y reconocida más allá de los pueblos de la Provincia.

Pasando al otro lado del río llamado “Ashoc”, como quien en retroceso más se aleja al Sur, es decir, al otro bando de la vertiente, más aguas arriba llamado río “Rayamball”, en los parajes de “Aguas Blancas”, “Iglesiabamba”, “Shiracbamba”, “Shingullay”, se encuentra asentado el caserío de “Chuquique” o La Banda, que se encuentra casi junto a los límites del distrito de Llapo, como hermanándose por la continuidad de la misma tierra hacendosa, delineadas en sus verdosos campos fértiles del paraje, en donde producen papas, ocas, ollucos, cebada, trigo, alfalfares y otros alimentos sustanciales de la vida, la notoriedad y fama que lo caracteriza a escala provincial es el comercio de los agradables “quesillos” . Que son quesos pequeños en molde de matecitos, sin sal, hechos a base del cuajo, y son muy populares en la época de la FIESTA PATRONAL de Santo Domingo celebrado del primero a sexto día del mes de Agosto de cada año, después de la fiesta los hijos Tauquinos compran el quesillo por cantidades hasta que se agota la producción casera, para traer a sus familiares residentes en Lima.

Todos estos lugares se encontraban, sobredorada por la luz de esa mañana, trajinados por sus habitantes con las frescas ideas puestas en sus tierras, en sus sembríos, en el camino que les lleva y les trae al pueblo o a sus centros poblados, aquí no se conoce paros de brazos caídos ni de huelgas ni obstaculizan los caminos ni se revelan contra sus autoridades, nadie destruye sus sercos, sus piedras, sus lomas, sus cuevas, sus acequias, ni queman sus posadas o chozas, todos conservan, aman y quieren a su naturaleza a sus paisajes de le dejaron sus antepasados, todos dan su vida por sus campos, para luego regresar cansados pero alegres ¡Qué felicidad!  Sienten después de sus largas tareas o de sus engorrosas faenas de campo, al comienzo del atardecer como todos los días de la vida andina. Las vertientes recostadas en el andante tiempo, que se ahondaban en el seno de la bien crecida abrillantada mañana. El pueblo se agitaba como todos los días siguiendo las costumbres venideras de las profundidades de sus venas diarias de sierra, como su propia sangre que derrama sobre sus queridos y entrañables campos de riego, de trigo, de maíz, de alfalfas, todos dorados por el calor andino del sol.

Seguía la ventilada mañana, alegre, fresca, tan esperada por la gente, ya se acercaba al medio día por las cuestas andinas, ya llamaba a las ventanas del deseoso paladar el vacío del estomago, el sol desde lo más alto nos inducía a buscar el almuerzo de todos los días. Sus rayos se descolgaban tan perpendiculares, por todas las rendijas que se habrían hacia el cielo. Las simples salidas de los techos entejados trazaban el perfil de la sombra sobre la tierra, ya no eran gruesas gotas de lluvias como en el invierno de los meses de enero, febrero o de marzo; eran hoy tibias sombras pulidas de sierra, amorosamente derramadas en un color de bruñida soleada miel, sobre aquellos lugares trasandinos morados por las lejanas penumbras y violetas por el roce de los vientos del verano que se iniciaba, entrelazada en un todo encontrado de fragancia de campo, de verdor de hierba y de color de flor.

Así, de tanto en tanto, caminando desde la plaza de armas al barrio de La Pampa, llegamos todos en grupo nuevamente a nuestra casa, mientras mi padre retomaba a sus asuntos judiciales en su Despacho. Mi madre se encontraba en la cocina del segundo piso preparando el almuerzo del día, al advertir nuestra llegada inmediatamente invitó a su comadre doña Juaquina y a doña Balvina, quiénes conjuntamente con Juancito y yo, subimos las escaleras a la cocina, mi madre preocupada y adolorida de lo que había ocurrido se lamentaba al observar las heridas y el estado en que se presentaba Juan, le alcanzamos un balde con agua tibia y jabón, le hizo entrar a la huerta del segundo piso para lavar sus heridas y curarlas con hojas de llantén hervida, después le hizo sentar a la mesa que había en la cocina y luego llamó a todos nosotros, también para almorzar. Siempre brindó su apoyo a todas sus comadres o a la gente que acudía a la casa en busca de alguna solución de su problema personal o familiar.

Mi madre doña Ramona Ravelo Chinchay, era hija de Bartolomé Ravelo García, (quién era hermano de Luciano y Dionisia, tenían como padre a don Agustín Ravelo y a doña Juliana García, todos nacieron y vivieron en Hualalay) y de Petronila o Petrona Chinchay  (de madre soltera llamada Juliana Chinchay, falleció a pocos días a consecuencia del parto, otros dicen a los seis meses cuando pasaba la “acequia del alto” se resbaló y se mojó medio cuerpo en el agua y le devino el “sobreparto” Vivía en el pueblo, su padre llamado José María Villarreal no la reconoció, acogiendo el apellido materno, fue criada por su tía materna Concepción Chinchay) era alta, robusta, laboriosa y bondadosa, vestía polleras oscuras bordadas de florcitas, rebozo y sombrero de paja fina de junco. Nació el día miércoles 11 de Abril de 1906 en Hualalay, anexo o caserío de Tauca, fue una ferviente devota de Santo Domingo de Guzmán. Recuerdo que realizó la Fiesta Patronal en su honor. Patrón tutelar del pueblo el 3 de Agosto de 1951, por haberle revelado el remedio casero que milagrosamente le curó la enfermedad que adolecía por muchos años y que ningún médico acertó con la curación. Desde cuya fecha hizo una promesa de fe, para que cada año en el mes de agosto, ofreciera un almuerzo a los “muñidores” y “mayordomo” del Santo Domingo y también a la Banda de Músicos, que “asiste” al devoto del día 3 de agosto de cada año, durante 40 años cumpliera estrictamente con esta promesa. Con excepción de un solo año, que estando en la ciudad de Lima, no pudo viajar a Tauca, a cumplir con su promesa, motivo al terremoto sucedido el día domingo 31 de Mayo de 1970, a horas 3.23 o 3.35 minutos de la tarde, quedando en escombros Huaraz y aledaños, Yungay sepultada por la espantosa avalancha de piedras y lodo, el departamento de Ancash desbastado por el sismo, que acabo con el 95% de destrucción de la ciudad de Huaraz y a consecuencia de ello, quedó interrumpido la vía férrea de Chimbote - Quiroz - La Galgada; pero en su representación lo hizo mi hermana Dina María Moreno Ravelo, nacida el día lunes 25 de mayo de 1931 en Tauca y su esposo Marcián De La Cruz Gaspar, nacido el día jueves 12 de junio de 1930 en Tauca, quiénes vivían en ese entonces en Tauca. Apoyada por mi hermana Hilda Florinda Moreno Ravelo, nacida el día domingo 07 de julio de 1929 y su esposo Isidro Chávez Flores, nacido el día martes 14 de mayo de 1929, (fallecido posteriormente el día miércoles 8 de setiembre de 1976), con su hija Isabel Florinda Chávez Moreno, nacida el día miercoles 5 de Noviembre de 1952. Mi madre falleció en Lima el día jueves 18 de Junio de 1992, cuyos restos fueron trasladados el viernes 19 y sábado 20 de junio del mismo año a su tierra natal, realizándose el sepelio el día domingo 21 del mismo mes y año, a horas 2 de la tarde, en el Cementerio General de la ciudad de Tauca, en donde actualmente reposan sus restos mortales.

Esta devoción incomparable de mi Madre de tantos años dedicados al Patrón Santo Domingo de Guzmán de Tauca, siempre lo recuerdan y añoran los auténticos “Muñidores” o “mayordomos” de esa época que años tras años venían asistiendo al servicio del Patrón del Pueblo, su misión era reunirse antes de las festividades para lavar y planchar la ropa del Patrón, escobillar las capas doradas en oro viejo y limón, para sacarles el polvo, llevar el control y lustre de las alhajas y capas obsequiadas por los devotos, asear la Urna del Santo en donde permanece durante el año y aceitar las soguillas, bisagras y las maderas por donde va descender el Santo, el día tres de agosto de cada año con aceite de oliva, lavar a la imagen con agua de colonia y algodón con mucho cuidado para no deteriorarlo, luego cambiar de ropa y elegir la forma y color en que va lucir al pueblo, el uso de 30 alhajas cuando se encuentra arriba en su trono, antes del descenso el día de la “bajada del Santo”, para evitar el peso y 90 alhajas de oro y plata cuando ya se encuentra abajo en sus andas, pero antes estas personas han tenido que confesarse ante el Párroco, comulgar y lavarse las manos con agua bendita y abstenerse de cualquier acto contrario a la pureza y lo virtuoso. Siendo el Mayordomo Mayor don Damacio Ruiz, por muchos años, secundados por Muñidores menores como Eulogio Lucas, José Alejos, Cicillo Ruiz, Feliz Trujillo, Demetrio Ruiz, Pedro Ruiz, Juan Valle Gonzáles, siendo el Mayordomo del Patrón Tito De La Cruz a la fecha de la presente redacción. El día cuatro de agosto es la procesión central del Patrón Santo Domingo de Guzmán, recorre la “Calle Grande” del pueblo y en la esquina de mi casa en el barrio La Pampa, era costumbre infaltable se acondicionaba una mesa grande y fuerte en donde tenía que descansar por unos minutos, al compas de cánticos religiosos y roseado de pétalos de flores de rosas rojas, amarillas y blancas que mi madre lo realizaba y luego ayudado por mi padre repartían la “caridad” consistía en varias canastas grandes con pan de trigo y vasos de chicha, para todos los feligreses menores, adultos, festejos o comparsas entre ellos las Arabias, Quiyayas, Pallas y al público en general, terminado esta misión continuaba la procesión por la ciudad de Tauca.

Hay un aspecto humano característico trascendental que no quisiera olvidar la que me contó mi Madre, ella nació en el caserío de Hualalay, tierra fértil de clima muy saludable, aprendió todas las buenas costumbres del lugar, entre los cuales se acostumbraba que nunca una persona debe comer sin que previamente no se haya participado o invitado al vecino o a quien se encontraba a nuestro alrededor o a quien venia de visita a la casa, al despedirse siempre tenía que obsequiarse o compartirse algún producto que se había cosechado o alguna fruta que producía en vuestro terreno; es decir, no solo se hacia regalos en Navidad o se le invitaba el “muñuelo” que era un preparado de tortillas de harina de trigo con agua de cederrón endulzado con chancaca, era una costumbre generalizado en el poblador del caserío de Hualalay, para la Navidad o cada fiesta patronal y año nuevo era obligatorio dejarle en cada casa del familiar o vecino que se encontraba habitando en su correspondiente chacra o terreno, todos eran familiares, todos se trataban como familias eran tíos, primos, sobrinos, nietos, yernos, nueras, ahijados, hermanos de pila, compadres y parientes lejanos, en fin todos tenían un parentesco troncal, por su puesto todos tenían que recibir un regalo, ya sea unos cuantos panes o muñecos de pan, un mate o plato del potaje que habían preparado, ya sea de carne de chancho o de vacuno o el mote de trigo o de maíz que cocinaban para el momento, se lo distribuían según el número de hijos o de miembros de familia o en su defecto, se le llamaba a la misma casa, para darles en sus mates o en sus ollas de barro que traían consigo, podía ser caldo de cabeza de carnero o estofado de carne, en ese entonces, no se conocía el tradicional panteón o el chocolate o los caramelos menos el champán; en fin todos se sentían alegres cuando habían logrado distribuir a todos los habitantes del lugar; ésta enraizada costumbre social su generis que se producía en este caserío del distrito de Tauca, no era como en el pueblo que para la Navidad, solamente se prepara el “muñuelo” que son las tortillas soltadas entre el agua de cederrón con azúcar rubia, y en la fiesta patronal del mes de agosto se distribuía la masa de harina de trigo en dos o tres bolos en un mantel blanco, que el devoto o prioste remite con sus “cernidoras” (damas jóvenes voluntarias que colaboran con el devoto) a cada casa del pueblo para que los que habitan se acerquen a la casa del devoto y en el horno candente de ese momento haga su propio pan como los prefieran; por eso mi Madre fiel a esta costumbre de sus ancestros me comisionaba cada Navidad, a distribuir a sus familiares, ahijados, compadres, etc. sus regalitos que previamente ella las acondicionaba en manteles y bolsas, las llenaba en mi alforja y luego iba de Tauca a Hualalay a cumplir con lo ordenado. Este acto de intercambio afectuoso es histórico y mundial. Que no se pierda esta costumbre social única en la zona, generada por la configuración de la natura que hace unir los buenos sentimientos de hermandad. No era necesario aprovechar el sueño ajeno para entrar por la chimenea a la casa con su bolsa de regalos, como en Europa lo hacia San Nicolás, obispo de Myra en Turquía, hasta que el alemán Sinterklaass crea su Santa Claus, el simpático gordito bonachón de rojo Papá Noel. En 1808 el escritor estadounidense Washington Irving lo recrea como Santa Claus viajando en un carro tirado por caballos. El escritor Clement Clarke Moore le da otra figura más escandinavo halado por renos y le agrega ese gesto característico de la risa. Thomas Naass lo hace más identificable como si viniera del Polo Norte. En Hualalay, jurisdicción del distrito de Tauca, todos estos elementos tradicionales son practicados ancestralmente en un acto solidario, en gesto caritativo, sensible y condescendiente con sus telúricos hermanos.

En la Provincia de Pallasca se le conoce al distrito de Tauca, con el apelativo de “Macsho” (hueso de la columna), porque los Tauquinos acostumbran a criar en los “chiqueros” de su casa a sus “coches”, así llaman a los chanchos o porcinos; cada familia tiene por costumbre sembrar en parcelas de las partes altas la cebada de temporada, regadas por las lluvias, después de cosecharlas la llevan a moler en los molinos de piedra, movidos por la fuerza del agua de las quebradas o acequia; éste producto remojado en grano primero y batido en harina después le dan de comer al porcino elegido, esta acción le denominan “cebar al chancho” o sea engordarlos, por lo general engordan dos chanchos grandes al año, uno para matar en el mes de mayo, el otro en el mes de octubre de cada año; el engorde dura de dos a tres meses, quince días antes de ser sacrificado le dan de comer solamente granos de maíz dulce, para que la manteca tenga una característica de sabor agradable color crema. Los chanchos se engordan de tal manera, que hasta ruedan por el suelo porque sus patas no resisten para caminar.

Cuando sacrifican al chancho, los familiares y vecinos se reúnen para participar en el evento, ya sea preparando chicharrones para obtener la manteca, lavando viseras para los rellenos, cortando coles, hierbabuena, pelando papas, cortando el tocino en cuadritos del cual se obtendrá el “cuchivinde”, preparando “el pecho” (potaje costumbrista del momento) consiste carne del pecho de chancho con hierbabuena y ají se sirve con papas en estado caliente como almuerzo al mediodía, más tarde los chicharrones con mote de maíz o con la “Capca”(maíz remojada y hervida) y los rellenos, hígado, riñones, “tóngor” (faringe, laringe y pulmones) en pedacitos son repartidos en mates a todos los invitados, familiares y vecinos, por que el olor expansivo de éstos preparados inundan no solo la casa sino que también todo la cuadra, el dueño del porcino se conduele de sus semejantes diciendo “Allay” (siente compasión y dolor en el alma) en caso de no invitarlo a su vecino, porque el poblador tiene la idea de que también su vecino desea comer el potaje costumbrista.

La manteca es guardada en grandes ollas de barro, el chancho es descuartizado: en cabeza, “Shayguro” (columna vertebral con rabo), costillas, brazos y piernas de los cuales se obtendrá los jamones andinos, todo son “untados” con el preparado de ajos con sal molidos, colgadas en gancho de metal o de madera sobre la cocina, en donde el calor y el humo de la leña quemada los conserve secos y las moscas no depositen sus huevos para convertirse en larvas que lo agusanan. Los jamones andinos se ponen sabrosos y olorosos para la Fiesta Patronal que celebran en el mes de agosto, siempre ofrecen jamón frito con cancha a los visitantes y familiares que han venido de Lima, a quienes se les obsequia los jamones andinos; en igual forma en el mes de octubre en Homenaje a la Virgen del Rosario. Los demás jamones andinos se conservan sobre la cocina, colgados con “huasquilla” (soga delgada de penca), del cual cada vez que se va cortando en trocitos longitudinales irregulares para ser freídos en la cazuela (olla de barro abierta en sus extremos) con cancha reventada en su propia manteca, los huesos de la pierna o  brazo de jamón o de la columna vertebral, se van quedando descubiertos, estos huesos son muy agradables y sustanciosos para preparar los potajes costumbristas oriundos de Tauca, como el “quesheste” (habas, coles, trigo tostado y un trozo de shayguro), el “cashallurto” (trigo safado con un trozo de hueso de chancho), el “shambar” (con aderezo de cuchivinde o pellejo de chancho, harina de trigo o de habas tostada con granos de trigo partido), el “puchero” (coles, carne de res y hueso de chancho con papas y camote), para preparar estos potajes costumbristas del lugar las esposas de los parientes o de los vecinos acuden a la casa y en forma suplicante le pide a la esposa del propietario quién administra la casa, que le “preste uno de los huesos para preparar el potaje y que después la devolverá tal como le ha prestado”, es decir, el verdadero sentido de la petición es comprendida, como la sustitución del hueso prestado por otro en cuanto tenga, para devolverla con las mismas características y dimensiones del que le prestó; ésto no debe interpretarse como devolución de un hueso usado o cocinado, ya que no acostumbran comer potajes calentados, las sobras son para chanchos o perros que crian. Esta acción debe entenderse simplemente de la realización de un “trueque”, pero como las Mujeres Tauquinas son de tan caritativas, generosas, buena fe y comprendiéndola su situación humanitaria inmediatamente la obsequia sin esperar compensación alguna.

En el pueblo de Tauca y en sus caseríos es una costumbre muy antigua que no debe olvidarse, en el uso de potajes típicos de variedad de papas que influyen en su preparado, como en “Papa seca” para sopa y carapulca; en papas molidas para “papa rellena”; en papas con “napuz” (hoja de mostaza); en papas con “callaball” (semilla de “cayhua”) tostada y molida de sabor algo picante se remoja con sopa, servida especie de papa huancayna, este potaje es tan antigüa que ya esta en desuso; En “papas fritas” con manteca de chancho, cortados en tajadas verticales similares a las papas con pollo, el uso de “papas fritas” en tajadas redondas y planas agregándose sal con algo de ají colorado o seco con cancha, son llevado como fiambre en mates y talegas; muchas veces los pobladores usan las rodajas delgaditas crudas para emplastarse con sal molida en la frente o en la sien de personas enfermas para controlar y bajar la fiebre. Podemos afirmar sin duda a equivocarnos por su antigüedad y tradición, los Tauquinos que laboraron en la condición de cocineros y mozos en los principales Restaurantes de Lima, han sido los primeros promotores y difusores de las “papas fritas” en sus diferentes formas y modalidades de preparado en la gran Lima, con expación no sólo en el ámbito nacional sino que también a escala mundial. Por esta razón, Tauca es el creador de las “papas fritas” con éste arte culinario ha impuesto como una contribución y aporte al desarrollo industrial empresarial de la cultura culinaria Internacional.

                 


 

SEGUNDA
VISIÓN
 

 


 

Paisaje Natural de Tauca

(Cerro de Angollca, lomadas de Pagarina y Angovillca, modeladas por la misma naturaleza en el tiempo, con su forma topográfica, vegetación natural y fauna andina)

 

PAISAJE NATURAL DEL ALTO DE LOS MOLINOS

(Vista singular de la continuidad de la esperanza de Tauca)

 (Foto tomada en agosto del 2005)


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El sol caía pesadamente de sopetones a un extremo del final del día, hacia la media oscura profundidad de un costado de la tarde, como un golpe repentino impuesto enérgicamente por la mano sobre los gruesos hombros del Cabo Zamudio, que nerviosamente encorvado y pensante se encontraba disponiendo las tareas de sus colegas e ideando los planes estratégicos acertados, para seguir y lograr los posibles objetivos de la tan esperada investigación, que lo salvara de la instrucción que le habían aperturado. 

Luego con voz y gesto autoritario ordenó, que uno de sus guardias se quedara a cargo de la Comandancia de Puesto de la Guardia Civil de Tauca, mientras el otro guardia iba como auxilio del Cabo Zamudio, que retornaban en esos momentos de la tarde en sus caballos, sin pérdida de tiempo con dirección al caserío  La Banda, para luego en esa misma noche trasladarse inmediatamente a las alturas del mencionado caserío, para llegar al paraje denominado “Piedras Paradas” camino más arriba de “Aguas Blancas”, en donde se encontraba instalado una rústica choza de piedra con techo de pajonales, en el cual habitaban las dos pastoras, que cuidaban y pastaban el ganado vacuno y lanar de propiedad de don Futocino Delawanda, que en ese entonces ya había fallecido, lo administraban la Viuda y sus hijos que residían en el caserío La Banda.

El Cabo Zamudio, cabalgando su caballo color caramelo lúcumo, tirando a color crema, frente blanco, bien “enjatado” o con bozal de suela incrustado de conos de plata y cobre bien bruñido, con herrajes nuevos. El guardia adjunto también cabalgaba su caballo moro color ceniciento, muy bien conservados, chillones se oían sus pasos, a veces despedían chispas cuando subían por las calles empedradas hasta atravesar la “acequia del alto”, y luego descendían al trote el camino con dirección al caserío de La Banda, llevaban puesto, cada uno su casco de color crema, abrigo grueso de color pardo verdusco, con botones dorados de guardia civil, portaba sobre la espalda un pesado fusil de dos cañones largos que brillaban al sol de la tarde sus metales de aceros inoxidables, conformaban una gruesa y ancha correa de cuero negro con hebilla de bronce con iniciales de GC, que ceñía a la cintura el pantalón de montar color verde caña, con polainas y zapatos de cuero color negro, altos como especie de botines, con espuelas de plata, descansaban sobre una montura ligera de cuero marrón enchapado, con bordes tallados en alto relieve y adornados con tachuelas ovaladas de plata, con una gruesa alforja de cuero, con hebillas y correas de uso constante, para llevar las municiones y cartuchos de sus armas y unas dos o cuatro botellas “chata” de ron “pomalca”, para vencer el frío y el miedo de la noche, parecían miembros de alguna orden de caballería de la antigua nobleza europea, le daban cierta distinción de autoridad, todos los implementos brillaban al reflejo del sol inclinado de la tarde, los jinetes a paso acelerado y en fila india, pronto siguieron introduciéndose en el mismo polvo levantado del camino por las patas de sus caballos.

Parecía que toda la tarde en su conjunto, la seguía a los jinetes al compás del trote de sus caballos, también el trajinante sol pesadamente descendía al galope, buscando darle el alcance al final de su destino. El viento apresurado de norte a sur columpiaba las hojas de los árboles empolvadas, que iban quedando a los lados del estrecho zigzagueante bajada del camino, de los parajes de “Pucre”, “Pillco” y otros lugares más, hasta llegar al río de “Rayamball”. Cada mínimo movimiento que daba el sol de la tarde en su insostenible caída hacia el horizonte y todo la armonía de la naturaleza atardecida en su color anaranjada, le cerraban el paso a los briosos caballos que al trote de sus perfiladas sombras, bajaban el desigual áspero camino deslizado sobre la vertiente dorada con el viento empolvado de la tarde.

En todo el lugar del valle, interrumpido el natural silencio por el derramado murmullo del río, en la lejanía se proyectaba una sombra extensamente con un gesto de un inútil retorno del viaje; pero el Cabo Zamudio con los ojos enrojecidos por el polvo del camino, fatigado por el oblicuó calor esparcido del sol y con los ánimos del capricho característico del militar cruzaron el puente La Banda, e insistieron a su corcel para ascender luego los macizos recodos del camino y llegar al caserío La Banda, que normalmente a pie sé hacia dentro de dos horas y medía casi tres horas, sin embargo a caballo lo había hecho dentro de un tiempo récord de una hora y medía. No se detuvieron ni menos hablaron con nadie, continuaron ambos guardias su infatigable camino hasta alcanzar el fin de su intención y deseo de llegar a la rústica choza de piedras de los pastores de don Futocino Delawanda, que se ubicaba un poco más camino arriba del paraje denominado “Aguas Blancas”.

Era casi las seis de la tarde, cuando ya el sol tocaba la línea del horizonte del paisaje, vencido por el cansancio en una simple forma de naranja, débilmente se pretendía ocultar en la distancia, para dar paso inmediato a la venida de la noche. Los guardias civiles a pesar de sus terquedades malvadas y perversas actitudes con la gente, se quedaron admirados y por un momento reflexionaron un poquito, recién supieron reconocer el verdadero valor que tiene el arte, la belleza del tiempo, la gran satisfacción que produce en el alma, su incomparable color que cada tarde nos ofrece la naturaleza al ser humano. Por primera vez en su perniciosa vida, tenían la suerte de observar un cambio de la naturaleza en la tarde, tan hermoso tan pintoresco, jamás en su corta vida habían visto un cuadro objetivo y real indescriptible desde las alturas del caserío de La Banda y también del vecino distrito de Llapo.

El horizonte en pleno se pintaba en tantos vivos colores, delineado sabiamente sobre las lejanas cumbres del Oeste; el rojo, el amarillo, el anaranjado y el morado se confundían en una misma línea alargada y redonda sobre la mitad de la Tierra y a la orilla del mismo cielo asentado descanzaba, para recibir en sus faldas al enrojecido fuego del sol que abatido se declinaba poco a poco, como una moneda sin valor que se hundía lejanamente en el mar, este era el verdadero crepúsculo de la tarde, que le habían conversado alguna vez en su casi olvidada niñez por algunos de sus profesores. Las alturas bajaron su pie hacía el Este, se coloreaban en lomas, en cerros, en cumbres, en una extensa puna, que sé dibujada en un simple tono al carbón; pero que por acción divina crepuscular la convertía en una compleja acuarela anaranjada, diluida plenamente sobre la amplitud externa de la sierra andina que comenzaba a introducirse, debajo de la perfilada enorme penumbra conjelada que al galope del tiempo venía, siguiendo los rastros trajinados del sol lamentablemente en agonía. Así los guardias civiles esperaron la llegada de la desbordada noche.

 

Cerro de Angollca y una pastora

 (Sentada al borde del camino entrada a Tauca)

(Foto de Pedro Salamanca 2004)

 

Las ovejas

(Ganadería extensiva proporciona carne y lana,
se alimentan de pastos naturales o de estaciones, Rev.El Bandero 1997)

 

                                                 


 

 

 

Era una antigua choza, ubicada en zona jalca aproximadamente a 3,900 de altura, en una región andina, en donde tanto en verano como en invierno abundaban los verdes pastizales, su rústica construcción era de piedra y barro a menos de dos metros de alto, con techo de palos y paja brava, en dos caídas de agua, con una sola puerta, protegida de una manta vieja y una “quincha”, no tenía ventanas, apenas se veía hacia fuera por las rendijas del cerco construido de piedra, entrando en su interior hacia ambos costados, habían dos piedras azuladas casi planas, que servía de asientos, al fondo hacia el ángulo izquierdo de color negro y brillo mate, se localizaba el fogón de tres piedras calcinadas y ennegrecidas con restos de cenizas de leña quemada de “chillgan” y “quishcuba”, también habían “muñegas” (estiércol de vaca desecada en la puna), sobre estas “tullpas” (piedras del fogón) se encontraba una olla de barro (arcilla), mochada de sus remates u orillas, completamente ennegrecida por el humo y el uso diario, en el cual preparaban sus alimentos las pastoras; cerca del fogón había un batán de piedra con su “chungo” de río, en donde molían ajos, ají y trigo para sopa, por su mismo estado se deducía que muy poco se lavaba. En el otro extremo derecho, se veía doblada una vieja carona hecha de trozos de bayeta, que de tanto extenderse como colchón sobre el suelo ya se encontraba empolvada de tierra, en igual situación los dos pellejos de carneros y una gruesa frazada vieja de lana blanca con negros listones remendados y deshilachadas de orillas, se extendían para dormir durante la noche y recogidos durante el día. A corta distancia del lugar, colgaba clavado a la pared un empolvado mechero hecho de envase de conserva, conteniendo kerosén de combustible, por el renegrido del humo que había generado hacia el techado, se podía determinar la cantidad de años que alumbraba en reducido interior de la choza, que no era cómodo para sus ocupantes de poca altura.

La rústica choza se levantaba en forma casi cuadrada, en un área de nueve metros cuadrados sobre una lomada, para tener mejor visualidad a sus alrededores y especialmente a los pesebres del ganado formado por carneros, ovejas, cabras y sus crías; del ganado vacuno de mayor cantidad y más amplio; y el otro de porcinos de menor extensión, todos tenían la forma cuadrada, rodeadas por una cerca rústica de piedra con “champa” o raigambre a una altura calculada como para no desbandarse el ganado, cada uno tenían sus trancas de palos con sus respectivas sogas para asegurarlo, en cuanto el ganado había retornado por la tarde, para pasar la noche dentro de su corral.

La choza era ocupada por las dos pastoras menores de edad llamadas Catalina de 16 años (fallecida en 1976, dejó 3 hijos) y Clemencia de 14 años (actualmente vive, tiene 6 hijos), hija de Alerino Charengo, naturales de “Chuquique” paraje del caserío La Banda, la primera tenia una hermana llamada Victoria, la segunda tenían otros hermanos entre los cuales era Valentina, por carecer de posibilidades alimenticias, sus padres le “prestaron” o les dieron a la familia Delawanda para que les ayudara en el pastoreo, para que sean sus pastores y puedan ganarse sus alimentos, además tengan algún carnerito que buenamente les regalaría por haber cuidado y pastoreado su ganado en la puna. Estas dos pastoras no sabían leer ni escribir, eran analfabetas no conocía la escuela, porque en “Chuquique” había una maestra que muy poco venía a enseñar, solamente era dos veces por semana, miércoles y domingo, porque la maestra era familia del Director y además trabajaba en Tauca, ganándose los dos suelos, venía en la mañana y regresaba por la tarde a quedarse en Tauca. Por esta razón, muchos padres de familia no les mandaban a sus hijos a la escuelita de La Banda, porque no aprendían nada, preferían utilizar su tiempo de sus hijos hombrecitos, enseñándoles las labores del campo, sembrando las papas, las ocas, los ollucos, las habas, aprendían arar, invernar las vacas y toros,  etc. y a las mujercitas les enseñaban el pastoreo de los carneros, cabras, chanchos, además aprendían a ejercitarse en el hilado, en el tejido de mantas, rebozos, polleras y alforjas, como también les enseñaban a cocina diferentes potajes costumbristas del lugar, como preparar los fiambres para la gente que laboraba en el campo y algunas cualidades curativas de las plantas para curarse de alguna enfermedad.

Las pastoras llevaban puesto un sombrero de paja gruesa, muy usada y agujereado por las lluvias y el sol de la puna, llevaban una gruesa chompa de lana de oveja, para protegerse del frío, no las quitaban ni en el día ni en la noche, había perdido su blancura natural más se parecían a las nubes de tempestad que a la de primavera. Usaban polleras de bayeta gruesa, bastante soleada por el uso constante y permanente, que hasta en algunas partes a la altura de las rodillas llevaban parches, casi del mismo color disimulando en algo, no tenían cambio, la usaban hasta terminarse en jirones; calzaban sus “llanques” (especie de hojotas con correas) (y también el varón usaba un poncho de lana, teñido en hojas de nogal) y las mujercitas sus rebozos de color azul y sus correspondientes “lliclla” o manta de colores apagados, tenían varios años de uso constante,  para protegerse de las lluvias de invierno y del frío de las noches en la fría puna; tenían las mejillas quemadas por el frío, casi no se observaba debajo del viejo sombrero; las manos y los pies muy maltratados, las callosidades le aumentaban de volumen, sus talones y dedos pispados o cuarteados por las heladas recibidas en la puna, por el agua de las lagunas y arroyos que tenían que usar diariamente desde la madrugada.

El penoso semblante de ambas pastoras daban mucho que lamentar, eran muy delgadas y desnutridas, sólo conocían como alimentos el maíz tostado en “cancha”, el trigo o la cebada tostada en “shullga”, era el almuerzo de todos los días, la comían andando tras del ganado, se compartían de una misma “talega”  bolsa tejida de lana en varios colores, que llevaban consigo, para que en cuanto tenían hambre de ahí iban sacando puñado tras puñado, directamente a la boca la “shullga” con “cancha” y cuando tenían sed, bebían el agua cristalina que bajaban por los arroyos de la puna que encontraban a su paso. A veces las pastoras tenían rutas diferentes, una por aquí, la otra por allá, siempre rodeando al numeroso ganado de ovejas, cabras y vacunos, no las perdían de vista, siempre se localizaban en la parte alta de las lomas, con el fin de tener una visión amplia de la totalidad del ganado y puedan aprovechar en comer el pasto verde del día, consistente en unos pajonales tiernos y dulces que crecen en las jalcas o punas, así como otras hierbas pequeñas, que comen los animales para mantenerse gorditos de muy buena conservación. Las pastoras tienen que tener mucho cuidado al ganado durante el día, a veces se pierden o se extravían por haber tomado distintos caminos o lugares y es muy difícil encontrarlos, la puna es amplia y extensa, nadie es dueño de ella, no se identifica los límites de los distritos en las alturas, que en línea recta son trazados subjetivamente de cerro a cerro. Todo es un solo mundo que siempre está en su mismo lugar.

Los demás pastores también se ubican en sus lugares de costumbre y alejados, sólo cuidan de no acercarse a otros ganados ajenos para no confundir su ganado lanar, caprino o vacuno. Aun cuando cada dueño de su ganado ha puesto su correspondiente marca en hierro candente, con las iniciales de sus nombres y apellidos en las ancas de cada unidad de sus vacunos y en las ovejas y cabras hacen su señal cortando en una de las orejas con diferentes formas o características para identificarlos, o también se les ponen y amarran hilos de diferentes colores como campanillas, para identificarlos en caso que sean necesarios.

El enemigo más común de todos los pastores de las jalcas y de las punas es el zorro, estos astutos animales esperan que los inocentes pastores se descuiden, para que de sorpresa se lancen y desintegren el rebaño y atrapen al cordero o a la oveja tierna, que se quedó sola desamparada fuera del grupo, lo llevaba arrastrando hasta su madriguera o guarida para comérselo. En el verano no había tanto peligro, porque se le advertía a lo lejos y luego se le ahuyentaba a gritos. En el invierno, se aprovechaba de la poca visibilidad de la neblina y se agazapaba entre las hierbas para atrapar y llevarse a los corderos o a los becerritos tiernos para devorarlos.

Se dice que este es un astuto cánido de cola larga y coposa, orejas puntiagudas y color pardo grisáceo que le permite mimetizarse con su entorno. Sus hábitos son diurnos y nocturnos. El zorro andino – cazador furtivo - visita constantemente las diferentes ecorregiones del Perú.

Desde tiempos milenarios, el zorro fue admirado por el humano debido a su sagacidad e ingenio y por ello está representado en textiles y ceramios de casi todas las culturas prehispánicas, como Ancón, Chancay, Tiahuanaco e Inca.

Nombre científico: Pseudalopex culpaeus Familia: Canidae. Nombres comunes: Zorro andino, zorro colorado, atoq en lengua quechua.

Mamífero carnívoro de cabeza ancha, orejas grandes y erectas. Su abundante pelaje es de color pardo grisáceo. Tiene la cola larga y gruesa. El zorro es un animal adaptado para ver en la oscuridad. Su longitud es de 70 cm. del hocico al nacimiento de la cola y esta suele tener 30 o 35 cm. de largo, que agita a manera de saludo para engatuzar, atontando a su presa, para luego aproximarse con gran cautela, hasta abalanzarse de un veloz y certero salto. Pertenece a la familia de los cánidos que incluyen a perros, lobos y chacales. Vive en madrigueras y caza aves de corral y animales pequeños. Suele vivir hasta doce años. El grito del zorro es una especie de ladrido agudo, suele aparentar que está muerto al ser capturado y huye tan pronto se le presenta la oportunidad.

Para evitar este peligro constante, las pastoras tenían dos perros bravos, uno de color cenizo ágil y vivaz que andaba junto a su dueña Catalina y el otro de color blanco con orejas y boca negra andaba junto con Clemencia, también de gran agilidad y advertían cualquier peligro a mucha distancia, ambos eran perros machos de buen alcance y de baja estatura, eran de raza chuscos, pero muy valientes, estos animales eran inmensamente fieles poco se les faltaba para hablar, se portaban como un verdadero compañero, vivían y dormían juntos, no se separaban en la noche ni en el día, cuidaban mucho a sus amos. Cuando iban tras del ganado, también les invitaban el fiambre, consistente en la “Shullga y cancha”, se mantenían muy bien, eran muy obedientes a las órdenes de las pastoras, no dejaban que el ganado vacuno, caprino o lanar se alejaran demasiado del grupo, de rato en rato las reunían cerca y a la vista de las pastoras, parece que sentían y olían los rastros de los zorros a enorme distancia y entonces se pasaban la señal basándose en sus aullidos característicos, luego se unían los dos perros para emprender veloz carrera tras del zorro para ahuyentarlos o bien para cazarlo.

Generalmente, los pastores de las zonas andinas van tras de sus ganados, ya sea atravesando las hondonadas y quebradas o subiendo por las lomadas y cerros de las jalcas o punas, en ese silencio absoluto de las extensas pampas de la jalca, solo escuchan los pasos en grupo de su ganado y del viento, las superficiales mordida característica del fresco y verde pasto por las vacas o por las ovejas para luego rumiarlos mirándose a asimismo, también por algunos de los balidos que dan los carneros para ser escuchados en la lejanía o las ovejas en busca de sus corderos o las cabras en busca de sus cabritos, o por los bramidos prolongados de los toros o de las vacas en busca de sus becerros, para darles de mamar o cuando advierten algún peligro, todos defienden a sus corderitos, cabritos o becerritos, las madres los acurrucan protegiéndolos dentro de sus piernas y luego golpean o rascan en forma desafiante con sus cascos delanteros la tierra, como en un gesto de defensa diciendo que no se acerquen es mi cordero o es mi becerro.

Mientras que los pastores a ratos perdidos cantan y silban en esa fría soledad  de la puna, canciones entristecidas de sus antepasados, denotando siempre su dolor interno de su infelicidad, al encontrarse solitarios en esa inmensidad friolenta de la puna o de la jalca, cuando quieren conversar solo lo hacen con su compañero o con sus animales que pastorean o con el perro que les acompaña y que como amigo fiel les mira con tanta compasión, como tratando de darles alguna respuesta cariñosa con la cola, o cuando se pasan la voz a la distancia de cerro a cerro, de loma a loma y que sus voces se pierden en la profundidad de los ecos generados por las pendientes en esa inmensidad solitaria de la jalca, en otras veces los varones llevan sus instrumentos de viento “quenas” ( de carrizo grueso) o sus “andaritas” (hechos de carrizos delgados cortados en tamaños progresivos y amarrados a otro trasversal) o las “flautas”( hechos de palo de “huarahuya”), aprenden hacer entonar canciones andinas y muy tristes de soledad de puna. Además de llevar su sombrero de junco, alforja para llevar su “fiabre” y poncho para abrigarse del frío y de la lluvia, portan su “hondilla” para cazar palomas o cualquier otro pájaro, una “huaraca” de soga trenzada confeccionada al centro para lanzar piedras o terrones a gran distancia ahuyentando a los zorros y leoncillos y su “látigo” de cabuya o de penca con punta y con mango de madera, para arrear el ganado haciéndole tronar la punta en el aire. En el caso de las pastoras mujeres, llevan puestas sombrero de paja y su “lliclla” para cargar su “fiabre” puede ser “shinte” (habas cocinada), “shullga” (trigo tostado) con cancha (maíz) para comer durante el día), tienen una maravillosa voz para cantar, mientras con su rueca con lana de oveja envuelta y sujetada con el “callabash” (cinta delgada de lana de un centímetro de ancho por medio metro de largo) a la cintura mirando a la trama que extrae de la lana envuelta a su respectivo “huso” (tallo fino y recto de poco peso en donde se envuelve el hilo de lana en forma de cono) que ronronea con su “piruro” ( piedra o arcilla cocida en forma redonda que lleva en un extremo del huso), para hilar durante el día que pastorea el ganado. Con la triste tonalidad de las interpretaciones de sus cantos, el tiempo, los cerros, los arroyos, las lagunas y las pampas, todos en su conjunto como un mundo grande parecen que lloraran con ellos, parecen que también tocan su alma profunda de tierra teñida por la imposibilidad de esa justicia social que se le escapa al pueblo andino y ser vilmente ignorados por los gobernantes; pero sin embargo, a pesar de este sufrimiento se agrandan los corazones como un inflado universo para acogerse y adecuarse a una vida de jalca o de puna tan grande e inmensa como su propio mundo de riqueza.

 

 

Cuando ya la trajinada tarde va cayendo a un extremo del acabado día, todo el ganado de la jalca parece que ya tienen costumbre o saben que deben volver a sus rebaños, poco a poco ellos mismos comienzan a regresar por el mismo camino o lugar por donde ellos avanzaron durante el comienzo de la mañana comiendo a su paso la verde hierba del extenso campo. En cuanto de vuelta ya a su corral o pesebre siempre de improvisadas instalaciones quedan junto a la choza, más o menos a eso de las seis de la tarde, cuando ya el tiempo se encuentra extinguiéndose entre claro y oscuro, a veces se distingue en otras ya no se puede ver nada de nada, solo se atina a proteger al ganado en sus correspondientes pesebres, para que en conjunto pasen la noche y se defiendan del asecho de los zorros y de los abigeos. En cuanto llegan los pastores a sus chozas, cansados y hambrientos, se ponen a descanzar, luego preparan su “comida”, que consiste en coger una olla mediana de barro ponérsele sobre las “tullpas” con fuego y en cuanto se calienta hacer un aderezo con un trozo de tocino o carne de carnero desecado, con la estropeada cebollita china cortaditas y sal al gusto, después de tostarse por breves minutos con una “guishlla” (cuchara grande de palo) que ya sus extremos se encontraban casi quemadas de tantas veces usadas, se le hecha agua fría, luego se disuelve harina de trigo o de alverjas o de habas, con algunas papas cortadas que conjuntamente al dar dos hervores, esta listo el “shambar” o la sopa, inmediatamente son servidas en sus respectivos “mates” (platos hondos de calabaza) con sus cucharas de metal o de palo, el mismo que acompañado de un “mate” grande con “cancha” (maíz tostado) o de harina de cebada tostada, que es colocado al centro sobre el suelo, se repite dos o tres mates, en caso de haber sobrado se dan a los perros o a los cerdos. Con este alimento se quedan hasta el día siguiente, que muy temprano a las cuatro o cinco de la mañana ya están en pie, para nuevamente preparar el “shambar” o la sopa con “cancha” de todos los días por la mañana, y preparar algo de charqui seco o de mote ya sea de trigo o de maíz o en su defecto la talega de “shullga” con cancha o con “shinte” de habas un poco saladita o un poco de “sango” de harina de trigo o cebada tostada sancochado con agua hervida, con azúcar o sal para comer durante el día, todo es livianamente llevada por los hombres en su alforja o por las mujeres en su “lliclla” (manta), que van tras del ganado y cada vez que se sientan a descansar comen lo que llevan y también sirven de alimentos para los perros que los acompañan, ya sea en calor o en lluvia, todo es igual de color en la puna, mejor es pastar en verano que en invierno, por las fuertes lluvias y la neblina que oscurece todas las pampas y lagunas, siendo muy difícil cuidar al ganado, especialmente a los “shullcas” (es el último hijo de la madre) de la manada.

En estos lugares es infaltable contar con uno o dos perros, es el mejor amigo del pastor y el cuidador del ganado, en una oportunidad un pastor se alejó mucho de su choza, durante el día enfermizo que se comenzó a nublar y al regresar perdió el equilibrio y se derribo del peñasco, fracturándose la pierna derecha, el pastor se retorcía en su dolor, bajaron los perros y con sus ladridos no podían auxiliarlos a su pastor, en vista de las circunstancias de encontrarse en una puna solitaria y nublada, les ordenó a sus perros, que uno de ellos vigilara al ganado no les dejara avanzar, para no perderse en la extensa puna nublada y ser presa fácil de los zorros; al otro perro, le indicó que vaya en busca de algún otro pastor y le trajera para que le auxilie; entonces los perros como seres humanos les obedecieron, mientras uno con sus ladridos no dejaba avanzar al ganado, el otro corriendo diviso por el seno derramado de las alturas, no tardó mucho tiempo que en la lejanía encontró a dos pastoras, quienes vieron ladrar al perro y como ya es costumbre de pensar, cuando un perro ladra es por que su dueño debe encontrase en peligro, uno de las pastoras entendió el requerimiento y acudió a seguir al perro, que regresaba adelante ladrando y oliendo los pasos del camino, hasta llegar al lugar del ocasional accidente, para auxiliar al dueño del perro; por esta razón, los pastores de las punas o jalcas quieren y se encariñan con sus perros, como si fueran sus propios hijos, porque les salva de cualquier peligro.      

La vida es muy dura para los pastores de las jalcas, la vida es un acontecer en el desconsolado silencio diario del habitante andino, es el sabor más amargo de la injusticia en que vive el hombre. Ahora si puedo entender, porque los hijos de las madres de la sierra son melancólicos y afligidos, son entristecidos en sus miradas y sumisos al sol y a la luna, porque las cumbres son los únicos horizontes de sus esperanzas, mientras vivan olvidados en los lugares trasandinos de las Cordilleras, llevan el corazón herido a profundidad de la tristeza solitaria, por el desamparo egoísta de la sociedad, de sus políticos y de sus autoridades, por la única forma de poder supervivir a la vida, por haber nacido en esta parte del mundo y el ser inocente que viene sin ser traído de ninguna parte.

Como quisiera traer al recuerdo, todas esas figuras y semblantes de los pastores de las jalcas o punas, para plasmar en estas páginas, su recalcada tradición andina, su amor incondicional por la serranía, por la belleza de la naturaleza, por las naturales plantas de las jalcas, por el silbido triste de los pajonales al viento, por sus manadas de ganados que pastorean en esas extensas jalcas o punas, contemplando los azulinos cerros, los blancos nevados, las verdes pampas de las alturas, los azules anaranjados de los horizontes, en donde terminan las estiradas orillas del cielo azulino en púrpura gota disuelta de amor y de un sol de oro agrandado que alumbra en tantas direcciones de la sierra andina, girando en tantas posiciones verticales, unas veces a la izquierda otras tantas a la derecha, descargando toda su pulidez de plata sobre los picachos de piedra pura de codillera negra y sobre las lagunas de aguas cristalinas turquesas que duermen su profunda felicidad.

Los pastores de las jalcas, provistas de sus ondas con medianas piedrecillas redondas y ovaladas, obtenidas de las quebradas, halladas bien pulidas y lavadas por las lluvias en los desvíos de las aguas; con estas ondas que después de darles algunas vueltas a la redonda, son impulsadas con todas las fuerzas que salgan del alma, hacia el centro del aire seco de añil que pinta la puna en su extensa lejanía, ha sido de tal manera su trayectoria curva, que va caer con fuerza a una cierta distancia, ya sea para espantar a las aves de la jalca, a las “bizcachas” de los peñascos, a los venados que de ligeritos cuerpos suben y bajan por las vertientes saltando, o a los astutos zorros que se esconden entre la maleza de las quebradas o también a las tantas veces quietas y sosegadas paradas que hacen las águilas sobre los escarpados cerros, o de los pacíficos cóndores cuando raramente se posan sobre las cumbres o cuantas aves existen en lo más alejado de una verde loma a otra más distante, o de un escarpado desfiladero a otro más cercano, la distancia es una actividad de gozo y placer para los ágiles pastores que corren o saltan los obstáculos. Es la distracción juguetona más inmediata que le ofrece la naturaleza a los jóvenes pastores, que saltando de trecho en trecho caminan tras del ganado, a su vez tras de la caza de aves o de perdices y en otras tantas, para espantar a sus borregos de pastoreo que se retrazan o se adelantan de la manada que se desplazan en grupos.

Estas inocentes miradas eternas hacia las lejanías, son saboreadas al masticado de sus esperanzas con sus entristecidas canciones improvisadas del momento. Cuánto quisiera dejar recolectado y registrado el contenido de sus hermosas canciones que con toda naturalidad se les afloran a los labios de las jóvenes mujeres pastoras, que con tanta facilidad creativa e imaginaria, como si fuera el propio abanicado redondeo de sus faldas al viento, o también los varones al revuelo de sus ponchos y alforjas al hombro y al son infaltable de sus silbidos o de sus tristes quenas componen las canciones andando tras de su ganado, subiendo o bajando las extensas cuestas, en su diario caminar van dejando escrito su propia filosofía, su impresión práctica e inmediata de campo, de fría puna, de sensible sentimiento, su tristeza que es tan honda como las mismas aberturas de la tierra, como la soledad más profunda de la vida, vemos claramente escrito aquí en estas glosas de versos populares el sentimiento del hombre andino, que a través de las generaciones se pierden en el olvido del tiempo, y con el fin de preservar estos valiosos retazos poéticos de la filosofía andina, me he permitido recopilar tanto de las voces directas de los ancestros, como de espontáneos apuntes encontrados en viejos documentos de archivos de particulares que datan aproximadamente de la década de los años de 1880, felizmente se ha recuperado aún que en forma dispersa de la tradición pueblerina, espero que se conserve su originalidad y no se permita alterarse en su contexto o en su música la esencia de su sonido de campo, menos en su cadencioso y artístico zapateo del baile, porque su autenticidad y pureza representa la historia de nuestra melodía Tauquina de versos o rimas de improvisada inspiración de cuatro líneas, con un juego de palabras en pie cruzado, en una sana competencia vocalizada por hombres y mujeres se bailaba con la destreza y carisma de competidores de pueblo y campo, el mismo que constituye la inigualable tradición musical e identidad cultural de nuestra realidad provinciana, por esta razón, mi deseo es plasmar en estas páginas sus auténticos contenidos y mensajes, para el uso histórico de las sucesivas generaciones:

 

"Río de La Banda

déjame pasar,

voy a sacar papa

para “tominar” (bis).

-.-

“Al cerro de Angollca

quisiera subir,

para yo mirarte

por donde te vas “.

- -

“ El sol es mi padre

la luna es mi madre,

todas las estrellitas

son mis hermanitas “.

-.-

“ Ay, palomita

que yo te crié,

crecieron sus alas

volando se fue” (bis).

-.-

“ Mañana cuando me vaya

por aquel triste camino,

llorarás gotas de sangre

por no haberme despedido “.

-.-

“Calla corazón no llores

no llores por que me voy,

llorarás cuando me muera

cuando remedio no “haiga.”

-.-

“Quién te dijo que me quieras

para que ahora me aborrezcas,

qué te costaba el decirme

que ya tenias otro dueño.”

-.-

“ Que corazón de bandida

que corazón de mujer,

ayer me decías que sí

ahora me dices que ya no”(bis).

-.-

“Anda y no llores

cuando me vaya,

así será mi triste destino

para tanto padecer” (bis).

-.-

“Verbenita, verbenita

verbenita verde,

por que no vienes a verme

antes no veías la hora de verme”.

-.-

“Vengas o no vengas

dejes de venir,

saca tus brazos

déjame dormir” (bis).

-.-

“Mañana, mañana

dices que te vas,

pero no me dices

cuando volverás” (bis).

-.-

“Paloma, paloma

por que te vas,

no vueles muy lejos

porque nunca volverás” (bis).

-.-

“Paloma que vas volando

en tus alas llevas mi amor,

dejándome solo tu recuerdo

bien adentro en mi corazón “.

-.-

“Mañana cuando me muera

viuda vas a quedar,

el consuelo que tengo

que todo lo has de pagar “.

-.-

“Mañana cuando me muera

me pondrás mi sombrero,

pueda ser que en la otra vida

me agarre un fuerte aguacero”

-.-

“Tomando licor me emborraché

medio borracho te entregue mi amor,

a la media noche voy ha regresar

del seno de tu madre te voy a robar”.

-.-

“Todos saben que soy tu amor

cuidado que me pagues mal,

auque tengas otro no me olvidarás

yo también nunca te dejaré”.

-.-

“Ojos negros de mi vida

que robaste mi corazón,

que cholita para linda

te llevas todo mi amor”.

-.-

“La aurora viene rayando

y mi amor está dudando,

ay cholita si me quisieras

no me estarías engañando”.

-.-

“Ya la aurora viene rayando

y mi cholo sigue durmiendo,

mientras el otro va cantando

por la cuesta con su arado”.

-.-

“Que triste es la vida en la soledad,

ay, de mi cholita ya no me verá,

esos ojitos que me miraban mal

mañana o pasado por mi llorarán”.

-.-

“Nunca hallarás

amor como el mío,

hallarás quien te quiera

pero quien te ame ya no”.

-.-

“Un beso y un abrazo

a cualquiera se le da,

al rico por su dinero

y al pobre por caridad” (bis).

-.-

“Cantarás dirás

ya no me verás,

cuando yo me vaya

por mí llorarás “(bis).

-.-

“Ayayayyyy  te dije

no te vayas de aquí,

no te separes de mí

porque yo lloro por ti” (bis).

 

Así como otras canciones populares de aires musicales de campo de la zona, del dominio público de derecho reservado que se escuchaban cantar por sus pobladores, durante el día caluroso o friolento al caminar los serpenteantes y lejanos caminos polvorientos de herradura, los que debemos protegerlo éste patrimonio cultural de los pueblos, según los cálculos pueblerinos datan de los años de 1910 aproximadamente:

 

"Levántate  y  vámonos

por un camino los dos,

si nos salen a matar

que nos maten a los dos" (bis).

-.-

“De este bando a la otra banda

tengo una rosa que cultivar,

no la cultivo ni la riego

porque esa rosa no es para mi” (bis).

-.-

“Toma mi retrato

guárdalo en tu pecho,

cuidado que la pierdas

como me has perdido” (bis).

-.-

“Toma este puñal

ábrelo mi pecho,

que ahí encontrarás

tu retrato bien hecho”.

-.-

“Cuando me muera

de corazón te pido,

siempre recuerda

que fui el primero”.

 

Y otras tantas, canciones que muchas veces las escuchaba en las ciegas de trigo que se realizaba en el mes de Agosto o Septiembre en el paraje de “Sahuachuco”, jurisdicción del caserío del mismo nombre que lo conducía por varias décadas nuestro buenísimo partidario don Pedro Carhuanina y su esposa doña Elvira Toribio, de quienes recuerdo tanto su amabilidad y su decencia aplicado al campo de cultivo, así como a sus hijos: Pedro Pablo, Paula, Basilia, Felicita, Maximina (Maca) y Porfirio, jugábamos alrededor de la “parva” de trigo y en sus pajas trilladas nos escondíamos de la claridad de la luna, de nuestros correteos de jóvenes a las escondiditas entre las pajas o entre la fragancia de las hojas estrujadas del trigo o del oloroso expansivo de la asadura de los “chichayos”,  ¡Oh! Qué noches tan felices de la juventud, mis hermanos y yo repetíamos una y otra vez sus canciones que tan melodiosas lo entonaban, a veces se bailaba al son de los “Cajeros” o los Chirocos, aspirando ese oloroso polvo de tierra virgen de nuestra chacra de “Sahuachuco”, bebiendo del chorro de agua que se canalizaba por la cercana quebradita de árboles y zarzales del campo, todo era felicidad desatada de alegría en plena naturaleza de la libertad más pura de nuestra inocencia, al término de las cosechas era triste despedirnos hasta el próximo año, pero en fin así es la vida del campo andino, luego teníamos que descender con mis padres y el cargamento de cosecha de regreso al pueblo de Tauca, atravesando el manantial de don Federíco García y de la poza de agua de don Jorge Calixtro, en donde crecían las plantas de “Chichire” grandes, el “Chogo” de igual modo y entre otras plantas aromáticas la “Hierbabuena negra” que su fragancia en el atardecer lo recuerdo hasta la fecha; en otros meses era en el caserío de “Matibamba” en sus cosechas o entre los alfalfares de “Paccha” del caserío de “Hualayay” o en las cosechas de papas, de ocas, ollucos, mashuas o maghuas en las sementeras de las alturas del pueblo “Shulpungo”, Singovara”, “Caquia”, “Mayush”, “Pucupampa”, durante los meses de Mayo y Junio de los años de 1946 a 1948:

 

“Qué me habrás hecho tú

qué te habré hecho yo,(bis)

para querernos tanto

sin conocernos bien” (bis)

-.-

“En una noche de luna

tu me prometiste,

quererme toda la vida

y nunca olvidarme” (bis).

-.-

“A las piedras me arrime

para ver si me consolaba,

si la piedra con ser piedra

al verme lloraba y lloraba” (bis)

 

  Cuantas veces se escuchan repetir estos huaynos durante el día, por las mujeres sentimentales que en sus adentros llevan los latidos amorosos más ocultos del silencio y al paso constante de las pendientes atravesadas por los angostos y agrestes caminos de las naturales laderas arborizadas, van cantando su penuria y su suerte, mientras van hilando la lana blanca “descarminada”(escogida sacada las impurezas de la lana), que son atada con sus “callabash” (cinta delgada de lana en colores) a sus recargadas “rueca” (tallo delgado que sostiene la lana envuelta) y sus livianos perpendiculares “usos” con sus redondos “piruros” de piedra caliza bien tallado al nivel del equilibrio para girar al menor esfuerzo de sus dedos, o cuando se encontraban cosechando en sus sementeras de las alturas del pueblo lo amenizaban sus esfuerzos y pesares con el canto de sus carnosos labios del color natural de la tarde, estas canciones según versiones del pueblo datan de los años 1913 al 1916:

-.-

“Recordarás prenda mía

la noche que yo venía,

cuando la luna rayaba

llorando me despedía.(bis).

 

Recordarás prenda mía

la noche que yo venía,

cuando los gallos cantaban

¡ Ay ! que triste me despedía.(bis).

-.-

"Ay, amor, amor

falso engañador,

tú tienes la culpa

para  mi perdición" (bis).

 

(Esta canción que antecede los escuche cantar a la gente del caserío de Hualalay, allá por los años de 1953 – 1954, jurisdicción de Tauca, me dejó muchos recuerdos inolvidables en esta edad de mi vida.)

 

“Escucha prenda querida

las quejas de mi corazón,  (bis)

tal vez será la última noche

que estamos juntos los dos. (bis).

 

El árbol de poca rama

que sombra podrá dar,  (bis)

la mujer con dos corazones

que amor podrá tener.  (bis).

 

Cuando redoblen las campanas

no preguntes quién a muerto,  (bis)

a muerto el quién te quiso

a muerto el quién te amado.(bis).

 

Aquí estoy y aquí me tienes

aquí me verás morir,  (bis)

con la sangre de mis venas

tus puertas he de regar.  (bis).

 

Aquí estoy y aquí me tienes

aquí me verás morir,  (bis)

con la sangre de mis venas

la última carta te escribiré.”  (bis).

 

Estas canciones de huayno triste que antecede la escuché cuando tenía de 6 a 8 años de edad, de un disco de carbón de 78 revoluciones, no recuerdo el autor, pero si la melodiosa voz de la dama que la interpretaba con gran sentimiento andino, lo hacía girar en una antigua “Vitrola” de propiedad de don Ricardo López, en cuya música recuerdo haber bailado muchas veces, esta canción me ha dejado hondos recuerdos que hasta ahora no las puedo olvidar.

 

“Ya me voy

ya me voy,

lejos muy lejos

ya me voy.” (bis)

 

“Te dejaré

te dejaré,

para que me escribas

te dejaré.”  (bis)

 

“Te recordaré

te recordaré,

toda mi vida

te recordaré “.  (bis)

 

(En una noche de fines del mes de septiembre de 1982, durante mi sueño cante este entristecido huayno que antecede, que al despertar resulte llorando y luego recordándole la escribí en mi libreta de apuntes, al poco tiempo mi hermano menor el “shúllca” llamado Mateo Jesús Moreno Ravelo, falleció el día jueves 14 de octubre de 1982, en Lima, fue profesor y dejó varias obras artísticas de pintura al óleo, al pastel, al carbón y experimentó pintando sus aguas fuertes de arte, con el color y tinta que produce la planta de nogal.)

 

“Mañana me voy

mañana me voy,

lejos muy lejos

ya me voy. “(bis)

-.-

“Pueda ser

pueda ser,

que jamás

volveré.“(bis)

-.-

“Tal ves será

tal ves será,

tal ves nunca

volveré “.  (bis).

-.-

“Te quedarás

te quedarás,

llorando, llorando

te quedarás”.  (bis).

 

  Esta canción en huayno muy triste que antecede, cantaba llorando las personas cuando se despedían en la madrugada del pueblo de Tauca, para viajar a la ciudad de Lima, porque no se sabía si algún día iban a regresar a su pueblo natal; en igual forma lo hacían los familiares que lo despedían llorando, llorando, bailaban en la fiesta de despedida, las despedidas eran muy tristes, dejaban hondos y desangrados recuerdos inolvidables al son de la música melodiosa de la guitarra, de la mandolina y del rondín, en otras veces también de los cajeros o chirocos o roncadoras, que toda la noche tocaban sus instrumentos hasta el amanecer, hora en que se despedían los que viajaban a tierras extrañas y desconocidas como era Lima, los jóvenes viajaban a pie o a caballo sus bultos eran transportados en un burro, desde Tauca salían en la madrugada por un estrecho, pendiente y accidentado camino que redondeaba a la extensa lomada de “Calaball” hasta llegar a la Estación de Quiroz, en donde esperaban al Tren que regresaba de La Galgada, era un asiento minero como el de carbón de “Cocabal”, luego se embarcaban para llegar a la Estación del Ferrocarril de Chimbote, de ahí tomaban cualquiera de los ómnibus de las Empresa de Tahuantinsuyo, Nor Andino, que venían de Chiclayo y Trujillo a Lima, llegaba al sus Agencias ubicadas en el Parque Universitario de la tan ansiada Lima, de donde nos despedíamos todos los parientes o paisanos y ya no se volvían a encontrar, hasta después de un año en que regresaba por las mismas Agencias de Transportes, con terno y con bastante bultos y regalos para la fiesta patronal del mes de agosto, en que se celebra al Patrón del Pueblo Santo Domingo de Guzmán, esto era cuando los jóvenes o los familiares salían de Tauca, con el consentimiento de sus padres, pero cuando huían de sus hogares, salían sigilosamente del seno de sus padres en la noche mientras que ellos dormían y sin que sus familiares se dieran cuenta, venían escondiéndose por el camino hasta llegar a la Estación de Quiroz, para tomar el Ferrocarril a Chimbote y luego venirse a la capital de la República. Cundo después su padre o sus hermanos advertían que el joven hermano ya había viajado a Lima, todos los familiares lloraban como si hubiera muerto o que nunca más iba a volver o regresar al pueblo de Tauca, era una profunda tristeza que se producía en la casa o en el hogar familiar, duraba varios días, estos recuerdos de encontrar sus fotos, su poncho, su alforja, sus llanques, sus herramientas de trabajo, sus cartas, sus huellas, en fin todo era aflicción, dolor, pena, arrepentimiento por sus padres, parecía como si le hubieran arrancado el corazón del hogar, todo era amargura, reproche por vivir olvidado en la pobreza o no contar con las posibilidades que requerían sus hijos, hasta que poco a poco el tiempo pasaba y se iban olvidando y acostumbrando a soportar los desconsuelos de la ausencia.

                  

“Tus cartas he recibido

diciendo que ya no me quieres, (bis)

después de haberme querido

hoy prefieres abandonarme.” (bis).

-.-

“Mañana cuando me vaya

no te olvides de mi nombre, (bis)

recuérdame siempre, siempre

no seas mujer ingrata.” (bis)

-.-

“Coloca tu mano a tu pecho

consulta con tu corazón, (bis).

nuestro amor se ha deshecho

sin motivo, sin razón.” (bis).

 

F u g a

“Algún día te acordarás

de los besos que te di,

en la boquita y en tu lunar

como a las hojas del capulí.”(bis).

 

-.-

“Pañuelo blanco me diste

pañuelo para llorar,  (bis)

de que me sirve éste pañuelo

si tu amor no va durar. “(bis).

 

--- & ---

 

“Pañuelo blanco me diste

pañuelo para llorar

de qué sirven pañuelos

si tu amor no ha de durar “.

(Celso V. Torres – Caraz 1859-1918)

 

Esta canción de huayno que preside también fue tomada de un conjunto que acompañado de sus guitarras, mandolinas y rondín, cantaban en la fiesta que realizan en homenaje a la Santísima Cruz de Matibamba, en la jurisdicción del pueblo de Tauca, en el año de 1956.

En realidad el pueblo de Tauca guarda tesoros geográficos y culturales invalorables e inolvidables, por esta razón, se denomina al pueblo de Tauca como “cuna del folclor de la provincia de Pallasca”, es promotor de varios conjuntos musicales de gran resonancia provincial, departamental y nacional como el Conjunto Musical Tauca dirigido por Alfredo Astupiña, Orquesta Saniel Olivos con su director Saniel Olivos Matienzo, Conjunto Musical Angollca dirigido por Abdón Cerna Reyes, Conjunto Los Mensajeros de Tauca fundado por Pastor Salamanca Meza, Conjunto Musical Los Intimos de Tauca fundado por Basilio Rabelo Villarreal, Conjunto Magisterial Miguel Villavicencio dirigido por Alipio Villavicencio Chávez, Banda Musical La Primavera dirigido por Nemesio Olivos, Banda Musical El Ruiseñor dirigido por Saniel Olivos y otros que se han formado con posterioridad a mi tiempo, profundo cariño y amor a quienes marcaron en mi alma y corazón con huellas indelebles de su música, sus vidas y sus obras de éstos artistas, con poblanos, paisanos queridos, para quiénes tributo un sincero reconocimiento a estos pioneros de la música Tauquina y andina, que cada uno conservando su propio estilo lo difunde, con trascendencia no solo nacional si no que también internacional, debemos valorar su mensaje que nos dejan y el ejemplo que nos dan, para que el pueblo conserve su arte, su saber popular, sus habilidades de artistas y nuestra identidad cultural auténtica, como aquellas canciones del pueblo que escuche en mi tiempo de niñez y juventud como “Mándame quitar la vida”, “Nunca llegará sueño para mi”, “Al rayar la aurora”, “Aguacerito de Tuctubamba”, “Latidos de mi corazón”, “Alto de Los Molinos”, “Lucero de la mañana”, “Palomita donde te vas”, “Amorcito como el mío”, “Amargura”, “Amores a manojos”, “A la piedra me arrime”, “Águila negra”, “Despedida”, “Muchas esperanzas”, De tu casa a mi casa”, ”Guarda mi retrato”, “Atrevido Pensamiento”, “Amorcito como el mío”, “Amor de tanto tiempo”, “Serenata”,  hago extensivo mi reconocimiento a los conjuntos musicales, a los que dirigieron, a los artistas, solistas, vocalistas, interpretes, autores y compositores, de estas canciones que han hecho historia del pasado, que han interpretado innumerables compociciones del recuerdo, con su propio estilo y repertorio típico del lugar, gozando de una variedad de canciones de toda una vida, (no menciono los nombres de estos grandes artistas folclóricos de la región por temor a equivocarme u omitir alguno de ellos, pero sabrán comprender y perdonarme.) También nos hace revivir las tradiciones Tauquinas; como las roncadoras o los Cajeros o Chicocos de los caseríos La Banda, Sahuachuco, Hualalay, con su característica autóctona de su música de repercusión, nos hace recordar las ciegas de trigos, los paseos de toros, las entradas de cruces del mes de mayo, los carnavales, las fiestas patronales, y otras tareas de campo. Además de otras canciones que influenciaron el ambiente andino por los pioneros del folclor ancashino, como “El Obrero”, ”Mujer Andina”, “Huanchaco”, “Quizas quizas”, ”Lejos y ausente”, “Paz en mi vida”, chuscadas de Jacinto Palacios el Aijino de Aija; “Marujita”, “Carrito de Gobierno”, “Sopa de chochoca” “Zorzalito negro”, “3 de Enero”, “Papayita verde” de Ernesto Sánchez Fajardo “Jilguero del Huascarán” de Bambas-Corongo;  “Paloma de verdad”, ”A los filos de un cuchillo”, “Barrio del Centenario”, “El cerro de Huascarán”, “En los umbrales de tu casita”, “Tu boda”, “Eres chiquita”, “Malvacina”, “Quisiera quererte”, “El Indiecito”, interpretados por María Alvarado Trujillo “Pastorita Huarasina” de Malvas-Huarmey. Todo esta diversidad ansestral cultural conforma el patrimonio de Tauca, Tauca es una unidad práctica perfilada por el hombre con su medio social y cultural en el ámbito del folclor andino del Perú, forma el conjunto de conocimientos de la sabiduría de nuestro pueblo, Estas sobresalientes contribuciones culturales populares componen presisamente la integración del hombre con la naturaleza del regionalismo nacional, con su propio mundo, con su propio dialecto exprecivo, nuestro pueblo de Tauca no es más que la integración de los estratos culturales y sociales del universo que alberga el mundo andino. 

                

 

El pueblo de Tauca y sus caseríos, tiene una peculiaridad venida desde sus ancestros, todas las actividades cotidianas que se realizan siempre los hacen acompañados, de los cantos que afloran de los labios de las mujeres y de los silbidos armoniosos del momento de ánimo en que se encontraban. Cuando estaban alegres, sus cánticos, sus  versos, sus silbidos, también eran muy alegres.

Cuando se encontraban apenados, doloridos, tristes por algún percance que les sucedía; sus manifestaciones de sus cantos y silbidos, también eran muy pausados y melancólico, para ellos los paisajes, el tiempo la circunstancia se tornaban adversos, solaces, tristones como si la propia naturaleza que les rodeaban les negara la dicha y la felicidad, como si hubiera perdido el derecho a la vida, sentían también el doloroso trajinar del trabajo, el fracaso de sus siembras, la congoja de sus habitantes por la pérdida de sus seres queridos. En otras oportunidades, estos dos extremos, tan antagónico, se unían admirablemente en una vivencia de emociones de veladas de cruz, de onomásticos de fiestas de pueblo, en donde se divertían y lloraba de sus recuerdos amorosos, de sus pasados, en donde las formas creativas de sus filamentos sociales se adelgazaban en la profundidad de sus sensibilidades espirituales, como un género improvisado del momento matizado por su canto y silbido como instrumento natural de su gesto mestizo que lo entona con su antara o mandolina, y a veces con el bordoneo de alguna vieja guitarra por las noches, tratando de difundir a sus oyentes esas tristes notas de sonoridad andina que son llevados por el friolento viento de la media noche de luna, sentados en la tosca vereda de alguna ventilada esquina o simplemente sobre una fría piedra del camino que contextualiza esta síntesis cultural del inolvidable recuerdo del alma, los instrumentos musicales de uso popular representa el material adecuado y necesario para que la riqueza cultural cantado y musicalizado por las circunstancias vividas, constituyan el testimonio musical ligada al arte conceptual de difusión de estas hermosas canciones de dominio público, que escuchaba durante mi niñez allá por los años de 1946 a 1948:

 

“Tú muy bien sabes que me voy mañana

abre tus puertas para despedirme,

si es que me voy no para siempre

mucho cuidadito hasta mi vuelta”.

 

“Que por muy lejos que yo me vaya

tendrás presente de no llorar,

si es que me voy no para siempre

que si Dios quiere he de regresar”.

 

“Sólo te ruego cuando me vaya

que tu conserves nuestro querer,

si tu abandonas nuestro cariño

te maldeciré por mala mujer”.

-.-

“No llores madre no llores padre

no llores porque me voy,

yo, me voy a otras tierras

dame tu santa bendición”.

 

“Adiós pueblito de Tauca

con tu hoyo y tu ladera,

si no me muero en la guerra

he de volver a mi tierra”.

 

“No llores madre no llores padre

ya me llevan a Huaraz,

por haberme comprometido

con la hija del Juez de Paz”.

 

“Adiós pueblito de Tauca

con tu muralla de espina,

ya se va este aborrecido

quién cantaba en tu esquina”.

 

F u g a

“Llorando estoy, llorando estoy

porque mañana me voy,

llorando estoy, llorando estoy

por lo desgraciado que soy ” (bis)

 

En las épocas de las cosechas por ejemplo; cuando veían que los frutos eran dados en abundancia por la naturaleza, en buen estado y en gran cantidad y calidad, que sus sementeras habían producido que sobrepasaban todas sus expectativas, los beneficiados de esos frutos en este caso eran todos hombres y mujeres, alegremente tomaban y brindaban con chicha de jora "bien madurita", al compás de sus cajeros (chirocos), guitarras y mandolinas, cantos y palmadas, bailaban todos alrededor de las parvas o de los lugares acondicionados para amontonar las papas, ocas, ollucos, mashuas o maghuas, el trigo, la cebada, el maíz, frijoles u otros tantos frutos que se cosechan en el lugar y en la temporada, bailaban y cantaban sin cesar, con todas sus fuerzas y de tanta alegría, terminaban llorando de alegría y de felicidad. Qué contrariedad es la vida, en estos campos, en estas jalcas o punas o tanto en la parte baja del valle o en las partes de altura, las jalcas o punas, tras de los cerros de Angollca y las alturas del distrito de Llapo y de la ciudad de Cabana, todo éste panorama era en las épocas de verano o de las cosechas de los meses de Julio, Agosto, Septiembre, Octubre y  Noviembre de cada año una constante felicidad a pesar de sus contrastes geográficos.

En la época de invierno durante los meses de Enero, Febrero y Marzo y a veces el mes de Abril, las alturas se cubrían de neblina negrusca, tan densa que no se podía distinguir ni ver las uñas de los dedos, las cumbres se cubrían de nieve pura, la lluvia menudita y fina caía por muchas horas seguidas, tras de un viento frío y permanente, las jalcas o punas húmedas verdosas, se pintaban junto a los sinuosos caminitos que se trazaban dentro de los pajonales, sobre los arroyos, las aguas cristalinas se habían vuelto turbios ya no eran como en verano, las pampas se habían convertido en pequeñas lagunillas y las lagunas se habían incrementado sus caudales, sobre sus aguas caían constantes gotas de granizos que dibujaban infinidad de círculos superpuestos; por las laderas también se veían decoradas por los pajonales y los sinuosos caminitos a la distancia, el cielo se había cubierto de plomo negreado a la misma redonda, todo era completamente nublado, cuando te mojabas el poncho la doblabas al hombro y amarrabas la onda o “huaraca” o “wuaraca” a la cintura y tu sombrero de junco usado en la cabeza, pesaba como todo un plomo de tanto peso y además mojado, las gotas turbias de las lluvias corrían por sobre las aberturas de las costuras de tus pantalones, tus callosas manos eran frías tan frías, que se engarrotaban y no podías agarrar o amarrar nada a su cercanía. El cielo empañado de nubes tan densas que pesaba a simple vista varios kilos de plomo a la redonda. En todas partes de la tierra, hay invierno y también verano, la faz de la tierra es igual para todos, en un solo esférico nos encontramos habitando en algún instante de la vida. A la misma tierra venimos y a la misma tierra regresamos, por un mismo camino a veces con sol o con lluvia todos a ser una misma materia del mismo lugar.

Era un día sábado del mes de enero de 1954, cuando ya tenía 13 años de edad, que me fui a la chacra a traer alfalfa de mi terreno que se ubicaba en el paraje denominado “Paccha” por la ruta del caserío de “Hualalay”, era la diez de la mañana, la hora es calculada por la ascensión del sol y la disminución constante de la sombra de los árboles, el terreno se encontraba “parejito” de un verdor exuberante del alfalfar a un mismo nivel de 0.60 a 0.70 centímetros de altura, listos para ser cegado por la hoz de metal que portaba en la mano derecha, tenía que seguir la misma secuencia de la parte ya cegada con anterioridad, mientras que mi burro “shapra” por tener el color marrón y plomo, confundido en sus colores ceniciento apagado no definidos, amarrado de una de las patas delanteras con una soga de cabuya se mantenía en la orilla del terreno, sujetado de una rama de bejuco antiguo, en cuanto ya tuve listo la “carga de alfalfa”, entonces tiré sobre el suelo la “soga de terciar” de cabuya hecho en dos paralelos y luego la tercié en dos no muy pesados tercios, tanteando a mis fuerzas juveniles para poner el cargamento de alfalfa sobre el lomo “encaronado” (por tener su carona para no ser afectado por la soga) del burro y sobre los dos tercios se le agregué un tercio más de alfalfa de buen volumen, inmediatamente con la cincha de trabilla, a todo mi fuerza trate de ajustar en el cuerpo del brioso animal y adecuando la baticola, quedó listo para regresar al pueblo, además como en las orillas de los terrenos de este lugar, se acostumbran a sembrar “chichayos” o calabazas y también zapallos, cogí uno el más maduro, presuponiendo el peso a cargar en una larga caminata y le introduje en mi alforja, sobre el cual doblé mi poncho y cargué en el hombro derecho, salimos en seguida del terreno con retorno al pueblo de Tauca.

En el camino después de haber pasado todos los zarzales que arqueaban sobre los caminos de piedras en subida, el burro rebuznaba mirando al cielo, me hizo recordar que mi madre me contaba, que cuando el burro toma esta postura, nos anuncia que va llover, entonces fui sintiendo unas gruesas gotas de lluvias que al llegar a la capilla dentro del cerro de “Porpucala” sobre el cerro vivía Filomeno Arias y alcanzando el lugar de la capilla “Cuchimaca” de doble agua con tejas antiguas que se ubica frente al paraje de “Carahuallpa” a poca distancia de la casa de don Adolfo Arias, la lluvia era insostenible de tal manera que el burro con su cargamento de alfalfa y yo con el “Chichayo” en mi alforja ya no podíamos continuar por efecto de la torrencial lluvia, optando por “aguadecerme” bajo el techo de la capilla hasta que pasara la lluvia, ya transcurría más de tres horas y la lluvia, con truenos y relámpagos continuaba, también la tarde se venía encima del lugar, ante estas circunstancias decidí continuar el viaje y al llegar a las inmediaciones de la quebrada de “Huayacta” por primera vez presencie un “pilancón” o un huayco o aluvión, veía que la tierra arenosa venida de “Arena Blanca” y las piedras se convertían en una mezcla barrosa que con fuerza arrastraban las plantas, los árboles, las piedras, las lomadas, los puentes de los caminos de “Ahua”, todo cuanto encontraban a su paso, al ver esta avalancha que venía en las alturas del camino, pretendí tratar de cruzar la quebrada de “Huayacta” a la carrera, para alcanzar el otro extremo del camino en donde se encontraba a la salida la enorme piedra de “Huayacta” y continuar el viaje antes que llegara la tarde oscurecida; sin embargo, el burro no quería dar un paso más, roncaba y paraba sus orejas, me miraba con ojos más abiertos que lo normal, como quién algo me quería decir, yo desesperado le jalaba del pescuezo con la soga y a su vez le daba su fuetazo, para que avance y corramos juntos como en muchas oportunidades lo habíamos hecho en el camino; pero que temor en un abrir y cerrar de ojos, el “pilancón” o el huayco pasó arrasando la estrecha quebrada llevándose el puente del camino por donde queríamos atravesar, me quedé ajustado, parado a poca distancia de la lava que pasó ruidosamente por la quebrada, miré al burro y vi que de sus ojos caían gruesas lágrimas, movía la cabeza y la cola, con la nariz me retrocedía de la lava, le hice caso y esperamos a otras personas que también llegaban al mismo lugar, mi burro no dejaba de rebuznar, parecía que su carga le incomodaba, se acercó a mi lado una persona que le decían “misha” porque era lunarejo, que conocía a mi padre y me dijo: “ ¿Jovencito eres hijo de mi tío Manuel Moreno?”, Tembloroso de frío, mojado desde la cabeza hasta los pies, mi poncho humedecido pesaba más que el plomo, no había almorzado ni bebido agua, con los labios resecos apenas le conteste en forma afirmativa con la cabeza; entonces, sacó de su alforja un “paragoll”, pan de maíz para comer y un “mashquero”, envase de madera con chicha para beber, diciéndome “come despacio, no te preocupes, te vamos hacer pasar la quebrada, pero antes descarguemos de tu burro el alfalfa, también el “Chichayo” de tu alforja” y “encinchando” o asegurando la carona con la cincha que muy poco se había mojado con la lluvia, me hizo montar en el lomo del burro que se había silenciado, agarrando duro de la cincha y los crines, mientras el hombre del otro extremo jalaba con la “soga de terciar” al burro que sobre la lava saltaba valientemente y así atravesamos la quebrada con lava que seguía bajando al precipicio pero con menor intensidad, ya que las lluvias se habían calmado, después de sus recomendaciones ante cualquier otro peligro, se despidió de mi sin olvidarse del saludo para mi padre y se quedo con sus chanchos “calminshgias” pintados de blanco y negro; montado en mi burro así llegue en altas horas de la noche al pueblo de Tauca, en donde mis padres con preocupación me esperaban, doy gracias a este inteligente animal que supo prevenirme del peligro, porque de lo contrario ya no hubiera existido para escribir este libro,                       

 

 

En esta época del recuerdo, en estos tiempos alejados de la memoria, el pueblo de Tauca, era un medio de subsistencia, netamente agrícola y ganadera, todos tenían sus parcelas o chacras de cultivo y también sus ovejas y carneros, cabras y porcinos, y otros caballos, asnos y vacas en diferentes cantidades, unos tenían más, otros menos; pero todos tenía y eran dueños de algún animal que criaban, nunca faltaba un perro en la casa para ladrar ni menos algún trozo o retazo de terreno para cultivar, todos dentro de sus limitaciones pueblerinas, siempre poseían algo dentro del pueblo, que valían algo para la subsistencia de su familia, todos llevan esta sabia enseñanza como un generoso consejo popular: “ No te atengas en alforja ajena, sino en la tuya”, “ Más vale una gota de sangre que cien kilos de carne”, “Más vale pájaro en mano que cien volando”, “Pájaro libre en cualquier sitio toma agua”, “Trabaja y comerás”, “No hagas daño siembra ajena cuídala”, “Conserva el recuerdo de tus padres no lo destruyas”, “Cuida tus campos porque de ella vivirás”, “La chacra llora y siente si el dueño no lo cultiva”, “No hagas lo que no quieres que te hagan”, “Al quién madruga Dios le ayuda”, “Respeta a tus mayores”, “Ayuda que después te ayudarán”, “Respeta que respetarán”, “El quién casar quiere porque casa tiene”, “Ni mano a la plata ni ojo al papel”, estos son algunos de los principio filosófico que practican las generaciones tras generaciones del pueblo, hay otras más que se me escapan de la mente como perlas en el mar.

El pueblo de Tauca se diseña entre calles no muy anchas pero rectas, con leve inclinación al centro por donde discurre el agua de las lluvias, conformaba de casas construidas de adobes, muchas de tapias, sin pintar a lo natural de color de tierra sacada del lugar, sus techos de dos aguas son hechos de alisos, maguey y carrizos, todo el techo se encuentra amarrado fuertemente con una soguilla llamada “huasquilla” hecha de la fibra de penca o también son sacados de la fibra de los llamados “méjicos” o ágapes secos, luego todos los techos son protegidos por tejas grandes de una sola medida, sostenidas en la orilla por un poco de barro de tierra para no deslizarse por su peso y estas formando sus goteras les protege de las lluvias, que en su conjunto les da una vista característica de las casas entejadas de un color general anaranjado de tierra colorada, como significando la idea de una concepción de grandeza dibujada en un paisaje urbano andino.

Cada casa tiene salida y vista a la calle con puertas de madera hecha de alisos, es el mejor material en madera que se adecua a todo y además no se le pinta y muy poco se polilla, a un costado de la puerta principal de la misma casa se encuentra la portada o portón, también de madera del mismo material pero de dimensiones más grandes, con dos paños o puertas más altos, como para dar entrada a los caballos ensillados y a los fletes o asnos o comúnmente se le llama burros cargados de leña de alcanfor que son traídos desde la chacra o de los “taclushes”, de chachacoma, o de otras plantas que también son traídos desde las alturas o de la jalca, o desde las tierras de “Calaball” que es un lugar de clima templado, en donde queda el cerro de “Tillacay” de muchos recuerdos, de donde se traen los magueyes, leña de pitajayas y otras tantas plantas, que por este acceso de la casa se da entrada al zaguán, luego al patio de tierra afirmada o empedrado, para no hacerse barro durante el período de las lluvias de invierno, luego a la izquierda del fondo se encuentra el pesebre o chiquero, en donde se guardan por las noches los animales que crían como el lanar, caballar, asnal, porcinos o la vaca con su toro o ternero, en este lugar también se dan de comer a estos animales de crianza; a la derecha del fondo, se encuentra el gallinero poblado de muchas gallinas y otras aves más.

En el ambiente pueblerino, ningún Tauquino deja de criar, nadie puede sustraerse de esta obligación de la crianza, hasta a los perros los crían durmiendo en los poyos de la casa, palomas silvestres en sus jaulas, como la perdiz, las palomas azules domesticas, que se alimentan con la “cáchima” que es un producto de pequeños granitos que se obtienen de la planta del mismo nombre, los pavos y pavo reales, toda familia tienen en sus casas sus animales de crianza. Sus burritos con sus aparejos y los caballos con sus monturas son los mejores compañeros tanto para cargar como para montar, que a paso lento y seguro les transporta a cualquier lugar del distrito o de la provincia, nunca faltan estos animales que todo obedecen a su dueño; como el perro su fiel amigo, que cuida la casa, cuida los animales en el campo, los acompaña tanto en la noche como en el día, así como hay las ovejitas en la casa, tampoco falta en la cocina de la casa, debajo del estrado el cuy, y en el patio el conejo, se les alimenta con alfalfa, con pastos naturales, gramas, forrajes de maíz, de trigo, cebada y otros pastizales.

En ninguna casa del pueble falta un gallo cenizo, plateado, negro, dorado, ajiseco, con sus crestas en diferentes formas y posiciones, los gallos en toda la provincia son los únicos y verdaderos relojes naturales de sus dueños en todos los tiempos, porque siempre dan la hora exacta para los compromisos sociales y de inicios o comienzos de las obras públicas programadas del hombre andino, por eso es recomendable ésta norma de proyección social y cultural Tauquino, es necesario promover y fomentarse no solo en el ámbito provincial sino que también en el ámbito nacional, para recuperar y conservar como principios básicos los que nos dejaron nuestros ancestros, la hora medida en el tiempo, en esa exactitud del movimiento giratorio del sol, la disciplina, la puntualidad, el cumplimiento y la formalidad en el desarrollo de nuestra identidad cultural. Debemos salvaguardar y defender a toda costa el prestigio de nuestra provincia, refutando y contradiciendo frontalmente el infame, negativo y burlesco adjetivo de la “hora cabana”  ( iniciar o llegar cuando le da la gana), o la “hora peruana”, (comenzar después de media hora de tolerancia); en este caso, para reivindicar el honor y el buen prestigio de los ciudadanos y de los pueblos de la Provincia de Pallasca, debemos imponer obligatoriamente la “Hora Andina”, como la única hora exacta, precisa y vertical al tiempo oportuno y determinante del día solar; porque estoy convencido, que la puntualidad es un imprescindible valor de consideración y respeto a los demás, sólo ejercen esta legítima facultad los que usan la razón de pensar, en una vida social responsable y civilizada. 

Otro de las características costumbristas del poblador tauquino, es de que en cada casa ya sea al fondo o al costado, siempre se conserva una huerta, consistente en un trozo de terreno debidamente cercado a una altura del vuelo de una gallina, con su respectiva “tranca” echo de palo de aliso o de eucalipto, separados a cierta distancia como para no dejar que algún animal se introduzca, como en el caso de ovejas, carneros, cabritos u otro animal que pudiera comer las plantas aromáticas o que pudiera estropear la tierra sembrada de variadas flores o de diferentes plantas ornamentales del huerto, conservando su cultivo, con sus pequeñas acequias diseñadas por el cuadrilátero del huerto, para facilitar el regadío de las plantaciones de lechuga, repollo, zanahoria, cebolla blanca y otras tantas hortalizas comestibles, como también plantas frutales lo que comúnmente se encuentra en una huerta, es el cedrón, toronjil, hierba luisa, menta, hinojo, manzanilla, el culén, naranjito, llantén, paullacón, la col, la cebolla china, orégano, culantro y otras plantas aromáticas y medicinales, además de las diferentes rosas de variados colores que habían a sus alrededores, también crecían geranios y otras tantas flores y plantas ornamentales, todo esto se riegan cada ocho día, los sábados y los domingos a primera hora de la mañana, antes de la salida del sol.

Es una costumbre que toda casa del pueblo de Tauca debe estar conformada por una sala, dormitorios, una cocina, uno o dos terrados que es infaltable por ser el almacén de los productos cosechados para todo el año, un horno para sacar pan de trigo, de cebada, de maíz el “paragoll”, semita o asar la carne de res, de chancho, de pavo, de carnero, de cabrito, o los sabrosos “chiclayos” o calabazas, siempre permanece caliente en uso y mantiene un característico olor agradable, se ubica en el corredor, junto a la ruma de leñas y troncos de eucalipto, aliso u otra madera seca susceptible de quemarse en el horno. Esta distribución es costumbre en todas las casa del pueblo, tienen patio, pesebre, huerta y toda la casa con salida hacia la calle pintada de yeso, verdaderamente le da un colorido ingenioso y de natural verdor, que viste al pueblo de un color natural de tejado, con un hermoso panorama típicamente andino, por cuya razón, el pueblo de Tauca es único en el mundo, en el viaje que he realizado a España, comprobé que no merece la supuesta denominación de “España Chica”, porque no existe en España algún pueblo o lugar que se asemeje de modo alguno al pueblo de Tauca, el país español se encuentra en la península Ibérica, su geografía física consiste en la Meseta que forma el núcleo central de su territorio. La merecida distinción y título honroso para Tauca es el haberla declarado por Resolución Legislativa en el año de 1987, como “Ambiente Urbano Monumental” patrimonio cultural de la Nación. La ciudad de Tauca merece mucho más, debemos formalizar al Congreso de la República un proyecto de ley que la declare Patrimonio Nacional, para conservar su originalidad propia de sierra y proteger el peculiar color acuarelado del tejado, que diseña tanto su paisaje natural como geográfico en un solo sueño y único paisaje urbano andino. Lo denomino “pueblo” para conservar su originalidad andina, no la llamo “ciudad” porque no se tenga una percepción equivocada de modernidad, algunos creen que es para cambiar de color las fachadas de las casas o sustituir sus tejados de pueblo andino con la de calamina o de cambiar de estilo de vida dejando de usar el modo de vestir de su gente, sustituyendo por el “Jean” o la “zapatilla” el pantalón de “bayeta” y los característicos “llanques” o el “poncho” por el “abrigo”, o el cambio de las calles empedradas por el cemento o rebasar los límites del ambiente urbanístico geográfico surcados por sus acequias en cursos irregulares o se pavimente sus característicos trazos de sus caminos polvorientos de pueblo andino, o pretendan erradicar las costumbres de nuestro pueblo por otras de la costa o el desuso de nuestro dialecto “Culle” legua de origen o que la “Piedra del Rollo” ubicada en un lugar estratégico del pueblo entre el cruce del camino al Cementerio General con el que desciende al lugar de Guayo que constituye una monumental “leyenda histórica” conocida en el mundo entero, se encuentra sosteniendo una cruz de cemento que hasta ahora no ha sido retirado para recuperar su originalidad. Nuestros antepasados nos heredaron sus acumulados conocimientos de mucho tiempo pasado que debemos hacerlo conocer al mundo mediante los adelantos tecnológicos del “Internet”, para que los pueblos de la humanidad tengan la posibilidad de aprender nuestras costumbres, por eso es necesario valorar lo propio y conservar nuestra rica cultura que no debemos olvidarlos por querer modernizarlos, ya que nuestra identidad cultural es preferida conocerlo antes de dejarnos imperar por otros pueblos y ciudades del mundo a través de la globalización, que también es necesario para conocimiento de los pueblos de los Andes, pero primero debe ser lo nuestro y no dejemos que nos destruyan.

La actividad de la gente del pueblo, es que todos los días de la semana, tienen que salir al campo, llevando sus “animalitos” a pastar y a traer la alfalfa, la leña o cualquier cosa para la casa o también desyerbando las papas y el maíz, que consistía con una lampa retirar la mala hierba y proteger la raíz en forma de surco con tierra removida o “cutipando” el trigo y la cebada, las arvejas y las habas, que consistía con una punta de hierro se retiraba o se arrancaba la mala hierba dejando libre su plantita para que creciera y no se amarillearan, estas labores lo realizaban varias personas de sol a sol o todo el día, era bien pesado a medio día llegaba el “fiabre” a cada uno se le daba un tamal y un plato de papas con ají, cuy y cancha, durante el día menguaban la sed tomando chicha de jora fresca o la “aloja” del maíz negro, consistía que todos los pobladores cosechan una variedad especial de maíz color negro tanto en sus granos como en las “corontas” (mazorcas) y al hervirse en conjunto granos y mazorcas se obtenían un liquido totalmente morado ennegrecido de sabor dulce y agradable al paladar, a veces se le aplicaba un poco de azúcar rubia al gusto, esta variedad de color de maíz es oriundo y único del Perú, no existe en ninguna otra parte del mundo este peruanísimo maíz negro. En mi caso, teníamos nuestras ovejas y chanchos que eran necesarios llevarlos a pastorear, como también nuestros vacunos que ya pasaban más de diez y era necesario llevarlos a lugares más amplios como a las jalcas o a los pastos de temporada que había en “Calaball”, después de pasar el verano. Cuando se les dejaba en estos lugares, era necesario ir a verlos cada ocho días, para juntarlos en caso de dispersarse con otros animales ajenos o en su defecto regresarlos al lugar determinado cuando se han alejado demasiadamente de sus compañeros, menos mal que por estos lugares en ese entonces muy poco robaban,  era para confiar en la buena fe de la gente.

Recuerdo de niño que para toda actividad comunal se utilizaba los llamados “Bandos”, en los caseríos mediante estos comunicados verbales a fuerza de voz ayudado por las dos palma de la mano especie de bocina, comunicaban a los pobladores por intermedio de la persona llamada “El bandero”, encargado de leer el breve aviso de las autoridades, gobernadores, agentes municipales o de los jueces de aguas, para uso de las aguas por los regantes, de pastales en sementeras o en parajes de estación como de jalca o de “Calaball” o para relimpias de acequias, caminos o puentes, previamente ascendían a una loma o a los lugares más visibles, a eso de las siete u ocho de la noche en que la gente descansaban en sus hogares y después de golpear una Caja o bombo destemplado con sonido característico sé hacían oír por la gente del caserío. Una vez escuche en Hualalay un “bando” que decía: “mañana muy temprano, todos los hombres con sus lampas y las mujeres con fiambre y chicha para el almuerzo, en la relimpia del camino de la quebrada de Júcuves, los que no asistan pagarán multa”, en igual forma se utilizaba en el pueblo de Tauca, se voceaba desde el “Alto de Conducto”, “Acequia del Alto”, “Camino de Caquia” y “Alto de la Manteca”. Posteriormente se utilizaba la cooperación de la Banda Musical La Primavera dirigido por Nemesio Olivos o la Banda Musical de El Ruiseñor dirigido por Saniel Olivos, se turnaban un mes cada uno en forma gratuita, para que a los compaces de la marcha musical, por toda la “calle grande” mi padre como secretario del Consejo Municipal daba lectura “el bando” en las principales esquinas del pueblo, consistía un manuscrito en una hoja de papel de oficio, sellado y firmado por el Alcalde, dando a conocer los acuerdos y ordenanzas municipales con motivos de efectuar trabajos comunales o pintados de fachadas, república de la acequia del quebrado, arreglo del puente Paccha, limpieza de calles bajo multa, república de la acequia del pueblo, donación de tejas para el techado de la escuela, relimpia de Laguna de Cochapampa, etc. etc. Cuando estuve cursando el cuarto y el quinto año de primaria mi padre me hacia leer “el bando”, por lo general los días viernes de cada semana a las cinco de la tarde, para realizar los trabajos comunales el sábado y domingo de descanso. A veces lo aprendía de memoria como para no equivocarme que hasta ahora recuerdo el contenido de algunos “bandos”, y además le imponía un pronunciamiento y un tono de voz cadencioso y natural como me enseñaba mi padre, para que la gente pueda comprender el mensaje de la ordenanza municipal. ¡Oh! Qué feliz e importante me sentía al desfilar al frente y leer “el bando” ante la gente del pueblo que se ubicaban en cada esquina para escuchar.       

Una vez, se nos perdió una vaca y un toro, del lugar denominado “Sullcash” por las lajas de piedras superpuestas de sus lomas, más arriba del camino quedaba “El Mortero” por que en este lugar existía una gran piedra en forma de mortero que almacenaba el agua de las lluvias, para de aquí bebieran las vacas y otros animales en épocas de verano, un poco más allá “Quebrada Grande”, esta era la más grande de las otras y que en épocas de invierno descendía agua con arena, a estos lugares se llegaba subiendo el camino de herradura que atravesaba por sobre el mismo chorro de “Comolanga” es el chorro que tiene más alta caída de agua permanentemente, puede llamarse la catarata de Tauca es el más recordado y que es Leyenda, para los pobladores del pueblo de Tauca. Cuando advertimos que se había perdido estos dos vacunos, mi hermana Hilda y yo, emprendimos la búsqueda, era la mitad de la temporada del invierno, llovía mucho, precipitaba gran cantidad de granizos, la neblina densa no dejaba distinguir muy lejos, lo buscamos por todas partes, todo la vertiente del cerro de “Angollca”, comensamos a caminar a pie los lugares del “Alto de Inac”, “ Cerro de Cushys” “Loma de Poctac”, la subida del “El Escalón”, las faldas de “Llacapuquio”, que se ubica casi al centro de la vertiente del cerro de “Angollca”; después de caminar día tras día, quebrada por quebrada buscando lo perdido y haber revisado todos los escondites en donde pensábamos encontrarlos, llegamos a conocer totalmente la vertiente frontal del cerro de “Angollca”, luego de varios días de búsqueda, con el valor suficiente y sin perder las esperanzas de encontrar lo perdido, seguimos el agreste camino hasta bordear la parte posterior del cerro de “Angollca”, llegamos a la misma laguna que se ubica de tras del cerro de “Angollca”, rodeado de un pajonal típico de jalca, esta laguna ha dado origen a varias leyendas populares que se narran en el pueblo de Tauca, pasamos a poca distancia de sus orillas con cierta precaución de timidez y sin pronunciar palabra alguna, sus aguas azules parecían que ligeramente se movían con el viento. Continuamos ascendiendo levemente las continuadas lomadas, por dentro de los crecidos pajonales que también se mecían a los efectos del viento, existían unos descontinuados caminitos que se entrecortaban entre sí, hasta llegar a mirar una amplísima pampa que se perdía en el horizonte, en donde se advertían otras lagunas más grandes que dan hacia la pampa de “Tuctubamba”. ¡Qué extenso lugar! Caminamos tanto y tanto, hasta que llegue a ver el paso de un ancho camino que venía desde Corongo y se perdía en la lejanía de los cerros, diseñada por una hilera de gruesas “champas” crecidas y algunas pedrerías o lajas plantadas en tierra y en muchas partes destruidas por falta de conservación, su empedrado intacto se separaban a un ancho aproximado de doce metros en paralelo, pregunte a mi hermana Hilda a quien le acompañaba y ella me decía que le habían dicho que era el “Camino del Inca”, que pasaba hacia las lagunas de “Pelagatos”, por primera vez que observe un largo camino tan acho y empedrado de lajas que parecía hecho en forma natural.

Luego continuamos recorriendo los parajes de la “Parva de Andagada”, la parte de “Lachocvara”, “Copchovara”, en estos lugares se observaba una gran cantidad de flores que le llamaban “Copchos”, luego proseguimos por el “Cerro del Bronce”, “Matacancha” y otros lugares más; pero no llegamos a encontrarlos nuestros vacunos perdidos, con el sentido más simple llegamos afirmar que los abigeos los habían robado definitivamente. Estos vacunos perdidos dejaron un profundo recuerdo en mi persona, porque caminamos tantos días tras días y jamás pudimos hallarlos ni siquiera sus propios rastros.

Muchos del pueblo tenían sus carneritos “ógoros” de lana pintada en sus casas y todos los días era necesario llevarlos a pastar al campo por diferentes lugares, la mayoría de la gente constantemente tomaba el camino de la ladera que se dirigía hacia la vertiente del cerro de “Angollca”. En algunos otros días, también me iba a pastar mis carneros. Salíamos mi hermano Manuel y yo de mi casa a las ocho o nueve de la mañana, después de desayunar, iniciábamos el camino del chorro de “Pichungoñ”, parte del Norte de “Malpaso”, seguíamos el camino de “Singovara”, “Otolocoñ”, “Chahuachac”, hasta llegar al “Alto Colorado”, de donde se veía plenamente el “Chorro de Comolanga”, luego en forma de curva seguía el camino de herradura llegando justo a la quebrada sobre el mismo chorro, para luego subir hacia “Shullcas” y de ahí a “Llacapuquio”, con nuestras ovejas ya bien alimentadas durante el día, con el verde pasto natural del lugar, y encontrándose ya declinada la tarde como para regresar a casa, comenzábamos poco a poco a descender por la parte que corresponde a los lugares de “Pagarína” (en donde existía el Molinete de Federico García), “Chorro de Andagada”, desde esta lomada ya se veía “Huaychonta”, se proseguía por el camino del llamado “Molinete” lugar de propiedad de don Federico García, se descendía al paraje de “Angovillca”continuaba el caminito luego hacia la Capilla de la Cruz Grande “El Calvario”que a veces se encontraba vacía y desolada, seguíamos bajando el camino y se pasaba por sobre el lugar denominado “Shullpungo”, en donde se cosechaba los “chimvinos” es la oca de agua dulce, más allá quedaba “Cagoma” con sus características de sus entradas y salientes del camino de “quishcubas” y “huashlas” de flores amarillas, que continua hacia el manantial de “Cuchilocros” de propiedad de la familia Inca Reyes, este camino continuaba con destino a Corongo. Pero, volviendo a la loma de “Cagoma” para después descender por la bajada del tan mentado e inolvidable lugar de la bajada o de la cuesta de “Los Molinos” el primer y el segundo molino de piedra que se encontraba era de don Federico García, enseguida venia en bajada el tercer molino de piedra de don Máximo Osorio, luego venía el cuarto molino de piedra de don Tomás Reyes, y por último el molino de piedra de don Víctor Flores, describía un paisaje natural característico de recuerdo, por la caída constante de las aguas y el brillo de plata que reflejaba por las tardes, en un ruido cristalino de acequia con bordes de piedras verdosas por la humedad de sus pajonales, de sus “quiscubas”, “chilgañes”, “ortigas”, “cuygurúm”, “chugham”, “zogorom” y otras tantas plantas típicas del lugar, además de la posición sucesiva descendente de los molinos de piedras venteadas de blanca harina de trigo, con sus puertas de madera y techo de teja, también venteadas del mismo color de harina de cereales que permanentemente usaban los habitantes del pueblo, dando entrada a cada uno de los molinos de modo de un reducido patio, que se deslizaba del ancho camino rústico en pendiente, rodeado de vegetación característico de altura, que al reflejo del sol de las tres de la tarde se pintaba de colores sus aguas, sus peñascos de piedras calizas, sus sembrados andenes ubicados ambos costados, sus verdes hiervas, movidas por los vientos de la caída de tarde, bajo un cielo azul moteado de nubes blancas sobre los cerros, como un cuadro vivo de eterna pintura al óleo se enmarcaba en un incomparable paisaje típico andino, el ganado y nosotros alegres seguíamos descendiendo por la cuesta abajo del camino, luego ya en la acequia que da hacia la compuerta de Conducto, en donde crecen los tallos de las “flores de Cando” que con sus variados colores y formas alargadas colgantes adornan el lugar de la entrada al pueblo, por eso los pobladores les denominaban la “flor del canto” porque sus matas crecían  en las orillas del pueblo, se asemeja a la “Cantuta”, después de caminar un regular trecho se localizaba el sexto molino de piedra movido por las mismas aguas de la “acequia del alto” de la familia Veramendi, con éste divertido caminar ya se ha dado durante el día una vuelta a la redonda del paisaje geográfico del pueblo de Tauca.

En estas épocas de pastoreo, conocí a varias otras personas que también pastaban sus carneros, entre ellos a Nieves Toribio, Eulalia Flores, Rosa Pérez, Abad Pérez, Eugenia Paredes, María Astupiña, Cirilo De La Cruz, Teodocio Galloso, Dominga Reyes, Estefanía Alva, Teodora Tapia, Balvina Chávez, Tarcila Timoteo, Marcelina Timoteo y otras tantas que se pierden en la memoria, como en el caso de la joven que se le llamaba la “pundúnga” persona bajita y gordita cuyo nombre no recuerdo. Los meses de vacaciones eran divertidos, eran los momentos que más contento nos sentíamos pastando nuestro ganado en el campo, conjuntamente con nuestros amigos del pastoreo, corríamos a las ganadas por los caminos polvorientos tras de nuestros carneros, jugábamos subiendo y bajando los montículos y peñascos o caminando por encima de los derribados cercos, trepando las ramas de los árboles, saltando por sobre el verde pasto o mojándonos nuestros pies con “llanques” en las aguas de las frías acequias, amasando en nuestras manos el lodo húmedo de los “mananteales” o “hojonales”, como el de “Cuchilocros”, bebiendo el frescor de las cristalinas aguas que afloraban de los puquiales o los que corrían por entre las piedras de las quebradas sembradas de pajonales ¡Qué gracioso! Eran esos entretenidos momentos de adolescentes, bromistas y jocosas, no existía el cansancio para nuestra adolescencia, no sentíamos ni frío ni calor, nuestros ponchos usados las colgábamos de las ramas y nos poníamos todos a jugar en el campo, nuestras caídas eran de sonrisas antes de dolor, nos olvidábamos de todo, hasta del mundo exterior por esos instantes, el tiempo se detenía y no queríamos que el día terminara, todos pretendíamos que las mañanas y las tardes se alargarán, se hicieran extensas y más prolongadas al son de los cantos, de la música de las flautas, de las antaras, las quenas o el rondín, en una y otra vez salían los silbidos de los lugares más lejos, las voces de una lejana lomada o banda a otra más distante, en dónde se encontraban posiblemente otro grupo de nuestros conocidos amigos del pastoreo, ¡qué radiantes y llevaderas eran esos instantes de nuestras vidas!, En muchas veces con nuestro entretenimiento no sentíamos el hambre ni la sed, y nuestra “cancha”, nuestra “shullga” de trigo o de cebada y algunas otras cosas más que llevábamos en las usadas alforjas o talegas de cancha se regresaban al final de la tarde íntegramente a nuestras casas, y con algo más, algunos por la tarde llevaban en sus espaldas un cargamento de leña seca de “taclush” que es un árbol que crece en las alturas y en vertientes que es tan dura parece ser huesos secos. La compañía de amigos o amigas eran necesarias para el mejor pastoreo del ganado y resultara como un feliz paseo antes que una dura o penosa obligación. El día se concluía con el característico “abrazo tauquino de despedida”, consistía en un leve apretón de adolescentes manos y luego de un cariñoso abrazo que su duración significaba un profundo agradecimiento de nuestros corazones juveniles, para nuevamente volvernos a encontrar al siguiente día, como lo hacían nuestros padres ya sea al recibirles o al despedirse de sus amigos, paisanos y familiares, hasta su modo de bailar el huayno lo aprendimos de ellos con el pañuelo de cualquier color en alto en la mano derecha ondulando a voluntad del viento con gracia y jovialidad; la mano izquierda descansaba en la cintura, debajo del saco o del poncho, mientras los pies armoniosamente daban un sonoro y chispeante zapateo, en esa época no conocíamos las recepciones o despedidas con besos, “Achachay” (vergüenza) porque éramos muy recelosos y respetuosos se consideraba como un atrevimiento deshonesto, ¡pero cómo cambia el tiempo!............hoy es algo muy común.

La tarde ya caída a boca de oración
lo lejano, queda por la cuesta en bajada,
retorno del ganado al distante del amor
cumbres y hierbas, el invierno en avanzada.

 

Semblanza de Nieves de adelantada caminar
como viento en polvo al quinual se abrazaba,
horizonte borrado en sombra de sueño palpitar
de plata pintada la esperanza dejábase en la nada.....

 

 

Dejo aquí una anécdota de estos quehaceres pueblerinos, era ya un jovencito, vestido modestamente como lo hacían todos del pueblo. Para todos los jóvenes era divertido jugar hombres y mujeres en grupo, buscar los lugares que nos causaran alegría y diversión o de asistir en grupo a las jaranas o fiestas que se realizaban en casas de amigos conocidos, porque nos comprendíamos y existía mayor confianza o a las fiestas patronales del pueblo, cuando había fiestas nocturnas o procesiones de imágenes por las noches, nos causaba regocijo desplazarnos en grupo, bajo la sombra de la luz de velas encendidas, que llevaban puestas en hileras sobre las andas de las procesiones como la de Semana Santa, que es una fecha de recogimiento y reflexión, a pesar de que los jóvenes profesaban la religión católica de amar y creer en nuestro Señor Jesucristo, no faltan por ahí alguna travesura de adolescente.

Era un día jueves santo de una semana del mes de abril de recogimiento, todo el pueblo de Tauca se estremecía al sonido religioso de las entristecidas campanadas de la llamada a misa, de las vigilias de dolor, por la pasión dolorosa del Salvador.

Por la mañana fui a pastar mis ovejas, era todavía un regular número, al paraje denominado "Mayush", quedaba con dirección hacia el camino de Corongo, ubicado en la vertiente sur del cerro “Angollca”, casi para llegar a la quebrada del “Escalón”, porque en estos lugares hay “un buen pasto”, son tierras de particulares, entre ellos se encontraba el nuestro, en dónde crecían hierbas frescas que el ganado buscaba, para llenase pronto sus barrigas. En cuanto ya había entrado al terreno y parado sobre una piedra que se encontraba en el mismo lugar, y desde ahí al mirar por todas partes la distancia se acortaba entre los cerros, percibía encontrarme rodeado de un paisaje entristecido y envuelto desde lo más lejos en un lloroso silencio absoluto. Las horas parecían quebrarse a pocos como cristales, el viento era más violento y frío, los arbustos se mecían quejosamente desconsolados, los instantes en yo permanecía eran preocupantes y tristes. Por la mente atravesaba la creencia juvenil de los recuerdos de mis antepasados, que nos contaban que por éstas épocas las almas andaban por los caminos, a veces a mis oídos llegaban murmullo sórdido y lejano entre cerros; me parecía que verdaderamente también la naturaleza se encontraba en penitencia.

Las horas invertidas de la jalca transcurrieron muy pronto, el día dolorosamente se inclinaba entremetida en su silencio, el débil murmullo de las aguas de la quebrada se perdía en la lejanía, mis ovejas con las frías orejas erectas a cualquier peligro ya se habían satisfecho con la verdusca hierba del campo, alimento apetitosa para cualquier calidad de ganado, que por ser alejado y retirado del pueblo y además terrenos privado no entraban fácilmente ganados de extraños, a estos dominios de mis padres que habían heredado de sus antepasados.

En esa época no contaba con un reloj de pulsera, pero nos habían enseñado un simple cálculo natural del tiempo para establecer y graduar las horas del día según al movimiento del sol. En ese entonces, el sol se encontraba más o menos a la altura de lo que era las tres de la tarde, era ya la hora calculada para el regreso al pueblo; todo el ganado satisfecho de haberse alimentado con hierba fresca de buen tamaño, venía en tropel por el camino de herradura con dirección a Tauca.

En cuanto regresábamos tranquilos, desprevenidos, pensativos en las “estaciones de la pasión” del Salvador que se iba a realizar por la noche, todo el lugar se encontraba sumido en un silencio absoluto, solamente se dejaba escuchar traqueteos de cascos de los carneros que venían por delante dejando sus huellas sobre el soleado camino, de pronto las ovejas en forma sorpresiva se asustaron, de tal manera que se produjo un imprevisto desorden, dividiéndose en dos grupos: uno que regresaba corriendo hacía atrás en donde me encontraba, también estremecido, y otro que pavoroso corrían hacia adelante, ¡yo! Me quede atemorizado, ¡no sabía que hacer!, El cuerpo me temblaba, las manos mucho más, mis ovejas desorientadas balaban y se buscaban unos a otros, la imaginación se me había cuadriculado de nostalgía de tal forma que se me había desprendido del espacio.

Yo enmudecido y solitario, trate inmediatamente de reponerme de este inesperado susto para contar mis ovejas...!faltaba una!...!faltaba una!, el que faltaba era el cordero blanco pequeño de colgantes de colores, que se acostumbraba colocar en sus orejitas como adornos unos pompones de lana de colores para que no se perdiera o se confundiera con los demás (en otros lugares les denominan “achalas” por ser símbolo de propiedad de alguien), era cría de una oveja madre de raza “patagona” traída desde las punas de Querobamba (provincia de Corongo) de abultada lana blanca crespa, que no cesaba tristemente en balar y desconsolada zapateaba temerosa fuera del camino, mirando hacia el resbaladizo buscaba entre los arbustos el olor de su cría, por donde había sido arrastrado infamemente por aquél animal salvaje astuto llamado “zorro”, el enemigo más temible de las inocentes ovejas.

Para ese entonces, a mi pesar no había llevado ningún perro de compañía, para que por lo menos pudiera ladrar, todas las ovejas en ruedo se pusieron a balar asustadísimas y tristes, mirándome como quién de sus ojos saliera furiosos reclamos de culpa y juzgaran sin compasión mi imperdonable descuido. Nuevamente volví a contar varias veces y resultaba siempre que faltaba el hermoso corderito de color blanco. Ante esta situación, inmutado solo atiné a proseguir mi camino, las ovejas se replegaron entre ellas y caminaban juntas a mi lado con mucha desconfianza e inseguridad.

Así caminando hora tras hora del tiempo con el ganado, así llegamos ya al atardecer al pueblo. Fue muy triste narrarles a mis padres de lo sucedido. Mi cansancio agotador y mi débil voz reseco de sed y por el polvo del camino, además no haber probado alimento alguno hasta ese entonces, por la preocupación del caso, fueron las manifestaciones impresionantes los que trataron de justificar y despertar compasión ante mis padres, por eso aún no me recriminaron mucho. Auque yo tenía la culpa, por no haber llevado consigo al minúsculo perro llamado “fadito” que siempre me acompañaba con su valiente ladrido mordelón. Pero lastimosamente en la profundidad de mi alma se quedó grabado para siempre, esa tarde ladeada de sol en el espacio, el camino angosto y serpenteante de yerbas empolvadas, los soleados pajonales de vertientes, el silencio sepulcral de una Semana Santa entre cerros sin ecos, el sobresalto, el espanto, la impresión y él escalofrió de ese entonces; el tamaño y color blanquito y crespo de su lana del corderito; el tamaño y color de lana de la madre oveja, la inmediata reacción de defensa y conducta instintiva asumida de un animal cuando se le arrebata a su cría. La inesperada desesperación, el instintivo alarido y el desconcierto en que vivieron las demás ovejas y carneros al ver y sentir interrumpido su pacifica conducción en manada, la admirada solidaridad demostrada por estos animales en estos casos y el esfuerzo reflexivo de unión que hacen para su grupo. Pues todo este hecho dibujado en el lienzo circunstancial de la vida, en lágrimas y dolor de adolescente jamás se olvida, juntamente conmigo se irán hasta el otro lado del olvidado cielo caído en el precipicio de la simplemente inadvertida nada.

 

 

Nos encontramos en las alturas del caserío “La Banda”, sobre la parte alta del paraje denominado “Chuquique” que pertenece al distrito de Tauca. Al Sur más allá de esta puna o jalca, pertenece a los límites del distrito de Llapo y no muy distante de estas punas o jalcas que también pertenecen a los límites de la Provincia de Corongo. En estas alturas las extensiones de las punas o jalcas son inmensas pampas, lomadas y cerros, aquí es muy difícil distinguir los linderos geográficos de los distritos, menos los meridianos de la Tierra, todo es de uso comunal, aquí no existe para el usuario o el pastor de ganado linderos distritales, estos lugares no es propiedad de nadie, todo es uno, todo es una extensa, interminable e incomparable pampa natural.

La ubicación geográfica del pueblo de Llapo, se encuentra al sur del distrito de Tauca y de la Provincia de Pallasca, se enclava en las faldas de la cordillera occidental, con una extensión de 6,344 hectáreas y se encuentra delimitado territorialmente por el Norte con Tauca, por el Este con la Provincia de Corongo, por el Oeste con el distrito de Santa Rosa, antes Caja Mala; por el Sur, también con la Provincia de Corongo, con su capital Corongo, desde donde se puede observar su admirado cerro llamado “Callahuaca” que en quechua quiere decir “cerro que llora”.

A sus habitantes se les dicen "cutulos" (sin rabo), por que el pueblo de Llapo no tiene anexos, en realidad es el único distrito de la Provincia de Pallasca, que no cuenta con anexos o caseríos, se encuentra a una altitud de 3,425 metros sobre el nivel del mar, y su clima es frío; pero saludable, por eso que sus punas o jalcas siempre están pobladas de neblinas.

Así como el distrito de Tauca, tiene a su majestuoso cerro de “Angollca”, cuyo nombre viene del quechua “an” = ¡oh!, ¡ah! y “qollqa” = alto, o también “gollca” = espacio sobre lo alto para colgar. De estos componentes deducimos que significa guardar o proteger en alto o en elevado con valor, es decir, es el guardián y conservador del honor y riquezas naturales del pueblo en el lugar más alto y elevado del Universo Tauquino. Nuestros antepasados nos han enseñado que las cumbres y los cerros nos infunden fuerzas sensitivas y espirituales de afectos y emociones corporales para continuar ascendiendo las alturas, razón que nos impulsa durante nuestra existencia en la vida.

En igual forma también el distrito de Llapo tiene a su majestuoso cerro llamado “Huamaní”, el distrito de Santa Rosa tiene al cerro de “Llunushstay” o “Llumishstay”, y el otro cerro que se sitúa entre ambos se llama “Ayancuré”, también la ciudad de Cabana tiene su cerro cautelador el “Mashgonga” y más al Norte queda el distrito de Bolognesi, con su fiel guardián el cerro de “Wanda”; como el cerro “Chonta” del pueblo de Pallasca y de Conchucos el cerro “Santa Cruz” y “El Brujo”, en el distrito de Huandoval tiene el cerro “Huaychumachay”, en el distrito de Huacaschuque el cerro de “Katangui”, en el distrito de Lacabamba el cerro de “Chugurvalle” y del distrito de Pampas el cerro “Tres Lagunas”, todos los distritos de la Provincia de Pallasca, por su ubicación geográfica cuentan con sus cerros guardianes naturales del lugar.

En estas alturas de la región de incomparable mundo andino, de amplia respiración, de cielo despejado a todo lo ancho de un eterno e inolvidable mundo, de límpido cristal fundido en plata y de abierto al universo en un acerado cóncavo palpitar de corazón, trazan su propio meridiano y horizonte de vida que diseñan la forma conceptual de la historia profunda de sus pueblos.

Los habitantes de los Andes a pesar de las inclemencias del tiempo y el aislamiento geográfico natural o el olvido consciente de los gobernantes de la nación, son tan felices dentro del espacio de su propio mundo andino, aún más todavía se sienten más libres e independientes a lo largo y ancho del universo; por eso siempre los pueblos buscan las partes más elevadas y altas de sus cumbres, para que desde ahí mirar la amplitud, la vastedad, lo interminable de su universo pueblerino; para vislumbrar la holgura de sus alrededores, las penumbras de sus profundidades, la abundancia de sus recursos naturales, la inagotable de sus perpetuas riquezas; el pueblo viviente parecen buscar entre las alturas el sol y la luna, para sentir entre sus manos llenas directamente los rayos de oro y plata, si fuera posible palpar con sus propios dedos el círculo mismo de este lejano astro de vida, sentir directamente la esencia de sus secretos y de sus misterios; los pueblos andinos son como los cóndores de las alturas, que se divierten en sus vuelos más altos de la tierra, se deleitan y se recrean entretenidos volando sobre todo los demás de la infinitud, de la inmensidad de la naturaleza, regocijan y gozan respirando a todo pulmón el oxigeno de los Andes, las delicias holgadas que nos ofrecen plenamente el universo, con sus pulmones que se agrandan como las mitades del mundo terráqueo, ¡Oh! ¡Cuánta felicidad! Se obtiene cuando se escalan las cumbres, cuándo se llega cerca de Dios, cuándo al cielo se tiene fresco y puro junto a nosotros, como una concepción de grandeza de nuestra cultura popular del mundo andino.

A lo lejos se observaban los descansados macizos de los cerros de verde ropaje y en sus pampas o explanadas duermen de eterna turquesa sosegadamente silenciada las tantas lagunas, como los de “Tuctubamba”, de las “Alforjas” y otras tantas en las punas o jalcas del distrito de Tauca y las lagunas de Huyco y Lluguya del distrito de Llapo, estos son los que conservan y dan sus aguas para el regadío de las fértiles tierras de estos distritos, sus aguas provienen de los inagotables manantiales y arroyos que se alimentan de las lluvias y del invierno, de las heladas en épocas del verano andino. Su pasividad y silencio eterno natural en la lejanía, es la pintura matizada de aquel color verde andino distante y de aquel azul inacabable dentro de los marcos infinitos de las nubes, que asoman constantemente formando un panorama indefinido de continua y soleada felicidad.

Era en una época del año que no llueve, la tarde ya ladeada como un grandísimo plato de cielo más al occidente, el ondulante paisaje geográfico de la extensa puna, parecía a lo lejos acortarse con el filo de la oscuridad que mediatizaba entre los bronceados cerros, débilmente los últimos rayos crepusculares de la tarde se bifurcaban al infinito. El naranjal aspecto vertido en ángulo de cielo, cada vez más de perfil se despedía en el lejano curvado horizonte de una casta y pura jalca andina. El silencio intacto e inexplorado parecía anidarse de violeta entre las mismas cumbres que ya en la distancia se perdían oscurecidas por las sombras, que se agrandaban pausadamente desde el oriente y se contrarrestaban en el reflejo de las cristalinas aguas de éstas tantas encadenadas lagunas, que irremediablemente se perdían en el seno verdor de sus escarpadas lomas naturales del lugar.

La fauna andina cotidianamente recogido en el eco del silencio, que se perdían en los tardíos pasos casuales del sinuoso interminable camino y en el rumiar constante del ganado dispersado sobre la verde pampa, la única voz lejana que rompían los cristales de las nubes, eran las enturbiadas pesadas horas de la mortecina tarde. El tiempo se comprimía en sí mismo, los instantes entre los cerros se congelaban haciendo retroceder a los vientos, mientras unos débiles gestos de existencia se advertían a pocas distancias, eran las sombras tan solas de éstas dos pastoras guardianes absolutas del ganado, y el ladrido distante de vez en cuando se oía de los perros de “chusco” pelaje como únicos amigos fieles e inseparables de estas pastoras.

La vida pastoril de antaño se ubicaba precisamente en aquel ranchito de construcción rústica de piedra, con techo de pajonal, se ubicaba casi junto a las “majadas” o "chiqueros" (lugar para guardan ganado o chanchos durante las noches) del ganado y éste a su vez se situaban a poca distancia de la orilla de la  laguna de “Corapsaca” o “Carapshaca”; en cuanto ya el manto oscuro de la insostenida tarde,  se desprendía del todo pesadamente desde el apagado cielo, hacía la puesta oscura del sol en un decadente giro en redondo de anaranjado occidente, que de pronto se vio interrumpido en un lloroso o tristón ocaso descolorido que no era un cotidiano proceder de las siempre pastoras.

En esta choza siempre habitaron los pastores de don Futocino Delawanda el quién lo construyó para sus pastores, ya que anteriormente también fue un gran pastor y logro multiplicar su ganado lanar, vacuno, caprino, porcino y otros, fue el iniciador de estos de esta modalidad de pastoreo; además como famoso pastor del pueblo tenía bajo su cuidado el ganado de otras importantes personas y familias del pueblo de Tauca, como el de Oscar Pérez, de José Santos Reyes y de Lorenzo Padilla. Pues representaba una gran cantidad sobre todo de ganado lanar y vacuno, para ello existían dos grandes pesebres o corralones, uno para el ganado lanar en la parte pendiente y el otro para el ganado vacuno en un lugar más plano, los pastos naturales en esta zona de la extensa puna eran inagotables, las áreas de los pajonales sobre las lomas eran cada vez renovados, los pajonales que se secaban, pasaba a ser parte del abono natural de las punas, los que retoñaban eran inmediatamente alimentos del ganado vacuno o lanar; estos animales se mantenían bien conservados, todos bien gorditos de una excelente carne de primera y de fresca leche para transformarlo en agradables quesos frescos, que abastecían no solo para el distrito de Tauca y Llapo, sino que también para el distrito de Santa Rosa (antes Cajamala hoy Miraflores), su abastecimiento llegaba hasta Cabana y sobrepasaba hacia el norte.

 

Camino de herradura tierra afirmada de Tauca al caserío La Banda

(Salida Norte a Sur, paraje “El Alto”, “Capilla de Pucre”, “Acerachin”, al fondo Cerro Chullúsh)

(Foto tomado en agosto del 2005)


 

Panorámica del caserío La Banda de Tauca

(Vista de los parajes: La Banda, Chuquique, Iglesiabamba, Río Aguas Blancas, Piedras Paradas, Shiracbamba y Shingullay, colindante con el distrito de Llapo)

 

Como decíamos, que esta monotonía de todas las tardes de muchos años, el quehacer constante y permanente del campo, el triste canto crepuscular de entonces de estas dos pastoras jóvenes solteras, nietas del abuelo Futocino Delawanda, una holgada familia de gran tener en bienes y la más representativa del caserío La Banda, quién todos vivían como residentes del lugar en el pueblito de “Chuquique” que albergaba aproximadamente a unas cincuenta familias dispersas en sus correspondientes “chacras” o terrenos que poseían como su propiedad y que se unían por improvisados caminos. Las pastoras se disponían a preparar sus alimentos para la merienda, que consistía en prender el fogón dentro de las tres “tullpas” o piedras ya negras calcinadas, sobre ellos colocaban una olla de barro bien ennegrecido por el uso cotidiano, una vez que advertían de haberse calentado la base de la olla con el fuego, procedían a preparar el “aderezo” conteniendo cebolla china segmentada, un poquito de sal para darle gusto, un trozo de tocino que derretía su grasa con el calor del fuego que cada vez era mayor hasta convertirse en un tostado “cuchivinde” (pellejo de chancho cosido), a falta del tocino se le agregaba unos trocitos de carne de carnero o de vacuno resecados, que después de varias movidas dentro de la olla con una “huyshla” (Cuchara de madera o un palo tallado para aderezar, como para no quemarse el aderezo ni la mano del quién cocina), en cuanto sé encontraba a buen término luego agregaban un poco de agua calculando la proporción necesitada, sobre el cual se vertía tres o cuatro cucharadas de harina, ya sea de trigo o de habas o de alverjas, agregaban unas cuantas papas peladas y cortadas en cuatro partes, más un poquito de “yuyo” (perejil o hierbabuena u orégano) cortadito como para darle gusto aromático, éste era el preparado de una sopa, se servían en sus “mates” (platos de madera) con sus cucharas de palo, éste potaje era comido acompañado de “cancha” (maíz tostado) o “Shullga” ( trigo tostado) o con harina de cebada tostada; a falta de estos era con ocas sancochadas o con papas sancochadas que de vez en cuando se “untaban” (se mojaban en el contenido) en el “matecito” (plato chico de madera) que contenía el “chincho” o “huacatay” (hoja aromática) molido de sabor picante; ambas pastoras comían en silencio, no se entrecruzaban palabra alguna, eran cortas de lenguaje, a veces se preguntaban si habían realizado sus tareas del día, siempre tenían sus sentidos agudizados a cualquier ruido que se produjera en el lugar durante la noche, seguían comiendo, bajo una tenue y débil luz de un lamparín o mechero suministrado de kerosén, cuyo humo ennegrecía cada vez más las paredes y techado de la choza, en las punas o jalcas no se conoce luz eléctrica y en ese entonces ninguno de los pueblos vecinos contaban con luz eléctrica. Toda esta costumbre pastoril cotidiana fue bruscamente interrumpida, con la inesperada llegada de dos hombres desconocidos a la choza, que les pedían insistentemente que les dieran posada, para descansar y pasar la noche dentro de la precaria y reducida choza.

 

 

Estos hombres desconocidos no se identificaron, uno era alto delgado, de frente y cara colorado, tirando al aspecto de lo gringo no usaba bigotes, de nariz aguileña, de cabellos castaños; el segundo era de talla regular delgado, más joven, más muchacho, casi por el estilo se asemejaba en el color; ambos vestían pantalón de bayeta usada, saco a la cazadora de bayeta llano de color “abano” (marrón oscuro claro); llevaban sombreros de paja muy usados, pesados ponchos negros con rayas, se envolvían el cuello con una chalina de lana blanca percudida, que olían a sudor guardado y un poco a vinagrado; el primero era de mayor edad, se apreciaba algunas arrugas en la cara, llevaba una alforja usada de colores apagadas, despedía un olor a hojas de coca guardada y a cigarrillos maltratados de marca “Inca” de aquel entonces. Los dos llevaban una soga de cabuya de tres vueltas y que apretaban los ponchos a los cuerpos de cada uno, del hombro izquierdo al lado derecho hasta la altura de la cintura, en donde con una sola vuelta se anudaba la soga, para no dejar ondular al poncho por la fuerza del viento. Llevaban puestas en los pies unos “llanques” (como hojotas con correas), de lonetas de caucho con sus correas de cuero de vacuno muy usado, bien templados exactamente a la misma dimensión de sus gruesos y callosos pies empolvados y trajinados de muchas leguas. En una alforja desgastada de sus labores de lana, color teja soleada más chica, que llevaba al hombro el más joven de la partida, contenía sus “fiambres” (alimentos para el refrigerio) para el viaje, y además guardaban celosamente con cuidado una botella de alcohol o aguardiente, para vencer al frío de las alturas y se les infundían hasta los huesos cierto valor en la resistencia de largas caminatas de subidas y bajadas, y también en atravesar frías quebradas de verdes interminables cerros.

Tenían un aspecto extraño, despedían un aire de trasnochados y cansados de haber “chacchado” o “coqueado” (haber masticado coca); el más alto parecía tener más ánimo que el segundo, llevaba en la faja de la cintura entrecruzado un machete usado y ennegrecido por el óxido y antigüedad que produce la humedad del tiempo, además de un “fuete” que en uno de sus extremos llevaba un corto mango antiguo de madera, suavizado por el constante uso de sus manos callosos, en fin los dos desconocidos representaban a la figura de unos inocentes magníficos arrieros que llevaban a una “peara” de burros (varios burros cargados).

En cuanto los forasteros desconocidos entraron a la choza, la pastora mayor que llevaba por nombre Catalina de 16 años de edad, prima hermana de la pastora menor llamada Clemencia de 14 años de edad, advirtieron que estos hombres desconocidos llamados “forasteros” (cuando no son del lugar), al verlas en estado solitarias, sus intenciones eran pretender violarlas; fue entonces, que mientras la pastora mayor forcejeaba desesperadamente con los desconocidos, ya que a la fuerza las querían abrazar y ella se escabullaba de entre éstos fornidos hombres, logrando escaparse y abandonar la choza, introduciéndose entre la tintura negrusca de la tupida reinante noche, para ocultarse entre los escondites de los cerros que les rodeaban y no ser vistos ni encontrados por esos facinerosos. La pastora menor, aprovechando las circunstancias del momento, también logró escapar para irse con dirección a “Chuquique” del caserío La Banda, esta inocente y hábil “pasada” instintiva de la desesperada pastora, no fue advertido por los furtivos visitantes. Los perros también fueron ahuyentados de la choza.

Dentro de la choza solamente se encontraba un mechero de pálida luz, que apenas alumbraba a una desordenada e improvisada cama, tendida a lo largo del piso de tierra afirmada, consistente en dos “caronas” de un metro de largo por cincuenta centímetros de ancho, confeccionados de pantalones y polleras de bayeta usada, ponchos y sacos viejos, cosidos en toda su extensión como un leve colchón, (en el día se usaba para colocarse debajo de los aparejos de los burros) sobre el cual se extendía dos pellejos de carneros de lana blanca veteada uno de marrón y el otro negro antiguos, en cima llevaban dos gruesos cobijones de lana color teja descolorida, con líneas verdes bien usadas de orillas deshilachadas, parecía por su aspecto y colorido, que durante mucho tiempo no habían sido lavados, no conocían el agua ni el jabón, en la cabecera de la cotidiana cama, colocaban sus polleras o su rebozo doblados, que les servia como almohada para descansar la cabeza y en el “maygate” (extremo de la cama en donde reposan los pies) debajo de las “caronas” colocaban sus “llanques”, y en otras veces, para no rodarse de la “carona” colocaban también sus “llanques” o cualquier otros “trapos” viejos o algún atajo improvisado del momento como un trozo de leña o una piedra plana. Esto era la realidad del lecho de descanso de los pastores, esto implementos era todo lo que poseían las pastoras, para abrigarse mientras dormían durante las noches en estas frías jalcas o punas.

En vista del silencio absoluto y el provocado abandono total de los pesebres por las pastoras, en donde se albergaban el ganado lanar y vacuno, sumados a otro aspecto de las malas intenciones de estos hombres abigeos y aún más aprovechando la oscuridad reinante de la noche, lograron extraer de sus pesebres a los mejores toros y terneras, los más conservados de mayor engorde en un total de quince unidades de vacunos. En cuanto lograron tener en su poder los vacunos deseados, los dos hombres que habían antes llegado a la choza, sin pérdida de tiempo pusieron en marcha a los vacunos tomando como camino la extensa fría pampa, con dirección a las punas o jalcas de la provincia de Corongo, su objetivo de los hombres abigeos era llevar los quince vacunos, pasando por las alturas de los pueblos de Corongo, Yanac, La Pampa y llegar a Yuracmarca, para ser embarcados en el tren que bajaba de Huallanca y ser transportados, pasando por “Chuquicara”, para luego ser beneficiados en el camal como carne fresca y especial para los restaurantes del Puerto de Chimbote, ubicado en la costa del Departamento de Ancash.

Estos hombres desconocidos eran procedentes del distrito de Conchucos, eran unos verdaderos abigeos, pertenecían a una familia "tira lazo" y de "carne gorda" (no les gustaba criar pero si comer lo mejor del ganado), habían sido tres hermanos de apellido Oré, el mayor de los hermanos llamado Rufino, ya había sido asesinado en las alturas del distrito de Pampas, por habérsele sorprendido robando el ganado vacuno de los agricultores del lugar, era el más temible abigeo de la provincia de Pallasca; el segundo hermano llamado Nicolás también había sido liquidado conjuntamente con otro grande abigeo llamado Antonio Lara Gil, en las jalcas de la Hacienda de “Urcón” (tallo de dos vías) del distrito de Cusca, en la jurisdicción de la provincia de Corongo, por haberle sorprendido robando ganado vacuno, era también un despiadado abigeo de “vida o muerte” no le interesaba las consecuencias para lograr sus objetivos. Ahora nos encontrábamos también ante la presencia del tercer hermano, llamado Donato Oré peligroso abigeo, que ya en anteriores oportunidades había incursionado en este mismo lugar sin ser vistos y que en ésta oportunidad era ya la quinta vez, que robaban el ganado vacuno de esta silenciosa y fría puna y en mayor número. Venía acompañado de su primo llamado Crisanto Lara, también eran de Conchucos, ya tenía experiencia de haber incursionado en otras tareas similares.

En estos tiempos de los abigeos, como resultado se tenía que jamás era recuperado el ganado tampoco castigados los abigeos, las denuncias policiales que se formulaban quedaban en el más y simple conocimiento del Comandante de Puesto de la Guardia Civil de Tauca, de Llapo y de Corongo, de aquel entonces, nunca se llegaba ni siquiera a investigar, todo se quedaba en el más completo y triste olvido del pasado.


 

 

 

La prima hermana menor llamada Clemencia, amparándose en los regazos de la oscuridad de la noche logró salir de la choza y emprender  huida hacia el caserío La Banda, en donde quedaba el lugar de “Chuquique”, temerosa de ser violada y vejada por los forasteros que abordaron la rústica choza, en esta puna desolada y oscura. Pero también, se le pasó por la mente la inquietud de preguntarse que estos forasteros podrían robarse el ganado, y precaviendo que estos desconocidos también podrían ser los ladrones del ganado anterior; entonces, sin más ni menos a pesar de su edad y venciendo el miedo de las tinieblas de la noche, tomó el áspero camino que tantas veces ya había recorrido durante el día en otras oportunidades acompañado de sus tíos que venían a “hechar menos” o a visitarlas o controlarlas, cuando les faltaba la “millcapa” (sus provisiones alimenticias) para alimentarse durante la semana, tenía que ir al pueblo para abastecerse, le daban una “Sacracha” (mate grande de madera) llena de maíz para cancha, un “celemín” (envase de metal para intercambiar productos) de trigo y cebada tostada, un barde de papas y otro de ocas para sancocharlos, un puñado de sal para su sopa, otro de azúcar para su mazamorra durante la semana. Luego regresaba con sus provisiones para la semana. En ésta vez le tocaba hacerlo pero sola y obligada por las circunstancias. Clemencia a pie descalza, desprovista de su “rebocito” (tela de bayeta para abrigarse) y su “lliclla” (manta para cargar en la espalda) en un estado llorosa y asustada, los nervios se le estremecía totalmente el cuerpo, que se inundaba de un frío sudor, sus pies sentían el dolor del accidentado suelo, pero su temor y la inclemencia del tiempo no eran motivo para detenerse, casi sin razón apenas se orientaba dentro de las oscuras pampas y lomadas, con esfuerzos sus jóvenes pupilas escasamente vislumbraba el sinuoso improvisado camino, por donde penosamente trataba de descender a veces a saltos y caídas dolorosas sobre las piedras de la noche, sin importarle ni precaver el peligro en que corría su propia vida, al sobrepasar por esas cuestas y bajadas de grandes y deslizantes pendientes, atravesaba las oscurecidas quebradas, solamente atinaba su frágil cuerpecito arribar al seno de sus familiares, con la única esperanza de llegar lo más antes posible con la noticia al poblado de “Chuquique”, en donde habitaban sus parientes y trasmitirles a los propietarios del ganado, lo que venía ocurriendo en la choza de la jalca con la inesperada visita de hombres desconocidos y el peligro en que se encontraba su prima mayor llamada Catalina.

Al fin y al cabo llegó la pastora menor Clemencia al caserío La Banda en donde se ubicaba el poblado de “Chuquique”, no advirtió la hora de su llegada ni en cuanto tiempo había caminado la oscura distancia, solo para Clemencia le representaba la dolorosa experiencia de haber caminado a pie una gran distancia en varias horas de cansancio, sentía que los músculos se le había endurecido por efectos del frío, la desesperación le había helado la sangre dentro de sus venas, sus endurecidos y fríos deditos de sus manitas no contaba con la circulación normal, la frialdad de sus mejillas y los resecos labios les impedía articular palabra alguna, inclusive el cansancio y el viento le obstaculizaba la normal respiración, se trababa sus expresiones en si misma y se enmudecía sus narraciones, pero con dificultad comunicó el objetivo de su presencia.

En primer lugar le comunicó de lo sucedido en la choza a su padre Alerino Charengo (Gobernador del caserío de La Banda), éste después de escuchar lo narrado, pronto salió de su casa para comunicar a los demás familiares vecino del pueblo, y propietarios del ganado entre ellos a  Bartino Delawanda, Lucerino Delawanda y Valerino Delawanda, era el menor de los hermanos se quedó dormido en casa; los tres fueron avisar y a solicitar apoyo de las autoridades del caserío como al tío Elodio Delviento (Teniente Gobernador),  luego al otro tío Demelino Lopadio (Agente Municipal del caserío de La Banda), los dos últimos eran cuñados de los hermanos Delawanda; en total eran cinco personas que formaban la improvisada comisión de ronda en esos instantes.

 

 

La improvisada comisión de ronda, inmediatamente se armó de palos especie de bastones de “chillgán” (madera fuerte con nudos resistentes e imposible de romperse), machetes, sogas, y riendas de cueros. Todos se pusieron sus sombreros de junco, sus ponchos color nogal claro y otros oscuros con líneas paralelas blanquizcas y alforja de colores rojo con patito y azulino en forma de rosas, en sus ángulos colgaban unos pomponcitos de hilos de colores semejante a una campanita, en ellos cargaban algunas provisiones de alimentos, su elaborada talega a colores llena de coca, su calabazo pintado de dibujos coquitos, con cal y puntero de alambre, tallado en su extremo una cabeza de un león o el cuerpo de un gallo, algunos eran recuerdos de sus antepasados, además llevaban puestos pantalones de bayeta “cordoncillado” (tejido en telar de lana de oveja con trazos en doble cuadritos o líneas quebradas de hilos blanco con azul) y con pesados “llanques” (especie de hojotas con correas) De llantas en cocadas que dejaban impregnadas en el suelo al dar cada paso al andar, asegurados con buenas correas de cuero de vaca muy resistentes a las caminatas, protegían a sus pies gruesos, callosos y cuarteados o agrietados sus talones y uñas por la tierra del campo, ya que eran agricultores de nacimiento, al cuello envolvían una gruesa chalina de lana de carnero, llevaban en sus extremos triples líneas verdes o azulinos para abrigarse del frío. También se sumaba al grupo la pastora Clemencia, y el menor Florentino de doce años de edad; sin pérdida de tiempo inmediatamente salieron del lugar de “Chuquique” con destino a la choza, como los más fuertes y eficientes “ronderos” (personas que vigilan el campo a falta de guardias civiles), para hacerles frente a los intrusos forasteros. Por ser un poco distante del lugar y haber demorado en el camino, los “ronderos” comisionados llegaron a la choza ya casi al amanecer, cuando ya se percibía débilmente a la distancia los cantos de los gallos que poco a poco se perdían en la lejanía del caserío de “Chuquique”, mientras que por otro lado daban la bienvenida a la espléndida claridad, que dejaba apreciar a los moldeados cerros, a las extensas pampas de la puna, ya se abría el mundo andino como una engrandecida rosa dejándose vislumbrar su incomparable belleza en la extendida lejanía.

La Choza se encontraba deshabitada y su interior en completo desorden, el ganado vacuno había abandonado su pesebre y se encontraban dispersos en forma desorientada a su suerte. La pastora Catalina, que se había quedado en la choza había evadido de los alcances de los desconocidos forasteros y se escondió entre los pajonales de la loma aledaña, presa del miedo con los nervios de punta casi por destrozarse y enmudecida de frío miraba entre la claridad hacia la desolada choza, mientras por la quebradita las aguas se escurrían por entre las piedras grandes semi cóncavas, al contacto cristalino de las heladas ramas de los riachuelos, su cuerpo maltratado con los ojos hundidos sin haber dormido todo la noche, solo atinaba a informarles a sus tíos y al Teniente Gobernador, que los desconocidos forasteros habían comido y bebido en el interior de la choza, después de escoger o seleccionar quince cabezas de ganado vacuno, los mejores torillos, vistos de mejor y más corpulentos de carnes. Luego emprendieron la ruta de la pampa más extensa, para divisar tras de las lomas de la puna lejana.

 

 

Los dos hombres abigeos ya habían tomado como camino las pampas de las punas heladas que dan hacía el lado de la Provincia de Corongo, esto fue todo lo que pudo ver desde su escondite la pastora Catalina, ubicado en una loma que quedaba a poca distancia de la choza y que también había huido por temor que estos desconocidos dieran rienda suelta a sus bajos instintos, aprovechando de la soledad y oscuridad de la noche.

La claridad del nuevo amanecer indetenible se abría lentamente hacía el fondo de las cumbres de la lejanía, ya se observaba el macizo blancor de hielo de la cordillera de los Andes,  las pampas de la puna recibían muy de cerca las auroras del alba, que en forma de abanico invertido caía con fuerza sobre el tiempo, que pasaba pincelando de azul naranja el recóndito oriente y hacía el otro extremo palmario y visible se refractaba en los cristales naturales de la cordillera blanca, en donde los intrincados macizos se derretían en los arroyos, mientras las desconocidas lagunas estancadas en laberínticas profundidades se destrozaban el fiel espejo de sus aguas heladas, que por bajas temperaturas se habían clandestinamente congeladas; pero el aire frío y desecador de nuestras pupilas y mejillas ocultas con los ponchos o rebozos o las chalinas, ya se iban poco a poco entibiando, como una mano abrigada que acaricia tiernamente toda la extensa puna de un nuevo día llegada a la sierra andina.

Las autoridades, una vez que tomaron conocimiento del informe verbal dado  por la pastora Catalina, sin pérdida de tiempo y dirigido por el Teniente Gobernador del caserío de La Banda, Elodio Delviento, quien había sido militar licenciado del Ejercito, secundado por el Agente Municipal, Demelino Lopadio, tío de las pastoras, yerno de Futocino Delawanda, Alerino Charengo, yerno de Futocino Delawanda, Bartino Delawanda, y Lucerino Delawanda, las cinco personas se echaron andar en busca de los abigeos, para darles el alcance y tratar de recuperar el ganado vacuno robado a la familia Delawanda.

El Teniente Gobernador, del caserío La Banda, era decidido, resuelto, valiente, “enrasado” (fuerte y decidido a todo), había sido militar Licenciado del Ejército, conocía perfectamente las estrategias militares, como se captura al enemigo y además con las armas blancas que portaban cada uno del mayor numero de sus acompañantes, se sentía seguro de su propósito. El adelante guiaba a los demás que agitados masticaban sus bolos de coca, mientras de sus frentes caían gruesas gotas de transpiración que se perdían en el silencio de sus ideas con la esperanza de recuperar sus vacunos sustraídos. Todos los acompañantes olvidando el cansancio seguían uno tras otro a pie firme y uniforme, la agitación inquietante era constante y permanente, parecía que la respiración les era insuficiente y que el camino se cerraba en la lejanía del desconsuelo, los resoplidos del viento les golpeaban los agudizados oídos. Daba la impresión de que las caminadas pampas unas tras otras se acortaban sus distancias, como los cerros tras cerros y las lomadas más lomadas, se acercaban más a la imaginación de darles el alcance a los abigeos y rescatar a su ganado, sin percibir el cansancio, sin advertir el hambre ni la sed, sin sentir frío, todos iban por el mismo camino, con el mismo propósito que había decidido y trazado el Teniente Gobernador, cuando fue enterado del robo de los vacunos sobre las alturas del caserío La Banda, de la Jurisdicción del distrito de Tauca, en donde previamente todos se habían "armado" de hoja de coca, masticado con cal de la buena calidad, como siempre se acostumbra entre los habitantes del lugar al iniciar alguna tarea en el campo. Como en el presente caso al comenzar la persecución de los abigeos, todos eran hombres de trabajo del campo, eran emprendedores del cultivo de la tierra, mantenían su familia con el esfuerzo de su trabajo, por eso que estas “catipadas” que son los momentos precisos en que se sientan en algún lugar y comienzan a masticar las hojas de coca, saboreándolos con el “puntero” revestido de cal en la boca, haciendo la forma de un bolo alimenticio, que según ellos les da mayor valor y resistencia corporal a las posibles inclemencias de las alturas y que también les predice el acierto de sus acciones, para ese entonces, sus “catipadas” no les salía tan bien, porque en las hojas de coca interpretaban y leían “Qué no les iba ir bien”. “Tendrían que enfrentarse con algún problema o altercado del momento”, pero a pesar de todo estas predicciones, perseguían a los abigeos y trataban de dar el alcance para recuperar el ganado robado.

Después de varias horas de caminata sobre un hermoso panorama andino, el sol ya comenzaba ascender con mayor fuerza el día, sus efectos principiaba a pesar como plomo sobre los hombros de los perseguidores o captores, el cielo andino empezaba a vetearse de abiertas nubecillas en una cargada mañana, parecía arrancarse el firmamento como unos trozos de cáscara azul amarilla de huevo, para aprisionarse en los principios ascendentes de las cumbres nevadas aledañas. La visión soñolienta de los ojos de los perseguidores reducía las distancias; las quebradas y pampas de la puna se abrían de verde pardo de montañas y los deseos se acercaban a la esperanza. La respiración de las autoridades perseguidoras se hacía más grande de valor, mientras que los polvorientos caminos se hacían cada vez más cortos a cada latido del corazón. Cuando al entrar en la hoyada y luego cansados abordaron la curvada cuesta de repente vieron que a poca distancia se desplazaban los dos abigeos tras de los vacunos robados. Entonces inmediatamente sin pensarlo más, el Teniente Alcalde enérgicamente ordenó a su improvisada comisión que se desplazarán en abanico por los alrededores sin dejarse ver y les dieran alcance sorpresivamente. Las órdenes eran tajantes no deben dejarlos huir a los abigeos, deben ser capturados y recuperar el ganado vacuno a como de lugar. Todos se desplazaron conforme a lo orenado y en cuanto iniciaban una de las desembocaduras de un riachuelo hacía la pampa de pajonales, las quince unidades de vacunos caminaban en grupo, seguidos de los dos abigeos que ya, habían alcanzado éste paraje que pertenecía a la Provincia de Corongo, los cinco perseguidores dueños de los vacunos le dieron el alto a los dos abigeos, que al verse rodeado por sus captores, no les quedo otra alternativa que entregarse, sin poner resistencia a este mayor número de hombres se dejaron capturar tranquilamente. Sólo pretendían vanamente justificarse, con la tantas veces repetible frase.... “que habían comprado el ganado”; sin embargo, terminaron por confesar y aceptar su delito, dejándose conducir detenido y amarrados de las manos a la cintura y al cuello, por el Teniente Gobernador y sus acompañantes, no fue necesario emplear ningunas de las armas blancas que portaban los captores.


 

 

 

El Teniente Gobernador y sus acompañantes habían logrado su objetivo, capturando pacíficamente a los dos abigeos y recuperando el ganado robado, en su condición de autoridad le correspondía poner a disposición de la Comandancia de Puesto de la Guardia Civil del distrito de Tauca, para que previa a las declaraciones de los detenidos y testigos se formulara el Atestado Policial pertinente, y luego ser puesto a disposición del Juez de Primera Instancia de la Provincia de Pallasca, con sede en la ciudad de Cabana, para ser procesado penalmente por el delito Contra el Patrimonio – Abigeato – por sustracción de ganado ajeno en el Poder Judicial.

El sol cada vez más se situaba arriba más arriba tratando de ascender el medio mundo, los rayos caían con mayor fuerza siendo perpendicular su pesadez, de pronto la forma campanaria del día parecía tenerse caída más cerca a la puna, a los cerros, a las pampas frías solitarias, se sentía más inmediato su metálico calor campanal, aparentaba todo el inmenso panorama andino que se había supuestamente relajado en su contextura natural. Ya se había caminado gran trecho de esa entibiada puna, con un hermético silencio de miradas plasmadas en aguda desconfianza. Todos tenían la apariencia pintada de sedientos, ya poco a poco comenzaban a sentir el hambre de la vida, tenían necesidad de tratar en mitigar su cansancio mental y corporal, haber caminado tantas leguas con un par de pesados “llanques” y que las correas de cuero tosco sangraban sus empolvados pies, al paso que daban en tierra se hacia sentir los efectos descendidos del dolor. Los vacunos eran tan obedientes que inmediatamente seguían la dirección que se les indicaba, como si se le hubiera previamente adiestrado. Además que en las punas, en ciertas partes del camino no se encuentran bien determinados, siempre son un poco difusos por falta de caminantes, por esta razón, en muchos tramos se pretendían cortar distancias, reducir lejanías, las intenciones de los captores eran llegar pronto de vuelta, hacia el lugar en donde se ubicaba la choza y los pesebres, para unir a los vacunos a su manada, del cual fueron indebidamente extraídos por mano ajena, luego proceder a un nuevo conteo, para establecer el número de cabezas de vacunos, por si fuera el caso, que faltara alguno, inmediatamente poder disponer su recuperación.

Pero, resulta que en el trayecto de la conducción de los abigeos detenidos, se presenta un imprevisto, faltando poca distancia para llegar cerca a la choza, él más alto de los detenidos, el tercer hermano de la familia de los Oré, llamado Donato Oré, abigeo por descendencia de familia que residía en el pueblo de Conchucos  (existe el dicho que “Todo Conchucano viene con su lazo bajo el brazo” o también “Conchucano tira lazo” o ésta frase más corta “Conchucano carne gorda”), aprovechando el descuido, más el desdibujado aspecto trasnochado de las caras cansadas que demostraban sus captores, además que poco a poco se había ganando la confianza del grupo o de la “Comisión de ronda”, sobre todo éste abigeo Donato Oré, quién era el más alto, el más fornido, el más hábil sujeto, él ya era un experimentado en fugas, un experto en estas clases de evasiones y aún más tenía la facilidad de expresión y un buen manejo de convencimiento; de otro lado, contaba con mayor resistencia físico corporal para realizar largas caminatas por diferentes punas andinas. Al menor descuido del grupo que lo conducía, éste logró desatarse las manos de la soga que le unía a la cintura y al cuello que le habían asegurado sus captores, al verse libre buscó el lugar propicio para darse a la fuga y luego partió a correr por un agreste terreno de difícil acceso para darle el alcance.

Entonces, ante esta imprevista situación de fuga inmediatamente el Teniente Gobernador ordenó distribuirse entre los captores, para darles alcance con el ánimo de acorralarlo y tratar nuevamente de capturarlo, todos corrieron tras del fugitivo abigeo para darles el alcance y nuevamente capturarlo.

Alerino Charengo que tenía un defecto físico de cojear con la pierna derecha no podía correr, se quedó a la expectativa tras de un montículo o peñasco por donde pasaba un angosto e improvisado caminito, alerto y preparado como para no dejar pasar al evadido por el lugar, en caso de que remotamente se pudiera presentar. Mientras los demás del grupo cuidadosamente lo buscaban por todos los rincones.

Después de varios minutos que el grupo o la Comisión cautelosamente lo buscaban por todos los rincones del lugar, tanto por las cuevas y hondonadas, como por tras de las piedras y de los montículos no fue posible localizarlo, ya todos se habían desorientado, inclusive algunos ya habían abandonado la sorpresiva búsqueda, porque le daban por perdido entre las hondonadas de las lomas, todos de lejos se daban las voces indicándoles que deben de regresar al lugar, en donde les esperaba el otro abigeo primo del primero de menor estatura llamado Crisanto Lara, en poder de sus captores.

Cuando de repente agudizando el oído y la vista el “cojo” Alerino Charengo, se puso alerto en puntillas en el lugar que se había quedado por su cojera que adolecía, advirtiendo sigilosamente que en esos instantes se encontraba el fugitivo escondido tras del peñasco, para burlar a sus captores y luego seguir con su desesperada huida; entonces, sin pronunciar palabra alguna Alerino Charengo, apenas se estiró con la pierna coja sobre el peñasco, con su bastón de madera en alto, cerrando los ojos y con todas sus fuerzas que pudo acumular en el duro bastón, desencajó un fuerte golpe sobre la cabeza del fugitivo, que súbitamente lo privó dejándole inconsciente, para luego derribarse desplomándose sobre el suelo. De inmediato en voz alta, casi gritando llamó a sus acompañantes, para que vinieran a detenerlo al fugitivo, antes que se recupere y se escape, porque tenia una corrida de atleta y “como si nada” saltaba los altibajos del lugar accidentado les ganaba a todos en conjunto, como ya lo había hecho y demostrado a sus captores, con habilidad se evadió hasta que los perdieron de vista entre los montículos; sin embargo, ante la llamada desesperada todos acudieron y en cuando llegaron listos con las sogas de “cabuya” para atarlos nuevamente con mayor seguridad, se dieron cuenta que el abigeo en huida no reaccionaba; entonces, le tocaban el corazón pero no sentían ningún latido ni respondía al llamado, trataron de revivirlo echándole aire con sus sombreros, le presionaban por varias veces el pecho con el fin de que respirara el aire, le estiraban las piernas, los brazos, las manos y los dedos, pero nada de nada, todos los esfuerzos de auxilios desplegados por sus captores eran en vano e inútiles, el peligroso abigeo Donato Oré, con la cabeza ensangrentada había dejado de existir, el fugitivo definitivamente se había muerto.

El bastón que usaba el “cojo” Alerino Charengo, por su defecto físico era de "chachacoma", de un tallo antiguo de madera fuerte llevaba una serie de nudos sucesivos regularmente distribuidos en toda su extensión, los tallos de esta planta son utilizadas por los pobladores para hacer o fabricar “guishllas” (cucharones grandes para aderezar), cucharones de madera, “cucharas de palo”, son muy duras y resistentes al fuego y al tiempo no se apolillan, generalmente se adecuan para el uso de un lujoso buen bastón, por su gran resistencia, su contextura se asemeja a un hueso y cuanto más reseco y antiguo sea, más duro y brilloso se pone la incomparable madera nudoso.

En vista de lo ocurrido todos se sorprendieron y asustados se miraban entre ellos sin saber que hacer en esos momentos. El cansancio se esfumó, se llenaron de tristeza, se helaron la sangre en sus venas y se endurecieron los ánimos de los tres hermanos Delawanda, mas de los dos cuñados restantes: el Teniente Gobernador y el Agente Municipal. Las cinco personas entrecruzaban sus desesperadas miradas y no encontraban la solución en su enrarecido y nublado pensamiento, el tiempo para ellos no era ni vertical ni horizontal pero pasaba sin detenerse y la preocupación se agrandaba de tal forma como un grandícimo cielo oscuro ahondado de un peso insostenible en su mundo.

Todos miraban a los alrededores de su plano circundante, hasta perderse la línea en los lejanos horizontes en busca de una solución; pero no encontraban una respuesta, les parecían que las punas se trazaban paralelas y hasta los cerros se habían enmudecido de tristeza, para todos ellos el aire había dejado de soplar en perpendicular, el silencio inclinado hacia abajo se había entremetido entre los cauces de sus corazones, el sol de oro macizo en fuego se tornaba en cobre que comenzaba bruscamente a ladearse se quedó en horizontal sostenido hacia un lado, entre sus cálidos perpendiculares rayos se cubrían extendídas en largas sombras incomprensibles, todos, todos parecían que caminaban en el aíre como unos monigotes grotescos, sobre colchones de lana de ovejas infladas en redondo sin conseguir su equilibrio ni menos su orientación.

Para estos inocentes hombres de casuales circunstancias, de causa no imputable, por haberse producido un evento imprevisible e irresistible a lo sucedido como un caso fortuito, que no fue deliberadamente con la intención de causarle la muerte, el tiempo se les había detenido como un débil latido de corazón, el mundo andino giraba entristecido con miras de venirse totalmente quebradizo por el suelo, todos sin querer se habían convertido en posibles homicidas, con la idea de la muerte del abigeo se habían tragado por entero sus propias palabras de su vida, nadie entendía lo que había sucedido ni menos se imaginaban de lo que estaban viendo, les parecía un sueño que no habían querido causar, tampoco que ningunos de los participantes, jamás lo hubieran deseado atentar contra la vida de su prójimo. Sólo sentían en particular cada uno de la “comisión” un sudor friolento que les escurría por todo el cuerpo. Los rudos y callosos corazones de buena fe de hombres de campo, a ratos parecían sentir palpitar lejos...lejos, muy lejos... Mientras que tan de prisa se pasaban de uno en uno los pensamientos, con la frecuencia de una película borrosa no entendible y aún más, a cada rato les venía al recuerdo las ensordecidas y agudas palabras de sus esposas, de sus hijos, que resonando como corrientes de agua en los interiores las cumbres, a veces más hirientes todavía al oído eran semejante al golpe del viejo campanario del caserío o al pesado cortante estruendo de los hachazos sobre la madera que sentían dolorosamente en sus hombros; en fin en ese entonces, a todos les parecía que el mundo se les acababa de rato en rato para toda su vida.

Mientras tanto, el otro abigeo capturado, llamado Crisanto Lara, con voz joven de aparente inocencia, les pedía llorando de rodillas que le soltara las ataduras y le dejen huir o que le lleve detenido para ser entregado a cualquiera de las autoridades, llorando desesperadamente por varias veces reiteraba su pedido "Yo soy inocente, yo no conozco este lugar, por primera vez he venido por aquí, mi primo Donato Oré, me ha traído con engaños, el me dijo que le acompañara a comprar ganado y no ha robar, él me dijo que había pagado el precio de los quince bueyes, por favor déjenme libre o lléveme detenido, no me hagan daño, no les voy a comprometer en nada, les prometo, haré como si nada a pasado, no diré nada”. El joven Crisanto Lara, se arrodilló en el suelo y haciendo el esfuerzo de entrecruzar sus dedos sobre sus resecos labios les dijo a todos que con pena les miraban, “les ¡juro! Por mi madre, por todos los santo o cruces que más quieran, no les acusaré de nada, me iré de aquí y no volveré jamás”,... seguía llorando sentado sobre una fría piedra desde donde les recalcaba diciendo a todos que se encontraban preocupados “no se preocupen, yo, no diré nada ... nada.... para mí que no se nada, no he visto nada....por favor no me hagan daño, soy inocente les ¡juro!, Les ¡juro! Por Dios ...”.

 En esos desolados parajes, cada palabra que se oía decir al joven capturado Crisanto Lara, eran como un fuerte doloroso hincón de espinas silvestres, que introducían por encima de cada corazón estos buenos campesinos que se encontraban como sus captores, el dolor lastimero de sus palabras caían humedecidas de gruesas lágrimas, que parecían en esos apurados instantes, como débiles macollos sin contenido alguno, sus ruegos eran como de un niño arrepentido que amarrados de manos miraba hacia el cielo, luego al suelo y a cada uno de las personas que les rodeaban, en la expresión de su rostro se leía un subjetivo mensaje, como diciendo tristemente,.... “compadécete de mí, no me pretendas cobrar de los bueyes que ya te hemos devuelto, sin faltar ningunos de tus ganados, tal como los robamos, tal cual se ha devuelto”.

En cuanto ya se desasían de tristeza como el hielo de las cumbres el sentimiento de sus captores, así como también, poco faltaba que se abrieran de par en par las honduras de los piadosos folios del perdón, por haberles convencido la sensibilidad y disposición de sus cinco captores que les custodiaba, que no eran tan indiferentes ni menos insensibles del vencido o del caído o de su prójimo en desgracia, como los guardias civiles del pueblo. Es decir, no eran más que unos modestos ciudadanos agricultores y trabajadores de la tierra que los vio venir, por el camino más corto del nacimiento, para subsistir con las inclemencias y el esfuerzo de su trabajo del campo, mantener a su familia y darles el pan cotidiano, con el sudor de su frente y con la dura resistencia de las asperezas del tiempo, en aquel humano arrastre social de la vida serrana.

De repente, regresaron de todos los horizontes al mismo punto de la idea localizada y mirándose en grupo, se dejó escuchar Elodio Delviento como Teniente Gobernador, con una voz temblorosa y entrecortada que por su fuerza de expresión hizo disciplinar las masticadas murmuraciones de dolencia y compasión que ya tenía los integrantes de la Comisión hacia el sollozo joven abigeo. Esta vigorosa llamada de poder de autoridad del caserío, por su tono de voz robusteció la energía vital momentánea dando consistencia y valor les dijo...

 

 

Éste es un caso muy grave y muy serio, es necesario conversarlos en otro lugar...

 

Yo como Teniente Gobernador, debo dar una solución...

 

Pero, .... pero antes, aseguremos al segundo abigeo que nos queda en custodia, y además, no debe escuchar lo que nosotros vamos ha conversar en secreto, tampoco debe saber la decisión que vamos ha tomar...

 

Todos se miraron y se quedaron en silencio, sin pronunciar ni responder palabra alguna, una vez alertados, bajaron las vistas hacia el suelo y les siguieron hasta el lugar que con la mano derecha les iba señalando el Teniente Gobernador.

Pero antes, el Teniente Gobernador trató de asegurar al joven abigeo Crisanto Lara, que se encontraba detenido amarrándole de las manos hacia la espalda, con varias vuelta en la cintura del cuerpo del apresado, con una soga de cabuya de penca, para mayor seguridad y para que no se vaya a desatar como lo hizo antes su primo y pretenda darse a la fuga, sin antes de no ser conducido y puesto en conocimiento de las autoridades del pueblo de Tauca, reflexionando sus mentalidades y saliendo de su inesperado asombro, volvieron todos mentalmente sin saber de qué lugar a posesionarse nuevamente de la realidad y a pisar la misma tierra de este mundo.

Como el “cojo” Alerino Charengo se encontraba cansado y muy apenado por lo que había sucedido en forma casual y por su defecto físico, no tenía la agilidad suficiente para caminar, como los hacia los demás del grupo. El Teniente Gobernador le ordenó que no se moviera del sitio en donde se encontraba sentado y tratara de descansar, para luego continuar con la caminata. Solamente le ordenó que quedara al cuidado del segundo joven abigeo, para que no se vaya a escapar el detenido o intentar algún forcejeo mientras que se encontrara a su cuidado, le hizo pararse de pie firme al abigeo llamado Crisanto Lara, junto al peñasco de poca altura, para mayor seguridad y no sea el caso, que le vaya a convencer con su lloriqueo o con su mirada lastimera el capturado; entonces, pasaron la soga por encima del peñasco y le dijeron al “cojo” Alerino Charengo, que sujetara el extremo de la soga y no le aflojara ni menos pretenda soltarla, mientras que la Comisión en conjunto tomaran alguna decisión.

Así fue, el “cojo” Alerino Charengo tenía sujetada la “soga de cabuya” en varias vueltas en sus callosas manos y hasta en sus toscas muñecas bien asegurado; pero, cada vez que sentía que la "soga" cedía o se aflojaba o se movía, el “cojo” Alerino lo apretaba o le constreñía contra el peñasco, un poquito,... otro poquito,... otro poquito más y así él “cojo” Alerino se imaginaba que el detenido se encontraba perfectamente asegurado, como para no poder escaparse ni menos pretender empujarle o derribarlo por el suelo, considerando su estado físico de su cojera, tratar de burlarse huyendo o fugando de sus captores; pero resulta que el joven abigeo aprovechando de la poca vigilancia, por encontrarse tras del peñasco, muy hábilmente iba poco a poco sacándose las vueltas de la soga de la cintura, con el propósito de escaparse, pero las vueltas de la soga se anudaban en el cuello y como el “cojo” Alerino inconscientemente cada vez que sentía ceder las ataduras la halaba o la jalaba la soga, él “cojo” seguía envolviendo el extremo cedido en sus muñecas, con el ánimo de que el detenido no tenga posibilidad de escaparse, mientras que los integrantes de la Comisión se encontraban sentados en el suelo en forma de ruedo acordando su liberación que reiteradamente solicitaban.    

Las cinco personas, dirigidas por Elodio Delviento como Teniente Gobernador del caserío, se encontraban sentados en ruedo sobre la hierba a poca distancia detrás del peñasco de piedra, siempre con la mirada alerta y con la atención única en los movimientos sospechosos del detenido, para acudir en cualquier acto de emergencia que pudiera presentarse o sea solicitado por el “cojo” Alerino, que también se encontraba “chacchando” la hoja de coca en posición de descanso, con su muy usado y antiguo “calabozo” laboreado sostenido en la mano izquierda y el “puntero” en la mano derecha. Todos se encontraban atentos a cualquier incidente que se presentara, para que pronto acudieran a su ayuda y auxilio, para no dejar que el abigeo se escapara, antes de acordar su liberación con las condiciones y promesas de juramento que deberá cumplir en el futuro.

Mientras tanto los vacunos recuperados en número de quince cabezas, en su mayoría pintadas de blanco y negro, de “buena raza”, de brillante piel, suavizado por las caricias constante de los vientos y el clima frío permanente del tiempo que derrama su apacible lluvia lavando el algodón blanquecino extendido sobre las punas, como si el cielo se hubiera abierto de aurora en pos de una claridad mañanera específica de encanto, sobre los inocentes animales que sin detener los rudos pasos de sus cascos, seguían retornando por el mismo lugar, que no hacia mucho tiempo que había sido a la fuerza llevado por los abigeos con dirección hacia el planeado e ideado matadero de la costa.

Sus cascos nacarados, límpidos veteados y “acantarinados” de lucidez, presionaban con el peso de su cuerpo las alfombras de “champas”, y las hierbas verdes de puna, sorteando las plantas de los pajonales que silban de vez en cuando en el silencio de la friolenta lejanía. Su cuerpo de un buen engorde, tiembla sus carnes de un rico y sabroso lomo fino, que por suerte se había librado y evitado llegar al camal de Chimbote. Casi todos eran torillos de “buen engorde” y de un buen peso comercial, el conjunto de las hermosas terneras, que también de una sola mirada el más lego en la materia podía de hecho afirmar que el ganado se trataba de una “buena raza”, de una buena cría de ganado, que se habían aclimatado en las alturas de la hermosura felicidad de la sierra.

Los cuernos que llevaban no eran tan grandes como los antiguos toros ni tan arqueados como el de sus engendradores, todo era mestizado ya era de nuevo cruce, sus pescuezos eran fuertes y arrugados, demostraban su fuerza al jale del arado, a la tracción primitiva de la yunta, con parada sólida y fuerte, levantada para mirar a la sorpresiva cruzada de un gavilán o el paso de un cóndor de las alturas, sus ojos eran grandes trozos de cielo que almacenaban por completo las aguas de las lagunas, como espejos azules lavados por las lluvias, sus frentes blancos "mishados" (de dos colores) de negro o de bayos, representaban su invencible empuje de buscar cuanto antes a sus compañeros dejados a la fuerza, en fila estos dóciles animales seguía un mismo camino tomados al azar, con el único afán de encontrar la orientada dirección de regreso a su siempre entrañables pesebres de sus propietarios.

Estos animales vacunos en las punas, seguían por su instinto de unidad, de unión con sus compañeros, nunca se alejaban de su grupo fácilmente, son inteligentes reconocen a su pastor, su voz, su silbido, su canto, su llamado, por más alejados que se encuentren regresan siempre por la tarde a sus pesebres; aún el tiempo les sea contradictorio, con lluvia o con neblina, siempre ellos tratan de trasladarse en grupo sobre esas extensas pampas de las punas, los únicos animales que impacientan su ininterrumpible vida de jalca, son los zorros y los cóndores que siempre están listos a comerse a sus crías que recién paren; aunque es muy difícil que se les sorprenda fácilmente; estos animales no abandonan, ni descuidan a sus becerritos, son capaces de cornearlos, de bramar, de correr arrastrando a su becerro o sus becerritos en algunas veces, por librarlos de cualquier intruso rapaz; sin embargo, cuando ven a su dueño, a su pastor, dejan que se les acerque y que les pueda extraer su leche después de haberlos dado primero que los amamante a su becerrito; en caso de ser un extraño los patea y a cornazos los trata de alejar.   

Por el lugar en donde se pastean este ganado siempre dejan su estiércol en grandes proporciones y estos con los rayos del sol, tan cercas del cielo se secan y se convierten en “muñiegas”, que los pastores los recogen o recolectan en grandes “costales” o costalillos y en mantas las reservan para la época de invierno, en donde son usados como combustión, para cocinar sus alimentos, ya que en esa época, todos los lugares permanece húmedos y mojados los resecos tallos, las plantas verdes y no hay leña para cocinar, el resto que se quedan esparcidos en las punas, se convierten en abonos y en ellos nacen los “hongos” de diferentes tipos que no son comestibles. Las punas o jalcas son abonadas tan solo con los restos de los pajonales, hojas de plantas pequeñas de poca altura y el estiércol de los animales, las pampas son grandes extensiones fértiles y vírgenes nadie los cultiva ni los cultivaron jamás, seguramente ni nuestros antepasados.

Los vacunos recuperados se desplazaban como si alguien las guiara o les llevaran con dirección a la “majada” o al “pesebre” en donde se encontraban sus compañeros bramando, extrañando su ausencia, así los reciben moviendo sus colas, retorciéndose sus cuellos, abriendo sus ojos llenos de mar y rebasándose en ciertas gotas de gruesas lágrimas, sin perder la dirección de su venida, parecen clavarse sus vistas al suelo y abrirles el paso para que pronto lleguen a encontrarse. ¡Oh! ¡Qué instinto sentimental tan puro y tierno tienen los animales andinos! Mientras que los otros animales recuperados trataban ya de acercarse a la choza, en donde se encontraban sus pastoras preocupadas y apenadas por la desaparición de sus mejores vacunos. Aunque parezca mentira, aún no creíble, pero los pastores, hombre o mujer, se llegan a identificarse de tal manera con sus animales, que a lejos los reconocen el eco de su voz, sus pasos al caminar, sus silbidos, entienden sus órdenes, cuando les dicen: que corra, corren; les dicen que pare, se paran; les dicen que suban la cuesta, suben; les ordenan que bajen y bajan, les ordenan que no maltraten a sus compañeros, no maltratan. Los animales andinos se besan, se abrazan, se miman, se acarician, se dan señas, los animales andinos son muy inteligentes, sólo les falta la facultad de hablar. Es sabido y conocido que los dueños o pastores llegan al extremo a ser muy o tan difícil el vender o matarlos para comer su carne o de cualquier manera no pretenden separarse de sus animalitos, se apenan, lloran, por su animalito que tanto tiempo los han pastado, que inclusive les hace caso como si fueran sus hijos. Parecen que tanto el animal como el hombre se identifican, se familiarizan y se comprenden en sus sentimientos, en sus expresiones, en sus deseos alimenticios, ellos saben cuando tienen hambre o sed, sienten sus ausencias, los pastores mucho quieren a sus crías, los abrigan, los cuidan y ¡Ojo!, Ellos jamás se portan mal, todos obedecen a su pastor, es una identificación natural del hombre con sus animales y con su tierra, en donde cada día cada noche, pasan respondiéndose en trío sus ecos, sus llamados, sus respuestas, todo forman un solo mundo andino, una sola esperanza de supervivencia, una sola vida como la pureza del cielo y como las cristalinas aguas del puquial de los Andes, sencilla como el olor y el perfume a hierba, como el olor a tierra, a sol, a lluvia y a neblina, así es la costumbre, la identidad cultural del hombre andino, la filosofía propia de los viven incrustados en las pinceladas vertientes de los Andes.

 

 

Pues bien, regresando al grupo de los captores, se encontraban sentados sobre el suelo, formando un pequeño ruedo dirigido por el Teniente Gobernador del caserío La Banda, Elodio Delviento (tío de Demelino Lopadio, quien era el Agente Municipal del caserío, a su vez era yerno de Futocino y cuñado de Bartino Delawanda, también de Lucerino Delawanda). Todos se encontraban apenados con la cara larga y muy preocupados por la súbita muerte o por la inesperada muerte de este abigeo, que representaba al tercero de los hermanos llamado Donato Oré.

Elodio Delviento con la mirada baja y con voz reanimada rompió el silencio momentáneo y preguntó de uno en uno a los que le rodeaban:

En primer lugar comenzando por el captor Demelino Lopadio, un poco saliendo de entre las ramas de cansancio dijo con voz acentuada, “que al haber fallecido el abigeo Donato Oré, de un golpe de garrote, debemos de sentar la denuncia ante el Puesto de la Guardia Civil de Tauca, manifestando que como Agente Gobernador, hemos ido a capturar a estos abigeos que se robaron el ganado de la familia Delawanda, y que al capturarse con su cómplice, se ha recuperado el ganado y al ser conducido por nosotros, en el trayecto, valiéndose de su alta estatura, se revelo contra nosotros como autoridades y con gran fuerza nos arrastró a todos nosotros, trató de desatarse de sus ataduras para huir por los cerros de la puna y para no ser traído detenido ante el Puesto de la Guardia Civil de Tauca, ante ésta circunstancia todos los correteábamos para darle el alcance, pero se escabullo de nosotros perdiéndose en el accidentado lugar, de pronto le observó el “cojo” Alerino Charnego, que el abigeo se huía escondiéndose tras de las “huangas” (piedras grandes) de inmediato, de improviso le dio ventaja, que al pasar por tras de un peñasco, se le asentó un golpe de bastón sobre la cabeza del ladrón en huída, cayendo tieso y privado al suelo, al llamado del “cojo” Alerino, hemos acudido de inmediato y que al llegar al lugar tocamos el cuerpo y constatamos que acababa de fallecer; estoy seguro que las autoridades, la Guardia Civil, y todos del pueblo creerán que no hemos sido nosotros causante de su muerte del ladrón; dirán que en la calidad de autoridades hemos obrado bien en respeto de la ley, aun más en defensa propia, porque ha podido agredirlo al “cojo” Alerino; sin embargo, el cojo en forma casual y en defensa propia le asentó un bastonazo, además como es lisiado físicamente no tendría mucha culpa y no sería detenido...él no tuvo la intención de causadle la muerte".

Luego, intervino el mayor de los hermanos Bartino Delawanda diciendo: ”Qué es preferible enterrar el cuerpo en ese lugar y llevar detenido al otro ladrón que se encontraba vivo y entregarlos al Puesto de la Guardia Civil de Tauca, haciéndonos como sí no se hubiera capturado, aún más podemos decir, que se ha escapado y no sabemos en que parte o en que quebrada o por encima de que cerro se ha escondido,  lo hemos perdido, no sabemos en donde se encuentra se ha fugado”.

Enseguida intervino el segundo hermano Lucerino Delawanda, diciendo “que se diera libertad al ladrón más joven, vamos ha desatar la soga y que se vaya, que guarde el secreto, pobrecito esta llorando, vamos a decirles que se vaya lejos de aquí; pero que no vaya a denunciarnos a ninguna autoridad y hagamos todos como si nada pasó. Además hemos recuperado todos los vacunos robados, no tenemos ninguna pérdida, todo esta completo, no falta ningún animal, estoy seguro que va aceptar y se va ir lejos de aquí para nunca regresar..."

Inmediatamente todos con mucha pena, intervinieron en conjunto repitiendo la siguiente frase: "Que todos se encontraba de acuerdo, para darse libertad al ladrón que se encontraba vivo, diciéndole que se vaya y que nunca más regrese a robar el ganado, tampoco nos comprometa, que se haga él (Crisanto Lara) como si nada vio o que nada pasó, así nos quedaremos librados de lo sucedido, además no tenemos nada que reclamar a la autoridad, nuestras vacas y toros ya estarán llegando a su corral y no le ha pasado nada; dejemos en libertad al joven, vamos a soltar la soga que tiene atando al ladrón, esta llorando y esta prometiendo que nada va decir y nada pasará, además que ha ¡jurado!. Hagámoslo pronto estará con hambre y con sed, el día está asentando con más fuerza, sentimos más calor en esta puna fría”.

Después de escuchar atentamente estas inocentes opiniones, intervino Elodio Delviento Teniente Gobernador del Caserío, con su tono de voz de licenciado militar, diciendo  "yo les digo, para no tener problemas posteriores es necesario eliminar a golpes de palos a éste último ladrón. En cuanto se haya liquidado a éste último ladrón, ya no habrá testigo. Los muertos no podrán hablar nada ni tampoco nos comprometerá mañana o pasado. La cuestión es seria, si lo dejamos en libertad como ustedes dicen y quieren, más tarde nos comprometerá. Yo no creo en lágrimas de los ladrones, por que son hipócritas, se venden entre ellos, además ¿Ustedes creen que siendo su primo se va quedar contento que haya muerto? Eso nunca podrá ser, en cuanto se vea libre, luego nos denunciará a las autoridades de su pueblo de Conchucos. Todos nosotros estaremos comprometidos y más tarde nos iremos a la cárcel. ¿Eso ustedes van a permitir?, Yo no, la solución es tajante y cortante, debemos darle muerte a golpes sin compasión alguna (como se hace en el campo de batalla con el enemigo), inmediatamente antes que terminemos compadeciéndonos del enemigo para que éste té mate. Cuando se encuentren los dos ladrones muertos y enterrados en esta puna, se terminará nuestra pesadilla”.

“Pero, ¡Ah! Eso sí, tienen que ser hombres de pantalones, bien valientes, comprometerse entre ustedes mismos de no contar lo sucedido a nadie. Nadie podrá enterrarse de lo que pase en ésta puna. Porque nadie verá con sus ojos lo que pasó. Pero, ¡Eso sí!, Vuelvo a recalcar, los cinco que estamos aquí, no comunicaremos a nadie ¡nada!, Ni a nuestras esposas, seremos una tumba viviente. En caso, que nuestros familiares nos pregunten sobre el asunto, responderemos que los ladrones de las vacas se escaparon, dejando abandonado nuestro ganado y que nos fue difícil poder detenerlos”...  !Me han escuchado! ¡Este es la única solución! .....¡Están de acuerdo! ...”

La respuesta fue un desacertado golpe al sentimiento y un prolongado rotundo silencio, todos con las miradas bajas y ausentes del uso de hablar, se miraban sorprendidos unos a otros, sin encontrar réplica alguna, nadie contestaba la pregunta, todos “shirbabando” o sudando al poco calorcito que se acentuaba en esa puna extensa y silenciosa.

En otras palabras, todos sentían que la sangre se les había detenido en la circulación por sus venas frías, como el hielo o la helada que se escurrían por el sol de la mañana. La puna se recogía en sus lomadas y en sus quebradas, como un manto tierno próximo a una cristalina laguna o a una emoción inmediata de un trueno subjetivo, mientras que en las lejanías, otros pastores también con sus ganados pulsaban versos tristes del infinito, el verdor más se soleaba a la salida de sus quebradas, en tierras sencillas se guardaba sus agrestes orillas, que poco a poco se iban soleando, debajo de una iluminada paciencia, de un cielo desconsolado de los Andes.

Que, duda tan grande se inundaban por dentro de sus cerebros de estos inocentes campesinos, que no sabían incurrir en delitos, solo estaban acostumbrados a los quehaceres del campo y a la crianza de sus ganados, pues ya no cabe más en ésta enorme duda que parece el duro caparazón de la esfera, bajo el azulado tono anublado de melancolía “jalquina” o sea de un ambiente de ventilación friolenta, bajo ciertos rayos tristones que mueren esparcidos en la misma jalca.

¡De repente!, Con una voz tímida y temblorosa del grupo, rompió el prolongado silencio y todos en conjunto musitando a medias lenguas se adherían a este descontento grupal, que en pleno y por mayoría daban por rechazado de todo corazón. Todos en conjunto no permitían de ninguna manera la intención criminal que les inducían el Teniente Gobernador a cometer con su prójimo.

Ante esta negativa contraria, confusa e inentendible, ofuscado se paró Elodio Delviento, en su condición de Teniente Gobernador, acomodándose el poncho que se le caía y el sobrero que el aire las llevaba, más aún para disimular se dio una “yapa” o se abasteció de cal en el “puntero” de su envejecido “calabazo” o en donde almacena cal, para ser entremezclado en el bolo de coca que masticaba aceleradamente. Con voz más baja de lo usual y en forma más cordial que la primera intervención, dijo: “a todos les comprendo y les entiendo sus intenciones..... ¿Ustedes creen en el lloro de ese ladrón que ha robado sus ganados?... ¿Acaso no fue con el ánimo de venderlo y aprovecharse de sus animales que con tanto trabajo ustedes las crían?,... seguramente si no le hubiéramos capturado se estuviera riendo de ustedes. Hoy se arrodilla, les clama, les llora, les suplica... Pero eso lo hace, sólo porque quiere que se le suelte de la soga, que se le desate de sus ataduras; pero cuando ya se vea libre y lejos de aquí...van a ver...,que luego nos va ha denunciar ante las autoridades de su Pueblo de Conchucos o en todo caso en la de Cabana, van ha ver ustedes que luego todos seremos capturados y detenidos como delincuentes en la cárcel de Cabana o tal vez en la de Huaraz. Por eso, les digo, que para evitar estos percances, es mejor eliminarlo y nadie sabrá nada, ya verán ustedes “flojones” (cobardes, débiles y flojos) ... los que les digo, es cierto no les engaño, todo saldrá bien, anímense ya, ya...no les pasará nada...de nada...les prometo”......

Entonces todos, en forma conjunta masticando sus palabras se escucho decir..."pero nosotros no lo hemos matado, ha sido en forma accidental que el “cojo” Alerino lo ha hecho, no ha tenido la intención de matarlo ni menos nosotros, el ladrón que esta vivo, ha visto de cerca como ha sucedido y él es testigo presencial de lo sucedido, estamos seguros que dirá la verdad, la pura verdad, ¡no-mentira!..."

Un poco fastidiado y mirando a todas partes, como si quisiera borrar lo escuchado el Teniente Gobernador Elodio Delviento con voz imperante de mando de poder, les volvía a recalcar diciéndoles, “... pero... pero, ¡Un momento...! ...ustedes no me comprenden, lo que les digo, es para su bien, es para no vernos metidos en el lodo o en problemas más tarde, y después tendríamos que lamentarnos. Yo les digo, mi idea, es preferible eliminarlo a golpes, terminar con su vida, y nada nos pasará porque en esta puna, nadie ha visto ni nadie verá lo que suceda, todo se quedará en el silencio...”

Pero, los hermanos Delawanda, eran inocentes campesinos, trabajadores del campo, eran más humanos, era de buena fe, nunca habían pretendido atentar contra sus semejantes, practicaban la religión católicos en la capilla de su caserío, cuando el “cura” o sacerdote el Padre Ángeles venía desde Tauca, conocían la Santa Biblia solo cuando el sacerdote les mostraba en la Santa Misa, además muy pocos sabían leer, cuando buscaban la Biblia en Tauca nunca las encontraban porque no existían librerías ni bibliotecas y si el párroco les quería vender les costaba muy caro, como el precio de varios carneros, tendrían que ahorrar por lo menos durante tres años para comprarse un libro, la cultura era muy cara.

Como ciudadanos notables ellos participaron directamente con sus demás vecinos en la construcción de la Capilla, además eran fieles devotos de la “Santísima Cruz de La Banda”, lo celebraban en el mes de Mayo de cada año, todos los hermanos cargaban el “anda” o la base en donde se sostiene y se carga la Cruz, camino tras camino hasta llega a su Capilla, siempre acompañados de los cánticos religiosos, que cantaban la gente que acompañaba la “procesión” por los polvorientos y accidentados caminos de su caserío, ellos siempre daban un torillo o una vaca o carneros para el “caldo de cabeza de amanecida” que lo servían en sus “mates” de madera o en sus ollas de barro, con cebolla china y culantro para darles el sabor característico. Además le agregaban un poquito de ají amarillo traído de “Yupán” o de “Bambas” o en todo caso el “rocoto” molido que cultivaban en sus huertos, también le agregaban el “mote” de maíz, papas frescas del lugar o “las chauchas” del mes de Mayo, eran papas de riego, con sabor característico se cosechaban tres veces al año. Este potaje era distribuido para toda la comunidad del lugar, a los que participaban de la fiesta. Al medio día servían a los visitantes y lugareños el sabroso potaje del “matambre” consistente en carne de res cosido en jugoso aderezo, con papas y la aromática hierbabuena, además de otro potaje del “estofado” con un sabor también característico consistente carne de res, con papas y un aderezo exquisito, eran distribuidos a toda la gente asistente. Era la Fiesta de la Cruz y todos tenían que comer, por que era la comida bendecida por la Santísima Cruz a quien tanto lo adoraban de rodillas, en caso de no comer su ofrenda eran castigados por la Cruz, sus sementeras no producían como cuando esta benditos.

Todo esta acción y las palabras del “cura” les había quedado impregnado en el cerebro “no matar ni desear hacer el mal a tu prójimo”, les había enseñado respetar la vida ajena, nunca pensaron ni se les paso por la mente idea alguna para matar a su semejante, inclusive ellos se identificaba tanto con los sentimientos de sus animales de corral o de su casa, como con sus ganados de la puna, muy poco aceptaban sacrificarlos porque les daba lástima y sentían mucha pena por sus animalitos, cuando eventualmente se les sacrificaba para alguna fiesta como para el mes de mayo en su caserío o la del mes de agosto en la fiesta patronal de Santo Domingo de Guzmán de Tauca, en el mes de Octubre de la Virgen del Rosario o para la época de los carnavales, era tolerable porque realizaban fiesta en donde se comía, embriagaba, bailaban, se divertían todos entre familias a sus anchas libremente. 

Al poblador del caserío La Banda, siempre les causaban mucho sentimiento, en alguna o muchas veces lloraban por sus animalitos que los criaban con tanto cariño, se llegaban a identificar de tal manera que a veces las tenían como hijos, como algo que formaba parte de su vida. Ellos eran modestos agricultores, un experimentado criador de ovejas, vacuno, porcino, asnos y caballar, todos del lugar tenían sus animales domésticos, estos eran de primer orden su distracción de todos los días. Sus chacras y sus animales eran parte de su vida cotidiana, se llegaban a compenetrarse de tal manera, que forman parte de la tierra, de su ambiente y del cariño de sus hijos, de su familia, y por eso muchas veces no comían carne por no sacrificar a sus animales. La condición social en que vivían, se adecuaba al lugar de la vecindad, todos eran como familias sin problema alguno, así eran felices y caritativos, todos vivían con el recuerdo de los consejos de sus padres, lo llevaban en sus mentes como una norma heredada de sus antepasados, el respeto ante todo, todos se saludan así sean visitantes de todas maneras le saludan al cruzarse por los caminos y calles, la ayuda a su prójimo, la colaboración en los trabajos comunales, todos eran para uno y uno para todos, todos estos recuerdo fueron para ellos como un  sueño fugaz.

Todos pensaban sentados los hermanos Delawanda y los demás que los acompañaban, “chacchando” y “catipando” la hoja de coca en silencio, que por ratos sentían algo amargo, que se le quemaba el paladar, parece que se le predecía algo malo, algo inesperado, no era como en otras oportunidades que su “armada” lo sentía más dulce y placentero, ahora tenia un gusto diferente y raro. Después de este momento reflexivo, después de haber repasado fugazmente las interminables colinas lejanas de izquierda a derecha y comprender que estaban sobre la tierra en el mismo lugar andino y la imponente mañana cada vez lentamente ascendía en su volumen de grandeza, se agacharon ante su gravedad por un momento y luego los miraron su esplendor con la sencillez de esos ojos enrojecidos por la mala noche.    

Los hermanos Delawanda incómodos y apenados le dijeron casi en coro, porque así hablaban mejor, al Teniente Gobernador Elodio Delviento, que definitivamente no estaban de acuerdo con lo propuesto y que era mejor que inmediatamente los desataran de la soga al joven ladrón Crisanto Lara, para darle libertad y que se vaya lejos, lo más lejos, para no volver, y que nos prometa no comprometernos, ya que el mismo ha visto y es testigo presencial, que somos inocentes de la muerte accidental del ladrón más alto de estatura Donato Oré, que de casualidad le ha producido con su bastón el “cojo” Alerino de bajo tamaño, que tampoco tuvo la intención de agredirlo, tan solo fue en defensa propia y para que no huyera por tras de la peña de piedra.

El Teniente Gobernador Elodio Delviento, hombre recio, fuerte, de áspero lenguaje, duro de genio en sus decisiones, de mayor conocimiento, había estado en la Capital anteriormente, fue enrolado para servir en la Base Militar del Ejército y les decía, con ánimos de preocupación y un poco más alertado “... ¡no!,... ¡no!, Ustedes son unos tristes cobardes no saben lo que puede suceder más tarde...,quieren soltar, dar libertad a ese ladrón de vacunos, a este abigeo, que ha incurrido en un delito de robo que la ley los castiga, auque sea joven, pero es un ladrón, Dios no dijo anda roba, Dios dijo trabaja y come con el sudor de tu rostro, en cambio este Conchucano es un holgazán, que ya aprendió del más grande y viejo que ha muerto con el golpe del bastonazo que le dio el “cojo” Alerino, yo estoy seguro, que una vez que lo soltemos inmediatamente nos va a denunciar y todos sin compasión alguna nos vamos a complicar en problemas policiales y hasta judiciales....más que seguro, hasta seremos detenidos y llevados a la cárcel de Cabana o talvez a la de Huaraz, ¿esto es lo que ustedes quieren?, Por su creencia en su Santo o en su Cruz, no vivan engañados no existe religión perfecta, todos buscan aprovecharse de los inocentes como ustedes, por que no saben ni siquiera leer, el “cura” les engaña, les cobra por la misa, les pide su gallina, su carnero, los sacos de papa, maíz, las “medias” (costales de lana) de trigo, es la cantidad de la mitad de un saco de este grano, las alforjas de frijoles, de alverjas, de habas, con el cuento de que es el diezmo para la Iglesia, ¿ustedes creen que Dios come carne, papas, ocas o quiere dinero?, Es una enorme mentira más grande que la propia Iglesia, los “curas” recolectan estos alimentos para ellos, para sus convivientes, para las mujeres casadas que son sus queridas y para sus hijos que son varios en varias mujeres, ni siquiera los dan a los mendigos o la gente pobre o a las familias numerosas que no tienen estos recursos, y acaso a ellos les castiga Dios, ¡No! Señores, Dios no es malo, Dios es bueno para todos, a todos los perdona ya sean delincuentes, criminales, ladrones, estafadores, todos somos hijos de Dios y merecemos su perdón.        

¡Miren! ...yo les digo, decía el Teniente Gobernador Elodio Delviento a los hermanos Delawanda, que sorprendidos con los ojos abiertos más grandes que de las puertas de la Catedral de Lima, les miraban inmovibles sentados como momias con sombreros, sin respirar y de sus ojos sobresalían lágrimas, porque había blasfemado e injuriado a Dios, al Santo, a la Cruz, al Cura, que son los únicos que derraman sus bendiciones a sus campos, a sus productos, a sus animales, para que produzcan, para que se multipliquen, para que procrean,... y que nunca les falte comida en su “terrado” de su hogar, para sus hijos y su familia.

Pero, Elodio Delviento, enérgico que refractaba el reflejo de la laguna en sus encolerizados ojos de puma, demostrando su incomodidad interna de incomprensión de lo que el decía ..... y como para disimular en algo continúo un breve relato del pasado diciendo....."Cuando serví a la patria, en el ejército, nos ejercitaron para ser fuertes y valientes a golpes nos enseñaron como enfrentar los peligros. El Instructor nos decía, cuando veas al enemigo, inmediatamente debes matarlo con nuestro fusil, antes de que el enemigo te mate sin compasión y te saque los ojos y te corte la lengua, se ensañe con tu cuerpo y algo más, se apodera de tus pertenencias y de tu arma, para seguir matando a nuestros compañeros...”. Como quien tratando de recalcar proseguía....., “Por eso les digo, piensen, piensen .... y decidan inmediatamente, sin pérdida de tiempo, debemos eliminar al abigeo que está vivo..... ¡Están de acuerdo conmigo o no! ... Mirando fijamente con valentía y ojos enrojecidos se dirigió directamente a cada uno de quienes les escuchaba atentamente, sin perderles ni siquiera un momento la mirada agudizada de puma......

Los hermanos Delawanda, de pronto bajaron las vistas como el peso de cuesta abajo y se hundieron inmediatamente en su estrecho mundo de campesino cultivador del campo, para sondear en el polvo de su alma, el escaso conocimiento sobre este accidentado asunto. Era la primera vez en su vida, que se le presentaba este enorme obstáculo e inflado problema como el engrandecido mar sin principio ni fin. Realmente era difícil buscar en un mundo sin experiencia un camino de inicio o de salida. Para todos, el mundo en sí se les enfrió de hecho y les puso más duro que el nevado del Huascarán, los nervios se les destemplaron como cuerdas de guitarra vieja guardada, la sangre se les detenía por pocos en las cuestas de subida congeladas por el aire friolento y sus pensamientos se borraban hondamente en la profundidad haciendo un cero imperfecto a la izquierda, hasta ya se les habían licuado los sesos congelados con sus propios nombres dentro de la mezcolanza del olvido. Cuando de repente.... un poco de ánimo frió, confundido en la salida de un débil suspiro de pajonal de puna y al improvisado traqueteo perdido de un sinuoso camino desorientado....en las alturas. A todos les revivió sobresaltando la realidad, traída como contenido magico de un momento a otro regresándoles a pisar tierra, a sentir la inmediata etapa de la misma existencia del lugar.

Entonces, uno de los hermanos Delawanda, el más hablador se le rompió el enmudecimiento de su temor y complejo brotándoles palabras entrecortadas como un chorro de agua turbia con piedras pesadas que sale a pocos y dijo a todos que en silencio sepulcral aguardaban, con los ojos enrojecidos y abiertos de sorpresa como cuevas abandonadas, y que esperaban quietos la respuesta unos parados y otros sentados... “Yo, yo no estoy de acuerdo, creo que tampoco están mis hermanos”, dirigiéndose a ellos y poniendo su alforja al hombro les dijo... “sino que también las digan, ¿cuál es su decisión?.....¿qué han pensado?....¿sobre este caso?”....

 Los hermanos se miraron recelosamente en forma oblicua ni abajo ni arriba, unos a otros y en una sola fuerza de voz anudada al temor dijeron definitivamente.... ¡Nosotros también decimos que se le desate de la soga al joven! ... ¡Debemos darles libertad al joven!..., con la condición de que guarde en secreto lo que ha pasado... y que se vaya lejos de aquí.... y no regrese más por esta puna”,....todos tartamudeaban entre ellos sin poderse entender.

Dando vuelta en alto la mirada por el espacio esclarecido y trayéndola pesadamente para enterrarse en el desconsuelo húmedecido de la puna, el Teniente Gobernador volvió a preguntárseles, sin intentar mirarles de frente temeroso de volver a perder y como quién rescatando a un desesperado ahogado de mar, se arreglo su alforja en el hombro izquierdo, como disimulando lo escuchado de no querer ceder ni menos comprender, volvió pausadamente a preguntar insistentemente... “¡bueno!... ¡bueno!..., Fíjense bien... ¡por última vez!, ...Respóndanme con claridad y como hombres, alzando un poco la voz de militar... ¡No como cobardes!... ¿Esta es la decisión de todos ustedes?....

Todos guardaron silencio por breves momentos, luego los hermanos Delawanda en conjunto respondieron afirmativamente...

 

 

El Teniente Gobernador al escuchar esta respuesta se queda congelado de ánimo, su vista se clavaron como barrenos al suelo, siéndole difícilmente levantarlos parecía como si quisiera levantar en peso al cerro de Huascarán y sus posaderas se quedaron pegadas como chicle en el lugar en donde se sentaba, apenado se movía avergonzado por no haber podido convencerlos y haber perdido en ésta oportunidad. Pero, para no demostrar su fracaso comenzó a “chacchar” pretendiendo dar por concluido la discusión y tratando de disimular su impaciencia colérica, con una supuesta tolerancia, siendo dificil ocultar su cara de fracasado, queriendo y no queriendo aceptar.... les volvió a replicar diciéndoles:...”bueno, bueno pues... si a sí lo deciden,... ¡Entonces!, ¡Levántense! Y vamos...vamos a darle libertad al ladrón capturado, que allá en el peñasco con el “cojo” Alerino se nos están esperando desde hace mucho rato”.

Todos dejaron de “chacchar” o de “catipar” (masticar coca con la cal), guardaron sus calabazas de cal con sus punteros y sus talegas laboreadas en colores en donde conservaban la coca, inmediatamente las depositaron en sus alforjas que conjuntamente con sus ponchos las cargaban sobre sus hombros, luego se levantaron del suelo en donde se habían sentado antes, y se dirigieron calmosamente los hermanos Delawanda estirándose las engarrotadas piernas, hasta el lugar del peñasco en donde se encontraba el “cojo” Alerino Charengo esperando las órdenes del Teniente Gobernador, quién le había encomendado y encargado de la custodia del joven abigeo detenido.

El Teniente Gobernador Elodio Delviento, al llegar al lugar en donde esperaba el “cojo” Alerino Charengo, inmediatamente en voz alta con gesto militar, le comunicó al “cojo” que los hermanos Delawanda, habían decidido soltar las sogas y darles libertad al ladrón detenido que lo sostenía en el peñasco...

Respondiendo casi instantáneamente el “cojo” Alerino Charengo, en forma sorprendente estirándose para atrás con el cuello hacia arriba y con los ojos desorbitados como batracios...

 

 

El Teniente Gobernador le volvió a repetir con mayor fuerza de voz lo antes ya dicho, expresando su altícima actitud mortificada en una posición burlona de perdedor.

El “cojo” Alerino no queriendo aceptar ni menos comprender lo escuchado le replicó diciendo....

 

 

El Teniente Gobernador muy fastidiado rascándose la cabeza le contestó....

 

 

¡Así que suelta al ladrón!.... le dijo en tono preocupado el Teniente Gobernador y tirando el poncho hacia atrás se limpió el sudor de la frente, mientras miraba a sus compañeros en un gesto defraudado, como diciendo mentalmente “ustedes están locos, ustedes no saben que les puede suceder más tarde, éste ladrón de tus toros nos puede denunciar ante las autoridades” pero en fín allá con ustedes.

Entonces el “cojo” Alerino Charengo, bajó sus vistas, con boca cerrada, sin pronunciar palabra alguna, obedeció la orden de soltar la soga que aceguraba enrollado en sus toscas y callosas manos, que descansaban sobre el mango de su bastón que le mantenía sostenido el peso de su cuerpo desde hacía mucho rato, como para no perder el equilibrio y caerse al suelo de cansancio por soportarse de pie, además su pesado cuerpo arrinconado tras del friolento peñasco de piedras negras de puna ya se habían helado.

En cuanto, soltaron la soga que colgaba por encima del peñasco, ¿cual sería la sorpresa de todos?, Qué se quedaron enmudecidos, mirando al joven abigeo que atado de brazos y cuello con la soga de cabuya, se desplomaba sosegadamente al suelo. En ese instante se acercaron los que presenciaban, para tratar de auxiliarle, pero lastimosamente que era muy tarde, llevaba ya más de una hora y media que se había asfixiado a consecuencia de la soga anudada que sujetaba el cuello de la victima. Además por cada estirón que involuntariamente le daba su captor, al momento que sentía algún sospechoso esfuerzo que realizaba el joven; es decir, el detenido Crisanto Lara, había fallecido ahorcado en la parte trasera del peñasco de piedra antigua de jalca.

 

 

Ante esta contraria e imprevista realidad, todos se quedaron estupefactos, verdaderamente enmudecidos. El mundo se le vino encima. El silencio se desplomó de un color pardo estrellado como la explosión emocional. La naturaleza andina de ese día se partió frágilmente en una quebradiza superficie del tormento. El tiempo se detuvo intempestivamente en un estrépito golpe interno. Su imaginación galopaba por leguas y entre esos recodos se trizaban sus esperanzas convertidas en cárceles públicas, en audiencias, en juzgamientos de jueces desconocidos, en huirse y evadirse de ser llevado presos a Cabana, sus vidas se tornaban oscuramente en hondos infiernos sin salidas, la respiración acelerada ya les llegaba a su último término de vida.

En un cerrar y abrir de ojos resultaron caminar en otra inesperada realidad, sin querer se habían convertido en vulgares e indeseables criminales, de todas maneras tenían que afrontar su ineludible responsabilidad de encontrarse ante la cruel presencia de dos muertos.... ¡Qué hacer con estos dos cuerpos!..

Todos se sentían culpables, en esos instantes las ideas se le esfumaron, nadie tenia la menor idea de algo, menos de dar una posible solución, parecía que sus cabezas se habían quedado huecas por esos momentos, caminaban en vacío, a tientas inciertas y otros ni siquiera se movían en donde se quedaron parados, parecían momias estáticas con la respiración estancada, nadie vertía ni una sola palabra, el mundo se les había reducido en un complejícimo nudo, tan pequeño y duro que cada minuto que transcurria se les perforaba el corazón y el alma.

El líder, el guía y quien dirigía el grupo era el Teniente Gobernador Elodio Delviento en este caso, mirando a cada uno de ellos y como todos se encontraban empalidecidos sin poder hablar ni menos moverse, entonces retomando las circunstancias les dijo:

En ese momento el Agente Municipal Demelino Lopadio, se expresó con voz temblorosa: “Es la primera vez que nos sucede, no sabemos como solucionar éste asunto”...

Luego, dando un paso adelante el Teniente Gobernador, con voz imperativa les dijo a los hermanos Delawanda, “Que inmediatamente, sin pérdida de tiempo debemos disponer, qué hacer con los cuerpos de los fallecidos, mientras tanto vamos a cubrirlos con sus ponchos, para que nadie advierta lo sucedido, hasta encontrar una solución al problema”.

Entonces, todos ligeramente se sentaron en el suelo y haciendo un ruedo más estrecho que en las anteriores oportunidades, todos emitían su opinión, todos daban una idea, entre ellos algunos decían, que se les arroje los cuerpos a la quebrada, otros se oponían manifestando que no es posible porque contaminarían las aguas que más abajo beben los habitantes y animales, además por el peso de sus cuerpos, la cantidad de agua que discurre por la quebrada no podría arrastrarlos. Otros planteaban que se les arroje al interior de las lagunas, de inmediato eran contradichos, en el sentido de que los cuerpos de los fallecidos dentro del agua se descompondrían, también contaminaban las límpidas y cristalinas aguas de la puna, convirtiéndose en aguas no bebestibles, por lo que no era conveniente esta propuesta. Dentro del grupo surgió otra alternativa, que los cuerpos de los abigeos muertos sean enterrados en el mismo lugar en donde se encontraban, se vio que era imposible ya que no contaban con las herramientas convenientes como con una barreta ni lampa, para abrir una sepultura para los dos muertos.

En vista de estas tantas opiniones sin fundamentos, el Teniente Gobernador Elodio Delviento, propuso una salomónica solución bien fundamentada que todos aprobaron por ser la mejor idea, la mejor solución, la misma que fue acogida y apoyado por el Agente Municipal Demelino Lopadio, en el sentido de que los cuerpos de los abigeos ladrones muertos, serían trasladados en sus propios ponchos que llevaban, hasta las inmediaciones de un cerro en donde existía una antigua boca de mina abandonada desde la época de la Colonia, ubicado en las alturas del caserío La Banda. Pero que, para no ser vistos por la gente o los pastores del lugar, tendrían que esperar las horas de la noche. Entonces todos se tranquilizaron, como para esperar largo rato se pusieron a “catipar” o “chacchar” hoja de coca con cal, la “armada de hoja de coca” en algunos momentos los sentían un poco amargo, en otros les quemaba la lengua, de rato en rato sacaban la hoja de coca masticada de la boca y con agudizado esfuerzo miraban la figura sacada al azar e intentando leer o adivinar el significado, algunos decían que “veían representado a un largo camino accidentado de cansado viaje”, otros decían “que observaban a lejos consecuencias problemáticas sin salida”, el más “catipador” y experimentado interpretador se torcía la cara diciendo que “veo algo oscuro e incierto para rato, mi hoja de coca me dice que nos traerán mala suerte. Algo malo nos va pasar en el futuro y esto va ser muy mal, nos vamos a ver en negras situaciones todos nosotros y también nuestra familia”.... ¡Ay! Madresanta.. ¡Virgencita de Huayllapuc!... ¡Patrón de Santo Domingo¡... ¡Ampáranos y líbranos del mal! ... la hoja de coca les presagiaba y predecía el futuro de sus vidas, les pronosticaba y les anunciaba claramente sin lugar a dudas su destino familiar.

Anteriormente sus masticadas de hoja de coca eran dulces y placenteras, también sus días eran felices y festivos en sus campos, en sus siembras, en sus reuniones pueblerinas, en fin era otra vida feliz con sus familiares. Ahora su estado emocional había cambiado les tocaba vivir otra realidad, pues la preocupación les había quitado el sueño, el apetito, no sentían hambre ni sed, se olvidaron de todo, hasta de su familia, de sus vacunos, de sus pastoras, en fin ahora solamente se concentraban en el único problema que tenían que afrontar, era como desaparecer los cuerpos de los dos abigeos muertos por casualidad.

La aireada tarde daba la impresión que allá arriba se demoraba mucho tiempo en caer al occidente, el sol de oro macizo de los Andes se resistía a la fuerza natural no quería colaborar con ellos, se oponía a la acción de otra contra su voluntad, se aguantaba a su deseo contradictorio, pesadamente se inclinaba asimismo enfadado con propósito de dilatar la caída de la tarde, mientras éllos sentados esperaban pacientemente que llegaran las horas de la noche; sin embargo, después de mucha espera de ratos perdidos la noche al fin llegó a las alturas de los fieles testigos de los cerros. No tardaba en ocultarse el resistible amarillento sol en la longitud del horizonte, el Teniente Gobernador como levantado por la furza un resorte se puso de pie y poniéndose el sombrero de junco les dijo a sus acompañantes: “pues ahora levántense, pongan los cuerpos sobre sus mismos ponchos de los ladrones muertos y cada uno de ustedes cogerán la punta del poncho, para cargar sobre sus hombros, sin pérdida de tiempo, las horas pasan a nadie espera, la noche será muy corta para nosotros, tomaremos la ruta hacia el cerro subiendo la cuesta para llegar a la mina, que se encuentra un poco retirado de aquí por las hondonadas de quebradas que vamos a cruzar, no tengan miedo, sean valientes, trataremos de llegar cuanto antes a la mina abandonada”. La ingenua imaginación de los acomañantes exploraba su interior llenada de oro y plata, que nunca tuvieron la dicha de encontrarse tan de cerca de estos hermosos metales y ahora tendrían la oportunidad de conocerlo.

Los hermanos Delawanda, después de escuchar atentamente las indicaciones que con voz gruesa y entrecortada recibieron, se pusieron de pie todos, se acomodaron sus ponchos y alforjas en sus hombros y siguieron unos al Teniente Gobernador que se dirigía con dirección al primer abigeo muerto Donato Oré y otros siguieron al Agente Municipal que se dirigía al segundo abigeo más joven Crisanto Lara, inmediatamente hicieron lo que les habían indicado y continuaron el mismo camino, seguían al primer grupo que iba adelante, hasta abordar las inmediaciones de las vertientes del cerro, en donde ambos grupos tuvieron que descansar, ya que se encontraban sudorosos y agotados por el cansancio, la sed y el hambre, eran las dos y media de la madrugada, la noche era muy pesada motivo a la oscuridad y al accidentado e inciertos parajes y lugares andinos, que no se definían en las oscurecidas horas, el trayecto fue muy difícil por los altos y bajos del terreno, la incomodidad que representaba el peso de los cuerpos, el viento fuerte, el difícil acceso de la travesía por las lomas y cerros, cuesta y bajadas de las quebradas, todo estos factores se hacían un mundo desconocido y pesado del caminar, a pesar que éllos ya tenían experiencia en las largas caminatas por las extensas punas, que lo realizaban con sus ganados ya sea durante el día, como también durante las noches en sus tiempos de juventud, que andaban los cerros, las vertientes y atravesaban las quebradas sin sentir cansancio alguno, silbando o cantando tras de su ganado.

Mientras los pesados cuerpos envueltos en sus correspondientes ponchos reposaban sobre el accidentado suelo, los hermanos se arrinconaban a las piedras para evadir el fuerte viento y poder sentarse para renovar el bolo de hoja de coca de la boca, luego “armarse de nuevo” y además beber un trago de ron que por casualidad uno de ellos tenía en su alforja, que según él decía que “era para vencer el frío y para darle mayor valor en su actividad cotidiana durante el día”, en este caso, era más que oportuno contar con este milagroso licor en estos momentos de la difíciles horas friolentos de la noche y aún más para lograr vencer el nerviosismo que experimentaban todos a esta altura de la silenciosa noche. Lo que no habían podido ingerir antes, motivo a la forzuda caminata y al incesante trajín constante que realizaba en la delantera el Teniente Gobernador, al cual todos obedecían y seguían como en un solo ritmo de paso, en espera de sus nuevas indicaciones o de sus espontáneas e improvisadas órdenes de militar.

Aproximadamente una hora fue el descanso, el Teniente Gobernador nuevamente asumió el mando diciéndoles: “ya descansaron lo suficiente, continuemos no dista mucho, estamos por llegar a la mina, el Agente Municipal se encargará del segundo grupo, así como hemos venido, yo del primero”, todos se pusieron de pie y obedecieron las indicaciones, se colocaron en sus correspondientes grupos y luego les recalcó: “ ¡Ah!,... no olvidar caminen en silencio, en la misma forma que han venido, pero aceleren un poco el paso, no vaya ha ganarnos el amanecer, debemos llegar a oscuras a la mina” , todos continuaron su camino, todos colaboraron en el traslado de los dos cuerpos fallecidos, hasta que al fin antes de que amanezca llegaron a la boca de la mina abandonada.

 

 

Antes del amanecer llegaron los grupos que trasladaban a los cuerpos de los abigeos fallecidos, en cuanto se encontraban los cadáveres en la misma boca de la mina abandonada, el Teniente Gobernador comenzó a inspeccionar, la mina se encontraba en un lugar de difícil acceso, existían vestigios antiguos de la extracción de oro y plata en la época de la Colonia, se ubicaba en una peña que da frente a la quebrada de los “Chugures” (es una planta de olor fuerte y resinosa que hace doler la cabeza hasta marearlos, tienen su flor azulina y su fruto como de pallares, que crecen en las alturas del caserío La Banda), con una apertura aproximado de tres metros de alto por cuatro metros de ancho, con derribamiento del terreno en sus bordes, por efectos de humedad de las lluvias de invierno y la escasa maleza que crece en la superficie exterior no son suficientes como para detener los deslizamientos temporales, siendo la causa para su deterioro de tiempo en tiempo, dando lugar a que los habitantes no tengan fácil acceso a la visita de la boca de mina abandonada. Además existe la creencia en el pueblo, que una mina abierta en un lugar desolado es “airoso”, por que lo enferma con su antimonio a la persona que lo visita o caso contrario lo “encanta” si pasa por el lugar, es decir lo aparta al espíritu de su cuerpo, ya sea de niño o adulto, que después de enfermarse se adelgaza corporalmente hasta fallecer y su alma penará en las noches o a cual hora del día en la mina, por esta razón, los habitantes del pueblo no se acercan por estas minas abandonadas que hay muchas en diferentes cerros de la puna. 

Luego, inspeccionó el interior de la mina, dándose con la sorpresa de que la cavidad a pocos metros se perdía en la profundidad, casi pierde el equilibrio menos mal que inmediatamente retrocedió, para no caer al oscuro vació de incalculable profundidad. Aún más su interior presentaba una humedad permanente con características de un verdoso antiquísimo, poblado de nidos y telarañas  ennegrecidas en donde se engendraban rarísimos animales con temerosos ruidos, además de la cantidad de los murciélagos que se espantaban al advertir la presencia extraña y que pretendían atacarlos con el zumbido temeroso. 

Los extraños visitantes se asustaron, jamás habían tenido conocimiento de lo que sucedía en este insólito mundo interno de la mina, a pesar de vivir tantos años a pocas distancia, ni siquiera sus abuelos se les habían ocurrido explorar esta mina abandonada; este raro escenario que acababan de espectar, fue para todos una temerosa impresión tan chocante, que les hizo decidir que los cuerpos de los abigeos fallecidos se los dejaran en la boca de la mina, envueltos en sus propios ponchos, porque nadie se atrevía dar un paso más adentro, inmediatamente todos abandonaron el lugar, cuidando de no dejar rastros sospechosos por las inmediaciones de la boca de la mina, para no ser descubiertos los cadáveres que acababan en dejarlos ocultos en su interior.

El amanecer galopeaba por las cumbres de la puna, la claridad del alba se derramaba por sobre las vertientes y las oscuridades se clareaban en si mismas, cada vez que avanzaba sobre esta parte de la Tierra el amanecer, los campos se pintaban de un verdor oscuro con débiles sombras fugitivas hacia el fondo de la esperada naturaleza. Era una obra de arte enmarcada de ilusión hasta el alcance de sus vistas, las alturas de las jalcas les parecía aplanarse con una brocha dentro de un cuadro del recuerdo, los sinuosos caminos que se ocultaban dentro de los pajonales por donde sus gruesos pasos tenían que deslizarse obligatoriamente, les hacia recordar su niñez su adolescencia, sus lejanos silbidos, sus cantos cotidianos, sus momentos felices de pastores.

Todos suspiraron al aire a brazos abiertos como quienes buscaban respirar la felicidad, miraron hacia abajo y vieron como se delineaban sus caminos y sus chacras de cultivo, sus alisos y plantas que verdeaban sus extremos, mientras en otros resaltaban los camellones o sucos de papas a toda flor característica de ese color violeta inconfundible de las sementeras de papas del caserío de La Banda, en fin para ellos se les parecía haber encontrado la solución adecuada para sus problemas, entonces quería de pronto olvidar la enorme pesadilla que a cuestas habían sufrido en la noche anterior.

Pero, nada les borraba este macabro suceso de la mente, tampoco les era fácil olvidarlo tan pronto lo experimentado, seguían caminando por dentro de los pajonales y de las minúsculas hierbas con sus hojas como especie del trébol de la jalca, roseado de “aguadija” o de las gotas de rocío que mojaban sus gruesos y callosos pies, todos seguían por el mismo camino, se les notaba a lejos sus descuidados trajes, sus apariencias a trasnochados, el olor a sudor de agotado cansancio, el trago de alcohol ya no era aceptado por su estomago, ya todos perdían en el camino sus fuerzas, sentían hambre y sed, deseaban servirse un mate o un plato hondo de sopa de trigo o de habas, con unas papas con ají o con rocoto, acompañados de la cancha con queso sin sal, y luego un jarro o un mate hondo de chicha de jora para satisfacer la sed de un trasnochado o en su defecto una jarra de “aloja” o de chicha morada obtenida del peruanísimo maíz morado, por ser el Perú el único productor en el mundo, todo esto se le atravesaba por la mente mientras caminaban con la dirección de tratabar de llegar al lugar en donde se encontraban los “chiqueros” o los pesebres en donde se guardaban los vacunos y el ganado y se ubicaba el rancho o la choza de las pastoras, de lejos observaban la salida del humo de la choza y del blanqueado del ganado lanar y de los vacunos que reposaban en sus pesebres, algunas veces se escuchaba a la distancia el balar de las ovejas o el bramido del ganado vacuno, que encontraba en sus pesebres, en donde les iban a ordeñar a las vacas durante la mañana, las pastoras eran las encargadas de extraer la leche, para luego hacer los quesos con cuajo y sin sal, los mismos que los llevan al caserío para venderlos al pueblo.

Las intenciones de los hermanos Delawanda, eran pasar visitando la choza, para verificar que si ya el ganado sustraído y recuperado se habían reintegrado a sus manadas o rebaños, para contabilizar comprobar la cantidad y que no faltara ningún vacuno, quedando nuevamente todo el ambiente como antes debidamente asegurados y sin novedad alguno.

Mientras disponían y solucionaban todo lo sucedido, el día había transcurrido como todos los demás días, ya era más del mediodía, aparentando ignorar todo lo sucedido dispusieron regresar a sus hogares; pero sin antes, haberse previamente reunido y hacer una promesa de honor, acordaron todos como un solo hombre, el Teniente Gobernador Elodio Delviento, dirigía y encabezaba siempre las improvisadas reuniones y quién tomaba los acuerdos, entonces con cara de preocupado y de voz muy ronca, se puso de pie al frente y arreglándose el poncho y la alforja sobre el hombro izquierdo dando de notar su valiente hombría, por ser el quién siempre tomaba la iniciativa del grupo, les miro a la cara de cada uno en ruedo y muy seriamente les obligó a todos formalmente mencionar el nombre de sus padres ya difuntos, luego tomándose de la mano derecha, mientras que con la izquierda sostenían sus calabazos de cal levantados al cielo azul, en una sola voz hicieron un juramento de por vida. Mirando fijamente al sol que apuradito se ladeaba a un costado de la verticalidad del tiempo, la condición del compromiso era que todos deberían guardar el secreto para todo su vida y jamás comentar en absoluto, con ninguna persona, esposa e hijos u otro familiar de lo sucedido.

Recurriendo a las costumbres enseñadas por sus ancestros tenían presente en sus compromisos las supersticiones pueblerinas, que después de un acuerdo o al salir de la casa o iniciar un camino, debería hacerse con el pie derecho, esta ºcreencia inmediatamente los aplicó al juramento, decidieron todos dar un paso con el pie derecho, sin pronunciar palabra alguna todos del grupo obedeció la orden dado por el Teniente Gobernador, pero como el “cojo” Alerino Charengo adolecía de su defecto físico de nacimiento, no podía estira muy bien el pie derecho ya que precisamente de esta extremidad sufría la cojera y que su caminar lo complementaba con su poderoso y anudado bastón, siendo el único del grupo que no podía realizar plenamente el mandato exigido, además que por esforzarse casi se cae por el suelo, gracias a su bastón que impidió el hecho saliendo inmediatamente el paso con el pie izquierdo, al observar lo ocurrido todos duramente recriminaron al “cojo”, el Teniente Gobernador le dijo “ya salaste el compromiso, ya desgraciaste la vida, esto no puede ser” ...  el  “cojo” avergonzado pesándose de su dificultad física, bajo la cabeza, se arreglo el poncho y su alforja en sus espaldas y afianzándose fuertemente de su bastón les dijo “volvamos a realizar de nuevo, yo voy hacer lo posible para no confundirme de pie” ... alguien del grupo en tono desanimado dijo  ¡No!... ¡el primero vale, ya no vale el segundo!... pero el Teniente Gobernador haciéndose de no haber escuchado, en forma desafiante exigió a todos que volvieran nuevamente al inicio de la formalidad del juramento, todos como un solo hombre obedeció la orden, el “cojo” con tanto esfuerzo hizo lo posible; pero no pudo hacer como los demás, sólo alcanzaba a efectuarlo a media tinta por motivo del impedimento de su invalidez que notablemente padecía desde su nacimiento.

 Forzando a su cansancio y alineándose sus doblados ponchos, al nivel de sus descoloridas alforjas en sus hombros, después de haber ajustado las humedecidas correas de sus gruesos “llanques” de ambos pies, como la faja de sus cinturas que apretaba sus pantalones “cordoncillao” de lana de oveja tejidos en cuadritos o en seta “z”, simultáneamente se armaba con un poco más de hoja de coca en sus bocas, acompañados de los punteros de cal que de rato en rato y al compas del movimiento habitual que en la mano derecha los realizaban, decidieron levantarse y entre piedras y polvo continuaron el camino con dirección al caserío La Banda.


 

TERCERA
VISIÓN 


 

 


 

Lomada y Barrio de Caquia de Tauca

(Horizonte visionario del pueblo)

CAMINO DE LA LOMETA DE CONDUCTO

(Paisaje circundante al pueblo de Tauca, camino afirmado de Tauca a Corongo)

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

En cuanto regresaron los de la comisión de ronda, conformada por el Teniente Gobernador Elodio Delviento (yerno de Futocino), el Agente Municipal Demelino Lopadio (yerno de Futocino),  Bartino Delawanda (hijo de Futocino), Lucerino Delawanda (hijo de Futocino), y Alerino Charengo (yerno de Futocino), al caserío La Banda, fueron recibidos por sus esposas, hijos y demás familiares sin mayores atenciones, era como si fuera un regreso inadvertido por la tarde de sus chacras de cultivo, después de haber concluido con su tarea como cualquier otro día, la llegada no produjo mayor inquietud ni tampoco interés de los pocos pobladores que habitaban el caserío, solamente en forma muy particular algunos de sus familiares les preguntaban si era cierto sobre la noticia que les trajo una de la pastoras, si habían recuperado el ganado, los esposos que recién llegaban, cansados, hambrientos, trasnochados, maltratados por el frío de la puna y recordando la promesa y sus palabras empeñadas en juramento no dieron mayores informes, trataron disimuladamente de evadir las interrogaciones familiares y optaron por permanecer herméticos en silencio, cada uno se reincorporaron a sus labores cotidianas y continuaron como siempre al frente de sus hogares, dejando pasar los días como si nada hubiera ocurrido, aunque por dentro tenían un peso que arrastrar de muy difícil quitárseles del pensamiento.

En ese día del mes de Diciembre de 1953, ya todos se preparaban para recibir la fiesta de Navidad, doña Valentina Zaulina esposa de Bartino Delawanda, en compañía de sus cuñados y cuñadas y de sus demás familiares, como también todos los vecinos del caserío se preparaban para celebrar esta fiesta tradicional, muchos se venían a pasarlos en el pueblo de Tauca, por ser su distrito a donde ellos pertenecían, los demás lo celebraban en el mismo caserío La Banda, para esta fiesta ya había cosechado sus sementeras de trigo para tostar la “shullga” o moler en los molinos de piedra movidos por la fuerza de las aguas del río, luego la harina servirá para hacer el pan de trigo, los “muñuelos” que son tortillas en agua de la planta aromática de “cedron”, para el “mote” de trigo y otros usos más, el maíz para la “cancha” elemento infaltable de todos los días, también hacen harina para el “paragoll” especie de pan en su misma “panca” (envoltura del chocho o maíz) se pone al horno para tostarse o también para hacer las “bacitas”  es como un pancito dulce y redondito más suave de harina cernida, o para el mote de maíz, después de molerse en los “batanes” de piedra con el “chungo” de piedra tallada, se hacen los tamales con carne de chancho o de res envuelto en sus mismas “pancas” que previamente se han recolectado cuando se usaba el maíz como “choclo”. La papa otro elemento sustancial en la alimentación del provinciano, para los potaje de “papa con cuy”,” chuño”(papa fermentada), “papaseca”(papas ensartadas en las plantas de “chilgan” se ponen al sol para secarse y luego se muele para sopa), y otros potajes característicos de la sierra, la “oca”, la “mashgua” o “mashua”, la cebada otro elemento sustancial para el engorde de los chanchos. La quinua, el “coyo” o el “ajunjulí” se le llama también “ajonjolí” otra variedad que se come en forma tostada en los tiestos de barro, eso si todos utilizaban en ese entonces ollas de arcilla y “mates” de madera con cucharas y “Guishllas”  también de madera. En el caserío no existía el servicio de luz eléctrica, todos usaban los mecheros con kerosene o los farolitos llamados “linternas”, por cuya razón, los habitantes se acuestan para dormir temprano, máximo a las nueve de la noche y se levantan en la madrugada a la primera o segunda cantada de los gallos que dan exactamente a las tres o cuatro de la mañana, es el menor reloj del campesino, en los pueblos no existía el uso de reloj ni siquiera se conocía su manejo, por las noche se guiaban del canto de los gallos, de la posición de la luna y de las “cabrillas” o estrellas en el cielo cuando era verano  y durante el día por el giro del sol, para irse con sus caballos o sus burritos a la chacra para traer alfalfa para alimentar los cuyes o sus chanchos o tal ves para regar sus “chauchas” es una papa de riego cultivados en las “laderas” o terrenos pendientes o para traer la “caña” de maíz con el choclo. Para “mudar” las vacas u otros animales, en los corrales cuando se sujetan a una “estaca” y dando de comer a medida limitada de la soga o el cordel que lo sujeta a la estaca o trae leña de aliso o de alcanfor de sus terrenos, para regresar recién a toma su desayuno con su familia que lo espera en su hogar. Todos los habitantes cuando van o vienen por los caminos los hombres entonan canciones con el silbo o el “rondín” o con la quenas o la “antara” y las mujeres siempre van cantando con sus ruecas y el “uso” que en un extremo lleva un “piruro” de piedra redonda o aplanada, en fin cuando uno observa el paisaje andino los días son alegres, ya sea en verano o en invierno siempre llega de la distancia una suave y alegre canción en voz de mujer andina, así se desarrollaba la vida del campo y del caserío de La Banda en Tauca.

 

Mientras tanto en el distrito de Conchucos, pasaban los días, las semanas y el tiempo se hacían más tenso, más preocupante para la familia Oré, el hermano y el primo desde el día que se despidieron no retornaban al pueblo, esto era tensionante y no podían en su condición de familiares esperar más tiempo. Los dos primos al salir de su pueblo les describieron a sus familiares la ruta que iban a tomar y que actividades iban a realizar en el trayecto y cual era el objetivo que perseguían, tenían ya la costumbre de trazar un objetivo y tenerlos al tanto de sus proyectos, por algún caso que les pudiera suceder algún percance en el camino, como ya en otras oportunidades le habían sucedido a sus hermanos que también se despidieron de sus familiares y nunca más regresaron, por esta razón, se prevenían en todos los aspectos, ya que toda la familia sabían y conocían cual era el riesgo que corrían en cada viaje que los hermanos Oré realizaban.

En este caso, el primo Donato Oré les dijo a sus familiares, “... voy a viajar con el primo Crisanto Lara, nuestra ruta será la siguiente: pasaremos escalando a pie por las alturas de los distritos de Lacabamba, Huandoval, Cabana, con dirección a las punas del distrito de Tauca, seremos discretos para no ser vistos ni advertidos por los pobladores de estos distritos, luego nos vamos a dirigir al lugar en donde se encuentran ubicados el rancho o la choza de los pastores del ganadero Futocino Delawanda, padre de los hermanos Delawanda...”, quiénes ya eran bastante conocidos en el ámbito de la Provincia de Pallasca, por que eran uno de los más grandes ganaderos del distrito de Tauca, a quien en varias oportunidades le habían visitado no solo ellos sino que también otros abigeos del distrito de Pampas, y se llevaban cualquier cantidad de vacunos y nunca reclamaban ni menos denunciaban a las autoridades policiales sobre los robos de su ganado, especialmente se llevaban los torillos y terneros, por que tenían más demanda, el que menos deseaban adquirir la parejita para crianza, por ser “de buena raza”, cruzados con los mejores vacunos de la Provincia de Corongo, siempre se preocupaban por mejorar su ganado no solo de vacunos sino que también de sus ovejas como los “patagones” (de lana crespa, menuda y fina, en su mayoría era color blanco, cuya especie por ser bonitos y elegantes también adquirían los demás pastores locales del distrito de Tauca. Además que la familia de Futocino Delawanda, eran pacíficos, modestos, trabajadores, gozaban del aprecio de su caserío y del pueblo de Tauca, por ser colaboradores y solidarios con la gente que menos poseían, en una palabra eran una familia “chacarera” que más tenían en todos los aspectos, tanto en terrenos como en ganadería, leche, quesos, piel de vacunos, caballos, mulas, asnos, chanchos, pavos, gallinas, en fin todo animal domestico criaban en cantidad, con buenos resultados. En las fiestas pueblerinas y patronales ellos no se limitaban, derrochaban a mano llena sus grandes cosechas, sacrificaban cinco o diez vacunos y les repartían su carne a la gente del pueblo, por esta razón, eran bien respetados y considerados como los benefactores en su caserío.

El primo Donato Oré procedió hablando a sus familiares en presencia de su primo Crisanto Lara, que emprendería viaje con él que acompañándole en el trayecto, les decía con mucha atención: ...” nosotros llegaremos a la pampa de “Tuctubamba” ahí comeremos nuestro fiambre que llevamos, luego nos “armaremos” (sentados un momento “chacchando” la hoja de coca con cal) y tomaremos unos tragos del ron que llevo en mi alforja. Continuaremos el camino sosegadamente, tratando de llegar a la choza en cuanto ya se haya caída la tarde, con el sol por ocultarse tras de los cerros,  casi al inicio de la noche, con el fin de que las pastoras se conduelan de nosotros forasteros y nos pueda acoger dándonos “posada” en la choza, en donde nos haremos los dormidos, hasta que las pastoras se duerman de cansancio. En cuanto duerman, silenciosamente saldremos de la choza y luego nos iremos al pesebre a seleccionar los mejores toros y vacas por lo menos unos 15 0 20 cabezas, luego sin perdida de tiempo los llevaremos lo más rápido posible para alejarnos del lugar y de pronto salir hacia el camino que va a Corongo, calculando con el tiempo (su mejor reloj), para tratar de cruzar la ciudad de Corongo más o menos al anochecer, a fin de no dar lugar a que los habitantes sospechen de nuestra presencia y la Guardia Civil descubra que son animales robados, tengamos presente éste refrán Coronguino: “ Cielo serrano, cojera de perro, y llanto de mujer, nunca hay que creer” que he aprendido durante mis viajes.... luego descender por la cuesta de “La Culebrilla” a los baños de “Yanac” para ir a dar a la Pampa de “Cuichin”, bordear las lomas bajando por “Yuracmarca”, hasta desembocar con los vacunos robados al río Santa y esperar en ese lugar para luego embarcar a los vacunos en el tren de carga, que bajaba de Huaraz por el Callejón de “Huaylas”, pasando por “Chuquicara” y “Tablones”, hasta el girorifico del puerto de Chimbote, en donde deben ser sacrificados...”.

Después de una entrecortada parada de voz, dibujándose en su tosco rostro una leve satisfacción corporal, mientras simultáneamente hacia un leve gesto de manos como quien guardara subjetivamente un manojo de billetes en el bolsillo derecho, acompañado de una forzada sonrisa de triunfo burlesco, prosiguió explicando: “Con el producto de la venta estos apreciados torillos, al día siguiente estaremos de regreso en el tren de pasajeros del día viernes,...que viene de Chimbote a la estación de Quiroz,....de ahí alquilaremos dos caballos para regresar, como de costumbre nos haremos pasar como “comerciantes” de ganado que venimos de Chimbote, ....pasaremos los controles fácilmente, sin problema alguno, además que los “muerto de hambre” de los Guardias Civiles de Ancos, Tauca, Cabana, Huandoval, Huacachuque, Lacabamba, que siempre se encuentran borrachos o ausentes, mujeriegos, ladrones con carnet, además estos miserables basta que vean diez soles en la mano se lanzan desesperados para arrancharte o le invitas un poco de ron o cañazo de inmediato te dejan pasar tranquilamente. Así llegaremos hasta Conchucos sin problema alguno, ...con bastante billetes en el bolsillo, para gozar de la mejor vida, por lo menos de unos seis meses...¡Ah!... no, no, en este caso, con este dinero obtendré la mercadería para formar de inmediato una tienda de abarrotes, para que lo administre mi familia, ... yayayayaaaaaa.... es tiempo de dejar este mal vicio humano...y dedicarme a la chacra o ha ser guardián o guarda espalda de los improvisados Diputados y Senadores, corruptos, ladrones de cuello y corbata, que se cuelgan de las chaquetas de los demagogos y estafadores políticos que engañan miserablemente al pueblo, le prometen el oro y el moro y después no cumplen, ¡No ves! –haciendo un poco de esfuerzo mental para recordar el apellido del quien hablaba con uno de sus dedos puesto en la sien- ¿Qué pasó con el Diputado de la provincia?, -dando media vuelta su cuerpo y como quién afirma algo con la mano derecha-...por quién votamos en las elecciones, salió elegido y se ha olvidado de nosotros, ¡No ves!...que sólo esta poniendo en buenos puestos a sus familiares y allegados adulones,...-sobre saltando en si mismo como quién saca el pecho...¡Qué sin vergüenza!...¡Ahora quiere volver a reelegirse!...-con las manos entre cruzadas hablaba moviendo la cabeza-....en ésta vez soy capaz de matarlo....-por eso te digo, dándole una palmada con la mano derecha al hombro izquierdo de su primo Crisanto Lara- “Educa a tus hijos para que no les engañen ni menos mantengas a nietos ladrones y estafadores de la buena fe de la gente, como hacen los políticos”...-arreglándose el sombrero en la cabeza y aguaitando hacia la calle por donde pasaba gente, se quedó en silencio como quién se ahogado en su propia cólera y en su fracaso.

Este fue el plan acordado y programado entre los familiares de este famoso abigeo Donato Oré; además que no era la primera vez que iban a robar vacunos, ya era por centenares de veces que robaban el ganado vacuno de las jalcas de Huandoval, Cabana y de Tauca y en otras tantas pasaban robando por las Haciendas de Huataullo y Maraypampa en Conchucos, Shindol y Paccha en Pallasca, Puyalli y Uchupampa en Pampas, Chingalpo y Quiches en la jurisdicción de la Provincia de Sihuas, Tuctubamba, Huaychonta y Mayush. en Tauca, Aco y Cusca en la jurisdicción de la Provincia de Corongo, este era la ruta preferida y tantas veces visitadas, ejercitadas y acostumbradas durante varios años, eran abigeos invencibles e incorregibles por su gran habilidad y peligrosidad no eran descubiertos ni perseguidos durante tanto tiempo, ninguna autoridad policial o judicial pudo detenerlos, ya que tenían conexiones –como todos los abigeos del Departamento- muy poderosas en los más altos estratos judiciales de la Corte Superior de Justicia de Huaraz.

La ciudad de Huaraz es la capital del Departamento de Ancash, cuando yo conocí esta ciudad, ya había sufrido los efectos del aluvión del año de 1941, el desborde de la laguna de “Cojup” enclavada en la Cordillera Blanca, arrasó márgenes del río “Quillcay”, y el puente Calicanto. Después el terremoto del 1970, afectó varios pueblos. Recuerdo la Plaza de Armas era empedrado, del centro emergía una pileta, tenían jardines, rodeado de bancas de madera, sus calles eran estrechas y empedradas, algunas tenían árboles de eucaliptos, sus históricos barrios eran La Soledad, Belén, Centenario, San Francisco y Huarupampa, su patrono el Señor de La Soledad de gran devoción. Entre la Cordillera Blanca y la Negra corría el río Santa, formando el Callejón de Huaylas, las numerosas lagunas entre ellos Llanganuco y Parón, los nevados Huascarán y Huandoy, la excelente topografía de las punas y mesetas para la ganadería y minería, el valle de cultivo de pan llevar; todo este relieve hidrográfico, la riqueza de su flora y fauna, las formaciones geológicas, presenta una orografía incomparable de carácter andino el único en el mundo. Su singular belleza natural es de extraordinario relieve mundial, no debemos permitir la ocurrente denominación de “Suiza Peruana” no tiene similitud alguna con la peculiar vista panorámica de la incontrastable belleza del valle interandino de Huaylas, con el respetable indicado país; pues el Departamento de Ancash conserva la más rica y única biodiversidad genética de recursos naturales en el mundo.

En la ciudad de Huaraz se concentraba concentrada la educación secundaria de todo el Departamento de Ancash, en el Colegio Nacional “La Libertad”, los alumnos del quinto año de primaria de cada Escuela de provincia continuaban sus estudios secundarios como becados en Huaraz. En éste caso, en la provincia de Pallasca el 8 de abril de 1957, se inició las clase de secundaria en el Colegio Nacional Mixto Pallasca de Cabana, fue el primer Colegio de secundaria que funcionó a nivel de la Provincia de Pallasca, por cuya razón, estudié en la capital de la provincia de Pallasca en Cabana y no en la capital del Departamento en Huaraz, quien por su tradición histórica ha merecido las denominaciones como la “Capital  Internacional de la Amistad” y “La muy Generosa Ciudad”, es cuna de grandes e ilustres personajes, es una ciudad de historia y muy culta, he aquí el lenguaje de un potentado huarasino de aquellos tiempos pasados, narrado por el Dr. Roberto Sánchez Celestino, sobre el “Verbo de abolengo” que consistía de un potentado huarasino le preguntó a un campesino, que pasaba por la calle de la ciudad de Huaraz llevando una “carga de leña” en su burrito.

 

¡He rústico campesino!.....

¿Cuánto estimáis por esos cortos maderos, que lleváis en la columna vertebral de vuestro cuadrúpedo animal?...

El campesino, no entendía nada de lo que le preguntaba el Caballero.

-El potentado huarasino, le preguntaba al modesto campesino, sobre el precio de la “carga de leña” que transportaba sobre su burro, para comprarlo-. 

 

Otro caballero huarasino, también ordenaba a sus servidumbres con este estilo cotidiano:......

¡He doméstica!...

“Coger éste felino por la cola, hacerle círculos concéntricos en el aire, arrojarlo por el cuadrilátero de la ventana....”

La doméstica, no le entendía nada de lo que le hablaba ni menos de lo que le ordenaba el Caballero.    

-El Caballero huarasino, quería decir a la doméstica, que cogiera al gato de la cola y haciendo un círculo con la mano le arrojara por la ventana a la calle, porque este felino le producía incomodidad al Caballero.

 

Como podrán advertir, el interandino huaracino tenía otro estilo de expresión en su lenguaje diario, su cultura alcanzaba otro nivel en el habitante de la ciudad de Huaraz; sin embargo, en las punas de su provincia no faltaba este mismo fenómeno de los abigeos, como también en otras provincias de Corongo, Siguas (le dicen trancapuerta), Pomabamba, Huari (le dicen mishicanqui), Bolognesi, Recuay (le dicen tira lazo), Aija, Huaylas, Yungay, etc. los famosos abigeos a mano armado, eran perseguidos por los guardias civiles de los pueblos y estos se evadían escondiéndose en las alturas, como no tenían provisiones para comer, bajaban desde sus escondites y asaltaban para robarles a los incautos transeúntes ciudadanos del pueblo sus cargamentos o a los soñolientos arrieros de la gente del pueblo, que llevaban sus cambios en trueque y hasta perdían la vida en su manos, dejándoles malherido y en la miseria. Pero no podían asaltar a los hacendados ni a los comerciantes, porque ellos eran poderosos, andaba y se protegía con gendarmes o guarda espaldas bien armados y además que el Callejón o Valle de Huaylas era el mejor y él más seguro para el tránsito de las “pearas” y de los arrieros, en cambio el Callejón o Valle de Conchucos, era el más temible y peligroso por los constantes asaltos y robos que se producían, por cuya razón, sus caminos no era muy transitados; pero estos abigeos y asaltantes, para congraciarse con algunos pastores que vivían en las jalcas o punas, les participaban de la carne del vacuno que robaban o de las especies perecibles hurtadas antes de malograrse o ser descubiertos y decomisados por los guardias, cuando era dinero se llenaban los bolsillos y jamás le daban o le repartían a la gente pobre, siempre actuaban en bien de sus intereses y nunca en favor del pueblo; sin embargo, en algunos lugares a estos temerosos abigeos y asaltantes se les ha considerado como hombres benefactores, y aún más hasta se les han reservado una ofrenda en el recuerdo histórico, en vez de un merecido repudio y justiciero castigo.           

En cuanto al tiempo, transcurrían los días, las semanas, sobre la tierra agreste del hermoso y grandioso pueblo de Conchucos, diseñado su paisaje por los ríos de “Tauli” y el “Llamacocha” concentrándose en sus barrios pueblerinos de la Amajunco, Gloriapampa, y Flordelvalle que descansa dentro de los cerros de Santa Cruz, el Campanario, el Brujo y el “Ushno”, bajo un impresionante tinto de un cielo azul, sumándose el paisaje de sus lagunas de Quinuaycocha, Challuacocha, y del pantanoso Muyogrande y otros que se pierden en el horizonte, en sus lejanas profundidades, de donde reflejan las misteriosas aguas como un cristal bruñido por el sol dentro de perpetuos peñascos plomizos, hacia una esfera redonda del espacio universal. Que adhiere a su verdoso paisaje de unos hacendosos y vistosos caseríos de Huaja, Huataullo, Llamara, Maraypampa, Mayas, Quirobamba, Santana, en otros tantos, poblados de acogedores y generosos habitantes, del cual se han destacado grandes y extraordinarias personalidades muy representativos en diferentes áreas del saber humano expresados a través de sus mitos y tradiciones de profunda religiosidad como es el caso del culto realizado al Señor de las Animas, y así mismo también tienen las mismas costumbres usando las mismas prendas de vestir, el mismo lenguaje, los mismos potajes y en fin todo lo característico de la hermandad de los pueblos de la Provincia de Pallasca. Espero que este caso aislado de alguno que vivió al margen de la ley, no enerve ni empañe la dignidad honorífica de este grandioso pueblo de una inigualable imaginación emprendedora.

Entonces, al no tener noticias de estos abigeos los parientes se preocuparon en casa, inmediatamente buscaron a uno de los tíos y uno de los sobrinos más cercanos, que también se inclinaban por esta vil e indigna actividad y además eran los que sabían plenamente del plan previsto y planificado, para que se comisionaran en realizar las averiguaciones y búsqueda de estos fulanos perdidos.

Los dos familiares decidieron dirigirse al sur de la Provincia de Pallasca y venir en busca de los abigeos, según lo acordado en primer lugar, deberían iniciar preguntando e indagando sobre la posible detención en alguna Comandancia de Puesto de la Guardia Civil de cada distrito o en su defecto de encontrarse enfermos e internados en algún dispensario de salud, que en esa época sólo existía en la capital de la provincia; en segundo lugar, averiguar entre las gentes que éllos conocían para obtener alguna referencia sobre el paradero de los buscados, y así llegaron hasta la ciudad de Cabana, sin encontrar resultado alguno, por lo que decidieron continuar el viaje de búsqueda dirigiéndose a la ciudad de Tauca, en donde tampoco encontraron ningún resultado; por lo que decidieron continuar su camino hacia el caserío La Banda; en donde comenzaron a averiguar y a investigar entre su gente, si por algún caso, vieron por el lugar a dos hombres con las características físicas conchucanas, que estos comisionados les proporcionaban; pero lastimosamente que la gente del lugar desconocían de lo sucedido, además que nunca les habían visto pasar por estos caminos, por lo que, todo resultaba negativo.

Estos dos comisionados eran Conchucanos que buscaban averiguar y saber sobre el paradero de sus dos paisanos desaparecidos, también sabían “catipar” (masticar la hoja de coca con cal), pasaban horas tras horas sentados en las piedras que diseñaban los caminos, casi cerca de la casa de la familia Delawanda, y en sus constantes “catipadas”, la hoja de coca se le anunciaba y le predecía claramente que sus dos paisanos a quiénes buscan, “ya no se encuentran con vida”, todas las señales por coincidencia se les indicaba, que sus paisanos habían sido víctima de un grupo de gente del caserío La Banda y no del pueblo de Tauca; es decir, que los comisionados sabían adivinar con gran certeza el destino de sus parientes desaparecidos y solamente les faltaban los indicios para localizarlos.

En esos días se trataba de la celebración del cumpleaños de uno de los familiares de los hermanos Delawanda, y estos desconocidos forasteros se infiltraron dentro de la reunión, haciéndose pasar como inocentes viajeros venidos del pueblo de Mollepata que se ubica en la vertiente de la jurisdicción de Santiago de Chuco del Departamento La Libertad, que sus presencias se encontraban por estos lugares eran solamente con el fin de tratar de comprar algunos “fletes” o burros de temple, para cargar en sus lomos los cestos de ollas de arcilla cosida, que se acostumbraban a comercializar por el lugar, a cambio de productos de trigo, maíz, cebada, habas, fríjol, alverjas, y otros cereales de la zona, ésta explicación bastó para convencer a la gente y como son tan condescendientes y generosos. Ya que llevan ese mandato bíblico “dar posada al peregrino” les dieron acogida y alojados en uno de las casas de estos habitantes del lugar.

 

En estas fiestas familiares se acostumbraban a invitar no solo a todos los familiares del entorno, sino también a los amigos cercanos del pueblo, a los compadres, a los ahijados y a todos las personas que se encuentren de paso por el caserío, ya que el anfitrión tendrá que matar dos o tres reses para carne, con el cual tendrán que preparar el caldo de cabeza, el estofado y otros potajes típicos del lugar, como el cuy con papa, el locro, el puchero, el mondonguito. Así como también se calentara el horno de la casa, para el asado de chancho, de jamón, de res, para comerse con el pan de trigo caliente, de “cemita”, el “paragoll” de maíz, el biscochuelo, las bacitas, el “chichayo” asado, y otras tantas cosas asadas típicas del horno del hogar. También habrá ensaladas de lechuga, ensalada de chochos, ensalada de papas, de betarraga, el infaltable mote de maíz y de trigo; además de haber para comer a sus anchas ya sea dos o tres días seguidos, también no puede faltar la chicha de jora, la aloja (chicha morada), el calientito de cedrón con ron de caña o de “coyal” o en su defecto el anisado por docenas de botellas, en fin todo esto la prepara a la gente, para desbordarse en un baile incansable en el patio de la casa, cuando no llueve y en caso de lluvia en el pasadizo o en el cuarto de casa, al son de la participación de los conjuntos musicales que en contrapunto siempre vienen a entonar sus más alegres canciones, que la ofrecen al que cumple años en forma gratuita por toda el día y la noche y hasta los días siguientes, son los últimos en salir de la casa, cuando ya se fueron todos los invitados unos mareados más que otros.

Por costumbre la fiesta del quién cumple años o el santo, comienza a las ocho de la noche, con el primer baile del titular del santo  o onomástico, en presencia de todos los invitados y para que no se escapen los invitados ni menos entre gente desconocida, las puertas que da hacia la calle se les aplica un candado  de seguridad y las llaves se le guarda en lugar escondido para no ser visto, de esta manera nadie se escapa de la fiesta, todos comen, beben y bailan hasta cansarse, los asistentes siempre van ya preparados para estas circunstancias; las mujeres llevan puestas sus “llanques” (sandalias de llantas clavadas con suelas sujetadas al pie con correas de cuero de res bien limadas) con buenas correas de cuero, para sostener los prolongados zapateos de las piezas del huayno, visten de dos o tres polleras de lana en diferentes colores para protegerse del frío, llevan puestas en el busto un “monillo” (blusa) de colores con mangas largas, adornadas por un bordeado de sus pecheras orladas en colores con dibujos de flores en corazón, con un collar de plata o platino, de aretes de oro o de plata y sus cabellos terminadas en dos gruesas trenzas bien atadas y amarradas, con unas cintas de colores como para no soltarse nunca de sus amarres, en la cabeza llevan un sombrero de paja fina, de color blanco, con cinta negra terminada en un rozón a su lado derecho, en donde se prendía una flor fresca y natural del campo o del huerto de la casa, además todas llevan planchados sus rebozos de color azul, para protegerse del frío, con los ánimos joviales listos para divertirse.

Los hombres, también llevaban buenos “llanques” con las correas bien ensuavecidos en “brameros” de piedras (piedras azules largas plantadas en extremos del pesebre), para soportar los zapateos de todo una noche al compás de la entonación del huayno, vestían pantalón de “bayeta” (tela de lana de carnero) de color azul o al natural de la lana tejido en “cordoncillao” (con cuadritos o en seta) sujetado con faja de lana en colores o correa de suela con hebilla, camisa con mangas largas de tocuyo con rayas de botones, con saco también de bayeta de lana de carnero, llevaban puesto un poncho marrón o negro mestizado con líneas blancas, al cuello llevaban una chalina blanca o azul de lana de carnero y en la cabeza se ponían un sombrero de paja o de junco bien encolado con su correa de cuero delgado con hebilla, para protegerse del frío y de la lluvia, según la estación ya sea en invierno o en primavera, todos prestos a divertirse hasta la amanecer que a veces terminaban en un rincón de la caso cansados y bien mareado.

Los conjuntos se componían de dos a tres guitarras, de dos o tres mandolinas  folklóricas, de dos o tres rondines y la sonaja de una sarta de chapitas aplanadas de botellas de gaseosas, ensartadas en un resistente alambre circular que sonaba al compás de la tonalidad de la música, mientras bailaban todos cantaban a una sola voz hombres y mujeres, el hermoso y rítmico huayno que terminaba en un estruendoso e interminable zapateo, las canciones a veces se componían en el fragor del baile, ya sea dedicadas alguna pareja o alguna mujer en particular o al dueño del santo, estas canciones podía ser halagadoras o satíricas o algunas indirectas a cualquier persona o autoridad y de aquí nacían las canciones populares que más tarde la gente del pueblo las iban ha cantar o silbar cuando se dirigían al campo.

En estas fiestas de onomásticos no podían de ninguna manera faltar en un extremo de la casa, el grupo de los “cajeros” o “chirocos” (músicos que tocan la caja que es un instrumento de percusión) en un número de tres o cuatro cajeros, que también se les llama los “chirocos”, consistía en una caja redonda hecha de corteza de eucalipto resecada, al cual se le adhería la piel de carnero bien templado sobre un aro de tallo de “huarauya” de la misma dimensión cosido con una soguilla de cabuya y éste a su vez sujetado en todo sus extremos con una soguilla más gruesita con pasadores tendientes ajustarse para tener mayor resonancia a las cuerdas que le atraviesa en diámetro, además cada uno de los “chirocos” llevan su flauta o roncadora de “huarauya”, que son maniobrados con los dedos de la mano derecha que sostiene en la muñeca a la correa de la caja, mientras que en la mano izquierda coge la macana para dar los golpes necesarios y rítmicos para entonar las canciones y producir la música característica de los “cajeros” , al compás del cual todos bailan hasta el amanecer y todavía continuaba el día, a veces duraban dos o tres días de jarana; en toda fiesta siempre se comían y bebían, papa con cuy, tamales con carne de chancho, caldo de carnero con mote de maíz, con ají y cebolla china, por la amanecida, durante el baile a media noche servían cedrón, café o “panisada” o “coyal” (planta aromática de la jalca) con pan, cemita o “paragoll”, todos se abrigaban y se quedaban satisfechos de estomago; para bailar tanto y tanto al ritmo de la música del recuerdo, especialmente los ancianos bailando en parejas comienzan a llorar al son de la música que les hace recordar de sus tiempos pasados, en cambio otras parejas más jóvenes, sonrientes se alegran gozosos y felices, por que esa noche precisamente se habrían de conquistar mutuamente o se habían dado por primera vez un sonoro y profundo beso a la boca, seguramente en forma disimulada de enamoramiento y todavía a ocultas de sus padres, que por algún lugar se encontraban sentados en espera de su “trago” corto o del jarrón de chicha o “aloja” (la peruanísima chicha morada única del mundo) para refrescar el cuerpo después de una gran zapateada, al final de cada pieza musical que entonaba el conjunto de guitarras y mandolinas o el grupo de “cajeros” o “chirocos “ que siempre se juntaban de dos o cuatro, para tener mejor sonido y resonancia al aire libre de la casa.

Las “pailas” o las fondas y las ollas hechos de cobre o adecuados de cilindros con sus orejas o pasamanos, para sostenerlos al retirarse del fogón, hechos por los hojalateros del lugar, seguían candentes y humeantes sobre las “tullpas” (piedras que sirven de sostén a las ollas cuando se cocina) no cesan el fuego de la cocina de leña, que se había instalado en el pasadizo o en un rincón del patio de la casa, con el fin de protegerse de la posible lluvia según la estación de verano o invierno; ¡Qué bueno eran las fiestas! ¡Qué divertido era trajinar por los pasadizos!. Con las fiestas que se realizaba, tanto el piso del cuarto o sala de la casa o del patio quedaban polvorientos, se levantaban el polvo por ser el piso de tierra afirmada, a veces el polvo no se advertía en la noche, que para dar claridad durante la noche, se usaban las lámparas o mecheros con kerosén, las linternas o faroles con kerosén, por el humo que despedían negreaban las cocina y las salas en donde se quemaban, por eso en otras casa más elegantes se usaban la luz de un “petromax” consistía en una lámpara grande que se bombeaba aire para general el gas, con el cual quemaba la camiseta de la lámpara y con su ruido característico emitía una luz blanca y despedía un calor fuerte dentro del lugar, a la redonda daba buena claridad, todo los ambientes se alumbraba como si fuera el día.

Los invitados participaban en los bailes y observaban todo lo sucedido durante la fiesta dentro de la casa; pero, estos dos conchucanos que también habían sido invitados se sentían un poco recelosos y extraños casi como infiltrados, también bailaban algunas piezas y participaban de la fiesta, aún no muy alegre no trataban de marearse con el licor que repartían entre los asistentes, se notaba que guardaban cierta distancia de los demás de la casa; en cuanto le tocaba su turno para bailar en la fiesta a Bartino Delawanda con su esposa de pareja, inmediatamente estos extraños forasteros se acercaban al conjunto musical y hacían que les cantaran disimuladamente esta pieza burlona y satírica:

 

“Baila, baila Bartino
que buen chivato
te has comido,


Mañana te llevarán
a pagar la deuda”.

 

“Baila, baila Bartino
que buen chivato
te has comido,


mañana morirás
sin pagar la deuda"

 

Este estribillo los forasteros lo repetían a cada instante, en cuantas veces que decidía bailar Bartino Delawanda, estribillo que siempre me refería mi padre Manuel Moreno Huazo, cuando me relataba sobre los hechos que sucedieron y que más tarde los confirmaron los mismos familiares que recordaban por haber asistido a esa fiesta, en cuanto acudían al Despacho de mi padre, en aquel tiempo a realizar sus consultas sobre varios conceptos de bienes.

Los conchucanos, que inteligentemente se habían infiltrado a la fiesta, tenían otra misión primordial de averiguar los nombres de los hermanos Delawanda, del Teniente Gobernador y del Agente Municipal, que eran las únicas autoridades del caserío La Banda, en cuanto obtuvieron todos los nombres con sus características personales de cada uno y terminado la fiesta del cumpleañero que había durado casi tres días con sus noches, anhelaban obtener otras informaciones y más datos suficientes, como para establecer y afirmar que la familia Delawanda tenían conocimiento del paradero de los abigeos perdidos; no obstante de que frecuentemente consultaban en su “chaccheo” de la hoja de coca, que todas las señales les indicaban y les orientaba el camino que debían de seguir, uno de ellos decía “en mi hoja de coca me indica un camino recto” el otro compañero los interpraba, como si les dijera o les predecía el rumbo o el destino que les esperaba, luego le preguntaba ¿Cómo sale, cuál es la dirección que indica?, El otro le contestaba “te he dicho que sale como una flecha hacia el pueblo”. ¡Ya sé¡ ¡Ya sé! Entonces debemos de ir sin perdida de tiempo o regresar al pueblo de Tauca, nuestra hoja de coca nos guiará y nos indicará las acciones que debemos de tomar, en cuanto nos encontremos en el pueblo, nuestra hoja de coca nos acompañará.

 


 

 

 

Siguiendo los caminos señalados por las predicciones que la hoja de coca les había anunciado anteriormente de lo que iba a suceder, en caso de continuar el camino señalado con dirección cierta y sin lugar a dudas de regresar hacia el pueblo de Tauca, en donde podían tener algún resultado positivo. Porque sus “catipadas” de hoja de coca les anunciaba algo sobre la misión encomendada, además ya habían obtenido los nombres completos de los hermanos Delawanda y demás informaciones superficiales. Pero al no conseguir mayores informaciones sobre los abigeos desaparecidos, decidieron acudir a las autoridades locales del pueblo de Tauca, antes de apersonarse al Comandante del Puesto de la Guardia Civil, estos dos familiares conchucanos que realizaban la búsqueda de los abigeos desaparecido, acordaron que previamente era necesario alarmar a las autoridades, como ya lo habían realizado en otros lugares, cuando victimaron a los anteriores hermanos Oré, ya tenían experiencia en denunciar públicamente estas desapariciones.

En todos los pueblos de la provincia, cualquier denuncia de robos de sementeras, de dinero, bienes de patrimonio comunal, conductas deshonrosas de las autoridades, de los ciudadanos o ciudadanas, en fin todo acto que denigraba a la comunidad, eran denunciada públicamente a través de los “pasquines” que consistían escritos a mano con tinta azul o roja, sobre una hoja de “papel de Oficio” con membrete impreso en alto relieve en el extremo superior derecho, que vendían en las tiendas para redactar solicitudes o también en papel de carta, las denuncias que se pretendían hacer brevemente. En primer lugar llevaba la denominación de la autoridad a quien se le dirigía, en segundo lugar el nombre de la persona denunciada, en tercer lugar el delito o falta cometida, en cuarto lugar pedía se investigue y se sancione con repudio del pueblo, y por último lugar y fecha. Estos documentos eran informales y anónimos, los que denunciaban no se identificaban por temor a las represalias de las autoridades o de las personas denunciadas, porque terminaban en odios y reyertas. Estos papeles eran fijados con “engrudo” (mazamorra de harina de trigo) en las puertas de oficinas publicas, de la casa de las autoridades y especialmente en la pared de las esquinas principales y visibles de la plaza de armas del pueblo, para que pudieran fácilmente enterarse de su contenido, luego realicen los comentarios y su divulgación por todo el pueblo. Estas divulgaciones se realizaban y se practicaban en esta forma por falta de un medio de comunicación y dibulgación como por los periódicos, radio o de la televisión, en otras oportunidades también se acostumbraban escribir varias cartas anónimas y dejarlas por debajo de la puerta de la casa de la persona o de los vecinos que deberían de enterarse o de las autoridades del pueblo.

Fue entonces, que en una mañana del mes de noviembre del año de 1953, que aparecieron unos manuscritos escritos con tinta azul, pegados en las puertas  de la Comandancia de Puesto de la Guardia Civil y del Despacho del Gobernador, ubicados en la plaza de armas del pueblo, en la puerta de la casa del Juez de Paz de Primera Nominación y en la pared del local del Consejo Municipal hoy Municipalidad distrital de Tauca, además de haberse fijado en las paredes visibles de cada esquina de la Plaza de Armas, también se incluía el fijado en la puerta de la Iglesia Matriz del pueblo; nuevamente era una novedad toda la gente se arremolinaba ante estos pasquines para leer el texto y enterarse de su contenido, luego se iban comentando y murmurando sobre los supuestos hechos delictivos, cometidos por las personas de nombres completos conocidos que se mencionaban en la denuncia pública anónima, cuyo texto era lo siguiente:

 

"A las autoridades de Tauca,
denunciamos que en el caserío de La Banda,
Bartino Delawanda, Valerino Delawanda y

Alerino Charengo, dio muerte a
dos compradores de ganado de Conchucos,
pedimos su inmediata
intervención"

 

(Este documento manuscrito de caligrafía irregular, en papel de oficio soleado con tinta azul, sin fecha ni firma, presentando todavía las manchas del engrudo, y los vestigios de rasgadura en sus bordes superior e inferior por el forzado despegue del papel de la puerta de mi casa, en donde funcionó el Despacho de mi padre Manuel T. Moreno Huazo, cuando se despeño como Juez de Paz de Primera Nominación de Tauca, se encuentra inserto en el Expediente Nº 09-53-JPPN-T, a fojas 37, cosido a mano con hilo blanco de “carrete” en varias vueltas, conteniendo investigaciones judiciales en 216 folios útiles, con numeración manuscrita, corre en los archivos de la judicatura de ese entonces de mi padre)

El amanecer recién se iba abriéndose de malagana “sahuga” “sahuga” (quería y no quería amanecer con un friolento airecito, casi a oscuras impide observar el paisaje), el alba tardaba mucho para llegar al “shaiguro” (hueso de la columna vertebral) de los cerros escarpados, en donde se convierten las pendientes desnudas en rocas eternas de alturas, en donde es difícil su acceso por lo abrupto y peligroso que se tornan, además por ese intransitable lugar no crecen árboles ni rama alguno, solo se deja observar cuando la claridad del alba se derrama con fuerza al comienzo del amanecer; sin embargo, el declive áspero del accidentado terreno se iba paulatinamente cediendo al arrastre violento de la esperada claridad, mientras que sus habitantes pueblerinas en cantos y silbidos madrugaban por sus pedrosos caminos que poco a poco se descubrían al andar en busca de la dormitada y accidentada naturaleza, ya de un salto de vuelo el alba llegaba por encima de sus lomas, para descender sobre los tejados y las húmedas huertas de flores y hortalizas que tiene cada casa del pueblo.

Mi padre acostumbraba salir de la casa temprana por la mañana, al abrir la puerta con gran sorpresa vio pegada con engrudo un papel escrito con tinta azul que significaba un “pasquín”, después de delinear su lectura escueta, inmediatamente procedió a despegar que todavía se palpaba la humedad del pegamento, luego cogiendo con la mano derecha con cuidado, después de dejar apoyado en la pequeña venta de tras del portón, prosiguió su destino por la Calle Recoleta y al cruzar la Calle La Libertad, escucho que varias de las personas también comentaban de lo sucedido y se habían enterado al leer en las paredes de la esquina de la plaza de armas y en las puertas de las autoridades del pueblo; en suma era una novedad escandalosa entre las personas, unos se apenaban por la noticia otros se abstenían en su ignorancia, muchos persistían en no creer en el contenido escrito del “pasquín”. Al regresar a casa mi padre con entristecido gesto comento a mi señora madre doña Ramona Ravelo Chinchay de Moreno, en esos fríos momentos de la mañana yo también escuche sin querer, luego me llamó la atención, pero como ya era hora para ir a la escuela y no llegar tarde, no tome tanto interés porque tuve que marcharme inmediatamente. En la misma escuela también estudiaba uno de los hijos de Bartino Delawanda, nos tratábamos como familias, era un jovencito modesto, usaba la vestimenta típica del lugar como todos nosotros se llamaba Gregorio, hasta esos momentos él desconocía de lo que venía sucediendo en el ceno de su familia, durante los días de la semana venía desde tan lejos y llegaba temprano a clases, todos los alumnos que pertenecían a los caseríos de Hualalay, Matibamba, Alaypampa, Sahuachuque, La Banda y otros lugares como la de Ancos, que estudiaban en la Escuela Elemental Nº 295, que posteriormente se convirtió en la Escuela Pre-vocacional Nº 295 del distrito de Tauca.

Después de las apariciones de estos “pasquines” pegadas en las puertas de las casas u oficinas de las autoridades del pueblo, en el transcurso de la mañana, como por arte de magia de un momento a otro apareció en la plaza de armas estos dos familiares que buscaban a los supuestos compradores de ganados de Conchucos, que habían desaparecido y que no daban con su paradero, entonces como ya las autoridades se habían enterado de lo sucedido, sin perdida de tiempo se apersonaron ante el Puesto de la Guardia Civil de ese entonces en Tauca, inmediatamente formularon la denuncia policial correspondiente y solicitaron las garantías del caso, como también el apoyo de la Guardia Civil para investigar lo sucedido según al contenido de la denuncia anónima del “pasquín”. Además que los Guardia Civiles conocian de la “apertura de instrucción de oficio” anterior se había concluido por falta de pruebas y haberse dispuesto libertad de los supuestos culpables, situación que les complicaba en su labor policial. 

 

 

En cuanto formalizaron la denuncia policial por parte de los familiares buscadores de los abigeos, hecho que le convenía a la Guardia Civil de Tauca prestó las garantías del caso, luego dos de los Guardias debidamente armados de fusiles y revólveres se trasladaron en sus caballos al caserío La Banda, hasta llegar al lugar denominado Chuquique, en donde lo primero que hicieron fue buscar a las autoridades del caserío, pero resulta que el Teniente Gobernador Elodio Delviento, ya no se encontraba ejerciendo el cargo por haber viajado a Lima, dejando a su reemplazante al más joven de los hermanos Valerino Delawanda, a quien textualmente le había dicho “te dejo encargado la Gobernación por unos días, voy a viajar a Lima, tengo urgencias familiares, regresaré pronto, aquí te dejo bajo inventario los libros de la gobernación, los sellos y demás documentos, para que Despaches mientras dure mi ausencia“, luego los dos estamparon sus firmas al final del inventario, dando la conformidad del encargo y de su aceptada recepción.

En igual forma, el Agente Municipal del caserío, Demelino Lopadio, también había dejado encargado el cargo al cuñado de los hermanos Delawanda, el popular “cojo” Alerino Charengo, a quién también textualmente le dijo “te encargo por dos semanas el cargo que desempeño de Agente Municipal, por razones familiares tendrá que viajar urgente a Lima, uno de sus sobrinos está enfermo, se encuentra hospitalizado, a partir de mañana te dejo todos los archivos a tu cargo”. 

Cuando los dos Guardias Civiles, llegaron a caballos bien armados con fusil a la espalda y revolver a la cintura con votas de cuero negro con espuelas, con voz autoritaria y grosera, preguntaron por sus autoridades a los pobladores que asustados salían de su casa por el ruido que producían los herrajes de los cascos de sus caballos, temerosamente señalaban la casa de cada uno de ellos, los cuales inmediatamente salieron al frente identificándose estos dos inocentes ciudadanos como autoridades encargados, quienes desconocían de la denuncia que había sido sentado en el Puesto de la Guardia Civil de Tauca, motivado por el anónimo del “pasquín”, este hecho se ignoraba en el caserío de lo que sucedía en el pueblo, las autoridades encargadas se limitaron a repetir y a mencionar las ingenuas razones y las circunstancias, tal cual se les dijeron sus Titulares del cargo.    

Pero, en este caso, la Guardia Civil tenía que atenerse a la denuncia policial que portaban en ese momento, entonces procedieron a capturar a los sospechosos y a las personas que cuyos nombres se referían y se mencionaban en el anónimo del “pasquín”, como uno de los principales sospechosos era Bartino Delawanda, Valerino Delawanda y Alerino Charengo, los otros ya se habían huido a Lima, solamente los que estaban presente fueron llevados a Tauca y algunos otros infelices que como sospechosos se encontraban o salían al paso por lo caminos, eran personas inocentes que no tenían nada que ver y eran simplemente unos modestos campesinos trabajadores de la tierra, que por desgracia habían salido al paso de los Guardias y ahora a golpes eran reducidos y conducidos a Tauca, para luego ser depositados al calabozo del Puesto de la Guardia Civil, en donde se le hacía declarar a golpes y una vez confeccionado el Atestado Policial, tenía que ser llevados al Juez Instructor de la Provincia, con sede Judicial en la ciudad de Cabana.

Mientras tanto los dos familiares Conchucanos encargados de la búsqueda de los supuestos compradores de ganado, con su apoderado reclamaban y pedían a gritos ante el local del Juzgado en Cabana, en donde despachaba el Señor Juez de Primera Instancia de la Provincia, para que inmediatamente pida y ordene al Comandante de Puesto de la Guardia Civil de Tauca, en el término de la distancia ponga a disposición del Juzgado, a los que habían sido detenidos en el caserío La Banda y se encontraban en el pueblo de Tauca, después de tomarse sus declaraciones de rigor y bajo presión de “puro golpes”, obtenían las manifestaciones de los detenidos, para luego confeccionar el “Atestado de la Guardia Civil”, en cuanto tenían escrito a máquina o a mano, recién los Guardias procedían a conducirlos a la ciudad de Cabana, capital de la Provincia de Pallasca.

Al recibir reclamos verbales de los familiares de los desaparecidos compradores de ganado de Conchucos, el Señor Juez de Primera Instancia de la Provincia, inmediatamente por vía telegráfica (telegrama) ordeno que los detenidos sean conducidos a grado fuerza por el Comandante de Puesto de la Guardia Civil de Tauca y puestos a disposición de su Despacho. La orden telegráfica fue cumplida. Los detenidos fueron amarrados de manos a la cintura “en fila de uno” a la montura del caballo del Guardia que marchaba adelante, al final otro Guardia a caballo que les pisaba los talones de los detenidos y aquél que perdía el paso ligero de los caballos era azuzado con la rienda de los caballos que les hacia saltar y ponerse en movimiento. No obstante que la seguridad era extrema, cada uno de los Guardias llevaba un fusil sobre la espalda y su correspondiente revolver en el cinto de la cintura. Usaban sus correspondientes cascos de fibra color “verde caqui” para proteger la cabeza del sol y de la lluvia, amarraban en la montura un “poncho de agua” era un poncho de jebe color negro, para protegerse de las torrenciales lluvias en épocas de invierno, los caminos eran de herradura ásperas y polvorientos, sin embargo a pocas horas arribaron a la ciudad de Cabana, en donde los detenidos fueron internados en la “carceleta” permaneciendo por espacio de quince días detenidos.

 

 

 En cuanto llegaron los detenidos a la ciudad de Cabana, durante su estadía también tuvieron que contratar a su defensor, no faltaban en esta ciudad personas que sin título de abogado asumían la defensa de cualquier infeliz detenido o de algún chacarero o hacendado de grandes extensiones de tierras o también de grandes ganaderos, a estas personas se les llamaban “los tinterillos” o “los papelucheros”, que con un simple escrito se le concedía facultades como apoderado para realizar los trámites judiciales, tanto en los procedimientos civiles como en los penales, éste “apoderado defensor” era ya conocido en el ámbito judicial, entonces formula el primer escrito de Habeas Corpus:

 

“...Señor Juez de Instrucción de la Provincia,

Bartino Delawanda, Valeríno Delawanda y Alerino Charengo, por derecho propio, con domicilio legal en el Jirón Independencia Nº 104, Cabana, a V. S. Respetuosamente decimos:

Que venimos a iniciar “habeas corpus” en nuestro propio beneficio, en virtud de los hechos que pasamos a exponer: En el día (borroneado no se entiende el manuscrito) del presente mes del corriente año, hemos sido arbitrariamente detenidos por la Guardia Civil de Puesto de Tauca, alegando hechos que desconocemos sin mandato judicial.

 

Evidentemente este requerimiento personalísimo y sin proporcionar dato alguno que nos permita conocer y satisfacer el requerimiento judicial, no puede ser sino una encubierta forma de restringir ilegalmente nuestra libertad, ya que ningún magistrado nos ha citado ni efectuado requerimiento alguno en legal forma. Nuestras averiguaciones nos han permitido descartar la existencia de orden alguna que restrinja legalmente nuestra libertad.

 

Por ello, de V. S. Solicitamos:

1º) Requiera informe telegráfico del Comandante de Puesto de la Guardia Civil de Tauca, acerca de la orden de detención que recaiga sobre nuestras personas; caso afirmativo, la autoridad que la ordenó.

2º) Oportunamente acoja favorablemente la presente acción.

3º) Que nosotros no tenemos antecedentes policiales ni se puede acreditar que hayamos cometido algún hecho delictivo ni burlar la acción de la justicia, según a los moretones y maltratos que presentamos más nuestros dichos de los maltratados que hemos sido cruelmente torturados por nuestros captores, por lo que pedimos, se ordene pasar el examen Médico Legista de la Provincia de Pallasca, para determinar la gravedad del hecho corporal a que hemos sido sometidos inhumanamente.

4º) Haga lugar al presente hábeas Corpus, en garantía del derecho constitucional previsto en la Constitución Nacional a favor de nosotros y se ordene nuestra inmediata libertad.

Proveer de conformidad, será justicia.

Firmas de los detenidos...”,

 

Este escrito fue admitido por el Juzgado y previo a los trámites judiciales se puso a Despacho para resolver, al no obtenerse prueba alguna sobre el supuesto delito que nuevamente se le investigaba, el Juez de Instrucción de la Provincia, Cabana, dictó el auto resolutivo siguiente:

 

“.AUTOS Y VISTOS; La causa seguida contra los procesados Bartino Delawanda, Valeríno Delawanda y Alerino Charengo, cuyas demás generales de Ley obran en autos, por la comisión del delito contra la vida, el cuerpo y la salud – Homicidio – en agravio de Donato Oré y de Crisanto Lara, de conformidad con lo dictaminado por el señor representante del Ministerio Público, cuyos fundamentos se reproducen en todos sus extremos y, Atendiendo:

Primero.- Que, nuestro máximo órgano jurisdiccional ha establecido jurisprudencialmente en reiteradas Ejecutorias Supremas, que para emitir una declaración judicial de culpabilidad es menester que en sede judicial se hayan actuado un mínimo de pruebas de cargo en contra de los procesados, ya que el convencimiento del Juez debe basarse en la certeza de los hechos;

 Segundo.- Que, se imputa a los denunciados haber victimado a dos compradores de vacunos llamados como queda anotado en autos, cuando pasaban por el lugar en donde se ubica el ganado de los procesados sobre la jurisdicción del caserío La Banda del distrito de Tauca de esta Provincia, siendo los únicos que tienen conocimiento de la visita de los desaparecidos Donato Oré y Crisanto Lara, debido a que los agraviados salieron del distrito de Conchucos con dirección a este lugar del distrito de Tauca ya descrito;

Tercero.- Que, del estudio de autos se tiene que, de lo actuado durante la secuela del proceso se tiene que la única prueba incriminatoria subsiste en contra de los procesados corresponde a la sindicación hecha por la familia de los agraviados, sin otro medio de prueba que lo corrobore, toda vez que no se ha probado de manera fehaciente que los procesados sean autores del hecho delictivo denunciado, ya que no se ha llegado a determinar el lugar, día en que ocurrió el ilícito penal, debido a que los familiares de los agraviados refieren que fue a comienzos de un mes no determinado del presente año, afirmando que solamente la vieron partir a las dos personas desaparecidas hace más o menos un mes, con destino del pueblo de Conchucos a las alturas del pueblo de Tauca. Máxime si dicho viaje y distancia que no se ha llegado a determinar con exactitud si llegaron al lugar de su destino, y además que se carece de algún testigo que refiera los hechos imputados, conforme se refiere en los informes recaídos en autos y el hecho de que los procesados se hallan capturado y detenido en el caserío La Banda del distrito de Tauca, lugar muy distinto de su destino y que concurran dos o tres veces por semana a verificar el estado de sus ganados que se encuentran en las alturas de su caserío natal La Banda jurisdicción de Tauca, no implica que estos sean los autores del ilícito penal, más aún si las pruebas aportadas en avisos o pasquines en el cual se indican sus nombres, no precisa que los inculpados sean los autores del hecho delictivo, no obstante que los familiares de los agraviados hayan aportado algunas informaciones verbales y datos recogidos de terceras personas, cuanto estos fueron a visitar ocasionalmente los hogares de los inculpados y asistieron a las reuniones familiares o fiestas que solían realizar los familiares de los inculpados en su localidad, los mismos que no tenían conocimiento que los familiares de los agraviados venían investigando a título personal; y si bien es cierto que los agraviados compradores de ganado se han desaparecido sin dejar huella o vestigio alguno, por haber sido objeto de algún atentado criminal en sus personas, conforme es de verse de los informes de autos, no menos cierto es que en autos no existe certeza, que los procesados hayan cometido el homicidio que alegan los parientes de los agraviados, por lo que existe dudas razonables sobre la responsabilidad de los procesados siendo de aplicación el principio universal del IN DUBIO PRO REO, establecido en el inciso 11º) del artículo 139º de la Constitución Política del Estado, no habiéndose desvirtuado la presunción de inocencia de los inculpados consagrado en el párrafo e) del inciso 24) del artículo Segundo de nuestra ley fundamental; por estas consideraciones y de conformidad a lo establecido en el Art.  221 del Código Adjetivo,  el Juzgado de primera instancia en lo penal de la Provincia de Pallasca,

DECLARA : SOBRESEÍDA la instrucción incoada, contra Bartino Delawanda, Valerino Delawanda y Alerino Charengo del delito contra la vida, el cuerpo y la salud –Homicidio- en agravio de los familiares de las personas desaparecidas Donato Oré y de Crisanto Lara;

MANDO se notifique la presente Resolución a las partes procésales una vez consentida y/o ejecutoriada sea la misma se anule los antecedentes que se haya generado, como consecuencia de la misma y se archive definitivamente los de la materia, con citación....” 

 

Después de quedar consentida la resolución, judicialmente se ordenaron la libertad de los detenidos y abrió instrucción a los Guardias Civiles del Puesto de Tauca, por el delito de lesiones graves y abuso de autoridad, disponiendo sean conducido los autores del maltrato físico a grado fuerza al Despacho del Instructor.

 

 

Al enterarse el Comandante de Puesto de la Guardia Civil de Tauca, que el Juez Instructor de la Provincia con sede en la ciudad de Cabana, les había aperturado instrucción a los Guardias Civiles que intervinieron en la captura de los hermanos Delawanda, en el caserío La Banda, a quienes les hicieron declarar a golpes, confeccionando un superficial atestado policial sin prueba alguna, con el fin de poner a disposición del Juez de Primera Instancia de la Provincia; pero como siempre ha existido y existe el mal llamado “espíritu de cuerpo” entre ellos se favorecen y se pasan el “soplo” en su léxico policial, le comunicaron telegráficamente de la Jefatura de Línea de Cabana al Puesto de la Guardia Civil de Tauca, para que inmediatamente se avoquen y ahonden en la investigación policial, constituyéndose personalmente en horas de la noche al caserío de La Banda, para realizar las investigaciones pertinentes, antes de ser conducidos al Juzgado de Instrucción, por los maltratos inferidos a los detenidos se havia revertido la situación en contra de los efectivos policiales, el caso era muy serio para los dos Guardias Civiles del Puesto de Tauca, ya que pesaba en su contra una instrucción abierto por el Juzgado de Primera Instancia de la Provincia de Pallasca, que a la letra decía: “ABRIR instrucción en vía sumaria contra los Guardias Civiles don Salustino Zamudio y Anastasio Poma, como presuntos autores del Delito contra la vida, el cuerpo y la salud –Lesiones graves–  y abuso de autoridad, en agravio de Bartino Delawanda, Valerino Delawanda y Alerino Charengo; decretándose contra los aludidos procesados mandato de comparecencia bajo las siguientes reglas de conducta”:

 

a)    No variar de domicilio sin previo aviso al Juzgado,

b)    Concurrir al Local del Juzgado cada treinta días a efectos de justificar sus actividades,

c)    Cumplir con las citaciones y mandatos judiciales,

d)    Pagar una Caución que se fija en la suma de Quinientos soles oro, para cada procesado que deberá depositar en la Caja de Depósitos y Consignaciones de la Provincia, bajo apercibimiento de que previo requerimiento se le revoque la medida y se dicte el mandato de detención en su contra; no habiendo sido puesto a disposición del Juzgado a los procesados, notifíquese a los procesados y RECIBASE en el día su declaración instructiva;

fecho, OFICIESE para las diligencias a efectuarse,

RECIBASE la declaración preventiva de los agraviados;

se RECABE el certificado del médico legista y la historia clínica de los agraviados;

RECABESE los antecedentes Penales y Judiciales de los procesados; ABSUELVASE las citas que resulten de autos y practíquese las demás diligencias que sean necesarias para un mejor esclarecimiento de los hechos; a fin de garantizar el eventual pago de la posible reparación civil, de conformidad con lo dispuesto en  el Código de Procedimientos Penales: TRABESE embargo preventivo sobre los bienes de los inculpados, para cubrir la posible reparación civil; notificándose para que señale bienes libres sobre los que debe recaer la medida, bajo apercibimiento de trabarse embargo sobre los que se sepa son de sus propiedades o de sus remuneraciones; comunicándose la apertura de instrucción y el mandato de comparencia a la Sala Penal competente de la Corte Superior de Huaraz, con citación del representante del Ministerio Público, fecho, remítase a la Mesa de Partes para su registro correspondiente...”

 

En cuanto se conocieron sobre la apertura de instrucción, la Guardia Civil del Puesto de Tauca se preocuparon enormemente, sin perdida de tiempo dispusieron trasladarse al caserío La Banda en horas de la noche con el fin de lograr la captura de los demás y de sorpresa obtener alguna declaración o vestigio sobre el supuesto crimen que se pretendía investigar.

Los dos Guardias Civiles del Puesto de Tauca, Salustino Zamudio y Anastasio Poma, llegaron en horas de la madrugada al caserío La Banda, cuando todavía los habitantes del lugar placidamente dormían, mientras que otros bien abrigados se desplazaban hacia sus campos llevando como de costumbre sus vacas, burros y caballos, mas ellos también portaban sus lampas, para regar sus parcelas, sus alfalfares, sus trigales o su maíz, alforja y poncho al hombro divisaban por los estrechos caminos, silbando al compás de los cánticos de pajarillos y a medida que la mañana iba creciendo de sol las casitas recobraba vida con los cantos y bullas de la actividad cotidiana de sus habitantes, pero este pacifico desenvolvimiento del caserío en sus inmediaciones se veía interrumpido por el apresuramiento e imprudencia de estos dos Guardias Civiles, Salustino Zamudio y Anastasio Poma, que a todo el mundo se le daba el alto y pedían que se identificarán, con el fin de no dar oportunidad que algunos de los implicados en la investigación huyera del lugar.

La mañana venía arrasando la superficie de los cerros, dejando las sombras impregnadas entre las quebradas y los precipicios de las vertientes dejando derramarse con más fuerza sobre el caserío, mientras tanto los Guardias Civiles se encaminaban furiosos por los alrededores de la vivienda de uno de los hermanos Lucerino Delawanda, a quién esperaban que saliera hacia el camino en donde se encontraba los custodios, para luego ser inmediatamente detenido, no tardo mucho Lucerino que se apareció bajo los umbrales de la puerta de su vivienda, sin prever que le vigilaban e inocentemente se le cayó el guante encima, Lucerino era un hombre alto, de pelo negro desordenado, usaba un sobrero de junco ya usado, de aspecto acholado tímido, de ojos enrojecidos semitrasnochados hundidos entre sus arrugas, golpeado por la crueldad de la vida. Cargado de algunos años, chacarero, agricultor de nacimiento, “criandero” de sus ovejas, vacunos, caprinos, modesto campesino, de piel cobriza andina, lampiño, de mirada delimitada, vestía una camisa a rayas con un saco usado de bayeta, llevaba puesto gruesos pantalones de bayeta “cordoncillado”, de poncho de un solo color habano y alforja de lana mestizado de colores rosado, amarillo y verde, todo se resumía en una figura de un típico ciudadano en desgracia, con la mente desganada derribándose de peso hacia un abismo sin salida, pues ya era presa de las circunstancias sorpresivas de la Guardia Civil, se le había frustrado sus planes y quehaceres del día, se le había impedido de continuar su camino para ir a regar sus sementeras que no muy lejanas quedaban.

Los Guardias apresaron a Lucerino Delawanda, sin explicación alguna inmediatamente con una soga de cabuya le ataron de manos hacia atrás a la altura de la cintura, fue tan sorpresiva y violenta la actitud que Lucerino se quedó enmudecido no se imaginaba lo ocurrido, ya que creía que todo se había solucionado en Cabana, sólo esperaba que llegaran sus hermanos ya libres de todo problema, sin embargo, no encontraba explicación alguna sobre el proceder que los Guardias estaban realizando. Pues sin dejarle de dar aviso a sus familiares a empellones fue obligado a indicarles el camino, por donde tenían que ascender para ir hacia la altura en donde se encontraban sus ganados. Lucerino solo se limitó a cumplir las ordenes que les imponían los Guardias y continuó su caminata sin probar alimento alguno fue llevado a paso forzado caminando al frente de los caballos, que subían por el improvisado camino con dirección hacia las alturas, durante el trayecto tuvieron muchos descansos, ya que los caballos no estaban acostumbrados ascender las cuestas de pajonales ni menos ha soportar la fuerza del friaje de los vientos del lugar, los Guardias también sentían el dolor en la cabeza, eran los síntomas del mal del “soroche” y aún más que no habían dormido la noche anterior y se encontraban trasnochados no habían descansado lo suficiente, como para un trayecto de esta naturaleza tan accidentado; pero que al fin y al cabo ya sentían arribar al lugar en donde se encontraba la choza de las pastoras, agitados y cansados trataron de llegar a las alturas de las jalcas en donde pastaban el ganado de los hermanos Delawanda; pero como el día no espera a nadie seguía corriendo las horas pesadamente inclinadas al Oeste, casi ya caída la tarde hacia el horizonte, ya por la pesadez del tiempo por poco no se distinguía la lejanía, los cerros se ocultaban entre ellos mismos, los caminos se acortaban entre las oscuridades de las quebradas, el mundo andino caída como una abierta rosa amarillenta enrojecida sin fuerza, parecía cercanamente reducirse en un puñado de sombras muertas de agua entintada en la negrura de los inicios de la noche.

 

 

Los Guardias Civiles y el detenido Lucerino Delawanda, al arribar a la puna se cobijaron en la choza de las pastoras, para pasar la noche y esperar el siguiente día, para que durante la claridad del día trataran de buscar en algún lugar los posibles vestigios de los cuerpos de los desaparecidos compradores de ganado procedentes del distrito de Conchucos.

Los custodios de una manera de previsión, para evitar que huya el detenido procedieron amarrar de manos y pies con la soga de cabuya que traían consigo, luego le tiraron sin compasión alguna y sin importarle su edad sobre el frío piso de un rincón de la choza para que durmiera y recobre sus ánimos, pero los Guardias siempre alertos, debidamente armados de sus fusiles se acondicionaron abrigándose con sus gruesas polacas precisamente en la misma puerta de salida de la reducida choza, como para poder impedir en algún momento el posible intento de fuga del detenido.

En cuanto, apenas se aposentaron de los interiores de la choza inmediatamente todos ganados por la fatiga y el cansancio corporal de haber trajinado todo el día entraron en un profundo y descontrolado sueño, dejando totalmente en abandono la custodia del detenido. Las únicas personas que no podían concebir el sueño eran las pastoras, que permanecían siempre recelosas y asustadas, sin advertir ni comprender lo que estaba sucediendo, desde cuando llegaron los Guardias permanecieron alertas a cualquier movimiento sospechoso, en ese entonces, tanto de los custodios como de su tío detenido que roncaban sin control alguno en el interior de la choza.     

La noche era totalmente oscura, había caído de fondo con gran peso sobre la misma puna, no se veían ni siquiera los dedos de la mano en las afueras de la choza, era tan negra como el mismo carbón, solamente con la ayuda del mechero de kerosene que permanecía encendido en el interior de la choza, se podía observar borrosamente algunos aspectos fisonómicos de los improvisados visitantes que ruidosamente descansaban, mientras en los exteriores de la choza las horas ennegrecidas de la noche, ascendían por las invisibles cuestas escarpadas de los cerros de la puna.   

Cuando de un momento a otro se interrumpió la soledad absoluta de las extensas alturas, eran más o menos las doce horas andina de la noche, en que los perros aullaban tristemente tras de la choza, como si quisieran desesperadamente hablar a la noche oscura de alguna figura advertida o morder temerosamente los filos de su dolorosa negrura por algo visto y no entendido, por otro lado, los ecos tambaleantes de miedo en la lejana oscuridad cada vez más se acercaba como fuertes vientos fríos hasta dar junto a la solitaria choza de las pastoras; pero algo más se sentía lejanamente venir desde las cumbres, desde allá del fondo mismo de la puna, desde el inicio del ceno de la oscura noche se escuchaba salir un delgado llanto entrecortado por los vientos, que no se dejaba claramente distinguir a que sexo joven pertenecía:

 

 

Todo se tradujo en un absoluto y prolongado silencio dentro de la oscuridad, parecía como si un estruendoso ventarrón había sacudido la naturaleza oscura de esa parte de la puna. Cuando las miradas sorpresivas de las pastoras pasaron en ese instante por el ambiente interior de la reducida choza, todos, todos se encontraban despiertos y asustadizos de lo que acababan de escuchar, menos  tanto las pastoras porque este fenómeno ya había escuchado en otras noches anteriores, en cambio, los Guardias Civiles y el detenido recientemente lo experimentaban en este lugar alejado del pueblo.

Este hecho atemorizante, como un fuerte remezón interrumpió el confortante descanso de los visitantes, con ayuda de la opaca luz del mechero que permanecía dentro de la estrechísima choza, se observaba que entre ellos, unos a otros a oscuras se pasaban la mirada sin pronunciar palabra alguna, parecían que sus miradas y cuerpos se estremecían en sí mismo en un profundo y misterioso silencio. Todos temerosamente se quedaron pendientes de un prolongado respiro, se resistían creer la realidad de lo escuchado, nadie sabía que estaba sucediendo menos podían comprender o definir el misterioso acontecimiento jamás experimentado, por primera vez en sus vidas, nunca habían escuchado esta insólita manifestación de la nada en una solitaria puna, aún más, en esta desesperada circunstancia en que se encontraban, el sueño, el cansancio y el agotamiento se les fueron inmediatamente por donde nuca vino, sin dejar rastro alguno.

Después de haber quedado todos, todos con los cabellos hechos de punta, miedosamente dejaron pasar este hermético silencio, tímidamente miraban sus relojes que marcaban las altas horas de la noche, recelosamente creían que todo lo escuchado ya era parte del pasado, entonces, concientemente trataron de conjeturar atribuyéndole un subjetivo calificativo como un supuesto silbido de un hecho natural de la noche, en donde los pajonales de las punas al simple roce del viento, se desprende ciertas voces guturales de entendimiento diverso según como los ecos los refracte, que pueden ser grandemente débiles o ampliamente agudos y enormemente comprendidos, según a la conveniencia personal y cultural de la persona, ya sea puede ser recibida como una insignificante triste canción del aire o como un infinito eco resonante de los cerros lejanos, que a veces son muy difíciles su comprensión, o porque a estas horas de la noche las aguas de las quebradas se traducen en palabras o en pentagramas de canto. En las punas extensas y silenciosas basta que se emita una diminuta voz humana se expande el sonido a varios kilómetros de distancia o también basta que por inercia de la noche oscura se deslice de los cerros alguna piedra por su desequilibrio de peso, inmediatamente se genera un estruendoso temblor que llega hasta el fondo de la tierra y hasta la más ancha distancia, o en su defecto, basta que caiga en invierno una granizada más o menos violenta genera un ruido que parece destrozarse el cielo oscuro en nuestras cabezas.

Por eso las extensas punas no son transitadas en las noches, por los humanos ni por los animales domésticos o salvajes, todos duermen ignorando los secretos misteriosos que pueden suceder en sus alrededores, el silencio general del ambiente en las alturas de las cumbres esconde muchos fenómenos telúricos indescriptibles, en muchas oportunidades las lomas o cerros se convierten en antorchas o luces, las cuevas o rajaduras de los cerros en llamas de diferentes colores y formas, cuanto más oscura es la noche en las jalcas, más anfiteatros se observan en la distancia. Parece que la naturaleza recobra vida y los secretos ocultos se exteriorizan en la oscuridad, para ser vistos desde las distancias por algún “huaquero”, son personas que conocen las fechas y horas propicias en que van a suceder estos fenómenos telúricos, luego a oscuras trazan sus croquis y coordinadas de los puntos claves, para que durante el día puedan localizar exactamente estos lugares o zonas y poder explorarlos en forma casera descubriendo algún tesoro enterrado de nuestros ancestros que lo habitaron o en su defecto, para encontrar oro o plata o algún otro metal precioso. Así como también las lagunas o fuentes de aguas cristalinas, que en las noches oscuras se dejan escuchar sus furiosos oleajes y bravuras de sus aguas, brotando de sus profundidades bombardas de luces conteniendo oro y plata, a veces salen las sirenas o figuras doradas de caballos, becerros, gallos, en fin muchas otras variedades de “encantos” que son difíciles de rescatarlos, por que son “encantos” propios de estas fuentes, en caso de ser capturado o sentir alguna acción o mano de algún ser humano, estas figuras se quedan solidificadas en oro macizo para ser transportado por el hombre, por eso en cuanto sienten algún ruido o se percatan de que son observados en la noche por alguna persona, inmediatamente se hunden y desaparecen en el fondo de estas lagunas y evitan ser descubiertos; sin embargo, nuestros ancestros no fueron mineros ni menos conocieron las minas, el oro y la plata y otros minerales lo encontraban aflorados sobre la superficie de piedras o de los cerros,  en otras veces, como eran valientes nadadores cuando veían salir de entre las aguas de las lagunas estos “encantos”, inmediatamente laceaban con sogas empapadas en estiércol o se lanzaban a las aguas escupiéndoles la coca le abrazaban fuertemente al “encanto” arrastrándole hasta la orilla, que al contacto de sus manos se enduraba el precioso metal y luego podía ser seccionado o moldeado conforme a la figura deseada, esta acción solamente podía ser ejecutada por los hombres que coqueaban la hoja de coca. Las mujeres eran prohibidas acercarse a esta fuentes porque las “encantaban” y eran muy difícil rescatarlas, en la antigüedad muchas mujeres desaparecían en esta modalidad y nunca más regresaron a sus hogares.

Después del insólito llanto y el aullido de los perros, habría transcurrido más o menos una media hora andina de la noche, cuando se pensaba que todo era increíble como un caso subjetivo generado por el viento de la noche, sin embargo, con mayor claridad y mayor realismo nuevamente se volvió a escuchar el llanto más prolongado y acentuado en lo enternecido del llanto, que con mayor claridad se podía diferenciar el lamento procedente de dos personas, pero estos gemidos se apreciaban que eran de alguien que se encontraba un poco más cercana al lugar, parecían que los lloriqueos se emitían por los mismos alrededores de la choza.

Un “alma en pena” es una figura recurrente en numerosas mitologías, que se caracteriza por ser un espíritu o fantasma del alma de una persona, que después de morir vaga sin descanso eternamente.

El llanto en si era ya más constante y un poco más prolongado, se dejaba apreciar el llanto con mayor tristeza y a veces entre los gemidos entristecidos se contestaban, este hecho escalofriante a todos que se encontraban descansando en el interior de la choza, se les sacudió fuertemente el cuerpo, se les heló la sangre, se le escarapeló la piel y se les erizó los cabellos, como si en ese instante se descargaba sobre todos ellos un fuerte baldazo de agua fría. A todos se le causó miedo, porque no sabían como hacer callar éste entristecido llanto; entonces, cogiendo el valor insuficiente que ya se encontraba enterrado bajo suelo el marcador del paso, uno de los Guardias Civiles aferró en ristre el fusil y temblorosamente salió hacia la puerta de la choza y cerrando fuertemente los ojos disparó dos tiros seguidos al aire de la oscura noche, esta detonación estrepitosa silenció momentáneamente el llanto que se escuchaba, la oscuridad de la noche parecía abrirse profundamente a los ecos repetitivos de los cerros, la lejanía que iba perforando la tupida oscuridad se abría al paso fuerte de este violento sonido, que necesariamente tenía que morir en un radio no calculado ni visto en un oscuro horizonte de una desolada puna.

Nuestros maestros nos enseñaron que el término “alma” se refiere a un principio o entidad inmaterial e invisible que poseerían algunos seres vivos cuyas propiedades y características varían según las diferentes tradiciones y perspectivas filosóficas. Etimológicamente la palabra del latín anima se usaba para designar el principio por el cual los seres animados estaban dotados de movimiento propio. En ese sentido originario tanto los animales como el ser humano estarían dotados de alma.

Después de haber ejecutado estos disparos de fusil al aire, el Guardia Civil apresuradamente retrocedió dando dos pasos a tras se introdujo al interior de la choza y sin pronunciar palabra alguna recorrió mentalmente con la mirada a todos los que descansaban dentro de la choza, los custodios, el detenido y las pastoras, todos se acurrucaban acompañándose sobre el suelo, se recogían y se abrigaban con sus prendas como más podían y con la escasa vestimenta que individualmente llevaban en esos instantes.

Los Guardias Civiles, aprovechando el intervalo del silencio durante la oscuridad que le rodeaba, comenzaron mentalmente a recorrer muchos caminos ya pasados y atando cabos frescos de largas distancias sospechosas, arribaban siempre a conclusiones subjetivas coincidentes y luego obtenían múltiples resultados casi realistas, mientras en las afueras de la choza el frío era más cruel con el ambiente, porque hasta en las piedras, entre las fibras de los pajonales, sobre las orillas de los sinuosos senderos de las punas, por encima de los recovecos de las lomadas de la jalca, la negrura de la noche poco a poco se iban congelando en la blancura de una frustrada esperanza, todos en sus adentros pensaban en muchas formas y también recorrían tramos extensos de sus pasados a leguas, pero ningunos regresaban de sus profundidades desorientadas, los resultados quedaban abandonados a su suerte como cualquier cosa de insignificante importancia, todos estos exploradores pensamientos se quedaban en la misma nada y amontonadas de conjeturas se albergaba en las amplísimas faldas de la ignorancia.

Pero tratando de vencer el miedo uno de los Guardias Civiles se puso de pie y le cogió fuertemente por los hombros al pensativo detenido Lucerino Delawanda y groseramente le preguntó: “no te hagas el distraído, viejo tu sabes todo, con la mirada que tienes no pretendas engañarme”, el otro Guardia Civil, recobrando fuerzas y adhiriéndose a las palabras toscamente vertidas por su compañero, también rudamente con gran fuerza le dijo: “efectivamente viejo tu escondes algo, no te hagas el inocente, inmediata vomita lo que sabes, antes de que pase algo contigo“, y le propinaron de patadas y puñetes. Las pastoras que asustadas observaban el hecho agresivo le suplicaban a los custodios, para que a su tío detenido no le maltrate de esa manera. El detenido Lucerino se quedó sorprendido por el violento y brutal agresión recibido de parte de sus custodios, solo gemía agachado, sin pronunciar palabra alguna al recibir la enfurecida descarga de maltratos.

Los Guardias Civiles aprovechando las circunstancias, inmediatamente volvieron a lanzarles fuertes codazos a la altura del estomago al detenido preguntándole:

 

¿Qué significaban estos lloriqueos?

¿Qué dices al respecto viejo?, El detenido asustado y sorprendido no sabía que responder, solo atinaba a cerrar los ojos y recibir los dolorosos codazos. Mientras los Guardias Civiles furiosos se preguntaban y se afirmaban diciendo:

- “seguramente por aquí están enterrados los cuerpos, si seguramente están enterrados por aquí tras de la choza, por eso están penando sus almas, como no han recibido una cristiana sepultura ni menos el párroco lo ha bendecido, son prácticamente almas condenadas, seguirán penando día y noche hasta ser sus cuerpos hallados o descubiertos“, entonces uno de los custodios replicaba,

 - “cuando niño mi abuelo paterno me contaba que las almas existen, ahora puedo creer que los espíritus si existen, lo estas escuchando, todos los hemos oído, ves que es una realidad, esta manifestación de los muertos en condena y pecado, sus almas sufren”, otro de los custodios en forma afirmativa decía con sorpresa:

¡Que aclare la noche, que amanezca el día!

¡Ya vamos ha ver! .... qué es lo que pasa"

 

Los Guardias Civiles se pusieron atentos, en la mejor forma y en el lugar más adecuado como para poder volver a escuchar con mayor claridad el llanto y a su vez poder orientarse y localizar el lugar exacto de donde emergía el llanto. Pero, estos deseos ya no se cumplieron, el llanto entristecidos que habían antes escuchado, lamentablemente ya no se volvió a repetir durante el resto de la noche; con cuantas ansias lo esperaban todos en el interior de la choza, pero, este hecho penoso ya no se volvió ha oír. Porque, las horas andinas de la oscurecida noche galopaba sobre la silenciosa puna, ya en un santo amen llegaría la esperada madrugada y entonces, el alba del oriente vendría largamente vestida de su inocente procedencia, para derramar su purísima y esperanzada claridad, sobre la geografía accidentada de la puna, pintando con el dorado pincel el verde paisaje natural que decora extensamente contento, la acariciada salida de la mañana, bajo un amplísimo azulado cobertor del trajinante cristal del mundo.

 

 

Ya superaron la temerosa noche, todos bosquejaban de hambre y cansancio en el interior de la choza, el mundo dejaba de palpitar por un instante en los corazones de estos cuestionados visitantes, en cuanto amaneció el día, los Guardias Civiles armados de sus pesados fusiles brevemente coordinaron entre ellos muy secretamente y decidieron llevar a empujones al detenido Lucerino Delawanda, para mayor seguridad le ataron de ambas mano con la soga que llevaban consigo y los conducían a empujones por delante, con palabras soeces le haciendo revisar todos los rincones exteriores de la choza, todos los hoyos y hundimientos que se ubicaban en los alrededores de la choza, verificando y constatando porsiacaso existía indicios de haberse removido la tierra; pero todo era inútil, habían caminado gran parte de las lomas era imposible de encontrar algún indicio fresco de un posible entierro. Caminaron en círculo por todas la canteras que se ubicaban alrededor de la choza, se alejaron más hacia las quebradas tampoco encontraron nada sospechoso, ya por último cansados de andar a pie, idearon los custodios que tal ves los cuerpos de los desaparecidos hayan sido arrojados a la laguna que se ubicaba a poca distancia de la choza, entonces, dirigiéndose al detenido Lucerino Delawanda, les dijeron en un tono déspota acompañado de un gope:

 

- "Viejo, los espíritus de los Conchucanos, anoche han penado, se han arrastrado, han llorando, tu mismo has escuchado, no te hagas el tonto, no seas estúpido, nos estas haciendo inútilmente caminar, cuando tu sabes donde están guardados los cuerpos de las victimas”, el detenido temerosamente respondía en forma negativa, los custodios mortificados por sus respuestas, con expresiones groseras les decían:

- “.....si tu viejo no confiesa la verdad, te vamos a “capar” como a chancho, después de balearte te vamos a enterrar en estas quebradas y nadie dirá nada, porque nadie te va a reclamar”. El detenido espantadizo con estas expresiones se quería desmayar ya que se sentía un simple hombre, un simple objeto sin valor alguno, era un hombre desamparado, no podía defenderse de los golpes que recibía, de los brutales jalones que sus custodios realizaban, a veces perdía el equilibrio cuando sus captores les jalaban con fuerza de las sogas y así a rastras era llevado. Qué difíciles momentos de aprietos representaba para un anciano de su condición, cuando no tienen quien les defienda por esos lugares solitarios, ante la prepotencia de estos Guardias Civiles.

 

La fría mañana seguía sus faldas creciendo sobre las descanzadas cumbres, la desesperación de los custodios cada vez más sé hacia problemático, el mundo se le daba vueltas, las ideas se le arrancaban como nervios viejos de furia, a veces conversaban en secreto los custodios y luego se dirigían al detenido y con una patada en el trasero le hacia enderezar su apenas corcovada figura, gritándole groseramente les decían:

 

- “Oye viejo, en donde han enterrado los cadáveres, están por aquí o están más lejos, dinos pronto” con el brazo derecho estirado les señalaban los lugares de los pajonales, el detenido agachaba la cabeza y no sabia que contestar se le enmudecía su condición y no podía dar paso alguno, era el momento que los custodios le jaloneaban de derecha a izquierda y hasta le hacía perder el equilibrio, rodando en peso por el suelo trataba dificultosamente reincorporarse así mismo, luego con cólera y gritándole les decían:

- "Dime en donde lo han sepultado los cuerpos o los han tirado como perros a la laguna“, uno de ellos le señalaba con la mano izquierda estirada hacia la fuente, que ya se veía aparecer entre los pajonales el azul turquesa de sus aguas que terminaban a poca distancia, le miraban la cara que en sudor mezclado en polvo se agachaba; pero el detenido no decía nada, tampoco les miraba de frente, todas sus respuestas eran siempre negativas en posición angular; entonces los Guardias Civiles, hablando en baja voz pensaban en sus adentros, “debemos llevar al detenido hasta las orillas de la ya cercana fuente y amedrentarle con arrojarlo a la profundidad de las aguas frías de la laguna, seguramente en ese entonces va declarar algún dato sobre el caso que se investiga”,... ¡Ah! Sí tienes razón,...tanto fue su impresión que parecían que habían encontrado el camino de la solución y luego se encaminaron hacia la laguna cercana.

 

En todas las lagunas de la puna, por su misma ubicación de gran altura, sobre los pajonales y extensas pampas durante las noches se experimenta una baja temperatura que a veces llega a diez o veinte grados bajo cero, en donde las lagunas, los pajonales, las hiervas típicas de la puna y todo cuanto se veía sobre las pampas y los cerros, amanecía cubierto de blanco cristal y a la salida del sol sus rayos reflejaban del blancor extendido y aún con mayor intensidad del reflejo se apreciaba de las lagunas, por que sus aguas se habían convertido en un macizo y duro cristal insondable por el viento, esperando el crecimiento del abanicado mediodía para que los blanquecinos cristales se disuelvan y rieguen de plata la tierra fértil de la puna como un derramado hecho natural.

En esta parte de la serranía todas las acuareladas mañanas, amanecían tanto las lagunas como sus bordeadas orillas totalmente congeladas en un marfileño cristal, así como también las rocosas lomadas cristalizadas de cobre, los pajonales en cristalinos filamentos de azulino y todas las hierbas que los rodeaban en su integridad en un traslúcido verdor, en esos instantes de pureza claridad el agua estaba fría tan fría, que al introducir los dedos de la mano daba la impresión como si les hubieran amputado de un mordisco, porque en ese instante se encontraba en proceso de descongelamiento de su insondable superficie de cristal de hielo de mil colores natural, que durante el transcurso del día, a medida que se va acentuando con mayor peso el color tibio de la puna, todas las aguas estancadas en las fuentes naturales diluyen sus cristales en el díáfano líquido alimento que riegan las hondonadas de las quebradas solitarias de las punas.

Ya, el detenido con sus custodios se encontraba junto a la laguna llamada “Yugnia”, entonces le dijeron al detenido: “Viejo, ahora si debes decirnos en donde se encuentra los cuerpos de los desaparecidos, caso contrario, te arrojaremos a las aguas frías de esta laguna”. El anciano detenido preocupadamente no contestó y permaneció en silencio. Fue en esos momentos que los custodios montaron en cólera y obligándole con fuerza le arrastraron al detenido quién apenas se resistía agarrándose con las manos de las pocas ramas que había en las orillas, pero vanos fueron sus esfuerzos, porque de todas maneras lograron arrojarlos a las aguas de la laguna, el indefenso detenido así como se encontraba vestido y con las manos atadas a la cintura, en un gesto instintivo para no ahogarse tuvo que inmediatamente tratar desesperadamente de saltar y saltar como un resorte buscando encontrar el posible equilibrio con los pies en la mediana profundidad de la Laguna, para luego lanzar un estruendozo grito de dolor y espanto, que hizo retroceder el viento y olear las aguas frías de la laguna, estremeciendo los écos en los rincones oscuros de los cerros cercanos; de pronto los custodios trataron de recuperarlo de las aguas antes de que se ahogara, ya que, el detenido se encontraba en peligro jamás en su vida había aprendido o intentado a nada en esos lugares.  

Mientras Lucerino Delawanda se escurría los pantalones mojados, recordaba que en muchas veces había pasado por el lugar de niño, siempre guardaba distancia de las orillas de la laguna, porque sus padres ya fallecidos les decían que a ciertas horas del día se veía aparecer nadando en el centro de sus aguas, a una hermosa sirena de cabellos largos que sobrepasaban la estructural cintura, posiblemente eran jovencitas que la laguna les había encantado en alguna otra época del pasado, y además también, les contaba que por las noches en este mismo lugar, se veía emanar del centro unas doradas lenguas de fuego, todas  éstas apariciones siempre se acompañaban de un fuerte y extraño olor de azufre, aún más, en el medio de la laguna siempre se advertía en las épocas de invierno o de verano. Con lluvia o sin lluvia de todas maneras se dibujaba de extremo a extremo un vistoso arco iris o “imancarra”, que se posesionaba en diferentes formas sobre las piedras y pajonales, desde cualquier punto de las orillas de la laguna se podía observar sin mellar su esplendor.

Pues todas estas estupendas maravillas eran casi comunes en todas las estaciones del año; por cuya razón, a los menores de edad no se les dejaba o no se les permitía acercarse mucho por el lugar se les aparecía el “cañigurac” (fantasma o duende) por las inmediaciones de la laguna; cuando alguien quería mirar a la laguna lo hacia desde muy lejos y con cierto respeto de misterio por ser una laguna "encantada"; narraban los antiguos que ha esta laguna le gustaba “encantar” especialmente a los menores de edad de ambos sexo, en cuanto los niños abordaban sus orillas las aguas inmediatamente comenzaban levemente agitarse, reflejando de sus cristalinos y transparentes aguas sus tiernos e inocentes rostros, luego desde las profundidades de sus aguas se levantaba una quieta y moderada ola mágica azul, que sin pérdida de tiempo la envolvía a su curpecito tomando la forma de un dorado caracol lo hacia desaparecer al menor desprevenido en sus hondonadas de su precipicio y nunca más se volvería a ver a éstas inocentes criaturas. Pero este misterioso proceder de la naturaleza andina, no conocían ni menos le hubiera interesado saber los recónditos secretos de la laguna a los Guardias Civiles, ya que sólo le interesaban en esos momentos descubrir el lugar en donde se encontraban abandonados los restos de los desaparecidos, para tener como prueba del supuesto homicidio que se investigaba.

Cuando por segunda vez se encontraba Lucerino Delawanda, dentro de las aguas frías de la laguna, con la ropa puesta totalmente mojada por la zambullida obligada e imprevista ejecutada por acción los Guardias Civiles, sentía un miedo que jamás en su vida había experimentado al encontrarse precipitadamente dentro de las aguas de una laguna muy temida y aún más sentía un insoportable dolorido friolento, le parecía que sus miembros inferiores dentro de las aguas les fraccionaba de un violento mordisco helado; es decir, se sentía haber perdido sus dos piernas dentro del agua fría, con una desesperación increíble trataba de ganar el borde de la laguna; sin embargo, sus captores les insistía en que les dijera el lugar en donde se encontraban los cuerpos de los desaparecidos. Pero el detenido en su desesperación de no ahogarse ni siquiera escuchaba lo que sus exasperados custodios les decían; por eso con más ira, no le dejaban salir de las aguas, cada ves que el detenido pretendía salir ellos les volvía arrojar hacía el centro de la laguna, preguntándole siempre que les declare ¿en dónde se encontraban los cadáveres?... el detenido ya se encontraba a punto de desmayarse, jamás pensó encontrarse en esta situación tan difícil de su vida, era algo increíble, que el agua dulce, pura, cristalina e inofensiva de esta laguna tan familiar del detenido, ahora se portara tan áspera, tan cruel, tan salvaje, tan inhumana, ahora se tornaba despiadada e inclemente, no le tenía compasión a este hombre que tanto le admiró desde su niñez, la bella naturaleza, el hermoso paisaje de la puna, ahora se volvía insensible e inhospitalaria.

Por tercera vez, los Guardias Civiles volvieron arrojarlo al detenido a las friolentas aguas de la laguna, para que declare o proporcione algún dato a la fuerza, sobre el lugar en donde posiblemente se encontraban los cadáveres o por lo menos obtener algún otro indicio acerca de la investigación. Pero el detenido seguía negando, furiosamente los custodios les seguía martirizando al detenido.... “tienes que declarar o de lo contrario, no te vamos a dejar salir de las aguas, así te ahogues o te mueras de frío.... hasta que nos declares en dónde están los cuerpos de los muertos....”

Por cuarta vez los custodios volvieron arrojar a las aguas de la laguna, las piernas de Lucerino Delawanda, ya no lo sentía funcionar sus extremidades parecía haberlo perdido, su piel se había escarapelado como de gallina, sus manos amarrados con la soga a la cintura se habían engarrotados, sus ropas completamente mojadas se pegaban a su cuerpo, el dolor que sentía producida por las heladas aguas que era insoportables, la tortura era salvajemente fuerte, el martirio corporal y sufrimiento de la frialdad era casi indescriptible; porque el detenido ya no sentía en sí el frío había vencido todas las últimas resistencias, a ratos le parecía al detenido que la vida se le iba del cuerpo, la respiración muchas veces se le arrancaba y en otras largamente se le paralizaba. Ya no se le quedaba fuerza alguna, el sufrimiento era total su contextura personal se había reducido tanto y estrujado de tal manera que ya no sentía nada dentro de las aguas heladas de la laguna, hasta que por fin se llegó a desmayar. En vista de esta imprevista circunstancia inmediatamente uno de los Guardia Civil con brutal gesto le cogió de los cabellos gruesos sedosos y se lo arrastró con fuerza hacia la orilla de la laguna, luego el segundo custodio inmediatamente le aplicó los primeros auxilios al desmayado detenido, tratando de revivirle o regresarle la vida.

Mientras los custodios atolondrados se esforzaban por recuperar la vida del detenido, en el solitario lugar se observaba algo extraño nunca visto, pues que las aguas de la laguna se movían en pequeñas olas tornándose en oscuras, en un vaivén suave se retiraban hacia el centro, dando de entender su acción, como quien demostraba su compasión a terceros con la capacidad y entendimiento de naturaleza, sucede que las aguas en tintes doradas se habían humanizado en un sentimiento dolorido, manifestándose en las fronteras de su temporalidad un enternecido lamento que se escuchaba salido desde la hondura del fondo; en cuanto otras en gruesas azulejas olas regresaban violentas como demostrando su incalculable odio y repudio hacia los custodios, qué como crueles largos latigazos caían sobre ellos, a quiénes les hizo sentir miedo y alejarse unos cuantos pasos atrás de las enlodadas y resbalosas orillas de la laguna. Además parecía que desde la profundidad también hablaban las aguas en la imaginación que todos claramente escuchaban; pero nadie comprendía esta rara alternancia más allá de la naturaleza andina, ¿cómo la naturaleza se identifica con el hombre de los Andes?, Por que la tierra y el hombre forman una sola materia de vida natural, ambos afrontan un solo realismo de humana geografía regional; entonces éste movimiento extraño de las aguas, hizo que desconfiadamente todos sintieran mucho miedo y terror de ser alcanzado por la bravura de las friolentas aguas que misteriosamente se movían con tanta violencia.

Entre tanto, los esfuerzos de los custodios ya habían recuperado al desmayado Lucerino Delawanda, quien después se sumió en un profundo sueño de descanso, en donde pudo recordar parte de su vida de niño y juventud, a su padre ya fallecido él quien en vida fue Futocino Delawanda, recordaba sus inolvidables palabras que siempre le acostumbra decir:  “que a una considerable distancia se ubicaba el cerro llamado "Avinaqui", que lo describía en un “alto” o lomada grande que adoptaba la forma de una torre natural y le recalcaba que al pie del mismo quedaba una pasible laguna de aguas celestes azulinas en oro limón cielo, en un día no precisado cuando pasaba por sus orillas llevando su ganado, en aquellos tiempos mozos de su juventud, observó dentro de los arbustos que rodeaba a la ovalada laguna ensombrecida de una “imancarra” (arco iris) encendida, dentro de su espectro floreciente un hermoso becerro de color marrón brillante con pintas de blanca luna en el cuerpo, que inquietamente relinchaba en sí mismo o saltaba de vez en cuando sobre las aguas, como si se encontrara jugueteando con las flores de ese hermoso lugar y oliendo las aromáticas hojas verdes que le acariciaban los lomos tiernos del animal. Pues ésta espectacular aparición le llamó tanto la enfática atención, que se quedó sorprendido e impresionado con la boca abierta de tiburón, porque cerca a la laguna no existía tal visión ni jamás había visto ni en sombra ninguna vaca o algún imagen del referido vacuno por el lugar, este ambiente siempre fue un solitario paraje de las altas punas.

Después de vencer su asombro, recuperando su evadido razonamiento, se puso aceleradamente a pensar en lo maravilloso del momento, entonces sin perdida de tiempo trato sigilosamente de acercarse al becerro y con gran pericia del manejo de la soga de cabuya que llevaba consigo en la cintura logro lacear al becerro por el cuelo y luego extrayendo el bolo de hoja de coca que masticaba en la boca le arrojó sobre el cuerpo del becerro, este hecho inmediatamente paralizo sus movimientos y aprovecho en el instante para abrazar al paralizado becerro, que después de respirar profundamente don Futocino, comenzó acariciar al endurecido animal, que ya se había convertido en un macizo “becerro de oro” y antes que la laguna la rescatara, extendió su poncho que tenía puesto sobre el trofeo y lo cargó en peso sobre las espaldas para llevarlo con dirección a “Chuquique” en el caserío La Banda, en donde esperó que un poco oscureciera el día para que los vecinos del lugar no advirtiera del valioso tesoro que llevaba en sus espaldas, fue así que don Futocino se convirtió en el hombre más poderoso y adinerado del caserío, el tesoro guardó en el lugar más secreto de su casa, celosamente le puso un gran candado a la puerta del “cuarto” o departamento de la casa, inmediatamente le instalo todas las seguridades del caso y cada vez que necesitaba dinero recurría al macizo “becerro de oro” para cincelar un trozo de oro, que para esto se compró un cincel hecho de acero de mediano tamaño de un estándar de dureza, adecuado para el uso de cortar el preciado metal a golpe de una pesada comba, para seccionar el material sólido de oro de 25% de pureza, cuyo mineral lo llevaba a vender a los Bancos o a las Casas Comerciales y Financieras de la Costa.

Una vez se fue a vender dos trozos de oro macizo a Cabana, capital de la Provincia, se le produjo un gran problema por que la más grande Casa Comercial que se ubicaba en la Plaza de Armas de la ciudad, le encerró en su establecimiento y no le dejaba salir hasta que le dijera el lugar de donde traía esos dos grandes trozos de oro cortados de esa manera a golpe de cincel, porque la gente que los traía siempre para venderle eran unas bolitas pequeñas sacadas del río de “Tablachaca” después de ser lavada y separada de las arenas para luego ser fundidas en pequeñas bolitas, en cambio, éstos trozos de oro en corte a cincel le parecía algo sorprendente y ansiosos que le ofrecía, el propietario de la Casa Comercial le decía a don Futocino, - “oiga, parecen los trozos de oro que lo tengo en mis manos fuera de un lingote de oro puro de alguna de las minas de la Provincia de Pallasca, que han sido robados últimamente”- con el fin de amedrentarle o infundirle miedo para que le rebaje de precio o en todo caso atemorizarle con decomisarlo, inmediatamente este comerciante hizo traer a un personaje de talla alto, gordo, blanco, canoso, hablador, que decía ser abogado, y que tenía conocimiento de la sustracción de lingotes de oro de un empresario minero, ante la amenaza de ser apresado y perder el becerro de oro que escondía en su casa, don Futocino asustado optó por dejarles regalando: un trozo de oro para el Comerciante y el otro, para el supuesto abogado. Por primera vez en su vida que don Futocino fue descaradamente estafado, prefirió regresar sin medio alguno a su casa y evitar cualquier problema posterior o descubran el becerro de oro que celosamente guardaba en un lugar secreto de su casa.

Después se fue a Huaraz, llevando también tres trozos del preciado mineral para venderlo, le fue muy mal peor todavía, le detuvieron por espacio de diez días, el Juez se quedó con el trozo más grande y pesante, el Secretario con otro trozo de oro y el abogado defensor de Oficio, con el tercer trozo de este preciso mineral. Por eso don Futocino decía: “que no creía en la justicia, todo era una gran estafa y aprovechadores de las circunstancias del hombre del campo, que siempre es engañado, la justicia no es de los pobres, la justicia es de los ricos y de los corruptos, la justicia de Dios tarda mucho, llega cuando los malos ya se han muerto”, por eso más acudía a los Bancos tanto de Chimbote como la de Trujillo, en donde felizmente no advertían las características de los trozos de oro que portaba y sin problema alguno los vendían a dichas entidades bancarias, además se había hecho amigo de un dependiente le daba su porsentaje, cuando llegaba inmediatamente le daba preferencia, ya no hacia las largas colas.

Antes de morir su padre en una oportunidad le recalcó los nombres de los lugares en donde encontró este hermoso y codiciado tesoro, le dijo que se ubicaba cerca al cerro de “Chullush” al pie del cerro está la laguna que me dio esta riqueza inesperada, le encontrarás camino hacía la laguna de "Llugia" que da sus aguas, para el regadío del pueblo de Llapo. Antes de terminar con ésta última frase, motivada por un fuerte suspiro salido desde lo más profundo del alma resucitando, volvió a la vida, a seguir recibiendo la luz del día.

El detenido había superado el desmayo, al abrir sus ojos se encontró con los ojos preocupados de sus custodios, que esforzadamente pretendía reanimarlo, volviendo en sí, como de un descansado sueño, observando que las aguas de la laguna ya se encontraban tranquilizadas recogidas en su gélida normalidad, la vegetación soplada levemente por el fresco viento, el sol venciendo las sombras friolentas de la extensa puna y el silencio abriéndose de azul distante como una pera madura en frígido giro, de inmediato se le vino a la mente la horrible tortura realizada por sus custodios y comenzó su helado cuerpo a sentir el dolor desparramado desde la cabeza hasta los insensibles pies descalzos.

Al reanimarse Lucerino Delawanda del horrible desmayo, nuevamente uno de los Guardias Civiles le decía: "Declara, dime la verdad, en donde se encuentran los cuerpos de los Conchucanos desaparecidos, si no me dices, te volveré arrojar nuevamente a la laguna, hasta que digas la verdad...aunque te vuelvas a desmayar o te mueras de frío, no te vamos a dejar, te volveré arrojar nuevamente a esta laguna...".

El detenido mudo en sí mismo, callado sin palabra alguna, duro como una fría piedra de río, sin poder ni siquiera mover los labios, ya que todo su cuerpo se le había enfriado, a pesar de ello uno de los Guardias Civiles le arrastraba a viva fuerza para arrojarla nuevamente a las friolentas aguas de la laguna, el sabia que si le volvían a lanzar a las aguas, ya no iba a resistir tan horrible tortura que se le había producido el desmayo; Entonces tembloroso, entrecortado, aterrorizado sin fuerza alguna, apenas le salía de sus labios angustiados un “no, no...ya no puedo resistir, ya me voy a morir.....les voy a decir la verdad”....los custodios inmediatamente concentraron su atención en lo que les iba a decir el detenido, como se demoraba en su expresión: Uno de ellos violentamente le asentó una fuerte patada en el trasero  del detenido, que le hizo inclinarse de cuclillas y luego pesadamente llorando e inclinado dijo: “...los cuerpos no están aquí...no me maltraten ya no puedo resistir....”.

El Guardia Civil, que ya estaba por desistirse de su matonesca acción torturadora, porque por su estado corporal y desvalida vejez, ya le había dado lástima que Lucerino Delawanda se vuelva a tirar a la laguna, ya no estaba ni presentaba su cuerpo las condiciones de soportar otro dramático desmayo, en el anterior casi se ahoga, inclusive con cuanto esfuerzo tuvieron que revivirlo para regresarle del filo mismo de la muerte; pero, cuando apenas escuchó al detenido, “que no se encontraba los cuerpos en la laguna”; entonces dio un salto inesperado hacia la presencia del detenido, quién involuntariamente dejó caer su pesado fusil que portaba por tierra, y arrodillándose furiosamente le cogió con fuerza por ambos hombros, dándole un fuerte sacudón contra el suelo, groseramente le dijo: "...desgraciado, maldito criminal, en donde están los cuerpos, queremos ver los cuerpos, que esperas porque nos haces tontamente buscar...", el detenido Lucerino, asustado sin entender lo que pasaba apenas le contestaba: “... allá.... allá, señalándole con el dedo de sus manos amarrados ....”, el Guardia Civil enrojecido de cólera le repetía con fuerza de un larguísimo odio, escupiéndole a la cara, “Oye, maldito criminal....  ¡porqué no me dices en donde se encuentran los cuerpos!..... ¡Qué esperas imbécil!.... ¡No hagas perder el tiempo!....tampoco la paciencia de nosotros, porque te puede costar la vida.”

Lucerino Delawanda se encontraba desvalido recostado en el suelo, cuando el Guardia Civil con todas sus fuerzas le aplicó un fuerte patadón en los asestaderos, que tan brutal fue la patada, que Lucerino inmediatamente se puso de pie y en cuanto se le iba aplicar otro en el mismo sitio, Lucerino comenzó andar cayéndose pesadamente de bruces a poca distancia, solamente le alcanzó el roce de una media patada, cargado furiosamente de varios kilos de odio y de una fangosa desesperación de este Guardia Civil.

 

 

Mientras caminaban las tantas colinas y quebradas con dirección a la mina en donde se encontraban depositados los cadáveres de los conchucanos, en el trayecto Lucerino Delawanda iba confesando a los Guardias Civiles todo lo sucedido y hasta le proporcionó los nombres de las personas: Elodio Delviento (Teniente Gobernador), Demelino Lopadio (Agente Municipal), los hermanos Bartino y Lucerino Delawanda, y Alerino Charengo (yerno de Futocino), que habían participado en el deceso de los conchucanos desaparecidos, cuyos cuerpos fueron depositados en el interior de una mina desactivada que existía desde hace años en forma de una cueva en un cerro no tan cercano del lugar, al cual se estaban dirigiendo los custodios con el detenido, con el propósito de verificar la existencia real de los cuerpos de las dos victimas, en cuanto faltaba poca distancia para arribar a la mina abandonada que había indicado el detenido, constataron que sobre los cerros aledaños se notaba la presencia de varios cóndores que en forma extraña merodeaban el lugar cercano a la vieja mina abandonada, sus vuelos ondulantes al ras de las lomas parecían que algo buscaban con el olfato en el aire, en el silencioso paraje elevado de la puna.

Pero, el agotado detenido seguía caminando casi en posición encorvada, con paso forzado por los pajonales del sinuoso caminito abierto por el andar del ganado, hasta llegar a la entrada de la mina, en donde los custodios efectivamente verificaron el lugar, en donde habían depositado temporalmente los cadáveres de los Conchucanos desaparecidos, pero sólo se observaba en la maleza de entrada vestigios de haberse encontrado por poco tiempo restos humanos, porque existía gusanos o gorgojos, además se percibía en el ambiente un olor desagradable y nauseabundo que hacía pensar claramente que ahí habían escondido a los dos cuerpos muertos.

Después de examinar cuidadosamente el lugar por los custodios, levantaron un breve bosquejo de un croquis con metrajes y anotaciones manuscritas del área examinada, luego uno de los custodios en forma prepotente y grosera le preguntó al detenido  ¿Oye viejo, mírame de frente, qué ha pasado con los cadáveres?....con furia le aplicó una patada altura de la costilla del lado derecho, que lo hizo levantarse de donde se encontraba sentado  ¿Seguro, que lo han quemado?.......

El detenido equilibrándose se puso de pie para sostenerse del muro que se encontraba a su alcance y trató de responder en el sentido: “Cuando murieron los abigeos, los trajimos a esta mina, después de más o menos de quince días lo hemos trasladado a otro lugar, en donde se encuentran enterrados“... Entonces le dijeron los custodios, en voz alta que retumbó en los peñascos, “Viejo sabido, mentiroso, ya te fregaste,.... pues ahora camina adelante.... vamos al sitio donde están los cadáveres”.... todos cansados, sin probar alimento alguno continuaron el pesado caminar por sobre las alturas.

 

 

Cuando los cuerpos de los desaparecidos se encontraban depositados en el interior de la mina y a medida que pasaban los días, entraban al estado de descomposición, no obstante, del clima conservador de las alturas los cadáveres comenzaron a despedir un fétido olor que se expandía por los alrededores de la mina y este nauseabundo olor a través del viento de las jalcas fueron detectado por los agudos olfatos de los cóndores de las cumbres, que cada día crecían más en número y la concentración de la presencia eran de mayor número de estos cóndores resultaba un hecho delatador del suceso guardado en secreto, cualquiera muy fácilmente hubiera podido descubrir los cuerpos de las víctimas que ya se entraban en un proceso en putrefacción, que era un hecho natural imposible de evitar; por estas circunstancias y con el fin de no ser descubierto los cuerpos depositados en la mina, el Teniente Gobernador Elodio Delviento antes de viajar a Lima, se le vino al pensamiento de ordenar a todos que conocían del hecho, que los cadáveres de los Conchucanos abigeos victimados por casualidad, debería ser inmediatamente reubicados de lugar o depositados en una sepultura bajo tierra.

Entonces, inmediatamente llamó a una reunión secreta con las personas que se encontraban libres y conocían del asunto, para comunicarles que era necesario la reubicación de estos cuerpos en descomposición, en la reunión fue de la idea de trasladar los cadáveres desde la mina en las alturas, hasta la chacra de Demelino Lopadio el Agente Municipal del caserío, quién ya había viajado a Lima, en donde dijo que debe abrirse al centro del terreno una sepultura de dos metros de profundidad, para ser sepultados los cadáveres y luego sembrar habas en todo la extención de chacra, así ningún habitante del lugar podrá advertir del suceso, menos podrá fluir ese gas del mal olor de los cuerpos en descomposición, que acostumbran despedir.

Efectivamente se pusieron de acuerdo y en una noche oscura que no había luna realizaron la operación de acuerdo a lo planeado los cuerpos fueron llevados en sacos de yute cargados en una especie de camilla de palos o madera de alcanfor no muy grueso pero resistentes, sobre los hombros de dos personas, después de realizado el traslado tal como lo ordenado, una yunta de bueyes color negro de lomos y patas blancos, amanecieron sembrando el terreno de pan llevar, nadie advirtió de lo sucedido, Demelino Lopadio por entonces ya se encontraba en Lima, desconocía del hecho de que en su terreno habían enterrado los restos de los conchucanos ni siquiera conocían sus familiares que quedaron a cargo de la chacra en el caserío La Banda.

El fértil terreno de sembríos se ubicaba cerca a los restos arqueológicos llamados “Iglesiabamba”, en la jurisdicción del caserío La Banda, era una chacra en forma cuadrada, de superficie en hoyada, totalmente plano, en donde en una madrugada de un día miércoles de fecha no determinada en el mismo centro del terreno desesperadamente dos hombres a fuerza de pico, lampa y barreno se abría una sepultura de metro y medio de largo, por medio metro de ancho y dos metros de profundidad, en donde enterraron los dos cuerpos de los conchucanos desaparecidos. En cuanto terminaron con el entierro, inmediatamente araron o removieron en su totalidad el terreno con la ayuda de una yunta de bueyes y procedieron a sembrarle de habas sobre los cadáveres, todo los pasos previamente planeados salieron perfectamente bien, la siembra coincidía con la época de cultivos en el lugar, los días pasaron inadvertidos, los demás propietarios vecinos también habían sembrado sus productos típicos de la zona, al transcurso de los días las habas comenzó a germinar, ya se encontraban casi a un mes de sembrado, las plantitas de las habas habían crecido más o menos a treinta centímetros de altura, la floreciente parcela se veía en forma pareja verdeado totalmente de extremo a extremo, de canto a canto, nadie sospechaba de lo que en su interior se guardaba.

Mientras tanto por otro lado los Guardias Civiles bien armados con fusil al ristre redoblaron la seguridad del detenido Lucerino Delawanda, auque su estado era delicado ya no daba más, pero a empujones y jalados con las sogas a ese cuerpo inerme, débil, sediento, sin probar alimento alguno le hicieron caminar extensiones de punas, subir y bajar cuestas, enderezar caminos, no les importaba el agotador cansancio a sus custodios, el único objetivo era de no dar tregua alguna al tiempo hasta descubrir los restos de las víctimas.

El día les era corto pronto ya había girado las horas más del mediodía, el sol descendía en poco peso a un costado de la serranía, la gente que encontraban en el camino se quedaban sorprendidos no comprendía la situación del momento, no entendía él porque era conducido a un miembro importante de su comunidad en una situación calamitosa amarrado de manos con sogas a la cintura ni menos de ser conducido por dos Guardias Civiles bien armados montados a caballos, jalado por la fuerza de uno de ellos, sin pronunciar palabra alguna, seguían y seguían al trote sobre el polvoriento camino que arribaba a las inmediaciones de las desordenadas casitas del caserío; pero, que seguían el camino de frente con miras de llegar pronto a la indicada dirección en donde se ubicaba “Iglesiabamba”, junto al cual se encontraba el referido terreno cultivable de Demelino Lopadio.

En cuanto llegaron a las inmediaciones de la chacra, el detenido Lucerino Delawanda que apenas podía dar algún débil paso, el trajín y el polvo del camino le había resecado los labios y la garganta no podía articular palabra alguna, el sudor corría a chorros por su frente, los caballos también sudaban en sus pechos y en sus patas como una lavaza de jabón que por pocos se escurrían al suelo. Los custodios observaban la totalidad del campo que se dividían en varias chacras rodeados de sus árboles de alisos, eucaliptos y otros tantas plantas típicas del lugar, que se sostenían en las orillas de las acequias de regadío, en otros circundaban las parvas antiguas y las posadas de antaño de los lugareños; entonces, groseramente con voz de mando le preguntó al detenido, “ que espera viejo de miércoles, en donde están guardados los cadáveres...” y luego, le aplicaron unas fuertes patadas en los fundillos del grueso pantalón de lana que pesadamente llevaba puestos, a ún todavía mantenía los signos de mojado, reaccionando su cuerpo por el dolor del golpe les dijo a los custodios, señalando con la dispersa mirada, “aquí están...” los custodios un poco incrédulos les contestó: “aquí no vemos nada..” Todos dirigían sus miradas a la extensa chacra que se encontraba sembrada de habas, cuyas plantitas habían crecido a una altura de treinta centímetros del suelo, la uniformidad del verdor era en general exuberante, nadie podía creer que en este campo complemento de un hermoso paisaje natural sucediera algo extraño jamás imaginado antes. Entonces los custodios volvieron sus rabiosos ojos a concentrarse en la persona del detenido y otra brutal patada con las gruesas botas que calzaba uno de los custodios y fue tan fuerte que el detenido fue derribado por el suelo y quejándose de dolor se trato de incorporarse, con ayuda del otro custodio se pudo recuperar diciéndoles “que se esperaran un momento quería ubicar el sitio“, pero los custodios impacientes por la inevitable caída de la tarde le dijeron “queremos que inmediatamente nos señales el lugar”, en este caso el detenido se había desorientado un poco, porque desde la noche que sembraron el terreno no tuvo la oportunidad de regresar y ahora que lo hacia se encontraba de forma diferente, el campo era totalmente enverdecido con la hojas de las habas creciente y no podía fácilmente determinar con exactitud el lugar que él había conocido antes y que buscaba en esos momentos de exigencia. Antes que los custodios descargaran nuevamente su brutal golpiza sobre su persona, les dijo débilmente cuando apenas arrastraba algunos pasos “síganme,.... por aquí vengan”... y prosiguió su camino por el medio de un surco del sembrío, hasta llegar al mismo centro del terreno según el cálculo que el mismo detenido realizaba, y luego deteniéndose les dijo a sus custodios con la cabeza baja mirando al suelo.... “aquí están enterrados“ ...los custodios se quedaron sorprendidos les parecía otra vez ser una argucia del detenido, entonces los Guardias Civiles toscamente le cogieron por los hombros y hablándole en voz alta una lluvia de groserías, le descargaron sin compasión alguna varias fuertes patadas que de inmediato derribaron al cuerpo del detenido por sobre las verdes plantas de habas, fue el instante en que la gente que observaba de lejos los movimientos de los caballos y de los guardias con fusiles listos para disparar, se lanzaron por encima de las rústicas paredes del terreno y trataron de acudir en auxilio de Lucerino Delawanda, cuando llegaron al centro mismo de terreno miraban sorprendidos la actitud y tosquedad con que trataban al detenido, se quedaron mudos no se imaginaban lo que estaba pasando ni el motivo de la crueldad que le aplicaban al vecino que otrora les ayudaba, les daban comida en su casa o les proporcionaban sus yuntas de bueyes en forma gratuita para que araran y cultivaran sus chacras, hoy se encontraba mal trajeado, golpeado, hecho un guiñapo y todavía le obligaban a remover la tierra sin contar con alguna herramienta, los custodios les gritaba diciendo: “Apúrate viejo, como enterraste ahora desentierra, que la tarde es corta, avanza antes que se vaya el sol”... al ver esta ilógica actitud de los guardias uno de los curiosos que acudió en auxilio del detenido les dijo inocentemente a los guardias: “mi guardia, ...porqué le obligas a remover siembra ajena sin pico ni lampa,.... salgan ustedes del centro de la siembra, ...están pisoteando las plantaciones de las habas “... al escuchar estas ingenuas peticiones de los curiosos uno de los guardias civiles groseramente le respondió “cállense inútiles, ustedes no saben nada...en vez de mirar vayan a traer un pico y una lampa”...entre los curiosos se encontraba un sobrino del detenido, que al escuchar al guardia, inmediatamente se retiro de la poca gente y fue corriendo hasta la casa de su tía,  le narro lo visto y les dijo que llevaran una lampa, un pico y un barreno para remover la tierra del terreno, la esposa del detenido Lucerino Delawanda no sabia ni se imaginaba de lo que venía pasando, pero de inmediato acudió hasta el lugar, encontrando en la peor situación de su vida a su querido esposo. Pero como toda mujer Tauquina, sale siempre en defensa de su marido, en medio de la siembra de habas la mujer valerosa descargó su “lliclla” o manta, también su “reboso” de uso diario y remangó las mangas de su “monillo” que vestía y le dijo a los guardias civiles, que les soltaran las manos amarradas de su esposo, para que descansara sentado sobre su “lliclla” o manta y a su vez bebiera el agua que en un recipiente le había llevado y que también les iba a invitar a los custodios, sin temor alguno a los fusiles ni a las gruesas voces que solían hablar los guardias y además, ella se ofrecía valientemente a manipular el uso de la lampa, el pico y el barreno, para remover el terreno en el mismo lugar que los indicaran.

Los Guardias Civiles al escuchar esta desesperada petición de la esposa del detenido y al ver la gente que lo rodeaban, en el centro de la siembra, un poco preocupados se consultaron secretamente entre los dos custodios y sin problema alguno accedieron lo solicitado; los guardias les señalaron a la esposa del detenido en donde iban a cavar, comenzó con fuerza pico más pico, lampa más lampa, no era el lugar que se buscaba, nuevamente los guardias les señaló otro lugar, tampoco era el buscado, entonces la esposa del detenido cogió con fuerza el barreno y comenzó a palpar el sitio más “fofo” o removido de la tierra hasta que llegó a una pequeña hoyada casi un poco desviado del centro en donde el barreno se hundía con mayor facilidad en el terreno; es decir, después de tres excavaciones, recién llegaron a encontrar el lugar indicado y la esposa con ayuda de una de sus sobrinas que acudieron por curiosidad, comenzaron a excavar la tierra cuanto más avanzaban con la profundidad era menos dura, la sobrina removía la tierra con el pico y la esposa del detenido sacaba la tierra ayudada con la lampa hacia los extremos de la fosa, cada vez que se profundizaba se aspiraba un cierto olor fétido, por cuya razón, los varones solamente atinaban a observar el valiente trabajo de estas dos mujeres que copiosamente sudaban y no sentían cansancio ni asco del mal olor; mientras el detenido descansaba sentado sobre la “lliclla” o manta de su esposa, a veces demostraba sueño cerrando los ojos, tratando de recuperarse de su larga caminata y los custodios no descuidaban con dirigir sus fusiles listos para disparar, en caso, si el detenido pretendía darse a la fuga, este hecho resultaba difícil y muy lejos de las posibilidades del detenido, ya que emocionalmente, más cerca estaba al más allá, que al más acá de la realidad.                       

Las dos mujeres prontas pusieron al descubierto los dos cadáveres enterrados bajo la siembra de habas, ninguno de los hombres que miraban el hallazgo se dignaron ayudarlos, por el fétido olor que despedía dado al tiempo transcurrido de aproximadamente un mes que se encontraba sepultado, ya se encontraba en el estado de descomposición de los cadáveres, pero las dos mujeres en peso la rescataron y la colocaron a vista de los guardias civiles sobre la superficie, quienes amarrándose sus pañuelos a sus narices y con ayuda de los cañones de sus fusiles iban descubriendo de uno en uno sus rostros adheridos de tierra, para cerciorarse que eran los cuerpos que de las victimas, mientras que la gente del lugar se admiraban y se sorprendían de lo sucedido, sin encontrar respuesta se iban aumentando recelosos de número y con mucho temor en circulo se formaban alrededor de los cadáveres, como quien tratara con pasos desconfiados de acercarse lo más junto posible para observar, pero agarrandose fuerte con los dedos sus narices o sosteniendo sus ponchos en media cara, pero los guardias civiles con voz altaneros les impedía acercarse tanto a los cadáveres, para poner orden hacían uso de su gesto con voz de mando militar grotesco.   

Los Guardias Civiles una vez que verificaron la existencia de los cadáveres, pensaron inmediatamente el comunicar al Juez Instructor de la Provincia, para efectuar el levantamiento de los cadáveres, conforme lo  dispone el Código Procesal Penal; pero desde ese lugar no existía medio alguno de comunicación inmediata con la capital de la Provincia que era Cabana; los Guardias Civiles ya tenían en su poder el cuerpo del delito, Lucerino Delawanda había incurrido en el Delito contra La Vida, El Cuerpo y La Salud – Homicidio Calificado – Asesinato – hasta se le estaban ya prejuzgando y le calculaban reprimirlo con la pena privativa de libertad no menor de quince años, por quitar la vida con gran crueldad o alevosía sin investigar previamente las circunstancias, los custodios entretejían sus pensamientos conversando en secreto entre ellos, “si esperamos realizar estos trámites engorrosos de ley para levantar el cadáver, pasarán los días y pueden hacer desaparecer los cadáveres o caso contrario, puede huir el detenido y sus demás cómplices o tal vez ya le habrán dado libertad a los otros detenidos que se encontraban en la cárcel pública de Cabana;.... todas estas dudas les circulaban por sus torpes sesudas cabezas, pero, ellos se contestaban en silencio..... “¡OH!...¡no!...no podemos separarnos ni menos dormirnos en nuestros laureles, debemos actuar con mayor eficacia, debemos redoblar la seguridad tanto del detenido como de los cadáveres, custodiemos más de cerca al detenido con el fusil listo para hacer fuego en el momento oportuno”, ambos guardias civiles se movían las cabezas en forma afirmativa, como quien aprueba una supuesta solución. 

Los Guardias Civiles ordenaron a los familiares que les trajera comida y agua para el detenido y también para ellos, por que se encontraban muriéndose de hambre, ya que durante el día todos habían trajinado sin descanso alguno. Los guardias civiles daban hoscamente las órdenes a la gente del lugar, sus toscas órdenes eran con frases subidas de tono, de grueso calibre e hirientes al ser humano, querían que sus órdenes las obedecieran a ojo cerrado en el momento y la gente modesta y temerosa obedecían al “dedillo” o al milímetro, sin observaciones ni murmuraciones, porque de hecho les amenazaban con detenerlos y llevarlos hasta Cabana ante el Juez, además les vigilaban al centímetro con sus armas listos para disparar. 

Los pobladores del caserío La Banda, recién se enteraron de lo sucedido y trajeron al recuerdo aquellos rumores que contenía ese simple pasquín o anónimo, que fue distribuido en el pueblo de Tauca, los rumores se regaron como regueras de pólvora por todo los rincones del caserío, todos se pasaban la voz de una u otra manera cuando se encontraban en los angostos caminos y antes del saludo de costumbre: “buenos días”, “buenas tardes” o “buenas noches”, este es una norma infaltable del lugar, el menor saluda al mayor, ya sean conocidos o desconocidos, del lugar o foráneos, en las calles o en los caminos, siempre sacándose el sombrero o la prenda que lleve puesto en la cabeza, se pasaban las últimas noticia del día de todo lo que había sucedido; entonces abatidos la gente por la curiosidad del comentario o el caso, se agolparon en torno del terreno, para observar los cadáveres que habían sido extraídos de la sepultura que abrieron en el centro de la siembra de habas, después de ser desenterrados los cuerpos se emitía una constante y fuerte pestilencia que luego era esparcido por el viento, la hediondez se multiplicaba y llegaba a todos los extremos del terreno, inclusive trasmontaba los cercos de las propiedades ajenas y de los demás aledaños que en muchas personas les producía náuseas sin haber ni siquiera visto a los cadáveres.


 

 

 

  Mientras tanto ajeno a las circunstancias del momento, la tarde envuelta en su sedosa plomiza de color caía precipitadamente, hacia el perfilado ocaso del sólido añil que alejado se pintaba; las labradas cumbres distantes, las ensombrecidas vertientes del silencio, las bulliciosas blancas caídas de aguas de las quebradas vecinas, el blaco cristal reflejo de plata de las empozadas aguas de las acequias de regadíos y los serpenteantes caminos retirados sin fin, se iban todos alejando del contendido color del sol, hacia un próximo hundimiento natural de la penumbrosa desesperanza.

El verdor de los campos, divididos en muchas parcelas veteadas por las hojas de los árboles y humedecidas por las sombras en las sementeras de nacarado color, que hundidas en un solo verdoso manto reflejado en las nítidas acuarelas delineadas en la estación del mes de mayo, parecían derramarse en múltiples pinceladas inspiradoras en el tiempo; sin embargo, del otro extremo venía galopando una enorme sombra triangular de aspecto semi inclinada al sur, que arrastras inclementemente traía a la negrura de la noche, para estamparse en la  débil claridad que prontamente se vería alumbrado por los mecheros de kerosén o las linternas de farolitos que son compañeras inseparables de la noche de uso cotidiano del lugar.

Antes que llegue la noche los guardias civiles conferenciaron entre ellos y acordaron que era necesario que uno de ellos se quedaba al cuidado y vigilancia de los cadáveres y del detenido en el mismo lugar de la siembra de habas, mientras el otro aprovecharía para venirse al pueblo de Tauca, y dar cuenta telegráficamente sobre la investigación al Juez Instructor de la Provincia, asimismo recibir instrucciones sobre el caso investigado.

Era más o menos las cinco de la tarde en que el cabo “Zamudio”  silenciosamente arreglo la polaca con el cinto en la cintura y poniéndose el verdoso casco en la cabeza sujetándose a su medida por el cuello, cabalgó su caballo debidamente armado con su pesado fusil, apretó las filudas espuelas contra los costillares de su caballo y salió violentamente hacia el camino de herradura con dirección al pueblo de Tauca, pero antes se hizo acompañar por un joven ciudadano que se encontraba en el grupo de curiosos y este fue obligado a que le guiara y le acompañara a pie, hasta el pueblo, efectivamente desde La Banda hasta Tauca lo hicieron escasamente en hora y media, al llegar al pueblo inmediatamente fue a la Oficina de Correos y Telégrafos para remitir un telegrama al Juez Instructor de la Provincia de Pallasca, dando cuenta del hallazgo de los cadáveres en el caserío La Banda.

En cuanto el Juez Instructor de la Provincia en la ciudad de Cabana toma conocimiento de la investigación realizada por el Comandante de Puesto de la Guardia Civil de Tauca, inmediatamente cursa el siguiente telegrama:

 

“Juez Paz Primera Nominación Tauca,
constitúyase caserío La Banda,
efectué diligencia levantamiento cadáveres,
dando cuenta ésta Superioridad.-

Juez Instructor.” -

       

Era exactamente a las ocho de la noche que el Cabo “Zamudio” con el auxiliar de telégrafos llegaban al Despacho de mi padre, para hacer entrega del característico sobrecito de telégrafos conteniendo el lacónico telegrama, quien en ese entonces ostentaba el cargo de Juez de Paz de Primera Nominación de Tauca, al enterarse mi padre del contenido le dijo al robusto guardia civil, debo cumplir con lo ordenado por el Señor Juez Instructor, salimos en horas de la mañana hacia el caserío La Banda, para realizar la diligencia del levantamiento de los cadáveres, el guardia civil le insistió si podía ir en ese momento con él, hasta el caserío La Banda, mi padre le replicó su negativa, manifestándole “que no era posible ya que no se podía realizar una diligencia en Horas de la noche, fundamentándole que las diligencias judiciales se realizan durante el día a partir de las ocho horas de la mañana hasta las seis horas de la tarde”, entonces convencido de la explicación le dijo el Guardia civil “que mañana salimos temprano a caballo para realiza la diligencia que ordena el Juez Instructor de la Provincia” y se despidió con pasos rechinantes de sus polainas dobló la esquina con dirección a la Plaza de Armas en donde funcionaba la Comandancia del Puesto de la Guardia Civil de Tauca.

Al día siguiente, muy temprano vino a mi casa el Cabo “Zamudio” con su respectivo caballo y también mi padre ensilló su caballo color caramelo, frente blanco, llenó su alforja color azul de labor, con su libro de actas, papel sellado, su sello de la Judicatura y un tampón de tinta azul, más un tintero de tinta azul, que siempre acostumbraba usar en las diligencias con su respectivo lapicero de pluma de metal, para redactar el acta de la diligencia y se marcharon con dirección al caserío La Banda. Mi padre acostumbraba llevar a su alguacil don José Rosales “José Zorro”, quién cuidaba el caballo y apoyaba en todo las actividades necesaria para una diligencia, -cuánto quise presenciar esta diligencia le pedí a mi padre que me llevara con él, pero no me fue posible porque tenia que asistir a la Escuela de Primaria de Tauca en donde estudiaba en ese entonces hasta el medio día de los sábados y no quería que faltara a mis clases.

En cuanto iban acercándose al terreno del sembrado de habas, el Juez de Paz y el Guardia Civil a caballos, el alguacil y el joven a pie, desde lejos se veía que varias personas “chacchaban” la hoja de coca, se habían quedado durante la noche acompañando a los cadáveres. Es una costumbre humanitaria que existe en el pueblo de Tauca y en todos sus caseríos de velar al difunto sea familiar o extraño, se persignan ante el cadáver y rezan oraciones religiosas como por ejemplo el “Hueso sin pellejo”, la “Despedida”, y otras tantas canciones fúnebres que son cantadas en los velorios, para que los fallecidos puedan ser perdonados sus pecados por Dios, en este caso los lugareños se pasaron la voz que existía dos cadáveres, entonces todos trataron de colaborar, unos llevaron velas (para que se les ilumine su camino al cielo), otros llevaron flores con agua bendita (para bendecidlo y no penen posteriormente como almas condenadas en la chacra y las flores para servir de ofrenda para Dios en el cielo), algunos agua hervida con las hojas de una planta aromática llamada “coyal” o de cedrón o también de toronjil, para servirse con licor mezclado para el frío de la noche lo llaman el “callientito”, las mujeres prepararon mazamorra de “chiclayo” o calabaza y de harina “criolla” (para ser alimento de las almas en el largo camino al cielo o al infierno sino era perdonado de sus pecados), para la gente que se encontraban acompañando a los difuntos y llevaron caldo de cabeza de carnero, con mote de maíz y culantro, para servirles a la gente al amanecer, no les importaba el fétido olor que despedían los cadáveres, el quien guiaba en las oraciones (pidiendo sea perdonado por Dios) y cánticos fúnebres (el “hueso sin pellejo” canto tradicional fúnebre de Tauca), era un señor anciano apellidado Huisa Camacho (oraba y cantaba bendiciendo con un clavel mojado en agua bendita), en fin toda la noche lo velaron, bajo una luna llena que parecía como si fuera el mismo día, la siembra de habas fue totalmente maltratada con varios caminitos improvisados en diferentes direcciones que todos salían y llegaban al mismo centro de la siembra en donde se encontraba la fosa y del cual se había desenterrado los cuerpos victimados.

En todo el ámbito del caserío La Banda se regaba desde abajo del río hacía arriba la puna un clima de tristeza y de dolencia familiar del detenido; parecía que a lo lejos el amanecer se adentraba en un aturdido entendimiento no podía cubrir las expectativas dadas y esperadas por los lugareños, era muy paciencioso la ejecución de la llegada del alba que no había ofrecido el resplandor de siempre, no se veía salir los dorados rasgos luminosos del sol andino de siempre; más allá de las cumbres pintadas de oxidado metal, más allá del horizonte inquietante de azul macizo de la tierra, todo daban la sensación de que algo ha pasado en el caserío, de que algo va suceder en contra de algunos de sus vecinos notables.

Fue una madrugada llena y plasmada de preocupaciones de un pequeño centro poblado, conteniendo sobre las lomadas una gruesa cubierta de verde grisáceo de desesperanza, que más arriba se alargaba aún más leve para terminar hacía allá en el horizonte estrellado; inclusive parecía algo más de una sombra pintada de tardanza, parecía extraño que al sol le costaba mucho salir de aurora y a los cerros esparcir el perfume natural del campo de serranía, que siempre antes lo hacía de flores frescas de mañanas andinas; hoy se asemejaban a una apurada tarde desolada por la guerra y a una rasgada cortina de tantas esperanzas derribadas por las hondonadas quebradas, que se iban a perderse hacia el precipicio ennegrecido de infortunios, en donde luego se disuelve alejada en aquella área inmensa de un desacierto humedecido, que olvidada se va a caer en la turba de una resbalada húmeda mañana, muy distante de las primitivas orillas del sonrosado pensamiento; todo estas circunstancias se quedaban retrocedidos en el triste recuerdo de lo opuesto.

Fue a horas ocho y media de la mañana, de un día sábado en que procedieron a efectuar la diligencia, mi padre se sentó en su poncho habano doblado en muchos pliegues y comenzó a redactar el acta en la siguiente forma:

 

ACTA DE LEVANTAMIENTO DE CADÁVER

 

“En el caserío de La Banda, jurisdicción del distrito de Tauca,
a los doce días del mes de diciembre del año de mil novecientos
cincuenta y tres, por orden del Señor Juez Instructor de la
Provincia de Pallasca, según telegrama en original que se
adhiere a la presente acta, me he constituido al terreno
de propiedad de don Demelino Lopadio, quien no se encuentra
presente, ubicado cerca al paraje denominado Iglesiabamba,
en donde se observa que la totalidad de la chacra se encuentra
sembrado de habas, el tamaño de las plantas llega a media
canilla, muy bien conservado, pero que por motivo que nos
conduce ha sido maltratado por la gente del lugar, que han
concurrido al velorio de anoche, a fin de proceder a realizar
el levantamiento de dos cadáveres, que se encuentran en
estado de descomposición por haber sido extraído de una
fosa o sepultura rustica el día de ayer viernes por la tarde
y que revisado dichos cuerpos, se trata de dos personas del
sexo masculino, uno de ellos mide un metro setenta centímetros
y el otro mide un metro sesenta centímetros, ambos son de
contextura regular, de cara ovalada lampiños, de diferentes
edades, llevan puestos pantalones de bayeta, sacos también
de bayeta, envueltos con sus fajas de lana uno de ellos, el más
alto color amarillo con rojo y el otro color azul con blanco, ambos
envueltos en sus correspondientes ponchos de lana color marrón
con rayas de color blanco usados, sin sombreros, de cabellos
negros crecidos, ambos atados con sogas de penca desde la cabeza
hasta los pies. Tienen o llevan puestos sus “llanques”, no presentan
heridas  cortantes, por el estado en que encuentra se aprecian que tiene
un buen tiempo de haber sido victimado, no cuentan con documento
alguno, por cuya razón, no puede ser identificado su identidad ni menos
su procedencia. Con lo que doy cumplimiento a lo ordenado por la
Superioridad, por terminado la inspección ocular y el levantamiento
de los dos cadáveres. Para constancia de ello firma el acta los dos
guardias civiles de la Comandancia de Puesto de Tauca, los testigos
de actuación y el suscrito; disponiéndose inmediatamente su conducción
de los cadáveres a la ciudad de Cabana, conforme a lo ordenado por
el Juez Instructor de la Provincia de Pallasca.
-Manuel T. Moreno Huazo-
un sello ovalado en horizontal con la inscripción de
“Juez de Paz de Primera Nominación de Tauca”
con un escudo de banderas en el centro del sello,
impregnado al lado izquierdo de la rubrica autorizada”.

 

 La copia del presente texto corre en papel sellado a fojas 68 del Expediente Nº 09-53-JPPN-T, del archivo del Juzgado de Paz de Primera Nominación de Tauca, el original fue remitido al Juez Instructor de la Provincia de Pallasca, conjuntamente con los cadáveres.           

Después de la diligencia del levantamiento de los cadáveres, los Guardias Civiles ordenaron groseramente a los familiares que les acompañaban a Lucerino Delawanda, que se consigan dos fletes del vecindario o que fueran ha traer los dos burros de propiedad de Lucerino, que se encontraban en el pesebre de su casa, juntos a su huerto, los animales eran de color azulejos con frente blanco y embozados con sus jatos de soga de cabuya, eran muy ariscos y bien mantenidos, se alimentaban de alfalfares, sus barrigas se perdían en el color blanquizco que surcaban sus brazos y piernas engordados, antes de llegar a sus cascos se volvían en unos mechones blanquizcos que se enrollaban en sus patas, hasta llegar al lugar en donde justamente comenzaban los veteados cascos brillosos a la vista de la luna y del sol, sus cadenciosos pasos nacarados sobre el camino entonaban el traqueteo natural del cajón de música afronegra de algún callejón, eran mansos quién cabalgaba el burro, fácilmente podía dominarlo con tan solo una simple jalada a la izquierda o a la derecha de soga, o del bozal de la suave cabuya que acostumbraban ponerlos sus jatos, como si fueran unos verdaderos “caballo de paso”.

En cuanto llegaron los dos burros al lugar en donde se encontraban los cadáveres, los guardias civiles mandaron a dos personas a traer cuatro “rajas” de leña de aliso que había en la chacra contigua, ya que el propietario había cortado dos árboles de alisos no muy gruesos, para su leña de uso doméstico y se encontraban secando al sol, arrumados o apilados y entrecruzados se encontraban en uno de los extremos de su terreno colindante, la esposa y los hijos del detenido, no comprendían para que querían estas cuatro leñas, sin responder ni averiguar, nerviosos y apuraditos obedecieron las órdenes imperantes de los custodios, arreglaron y aseguraron las “caronas” (protectores de trapos viejos cosidos para defender el lomo del burro) de ambos burros, les pusieron los “aparejos” (semejante a las monturas del caballo), los aseguraron con la “cincha” de cabuya o la correa de suela, a sus “trabillas” (que pueden ser de metal o de tallo de “chilgan” o de “chachacoma” madera resistente en forma de “V” que sirve para hacer correr la correa de la “cincha”), reajustaron la “baticola” (correa en forma de “V” cerrada que “tiempla” o asegura del rabo del burro con el aparejo, para que no se mueva ni corra hacia adelante), luego se les solicito dos “sogas de terciar” para amarrar o asegurar las dos leñas en los extremos del aparejo como una “chácua” (camilla improvisada), después les pusieron la “jáquima” (seguro que se pone en la cabeza del burro como se hace con los caballos), nadie se imaginaba para que eran todos estos acondicionamientos que se les hacia al burro.

En este tiempo, las investigaciones que la Guardia Civil realizaba se movilizaba por los pueblos y el campo, en sus respectivos caballos, los caballos eran proporcionados por el Estado, bien a los herrajes de acero fundidos, con montura de cuero y bozales o jatos de plata, eran las autoridades más temibles y groseros de los pueblos de la sierra, en cualquier momento abusivamente los detenía o mandaba detenerte o paralizaba cualquier fiesta o reunión como a ellos les parecía o les dada la gana, aún más si a ellos no les habías participado, peor todavía se vengaban deteniéndoles por veinticuatro horas y nadie reclamaba por temor, además su Jefe de Línea vivía regocijándose en la capital de la Provincia y si alguien llegaba con alguna denuncia sobre ellos no les hacia caso regía el mal llamado “Espíritu de cuerpo”, es decir, el Jefe o miembro de su unidad no debía actuar en contra de ellos mismos. En provincia la justicia era inalcansable, todas las autoridades sé coludían.

Previamente, los Guardias Civiles con voz imperante solicitaron a los familiares que les diera el desayuno tanto a ellos como al detenido Lucerino Delawanda; temerosos y obedientes los familiares sin oposición alguna le dieron un buen desayuno, café de cebada tostada en el tradicional “tiesto” (especie de olla de arcilla con boca más ancha), con pan de trigo y queso fresco del lugar (el queso recién hecho con cuajo sin sal, característico de la zona), con cancha y mote, como también les prepararon su fiambre para el camino, las alforjas llenas de estos elementos tenían que ser cargadas por el detenido.

Mientras que jalaban y arrastraban los cuatro trozos o leñas de alisos por el suelo hacia el centro del terreno, ya la mañana tomaba cuerpo y se abría con toda  su fuerza de claridad, los gallos y pájaros dejaban de cantar, curiosos de saber que iba a pasar, los custodios cogieron las sogas de cabuyas blanquitas y suaves de poco uso y amarraron en forma paralela los cuatro palos de leña de dos en dos, de un metro cada uno, llamaron al detenido y a los familiares del detenido y les obligaron para que a los cadáveres se les colocaran sobre las dos “rajas” de leña que como camilla habían improvisado, luego con el cincho lo aseguraron tanto el cadáver entre las dos leñas de maderas de tal manera, que no se “ladeara” no se inclinara ni a la derecha ni a la izquierda a ningún lado, después de haber terminado y encontrándose listos los cargamentos, hicieron jalar de las sogas de cada uno de los burros a dos jóvenes voluntarios y sin pérdida de tiempo trataron todos de salir por el estrecho camino hacia el centro del caserío, para que inmediatamente tomaran el camino que les condujera hasta el pueblo de Tauca.

 

 

Eran las nueve y media de la mañana, el día se llenaba de sol, el caserío La Banda se había teñido de un dudoso azul tirando a la sombra de la nostalgia y del silencio, nadie decía nada, todos miraban como si estuvieran sumergidos en un largo y caudaloso sueño, que no tienen comienzo para cuando despertar; los Guardias Civiles, bien armados, cabalgaron sus caballos sin dejar de asegurar al detenido de manos atados a la cintura, a pie se le arrastraba por el tierroso camino. Entonces mi padre, al ver este cruel e inhumano proceder y en su condición de autoridad hizo parar a la comitiva, reclamando a los Guardias Civiles, que al detenido se le soltara del amarre de sus manos y se le permitiera montar un caballo, además por su delicada salud, no iba a permitir que se le conduzca de esa manera que ellos pretendían; pues entonces los custodios accedieron a su solicitud y desataron las sogas y pudo hacer uso libremente de sus manos, aún en sus muñecas se advertían las heridas que les produjeron los brutales y cueles amarres.

A esa hora del día, todos los habitantes están yendo a sus chacras a “mudar sus animales” (soltar la soga que atan las vacas de sus estacas o mudar de posición), de modo que al pasar por el camino un agricultor montado en su caballo inmediatamente fue interceptado por la Guardia Civil y obligado a la fuerza a proporcionar su caballo ensillado, para movilizar al detenido y en igual forma preguntaron quién tenía otro caballo, al tener la respuesta e indicarle el lugar se dirigieron de inmediato y abriendo violentamente las puertas de la casa del agricultor, que plácidamente descansaba en esos instantes ignorando de lo ocurrido, le obligaron soezmente a ensillar su caballo y proporcionarles para ser llevado a Tauca, que tan apurados y desesperados se encontraban los custodios. Mientras el cargamento esperaba junto a las goteras del local comunal perteneciente al Agente Municipal del caserío La Banda. Los bellos paisajes andinos se desfiguran cuando sus autoridades no saben respetar a sus habitantes y aprovechan de la ignorancia, del desprecio, del abuso de autoridad, de la incomprendida violencia en perjuicio de los menos pudientes.

Cada vez que más se asentaba el sol, más penetrante era el insoportable olor que despedían los cuerpos rescatados en estado de descomposición y por donde caminaban los burros dejaban caer los blancos gorgojos que salían de los cuerpos en putrefacción que cargaban en sus lomos sobre las “rajas” de leña de aliso.

En cuanto lograron su objetivo los dos Guardias Civiles se organizaron de la siguiente manera: los dos burros eran jalados con sogas por dos jóvenes voluntarios, el detenido Lucerino Delawanda, montado en un caballo iba junto a los cadáveres, un Guardia Civil armado iba por delante y el otro Guardia Civil llamado Cabo “Zamudio” se puso atrás de los dos burros que llevaban los cadáveres, también bien armado, con el alma al ristre, listo a disparar en cuanto se produjera una eventual fuga por el detenido, que ya tenía las manos libres de las ataduras y así como también liberado del amarre de soga por la cintura, todo fue desatado y respetados sus derechos como detenido, mi padre en su condición de autoridad no permitió el abuso que venían cometiendo los custodios. El camino era agreste, polvoriento y bien pesado el caminar, muy difícil era avanzar más en su normal caminata de los burros, que a veces sentían miedo les paraban las largas orejas de vez en cuando, pero todos eran vencidos a la voz tosca y grosera de los Guardias Civiles; de esta forma salieron del caserío La Banda con destino a la ciudad de Tauca.

A las doce del día estaban entrando a la Plaza de Armas de Tauca; era el fin menos esperado, era una inesperada novedad, la gente salía a las calles, subían a sus balcones para mirar desde lo más alto de sus casas o abrían a sus ventanas con la curiosidad de observar lo acontecido; pero era insoportable sostener o aguantar este fuerte olor pestilente que despedían los cadáveres, todos se cogían las narices, otros con frecuencia escupían al suelo, algunos se colocaban a menudo algodón con agua florida en los orificios de sus narices, para disimular éste olor y muchos se aguantaban la respiración, para evitar aspirar el olor tan fétido de carne podrida; pero, a pesar de todo seguían y pugnaban por aproximarse y poder ver más cercano posible a estos infortunados cuerpos en putrefacción.

Los caballos y los burros se estacionaron frente al Puesto de la Guardia Civil, por breves momentos en cuanto arribaron a la Plaza de Armas del pueblo de Tauca, en donde pudo descansar momentáneamente el detenido y los familiares que los acompañaban, fue una gran novedad para el pueblo, todos se agolparon de gente curiosa alrededor de los burros cargados los cadáveres y no soportaban el olor que despedían; sin embargo, muchos querían saber la verdad de los hechos, todos se preguntaban y todos se decían sus mismas respuestas.

Mientras mi padre se aproximó a la Oficina del Correo y Telégrafo de ese entonces, para dar cuenta de la comisión efectuada y redacto el siguiente texto de un telegrama:

Señor Juez Instructor Provincia.

Acuso recibo de vuestro mandato.

Constituido lugar indicado
procediendo levantamiento cadáveres.

Acta diligenciamiento lleva

Comandante Puesto Tauca quien conduce cometido.

Doy cuenta Despacho para fines de ley.

Morenohuazo.

Juez Paz -Tauca”.

 

Esta copia del lacónico telegrama, corre inserto en los archivos del Juzgado de Paz de Primera Nominación de Tauca, en el Expediente Nº 09-53-JPPN-T, a fojas 5, a la cual me remito en caso de ser necesario.

El poco calor del sol y la claridad disminuida sobre las calles empedradas del pueblo, ya en franca caída hacia la sombra de la tarde y con el viento sostenido a pocos en las esquinas del cuadrilátero de la Plaza de Armas del pueblo, entonces mi padre cabalgó su caballo de siempre y luego fue seguido por su Alguacil llamado José Rosales (a quién se le decía “José Zorro” por ser un hombre muy hábil en las notificaciones judiciales), por haber dado cumplimiento a las órdenes impartidas por el Señor Juez Instructor de la Provincia, se retiraba a su Despacho a continuar atendiendo a las personas que le esperaban para su actuación judicial y consulta jurídica de siempre, además que los cadáveres ya fueron depositados provisionalmente en el Cementerio General de Tauca, bajo la obligada vigilancia del antiguo pantionero apellidado Chávez, mientras que los Guardias Civiles hablaban urgentemente por el aparato telefónico alámbico que existía para la comunicación con la ciudad de Cabana, capital de la Provincia y con los demás distritos de la Provincia de Pallasca.

El Cabo Zamudio, como Jefe Comandante del Puesto de la Comisaría de Tauca, no tenía mucha práctica en redacción de estas clases de documentos, pero inmediatamente casi literal hizo que le transmitiera el siguiente telegrama:

 

“Señor Juez de Primera Instancia de la Provincia.

En condición Comandante Puesto de Tauca,
comunico a su Despacho, se descubrió los
cadáveres de las víctimas, mañana serán
puestos a disposición de vuestro Despacho,
conjuntamente con el Atestado, detenido autor
del homicidio Lucerino Delawanda. Solicito no debe
conceder libertad detenidos complicados, las pruebas
del crimen estamos dando cuenta a vuestro Juzgado.

Atentamente

Cabo “Zamudio”

Jefe Comandante Puesto Tauca”.

 

Al enterarse del telegrama el Juez de Primera Instancia de la Provincia, con sede en la ciudad de Cabana, Capital de la Provincia de Pallasca, dispuso suspender la orden de libertad de los detenidos que se encontraban en vísperas por salir, mientras se ponga a disposición las pruebas contundentes del hecho delictivo denunciado por intermedio los famosos “pasquines”.

Irremediablemente el peso oropelado de la tarde más se inclinaba, el sol laminado casi medio apagado en sombra también iba en descenso, mientras tanto el Comandante de Puesto de Tauca, aceleradamente confeccionaba el Atestado Policial en la vieja máquina de escribir de color negro azabache descascarado en partes su esmalte por el uso constante, que traqueteaba su sonido sin cesar varias hojas de “papel de despacho” blanquizco, que en las tiendas y bodegas comerciales se utilizaban para envolver el kilo de azúcar o de fideos que compraban los clientes; sin embargo, ahora se utilizaba para la manifestación del detenido Lucerino Delawanda. En cuanto se demoraba el detenido en responder al interrogatorio de los Guardias Civiles, inmediatamente se les aplicaba fuertes golpes de patadas o los “fuetazos” de correas que se acostumbraban mantener y usar en los Puestos de los Guardias Civiles, para “hacer declarar” a los detenidos, a pesar de lo ya declarado, los Guardias pretendían hacerles declarar otros delitos más que naturalmente el detenido lo ignoraba, pero esto era la clásica “modalidad” e inhumana metodología que empleaban los Guardias Civiles en las Provincias. Ellos podían flagelar, golpear y agredir sin compasión alguna al detenido, que lastimosamente se encontraba esposado o amarrado al madero de la puerta trasera, ya premeditadamente acondicionado esta tortura y nada le pasaba a éstos abusivos, porque nadie se quejaba ni reclamaba. No existía el derecho de defensa para el detenido. Todo estaba permitido y consentido, por sus más altos Jefes promotores del abuso y arbitrario desempeño de la corrupta Guardia Civil en todo el país. Todo la noche fue golpeado el detenido, tratando de obtener más pruebas del delito o más información sobre el hecho delictivo, en esta época los pueblos provincianos no conocían el derecho universal de la defensa, las autoridades hacia lo que a ellos les venía en gana o les convenían, los gobernantes se concentraban en la capital de la República un lugar desconocido y difícil de hacer llegar algún reclamo por que demoraba años sin obtener una respuesta. Al Presidente, Senadores y Diputados solamente se conocían por sus fotografías en los volantes que se distribuían, bien serios a la corbata y terno, estas autoridades electas y representativas, se olvidaban totalmente de los pueblos, en igual forma los partidos políticos convenidos, solamente se les veía cuando era la época de las elecciones, para engañarles con promesas y regalos o con una copa de licor para que voten por ellos,    

 

 

Al día siguiente de una mañana llena de brillante luz esmaltada y con un vítreo calor ascendente de sementeras, descendían en filigranas de oro pesadamente los endurecidos rayos del sol por las vertientes desoladas directamente al mediodía. El pueblo alborotado se preguntaba en voz baja curiosamente por todas las calles, esquinas, plaza pública y en los lugares en donde se concentraban o se reunían la gente, como por ejemplo en los chorritos de agua pura del pueblo de Tauca, todos querían saber sobre los resultados de las investigaciones;  sin embargo, la Guardia Civil, ya disponía trasladar los cadáveres del Cementerio General del pueblo de Tauca, hacia la ciudad de Cabana, conforme a lo ordenado por el Juez Instructor de la Provincia.

Pasado el mediodía el Comandante del Puesto de la Guardia Civil, a cargo del Cabo Zamudio, en forma exigente y prepotente reclutaba en la Plaza de Armas gente varón, para que se encargaran de ir al Cementerio General del pueblo de Tauca, en donde habían custodiado bien armados toda la noche a los dos cadáveres y a los dos burros que habían servido para trasladarlos desde el caserío La Banda al pueblo de Tauca; la gente se resistía no querían realizar esta difícil labor de cargar a los muertos, porque despedían un fuerte e insoportable olor de putrefacción, éste mal olor había inundado en todo los ámbitos del Cementerio; pero, de todas maneras, empleando la fuerza y bajo la amenaza de detención por desobediencia a la autoridad policial, a empellones fueron llevados a dos jóvenes y al detenido Lucerino Delawanda y a dos mujeres familiares del detenido, para ayudar de cargar los cadáveres sobre los burros, amarrándose y acondicionando en la improvisada camilla sostenida en el “aparejo” que llevaban en sus lomos los fletes.

Después de haberse amarrado y acondicionado los cadáveres sobre los lomos de los dos burros, el Cabo Zamudio con voz imperante dispuso ser trasladado por el camino afirmado de Tauca a la ciudad de Cabana, que dista a una distancia aproximada de tres leguas. El desplazamiento era de la siguiente forma: el Cabo Zamudio tomaba la delantera, en su caballo color caramelo frente blanco, bien armado con su fusil listo para disparar, además no quería ir en el camino percibiendo el desagradable olor que despedían los cadáveres; luego venía uno de los jóvenes reclutados a la fuerza llamado Ruperto quien jalando con una soga al burro que llevaba en sus lomos al cadáver de contextura más grande; a continuación le seguía el otro joven reclutado también a la fuerza en la Plaza de Armas llamado Amador, jalaba al segundo burro que llevaba en sus lomos al cadáver menos grande, recomendándoles de ésta manera las medidas primordiales de seguridad, caminar en forma normal, para no ladearse la carga del burro y que los fletes no trate de asustarse o de correr sobre el camino y conservar su distancia. Enseguida venía el detenido Lucerino Delawanda, quien presentaba notoriamente moretones de un salvaje maltrato policial y con las manos esposadas a la espalda, apenas podía dar algunos pasos tras de los burros, ya no le quedaba fuerza alguna, su débil resistencia se debía al sostenimiento de una soga de cabuya, atado de la cintura al “aparejo” del último burro que a fuerza le jalaba, para no intentar huir o burlar la vigilancia del segundo guardia civil que también montado en su caballo color moro ceniciento iba escoltando a la pestilente caravana, con fusil en mano listo a disparar, ante cualquier intento de fuga o situación contraria que se presentara por el momento. Los caballos eran bien aparejados como acostumbraban la guardia civil, ambos guardias civiles llevaban puestos en sus cabezas sus cascos de fibra de color crema, con pasadores de suela sostenidos en sus maxilares inferiores o mandibulas, para no caerse con el viento del camino durante el forzado viaje y espanten a los ariscos burros que llevaban el cargamento humano. En este orden de cosas, iniciaron la caminata de Sur a Norte, todos partieron por el mismo camino de herradura del pueblo de Tauca con destino a la ciudad de Cabana, capital de la Provincia de Pallasca, Departamento de Ancash.

PANORAMA DE LA CASA DE CAMPO DE TAPUGÓN

(Vista de Sur a Norte, el milenario “Eucalipto” que oculta a la casa, “camino carretero” de Tauca a Cabana, la poza de agua a la cabecera, los frondosos alisos que rodean a las acéquias y a las fértiles parcelas de cultivo, foto tomado por el autor el 6 de agosto de 1968, como testimonio de mis sentimientos e inquietudes de mi niñez y juventud)

PANORAMA DE LA CASA DE CAMPO DE TAPUGÓN

(Vista de Norte a Sur, la casa conserva su estructura original de paredes de adobes con ventanas y techo de media agua con tejas, rodeados por la frondosidad del aliso, mortero de piedra al frente testimonio de mis antepasados, adjunto corre la acequia mitigadora de la sed y parcialmente se observa la siembra de maiz y quinua imagen perpetua de los Andes e inspiración de mis sueños, ideas y esperanzas de mis obras literarias)

PAISAJE NATURAL DE LA CASA DE PATUGON

(Vista de Sur a Norte, la Dra. F.Nelly Bardales de Moreno, inspecciona la grave destrucción que se ha perpetrado contra ésta legendaria e histórica, famosa y renombrada “Casa de campo”, que iluminó e inspiró al autor, para escribir la obra literaria “La Casa de Tapugón” (Canto en prosa) conocida en el mundo entero. Se observa descubierta la característica de su constructrucción andina, sobre la altitud de la loma, quienes para ampliar el “camino carretero” que vá de Tauca a Cabana, desconociendo su valor literario han derribado las lomas adyacentes, las plantas, alisos, antigüos cercos de piedra, el milenario “Alcanfor” que de maldad se le ha cortado y los descansos sucesivos del deslizamiento empedrado de la acequia que constituía el reflejo de plata en las tardes del paisaje natural y cultural de un paraje carácteristico andino ¡qué lástima! Que las autoridades hayan dejado realizar ésta inoble y malvada actitud que atenta contra el valor y riqueza de la identidad cultural de un pueblo) (Foto tomada el 2 de agosto de 1998)


 

 

CASA DE CAMPO DE TAPUGÓN

(Vista de Norte a Sur, en época de cosecha de maíz y luego de rastrojos, además de la vegetación típica del lugar que le rodea como el antigüo aliso y otras plantas caraterísticas del fértil terreno, la acequia por donde constantemente discurre el agua de la poza) (foto tomada el 2 de agosto de 1998)  

CASA DE CAMPO DE TAPUGÓN

(Vista de Norta a Sur, con el panoráma del pueblo de Tauca, su frondocidad modelo mi imaginación creativa literaria. Foto tomado el 2 de agosto de 1998)


 

Eran las tres de la tarde de aquel día domingo catorce inolvidable del mes de diciembre de 1953, cuando el trajinante disco dorado del sol inclinado al Oeste se dejaba observar a esa altura acampanada del despejado ahondado cielo, uniformemente esparcían en pulidas fibras de oro limón sus calurosos entretejidos rayos verdes andinos, por toda la zona del paraje se derramaba en fuego dorado desde arriba sobre el llamado "Tapugón". La casita de campo en su corazón guardaba sus medias sombras de amor en la desolada lomada antigua de la inspiración, preservando su histórica vegetación y la decorada singular vista panorámica natural, ubicada a dos kilómetros del pueblo de Tauca, la poca distancia parecía defender su particular contextura de peñascos de piedra original simbólica de plata, perpetuando la esparcida continuidad del paisaje circundante del pueblo de Tauca. Sembrado de un excepcional majestuoso y el más antiguo árbol de alcanfor o eucalipto de la zona, que a varios metros de altura sobrepasaba desparramando sus gruezas ramas y largas hojas sobre la casa de campo, mientras el cogollo se hundía en el cielo azul batido a la izquierda de blanca nube aurora, rodeado de la pintoresca vegetación típica del lugar que configuraba el natural paisaje aledaño del pueblo cercano. De otro lado, rebasaba de sus plantas las coposas verduscas y cinceladas hojas de los demás árboles de alisos, vertidas conjuntamente con sus entresacadas ramas envejecidas por el tiempo se balanceaban de uno a otro lado, dejando entrever esa musicalidad características del roce constante entre las hojas verdes de los árboles, las vetustas angostas acequias que se perdían humedecidas en su camino y la arcillosa veterana rectangular poza de los ensueños, por donde discurrían las desembocadas cristalinas aguas musicales de la esperanza. Todos estos hechos naturales diseminados en los amurallados y repartidos andenes nos hacían recordar la originalidad vista propia de su incomparable horizonte de alisos y de plantas, que en subordinadas líneas paralelas trazadas sobre la esmeralda verdosa vertiente se perdían concentradas en el fondo contenido del alma.

Los días domingos era para nosotros el lugar preferido, la casa de campo de Tapugón, era el más frecuentado por nosotros y nuestros amigos, por que aquí encontrábamos todo lo que los niños o los jóvenes podían necesitar para distraerse todo un domingo, corríamos por las chacras, por sus caminitos improvisados, saltábamos los cercos de piedras, las lomadas de tierra, trepábamos los tallos de los alisos, jugábamos con el agua de las acequias, removíamos la humedecida tierra con nuestros arados de juguete, hacíamos nuestras represas de juego, construíamos nuestros molinos hidráulicos, cuando teníamos hambre nos servíamos el fiambre que cada uno llevaba en sus alforjas. Cuando íbamos todos en familia mi madre era la quien cocinaba en la casita de campo de Tapugón, nosotros recolectábamos la leña de los tallos secos de árboles, en fin aquí nuestras costumbres nos hacían respirar las características propias de un campo plenamente andino, el frescor del viento nos acariciaban nuestras mejillas sonrosadas de niñez o de juventud, nuestras ropas y cabellos crispados y desordenados se levantaban constantemente por la fuerza atrevida del viento, nuestros sombreros de paja ya usados jugueteando rodaban por el suelo, el pantalón y el saco de bayeta “cordoncillao” color azulino siempre nos protegía del frío, como los “llanques” con correas de cuero protegían nuestros pies de niño o adolescente del constante caminar tras de nuestras ovejas durante el pastoreo.

Precisamente ese día domingo inolvidable me encontraba pastando, junto a la casa de campo, sobre la “parva” cercana al reservorio de agua, en donde existía un vejestorio aliso entrecruzado, como para subir en lo más alto de sus gruesos tallos y desde ahí de sus ramas era suficiente dominar con las vistas todo el panorama del valle, cuanto más lejos se alcanzaba era mejor divertirse mirando todo el paisaje de “Pumachupán”, “Huayo”, “Matibamba”, “Calaball” y otros parajes del recuerdo a esa hora de la tarde se percibían con toda claridad los amplios contornos de las sementeras delimitadas por las pencas, los zarzales, los “chilgañes”, los eucaliptos y cuanta vegetación crecían a lo largo del valle. Las aguas cristalinas de las plateadas acequias se veían empozadas por las “champas” o las raices de sus hierbas que regaban las extensas alfombradas sementeras, de la cual brotaba el reflejo de plata y del amarillento cristal en pulidos rayos imponentes de la redondez del descolgado astro sol.

Muy a lo lejos se desplazaban algunas cuantas personas tras de sus animales, otras se encaminaban por los diversos senderos del verdeante valle, otros tantos caminos se diseñaban polvorientos a la distancia; mientras que en mi casa de campo de Tapugón, se ventilaban sus medias sombras con aquel viento fresco de campo que se retorcía en los herbazales y troncos añejos de los tantos alisos que discretamente las rodeaban; más aún, la antigüa poza de agua cercana que regaba los terrenos de Tapugón, se encontraba por la mitad llenada de esas aguas límpidas y fresca de sierra, de la cual levemente escurrían para represarse en las estrechas acequia que corría frente a ella, así como por todas las demás acequias que habían sido ya diseñadas por las cabeceras y extremos de las chacras o andenes de riego, su reflejo de luna de plata todo adornaba la integridad del paisaje.

Los campos era mi deleite de joven inquieto, que ya había cumplido mis  trece años de edad, siempre veía regarse las “chauchas” en los andenes de nuestra propiedad, así como solearse los pastales al paso del ganado que brindaba esta hermosa naturaleza, ¡Oh! Qué hermosa tarde, que bella era este magnifico lugar, ¡Oh! Qué recuerdo tan imperecedero, se quedó gravado en la profundidad de mi ser, en las perfiladas sombras de mi alma, con todo sus características de paisaje de esta única y bella tierra tauquina. Cuando el sol desde arriba más descendía todas las aves, las plantas, las piedras, las sombras, las aguas cristalinas, los caminos, los silbidos, las quenas musicales, mi casa de campo con sus tejados de antaño conservaba siempre su originalidad propia de sierra, el peculiar color acuarelado vertido de la misma naturaleza al ocultarse el rebosante sol, se dibujaba en mi corazón el horizonte entristecido de aquellas tardes andinas, que no he podido olvidarla en mi vida y de este contraste de la realidad no olvidada, se ha generado el título de esta obra "Tarde Soleada", siempre la naturaleza existirá con las mismas admiraciones cautivadoras de su belleza, si lo sabemos conservar, el tiempo pasará para no volver; pero la realidad concreta y endurecida, diseñada y bosquejada con sus mismas dimensiones seguirá girando en el universo, con todos sus sabores, con sus adversidades y en esa conjugación de alegría y tristeza se desarrollarán nuestras propias vidas, vidas que hacen historia de la existencia de los pueblos y de la sociedad entera en el mundo.

Por las circunstancias de la vida, aproximadamente a esta misma hora de las tres de la tarde, que por coincidencia fue un domingo que me encontraba en la “parva” junto al árbol de aliso de la casa de campo de Tapugón, por casualidad del destino tuve la penosa y triste experiencia personal de haber observado en el instante en que pasaban los Guardias Civiles conduciendo los cadáveres en los dos burros con las personas que los acompañaban por la “carretera” así se le llamaba a este camino de herradura, construido en la época del Gobierno de Oscar R. Benavides, para más tarde ser vía de transporte de pasajeros y carga en vehículos de transporte público de Tauca a Cabana. Permítanme dejar claramente descrito lo que personalmente pude observar y que hasta la fecha no se me ha borrado de la mente, por casualidad me encontraba parado en la “parva” ubicado sobre el “camino carretero” con mi hermano menor que no le dio importancia por concentrarse en sus juegos caseros, cuando de pronto vislumbre que al frente de la lomada de propiedad de los “Huanchacos” (sobre nombre de una familia propietaria de esta lomada de terreno), por el “camino carretero” aparecían un grupo de personas, caballos y burros con carga, inmediatamente por lógica deduje que deben ser los cadáveres de la diligencia realizada en el día anterior, luego agudice mis sentidos poniéndome a buen recaudo para esperar observar mejor a los que iban a pasar por mi delante, después de rodear y pasar las aguas de la quebrada de Tapugón, para dar la vuelta a la lomada en donde yo la esperaba, fue así en que tuve la oportunidad de ver por primera y única vez a esta comitiva que pausadamente se desplazaban en la siguiente forma: él Cabo Zamudio, cabalgaba su caballo de montura nueva con alforjas de cuero llenas y un poncho de jebe color verde que se sujetaba en sus extremos con ligaduras para evitar su caída al suelo, vestía su característico uniforme de guardia civil, cargado su fusil de izquierda a derecha con el cañón hacia arriba, iba adelante, como quién va abriendo paso, de vez en cuando cabeceaba de cansancio debajo de su casco color beis o beige, como su caballo con la cabeza baja; le seguía un joven de contextura delgada con sombrero de junco maltratado por el mal tiempo, llevaba en el hombro izquierdo una alforja de color amarillo con rojo teja deslucida, casi vacía, sobre el cual colgaba su poncho color oscuro con rayas blancas sujetado a la cintura, de camisa bayo remangado en los brazos, con pantalón de bayeta negrusco con sus “llanques” que le protegía a sus pies empolvados de tierra, jalaba la soga del jaquimón del burro azulejo, que en sus lomos cargaba al cadáver más grande, como un bulto alargado, envuelto en una frazada de lana casera color verde azulino, asegurado por varios retornos de soga desde la cabeza hasta los pies, cubierto de polvo del camino; luego le seguía otro hombre de mayor edad con sombrero de paja de extremos roto muy usado, presentaba un bolo de coca en la mejilla derecha de la boca, en su hombro izquierdo portaba su poncho marrón de su diario, amarrado en el cuello un pañuelo sucio y ajado, sostenido su pantalón de bayeta con una vieja faja descolorida en la cintura, calzaba un solo “llanque” en el pie derecho y en el otro caminaba descalzo, por haberse roto una de las correas la portaba en la mano izquierda, mientras que con la mano derecha jalaba la soga que pendía del pescuezo del segundo burro “shapra” o sea de pelada marrón blanquizco negrusco, el cual llevaba en sus lomos a otro cadáver como bulto menos alargado, envuelto también en otra frazada de lana descolorida, asegurado con sogas desde la cabeza hasta los pies, cubierto de polvo del camino; inmediatamente venía el detenido Lucerino Delawanda, era un hombre de regular estatura, tenía puesto un sombrero de paja con cinta de correa de cuero no muy conservado, con ralas patillas de poco crecimiento, llevaba amarrado en el cuello para no caerse una chalina de lana blanca percudida, con rayas azules en los extremos con grandes flecos, con camisa color mostaza descolorida de mangas, con pantalón de bayeta “cordoncillao” sujetado a la cintura por una correa de cuero con hebilla deslustrada, apenas daba sus pasos con los empolvados pies descalzos y ensangrentados, no llevaba nada sobre los hombros porque los brazos los tenia cruzados hacia atrás con las manos esposadas, de cuyas manillas de hierro que sujetaban las muñecas emanaba un reflejo de metal pulido, además una soga de cabuya en varias vueltas en la cintura se le aseguraba hacia el aparejo del último burro, para evitar alguna posible evasión de sus captores, no obstante, de la rígida vigilancia, presentaba en la cara varios moretones y una herida en el pómulo derecho, iba sediento y maltratado por el cansancio, obligado a la fuerza del templado jalado de la soga, su débil cuerpo solo atinaba a no perder el equilibrio, con el temor de no ser derribado por el agreste suelo, con la consecuencia esperada de ser arrastrado por el camino.

Inmediatamente venía por detrás el otro Guardia Civil, montado en su caballo, que de rato en rato le tiraba su fuetazo al prisionero, diciéndole que avance para no pisarle los talones con el casco del caballo, parecía que el cuerpo del prisionero había perdido el sentido de la sensibilidad, porque ya no sentía el impacto de la rienda, el guardia era más joven que el anterior, llevaba un casco verduzco en la cabeza, lucía unos lentes oscuros, con el pesado fusil cargado de izquierda a derecha con el cañón hacia arriba, vestía su polaca verde con botones dorados, pantalón de montar color beige, con polainas y zapatos negros, con plateadas espuelas, en montura más usada con alforja de cuero llenas y un poncho de jebe para la lluvia atadas en sus extremos con ligaduras para no moverse de lugar, en marcha moderada se escuchaba el deslizamiento de los herrajes de los caballos y el traqueteo de los cascos de los burros, sus ariscos y temores de los pacíficos animales lo demostraban irguiendo sus orejas cuando se cruzaba algún intempestivo vuelo de pájaro que sobre volaba por el lugar, pero no dejaban de escucharse los característicos ronquillos en ese absoluto silencio que caminaban, dejando un plomizo polvo de tierra seca levantada sobre el camino, oliendo un aire que producía asco y repugnancia como si llevaran carne podrida. Pero al paso del último custodio, se veía que iba atrás doña Agripina esposa del detenido, una mujer de contextura baja, con sombrero de paja con cinta negra terminada en un entre laso al lado derecho en dos puntas, con gruesas trenzas negras que llegaban hasta su cintura, de sus orejas pendían unos aretes de plata ennegrecida, con cara tristona y sudorosa, hipaba de cansancio empolvada, vestía un monillo de percala deslucida con mangas, en cada mano llevaba puesto un grueso anillo de cobre en el dedo anular que por la humedad del tiempo verdeaba al mismo, de la cintura colgaba sus polleras oscuras llamada “anacu” bordadas sus orillas con florcitas de color amarillo y verde, casi no se distinguía las demás, sus pies empolvadas calzaban sus perfilados “llanques” con las correas abultadas a sus laterales. Llevaba cargada su “lliclla” o manta de “pampas” o franjas más extensas en el centro de azul con verde, con un abultado contenido, seguramente con sus provisiones y ropa para el cambio necesario de su esposo el detenido, además cargaba su “rebozo” color azul marino un poco descolorido por el uso cotidiano en la sierra, quien llevaba en sus manos los “llanques” de su esposo con sus correas “arrancadas” o rotas y le acompañaba dos jóvenes mujeres más que seguramente eran familiares del presidiario. Caminaban apuraditas para no ser dejados por la comitiva, a pesar de la pesada y larga caminata y del fétido olor que dejaban en el camino, éllas continuaban de cerca vigilantes para acudir inmediatamente en ayuda del desvalido detenido.

Es costumbre de la mujer Tauquina, en cuanto su esposo o sus hijos se encuentra en algún problema, inmediatamente salen a su defensa, le apoyan en todo lo que fuera posible y necesario que se requiera y nunca le abandonan hasta el final, si fuera posible éllas son capaces de perder la vida por su esposo o por sus hijos, en estos casos la mujer en ningún momento le abandonaba élla le seguía los pasos hasta que en éste orden y forma divisaron la curva contigua del camino. Así la he visto pasar por ese “camino carretero” a la altura de la casa de campo de Tapugón, cuando el disco macizo en fuego del sol levemente ladeada se desprendía con gran fuerza sus ardientes rayos dorados, sobre las extensas y lejanas sementeras de un incomparable paisaje natural de una tarde soleada del recuerdo que decoraba al medio mundo de ese entonces. Todos divisaron con dirección hacia la ciudad de Cabana, este espectáculo triste y desagradable, ha vivido en una parte de mi aturdido entendimiento hasta la fecha, en que ha generado el contenido y pasaje de éste libro.

No quisiera omitir este noble gesto de las mujeres del pueblo de Tauca, tienen por principio y norma fundamental en la vida conyugal, la obligación mutua no solo de alimentar y educar a sus hijos como una ejemplar madre, sino que también el deber sagrado y bíblico como cónyuge de la fidelidad y asistencia para con su marido, desde su tierna edad se le inculca que al casarse debe tener en cuenta como norma moral, honor y dignidad que entre los cónyuges se deben obligatoriamente un cabal respeto mutuo de solidaridad y amor, en caso de que al vivir la esposa con otro varón, estaría quebrantando los deberes morales y matrimoniales del juramento que hiciera ante Dios al casarse, lo que constituye no solo una conducta deshonrosa, sino que también una censura moral por el pueblo de Tauca; éste hecho condenable y repudiable, pone en grave peligro la vida, la salud o el honor de cualquiera de los cónyuges hasta destruye la actividad económica de la que depende el sostenimiento de la familia. Este principio moral acuñado como uno de los fines fundamentales del matrimonio, de obligatorio cumplimiento, bajo penalidad moral de ser repudiado por el pueblo, sólo se permite hacer vida en común entre un varón y una mujer (en Tauca no existe homosexuales, es hombre o es mujer, dos cosas bien definidas), los hombres tienen la obligación, el deber y la responsabilidad para con los hijos, nadie incumple este sagrado deber, cuando por desgracia uno de los cónyuges se aleja del hogar conyugal y no demuestra intención de regresar o rectificar su error, y aún más, dejando en completo abandono a sus hijos, sin importarle su elemental necesidad alimentaría, éste infortunado hombre, de hecho es un muerto condenado en vida, porque el pueblo Tauquino lo va condenar y repudiar para toda su vida. Por eso, en Tauca no hay agresiones mutuas entre los cónyuges, tampoco el abandono del hogar conyugal, menos enfrentamientos o denuncias policiales entre cónyuges (ya no existe Comisaría), porque éstos hechos denigran la moral y el amor conyugal que debe practicarse en el hogar y cooperar para el mejor desenvolvimiento del deber y del derecho que nace del matrimonio.  

Otro de los recuerdos que me ha dejado la naturaleza es cuando tuve la edad de seis años de edad, es el caso  del temblor o terremoto que sucedió el día domingo 10 de Noviembre de 1946, a las doce y cuarenta y cinco minutos de la tarde, de una magnitud de 7.2 mb (NEIC), se afirma que cuyo epicentro fue en el distrito de Quiches, (Chamana, Ullulluco, El Porvenir) Provincia de Siguas, por una falla geológica que hoy se conoce científicamente como falla tectónica, esta destrucción se extendía por la quebrada de Llama, distrito  de Conchucos y muchos pueblos de la región, según los informes sismológicos produjo más de 1,400 muertos, enlutó a muchos pueblos de la región, me narró Filiberto Matos Melgarejo, cuando trabajamos en el Ministerio de Transporte y Comunicaciones, un sobreviviente del pueblo El Porvenir del distrito de Quiches, vivieron los horrores del fenómeno y sintieron los dolorosos efectos, el sentido de percepción en el irracional es más sensitivo y afinado que en el racional para presentir el peligro, cuando se encontraba pastando en sus chacras a las afueras de la población, su ganado en aquel momento antes del hecatombe se inquietaron y comenzaron a correr en distintas direcciones, para agruparse entre los de la misma especie en diferentes sitios, las reses entre reses por el lado de “la tranca”, los asnos entre asnos por el lado de “la pampa”, las ovejas y las cabras se juntaban alrededor de la población, los chanchos, los perros, las gallinas, en los patios de las casas. Todos los animales demostraban una rara inquietud entre sí, daban vueltas moviendo sus colas y mirando con avidez hacia el vacío, nerviosamente levantaba sus cabezas las reses, paraban sus orejas los asnos, olfateaban a su alrededor excitando sus narices los perros y erizaban sus cerdas los chanchos, este movimiento de los animales despertó curiosidad en la gente que se percató de semejante ocurrencia, todos sintieron cierta melancolía espiritual que luego se sumió en una profunda tristeza, que no alcanzaban a comprender que todo esto era el anuncio de una terrible tragedia, al producirse “un ensordecedor ruido subterráneo como un algo así ¡bummmm!...Sacudió bruscamente el suelo e hizo temblar la tierra agrietándola por todos lados con un sonido semejante a la rasgadura de una tela y ante el mirar atónito de los aturdidos moradores se cerraba instantáneamente disparando con fuerza bólidos de polvo que se esparcía en el aire oscureciendo el ambiente bajo una espesa humareda al extremo de ocultar la luz del día. Los cerros se derrumbaban con estruendo infernal y las casas se desplomaban o se resquebrajaban estrepitosamente atrapando a sus dueños que habían tenido la desdicha de encontrarse en esos momentos dentro. En segundos el polvo cubrió el cielo Porvenirísta en espantosa oscuridad que oculto todo bajo su manto. No se veía nada ni nadie. Sólo gritos y llantos por doquier destrozaban  los corazones. El grito de las personas se confundía con el bramido de los animales: el mugir de las reses, el rebuznar de los asnos, el relinche de los caballos, el aullido de los perros, el balido de las ovejas; todo, todo en conjunto formaban un concierto tétrico con una confusión tremenda. Los llantos y las llamadas de los unos y a los otros dentro de la oscuridad de la espesa polvareda, partían el alma de dolor, de angustia, convirtiendo el ambiente en dramático escenario en el que la aflicción y el consuelo marchaban a la par. Unos atraídos por voces familiares caminaban atientas en la oscuridad y al encontrarse entre seres queridos se abrazaban llorando; mientras que otros con menor suerte lanzaban voces de auxilio o llamadas desgarradoras a los suyos que no correspondían por haber caído ahogados por el polvo unos y desaparecidos para siempre, tragados por la tierra, otros. El suelo seguía temblando intermitentemente con fugaz convulsión. Todos estos tristes pasajes se  sucedieron en segundos pero para los infelices sometidos a tan dura prueba de la naturaleza, eran siglos”.... Pasaron los días y el aislamiento de los pueblos afectados quedaron incomunicados, las líneas telegráficas y telefónicas se habían destruido, la primera visita que tuvo Quiches fue una comisión de Urpay del otro lado del río Marañón acudieron auxiliarlos, en la mañana del día 16 de noviembre apareció en el cielo de la zona volando un avión de reconocimiento muy alto enrumbado hacia el Norte, a las cinco de la tarde del mismo día, apareció otro volando más bajo en la misma dirección, estas exploraciones sirvieron de consuelo a lo sobrevivientes; al medio día del siguiente llegaron los primeros auxilios en “un avión volando bajo y lento, después de unas cuarenta vuelta en el cielo de Quiches, dejó caer en paracaídas víveres y frazadas”

 

“Yaraví

I

El 10 de noviembre a las 12 dice
y cuarenticinco minutos
de un triste día domingo;
un terremoto produce
tragedia, horror y en segundos
mi pueblo queda arruinado.

II

El Porvenir es el nombre
del pueblo donde nací
y que el terremoto arruinó;
el sacrificio y esfuerzo
por su adelanto reciente
bajo escombro se enterró

III

Soy de los damnificados
de aquella dura tragedia
que a mi pueblo enluto;
con su espantosa mecida
junto con seres queridos
mi esperanza sepultó.

IV

Ya sin mansión ni esperanza
abandoné adolorido
la cuna que me meció
y como triste peregrino
busco mi nuevo aposento
en brazos de la desdicha

 

Estribillo

Como un triste pajarillo
como un triste pajarillo,
que de rama en rama vuela
que de rama en rama vuela;
sin poder conseguir nido
sin poder conseguir nido,
ni una hoja de consuelo.

Ni una hoja de consuelo,

 

Soy un martín del destino
soy un martín del destino
sin albergue conocido
sin albergue  conocido;
como la paja en el aire
como la paja en el aire,
por el viento sostenido
por el viento sostenido.

 

Fuga

Así es la vida
ingrata y traidora,
tan pronto brinda la dicha
luego la arrebata vida mía,
con ensañamiento, cholita,
con ensañamiento.

 

(“El Porvenir” de M. Filiberto Matos Melgarejo, páginas: 206 al 217)

 

Efectivamente estos efectos fueron percibidos en toda la zona de la provincia de Pallasca, con menor intensidad en aquel día domingo, aproximadamente a esta misma hora antes señalada, en cuanto me encontraba en la casa de campo de Tapugón, cuando tenía la edad de seis años, tuve la única oportunidad de observar a lo lejos a la altura del distrito de Conchucos, que se ubica al Norte de distrito de Tauca, en cuanto sentimos este fuerte movimiento del suelo que nosotros lo llamamos temblor, salimos apresurados a las goteras de la casa cerca al mortero de piedra no muy distante de las plantas de alisos que había al frente, el agua discurría por la acequia en donde jugaban en esos instantes mis hermanos, mi madre nos acogió entre sus brazos no nos dejaba correr a ningún lado, acariciando nuestros cabellos nos decía “no se asusten hijos, ya todo está pasando, éste es un temblor, ¿en dónde habrá sido su centro?, ¿en dónde habrá reventado la tierra?, ¡Dios Santo! ¡Santo Domingo!...Ojalá que no haya sido en algún pueblo”...... cuando de repente mi madre nos señalaba hacia el Norte en donde se veía levantarse desde abajo un polvo de tierra hacia el cielo, semejaba como si una bomba hubiera caído en ese lejano lugar, mi madre nos replicaba diciendo....“el centro del temblor ha sido por Conchucos”, nos quería decir, que el epicentro o la falla geológica conocida hoy como la falla tectónica se ha producido por la ruta del distrito de Conchucos. Que haciendo posteriormente investigaciones llegue a informarme que los estudios sismológicos establecía que ya en año de 1933, en la Provincia de Sihuas se había producido un gigantesco aluvión, que en esa época destruyo parte de la zona de Pingullo, y que esta zona tanto de Conchucos y Sihuas resultaba ser una zona sísmica y que por ser bastante vulnerables a los desastres naturales sus autoridades pedían al gobierno una Central de Defensa Civil en Sihuas, para cualquier otra similar emergencia.

Después de siete días de sucedido el temblor, se observaba sobre volar el cielo de los distritos de Tauca, Cabana, Bolognesi, Huandoval y Conchucos, ciertos helicópteros y avionetas del Estado, decían que eran con el fin de dejar la ayuda económica que el gobierno hacia a los damnificados de los pueblos de la Provincia de Pallasca, especialmente al pueblo de Conchucos que habían resultado el más afectado por eso fue declarado damnificados por la pérdida de sus hogares y familiares; se veía que los helicópteros desde lo alto soltaba o arrojaban al vacío los bultos conteniendo víveres, arroz, avena, azúcar, atún, enlatados, pan y otros en poca cantidad a las orillas de los pueblos o en campos deportivos, los pueblos se encontraban desorganizados, algunas personas caritativas cuando los encontraban los bultos participaban a los demás o los hacían llegar a la Municipalidad del distrito, en donde se quedaban para el alcalde y sus familiares o servidores o personas conocidas, las donaciones ya no se veía ni siquiera el color, peor todavía las donaciones extranjeras no llegaban a la Provincia todo se esfumaban y se quedaban en la capital o sea en la gran Lima, al Presidente de la Republica ni se le conocía, menos a los Ministros, tampoco a los Diputados y Senadores de ese entonces, solo se distribuían las propagandas y folletos para la época de las elecciones, conteniendo sus fotografías bien serios con terno y corbata, hoy los tiempos han cambiado las fotos son en camisas de color sin mangas, con cabellos desordenados y pintados como afeminados, soltándose una grotesca sonrisa, usando polos de colores, vestidos de pueblos que jamás usaron y aún usando vestimentas que no le identifica menos tiene nada que ver con la identidad cultural de sus pueblos andinos, aún más es una falta de respeto o un insulto a su lugar o a su pueblo y a toda la Nación que supuestamente afirman que la representan.              

Es necesario conservar la practica del valor de la solidaridad y de la actividad social que realizan los habitantes del pueblo de Tauca, esta natural costumbre que viene desde nuestros ancestros como una innata enseñanza en la gente Tauquina, “dar posada al peregrino”, “dar de comer al hambriento”, cuando una persona o familia desconocida o extraña llegaba al pueblo, inmediatamente se le proporcionaba alojamiento y alimento en forma gratuita dentro de la casa, por eso las casas en el pueblo han sido construidos teniendo en cuenta dejar una pieza para los huéspedes, en caso de no haber catres, se le acondicionaba sus camas sobre el suelo, con las “caronas” y pellejos de los carneros, además se le preparaba alimentos con los potajes característicos del lugar. Es una costumbre ancestral que cuando uno preparaba mazamorra de “chiclayo” o algún otro potaje no cotidiano o mataba una res o un chancho tenía la obligación moral de invitar en un “mate” o en una ollita si era líquido, a cada vecino de la cuadra o a los amigos o a las personas más allegadas a la familia, ellos también hacían lo mismo, no era raro ni extraño ver por las calles cruzar las damas llevando en sus manitas los potajes calientito y humeando, para ser entregado a sus vecinos o transitar por la calle y ver que en la puerta de alguna casa o en la esquina se encuentra una dama con una canasta grande lleno de pan, quién a cada persona que pasa, le entrega o se le da un pan y a veces dos, indicándole que “es la caridad del alma” de algún difunto o de algún Santo, como en el caso del Patrón del pueblo Santo Domingo de Guzmán o también se acostumbra dar un puñado de caramelos o de galletas a cada persona sin distingo de edad o condición social, ya sea del lugar o forastero.

Pues, esta actividad de tipo social en la ayuda humanitaria, puso en práctica mi madre Ramona Ravelo Chinchay de Moreno, en cuanto nos encontramos en la casa de campo de Tapugón, ya había transcurrido más de un mes el Gobierno central de la capital y las autoridades de la Provincia no podían solucionar la situación calamitosa en que se encontraban los pueblos afectados por el terremoto, entonces la gente sobreviviente al no contar con ninguna ayuda social alimenticio ni de protección o de reubicación para la reconstrucción de los pueblos destruidos, decidieron emigrar hacia el puerto de Chimbote y a la ciudad de Lima, entonces por el “camino carretero” comenzaron a pasar mucha gente, procedente de Quiches el más afectado su cerro “Paltas” había erosionado mezcla de tierra y piedra en seco su desplazamiento arrastró todo, los barrios del Durashno y Joquillos desaparecieron, distrito de Conchucos se destruyó, San Miguel, Chingalpo, Acobamba, Huasco, El Porvenir, Bellavista, Ullulluco, Ocshay, Puquio, Jocosbamba, Quichespampa, Ahoyobamba, Cruzbamba, Río Agtuy, Haciendas Casa Blanca y Uchos, El Puruguay, El Vado, El Arco, Arcopunco, Surgán, Huaglo, caminaban a pie en grupos de hombres y mujeres, familias enteras, niños huérfanos, desamparados sin hogar, habían perdido a sus padres, venían tan solo con la única ropa que vestían, cansados por la caminata, de hambre y de sed por el calor del sol, le causó tanta pena a mi madre como a nosotros también, entonces mi valerosa madre de sombrero de paja con cinta negra, la cual ocultaba sus crespas cabelleras que terminaba en dos trenzas negras aseguradas con una delgada cinta color azul, de monillo o blusa percala color verde, con pollera vueluda de color teja, amarrada a la cintura con una faja de tres dedos de ancho en cocos de cuatro colores: Verde, amarillo, rojo y granate, con sus perfilados “llanques” de suela, hechos por mi padre, con sus correas en suavizadas en el “bramero” de piedra azul, que servia para atar su caballo color caramelo, decidió bajar tres baldes de agua de la poza, con tres jarros hechos al momento uno de tarro de conserva y dos de leche gloria, para que la gente pueda tomar el agua del balde, yo corría con el balde vació a llenarle de agua que salía directamente del “virgo” o desagüe de la represa o la cavidad por donde sale el agua de la poza, con ayuda del hijo de la “Chancapata” llamado “Alejo”; en seguida también ordenó a sus ahijados Porfirio, Silviano y Eustaquio, que sacaran la papa harinosa de riego llamada “chaucha” que ya se encontraba en estado de cosecha, en el anden de cerca al pozo, en la misma acequia que corría por frente de la casa de campo, se empozó brevemente el agua cristalina con una raja de leña de aliso, para lavar las papas recién cosechada, luego de lavaditas y brillosos en unas ollas grandes de barro era sancochados por su ahijada Anastasia, después de vaciar el agua caliente llamado “shic” en donde había hervido las papas reventadas, en otras veces se toma para arrojar los cálculos de los riñones, luego eran vaciadas en unos “sacrados” o “sacrachas” eran unos mates de madera grande, como especie de bandeja o fuente, que humeantes mi madre en sus manos y brazos la bajaba al camino por donde pasaban estos grupos de gente, ella misma la invitaba servirse las papas calientes con ají, que había en un “matecito” con rocoto molido en batán y “chungos” de piedra, además le daba un jarro o dos de agua dulce fresca cristalina de poza, según a su deseo, así brindó desinteresadamente su ayuda social a toda la gente que con hambre y sed pasaba por el camino, durante más de diez días consecutivos, se terminó de cosechar los ocho andenes de “chauchas” eran las papas de riego, este elemento sustancial del pueblo de Tauca, cuando ya no hubo papas, comenzamos con adelantar la cosecha de las habas verdes, porque le faltaba secarse el fruto en sus plantas, se le sancochaba para darse a la gente como “shinte”, o habas cocidas o era el fruto cocinado con cáscara, este se daba en bolsitas de papel o en periódico, para ser llevado por cada persona y en el camino la iban comiendo de uno en uno. Todo la gente agradecía por este noble gesto solidario y por este singular desprendimiento y ayuda social al prójimo en desgracia, que venían cansados, con hambre y sed, con destino a Lima, tenían la esperanza de encontrar algún trabajo en la capital, mucha gente se quedo en el puerto de Chimbote, integrando las barriadas de la Estación del Tren y de “Coshco”, otros pasaron hasta Lima y se integraron en las barriadas de Comas y San Martín de Porres, a la entrada de la ciudad de Lima, por esta razón la mayoría de pobladores son de procedencia de estos lugares castigados por la furia de la naturaleza.

Debemos aprender que la única esperanza que cubrirán nuestras necesidades primordiales en casos de emergencia, es la respuesta solidaria que debe darse pronto por el Estado, la ayuda humanitaria debe ser canalizada a través de instituciones representativas, los damnificados deben recibir de inmediato alimentación en ollas comunes, albergues temporales en carpas y agua para el consumo humano, instalación de letrinas, artículos de aseo personal y limpieza, campañas de salud, atención médica y apoyo en medicamentos, distribución de frazadas y ropas, luego la reconstrucción de viviendas y colegios, hasta reconstruir la vida de los pueblos, para esto, es necesario que debemos de enseñar a nuestros hijos la cultura de la solidaridad y de la esperanza.

En el lugar de “Ayahual” del barrio La Pampa de Tauca, existe una variedad de papa llamada “Huachape”, es una papa silvestre que existe en el pueblo y que nadie lo cultiva, se reproduce en las huertas de las casas porque sus frutos son llevados por la fuerza del agua y esta misma variedad también fue llevada por mi madre para sembrarse sin “camellones” o curcos dispersos entre la hierba en los lugares húmedos de la casa de Tapugón, de donde se cosechaban tres veces por año, eran con cáscara gruesa que al sancocharse se reventaban en forma de pétalos de rosa, de contenido agradable se adecuaba para todos los potajes típicos de la zona, para lograr mejor resultado de frutos grandes y abundantes era conveniente remover la tierra en luna llena, en pleno sol de mañana y sin pronunciar palabra alguna. Sí en éste caso se hablaba o se hiciera algún ruido, sólo encontraban bajo tierra la raíz de cada “mata” o tallo o planta sin fruto, nos decían que era papa de los “gentiles” y eso era el secreto para cosechar esta Tauquinícima papa nativa del lugar.

La papa como tubérculo oriundo del Perú, es el regalo divino más preciado que el Perú ha dado al mundo, siendo el Departamento de Ancash cuna de la producción de las mejores variedades y el primer producto alimenticio nativo del Perú, representativo de la agricultura peruana, conjuntamente con el maíz que también es otro de los segundos alimentos autóctonos del Perú. El dramaturgo Aureo Sotelo Huerta de Aija-Ancash me comentaba que este producto nativo ha solucionado el hambre de los pueblos del mundo; por ejemplo la hambruna que en el año de 1845 diezmó y asoló el territorio de Irlanda en Europa. Los irlandeses gratos de este milagroso producto no tardo de erigirle un monumento y que inclusive en reconocimiento de sus naturales bondades todos llevan exhibiendo en la solapa izquierda la flor de la papa, demostrando un agradecimiento afectuoso lo ostentan orgullosos sobre su corazón; sin embargo, en el Perú siendo la cuna de la papa y del maíz no valoramos ni reconocemos a estas autenticas riquezas alimenticias que existen en el Planeta.      

En recuerdo de esta noble actitud de mi Madre que tal vez no le hayamos comprendido en su momento, de esta importante práctica de solidaridad para con la gente de un pueblo desbastado en ruinas o en escombros, esta enseñanza Tauquina debería de generalizarse en forma representativa a nivel de la provincia de Pallasca, aún más habiéndose instituido a nivel nacional la celebración del “Día Nacional de la Papa” el 30 de mayo de cada año, mediante la Resolución Suprema Nº 009-2005-AG del 23 de febrero de 2005, en mi condición de Secretario de Cultura del Club Ancash y siendo una Institución con representatividad Departamental que agrupa en su seno a los ancashinos, propuse en la Cuarta Moción escrita de fecha 8 de junio del 2005, a la Sesión de Consejo Directivo de la misma fecha, para que después de ser analizado y debatido en el orden del día se aprobara el proyecto de Resolución sobre la construcción de la obra escultórica de carácter conmemorativo al “Día Nacional de la Papa”, cuyo texto era el siguiente:

 

RESOLUCION DE CONSEJO DIRECTIVO Nº 07-CD/CA

                                                                    Lima, 8 de Junio del 2005.

  Visto la moción presentado por el Secretario de Cultura, Dr. Arnulfo Moreno Ravelo, de fecha 8 de Junio del 2005, en Sesión de Consejo Directivo del Club Ancash, proponiendo la construcción de una obra escultórica alusiva al “DIA NACIONAL DE LA PAPA”.

CONSIDERANDO:

Que, la papa es un prodigioso tubérculo andino, es el alimento más genuino del milenario Imperio de los Incas.

Que, la papa constituye uno de los alimentos más nutritivos del orbe y que su producción alcanza el cuarto cultivo alimenticio más importante del mundo.

Que, el día lunes 30 de Mayo del 2005, por primera vez en el Perú, se ha celebrado el “Día Nacional de la Papa”, el Club Ancash conocedor de sus valiosos atributos y potencial nutritivo, que ha mitigado el hambre en el Perú y en varios países del mundo, dispone rendirle un merecido homenaje erigiendo una obra escultórica de carácter conmemorativo a este virtuoso vegetal peruano.

Estando a  lo acordado y aprobado, en Sesión del Consejo Directivo del Club Ancash, dando cuenta a la Asamblea General y de conformidad con el Art. 54, inciso g), y k) concordante con el Art. 67, inciso d), e), f), g), h) e i) y Art.40 de los Estatutos de la Institución;

SE RESUELVE:

PRIMERO.- Dar por APROBADA la construcción de una obra escultórica de carácter conmemorativo al “DIA NACIONAL DE LA PAPA”, como un merecido homenaje a uno de los alimentos más nutritivos y auténticos del Perú.

SEGUNDO.- La construcción artística de esta obra escultórica, tendrá las dimensiones de un pedestal de cuatro metros de alto por un metro de ancho, en material de piedra pura adoptando la forma del fruto de papa, con los colores de su origen natural.

TERCERO.- La obra artística e histórica deberá ser ubicada, en el jardín del lado izquierdo frente al local del Club Ancash.

CUARTO.- La Institución celebrará el  “DIA NACIONAL DE LA PAPA” anualmente el 30 de Mayo, conforme a lo dispuesto en la Resolución Suprema Nº 009-2005-AG,  de fecha 23 de Febrero del 2005.

QUINTO.- Constitúyase la Comisión de Construcción de esta obra escultórica, por las Secretarias de Cultura, de Turismo, de Extensión Artística y Folklórica, para lo cual deberán convocarse a concurso la mencionada obra proyectada, dentro de un plazo de sesenta días calendarios.

                               Regístrese, comuníquese y archívese.

 

Este proyecto no fue aprobado por falta de fondos, ya que en ese momento se encontraban remodelando la cocina del Club Ancash; pero comprendiendo que la papa es un alimento que ha solucionado los problemas del hambre en el mundo, en Europa hasta se les ha erigido un monumento en homenaje a este maravilloso producto nativo de nuestra patria peruana, me he permitido insistir en la presentación nuevamente la Moción siguiente:

                        Señor Presidente del Consejo Directivo del Club Ancash:

            En mi condición de ex - Secretario de Cultura de la Institución, presento esta moción a esta Sesión de Consejo Directivo, de hoy 28 de Mayo del 2007, para que después de ser analizado y debatido en el orden del día, se apruebe o desapruebe; en caso de aprobarse se dará cuenta a la Asamblea General Extraordinaria, para la ratificación de la resolución y el acuerdo adoptado, de conformidad con lo prescrito en nuestros Estatutos.

                        En consecuencia, propongo la construcción de una obra escultórica de carácter conmemorativo al “DIA NACIONAL DE LA PAPA”, la misma que será aprobada, mediante Resolución de Consejo Directivo, cuya autógrafa de la resolución adjunto a la presente moción.

                        Pido a vuestra Presidencia y a los Miembros del Consejo Directivo, se dignen debatir y aprobar esta Resolución, como un merecido homenaje a uno de los alimentos más auténticos del Perú.

Atentamente

DR. ARNULFO MORENO RAVELO -  C. A. L Nº 6080

 

Pero, hasta la fecha no he logrado convencer a los Directivos del Club Ancash, solamente con tanta pena recibí el siguiente Memorando:

Lima, 30 de mayo del 2007.

Señor: Arnulfo Moreno Ravelo.

Presente.

De nuestra consideración:

Es grato dirigirme a usted para saludarlo cordialmente y a la vez dar respuesta a la moción que usted presentó el 28 de mayo último.

Al respecto debemos recomendarle que este tipo de propuesta sea presentado previa coordinación con el Consejo Directivo.

Agradeciendo su comprensión nos despedimos de usted, reiterándole nuestros sentimientos de consideración.

Atentamente.

Presidente                                          Director General

 

Seguiremos esperando, que a éste alimento nativo el más auténtico del Perú, se le reconozca y le valore conforme a su importancia dado en el mundo.

        

 

Desde la distancia se veía la vasta vertiente de arboledas y potreros de alfalfares y en la parte superior se vislumbraba la ubicación de la ciudad de Cabana, los tejados se confundían con el color plomizo de las calaminas, todo en conjunto semejaba a un cuadro profundo de pintura, trazado con el mismo perfil del óleo fresco en un leve cruzamiento de imagen, con los premeditado andinismos de un pincel natural verde claro, bajo un enamorado cielo de cristalino azul, exteriorizado en algunas inestables nubecillas que se pierden entre las alturas de los azulejos cerrosdel“Mashgonga”,“Cungush”,“CerroManto”,“Oroscocha”,“Churumarca”,”Puchumalca”,“Poccha”, reflejando de cielo sus lagunas “Cabracocha”, “Pashorgo” y “Piticocha” y las contrarias sombras caídas sobre los recovecos de los caminos que unen a los caseríos de Huambo, Aija, La Florida y San Martín, como a los diversos parajes de “Coshcovara”, “Llactabamba”,“Marcuvalle”, “Coyopampa”, “Mayluque”, “Shinga”, “Pushaguida” “Pangusacape” chacra que se ubica al pie de la Piedra por donde con su “Huallqui” o compañía se iban las mujeres llevando su “quipe” o cargadas en su espaldas sus llicllas un poco “shirpes”  o algo viejos y acabados sus orillas divisaban por el cerro redondo llamado “El Manto” y otros tantos nombres que se olvidan y se ocultan en las lejanías de las faldas de las verdes colinas del valle.   

Casi ya al oscurecer, cuando la tarde se había hundido pesadamente hacia el occidente, cuando ya no se distinguía a tan lejanas cumbres, cuando los barrios de San Jerónimo, Huaymaca, Pacchamaca y Trujillo se disponían a cubrirse de los comienzos de la negrura de la noche, los caballos y los burros con sus cargamentos humanos respectivos, subieron la recta y extensa cuadra empedrada con los restos de piedras traídos desde Pashas, reflejada a la tenue luz del grupo electrógeno, en el mismo orden que venían llegaron a la Plaza de Armas de la ciudad de Cabana, siendo recibidos por el Juez Instructor de la Provincia de Pallasca, Dr. Eleodoro Olivera Cortez, el Agente Fiscal y el Médico Legista, quiénes constataron y verificaron la existencia de la muerte de estos dos abigeos desaparecidos. Además fueron debidamente reconocidos e identificados por los deudos y familiares que ansiosos los esperaban. Inmediatamente el Señor Juez de la Causa, decretó su detención del detenido Lucerino Delawanda y ordenó su reclusión conjuntamente con sus hermanos en la “Carceleta” de la Cárcel de la ciudad de Cabana; en igual forma dispusieron que los dos cadáveres sean sepultados en el Cementerio General de la ciudad de Cabana, mientras se continuaba en ese entonces con el trámite de la denuncia penal hoy el proceso penal sobre el presunto delito de homicidio.

A partir del día siguiente, todo cambió el Señor Juez Instructor de la Causa, amplió al auto apertorio de instrucción y fundamentando nuevo mandato, ABRIÓ INSTRUCCIÓN contra Lucerino Delawanda, Bartino Delawanda, Valerino Delawanda, Demelino Lopadio el Agente Municipal (cuñado de los hermanos Delawanda), Alerino Charengo (cuñado de los hermanos Delawanda), Elodio Delviento el Teniente Gobernador, y contra los que resulten responsables por el delito de Homicidio, contemplado en el Art. 152 del Código Penal (hoy es calificado como Homicidio Calificado- Asesinato, Art.108 del Código Penal) y dispusieron su detención en la cárcel pública de la Provincia.

Los familiares de las víctimas Donato Oré y Crisanto Lara, haciendo uso de su derecho se constituyeron en parte civil en el proceso penal, como agraviados y haber sufrido el daño, tenían el derecho expedito a invocar la pretensión destinada a su resarcimiento, en su condición de causahabientes, por el delito inferido a sus causantes.

El abogado o el apoderado de la parte civil, pedía reiteradamente al Juzgado que se les impongan la penalidad de internamiento a los inculpados, (penalidad que equivale a más de 25 años de cárcel), por haber matado con ferocidad, para facilitar y ocultar otros delitos, con gran crueldad, con perfidia que le quito la vida de estas dos personas inocentes.

Los abogados o apoderados de los inculpados Lucerino, Bartino, Valerino Delawanda y Alerino Charengo, alegaban que no existía delito cuando el hecho se produjo en forma ocasional, sin mediar ni negligencia ni imprudencia punible, por lo que solicitaban la absolución de los acusados. Pedían también que la penalidad sean atenuadas en todo caso, por que los hechos ocurrieron en forma espontánea sin premeditación, llegándose al desenlace fatal por circunstancias del momento provocados por los agraviados, en forma ocasional y fortuita; se pedía que no proceda el juicio oral por delito de homicidio por negligencia si el hecho se produjo por imprudencia de los propios agraviados, se solicitaba se declare ininputable a los acusados por delito de homicidio culposo, por no existir el necesario nexo de causalidad entre sus acciones y el resultado sobrevenido como consecuencia del acto imprudente de los agraviados y además fundamentaban al Juzgado, que tengan en cuenta que los inculpados son personas semicivilizados, analfabetos, de bajo grado de cultura y que tienen conducta y costumbres campesinas honradas e intachables, tradiciones, creencias y valores socio-culturales de los campesinos. Se pedía que existiendo la presunción de inocencia como derecho de los inculpados o procesados, que todo hombre es inocente, lo que dura mientras no se pruebe lo contrario y se sustentaban en la conocida máxima romana “INDUBLO PRO REO”, que procede absolver a un procesado cuando las pruebas son insuficientes y no produce certeza de culpabilidad, sin embargo, el criterio del Juzgador fue considerar como autores del supuesto delito de homicidio.

Distrito de Cabana y el Cerro de Mashgónga

(Vista desde Tauca, se observa Parga, Hualalay, rio de Cabana, Aija, Lluque, Llactabamba,etc.en las alturas Pashas, Cabana, Ferrer y el cerro de Mashgónga que termina en punta tocando el cielo azul celeste)

PLAZA DE ARMAS DE CABANA

(Llegue por primera vez el 30 de marzo de 1957, para dar examen de admisión al Colegio Nacional Mixto Pallasca, que iniciaba sus clases el 8 de abril del mismo año,  fue el primer Colegio de Secundaría creada en la Provincia de Pallasca, con sede en la ciudad de Cabana. Fue Alma Mater de grandes forjadores en todas las disciplinas del saber humano)


 

 

 

Con la acumulación de pruebas investigadas y las ampliaciones de la instrucción, con el juzgamiento por el titular de la investigación del Juez y la intervención y vigilancia del Ministerio Público o el Agente Fiscal Provincial de ese entonces, fueron remitidos a la Corte Superior de Justicia de Ancash; en donde previo Dictamen Fiscal y acusación formal del Fiscal, el proceso llegado de Pallasca, paso a Juicio Oral, asumiendo en aquel entonces, el Tribunal Correccional de la Corte Superior de Justicia de Ancash, en Huaraz, quién en audiencia desarrollada de manera unitaria, compleja, oral y pública, bajo el principio acusatorio se llevaron a cabo el juicio oral o el juzgamiento objetivo tanto fáctico como jurídicamente; siendo absuelto uno de los hermanos Valerino Delawanda, quién regreso a su pueblo de Tauca de la Provincia de Pallasca.

Que, basándose en la doctrina penal nacional y el derecho comparado han establecido que el homicidio cometido en esas circunstancias desencadenada en una acción sin motivo o móvil aparente, resultando ser desproporcionada la gravedad de la acción homicida y que la acción letal por parte de los acusados tuvo su origen en la resistencia que opusieron las víctimas, de ninguna manera puede ser considerado como alguno de los supuestos referidos que configurarían la agravante contenida en el Artículo 152 del Código Penal y teniendo en cuenta que los acusados produciéron un resultado grave de muerte que no quisieron causar, ni pudieron prever, la pena no debe ser de internamiento de más de 25 años; porque se considera que el homicidio calificado al que mata a otro para facilitar u ocultar otro delito, por que es inexistente la figura jurídica del homicidio calificado, debe imponerse una pena, acorde con la naturaleza del acto, el número de víctimas, los medios empleados y los móviles y fines, estos fundamentos fueron tomados en cuenta al momento de resolver.

Que, el Tribunal Correccional de la Corte Superior de Justicia de Ancash en Huaraz, al expedirse la Sentencia condenatoria, dispuso aplicar injustamente la pena de 12 años de penitenciaria a los acusados: Lucerino Delawanda, Bartino Delawanda, Demelino Lopadio, Alerino Charengo, por el Delito de Homicidio y a las penas accesorias pertinentes de inhabilitación e interdicción durante la condena; para ser cumplida la pena en la penitenciaria Central de la Capital de la República, en Lima, más un pago por concepto de responsabilidad Civil solidaria, por la suma de S/. 80,000.00 soles oro, para los deudos de las víctimas.

En caso de Elodio Delviento el Teniente Gobernador, fue declarado reo contumaz, tanto durante la investigación por el Juez Instructor de la Provincia de Pallasca, de ese entonces y como también por el Tribunal Correccional de la Corte Superior de Justicia de Ancash, en Huaraz, por lo que la Sentencia reservó el juzgamiento del proceso en su contra por encontrarse ausente del juicio oral o al acto oral, hasta cuando sea habido y nombro defensor en el proceso hasta su conclusión y no se apareció hasta la fecha en que termino el juzgamiento.

En el caso, del sentenciado Lucerino Delawanda, a consecuencia de los maltratos físicos sufrido en el Puesto de la Guardia Civil de Tauca, Provincia de Pallasca,  falleció en la cárcel de Huaraz.

En el caso, del sentenciado Bartino Delawanda, en  cuanto  se encontraba cumpliendo su penalidad en la Penitenciaria Central de Lima y faltando poco tiempo para su libertad, falleció de la enfermedad crónica que le produjeron los golpes salvajes e inhumanos recibidos en el Puesto de la Guardia Civil de Tauca de la Provincia de Pallasca; en donde se le infirieron lesiones graves para hacerle declarar sobre el hecho denunciado.

Los sentenciados Alerino Charengo y Demelino Lopadio, ambos concuñados, fueron los únicos que lograron cumplir sus penas y obtuvieron su libertad, pero enfermos y con pesados años encima, sin esperanza de futuro, retornaron a su caserío La Banda, en donde posteriormente han fallecido.

De esta manera la familia de Futocino Delawanda y de sus honorables hijos del caserío La Banda de la jurisdicción del distrito de Tauca, personas de gran capacidad económica, propietarios de tierras agrícolas y de gran cantidad de ganado ovino, vacuno, caprino y otros, se esfumaron y terminó todo porque las esposas y familiares de los sentenciados no sabían administrarlos, y aún más, durante el proceso penal en Cabana, lo malgastaron dejándose llevar por consejos de terceras personas y de sus abogados o apoderados judiciales que los engañaban prometiéndoles una supuesta libertad de sus esposos con la única finalidad de hacer vender sus terrenos y ganado para obtener el dinero que les pedían. No obstante, de conocer la gravedad e implicancia del hecho delictivo en que supuestamente habían incurrido con su participación y que obligatoriamente tenían que ser sentenciados en un juicio oral de la Corter Superir de Justicia de Ancash, por éste supuesto delito de homicidio; sin embargo, lastimosamente los Defensores de Oficio de la Corte Superir de Justicia de Ancash que los patrocinaban por falta de medios económicos, no hicieron valer el derecho que les asistía, a pesar de que éstos Defensores gozan de una remuneración del Estado, para defender a los procesados de escasos recursos ecnómicos.

La aplicación de la justicia en las provincias era deficiente, parcializada, arbitraria, siempre se aplicaban en contra del menos pudiente, en perjuicio del campesino, del obrero, del inocente, del analfabeto, de las personas de bajos recursos económicos, la ignorancia no-solo era el atraso, el subdesarrollo, era la ruina cruel de todos los pueblos, era también el instrumento bestial que arrastraba al hombre por el camino insalvable de su propia destrucción.   

Como especie de corolario, permítanme esta proposición que pretendo deducir de todo el caso penal demostrado en el presente libro, tanto para los agraviados, como para los acusados, es oportuno glosar lo que el Jurista Hernando Londoño Jiménez, en sus conferencias magistrales de la Universidad con maestría nos decía:

 

“En la defensa de un hombre que ha cometido un delito, nunca existen causas injustas, porque siempre habrá una explicación que dar sobre esa conducta, siempre habrá un derecho que pedir, como mínimo; el del más estricto respecto por la dignidad humana, por los sagrados fueros de una persona y porque en la aplicación de la ley no haya extralimitaciones de poder, negación de los elementales postulados de justicia. Siempre se podrá defender entonces al hombre, aún por más abyecto y horroroso de los crímenes, sin que faltemos a nuestra conciencia, sin que por ello estemos violando el severo ordenamiento de nuestros principios morales. Aunque no fuera sino para pedir un poco de misericordia, el Abogado estaría ejerciendo una noble y sublime misión aún defendiendo al más perverso de los hombres, al más siniestro criminal, al sujeto de corazón más endurecido y de más empedernido y tenebrosa alma“

 

En el presente caso narrado, según como habían sucedido los hechos no merecían los procesados ésta drástica sentencia, la defensa por parte de los inculpados no la ejerció jurídicamente los abogados Defensores de Oficio de la Corte Superior de Justicia de Ancash, tampoco se dignaron fundamentar bien los alegatos menos hicieron valer los recursos pertinentes contra la injusta y contradictoria sentencia, los cargos atribuidos no eran para tanto, como para merecer esta drástica pena de penitenciaria, en realidad por la distancia del lugar no tenían posibilidades de viajar los familiares constantemente de Tauca hasta Huaraz cede de la Corte Superior de Ancash, para exigir a los Defensores de Oficiono que realizaran verdaderamente una justa defensa y egercieran profesionalmente su función de abogados, pero todo fue lo contrario, no pucieron en practica su juramento profesional del Ilustre Colegio de Abogados de Lima con su “distintivo institucional en una estrella dorada con siete puntas o ángulos salientes y una corona cívica en el centro, dentro de la cual se lee en tres lineas paralelas el lema: “ORABUNT CAUSAS MELIUS” cuyo exacto significado literal es “defenderán mejor las causas”, la medalla de las siete puntas del distintivo del Colegio, representa los siete dones del Espíritu Santo, que otorga y concede “estos dones del Espiritu Santo son los de sabiduría, ciencia, inteligencia, piedad, consejo, fortaleza y temor de Dios”; sin embargo, no hicieron valer su capacidad jurídica de defensa, con recursos lícitos, con jurisprudencias y con fundamentos jurídicos, han debido plantear un contrapeso legal a la acusación Fiscal y buscar un equilibrio garantizador de un debido proceso, impuesto por la conciencia social justa y civilizada.

Que, triste es la vida cuando se ignora la educación, la cultura y la salud, por eso alguien dijo: “Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción”, por eso, no permitas que los esfuerzos de tus antepasados se sigan menospreciando, no te dejes engañar ni que abusen de tu inocencia ni de tus hermanos telúricos, prepárate para conocer lo que ellos saben y le ganaras la delantera, teniendo progreso, adelanto y bienestar alcanzarás el desarrollo de tu pueblo, de tu región, de tu nación y por ende del Mundo.

A un pueblo no solamente se valora por sus recursos naturales porque es la educación que reciban sus hijos por los valores de aquel espacio comunal que les dio vida, para conocer precisamente de su atesorada riqueza y comprender el verdadero valor de su identidad cultural. Cultiva y hace producir tus tierras, identifícate con el campo que te enseñará su escondido corazón, siembra la mejor semilla en tu tierra fecunda y entonces tendrá una buena cosecha, intégrate plenamente con la naturaleza, participa a tus hermanos telúricos conformando una sola unidad, practiquen la reciprocidad del trabajo, de la ayuda, de la mutualidad, del intercambio desinteresado y resolver en acción mutua sus problemas con armonía de unidad, supera las diferencias y aprendan que la naturaleza es el conocimiento y pensamiento de una diversidad cultural y social, conservada por la sabiduría de siglos de nuestros antepasados, reconoce la concepción de tu identidad cultural y ellos te compensarán con el bien de su comprensible tratamiento de su bondad.  

Tauca es un libro abierto de historias y un tesoro de arraigada cultura para sus habitantes y el mundo que los rodea.

Hijos del pueblo culturízate para construir y conservar una sociedad digna y solidaria, basada en los valores ancestrales de tu identidad cultural, para alcanzar el progreso de tu tierra por encima de cualquier forma destructora y no pierdas el camino ni el tiempo desorientándote innecesariamente, depende de tu esfuerzo responsable para alcanzar la gloria del presente y del futuro.   

 

El destino, es cauce de la vida, por donde discurre el día.

La madre es nido del alma y los hijos ideal de ese nido.

Paisaje Geográfico de Tauca

(Barrio La Pampa, Cementerio General, Tapugón y al fondo la vertiente del distrito de Cabana) (Foto tomado en agosto del 2005)
EPÍLOGO


 

 

El destino es cauce de la vida
por donde discurren sus eslabones...
¡Los humanos!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Más, del mundo, tenemos que decir... y al mundo tenemos que llegar desde nuestros propios universos interiores, sin referirnos a la estepa personal porque el ego es pasajero de ocasiones indecibles; donde, si mira al logrado, acciona arribismos y envidias catapulta para dar lo que no tiene, desecha esta malas ambiciones, rechaza los odios y la violencia, rehuye de las diferencias conceptuales de costa, sierra o selva todo es consertación la diversidad social y cultural es única en el mundo, todo es una sola en la concepción de la humanidad en el universo.

Hablemos de grandezas más allá del yo escondido donde la humanidad es objetivo para pedir a los demás por el don de compartir, para querer saber cada vez más para enseñar y conducir, para desear que todos sean lo que no fuimos ni seremos porque dentro de tal inmensidad sólo somos instrumentos nacidos para amar lo que vemos.

Amar a la natura y proteger su ecología como dueños de esa casa que se llama el terruño porque Dios lo quiso así o porque el amor de las uniones nos procrearon más allá de las estrellas y las luces rutilantes del poder que a todo mata.

He narrado de mi pueblo Tauca como pude decir de otro si allí hubiese nacido cual humano transitorio que es siempre concebido para saltar a lo perfecto.

Tauca, como todo pueblo del orbe, es sólo un distrito bendecido porque los Andes, el cielo, los vientos, la luz, el agua de los cielos y la tierra que todo oferta le permitieron eclosionar junto con las flores amarillas; hace miles de años atrás pues Tauca antes de ser para la gente primero fue para lo silvestre que nació antes de la razón encarnada.

Por eso tuve que narrar de aquellos instantes donde es dicotomía cada página nativa es una historia de la especie humana entre el todo que son los Andes visionario de mi siempre amado Perú.

Por eso la Nación no tiene culpa si la gente no avanza teniéndolo todo a su alcance, el mar, los Andes y la Amazonía, que rebelde lectura de no comprender su naturaleza.

Tal vez, en el fondo de mi alma, mente y corazón, sólo quise hablar del todo y de sus partes, quise presentar a mi universo peruano y no a su individuo porque sé que amando a la tierra, al agua, al viento, al clima y al fuego expresado en mil formas… cuidaremos y protegeremos, precisamente, a lo que nos da vida y qué mejor que hablar de mis antecesores, de sus causas, de sus entornos y circundantes realidades del ayer si con ello exalto al planeta, desde esta parte del mundo: Perú.

Pero este libro no sólo es una muestra de mi patriotismo e identidad nacional ¡No! Es algo más que rebasan las fronteras de mis conceptos creativos literarios.

Las páginas que habéis consumido leyendo promueven e incentivan algo más que mi crónica peculiar del pasado, el Perú es una concepción de grandeza universal, pero lastimosamente sus hijos no saben valorar su atesorada riqueza menos nuestra tradición e identidad cultural excepcional en el mundo.

Pongo así letras y leguaje a las piedras, flores, montañas, ríos, lagos, cumbres, nevados que tolerantemente permitieron que unos micros organismos inteligentes nos afinquemos al pie del portentoso cerro “Angollca” imagen perpetua de los Andes como la historia nos reconoce, aunque los antiguos pobladores nunca imaginaron lo que el futuro les mostraría. Tal vez se hubiesen arrojado al abismo andino para no dejarle a sus ojos la peor de las afrentas a la gran obra de lo impoluto y no infestado de las cordilleras blanca y negra; por la mano explotadora del hombre.

Por eso, en este sincero corolario confieso mi verdadera agenda escondida: Decirle al mundo entero que entreguemos al Creador la perfección de un mundo que nos prestó para supervivir, tal como lo recibió el primer pueblo terrenal. A lo mejor la nueva ciudad prometida que espera nuestro Dios para encarnar, la redima el mismo humano porque entre la grandiosidad de los Andes y el Edén profetizado, no hay mucha diferencia ni distancia.

 

¡SALVEMOS AL PLANETA!

 

MI padre y mi madre hicieron sus obras en mí, en mis hermanos, vecinos, paisanos y coterráneos; como lo realizaron todos los imponderables Tauquinos de avanzada visión andina.

Cierro este libro con sus momentos ya detallados, significando que en nada es distinto al contexto de otras ciudades por más modernas que sean; pues donde haya humanos habrá imperfecciones y mientras estas subsistan habrá destrucción, sufrimiento y frustraciones.

¡Bienvenidos a mi Perú! A mis regiones, a mis pueblos de la costa, la sierra y la selva ¡Bienvenidos hermanos del mundo! Pues si aún no ven o no creen en Dios como nuestros Padre eterno, crean en nuestra Madre: ¡La tierra!.

 

En el tiempo Incaico…

 

La filosofía del universo poblacional y desde la óptica del Inca: El hombre era un punto del universo, el ser más evolucionado de los microorganismos de la materia por acciones cósmicas ignotas. Esta forma de aparición del hombre fue concebida por los Incas, al pensar que el hombre procede de la Naturaleza, concretamente de la Pachamama o del Planeta.

El cosmos es el mundo, el universo, el conjunto de todas las cosas que existen en él, los seres orgánicos e inorgánicos, las fuerzas de gravitación universal, y todos los entes del espacio infinito. Pero, en sentido restringido, el planeta Tierra es el cosmos del hombre por ser su escenario inmediato. Según la filosofía Inkásica, el planeta Tierra era el mundo del hombre, de él viene y a él vuelve; que contiene el pasado, el presente y el futuro del hombre, y su relación era la total armonía. En cambio, los españoles eran idealistas, que concebían su vida en lucha constante con la Naturaleza, con todos los hombres del mundo para supervivir con más bienes materiales.

En el seno del Tahuantinsuyo, los pueblos agrupados en ayllus fueron iguales en su trato, hubo pueblos de distintos colores de piel, que iban desde el blanco hasta el cobrizo más intenso. Este carácter multirracial del incario lo constataron los propios cronistas españoles, que se encontraron con que aquí también habían pueblos con la piel más blanca que los españoles, pero aquí también habían pueblos con la piel más obscura, sin embargo, los inkarios no tuvieron el criterio del racismo, porque pensaban en la raza única de la especie humana. La historia prueba que el racismo nació en el Occidente, como una expresión de la mentira, la expoliación y el sojuzgamiento a los que sometieron a otros pueblos.

Otras características peculiares de la nación Inkaria fueron, sus inventos, la cultura como la civilización al servicio de todos; mientras los imperios occidentales nunca fueron portadores del progreso ni de la cultura, sino de la opresión, la violencia y la sujeción; porque carecieron del sentido comunitarista. Para los Incas, la medida del valor de las personas estaba dada por su aporte en beneficio de la comunidad. En esta forma de encarar la existencia, el valor social recaía sobre quienes mostraban adhesión con su ayllu y su nación, y no sobre quienes hacían ostentación personal de sus riquezas; todos habían sido formados en este criterio, que constituía su psicología de base; a nadie se le habría ocurrido en el Tahuantinsuyo acumular riquezas, pues no se conoció la propiedad privada. Para el occidental, el lucro y el amor a sí propio fue su psicología de base.

En los pueblos del Tahuantinsuyo hubo un elevado enfoque de la propia existencia; pues, no vieron, por ejemplo, en los metales preciosos un medio de acumulación de riquezas, sino como simples objetos que permitían expresar la belleza. Para los Incas el oro y la plata eran obsequios de Pachamama o de la tierra, no fueron mineros como los españoles los metales preciosos los encontraban sobre las piedras, en las peñas o en los ríos, el trabajo en ella era encontrar el arte de vivir alegremente, como gobernar era hacer que todos trabajen y se alimenten con alegría. En cambio, el occidental aportó al mundo la desocupación, la explotación, el engaño, la miseria, la ociosidad.

Las leyes naturales son las que regulan la dinámica de todas las cosas en su conjunto, donde el hombre se halla inmerso en estrecha interacción. Nadie podría desdeñar esta verdad incontrovertible, fuente de todas las ciencias. En este entender, las necesidades humanas son científicas, y todo esfuerzo humano debería orientarse hacia su satisfacción, sin discriminación; puesto que las leyes naturales no son discriminatorias. Creemos que las concepciones filosóficas de los Incas fueron científicas pero es la modernidad - al finalizar el siglo XX - que la sociedad peruana vive con prejuicios filosóficos.

Para los incásicos: Pachamama o la Tierra unía el espacio con el tiempo que el pasado genera el presente, como éste el futuro; que Pachamama contiene el germen de los seres que viven sobre ella y nadie puede ser Propietario de ella, que el hombre es de ella. En tanto, los occidentales se hacían por sí y ante sí dueños de tierras.

En el Tahuantinsuyo se gobernaba para el bien general, con el principio extraordinario: Gobernar es hacer que todos trabajen con alegría en beneficio de la comunidad; no existió el pensamiento de acumular riquezas en desmedro de su ayllu. En cambio, los occidentales eran narcisistas, ambicionaban desmedidamente.

En el Tahuantinsuyo hubo pueblos de distintos colores de piel, que iban desde el blanco hasta el cobrizo, sin embargo no hubo racismo, la relación hombre - mujer no era tan desigual en la vida pre americana. La relegación de la mujer y el racismo fueron introducida por los occidentales, como también los desajustes sociales que se dieron, debido a la atrevida sustitución de las leyes naturales por las leyes sociales. Esto se hizo clarividente en España de la vieja Europa, donde el hombre ignoró que vive gracias a la conjunción de los cuatro elementos constitutivos de la vida: nitrógeno, hidrógeno, oxígeno y carbono.

La cultura Inkaria no fue un imperio, sino una expansión cultural, eminentemente socialista, como lo prueban sus ayllus con su ayni, minca, kamachico. Su idioma quechua de elevado carácter social; sus descubrimientos, inventos y creaciones también tuvieron sentido social, sirvieron para elevar su status de vida y proseguir la exploración de todo cuanto existe en la Naturaleza, manteniendo la unidad física e ideológica de sus habitantes; sin descuidar la atención a sus niños, y la jubilación del hombre del trabajo productivo. Entre sus actividades científicas, son importantes los calendarios, como una forma de atrapar los movimientos del Sistema Solar que influyen decisivamente en la vida echas; las construcciones de los seres, sobre todo en las siembras y cosechas; las construcciones de sus canales de irrigación, como grandiosas obras de ingeniería; los extraordinarios conocimientos de Botánica, Física, Química, etc.; como genistas insuperables produjeron el maíz, perfeccionaron el cultivo de la papa, cultivaron el algodón inclusive en colores; los alcances en la medicina, realizaron trepanaciones, momificaciones, etc.; sus dominios en la estética, el arte, la cerámica fueron asombrosos. Su conducta social, moral, solidaria y fraternal constituyeron el paradigma de la más alta dignidad humana. Dichos valores, no obstante el vasallaje español y neo español por espacio de 448 años, siguen siendo la gran reserva moral y cultural del futuro.

En la sociedad Inkaria no se conoció la «propiedad privada», porque su estilo de vida fue comunitario; se practicó el principio: todos para uno y uno para todos, por la naturaleza de sus ayllus, instituidos a similitud de la gran dinámica del cosmos. En sus rituales y ceremonias enseñaban el agradecimiento a la Pachamama expresada en sus cuatro hojas de coca que representaba a los mundos del de abajo o subsuelo al que regresamos, de los aires del cielo que respiramos, de la naturaleza que venimos ocupamos en vida y del otro mundo del más allá del infinito, este era la representación costumbrista del universo del Tahuantinsuyo. Estos y otros hechos reales no fueron para menos, cobraron trascendencia mundial.

El pensamiento cósmico de los Inkarios influyó sobre Carlos Darwin para la elaboración de su teoría evolucionista de los seres vivientes. Igualmente, influyó sobre Carlos Marx para la creación de su método científico el marxismo. En el ámbito mundial, lo único que enorgullece al Perú es su cultura Inkaria que fue su madre patria, que aún detenta minimizada su importancia por la de España u otra occidental que solo la destruyeron y le sustrajeron sus más ricos tesoros, pero como reserva cultural del mundo cuadri dimensional lo seguimos descubriendo; pero a ello habría que agregar la frase del mejor ideólogo cubano, José Marti: «Lo único que vale en América es su cultura Incaica”.

Con hidalguía conviene declarar, que no contamos con las fuentes verídicas y absolutas de la maravillosa cultura inkásica. Es cierto, que los quipus cobran su testimonio; sin embargo, las tradiciones escritas no son sino historias occidentalizadas, vale decir, que debemos reconocer nuestra propia literatura que en ella hay mucho por conocer de cerca a nuestros alejados y olvidados pueblos.

La cultura del Perú de hoy, a nuestro juicio, adolece de autenticidad, de carácter científico y de caldo humanístico; por ello requiere su ponderación con el método científico, para prodigar una verdadera educación a los hijos del Perú profundo, quienes en esta hora crucial se mueren de hambre por su ignorancia en la transformación de sus recursos naturales. La cultura que se trasmite a través de la Educación Nacional de hoy, no es valiosa ni suficiente para la vida y el trabajo, por eso no hay desocupados en el país, sino nosotros no queremos trabajar porque no sabemos distinguir su verdadero valor sustancial en la vida de los pueblos. 

Les doy la bienvenida ¡OH ingente humanidad! Desde el punto primigenio y geométrico que mi amada y añorada Tauca tiene, de quien os narro lo siguiente, tocando, por supuesto, esta parte de la historia que ahora pretendo hacerla universal. Así…

¡Les presento a Tauca!… Con los brazos abiertos y desprendidos, para quien venga a dormir bajo y cerca al cosmos y se cobije del tiempo y sus cambios como lo hacen las montañas: ¡Con vida y nada más!. ¡Vivan!, entonces, conmigo en el Perú hospitalario y generoso, gocen de esta gran libertad en plena soledad con el infinito…

El distrito peruano de Tauca es uno de los 11 que conforman la provincia de Pallasca, ubicada en el Departamento de Ancash, perteneciente a la Región Ancash.

Está situado en la zona sureste de la provincia, a 3,366 metros sobre el nivel del mar. Limita al norte con los distritos de Cabana y Bolognesi, al este con la provincia de Corongo, al sur con el distrito de Llapo y el distrito de Santa Rosa, y al oeste con la vertiente de la Región La Libertad.

Cuenta con 8 anexos: Hualalay, Alaypampa, San Juan, Matibamba, Quichua, Sahuachuco y La Banda, era necesario llevar cultura para el pueblo y estos caseríos entonces mediante Comunicado de fecha 28 de Marzo del 2003, solicité autorización a la Alcaldesa de Tauca, para crear y organizar la Biblioteca y la Hemeroteca Municipal de Tauca, mediante Comunicado del 12 de Abril del 2003, se creó y se dió inicio la biblioteca y hemeroteca, con la primera remesa de 1,204 libros donados por mi persona y entregados a la Alcaldesa de Tauca, Prof. Dina Sifuentes Oré, en el primer piso del local de la Municipalidad, en donde se fundó la biblioteca, luego con fecha 15 de Diciembre del año 2006, he donado una segunda remesa de 549 libros, a la Biblioteca Municipal de Tauca, para promocionar y estimular a los jóvenes intelectuales de los caseríos la enseñanza y el derecho prioritario de fomentar el hábito de la lectura, por que estoy convencido que la educación es un derecho fundamental de los pueblos, para incentivar el conocimiento y difusión de los valores culturales, históricos, geográficos y humanos acorde con los postulados del mundo moderno.         

Su topografía es accidentada, con quebradas, laderas y pampas o pequeñas planicies, con su vegetación propia de sierra, lo que originan las cuestas y las bajadas en sus calles y en su paisaje natural que los rodea. Su área territorial es de 209,12 kilómetros cuadrados. Según datos estadísticos, la población del distrito de Tauca es de 3.500 residentes.

Según los historiadores afirman que los antecesores del pueblo de Tauca tenían relación ancestral desde la Cultura Chavín, los estudios arqueológicos, sostienen que las agrupaciones culturales emigraron por el Río Santa, con dirección por el río Tablachaca hacia el Norte, conforme se ha verificado en los restos arqueológicos dejados en La Galgada, con un promedio de antigüedad de 2,000 años antes de Cristo.

La Villa de Tauca el 2 de enero de 1857 se creó como distrito de Tauca, siendo Presidente del Perú el Mariscal Ramón Castilla, donde se contempla su ambiente urbano monumental en el que destacan su modernizada Plaza de Armas, frente a su iglesia colonial construida al mejor estilo barroco, churrigueresco y rococó siendo el único estilo en toda la provincia. Al mismo tiempo su antiguo colosal campanario edificado con peculiares características arquitectónicas de la época, conservando siempre su mismo color blanco del yeso.

Por Resolución Legislativa 303 - 87 EP del 26 de junio de 1987, la ciudad de Tauca es declarado Ambiente Urbano Monumental, durante el primer mandato presidencial del doctor Alan García Pérez, y otros títulos honoríficos más que ha recibido el distrito de Tauca.

De acuerdo a la reseña histórica, arqueológica y a sus títulos honoríficos que ha merecido el distrito de Tauca, me he permitido previo estudio diseñar con sus características naturales y culturales expresivas del lugar, el Emblema y la Bandera que simbolice al distrito de Tauca y se represente en su correspondiente Escudo de Armas, considerándose colores y figuras simbólicas alusivas al significado de pueblo de corazón andino, que describa y explique la riqueza de sus recursos naturales, el que fue propuesto a la Municipalidad mediante Comunicado de fecha 15 de diciembre del año 2006, donándoles un Estandarte, con las dimensiones de 0.90 cm. de ancho por 1.40 cm. de largo, de tres franjas horizontales con los colores: Anaranjado, celeste y verde, con orillas bordadas con flecos amarillos dorado, llevando al centro el Escudo de Armas bordado en alto relieve, de (0.30) centimetros por (0.43) centímetros, con asta de lámina de bronce, lanza y base de madera color marrón oscuro; y un Escudo de Armas impreso en papel cuché fondo blanco con sus colores originales de arte, con marco dorado de madera tallada de 0.3 X 0.2 centimetros de espesor con su respectiva luna, con las dimenciones de (0.30) centimetros de ancho por (0.43) centímetros de largo, para fijarse en el ambiente de la Biblioteca y en los actos oficiales de la Municipalidad del distrito de Tauca.

 

¡EMBLEMA  DE  TAUCA!

 

Tauca:        UNIVERSO DEL MUNDO ANDINO.

 

BANDERA.-

Confeccionada de tres franjas horizontales con las dimensiones de (0.90) noventa centimetros de ancho por (1.40) un metro, cuarenta centimetros de largo, con los colores:

- Anaranjado, que encarna la creatividad y búsqueda de alternativas.

- Celeste, que simboliza la aspiración de integración con el cielo.

- Verde, que representa vida y armonía natural en faenas cotidianas.

- Orillas bordadas con flecos amarillos dorado, que personifica energía y trabajo en la existencia.

Lleva un crespón rojo vivo, en forma de rosa abierta, entrelazada en el asta superior de la lanza, dejándose caer libremente al aire sus dos medianas cintas, alegorizando salud y fuerza de vida. 


 

 

ESTANDARTE DEL DISTRITO DE TAUCA, PROVINCIA DE PALLASCA-ANCHASH

(Remitido a la Municipalidad de Tauca el 15 de diciembre de 2006)

(Emblema representativa del distrito de Tauca)

 

BANDERA  DE TAUCA, PROVINCIA DE PALLASCA-ANCASH

(Insignia que personifica y simboliza a la ciudad del distrito de Tauca)

 

 

ESCUDO

La heráldica, recuerda el pasado del pueblo, sus alrededores y aspectos de su identidad cultural, proyectándose al camino del presente y del futuro.

Se aprecia un delineado evocador del mensaje de esperanza, concordia, fraternidad, armonía, unión y amistad.

En el diseño se ha aplicado, el color verde en la inscripción de su denominación en forma circular, que en “Heráldica” se interpreta como la esperanza, la naturaleza y el paisaje andino, protegiendo al inolvidable pueblo de excelentes estaciones.

Se ha utilizado tonalidades de rojo y amarillo, que representa la abundancia, riqueza, fortuna, sabiduría y la herencia patrimonial del pueblo, de plétora y fértiles tierras fructíferas, arqueológicas y mineras.

Las leyes de la “Heráldica” en la historia, disponían, los que portaban escudos con éstos colores, estaban obligados hacer el bien a los de escasos recursos y defender a sus ancestros combatiendo con bravura.

El celeste se conoce como insignia de valor y grandeza, encarna la pureza del cielo y del agua, como elemento natural indispensable para la vida.

El monocromático azul oscuro, refleja la fuerza y el poder telúrico del cerro “Angollca”, erigido y elevado de fértil tierra, espacio alto defensor del honor y grandeza del pueblo.

Este cerro protector ancestral, refleja firmeza, solidez y fortaleza como baluarte de unión y voluntad de sus hijos para el trabajo y la inspiración.

 

¡SIMBOLOGIA!

 

El campo exterior encierra en forma ovalada, por dos marcos de madera de aliso blanco a la derecha y aliso rojo a la izquierda, superpuesto por dos tallos de maíz con su respectivo “choclo” abiertos, dejándose ver los granos de maíz en color natural de planta, representa después de la papa el segundo producto autóctono del Perú, que ha solucionado el hambre en la alimentación de los  pueblos del Mundo.

En la parte inferior, lleva una escarapela de colores nacionales, con dos cintas ensortijadas del mismo color, apareciendo en la parte superior para terminar sus extremos a merced del batido del viento Tauquino, acariciando levemente el nombre de la Municipalidad, Provincia y Departamento, de colores verde, amarillo, rojo y blanco, combinándose armoniosamente entre ellos en un fondo crema blanquecino, significando encanto y prosperidad del pueblo.

El campo interior, es relieve del pueblo con el cerro “Angollca”, en la parte inferior lleva entrecruzado una espiga de trigo inclinada a la izquierda, expresa el pan del día en el planeta, le sobrepasa la rama de la flor de cando color rojo, inclinada al lado derecho, alegorizando la prosperidad floreciente del pueblo con esta única característica flor y planta del lugar, sobre éste entrecruzado brota la verde hoja de papa llamada “Huachape”, que en forma silvestre existe en la huerta y en el campo, nadie la cultiva por ser de los “gentiles” y a la “Chaucha” papa de riego que produce tres veces al año, éste producto nativo simboliza al pujante cultivo de la papa y agricultura de los fértiles campos, tubérculo peruano que ha sido llevado a diferentes latitudes de la Tierra, para solucionar la hambruna de los pueblos del Mundo. Encima de este digno manojo natural aflora el año “1857” año de su creación política (Tauca fue instituida como distrito el 2 de Enero de 1857).

Al centro en alto relieve sobresale “TAUCA” nombre del grandioso pueblo, sombreado de una ostentosa delicia de luz de alba, se alza el cerro “Angollca” en un espléndido amanecer andino; al fondo matizado de un límpido cristalino cielo azul celeste aurora, del cual trasluce en amarillo oro un impresionante creciente amanecer de sol radiante, clareando el incomparable paisaje natural andina.

Los árboles, acequias, quebradas, cuestas, lomadas, vertientes, caminos, forman parte de éste exorbitante paisaje geográfico del pueblo, como demostración del constante recuerdo de gratitud y preservación por sus hijos de su extraordinario legado ancestral en un incontrastable paisaje cultural, defendida en el regazo de los contrafuertes de los Andes.

La forma ovalada del escudo, interpreta la magnitud de la redondez del Mundo, salvaguardando con altruismo en su fastuoso seno, el caudal de sus valores originarios telúricos, preciado tesoro del mundo andino, buscando entre sus hijos prosperidad y desarrollo con su propia filosofía y creatividad, como un principio indispensable de fraternidad universal.

Con vocación de servicio,
honradez, puntualidad y trabajo,
lograrán con éxito la vida,
unidos construirán el camino,
el camino de la ansiada esperanza.

 Esta Bandera y Escudo de Tauca, fue ideado por el autor de este libro en su obra literaria “Ensueño de cielo” (Ensayo de la esperanza) publicado en 1999, el Escudo posteriormente fue diagramado e impreso, por el Instructor PNI y Diseñador Gráfico César Moreno Bardales.

 

 

ESCUDO DE ARMAS DE TAUCA

(Heráldica evocador del mensaje de esperanza)

 

La réplica de esta Bandera con las mismas dimensiones y colores las doné también al Presidente de la Asociación Sport Tauca don Pedro Salamanca Vergara, quién encabezando una expedición cultural de varias personas entre ellos doña Julia Zegarra, Pablo Salamanca Zegarra, Sara De La Cruz, Joan León y otros jóvenes habitantes del lugar, el día viernes cinco de agosto del año dos mil cinco (2005), a horas 7:00 de la mañana salieron del pueblo de Tauca con dirección a escalar la pendiente del Cerro de “Angollca” llegando a la misma cumbre a horas 11:30 de la mañana, procediendo a enarbolar e izar en una asta de “Huarauya” personalmente la Bandera de Tauca por primera ves sobre el Majestuoso Cerro de “Angollca”, siendo la más alta cumbre del distrito de Tauca. Del cual se puede apreciar a sus alrededores: al Este la Cordillera Blanca de la provincia de Corongo y Siguas, hasta divisar los ríos caudalosos de la verde amazonía; al Oeste el Departamento de La Libertad hasta reparar los arenales de la costa con los reflejos del mar, al Norte la ciudad de Cabana, Bolognesi y Huandoval, avisorando el camino del Inca venida desde Cajamarca; al Sur el distrito de Llapo, Santa Rosa, la provincia del Santa, alcanzando vislumbrar las afueras de la gran Lima. ¡Oh! Qué inmenso e interminable visión del ser humano que asciende a esta altísima cumbre dominio infinito del universo de la ciudad de Tauca.

 

Expedición cultural enarboló la Bandera de Tauca en el Cerro de Angollca

(El 5 de agosto del 2005)

El 13 de diciembre del año 2001, presente personamente un recurso firmado por mi parte al Alcalde Provincial de la Provincia de Pallasca con sede en la ciudad de Cabana, en el cual pedía que en Sesión de Consejo Municipal Provincial se apruebe modificar y normar su nomenclatura catastral y geográfica del distrito de Cabana, disponiendo se cambie la peyorativa y ofensiva denominación de “cerro macra” (pie torcido o chueco), por considerar que éste nombre despectivo, desestima y disminuye la majestuosidad que significa el “Cerro de Angollca”, para el distrito de Tauca. Cuyo cargo mantengo en mi poder para insistir en este trámite que se encuentra pendiente de resolverse, cuando viaje a fundar la Filial de la Casa del Poeta Peruano de la Provincia de Pallasca, con sede institucional en la ciudad de Cabana, el 12 de diciembre del 2001. 

La Fiesta patronal de Tauca… Es una de las fiestas de más trascendencia, en el que se reúnen hijos, para venerar a Santo Domingo de Guzmán, patrono del distrito, desde los primeros días de agosto, teniendo como día central el día 3 de agosto, bajando la imagen del santo patrono de su pedestal, para luego al día siguiente 4 de agosto, desde las nueve de la mañana recorra en hombros y en proseción la “Calle Grande” o sea las principales calles del distrito, hasta las diez de la noche que ll