- COLECCIÓN LITERARIA -

- OBRA  COMPLETA -

 



 


Contiene poemas de  impresiones literarias de su momento,
con estilo lírico romántico, tierno en las construcciones de sus metáforas,
identificadas con la realidad concreta y circundante de su   medio social.


 

AMANECIDA

DE
 

 

   AZUCENA
 

 

 

(POEMARIO)

 

 

DE

 

A.   ARNULFO MORENO RAVELO
 

-1999-


Colección Nº 16


72 págs.
 

Lima – Perú

 

LIMA, 13 DE NOVIEMBRE DE 1999.

 

 


 

 

                                          La poesía

                                          existe

                                          aún

                                          sin

                                          lenguaje .

 

                                                                       A. A. M. R.

 


 

                                     Más vale

                                     un poco

                                     de aurora

                                     que tantas

                                     mañanas.

 

 

                                                       A.A. M. R.

 


 

                                               PROLOGO

 

         Este poemario comprende todos los poemas escritos durante el transcurso del 13 de Noviembre de 1999, hasta el 10 de Abril del 2000; les he atribuido el título de “ALISO” en recuerdo a esos árboles que existe junto a la casa de campo de “Tapugón” del pueblo de Tauca, que me brindó su fresca sombra, con la ternura inolvidable de naturaleza andina. 

 

Mi poesía les llevará a respirar aires de las más lejanas orillas del campo, con requiebros de una perceptiva de realidad. Vivir su polivalente significado, capaz de reproducir e integrar el registro de hechos y el arrastre de la sensibilidad humana del recuerdo.

         Limitándose las emociones intelectuales a plasmarse dentro de un mismo plano escénico, lindando con los bordes de la realidad y de la idea; dejando en libertad a cada lector, para que idealice la profundidad del diseño con su propio universo, y poder satisfacer la comprensión de su aspecto ideal poético.

                                           

 

 

                                            Hasta cuando me recuerdes.

A.   Arnulfo Moreno Ravelo.

 


 

 

ALISO UNO

 

 

         Se abrillanta el suelo de sombra

borrando huellas de la noche,

la madrugada derramando aurora

sobre las azucenas del horizonte.

 

         La frescura de blanco olor

ventilan mañanas de nardos,

y los azulados lirios de corazón

acarician húmedos cabellos arados.

 

         Sonrosada mañana de fiesta

palpitante corazón de otoño,

vereda blanca de agua caída

entre rojizas dalias de ensueño.

 

         Con luna encendida de blanco

las naranjas se pintan de mañana,

abriendo los surcos del huerto

la siembra de violeta se levanta.

 

         Tintura de flor en la espesura

abre el cielo de amanecer,

redonda claridad sonrojada

llena la vida del vano querer.

 

Lima, 13, de Noviembre de 1999.

                  

 

 

 

                            ALISO DOS.

 

         Se ha retrasado la mañana

riendo  la espera se derriba,

como pupila arrinconada

el cielo desesperado de quiebra.

 

         Extraigo el agua de la posa

con tantas estrellas mezcladas,

dulcemente de rosas pasa

cual viento de lilas llenadas.

 

         La luz va derramando

el tinte de rojas flores,

por el campo oscuro y tierno

se va regando mis amores.

 

         En el quicio me extiendo

mezclado de fantasía rosa,

con mi sueño entorpecido

cimbrea el cristal de la hora.

 

         Manaba un aliento de cedrón

envuelto de gusto de pan,

cocinada alegría de corazón

con esperada fragancia de hogar.

 

                                                Lima, 13 de Noviembre de 1999.

 

 

 

                       ALISO TRES

                  

         El día lleva su crepúsculo

como una manta de luna,

de cielo azul cándido

se queda a orillas de la nada.

 

         Sacudiendo la blancura

van camino al cielo,

dejando la tierra envejecida

el horizonte duerme en silencio.

 

         Pajonal soleado por la tarde

engordada de sol claro el día,

escarchada de oro verde

queda espumeante descolorida.

 

         Tantas palabras van lejos

lejos, tan lejos de la cuadra

que todos guardan la distancia

coloreada de negra plata.

 

         Cuando las lluvias veteadas

hacían ríos de nubes blancas,

las bajadas huían desnudas

como aguas de nieves saladas.

 

         Lo verbal se asemeja

a una guitarra rasguñada,

y tu gesto de naranja

a la retrasada madrugada.

 

                                      Lima, 14 de Noviembre de 1999.

 

 

 

 

 

 

ALISO CUATRO

                  

         Luna del hogar

pobre y apocada,

malvas de colgar

vacía de tarde alejada.

 

         Remotamente de sonido

en sonrisa de rosal oscura,

caído lento y silenciado

noche tímida arrinconada.

 

         La noche entrada

salida de despido,

humo de granizada

cansado humedecido.

 

         Oreada la noche

sin color ni cielo,

curvada sin norte

tristeza de hielo.

 

         Hueco hecho mudo

al centro de la noche,

el tiempo derribado

prendido queda del broche.

 

         Brisa fresca salada

ausente del día,

orilla escondida

sombra plomiza caída.

 

                                               Lima, 21 de Noviembre de 1999.

 

 

 

 

ALISO CINCO   

 

         El mar entre mañanas

recoge sus tardes violetas,

reflejos de todas las estrellas

pintadas espinas amarillentas.

 

         Abierta de alegría rosa

tejida rama del viento,

ala anclada de mariposa

va girando todo el puerto.

 

         Espejo de sol y luna

olas andadas de oro y plata,

mirada vacía y lejana

soleada pendiente de rama.

 

         Voladas de gaviota blanca

tras de la isla amarillenta,

una voz débil y resecada

se acerca casi estrellada.

 

 

 

 

 

ALISO SEIS

        

         Sumida en el fango

la belleza se aprieta,

crepuscular encargo

de agua azul opuesta.

 

         Con pintura desarmada

del cielo espinas quemadas,

rodando rojiza granada

hasta el final de las cuadras.

 

         Descendía sosegado sol

hambriento de playa,

la tierra brotada en flor

ardorosa traza su raya.

 

         Endulzada tarde

rosa blanca de agua,

arrancada de almanaque

crespón caída azulada.

 

 

 

 

 

ALISO SIETE

                  

         ¡Mira!, el viento tan directo

cuerpo entero apunta al norte,

tantas tramitas de encuentro

verdad desnuda sin quererte.

 

         El sol doraba sombras de plantas

despintada reflejaba sin rojizo,

golpe seco de abiertas puertas

crispada el cielo enrojecido.

 

         Húmeda y ancha mirada

cielo parcialmente nublado,

entre árboles de la nada

camina de color callado.

 

         Primavera con latido

belleza aguda y eterna,

ruído amarillento pardo

flor en neblina perdida.

 

 

 

 

ALISO OCHO

                  

         Con el corazón llenada de sol

había alegría en todas partes,

redondeles violetas de amor

recorrían el mundo de espaldas.

 

         De seda rosa nace el aire

paternales brazos se entrecruzan,

sumergidos en una mirada se ríe

arrojados al tiempo se desplazan.

 

         El día atoldada y envejecida

pesada como toda plomada,

encanecida de agua olvidada

quedaba tan lejos de ser amada.

 

         Como un espeso perfume de ropa

entornaba un beso enloquecido,

estampada de tarde escarlata

escarpado cansancio desprendido.

 

         Desvanecida en una ligera caricia

la claridad empuñada dolorida,

agarrada del mundo sorda vida

arde la penumbra dura y disecada.

 

 

 

 

 

ALISO NUEVE

                  

         Luz sin fondo callada

posada al extremo norte,

reflejo caída estropeada

atravesado amor del puente.

 

         La claridad menguada

luz plateada de luna,

dulcemente tendida en la lomada 

mientras la noche se despierta.

 

         Contra risa de placer

envuelta de sol entra,

por altura del que hacer

estrellada postura queda.

 

Desperdigar rosas en la razón

es teñir ramajes en el firmamento,

de carmesí pintada el corazón

es mirada del vacío tormento.

 

         Cosquillas de la broma

razonable desnudamiento,

sacudida apuntalada

en puñado de pensamiento.

 

 

 

 

ALISO DIEZ

        

El silencio trazado a distancia

se abre el campo en sonrisas,

y en cada círculo de mañana

jóvenes claridades sobre las rosas.

 

         Las vertientes mal abiertas al sol

pintadas de tierra se arrodilla,

y en el redondeado reposo voy

como algo que gira olor arcilla.

 

         Las paredes plegadas de frío

 giran en el eje del encanto,

y dolidos los causes del río

cambian de brisas en el canto.

 

         Sinfonía nocturna a un lado

principio apresado de masa,

y un rastrero de sol escondido

posa abierta de luna en la ventana.

 

         Sudoroso paso  del soplo

cálida caricia de sueño,

y de gesto enfilado templo

cierro las horas de fin de año.

Lima, 30 de Noviembre de 1999.

 

 

 

                                      ALISO ONCE

 

         El sol disolvíase entre las piedras

tiñéndose de primoroso amarillo,

campo verde de mañanas pintadas

en una fina melodía de pajarillo.

 

         Diluida el azul del cielo

corrían entre las plantas,

escabulléndose entre el río

se entrelazaba el sabor acuestas.

 

         Pedrizas y cortinajes a la vista

los vientos aparecían en las esquinas,

los campos retronaban de plata

moradas las tardes se extinguían.

 

         Las primeras horas de la mañana

entregados a sus placeres de colores,

de aurora deshojada de ternura

acariciaba aberturas terrosas en dolores.

 

         El llamado del dedo de la noche

en baja puerta sucia y abierta,

sabor de palabra color leche

alegre silbatina casi ya llega tuerta.

 

 

 

 

 

 

ALISO DOCE

                  

         Flácidas cuñas bañadas en grito

pasean la vista por brazos mudos,

enterrados en aire puro de granito

los pálpitos vidriosos casi redondos.

 

         Licuada como extracto de fruta

retorcida como ojo de animal,

frontispicio vaciada de pintura

engordada de nube horizontal.

 

         Salóbrego mordisco de lágrima

sin dolor ni palabra de llanto,

transpuso  nubosidad de luna

desde los geranios cogieron vuelto.

 

         La penumbra dura y sólida

solía cosquillear el diente,

una sonrisa de media sombra

quedaba desfallecida sobre el puente.

 

   

 

 

ALISO TRECE

        

         Agilmente de aurora

pintó el azul cielo,

por rendija de la puerta

trazó línea de oro suelo.

 

         La luz en equis atraviesa

atraviesa la claridad,

enjugando la frente rosa

se ahonda en espiral.

 

         Verdosas pupilas de fresas

abrazadas de la vertical enagua,

geminadas en tantas rosas

abundancia caída sobre el agua.

 

         Fatigado corazón

en segundos se controla,

elástica palpitación

en respiración colgada.

 

 

 

ALISO CATORCE

        

         La luna saltada desde el árbol

arrojando la sombra a un lado,

buscando su imagen en lo más alto

retrocedía a pasos redondeando.

 

         De la espinada rama de rosa

una hoja gritaba iracunda,

viento disuelta en la hora

rayaba de naranja la altura.

 

         Los girasoles iban apareciendo

una en una dentro de la soledad,

la fresca aurora del campaneado

pintaba de ventana la eternidad.

 

         La sombra apoderada del silencio

quedaba duplicada de entrada,

sueño enflorecido llenaba de vacío

cual un abrir y cerrar de luz inclinada.

 

 

 

 

 

ALISO QUINCE

        

         Diluida la noche entre sombras

negras, tan negras como la noche,

almidonado silencio en las horas

traídas subterráneas sin reborde.

 

         Metido en medio del silencio

discurría la lluvia encarnada,

cuanto más caían al abismo

más cerca percibía la cargada.

 

         Sueño evadido hacia fuera

mirada negruzca dormida,

como si el mundo muriera

aprisionada voz dolorida.

 

         Entre brumas oscurecidas

medio vivo o medio muerto,

siempre buscando el puerto

de alejadas plantas amanecidas.

 

         El día hundido en blancos ojos

nacida de espiral buscada,

horizontalmente desde lejos

los párpados de vida cerrada.

 

 

 

 

ALISO DIECISEIS

        

         Caminos desamparados

multiplicados noche y día,

contrasentido de cuadrados

en una soledad fenecida.

 

         Pasto seco del corral

hilvanaban alegría del ayer,

en un hilo de luz vertical

comisuras sonrisillas del quehacer.

 

         Pasé por altura de tu pecho

una flor nacida adherida al suelo,

insuflando corazonadas de trecho

exhalaba calor encendido del fuego.

 

         Al secreto central del cielo

entrada del aire desde abajo,

espinado suspiro de hielo

a flor de agua, gusto viejo.

 

         Vítrea coloreada sustancia

sobrenadada en olas de cristal,

fundida violeta a la distancia

desesperada del sabor vertical.

 

 

 

ALISO DIECISIETE

        

         Cuantas palpitaciones bajo suelo

ensordecida como del corazón,

por la ventana del sol encendido

se adentra en los ojos de la razón.

 

         Untando la claridad verdosa

trepaban las ramas hacia arriba,

raspando el pedregal pregona

un fino reflejo que asustado mira.

 

         Un puñado de esperanza

derramada sobre los cristales,

cortando el vacío de ventana

desviada lluvia cura sus males.

 

         Beber el fondo de la represa

es sacar la luz del encanto,

el deseo envuelta de rosa 

va reflejando de encuentro.

 

                                      Lima, 10 de Diciembre de 1999.

   

 

 

 

ALISO DIECIOCHO

        

         Arrumada fría vegetación

hastiada bebe del auroral,

nubarrones de lila estación

riegan el suelo primaveral.

 

         Al subsuelo hundió el río

como rodado sabor de lejos,

renegando del mundo sufrido

van quedando apoyado los siglos.

 

         Cuántos pétalos caídos del alba

sobre los surcos quedaban,

de bocas echadas en la nada

las lluvias de plata mojaban.

 

         En esferas de la tormenta

un dorado espejo se inclina,

un firmamento sabor a menta

vestido blanco a media luna.

   

 

ALISO DIECINUEVE

        

         Con muchos dedos

cogí las rosas,

porque mis deseos

fueron tantos, tantos,

tiempo no tuvieron

para enfardarse,

eran recipiente

lleno de promesas.

 

         Rosada alcalina

ligeramente caída,

derramaba inteligencia

de clareado amanecer,

de todas partes la salida

cual montonal paciencia,

sobre un sonido recogido

del vertiginoso clarecer del día.

 

         Licuando los días

en gratísimo momento,

dando giros al reverso

de poquísima dulzura,

con un ácido caminar

en trastocado encuentro,

tímidamente deslizada

entre el sol y la luna.

 

         Tiempo transparente

finalizada primavera,

en delicadícimas horas

de vidrios quebradizos,

en un mes de Setiembre

de un acento en primera,

uniendo mundo y alma

en caminos de espera.

 

Lima, 19 de Diciembre de 1999.

 

 

 

 

                                      ALISO VEINTE

 

Minutos verticales desaparecidos

rasgados en rojizas medias horas,

los veranos tuertos sobre tendidos

en una fina tarde de tantas vueltas.

 

         Arrastrando caídas abiertas

olvidados retrocedidos dolores,

un jarabe de piano a cuestas

lleva siempre ocultos sabores.

 

         Sonora integridad del campo

mirada gris del firmamento,

voz objetiva del callado cuerpo

se adentra hundiendo el momento.

 

         Insípidos paseos de las tardes

desagradablemente colgada de palabra,

trotando azules ronzales celestiales

densamente parte la negruzca cuadra.

 

         Se hundía hacia adentro del mar

tendido y lloriqueando la playa,

todo blando oliendo a sabor de sal

quedaba escondida tras la luz de orilla.

 

Lima, 20 de Diciembre de 1999.

 

 

 

 

 

ALISO VEINTIUNO

 

         A lo lejos venía el color verde invierno

dentro de una claridad polvorienta,

introduciéndose la tierra al contrario

como una hoja de papel amarillenta.

 

         De un color rojo muerto

tiznábase parte del cielo,

destrizándose en el puerto

como una ilusión de hielo.

 

         Por las tantas curvadas ideas

han transitado mis pensamientos,

perdidas en las inmensas hoyadas

van danzando sobre los muertos.

 

En recostada serenata

de tierra bien tallada,

cual tranquila esmeralda

erguida camina callada.

 

 

 

 

 

ALISO VEINTIDOS

        

         Los éxitos rojizos del verano

ascendían cual una escalera,

la profundidad del océano

en espiraldada hueca voz llora.

 

         Se dibujaba una alegría

desde el aire derribada,

y en la vertiente del día

siempre arriba colgada.

 

         Calmado gesto de sonrisa

por el pasaje se escondía,

titilando luz de cobardía

entre las nubes va de guía.

 

         La exigencia de claridad

envuelta de hoja y campo,

amarillo pasa la eternidad  

partido queda el pasado.

 

         Con la intención glacial

la risa se desmorona,

tibios cristales de forestal

reflejan la luz lejana.

 

Lima, 01 de Enero del 2000.

 

 

 

 

 

ALISO VEINTITRES

        

         De cielo azul cobalto

abrigaba la esperanza,

sonrosado puño abierto

verde plateada la mañana.

 

         Tul de color jabón lavado

sobre una tierra anémica,

abro flores de precio vendido

cual verde pardo de agua perdida.

 

         Intentaba quedarse de blanco

 inclinada de azul caída,

aire soñado en recostado fondo

aspecto triste en desolada salida.

 

         El sol ha impreso su calor

sobre el tramado de las siembras,

su divertido vuelo de cantor

deja sus estrofas de aguas enteras.

 

 

 

 

ALISO VEINTICUATRO

        

         Colores cálidos del día

frente a cotidianos paisajes,

mullidas interiormente de alegría

te vuelves tersa de mensajes.

 

         Contemplar arena de playa

abierta al fondo del frontal,

la vista del paisaje se calienta

como sabor de verano familiar.

 

         Concentrada de amor terraza

a doble altura va el frente,

color de mar pintada la casa

junto a los pórticos del saliente.

 

         Directo sol vespertino del mar

ventana calurosa de malva,

muchas horas colgadas del lugar

a la distancia una sola mirada.

 

                                               Lima, 05 de Enero de 2000.

        

  

 

ALISO VEINTICINCO

 

         De azul pálido de invierno

de poco viento se esconde lejos,

y de roble oscuro tormento

las horas del recuerdo mueren quietos.

 

         De verde botella la ventana

de sol apagada la tarde,

caída toda sobre la playa

comenzó a secarse en el borde.

 

         Como esperanza del cuento

la nube juega sola del azar,

leve caricia florecía del viento

sobre aquél momento sin pensar.

 

         Vibrando el alma en la brisa

como mandato forzado destino,

el polen de su efecto crecía

como el reseco cauce del  río.

 

         Bajo el cielo sin latido 

lejos, tan lejos de primavera,

bajo estéril sombreado escondido

mirando rocíos por vez primera.

 

         Enamorado de alturas ramas

muda satisfacción del alma,

llorando su frialdad las aguas

enflaquecidas se levantan sin calma.

 

Lima, 11 de Enero del 2000.

 

 

 

ALISO VEINTISEIS

 

         La claridad de luna

como un simple beso

derramado en el aire,

queda sostenido vaso

escurriendo su donaire.

 

         Había un silencio quebrado

escondido en las afueras,

el quién miró ayer parado

hoy muge encorvado de rodillas

afligido y desconsolado.

 

         Una lástima arrancada

de respiración acortada,

va asegurando la mirada

con fino deseo de aurora

sobre una arruga estirada.

 

         Recalar resecado afecto

es horadar con fuerza el tiempo,

páginas calcinadas al rojo

van telúricos trazos cubriendo

cual aliento incierto y cojo.

 

         Densa neblina

perfil del tiempo,

solitaria se adentra

estruendoso trueno

resbalada de la cuerda.

 

Lima 14 de Enero del 2000.

 

 

 

 

 

ALISO VEINTISIETE

 

         Campo, campo verde

parece bastante fatigado,

ya dos veces tarde

de ojo azul preocupado.

 

         Bajo la acuarela

de tantas oscuridades,

pastel blanco levantada

deseos de tantas felicidades.

 

         Sueño inigualable

descansado rebanado,

una suerte envidiable

cariñoso redondeado.

 

         Llovía hacía arriba

enfriando la vida,

seca toda y arrimada

inspirando la nada.

 

         En alargadas canteras

busco sedienta mirada,

ansiadas ilusiones empeñadas

dejan la adversidad tirada.

 

Lima, 16 de Enero del 2000.

 

 

 

 

 

         ALISO VEINTIOCHO

 

         Luminaria pura

desbordado beso de miel,

sostenida en simple rosa

difunde su agreste piel.

 

         Tantas horas escarbadas

de sol apagado,

los árboles van

en retroceso de ramas,

por el remanso agitado

doliendo a lejos

las redondas heridas.

 

         Desplazado a un lado

ligeramente quieto

de cristales perdidos,

desmesuradamente

airosos despedidos,

la suficiente

belleza de a dos

partidos...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ALISO VEINTINUEVE

 

         Has llegado hasta la orilla

del empinado deseo,

metido en negro atolladero

seguiste camino de la tarde,

volteando todo el pensamiento

en una frágil noche de tormento.

 

         Cruzando el río mi caricia

se va cuadrando de pasado,

dejando la media mañana

casi para llegar a la malicia,

reventándose cerca a la nada

como inclinándose de testigo.

 

         Gorgoteando las burbujas

a trás se queda dormida,

pisando de prisa los días

se van amontonando las orillas,

huérfanas muy mordidas

como un trozo de agua endurecida.

 

         Tieso la pedrada tirada

el aire a un costado se inclina,

bien angosta la pálida cara

apretada de nube desprevenida,

afuera se queda desesperada

como una vasija desbordada.

 

         Oscuro como un túnel

soltada de hombros caminar la noche,

pero no avanza el pobre animal

débilmente sin pierna ni ubre,

se va quedando colgado del frontal

como un largo camino sin andar.

 

         Dispuesto a secar pensamientos

sostenida del cielo a orillas del  ayer,

metida una lágrima chorreada

perdida en el agua del amanecer,

taladrados agujeros de los vientos

se van quedando siempre doblada.

        

La frialdad de la noche

desvelada del tiempo cansado,

buscando el desesperado coche

para sentir su calor callado,

cubriendo la tierra quemada

como suplicante campanada.

 

         El susto se lleva todo

hasta la entrada en la nube,

nada detiene al tiempo

mojándose se sacude,

en tantas miradas de colores

perdiéndose en los valles azules.

 

                                      Lima, 3 de Febrero del 2000.

 

 

 

 

 

 

 

 

ALISO TREINTA

        

         Se ha sacudido el cielo

y ha dejado caer sus rocíos,

en una mañana de frío

retrasada al otro lado mirando.

 

         Manta abanicada de alba

abrigan los golondrinos,

los sombríos pierde altura

buscando vuelos mojados.

 

         Las estrellas se hacen manzanas

y el sol apagado sobre las aldeas,

en las puntas de las hojas canas

caminan hacia arriba todas ideas.

 

         Zigzagueando los rayos

se desnudan de blanco,

y una luz enojada de hoyos

rayaba la pared sentado.

 

         Restregando el aire en el suelo

sin conocer su alcance quieto,

negro nublado sin consuelo

como párpados cerrados  al cuento.

 

         De mal genio opuesto

juzgan las horas pasadas,

matábamos allá el puerto

en la punta de voces manchadas.

 

         Encendida la oscuridad

como algo que era ajeno,

amanecido trizado cristal

como sonido de poco talento.

 

         Alegría aguantada

lloroso escarbado,

se exprimía el alba

como pañuelo enjuagado.

 

         De mis manos se escaparon

un puñado de colores morados,

a un extremo se colgaron

cual caminos recién regados.

 

                                      Lima, 04 de Febrero del 2000.

        

 

 

 

 

 

ALISO TREINTIUNO

 

         Muerta de alegría la pera

en el cogollo de toda la vida,

dulces labios de cera

con cabellera de luz prendida

 

         A florecillas del gusto tocaba 

como una flor del cielo apagado,

llenada poesía de sangre y agua

moría la tarde retrocediendo.

 

         De elegancia descuidada

sin causa cae de rosa,

sobre un montón sin alma

coge su camino y se cansa.

 

         Los giros rebuscados de flor

vestidos de momentos se aprietan,

como rayos en la mano sin calor

adelgazados a  cuestas se van.

 

         De amarillo  viejo goteaba

 por encima de ojos de rubí,

y desde el azul se exprimía

perdida emoción de siempre si.

 

         El rebuscamiento entre la tierra

es como madejas de luz,

la originalidad dentro de piedra

teñidos en colores sin ningún tul.

 

         Confusamente diluida va

vagando sin norte sin razón,

claridad quisiera alcanzar

como dos ciruelos de corazón.

 

         Se ha germinado una idea

entre dos caminos encontrados,

conservando la muerta aldea

todos quedan sanos enterrados.

 

                                      Lima, 04 de Febrero del 2000.

 

 

 

 

 

ALISO TREINTIDOS

 

         Suficiente sabor de tierra

satisface la ambigüedad,

que simplemente se coloca

imprecisiones de claridad.

 

         Que fina sensibilidad de luz

nos brinda su antojo traída,

esa aguda sinceridad en cruz

cubre un poco de luna ya caída.

 

         Como franjas de colores

se extienden por el cielo,

a cada lado de los corazones

la flor llega al borde del recelo.

 

         Cerca a la ribera se amontona

en frágil cristal de sus aguas,

como blanco reflejo de la puna

en quebradizo pensamiento de algunas.

 

                                      Lima, 05 de Febrero del 2000.

 

 

 

 

 

 

ALISO TREINTITRES

        

         El que satisface la sed

y el que inspira frescura,

 ausente se encuentra del ser

muriendo de tanta altura.

 

         Refinada alegría

disuelta festiva,

es familiar del día

como rosa extendida.

 

         Es posible que sintamos

formar parte de la vida,

la realidad es de todos

pero, la memoria es única.

 

         Comprensivo personaje

retroceder  al vanidoso,

precisarlas cordialmente

no abren  paso al rencoroso.

 

Lima, 06 de Febrero del 2000.

 

                           

 

 

 

ALISO TREINTICUATRO

 

         Descansada muda simbólica

trepan las horas derramadas,

como una fuerza blanca

que pretende a todas amarlas.

 

         Rumorosa vaguedad caída

en leve cuento de la orilla,

una sombra tan estreñida 

escondida en fresca rama orina.

 

En aire tibio de brisa

husmeando cruza la playa,

ágilmente el calor pasa

como blanda arena queda.

 

         Respiración tolerante desnuda

esfuerzos agotados y menudos,

tranquilamente recostado para arriba

el mundo a los cielos enclavados.

 

         En caravana de colores

cargados remotos recuerdos,

besando orillas de dolores

los veranos quedan quemados.

 

         Caldeada playa borrosa

pasos hundidos de arena,

de sol dominguero la costa

zozobrando de mar queda.

 

         El mar de apacible azul

introducido al paisaje del puerto,

como ola reventada de rencor

extendida queda encargada al tiempo.

 

Lima, 08 de Febrero del 2000.

 

 

 

 

 

         ALISO TREINTICINCO

 

         Siento el sosiego del camino

no muy lejos ensombrecido,

mientras recién duerme el regreso

el viento y el cielo se han detenido.

 

         El polvo llora en tus ojos

como la oquedad desaparecida,

y al costado se hunde lo lejos

como gota de llanto, ya perdida.

 

         La amarillenta nada, ya salida

como una estrellada mirada,

miedosamente mitad del día

se saca la luz de la enorme herida.

 

         Vivencia dura y redondeada

calentada en el seno del aire,

media aliviada y adormecida

extraviada y olvidada sola sonríe.

 

         Hebra de luz pausada

revolcada claridad de rosa,

enganchada del tiempo en prosa

se ausenta de una en una la hora.

 

         Todos fueron haciéndose más largos

hasta las riberas se amanecían,

amanecían tan, tan apurados

tropezando la oscuridad se reían.

 

         El cielo encuadrado de gris

escondido tras del humo blanco,

dibujado en su propio tapiz

el sol se ve muy pronto aplastado.

 

         El descanso también esperaba

le sobraba un poco de alegría,

las lágrimas solas regresaban

por el mismo vestigio del día.

 

         Cansados de la pesada vida

quietos brillaban la prisa,

recogiendo ninfa partida

la claridad llevaba y traía.

 

         Desperdigadas las estrellas

como cien corazones divididas,

de una a una desplomadas

sobre las aguas quedaban dormidas.

 

             Las espinas de lozanos pencales

ribeteados de hilos blancos colgados,

como la luz derramada desde arriba

se adentraba más hacia la leve sombra.

 

                                               Lima, 09 de Febrero del 2000.

 

 

 

 

 

ALISO TREINTISÉIS

        

         Se deslizó el grito en el viento

después de un rato vino el ruído,

medio redondo se fue crecido

hasta llegar al cielo torcido.

 

         Tieso la línea blanca

de aguas muy crecidas,

junto a la vereda callada

las rosas llegan deshojadas.

 

         El mediodía atrapado

salía sordo por debajo,

el remolino giraba parado

agujereado desde más abajo.

 

         La luna de cuerpo echada

como cristal bien refinada,

y la oscuridad trajinada

boca abajo se queda dorada.

 

Agazapado el día llorando

entre las piedras miraba,

enrojecido traje desvelado

como recuerdo pasado resoplaba.

 

Lima, 12 de Febrero del 2000.

 

 

 

 

 

 

ALISO TREINTISIETE

 

         Sobre esa redonda esperanza

de tantos rastros acumulados,

cerca al sol del alma desesperada

se levantaba dormida y callada.

 

         Por la entrada del alba

muchas mañanas se escapan,

atados en el deseo de aurora

los días como dados ruedan.

 

         De medianoche tendida

sobre el miedo perseguido,

una voz hueca y olvidada

al costado del camino va caído.

 

         Arañando todo lo deseado

voy rascando el aire crudo,

las tardes sin ningún descanso

se van consumiendo en un nudo.

 

         De rato en rato escarbando

adentro sentía sus mañanas,

y al otro extremo esperando

salieran de media luna envueltas.

 

         La mañana está por salir

la humedecida niebla disuelta,

disuelta en el camino por venir

buscando la salida despierta.

 

         Las hebras coloreadas del cielo

mustios caídos encima del tiempo,

se levantan de un extremo del seno

y luego dormitan mirando al firmamento.

 

Lima, 13 de febrero de 2000.

 

 

 

 

 

 

         ALISO TREINTIOCHO

 

         Al cruzar todos los caminos

se hirieron los pies del alba,

los más lejanos todos partidos

se van quedando sobre el alma.

 

         Allá metida el rocío

lejos de la viscosa puerta,

tropezando se interna el río

en la rajadura de la cuesta.

 

         Callada sonrisa de viento

clavada de pies sobre la arena,

lleno de sol, temprano vuelto

se arruma desbocada hacía la luna.

 

         Inicio el principio y pienso

en la quemadura de la noche,

aguardando distante regreso

reconozco en alto usado broche.

 

         No pospongo mi llegada

en los folios del recuerdo,

tampoco se cura la llaga

con el encuentro del tiempo.

 

                                      Lima, 14 de Febrero del 2000.

 

 

 

 

 

 

 

ALISO TREINTINUEVE

 

         Tantos árboles de almas verdes

cual hierba olorosa de mayo,

la paz dormitaba en las tardes

como rosas de blanco y de pelo bayo.

 

Abrí mi corazón de placer

junto a los gradientes de la sierra,

y los aires volando de amanecer

se dan contra los cristales de la tierra.

 

         Todos siguen abriendo surcos

en los campos retorcidos de plata,

bajo un sombrío de amarillentos nudos

enamoradamente emerge la tierra.

 

         Mezclada de luna brisa

avista del aire encajonado,

en roca sedimentaria trina

cada vez más se van quedando.

 

         De un  rojizo veteado amarillo

a lo lejos el cielo va terminando,

sobre moteada naturaleza amartillo

se adentra en forma de río derramado.

 

                                      Lima, 15 de febrero del 2000.

 

 

 

 

 

         ALISO CUARENTA

 

         Cuantas noches oyeron los pasos

todos con miradas para arriba,

trepados los días para caer después

al final de cada noche de vida.

 

         De orilla a orilla caminamos

esperando el sueño de hablar,

descansando versos perdidos

como quién se  reserva  de gritar.

 

         Ascendida allá en los vientos

nadie espera su regreso,

tarde sesgado de tormentos

quedan llorando su retroceso.

 

         De palabra derribada

inclinada se quedó,

abrazada en el alba

la mañana se abrió.

 

Besada orilla de rama

con blanca amistad,

la luna queda sentada

en espera de felicidad.

 

         Llorar de rosa azul

y aposentar la lluvia,

el viento hacia el sur

se va de plata vestida.

 

                                      Lima, 17 de Febrero del 2000.

 

 

 

 

 

ALISO CUARENTIUNO

 

         De flores tempranas

y esmeraldas escondidas,

de violáceas aguas

en nacaradas cristalinas.

 

         Vuelve tu sombra de rama

y el gentilismo sabor de fruta,

cual voz plantada en la nada

de acrisolada vista ya madura.

 

         Desvanecida de altura

y con aliento deslucida,

aún inclinada triunfa

bordeando plateada luna.

 

         Dibujando una caricia

en la descolgada tarde,

cálida temporada alegría

cual desborde de vida arde.

 

 

 

 

 

         ALISO CUARENTIDOS

 

         Han llorado a raudales

como lloran los árboles,

desprendidas de sus ramales

quedan agotadas de colores.

 

         Altipampas laterales sonrisas

térreos parajes encendidos,

desde abajo acrisoladas tiradas

reflejan antracitos quemados.

 

         Dúctil y acomodadizo a todo

como tirarse sobre rayos solares,

fondo abierto de hoyo tendido

soñolientas vistas de hogares.

 

         He ascendido las nubes

en busca de coger su orilla,

atormentadas de tantas luces

pintaron de dulce manzanilla.

 

He traspasado lo altoandino

de corazón frío guardado,

y he retrocedido lo venido

como hojas volando al pasado.

 

Lima, 18 de Febrero del 2000.

 

                  

 

 

ALISO CUARENTITRES

 

         Echarse bajo rayos de luna

a boca abierta de hoyada,

y abrazar el infinito de cuna

como rosas de vida descansada.

 

         Tamaño de corazón he dado

y a mitad de cuesta ha quedado,

torcido de añil desesperado

al hueco destapado ha llegado.

         Con las hojas tiradas

asomándose hacia el camino,

correteando aves  arrojadas

se quedo el tiznado peregrino.

 

         El aire hacia los rosales

deslizada al orbe de la fe,

prendidas entre matorrales

se queda el color de café .

 

         Cerca los pantanos oscuros

dejándose arrimar al viento,

los promontorios descolgados

en la profundidad del tormento.

 

         La esperanza callada

despeñada de hombros,

alumbrado de sol calmada

se abrieron bosques negros.

 

         De caricia abierta

revolotea la tierra,

escondida de violeta

a orilla de gota hundida.

 

                                               Lima, 19 de Febrero del  2000.

 

 

 

 

 

ALISO CUARENTICUATRO

        

         Agria cáscara de memoria

depositada al calor del día,

desdibujado verdor de campo

tejiéndose en azul distancia,

va ocultando lo desconocido

en difusa alejada disonancia.

 

Las asperezas del viento 

son estivales del invierno,

cual desbande alongada

se desliza su alojamiento

por el camino del alba.

 

         Lluvias entrelazadas de flor

semipenumbras de corazón,

perfumadas de tanto sabor

en luminosas gotas de razón.

 

         Quietud de tanta arboleda

gemido amoroso de vida,

desmayada lumbre agotada

en la mejilla alomada del día.

 

                                               Lima 21 de Marzo del 2000.

 

 

 

 

 

ALISO CUARENTICINCO

        

         Bajo la sombra de la palabra

dormitaba el azulado paisaje,

la desnudez alojada en la tarde

iba hilvanando recodos de cuadra.

 

         A la distancia de la memoria

una mirada hecha niebla,

dibujaba delicada alegría

como la propia escapada.

 

         Derramándose sobre el río

despedazadas calmas,

en la noche de tanto frío

gruesos vuelos de palomas.

 

         De luna acariciada el latido

derrumbada prisma rosada,

coloreado de venado arisco 

entre lozana altura va alejada.

 

         Sauces de limón amarillo

abiertas ventanas del otoño,

columbrando alejado lomillo

de verde campo va tras del año.

                                               Lima, 22 de Febrero del 2000.

 

                  

 

 

 

         ALISO CUARENTISEIS

 

         El día luce despejado

como un límpido cristal,

brisas virgilianas de morado

levemente agotadas de amar.

 

         Deslíase el coloreado del cielo

y en ágil turquesa se derramen,

en un cordial sinuoso deshielo

sobre las plantas lejanas se amen.

 

         Vagamente hacia lo profundo

buscando recuerdos del tiempo,

de noble tonalidad enverdecido

en un pálido tostado enrojecido.

 

         En simpatías otoñales balbucen

como espontáneas líneas cortadas,

en fluida devoción se esparcen

inspiradas en las bayaderas horas.

 

         El aire de versos imposibles

como un paréntesis no aceptado,

de simbolismos nunca pensables

se disuelven en verde recostado.

 

         De enérgica fisonomía del sol

visiblemente caída sobre el mundo,

entusiasmado humeante sin dolor

los campos quedan al eterno mirando.

 

         De suave resignación de viento

labios entre mezclados de fuera,

me revuelvo cambiando el aposento

y elogio a la plenitud que redondea.

 

         Y las horas habían volado

como alamedas blancas de aurora,

en arborescente imagen callado

de pulcra elegancia lila se oculta.

 

         En variados estilos de formas

abren los vestíbulos del corazón,

los jardines a las brisas vespertinas

como lujosas olas de plata de amor.

 

                                               Lima, 29 de Febrero del 2000.

 

 

 

 

 

 

ALISO CUARENTISIETE

 

         Viejos troncos descansan

ásperas neblinas pasan,

gruesos ruidos  retumban

y sobre el horizonte rozan.

 

         La obscuridad toda

metida debajo del cielo,

las tinieblas corren a medida

de frío en frío como duro hielo.

 

         Frondoso jardín del recojo

rodeado de estrecha negrura,

y a traviesa ceguera del ojo

sobre el camino duerme segura.

 

         Cuántas gotas caídas del destino

de enormes corpulentos pasos,

menudos descompasados sin tino

como distantes viajes en retrocesos.

 

         Al fondo un grito de fuego

perfora la atmósfera venidera,

ramajes vestidos de lino cuento

regresa escondido, de donde viniera.

 

                                               Lima, 18 de Marzo del 2000.

 

 

 

 

 

 

ALISO CUARENTIOCHO

 

         Extiéndeme esa mirada

de oro y plata,

que bruñe la naturaleza

de sol y agua.

 

         Se avejentan las sonrisas

y se remueven las ideas,

las horas semi dormidas

caminan sin encuentro doloridas.

 

         El inmensamente prado

se ha extendido al infinito,

cielo radiante azul cansado

se pierde en silencio extendido.

 

         De fina pincelada añil

y tenue invisible ardoroso,

escalando tu poco perfil

se ha inclinado primoroso.

 

 

 

 

 

ALISO CUARENTINUEVE

 

         El sol como un polvo de oro

pincelaba las cuestas del cielo,

mas el canto del verdoso loro

abrían las ventanas del viejo anhelo.

 

         Una penumbra menos alta

se escondía bajo el sol,

y junto a la claridad media rota

atravesaba brillante hierba de color.

 

         Oblicuos agujeros del día

llenos de verdes remolinos,

por encima de la loma salía

las enredaderas secas de ruidos.

 

         Escarbo el agua y busco la ribera

luego trepo la cerca pegada a la orilla,

mojada de sol vas de tras llenada

de vientre maltratada y amarilla.

   

 

 

ALISO CINCUENTA

 

         Se entrerojeció la hierba

y de la zanja salió el ruido,

entre mecido de la misma curva

asomado de enredaderas fue traído

y hacia la distancia se quedó de alba.

 

         Hierba mojada de ventana

no ha empezado a reírse,

el silencio va en picada

de blanca ternura acaba de irse

dejando la poca brisa descuadernada.

 

         Abierta toda la santa noche

cansada la cuesta desciende,

hundiéndose la hora de frente

en manto negruzco se desprende

hacia un lado del anaranjado occidente.

 

         De callado ramal de luna

en claro entrante de líneas sale,

una entrada de gustosa mañana

besa el cielo azul rosa que se abre

como gota violeta cristal de la nada.

 

         Verdecer de bosques la lejanía

sembrando el espacio de esperanza,

una voz enclavada de alegría

se desparrama sobre una franja

inclinada en la falda del día.

 

 

   

 

 

ALISO CINCUENTIUNO

 

         Descalzada alborada

viene de sol y de plata,

de aire cristalizada

como madura palta.

 

         La blancura del vuelo

va alfombrando el terreno,

desmayada del duelo

desangrada va quedando.

 

         De otoño recién asomada

inducida a la despedida,

como fruto con espina

guardan al sol de la mañana.

 

         Fantasías aéreas de broma

consuelo de las distancias,

ironía fina de simple coma

trayecto único de gracias.

 

         Redimiento disimulado de algo

página saliente del margen,

va enterrando todo lo amargo

y quebrantado de espalda rompen.

 

         Contrahechas diferencias

adentradas en la atmósfera,

como cuadradas caricias

que cada vez se redondea.

 

         Estratificación del viento

expoliada del continente,

como sacado del sentimiento

va segregada en mi mente.

 

         Cual color no definido

en un soplo escogido,

te has quedado  deprimido

como la claridad detenido.

    

 

 

 

 

 

ALISO CINCUENTIDOS

 

          Diseñando la gloria verde

cual pintadas golondrinas de amor,

se lanzaban galanteos de la tarde

a la dulcemente recostada flor.

 

         Vagamente descolorida de azul

se arrodillaba tímidamente de cielo,

y en la línea crepuscular del sur

quedaban tantas rosas tiradas de hielo.

 

         Hacia arriba algunas luces encendidas

a sus costados cayeron de sonrisas,

mientras las sombras inclinadas

avanzan musitando tan doloridas.

 

         Sin atreverse a mirar a oscuras

corrían los vientos por las calles,

derribándose de gris a ocultas

se morían los tejados en las noches.

 

Lima, 08 de Abril del 2000.

 

 

 

ALISO CINCUENTITRES

 

Era grito débil de aliento

el cosquilleo de la mañana,

sentía llegar el tormento

colgados del aire se quedaba.

 

El eco de peña parado se retorcía

la poca claridad parecía dormida,

si había alguna curiosidad del día

era todo un solo plato de comida.

 

         El cuerpo de la tarde escondida

como un corazón deshecho,

el día de sabor desabrida

se recostaba en su pálido lecho.

 

La transpirada tarde en declive

resbalada allá se quedaba,

a penas una sombra del paisaje

se encogía sola entre abierta.

 

                                               Lima, 09 de Abril del 2000.

        

 

 

 

ALISO CINCUENTICUATRO

 

He sostenido con mis ojos

el peso violeta del tiempo,

sobre una poesía de a lejos

inquietado en el universo.

 

En tus praderas inciertas

serenos espacios probados,

inspiraciones marginadas

se alejan todos medio parados.

 

He percibido un vivo deseo

que regaban todas las rosas,

y un apagado hormigueo

congregó a todos en sus casas.

 

Ese lento roce de esperanza

poco a poco se esfumaba,

empujándome a la danza

sujetado silencio se descolgaba.

 

Viento coloreado de azul verde

púrpura inclinada de poca esfera,

mirada abajo que de sol oscurece

como sombra de una vieja espera.

 

Puse mis manos en el dulce cielo

en posición torcida de corazón,

y enmudecido disuelto en riego

quieto se fue al costado de la razón.

 

Lima,          Lunes 10 de Abril del 2000.

 

F I N