- COLECCIÓN LITERARIA -

- OBRA  COMPLETA -
 

 


 

 


Trata sobre el avance pacifico de los españoles al mando de Francisco Martín de Alcántara, que vino de Jauja en 1534, con destino a Huamachuco; llegando a explorar en busca de oro, plata y poder a su paso por el valle interandino del territorio que hoy comprende políticamente a la Provincia de Pallasca del Departamento de Ancash.
 


Camino al Horizonte  

 (Ensayo histórico del realismo humano)

 

TOMO   I I

DE

ARNULFO MORENO RAVELO

 

-2013-


Colección Nº 25


204 págs.

 

LIMA - PERÚ

 


Autor:

Alipio Arnulfo Moreno Ravelo

Editor:

Hélwis César Moreno Bardales.

Ilustrador:

Hélwis César Moreno Bardales.

Diagamador de la carátula y contratapa.

Hélwis César Moreno Bardales.

Editado por:

Demagraf PERÚ.

Av. Eloy Espinoza Nº 415, Urb. Ingeniería, distrito de San Martín de Porres-Lima.

Revisión y corrección: Dra. Flora Nelly Bardales Flores.

Primera publicación: año 2013.

Tiraje: 100 ejemplares

Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú Nº 2011-13464 (obra completa) (TOMO I I).

Derechos Reservados del autor D. Ley Nº 822.

Impreso en:

Talleres gráficos de la Empresa Editora: J&O Editores Impresores S. A. C.

Jr. Rufino Torrico Nº 225-Lima.

Febrero – 2013.

 


 

 

PRESENTACIÓN

 

“Un pueblo sin memoria no es historia”

 

Escribo ésta obra histórica literaria del mundo interandino para la juventud, para las generaciones venideras del territorio de Tauca y por ende de la provincia de Pallasca del Departamento de Ancash, ojalá me alcance la vida para lograr culminar mi objetivo de expresar la trayectoria de Tauca y de la provincia de Pallasca en la historia del Perú y ver sembrado en el surco la semilla necesaria del amor a nuestra tierra provinciana que nos vió nacer, a esa amplia naturaleza que desde niño nos forjó y nos despejó el camino de la esperanza y trazó en el fondo del corazón el vasto horizonte del conocimiento en nuestras mentes, fundidas en la inmensidad cultural de la grandeza del mundo de nuestras tradiciones y riquezas, atesoradas en el abierto y espacioso paisaje del territorio provinciano.

 

Como quisiera plantar en sus razonamientos una luz que alumbre todos los ángulos de la verdad histórica de nuestro inconmensurable universo natural, que aguardamos en la tierra provinciana, del cual es necesario imbuirnos en el entendimiento de sus acrisoladas tradiciones y descubrir los extremos del difuso misterio, para conocimiento de la juventud estudiosa, que llenan los cauces de infinitos ríos que riegan siempre la vida de un pueblo; así engendran el curioso pensamiento para comprender la fecundidad de sus secretos naturales, que activamente la dejamos, por preferir lo ajeno aunque éste no brille como lo nuestro.

 

Ojalá pudiera trasmitirles un poco de entusiasmo como un modesto consejo de acciones, para conducir a nuestro pueblo, conservando tanto su grandioso paisaje natural, como el inigualable paisaje urbano, conjuntamente con sus costumbres y demás tradiciones pueblerinas, comprendiendo que esta ubicación y su diseño geográfico no es más que una bendición de Dios derramada sobre la Tierra, debemos sentirnos orgullosos de tener la suerte de seguir siendo hijos de éste lugar; por esta razón, tenemos la obligación moral de cuidar y conservar eternamente la herencia dejada por nuestros antepasados. Los pueblos en donde hemos nacido siempre son recordados no solo hasta el día de nuestra muerte, sino hasta el más allá de nuestro mundo, jamás se puede olvidar ese primer día de nuestra existencia sobre esta Tierra, un pueblo muere de amor, cuando muere el corazón.

 

Hoy sabemos cuales fueron los motivos de su natural aislamiento geográfico de este hermoso valle, que por ser un lugar interandino delimitado por los cerros de Angollca y Chullush, en caso de Tauca y por su accidentada geografía el de nuestra provincia, no fue posible su sometimiento a la administración social de gobierno desarrollado por los Incas del Imperio del Tahuantinsuyo, como otros tantos valles interandinos de los Andes, a pesar de que cercanamente se ubicaba la planicie o la pampa de Tuctubamba, por donde pasaba el Cápac Ñan o el Camino Inca o el camino real que fue construido por tres incas: Pachacutec, Tupa Inca Yupanqui y Huayna Cápac, por donde se hacía “posible el desplazamiento de los ejércitos, el abastecimiento y distribución de las cosechas, la recaudación de los tributos, el desplazamiento de las poblaciones con fines políticos o sociales, religiosos, el tránsito de los funcionarios y chasquis (…) eran trazados en línea recta, evitando los quiebres así como las modificaciones en la dirección, adaptándose a la topografía de cada región” (G. Valencia, Andamarca, 2006, pág. 26), hacia el Norte pasaba por Cajamarca hasta el Ecuador y hacia el Sur por el Cuzco hasta Chile. Por ésta razón, no fue posible que los incas ni los conquistadores españoles llegaran a explorar o pasaran por nuestro territorio Tauquino.

 

“Francisco Pizarro, en su 3er viaje salió de Panamá el 20 de enero de 1531, llegó a Tumbes el 16 de mayo de 1532, pasó a San Miguel de Piura 15 de agosto de 1532 (estandarte rojo y gualda = color amarillo, por sus campos con las armas de Castilla, trompetas, el grito de “Castilla, Castilla, Castilla, por el Rey Nuestro Señor”), pasaron por Huancabamba, llegaron a Motupe el 23 de octubre de 1532, (hallaron muchas huacas y palacios destinados a la oración), continuaron a Huamachuco (aliado del vencido Huáscar), (hallaron palacios, santuarios, templos escalonados, fortalezas y pirámides, varios curacas pomposos caminaban con gran sequito, especialmente de mujeres, eran enterradas vivas con él, atendieron a Francisco Pizarro, eran enemigos de Atahualpa, llevó muchas mujeres y cargueros para su gente de guerra). Se encaminaron a la sierra Cajamarca llegando el 15 de noviembre de 1532, (el 16 fue capturado Atahualpa). Después de nueve meses, el 11 de agosto de 1533, Francisco Pizarro, siguiendo el camino del inca o Cápac Ñan, pasó Andamarca, Totopampa, llegando el 31 de agosto de 1533 al Callejón de  Huaylas, continuó hasta llegar a Jauja el 11 de octubre de 1533, luego llegó al Cusco el 14 de noviembre de 1533, en donde fundó la ciudad del Cusco el lunes 23 de marzo de 1534, después de la ceremonia el Capitán Gabriel de Rojas que acababa de llegar de San Miguel, procedente de Nicaragua, trayendo el mensaje del adelantado Pedro de Alvarado, Gobernador de Guatemala y antiguo compañero de Cortés, “estaba fletando una armada para venir con tropas al Perú y adueñarse de lo ganado por Pizarro”. La noticia indignó al Gobernador Francisco Pizarro, se apresuró a fundar el Cusco, evitando de este modo que Alvarado hallase la tierra sin fundaciones españoles y se pudiese aferrar a este pretexto. Hizo reparto general de la tierra entre los conquistadores, dictando las Ordenanzas para la conservación y el buen trato de los indios. Al mismo tiempo envió a Diego de Almagro a visitar la costa y a tomar posesión de ella en nombre del Rey. Pedro de Alvarado tenía que encontrar el litoral hollado por los conquistadores, para que no alegue de no haber sido conquistada, carecer de dueño y sentirse con derechos para establecerse en ella. Mandó a Hernando de Soto perseguir a Quisquis arrinconándolo a los contrafuertes andinos y obligarlo a huir  al Norte. Nombró a Beltrán de Castro Teniente de Gobernador de la ciudad del Cusco, encargando el mando de los 40 vecinos destinados a quedar de guarnición. Francisco Pizarro a fines de marzo (antes de Semana Santa) regresó a la fundación definitiva de Jauja el 26 de marzo de 1534, con miras a ser capital de su Gobierno, lo acompañaba Manco Inca Yupanqui, el nuevo monarca de los quechuas”. Mandó a su lugarteniente Francisco Martín de Alcántara conformar una “comitiva exploradora”, para tomar posesión de los valles de los Andes desde Jauja hasta Huamachuco; pero, gracias al impedimento casual que suscitó antes de llegar a Corongo, y a las previsiones impartidas por Francisco Pizarro desde Jauja, para no seguir hacia el Norte el camino del inca que pasaba por la pampa de Tuctubamba, por el peligro que podrían encontrar en su trayecto, el temor de la noticia de que “un hijo de Atahualpa bajaba desde Quito con un grandísimo ejercito, la mayor parte integrado por caribes antropófagos, para vengar la muerte de su padre”, como para variar la dirección del camino de la “Comitiva de Francisco Martín de Alcántara” que venía de Jauja en el año 1534, pasando por el Callejón de Huaylas (Huaraz), con destino al Norte; como consecuencia de éste desvió girado hacia el lado izquierdo o el Occidente, con gran esfuerzo atravesaron cerros y quebradas, llegando imprevistamente a explorar los distritos del valle interandino del territorio que hoy comprende la provincia de Pallasca, hasta alcanzar la tierra de Huamachuco, en donde el lugarteniente Francisco Martín de Alcántara, constató que la tierra ya se encontraba en posesión de los españoles que dejaron al fundar San Miguel de Piura y la evangelización de los indios estaba a cargo de la orden de los franciscanos, regresando por la costa para dar cuenta a su medio hermano el Gobernador Francisco Pizarro, que se había trasladado a Pachacámac. Mientras tanto Pedro de Alvarado con su expedición entraron a la región de Quito (Ecuador), en donde le había esperado Diego de Almagro unido con Belalcázar, al frente de un ejército integrado por hombres de San Miguel, lograron detener y evitar una batalla, llegando a la transacción de comprarle hombres, caballos y navíos en 100,000 castellanos de oro, el día de Año Nuevo de 1535, Francisco Pizarro le recibió en Pachacámac saludándole con un abrazo de gratitud.    

 

Los españoles fueron los primeros aventureros buscadores de riquezas como el oro, la plata y el poder, esta necesidad y actitud de los conquistadores dieron lugar al impensado diseño y mestizaje que en este lugar se transformó en un mundo social, que ahora tenemos con gran esfuerzo, siempre inspirado en su progreso y adelanto, infundiendo constantemente el acervo nativo y acento cultural que los españoles encontraron, a lo largo y ancho de toda la provincia de Pallasca; imponiéndose toda la expresión del carácter cultural dejado y encontrado como su dialecto “Culle”; el mismo que debemos hacer lo posible de su conservación, para no perderse ni borrarse jamás de la mente de las generaciones venideras, todos los hijos de los pueblos de la provincia de Pallasca deben de preservar y cautelar nuestro acerbo cultural y patrimonio social, protegiéndolo con tenacidad excepcional de esperanza, de ver subsistir en los prometedores caminos de aspiraciones y ensueños de la vida de nuestra tierra provinciana.

 

Que, la incomparable genialidad y cultura de nuestros antepasados de los primeros tiempos de nuestra historia, de su organización nativa, fecunda y conservadora de sus valores, cualidades, decencias y amor perdure por siempre y se impartan o se difundan si es posible por todo el orbe.

 

Queremos que este trabajo trascienda no sólo en el mundo provincial, sino que también en el mundo universal, y se transforme en la construcción y afloramiento del conocimiento vital de una verdadera cultura ancestral, propagándose por toda la inmensidad de los pueblos gestados en nuestro Departamento. El territorio que hoy ocupa los pueblos de la provincia de Pallasca, es excepcionalmente cautivadora, guarda una esencia incomparable, tienen un paisaje de grandeza y de una historia inconmensurable, a la par de una proyección creadora infinita; la mayoría de los pueblos de la provincia se fundaron en el destino de las faltadas de algún cerro cautelador, que lo enaltece su función social futura, con la fragancia divina de su vegetación típica natural del lugar; pareciendo sus cumbres que sostiene el amplísimo azul cristal del cielo, sobre todos los pueblos que traslucen en el trayecto del valle interandino de la provincia de Pallasca.                    

 

 

 

Dr. A. Arnulfo Moreno Ravelo

Autor de la obra         

 


 

 

CAPITULO VIII

ORGANIZACIÓN REPRESIVA ECLESIÁSTICA

 

  Visitadores y Doctrineros en el territorio peruano

“Para verificar la labor de los evangelizadores y a demás conocer personalmente a su feligresía, varios Arzobispos de Lima visitaron este Valle (de Conchucos): El Iltmo. Don Gonzalo de Ocampo en 1640; el Iltmo. Don Melchor Liñán y Cisneros (18 – 02 -1678 - 29 - 06 – 1708) y el Iltmo. Don Juan Domingo Gonzáles de la Reguera (15 – 02 – 1782 y 08 – 03 - 1805), habiendo llegado a la capital de Conchucos Alto (Huari) donde confirmo 4,202 fieles”.(Ucrania Peruana Llamellín, Rósulo F.Reyes Espinoza, pág. 74).

 

Debe tenerce presente que “se denomina el valle de Conchucos a la región trasandina, entre el Callejón de Huaylas y la cuenca del Marañón, las provincia de Corongo, Sihuas, Pomabamba, Luzuriaga, Carlos Fermin Fitzcarral, Asunción, Huari y Antonio Raymondi, en el cual habitaron en ese tiempo tribus de estatura robusta, belicosos, de ojos claros, pelos castaños, llevaban como indumentaria en la cabeza una especie de sombrero llamado “chuco”, con una franja que envolvía la frente con dibujos de serpiente, símbolo de su dios “Kon” del que proviene el nombre de Conchucos”.(Heli Escudero). Pero no llegaron al valle interndino de la Provincia de Pallasca, cuyos habitantes habitaban en forma dispersa natural y pacífica, sin contar con alguna organización imperial.        

      

“Eudoxio Ortega, la etimología de Conchucos es la siguiente: Kon que quiere decir “Fuego o Dios del Fuego”, y chuko “Sombrero”. De acuerdo a ello, Conchucos vendría a significar “Sombrero con insignia del dios kon”. Entonces Conchucos vendría de las palabras simples: Kon y Chuku, que significaría, el que lleva en el tocado al Dios Kon; explica que este nombre expresa la forma y el color del tocado que usaban y por el cual se distinguían de las otras tribus del Norte del Perú. El hecho es que Chavín, un pueblo con ideas grandiosas y músculos de granito, fue capaz de edificar un santuario, al que llamó CENTRO DE LA TIERRA. Uno de los Ayllus, provincias y conductores, fueron los “Pincus” probablemente. Durante la expansión del Tahuantinsuyo, Pachacútec al conquistar los Conchucos al mando de su hermano Capac Yupanqui y su hijo Tupac Yupanqui, según Gracilazo de la Vega, que al enviar los apercibimientos acostumbrados a los naturales de una provincia llamada Pincu, a la que respondieron que holgaban mucho recibir el Imperio Inca y sus leyes. Al enviar igual recaudo a otras provincias, pidiéndoles seguir el ejemplo de Pincu (Región San Marcos-Huari), las provincias solicitadas, se revelaron en aceptar nuevas leyes, nuevas costumbres y adorar nuevos dioses, esto es de los incas, respuesta que encadenó una guerra cruel que duró mucho tiempo y que al final, los incas fueron los vencedores obligando a los conchucos a rendirse. En cuanto a la ubicación geográfica de Kollanapinko, en su versión original está ubicada más al norte del actual San Marcos; y que como sostiene Julio C. Tello, probablemente a los fenómenops de la naturaleza, como aluviones, templores o enfermedades, obligaron a la población a desplazarse a otras áreas, pero manteniendo su ámbito geográfico. Incluso, cuando llega la influencia de la Cultura Wari, desde el Sur del Perú, ya en el periodo Formativo Superior, siglos IV y V d.JC. de nuestra era, se mantiene la estructura territorial como se puede observar en la conformación de las comunidades campesinas que aún mantienen su toponimia y allí están Waripampa, Waritampu, Warimayo, Warijamasga en otras (…). Desde esta altura como de todas las “Marcajircas” de Conchucos, se goza de una espléndida vista de 20 leguas a la redonda por la quebrada del Puchka, por el río Huari y las alturas de Huagay Ahuaj. (San Marcos-Huari, pág. 15, 17 y 18) por Oscar Alva Maguiña).            

 

Durante el virreinato se produjeron numerosas visitas de eclesiásticos por diferentes lugares del Perú, con el ánimo represiva y evangelizadora de efectuar la extirpación de las costumbres tradicionales de culto de los gentiles y esta inquietud ha dado origen a una engorrosa historia de la extirpación. Tanto los Arzobispos de esa época  formaban campañas y encomendaban a visitadores con el fin de extirpar la idolatría de aquellos tiempos con el fin de destruir las religiones andinas los investigadores sostienen que la extirpación fue una represión, como la inquisición para indios, y las periódicas campañas, especialmente durante los años de 1610 y 1660, para destruir el mundo indígena, desde “Lima ejerció su imperio sobre la urbe. Fue su misión amparar y castigar a los herejes que pudiesen contaminar a los cristianos, castigarlos y extirpar sus errores, actuando sobre individuos ya integrados a la cultura hispánica o por lo menos europea. La Extirpación, en cambio, se dirigió a las comunidades rurales no integradas culturalmente y tuvo un proyecto básico negativo y destructivo”. (José Carlos de la Puente Luna-2007, pág.35).

 

El episcopado de Melchor Liñán de Cisneros (1678-1708) “resaltó los sucesos relativos a la extirpación correspondiente al período posterior al gobierno eclesiástico del arzobispo Villagómez” (José Carlos de la Puente Luna-2007, pág.36)    

 

“Algunos visitadores específicos entraron en escena. El temprano extirpador Rodrigo Hernández Príncipe, así como sus detalladas descripciones de las idolatrías de Ocros, Ichoca y Recuay (1621-1622) (…) El segundo personaje cuya carrera profesional ha sido importante para la historiografía de la extirpación es Francisco de Ávila. Según la narración oficial sobre la extirpación, el descubrimiento que Ávila realizara en 1609 acerca de la persistencia de las idolatrías en el pueblo de San Damián de Checa, donde era doctrinero, puso en movimiento la primera campaña anti-idolátrica del Siglo XVII. Los indios de la doctrina de San Damián y sus curacas, denunciaron por su labor represora…resultaron ser los conflictos entre el doctrinero, el visitador y los indios” (José Carlos de la Puente Luna-2007, pág.38-39).

 

“Los intereses económicos inherentes al cargo de doctrinero de indios, así como el control de la mano de obra indígena para beneficio de las empresas económicas de muchos religiosos, el comercio, la fabricación de ropa o la producción de la tierra, empezaron a considerarse temas insoslayables desde esta perspectiva. Tomando algunos casos en que los visitadores de la idolatría sobornaban testigos, tomaban para sí bienes embargados y expropiaban parcelas so pretexto de estar destinadas al culto de las viejas divinidades(..) caracterizó la doctrina de indios como una empresa personal altamente rentable, un núcleo de explotación colonial(…) la presión económica sufrida por los indios implicaba una reacción que se materializaba en una denuncia por abusos – especialmente las exigencias desmedidas de trabajo gratuito- contra el doctrinero o el visitador de turno(..) un religioso poco tolerante para con las prácticas mágico-religiosas no católicas de sus fieles podía sufrir una seria denuncia por parte de los indios, fueran los cargos reales o fabricados. Así, los intereses detrás de esta dinámica propia de la vida colonial- las luchas por el control de la mano de obra- pusieron en movimiento algunas de las acusaciones y contra-acusaciones presentadas ante la justicia arzobispal”. (José C. de la Puente Luna-2007, pág. 40).

 

“Los indios de la pequeña doctrina de Hacas-corregimiento de Cajatambo- interpusieron contra el célebre visitador de la idolatría Bernardo de Noboa, (..)acerca de cómo los documentos judiciales y la realidad que pretendían describir no siempre coincidían, esto no solo debido a los prejuicios e intereses de los visitadores, sino también a las motivaciones de los indios”.(José C.de la Puente Luna-2007,pág.42).

Como vemos de esta información estas repreciones no llegaron al pueblo de Tauca ni al territorio del  es hoy la provincia de Pallasca.

 

ESTABLECIMIENTO DE PARROQUIAS.- Los encomenderos no habían cumplido con establecer parroquias en las Encomiendas instaladas en el Callejón de Huaylas y las Vertientes ni menos con sufragar sus necesidades de los párrocos, encargados de enseñar a los indios la doctrina cristiana, en la visita del Corregidor de Huanuco, don Diego de Alvarez, que realizó a la Encomienda de Huaraz en 1558, no encontró a ningún sacerdote, informando al Arzobispo de Lima.

 

El 4 de agosto de 1559, en el cabildo de Lima se dispuso “recoger a los naturales para que se les adoctrinen y cesen los daños que reciben por vivir en lugares distintos, siendo de parecer del cabildo la conveniencia de hacer dos pueblos en el camino de Trujillo; uno en Huaylas, que estuviese junto a la parroquia de San Sebastián, comisionando al alcalde Jerónimo de Silva para que vea si era conveniente su fundación” (Cabildos de Lima, Tomo IV).

 

La primera parroquia cristiana con el nombre de “Pueblo de San Sebastián de Huaraz” propuesto por los misioneros franciscanos, fue instalada en 1534, en Huaraz, por el encomendero Sebastián de Torres Morales, pero “por no contar con el suficiente dinero para el pago de dichos clérigos” no fue posible su funcionamiento.

 

El Corregidor de Huánuco don Diego de Alvarez, fue el principal gestor para la designación y permanencia de los clérigos doctrineros en Huaraz. “Establecida definitivamente la Parroquia, se sucedieron numerosos sacerdotes, cuyos nombres no se encuentran registrados, hasta cuando se produjo la visita del arzobispo de Lima Toribio de Mogrovejo, en el año de 1585, dejando anotado en sus memorias que había encontrado en la parroquia de San Sebastián de Huaraz, al Cura don Diego de Bermúdez; y en su segunda visita, al Licenciado don Leonardo Cortez, desde cuya visita la Parroquia de San Sebastián pasó a ser servida por dos sacerdotes”.(Historia de la Antigua Villa de San Sebastián de Huaraz de Santiago Matos Colchado)   

 

CAPITULO  IX

SUPERTICIONES, HECHICERIAS Y MALEFICIOS.

  

Según un testimonio eclesiastico nos dice: “una mujer llamada Bernarda Huiza Ingar del pueblo de Yánac que vivia en el lugar camino a la laguna de Cocha”, perteneciente a la que hoy es la Provincia de Corongo era una conocida hechicera, “el día 17 de agosto de 1686 comenzó hacer la brujería a un hacendado que vivia en Huataullo del pueblo de Conchudos de apellido Ayala”, el “arreglo” era para quitarlo la vida, cobraba una buena recompensa pagados por sus contrarios, el maleficio consistia “ enterrar junto a su vivienda en donde duerme un muñeco de cera con su forma masculina, envuelto con retazos de su pantalón y otras telas que haya usado el desafortunado, el muñeco era atado con sus cabellos del Ayala, con sus manos en forma de difunto”. Para mayor efectividad del hechizo, el “bulto era atravezado la caveza, espalda, cuerpo y brazos con espinas negras y alfileres bajo tierra con ají y estiércol de animal”, “viajó al lugar y se hizo pasar como compradora de ganado” en cuanto realizó el entierro el tal Ayala, se enfermó, dice: “en su lecho sentía mucho dolor y ardor por todo el cuerpo, se seco en vida” antes de morir un perro del hacendado en forma casual olfateo y escarbó la tiera del enteierro, “descubriendo el bulto enbrujado” todos reconocieron trozos de sus prendas del desafortunado, entonces la cuñada, por que el era viudo, “ordenó que se la destruyera quemando el hallzsgo con fuego” pero sigue el relato, ” fue causa para agravarse, se le retorció el cuerpo, los brazos, el cuello, la boca y aumentaron dolores en cabeza, espalda brazos, comenzó a pronunciar palabras de fantasma y temor”, “todos en esa noche lo rodearon sus familiares no podían hacer nada”, después “con voz ahogado pedia que se le retire a esa mujer que le esta lastimando con espinas”pero es algo curioso cuando se dice al final del manuscrito que “en su agonía identificó a la persona que le produjo la muerte”, a los pocos días murió. Este hecho de brujería movilizó a los moradores de la hacienda y desde esa fecha nunca dieron posada a los forasteros.

 

He tratado de investigar estos hechos de brujería en todos los archivos y documentos del Archivo de la Región Ancash, en el Archivo Arzobipal de Lima, en todas las causas judiciales hasta el año de 1689, pero no se ha encontrado otros casos similares que se hayan producido en todo el territorio del valle interandino de la que hoy es la Provincia de Pallasca. Me parece que los españoles que llegaron a nuestra provincia, no praticaban la brujería, tampoco los naturales que habitaban el valle interandino no eran personajes con poderes sobrenaturales de hechicerias para hacer daño sino más bien para curar. 

 

En esta época la bruja Bernarda Huiza Ingar de Yánac (Corongo), se hizo muy conocida por ser efectiva en sus maleficios, después de un año fue contratada para otro trabajo, un minero de las alturas del pueblo de Cabana le hacia competencia en sus negocios, también la contrató, dice en otro documento manuscrito (1686), que “don Justino Vásquez Herrera, contrató los servicios de magía de brujería contra Crecenció Zuñiga, quién encontró en el aposento de su casa, arrinconado en una vieja olla de barro un sapo, con espinas atravesados por todo el cuerpo, a los alrededores de la casa caían estruendos de rayos, con luz de estrellas derramando polvos mágicos de mal olor, la hechicera viajó a Cabana, siguió el camino de la mina llebando un bulto hecho de retazos de trapos y cercana a la mina del desafortunado hizo un hueco en la peña de tierra y enterro dicho bulto, el cual llevaba varios hilos negros atados en forma caprichosa sus piernas,” entonces los “familiares del enfermo acudieron al anexo llamado Huandoval en busca de una anciana india curandera”, después de comunicarle de los hechos sucedidos “convino en curarlo”, al aceptar la anciana asumir la curación los “familiares trasladaron a la india curandera llamada Timotea Heredia Soco al pueblo de Cabana”, al llegar “averiguó lo sucedido y esperó la noche, para esto llevó unos largos cuchillos, hojas cecas de plantas curativas, coqueaba la hoja de coca que le señalaba el sitio del entierro, cuando tiraba al aire desde la distancia el usado cuchillo fue a caer exactamente sobre el hueco en donde estaba el muñeco” embrujado, después de “remangarse las mangas de su monillo o blusa, sudaba a chorros la anciana, sin tocar el cuchillo plantado en el hueco”. Es decir, no podía extraer el cuchillo del lugar por que la tenía atrapado al muñeco, en caso de moverlo se trasladaba el muñeco de lugar y no hubiera sido posible de extraerlo, “la anciana muy ligera antes de irse la noche, ayudado con el segundo cuchillo removía la tierra del hueco, pronunciando palabras no entendibles, hasta atraparlo al muñeco”, una vez que la anciana tuvo el muñeco en la mano, recien pudo “respiro hondo” o sea se sentía satisfecha de su esforzado trabajo. Luego lo llevaron al pueblo, “sin que el enfermo supiera del trabajo de la anciana, con mucho cuidado guardo los cuchillo y el muñeco embrujado en una bolsa de cuero y vigilante de la olla con el sapo”, la curandera espero en secreto, hasta que oscureciera el día, para preferir llevarlo a un lugar solitario que ella elegió las “ruinas de pashas”. (Este lugar era desolado por que habian sido abandonados por sus ocupantes en la época preinca antes de la conquista por los Incas, según se dicen por los motivos de sequias, ambrunas y enfermedades que diezmaron estos lugares, en cuanto llegaron los españoles a fines del año de 1534, ya lo encontraron abandonados como muchos otros lugares del valle interandino del territorio del que hoy comprende la Provincia de Pallasca).

 

En cuanto llegó la noche, el silencio era su mejor aliado de la curandera, conjuntamente con sus familiares del enfermo, se dirigieron a las “ruinas de pashas”, masticando coca esperaron las doce de la noche y comenzó con su trabajo que consistia con mucho cuidado a sacar las espinas que atravesaban al muñeco embrujado, pronunciando oraciones religiosas, luego soltó los nudos que ataba al bulto, en su interior encontro cabellos, restos de uñas y una lagartija en estado de descomposición, todo fue liberado cuidadosamente por la anciana; luego extrajo el sapo de la olla y también comenzó a sacar las espinas y alfileres que atravezaban el cuerpo del animal, siempre pronunciando sus oraciones en el más completo silencio del lugar; en caso de alguna interferencia “se malograba la sesión de curación”, hasta que terminó de liberar las espinas y alfileres del sapo le “roseo un liquido verdoso” sobre su cuerpo que llevo previamente preparado y dejó caminar hasta perderse entre las piedras y luego lo hizo también esparcir el liquido versodoso sobre las telas descubiertas del bulto y haciendo varias cruces con la mano derecha la anciana respiró mirando al cielo. Inmediatamente ordenó que se regresaran “sin mirar a tras”, en el camino siempre pronunciaba palabras intendibles, hasta llegar a la casa, constataron y verificaron que el enfermo se iba recuperándose de su desconocida enfermedad, con sorpresa pedia bebida y alimentos. La persona que lo cuidaba había escuchado que el enfermo durante la noche sentía dolores en diferentes partes de su cuerpo y luego de un respiro profundo se dio un estiron de relajamiento de sus extremidades, parecía “como si hubiera llegado cansado de un largo viaje”. La anciana pronunciando la frase “demonio sale de esta casa”, “ya fuiste vencido”, “hecho un liquido de olor a ruda y luego esparció chicha por todas partes de la casa, después de agradecer a su Dios, “se agazapó con un manto negro su cabeza, encogiendo su cuerpo, como para ocultarse” dio media vuelta y solicitó, que le regresara a su anexo de Huandoval”. Asi se mejoró el enfermo, cuando por curiosidad le consultaron sobre el caso de la hacienda de Huataullo, contestó que fue un error haber destruido y quemado el muñeco embrujado, en caso de haberlo liberado como ella lo ha hecho, seguramente no hubiera muerto el hacendado. El prestigio de la “curandera de Huandoval se agrandó y se difundió por todo los pueblos” del valle interandino de la que hoy es la Provincia de Pallasca.

          

En un manuscrito del Padre Fray Juan de Monzón, nos narra que cuando llegó a los valles de Pampas (1536-1545) de la que es hoy territorio de la provincia de Pallasca, fue en que conoció a una gran hechisera llamada Arcenía Huayac, era una mujer diminuta, andaba descalza, pero con grandes poderes de idolatría, que procedía de la descendencia de los ayahuacas que correspondía a la que hoy es la provincia de Piura del famoso arte de la brujería, anteriormente había misionado por estos lugares, las costumbres venían desde tiempos en que reinaba el inca Túpac Yupanqui durante el período de 1470 a 1493, dice que al inca se le fue dificultoso someter a los nativos de este lugar, eran hombres recios y valientes su alimentación consistía en que comían algas marinas de nombre “llascas”, obtenidos del mar y de los ríos, con alto contenido nutritivo; recalca que tenía como almacen base en la construcción del tambo de Aypate, especialmente en los sacrificios ofrecido a la Luna, se ingería macibamente después de las lluvias e estación, de éstas canteras procedía la hechicera, era muy popular y temible la cual realizaba maleficios, hechicerías y curanderías con estas mágicas algas que hacia traer de su tierra, utilisándolo especialmente en esta zona de Pallasca, en donde habitaba exigiéndoles comer por cantidades en forma molida para curarles sus enfermedades, se hizo muy conocida por la efectividad de sus trabajos de curación y maleficios en los pueblos de su región misional.  

 


ACUSACIONES DE HECHICERÍA EN EL VALLE DE TAUCA

Y PROVINCIA DE PALLASCA

En el valle de Tauca y a nivel del valle interandino de la que hoy es la Provincia de Pallasca, he analizado la documentación histrorica existente en los Archivos de la Regional de Ancash y he llegado a demostrar que no existen las acusaciones de hechicería o idolatría hasta la “segunda mitad del siglo XVII”, es decir, con mayor precisión podemos afirmar que hasta el año de 1550, existía familias de los antiguos hechiceros del Imperio a nivel de la Provincia pero no fueron denunciados por las autoridades como en otras zonas del país, que eran base fundamental de los caciques, gobernadores de los repartimientos de muchos lugares del País, esto eran causas de las tenciones y enfrentamientos entre ellos para reafirmar su autoridad.

En nuestra ruta del valle interndino de la que hoy es la Provincia de Pallasca, nunca obtuvo visita alguna de ninguna autoridad del virreynato, como lo tuvo el valle de Jauja, cuando el virrey Francisco de Toledo a comiensos de 1570, visitó el valle de Jauja, pero su “proyecto toledano fracasó” en la solución de estos sucesivos conflictos entre curacas.

 

En el caso de nuestra Provincia, cuando se enfermaba algun habitante del lugar, eran curados sus dolencias por las personas entendidas en el uso de la medicina natural o folklórica que practicaban los curanderos o los hechiceros, utilizando el poder curativo de las diversas plantas, yerbas y arbustos del lugar, como uno de las plantas que no faltaba en la práctica del curanderismo, hechisería y brujerías, era la hoja de la coca, aguardiente, cigarro o el tabaco; entre los animales se usaban el cuy para ser utilizado en la “sobada” o pasada por encima del cuerpo del enfermo, era como una radiografía para conocer a “ciencia cierta” los males que aquejaba al paciente, según la información histórica en aquellos tiempos existian diversidad de formas de curar a un enfermo de acuerdo a sus dolencias, como también para hacer daño al enemigo, tanto físicos como psiquicos, cuando un enfermo no sanaba con curas herbáceas, entonces acudían a los llamados “brujos”. La coca, aparte de servir para la chacchada en trabajos comunales o particulares, servia de oráculo para predecir o adivinar el tratamienrto a seguir, era pues una consultora imparcial e infalible, para muchos asuntos, como viajes, matrimonios, estudios, trabajo, etc. Hoy muchas canciones que se han compuesto sobre esta hoja de coca:

 

Hoja verde de la coca

humo blanco del cigarro

adivíname la suerte

compañera de la vida.

 

Hoja verde de la coca

humo blanco del cigarro

adivíname la suerte

si esta chica me quiere.

 

Nuestros ancestros padecieron muchas enfermedades letales como el paludismo y verruga, que cobró muchas vidas. Asimismo, el nacimiento del nuevo ser, durante el parto, fueron confiados a las señoras entendidas en la matería llamadas “comadronas”, que practicaron el “parto vertical”; con este método experimentado de esas señoras, predecesoras de las profesiones de obstetrices y médicos ginecólogos,(…) los de la provincia de Pallasca hemos llegado al mundo sin ningún problema; salvo de aquellos, por multiples causas nacieron muertos como sucede en muchos hospitales y postas. Lógicamente a falta de ciencia médica y medicamentos respectivos, muchos han fallecido tempranamente, por falta de intervención quirúgica por un profesional”. (Llamellín, Rosulo Reyes Espinoza, pag. 231 y 232).

 

Idolo Catequilla.- El cronista agustino Antonio de la Calancha en su obra “Crónicas Agustinianas del Perú” nos relata lo siguiente: “Cabana y Tauca de esta Provincia de Conchucos había un Ídolo celebrado así de los naturales como de los extranjeros y advenedizos llamado “Catequilla”, que era tradición, que por parte de este era de oro; éste era venerado y temido en toda aquella Provincia y al igual en la de Huamachuco donde tuvo su origen. Creció su nombre y extendió su fama (…) Pasó Tupac Inca Yupanqui por Huamachuco con un grueso ejercito, a castigar a un hermano suyo que se había revelado en Quito; convocó a todos los Sacerdotes y Sacerdotisas del Ídolo “Catequilla”, que daba de ordinario oráculos y respuestas, siendo el Demonio el que hablaba en el Ídolo. Tuvieron el ayuno, les ofrecieron el sacrificio, le dedicaron ofrendas, porque les dijese ¿si había de volver victorioso de aquella batalla o morir en ella? Respondió el Demonio en el ídolo: Que moriría sin decir cuando, ni sería vencedor o vencido; sucedió que murió en Quito, tierra que años antes el había fundado y conquistado, dejando por su Gobernador a su hermano a quien volvió a castigar; de esto ganó el gran nombre este ídolo (…) Entró en el reinado Huayna Cápac su hijo que estaba en el Cuzco y bajó a Quito visitando su Reino y pasó por Huamachuco; allí le dijeron, cómo aquel gran ídolo había anunciado a su padre la muerte a cuya causa era tan temido y adorado de todas las Provincias, de donde le venían a consultar y a ofrecer sacrificios, por lo cual estaba tan rico, que tenía un tempo muy suntuoso de piedra labrada…) se indignó tanto el Inca Huayna Cápac, de que a costa de su vida de su padre, hubiese granjeado tan extendidos aplausos y tan grande abundancia de riquezas, envidioso de tal grandeza, mandó poner fuego al templo y todas las riquezas de adorno y vasos del sacrificio. Los hechiceros y Sacerdotes movidos del amor de su ídolo, quisieron sacarle del incendio y tímidos del enojo del Inca temían el propio castigo. Pero venció el amor a los miedos, que la temeridad bárbara de los gentiles, mueve a precipitaciones desesperadas, hurtándoles este brío a la divinidad, que da valentía para emprender fuerzas y engendra resoluciones para conseguir hechos heroicos. Por entre llamas se arrojaron los falsos Sacerdotes (...) y rescataron (…) Sacaron de noche del pueblo de Huamachuco y le trajeron a Cabana pueblo de estos Conchucos donde le hicieron otro templo, y le presentaron muchos dones (…) Este ídolo, luego que entró el Padre Fray Hernando y Padre Pineda trataron de extinguirlo, y hurtando del templo lo escondieron: Amenazas no bastaron, ruegos no le descubrían, ni castigos aprovechaban. El Padre Josef dice (…), que el padre Fray Francisco Cano de quien hemos hablado, lo destruyó el ídolo, pero lo cierto es, que los indios del pueblo de Tauca hurtaron este ídolo, y que aunque se hicieron muchas diligencias para descubrirle en la visita, lo negaron siempre los viejos de Tauca, y que algunos que se hallaron más culpables lo trajeron a Lima, a esta cárcel llamada Santa Cruz. Todos los ídolos antiguos aniquilaron los Padres: Fray Hernando García, Fray Alonso de Espinosa, Fray Juan de Pineda, Fray Francisco Velásquez, Fray Marcos Pérez y Fray Miguel de Carmona, cada uno en sus pueblos (…)”.

 

En otro pasaje de su obra “Crónicas Agustinianas del Perú”, el agustino Antonio de la Calancha también nos relata: “que en pueblo de Tauca adoraban a los Duendes que ellos llamaban Huaraclla (Waraki) y que aparecía en el árbol de alisos junto al pueblo y sus adoradores oían sus voces. También fueron destruidos estos árboles por los mencionados frailes; pero al retoñar este árbol, nuevamente proseguían la creencia y adoración a este Duende y el árbol” (...) Prosigue relatando al respecto: ”como dice el Padre Pablo Josef en el Capitulo Segundo, hablando de este pueblo (Tauca) y de este punto, para que se advierta, que cuando se destruye un ídolo, no se le deje piedra viva, raíz, ni sus cenizas, ni (menos) vean los indios donde se echan (sus cenizas), que habiendo traído algunos ídolos y huesos a echarlos en este río de Lima (río Rimac), desde Huaylas, cincuenta leguas venían los indios y adoraban el puente de Lima en donde supieron se había echado (al ídolo o a su cenizas); así lo testifica el Padre Pablo Josef (…) y es sin duda lo que decía el Virrey Don Martín Enríquez, que los indios no solamente son unos, sino uno”.

(Nota.-sólo he corregido y he agregado algunas palabras en su ortografía y actualización gramatical, para hacer más comprensible su lectura).

 

“Asimismo, en este gran Valle (Conchucos), en aquellos tiempos tuvo gran arraigo el dios Wari (Huari). Este dios aparecía a los hombres de distintas formas de acuerdo a la ocasión: se convertía en hombre, en culebra, en viento, que recorría gobernando el mundo andino. Muchos lo confundieron con el gran dios “Kon”, aunque este último tenía más trascendencia y era adorado desde tiempos inmemoriales. También refieren que el dios “Huari”, como castigo a los hombres hizo llover en los Andes en forma torrencial que duró varías semanas causando grandes inundaciones, donde murieron mucha gente que vivían en partes bajas o valles y sólo se salvaron algunos hombres que se trasladaron a las cimas de los cerros, guareciéndose en las cuevas. Los Religiosos trabajaron arduamente para convertir a los indígenas a la religión cristiana (…)” iban haciendo Iglesias, bautizaban niños, catequizaban adultos, y a muchos que bautizaban, los veían después (a los indios) adorando los ídolos, volviéndolos a reducir (lo atraían al pueblo para evangelizarlo), y ellos (los indios) tomaban (lo volvían) a idolatrar; (de) igual a igual perseveraba y con un ganado daban por bien logradas sus fatigas y cobra (recobraban) tan mayores alientos sus deseos, buscándolos en sus borracheras (en los lugares en donde bebían chicha o licor), que éstas (borracheras) en ellos son (eran) cotidianos (costumbre de todos los días), se engrifaban (se molestaban) con los Religiosos, y como si fuera quitarles la vida, se armaban (resistían o rebelaban) defendiendo sus vicios, el traerlos a la Doctrina o a la Misa, era traerlos a la galera (castigo servir remando en una embarcación de guerra) o mazmorras (prisión subterránea) (…) ¡ OH ! cuánto padecieron estos primeros ministros y cuánto trabajaron en las primeras conquistas (…) Grandes batallas tuvieron estos ocho Religiosos y dichosas victorias alcanzaron en veinte y cinco años en ellos y otros que fueron a conversión les predicaron; y por que de algunos se hace (hacían) tratado (tratamiento) particular (…) y solo diré del Padre Fray Juan de Pineda, primer Ministro de los Conchucos, y último Prior de aquella Provincia (Pallasca)…”

 

HECHICERO VENIDO DEL NORTE.- Del norte vinieron dos grandes hechiceros al distrito de Pallasca, para realizar varias brujerías llamados Juan Cajamarca y Juan de la Cruz, ellos practicaban sus hechicerías en los lugares de las cuevas de los cerros y durante la noche, llevaban vastante hoja de coca y lo esparcian a su alrededor, roceado de la sagrada chicha, extendían una manta colorada, los brujos se amarraban un “llanto” en la caveza, danzaban alrededor de un bulto que contenía, “sango”, en una vasija de plata, una bolsa de huesos humanos, se vestian de pellejos de carnero, masticando la hoja de coca les decía que en caso de morir la persona velada y que pronunciaban su nombre, entoces la coca sea de gusto dulce y en caso de no morir entoces que el gusto de la coca debe ser amarga, estos brujos eran muy temidos en muchas partes del norte tanto en la costa como en los Andes centrales y del sur, por efectividad en la hechiceria en torno doméstico como también en la política y la magia alcanzaba al entorno curacal del centro de los Andes.(Archivo Arzobispal de Lima, leg.5,exp.21-1647-9v.-9lr.)  

 

HECHICERA DE JAUJA EN SUELO TAUQUINO.- De la villa minera de Huancavelica, ubicada al sur del valle del Mantaro, en la década de 1560, vino Fabián de Carranza, quién tenía poder para descubrir y donar vetas de minas además pertenecía a una compañía minera, (posteriormente su hijo Pedro de Carranza fue notario en el centro del Perú) a explorar las minas del suelo de Tauca, estuvo explorando más o menos por el termino de 26 años, desde que llegaron al suelo de Tauca en 1534, se construyeron las acequias para lavar el oro y la plata, se trazaron los caminos para transportar en acémilas, en uno de sus viajes a Huaraz y Jauja, se conoció con María de Chávez, hija de los primeros españoles residentes de Jauja, quién se había casado con un mercader de Huancavelica y el quien explotaba unas de las minas de ese lugar, cuando tomo conocimiento de las riquezas mineras que existían en Tauca, inmediatamente viajó a verificar, el fue el quien siguió dirigiendo la exploración de muchos lugares de la zona, inclusive amplió su actividad hacia los lugares de Llapo, Bambas, Yupán y Corongo, el sobrino exploró la zona norte de la provincia, la empresa alcanzó gran prestigio y renombre hacia las tierras de Conchucos, Recuay en Ancash y en la zona central del Perú.

 

Pero resulta, que la envidia se generó entre sus familiares residentes en Jauja por que alcanzó buenos dividendos, entonces, recurrieron a los servicios de hechiceros más famosas como a la madre de Agustina Gonzáles, contaba con una nieta que también era de la descendencia de la brujería, quien conocía a los padres biológicos de Juan Solso otro de los famosos hechiceros descendiente de los primeros españoles que habitaban en el centro del Perú, entonces la española Isabel Álvarez también solicito sus servicios para hacerla daño a Fabián de Carranza, por haber sido uno de sus hijas engañadas con un hijo y se negaba el reconocerlo, en vista de que la hechicería no le alcanzaba sus maleficios a la distancia; entonces acudieron al lugar se su residencia y la contrataron para traerlo a la más famosa hechicera llamada “Sebastiana de Chávez, una mestiza era hija natural de Juan Chávez y de la india Francisca Llucllamasa, famosos hechiceros del centro (..), “conocida como “La beata” vestía el hábito de la orden terciaria franciscana, como otras españolas o criollas del valle de Jauja” (Archivo Arzobispal de Lima, 1589, Hechicerías e Idolatrías, leg. 8, exp.2, 1589,f.135r-138r).

 

Hija de uno de los primeros españoles del lugar y al venir hacia el Norte, dejaba ver los efectos de sus trabajo de brujería, de quien todos sentían temor, cuando pasó por Huaraz, demostró su habilidad de brujería, una mujer embarazada no podía pasar el río Santa por el caudal de sus aguas, la miró y le dijo: “india cierra tus ojos y corre mordiendo tu pañuelo, hasta que yo te diga que lo abras”, pero la india antes quiso ver por curiosidad y cayo fuertemente de pecho sobre la otra orilla del río, al verla retorciéndose de dolor por la caída, le dijo: “no dudes siéntate y no te dolerá”, efectivamente la india se sentó y dejó de llorar; la gente quedó sorprendida. Otra manifestación de poder sobrenatural lo demostró casi al llegar a las inmediaciones de Corongo, unas vacas le cruzó el camino, con propósito de envestirla, pero bastó que le soplara y las vacas bravas desaparecieron del camino, convirtiéndose en palomas voladoras.

 

Cuando caminaba parecía que lo hacia sobre el suelo sin rozar el hábito y no tenía sed ni hambre, menos cansancio, era sorprendente”. Cuando llegó al suelo de Tauca, con sus acompañantes se quedó en las orillas del campamento, el ruido que producia el idolo “Katequilla” debajo de la tierra todavía se escuchaba, “como fuertes bramidos de toro desbocado que infundía temor en la gente del valle que le escuchaba, por que cada bramido deslizaba las partes movedizas de la lomada de Angovillca”, la bruja un poco fastidiada “preguntó que cosa era y porque no se callaba”; entonces la gente le contaron la historia pasada del codiciado Idolo de oro, que para no ser llevado a Lima por los frayles, la ocultaron en la cueva trabajada por los primeros españoles que llegaron al lugar; comprendiendo todo la bruja les dijo “no preocuparse yo lo soluciono estos bramidos”; pero antes con voz firme, a sus acompañantes le “mandó llamar a la mujer ofendida y le preguntó si quería ver en persona al ofensor el padre de su hijo y élla con odio le respondió, que prefería ver a su prometido padre de su hijo bajo tierra”; entonces, era de mañana, la bruja de hábito: respiró profundamente todo el aire del valle y luego con sus ojos azules “sobre pasó con la endurecida mirada los cerros y alzó con fuerza los dos brazos con las manos sueltas sobre el aire, pronunciando palabras no comprendidas”; pero, que a medida que bajaba los brazos, “todo el lugar temblaba como temblor, la lomada de (Angovillca) se macisaba y se endurecia en si misma, dejando de deslizarse en su estructura y así mismo, “el bramido constante del idolo “Katequilla” que salia desde la profundidad por la boca de la cueva enterrada, dejaba paulatinamente de producir el bramido, convertido en un silencioso cúmulo de neblina, que se perdía deslizada entre sus peñascos que rodeaba sobre la boca antigua de la cueva minada.

 

Y al observar por el otro lado, que apresurado se escapaba el jóven prometido de la jóven mujer, padre de su hijo, conjuntamente con su familia, por las inmediaciones del lugar; fue  entonces, que con una mirada lejana, logró localizarlo antes de que descendiera al otro lado de la loma, para no ser vista ni alcanzada; pero lastimosamente que el poder maléfico de la bruja le dio alcance, quedando irremediablemente “petrificado el ofensor, con todo su familia, convertida en una piedra porosa, en cuanto trataban de huir por el cruce de dos caminos del lugar”, la “piedra quedó humeando de su calentura fugaz en el mismo lugar, imperfectamente moldeada y el campo se abrió de sosiego ante la vista y paciencia de todas las personas que se encontraban en el campamento del estrategico paraje”; la famosa bruja del centro del Perú, “sacudió su hábito característico, sin aceptar potaje alguno, arregló sus pertenencias traidas, no aceptó la posada ofrecida, tampoco el agradecimiento por su jamás vista actuación en público y solamente pronunció: “que agradezcan a Dios, por ser su sierva”, quería decir, que Dios le había concedido el poder sobrenatural de hacer las cosas conforme a su voluntad, inmediatamente dispuso su retorno del lugar, por el mismo sitio de entrada, por donde arribó; pero, antes pronunció estas palabras “el anciado y precioso ídolo de oro, nunca lo encontrarán menos bramará, se quedará para siempre bajo tierra”. Y a la jóven mujer que no salia de su sopresa le dijo: “se ha hecho justicia”, “cada vez que paces por junto a esa piedra, deposita sobre ella otra pequeña, como un gesto de caridad y para que sus males no te alcance”, quería decir, para que las energías negativas no fluyan ni menos le persiga, dejando otra piedra pequeña sobre élla, la devolvía en positiva, para presagiarle la buena suerte.  La estadía de la famosa bruja, fue pocas horas en el territorio de Tauca.

 

El Padre Fray Juan Bautista Dávila, de ese entonces la “creyo peligrosa y salió en defensa de la poca gente que existia, con el crucifijo en mano, levantado en alto, la rechazaba su actitud temeraria, pronunciando oraciones e invocando a Dios, enfatizando “que retire al demonio”, “que ampare a los hijos de Dios”, “que los libre del mal, de las acciones satanicas” y otras tantas expreciones de la fe cristiana. El pueblo se aglomeraba, por estas manifestaciones sobrenaturales jamás vistas, la genta se contagiaba con la crisis del susto que sufrían. La famosa bruja del centro, comprendiendo de no ser grata su visita, menos de su poder sobrenatural decidió luego, con sus dos acompañantes emprender su regreso, con dirección a Corongo, para luego regresar a la sierra central del país. (Archivo Regional de Junín-1584, Protocolos, f.460).

 

Hasta ese entonces, fue la primera visita de una poderosa hechicera que estuvo en el suelo del nuevo nombre de Tauca. La gente del campamento no se explicaban: porque ni quien había promovido este extraño acontecer, ante la sorpresa de la poca gente del campamento el Padre Fray Juan Bautista Dávila, acudió a su auxilio y en vista de que el montículo de piedra se iba enfriando, no parecia un acto de hechicería, sino como los efectos de un rayo en pleno día, no fue posible el rescate de los restos de la familia calcinada, solamente el Fraile se limitó a plantar una cruz a la altura de la boca de la cueva minada, exactamente en donde se extinguia el humo que formaba el cúmulo de neblina, en el mismo lugar en donde se apagaba el humo, siendo testigos presenciales la gente que los rodeaba; convertiéndose en un lugar sagrado de adoración, en donde la gente acudía permanentemente llevando ramos de flores. Dando lugar a que posteriormente se construyera una capilla pintada de yezo color blanco, como testimonio del hecho histórico sucedido, dándole un significado evangélico de la fe católica, se dispuso que desde esta significativa capilla se haga la entrada de Jesuscristo al pueblo, todos los años de este lugar parte Jesucristo montado en su burro blanco, significando el Domingo de Ramos, pues a traves de los años adquirido mayor importancia religiosa. Actualmente se construyó una capilla más amplia con mejor fachada, integrandose a la fe cristiana.

 

En el caso, de la piedra porosa e inperfecta, podemos deducir por sus caraterísticas se le demonina la “piedra del rollo”, se ordenó que la gente se retirara del lugar hasta que se enfriara de su calor calcinante la piedra enrollada en si misma, el Padre Fray Juan Bautista Dávila, solo atinó ha ordenar al pueblo que se preserve como para bendecir en nombre de Dios y alejar el mal que le ha producido el demonio y se convierta en obra del Creador de la naturaleza, para ser camino de la felicidad del pueblo.

 

 

 

 
 

  Reliquia tradicional de la creencia popular

 

CURANDERA EN HUALALAY DISTRITO DE TAUCA.- Existia una viejita curandera llamada Benedita Alejos, vivia en su posada del lugar  Cuyumalca junto al cerro de Llactabamba dentro de la jurisdicción de Hualalay; pues su mano era un verdadero termómetro y tan solo con ponersela sobre la frente del paciente rapidamente asintía con un movimiento de cabeza el grado de temperatura o fiebre que tenía el niño o la persona adulta, lo diagnosticaba inmediato y les decía si tenía “mal de ojo”, o porque el cuerpo del paciente quemaba como candela, guardaba en un sitio preferencial su fardel o talego con medicamentos y les daba un jarro de agua tibia, cogía unos cinco granos de maíz negro, otro tanto de blanco,  y unos cuantos de trigo que no pasaba de la media docena, les tiraba de distancia a su boca y les comensaba a triturar con los dientes, hasta convertirlo en una pasta gris, con las masticadas y el calor de la boca les habia calentado la masa, luego de untarle en la frente, las sienes, procedía rápidamente pasando por sobre el estómago, sus extremidades brazos, caderas, canillas, el ombligo. Posteriormente con un huevo del día o recien ovado por la gallina, le hacia una cruz en el aire, luego la sobaba desde la cabeza sin dejar sitio alguno hasta terminar en la punta de los pies, pronunciando oraciones y pidiendo a Dios que sus bendiciones derrame sobre el paciente para mejorarse, inmediatamente el huevo era roto y vertido su contenido en un plato, de cuya clara se advertía aflorar un globo que la demonizaba el “ojo blanco”, esto significaba de haberse sacado o extraído el “mal ojo”, la persona o el niño poco a poco los dolores del estomago o las nauceas o el llanto le iba calmando hasta dormirse, antes le pasaba por la frente agua bendita entonces en forma de cruz, aplicándole  una sobada con hojas de ruda y si tenía agua de ruda una a dos hisopadas en la cabeza del paciente, según la experiencia de la curandera el paciente se había curado de la enfermedad. La curandera les advertía que no se expongan a miradas malignas y que a los niños se les coloque una cinta roja en la muñeca del brado izquierdo, para librarse de los males de terceros.     

 

RELIGIÓN ANDINA RURAL.- “Juan Camac, indio tullido del pueblo de Jauja, soltero y de veintidós años, trabajaba en equipo al momento de curar. Su ayudante era nada menos que el Apóstol Santiago, Juan relató con mucha naturalidad al visitador cómo había invocado al apóstol durante una sesión a media noche: “Padre mío Santiago ven por cerros por laderas y despeñaderos a descansar a esta tu casa con los resplandores y bizarrías con que vienes siempre”(Juan Camac no hablaba español, por lo que sus declaraciones fueron traducidas del quechua). Llegado el apóstol, “resplandeciente como oropel y ruido de cascabeles”, Juan le preguntó si la enferma a quien atendía sanaría finalmente. Santiago le respondió que “ya le había dicho el modo de curar” y luego partió. Intrigado por las declaraciones del hechicero, el visitador preguntó a Camac cómo había trabado “amistad” con Santiago. El hechicero le contó que un indio de Huamanga, compadeciéndose de su tullimiento, le había mostrado cómo llamarlo para que le enseñara cómo curar y hallar cosas perdidas -dos campos profesionales con mucha demanda- . Quizá sin prever la sentencia que luego recaería sobre él, Juan describió su primer encuentro con cierto detalle. (Archivo Arzobispal de Lima, Hechicerías e Idolatrías, leg. 5, exp. 8, f.139 v. y ss.).

 

“Muchas cosas se podrían decir en torno de Juan Camac y el Apóstol Santiago: el “resplandor” y los cascabeles en relación con el rayo y el trueno –la divinidad “Illapa” prehispánica- , las características “observables” de la aparición y su analogía con la manera como otras divinidades típicamente andinas se mostraban a los hombres (..), el hecho de que Juan fuera “tullido” –característica que lo asemejaba a otros hombres que gozaban del privilegio del contacto con lo sagrado- , los mecanismos de transmisión de los conocimientos entre hechiceros y, finalmente, la compleja parafernalia de los mismos para invocar, curar y hallar cosas perdidas. Por ahora, basta destacar la armonía que se desprende de las declaraciones de Juan Camac respecto de la ayuda sobrenatural que recibía de Santiago –una figura típica de la devoción popular española- (...) y su clara conjunción con elementos provenientes de una tradición andina más antigua –cuyes, maíz y coca- . A ojos de los contemporáneos, que el apóstol le tendiera una mano a Juan Camac contribuía a la reputación de este como un eficaz hechicero. Juan declaró ante un visitador incrédulo y poco propenso a “intervenir” en las declaraciones de los acusados”.

 

Es necesario conocer quien fue el Apóstol Santiago, según datos bíblicos nos dice que Jeús se encontraba caminando por la ribera del mar de Galilea, conoció a los hermanos pescadores Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, seguidores de Jesús, para diferenciarlo le llamaba Santiago el Mayor y Santiago el Menor o Alfeo. Santiago era un jóven Hebreo por ser activo y decidido le llamban “el hijo del trueno”, después de la crucifixión de Jesús permaneció en Jerusalén, como Apóstol se embarcó hacia la península Ibérica (España) predicando la doctrina evangélica de Cristo, en ese tiempo se encontraba dominado por paganos del Imperio Romano. En año 44 regresó a Jerusalén, la persecución continuaba, Herodes Agripa, nieto de Herodes El Grande, mandó decapitar a Santiago el Mayor, sus discípulos Atanasio y Teodoro, desde Jafa llevaron su cuerpo en una barca hasta llegar a Flavio (Padrón), de aquí en una carreta jalada por una yunta de toros lo trasladaron al monte “Liberum donum”, (Compostela), en donde sepultaron al Apóstol Santiago. En el año 810, trataron de ubicar su sepultura, un ermitaño vio una estrella que reflejaba e indicó al párroco el lugar, en donde hallaron el cadáver del Apóstol Santiago. En el siglo IX, Alfonso II El Grande, construyó una Basílica, llamando a la zona Compostela.        

 

En realidad en los pueblos rurales del valle de Mantaro los Frayles dominicos trataron de implantar las costumbres españolas con respecto a la imagen la hicieron su patrón del pueblo como por ejemplo en el pueblo de Sapallanga, en donde existian grandes cantidades de ganado, en cuanto terminaron aparentemente las guerras civiles entre los españoles, acostumbraron a los indios reunires en los campos un día antes del 25 de Julio, en las visperas de conmemorarse el día de “Santiago”, los curacas de ese tiempo durante estas fiestas repartían a la población asistente, mates de chicha mesclado con agua ardiente de los cañaverales, asi como también potajes preparados en los campos, pachamancas, patasca y huevos batidos como ponches, al dia siguiente o sea el día de la proseción en el pueblo bailaban grupos danzantes y todo el pueblo, ante la imagen del apóstol Santiago, los grupos hacen sonar las “tinyas” (pequeños tamborcitos), que al son de la musíca bailan, los indios mastican la hoja de coca, reparten muchas flores sivestres traidas de las alturas, llamadas “wilawila”, “cuchichupán”, crecen en las punas; al día siguiente marcan al ganado de los dueños de los obrajes o hacendados, con hilos o cintas de colores, para diferenciarse de los demás ganados de otros obrajes, estas actividades las realizan con musica, solista o en conjunto, que pueden ser saxos, clarinetes, violínes, y arpas, el “Taita Shanti”, que viene hacer el apóstol Santiago, conocido en todo el valle del Mantaro, como un santo varón, no solo en este lugar sino que alcanzado gran popularidad en los pueblos andinos del centro, los sacerdotes presidían las procesiones y les bendecian a todos sus ganados, para multiplicarse y que no enfermen, para esto acostumbran el ritual llamado “la herranza” o la “señalacuy” (acto de marcar el ganado con cintas o hilos de colores, cada curaca tenía su color determinado que nadie podía usar sin su permiso), en este acto la gente piden a los “apus o wamanis”, que eran sus dioses prehistóricos, que asociaban con esta festividad, que llegaban al extremo de acudir a los cementerios para recordar a los difuntos con alegría, porque piensan que se encuentran bajo la protección del Santo, es una costumbre muy arraigada en estos pueblos, que creen en la inmortalidad, la música preferida es el ritmo llamado “shakatán” consiste en un sapateo acompañado de un “guapeo wanka”, en el cual las mujeres le dicen palabras desafiantes como “ya no puedes”, “ya no jalan”, “ya no sirves”, “ya no suben”, acompañados de silbidos y continuas carcajadas de ¡ajajay! o de ¡ayayay!, tienen el propósito de alentador a los hombres; ésta costumbre pastoril se ha enraizado en la zona del centro del Perú.        

 

“Otros casos también muestran la fusión de elementos de distintas tradiciones hasta el punto de hacerse casi indistinguibles -¿lo eran en la mente de los creyentes?-. Destaca el caso de María de la Cruz y de Agustina Gonzáles. A ambas se les acusó de querer atraer el amor con un muñeco de sebo combinado con los cabellos de la víctima –llamado “huacanqui” en la documentación de la época- . Estando presa, una de las hechiceras le confesó a una mujer española cómo deshacer el “huacanqui”. La hechicera dijo que los cabellos estaban atados con una cinta verde, “La cual dijo que estaba añudada que llaman en la lengua general “Ynsisca”. Para deshacer el nudo de amor, era preciso usar una medalla de la Virgen de Copacabana –que la hechicera guardaba en su pecho-, a la cual se le debía prender una vela. Adicionalmente, había que proveerse de los algodones con que ungían la imagen de Cristo durante el Viernes Santo, pero “después del descendimiento”. Con dichos algodones había que tocar el lienzo de la Santísima Trinidad y, tras esta acción, en ellos se pegaría el “polvo” del lienzo. Luego de remojar los algodones en agua, había que dar a beber el líquido al amante embrujado para deshacer el hechizo. (Archivo Arzobispal de Lima, Hechicerías e Idolatrías, leg.5, exp. 8, f.360r, 362r.).

 

“El contrahechizo era, en este caso muy complejo. ¿De quién aprendió la hechicera indígena tales remedios para los males de amor, los mismos que incluían el recurso a los poderes de Cristo y de la Trinidad? La documentación no permite responder concluyentemente a esta pregunta, pero se puede sugerir que, en su esquema básico, el contrahechizo se trasmitió, al menos parcialmente, desde España hacia América a través de la devoción cristiana popular”. (..) “el uso, con fines curativos, del aceite de las lámparas que alumbraban el santuario de Monsalud (provincia de Guadalajara). En Monsalud se elaboraba un “pan bendito” cuyas virtudes sanadoras se activaban al ser untado con dicho aceite. El remedio de Agustina Gonzáles fue escuchado por una española y una india; ambas parecían concordar en que su efectividad estaba fuera de dudas”.

 

“Antes que prestar elementos que pudiéramos atribuir claramente a una religión “indígena” organizada, los expedientes de Jauja contienen más bien prácticas mágico-religiosas “mestizas” de corte popular. Así, si se compara la región de Jauja con otras zonas del virreinato del Perú, se le puede caracterizar como una sociedad intermedia, una “zona puente”(..). Jauja se ubica en algún punto del espectro que cubre desde lo que otros investigadores han identificado como la brujería mestiza urbana de Lima o de la costa norte, hasta aquello que se conoce sobre la brujería rural, más “indígena”, de zonas como Cajatambo o Huarochirí”. “La práctica de la hechicería era un oficio rentable y una fuente alternativa de prestigio para determinados indios del común. Algunos hechiceros no siempre fueron identificados como “indígenas”, contando entre sus clientes a miembros de otros grupos sociales que confiaban en la eficacia de sus poderes, mestizos por naturaleza. Se trataba de personajes tenidos en gran estima. Sus hechizos imbricaban o sobrepuestas unas en otras, de manera muy compleja, tradiciones nativas y peninsulares”.(José Carlos de la Puente Luna-2007, Los curacas hechiceros de Jauja, pág. 85-86-87).                      

    

“La experiencia de Juan Camac no era única en su tipo. Agustina Gonzáles, también hechicera de Jauja, pidió a una paciente que cortara un poco de cabello con el fin de curarla. Agustina dijo que lo pondría a los pies de una imagen de Santa Elena, alumbrando los cabellos con una vela de cera. El licenciado Juan Balbín denunció al visitador de la idolatría que en una ocasión, mientras se desempeñaba como cura interino de Santiago de Chongos, echó de menos la estatua de La Muerte que se guardaba en la sacristía, junto con otros objetos empleados en la celebración de la Semana Santa. Balbín pudo averiguar cómo los indios los tomaban de continuo y los llevaban a sus casas. En especial, se enteró de que Agustina Gonzáles, hechicera, había hecho lo propio y puesto delante de la estatua un paño negro y dos velas”.  (Archivo Arzobispal de Lima, Hechicerías e Idolatrías, leg. 5, exp.8, f.288v, 322r.) 

 

CAPITULO  X

FUNDACIONES DE PUEBLOS EN LA PROVINCIA DE PALLASCA

 

Fundación de ciudades en los territorios de ultramar.- En la época colonial, el proceso de “Reducción de indignas” comenzó en época del Virrey don Andrés Hurtado de Mendoza Marqués de Cañete. En cuanto la Corona Española tomo conocimiento de la fundación de ciudades en los territorios de ultramar por los conquistadores el Rey Felipe II, mediante Real Cedula  del 28 de diciembre de 1569, dispuso la continuidad de la fundación de nuevos pueblos, llegando al Perú a fines del año de 1570, el Virrey don Francisco de Toledo, ordenó su cumplimiento a “partir de los primeros meses de 1571, iniciándose en la Región de Huánuco, con proyección a los valles del Mantaro, Huaylas y Conchucos, hasta las zonas de Huacrachuco y Huamachuco”(Historia de la Antigua Villa de San Sebastián de Huaraz, de Santiago Matos Colchado).

 

En 1571, “entraron en Conchucos los religiosos de la O.S.A a predicar los Santos Evangelios a los seis mayores pueblos llamados San Juan de Pallasca, Santo Domingo de Tauca, San Pedro y San Pablo de Piscobamba, San Pedro de Corongo, San Agustín de Huandoval y Apóstol Santiago de Cabana: Pa. Fr. Juan de Pineda, Primer Ministro Vicario de Pallasca, sabía bien la lengua general del Perú, P. fr. Francisco Velásquez Vicario de San Juan de Sillabamba, P. fr. Miguel de Carmona, quien trajo el mayor tesoro de santas reliquias que ha tenido el Perú, concedidos por el Papa Gregorio XIII, a quien pide para las iglesias del Perú jubileos, reliquias y privilegios. Estando el Santo Padre con dolor de quijada y muelas, le sugirió para su curación la yerba peruana del tabaco. “Estos ocho ministros capitanes del Evangelio, cada uno Alférez del estandarte y la bandera de la Cruz, acometieron la trabajosa empresa” (Antonio de la Calancha-638) (Cronología breve de Corongo, Arcángel De la Cruz Peláez).

 

Mediante “Las Ordenanzas de Toledo” se designó comisiones de visitadores conformados por españoles civiles, militares y sacerdotes, en otros fueron mixtos; para la Región Huánuco, a la que perteneció inicialmente los Conchucos y Huaylas, el Visitador General oficial fue el español Capitán de Caballería don Alonso de Santoyo, integrado por un representante de la Iglesia Católica, el sacerdote Bartolomé Martínez, acreditado por el Obispado de Lima con titulo de “Visitador Eclesiástico”, ambos partieron de la ciudad de Huánuco a mediados de 1572, todo el año recorrieron las cuencas altas del Mantaro, Perené, Huallaga y Marañón, continuando por la Región de los Conchucos fundando los pueblos de Llata, Huánucopampa, Uco, Llamellín, Huari, San Luis, Piscobamba, Corongo, Pallasca, La Pampa y muchos otros poblados de menor rango, “mediante la modalidad de reducciones de indios con carácter obligatorio”(Santiago Matos Colchado).       

 

El Padre Antonio de la Calancha, agustino (1638), nos grafica la situación de los indios antes de producirse las Reducciones: “Solo algunos pueblos, cabezas de provincias, estaban en forma de población hasta que el Virrey Marqués de Cañete don Andrés Hurtado hizo algunas Reducciones de familias esparcidas y fueron pocas, porque duró su gobierno poco más de un año…Los demás indios habitaban en los campos, quebradas, retiros y montañas, diez en esta parte y veinte en aquella, sin pueblo, sin templo y sin adoctrinamiento propio. Andaban los Religiosos de las Ordenes de familia en familia, buscándolos en quebradas y en los montes, predicando hoy en ésta, mañana en aquella, pasando insoportables trabajos, por no tener casa en que vivir y que a veces les faltaba albergue en que descansar”. “A mediados del siglo XVI, el Virrey del Perú don Francisco de Toledo, después de recorrer y conocer mejor la realidad de la población virreynal, dictó una Ordenanza llamada “REDUCCIÓN DE INDIOS”, mediante la cual se obligó a reducirse en pueblos la masa indígena dispersa, con la finalidad de facilitar su evangelización, catequización, suministrar sacramentos y establecer censos que permitan un mejor control para hacer efectivo el cobro de tributos que estaban obligados hacerlo y de esta manera tener un control  e impedir que continúen con prácticas de tradiciones incas, y consideraron que era un peligro para la estabilidad y seguridad del sistema colonial; reducidos en un solo lugar podría ser controlado todo su actividad, vivienda, etc. y mas fácil para utilizarlos en trabajos personales en beneficio del encomendero sin paga o ser enviados a los obrajes y minas”(Ucrania Peruana LLamellin de Rosulo F.Reyes Espinoza, pág. 59 y 60).

 

Agusto Alba Herrera en su obra Reseña Histórica de Ancash, nos relata una serie de corregimientos de Conchucos y nos asevera que los pueblos del Departamento de Ancash “frueron fundados por el sistema de reducciones entre 1572 a 1573, es decir eran pueblos para indios donde sería fácil adoctrinarlos y cobrarles tributo”.

 

“Para la fundación de la ciudad de Huaraz, los visitadores tuvieron  que cumplir las siguientes disposiciones: Facilitar el adoctrinamiento de los indios en la santa fe católica para que con más comodidad se les pueda suministrar los sacramentos “y sean mantenidos en justicia y vivan políticamente como personas de razón y como los demás vasallos de su Majestad”. Para cuyo efecto se dispuso “que los indios que viven dispersos y derramados, se reduzcan en pueblos en trazado y orden, en partes sanas y buen templo. Sin embargo los verdaderos objetivos fueron: 1).- Que estando la población indígena distribuida por todo el territorio en sus respectivos ayllus, dificultaba el cobro del tributo; y 2).- Que la presencia de los ayllus permite que las tradiciones incas se mantuvieran vigentes, constituyendo un peligro para el sistema colonial. Teniendo en consideración estas recomendaciones irreversibles emanadas de la autoridad virreinal en mérito a la Real Cédula del 28 de diciembre  de 1569, Alonso de Santoyo Valverde decidió fundar un solo pueblo en base a los asientos de las dos encomiendas Huaraz y Llaguarás (…) como para que pueda ser sede de una nueva administración política regional del Virreinato, independientemente la de León de Huánuco, que ya había sido reducida con anterioridad. Después de un previo reconocimiento y estudio de la zona (...) verificando personalmente las ventajas que ofrecía el lugar para la fundación de acuerdo a los objetivos a futuro, Alonso de Santoyo Valverde procedió a la medición a cordel y el trazado de calles rectas, aunque estrechas; el sitio que debía de ocupar la Plaza de Armas, el templo principal y el cementerio hacia el oriente de la plaza. La Casa del Cabildo (Municipio), el Tambo (mercado) y la cárcel hacia lado occidente. Asimismo (…) los barrios (...) debía estar separados por una calle principal denominada “Calle Real”…Las calles fueron trazadas de Este a Oeste  y de Norte a Sur, siguiendo el curso del río Quilcay y los de Este a Oeste. La ceremonia de fundación del pueblo, fue producida en la fecha festiva del patrón San Sebastián, el 20 de enero de 1574 con una misa celebrada por el Visitador Eclesiástico y el Párroco del lugar, en el mismo sitio que más tarde fuera edificado la Iglesia Matriz. El reparto de solares se hizo…auténticos nativos del lugar, después a los forasteros, por último a los habitantes de las punas y dedicados al pastoreo. Pasado algunos dias y concluido el reparto de solares, los fundadores procedieron a la designación del primer Cabildo de Indios de la Doctrina de Huaraz (…) había resistencia en los ayllus (…) por temor a perder el dominio de sus tierras de cultivo y pastizales para sus ganados al trasladarse a muy lejos de sus viviendas. En las instrucciones impuestas por el Virrey Francisco de Toledo, la amenaza de utilizar la fuerza a los que se resistieran a cumplir el mandato, a los que les otorgaron un breve término a cada indio de la repartición (pueblo)para que pasasen a vivir y morar en los pueblos en donde mandó reducir, apercibiéndoles que pasado el término se les derribaría las casas antiguas y serían castigados, dando encargo a los caciques principales para que les hagan pasar y edificar sus casas dentro de dicho término, bajo pena de suspensión de sus derechos de cacicazgos”. Este era el estilo que los españoles utilizaron para fundar ciudades y pueblos en el Perú, en cumplimiento de una orden real y virreinal.”(Huaylas y Conchucos en la Historia Regional, Santiago Matos Colchado)(Ucrania Peruana, R. Reyes Espinoza, pág. 60, 61,62)               

  

FUNDACION DEL PUEBLO DE  TAUCA

En los archivos de la Iglesia de Tauca se han conservado los bandos cristianos o parroquiales y el acta en viejos papeles sin darles importancia de su valor histórico, pues aquí transcribo el texto integro del bando cristiano, ordenado por el Padre Fray Juan Bautista Dávila y pregonado por el antiguo sacristán Gregorio Torres, llamando a los habitantes de ese entonces a celebrarse una misa previa a la ceremonia de fundación del pueblo; así como también el texto original del acta de fundación, procedente de los archivos de la Iglesia de Tauca, transferido al Concejo Municipal mediante el Oficio Parroquial Nº 003 de fecha 24 de noviembre de 1899, firmado por el mismo sacerdote, de ese entonces, al Consejo Municipal de Tauca, en cuyo texto se decía: “Señor Alcalde.- Este Ministerio Santo dando cumplimiento a leyes y al deseo más rendidos del primer Excelentísimo Obispo Monseñor Francisco Salas Soto de la Diócesis de Huaraz y a los de otra suerte desearían los vecinos de este pueblo, remito tan merecidos documentos hallados en el archivo parroquial que mayor pedido le corresponden a su autoridad, no es crecida las espensas ni el concurso de feligreses para conservar, he tomado la acertada idea de alcanzar a su Municipalidad, que será el mejor consuelo espiritual para su archivo y conservación.- Mayor honra y gloria suya que guarde.- P. Luis J. Ángeles”. Sin embargo, en cuanto el Alcalde de ese entonces recibió el oficio parroquial, adjunto a dos cajones de cartón amarrados con “huasquilla” (soga delgada de penca) conteniendo diversos amarilleados y apolillados documentos, maltratados y en total desordenamiento, sin la menor importancia alguna ordenó que la guardarán debajo del anaquel de los “archivos municipales”, que tenía la Municipalidad, en éste lugar, tal como llegó reposó intacto ésta documentación por varias décadas; sin que nadie se preocupara de la valiosa información que guardaba éstos envejecidos cartones, en la parte exterior de la caja más grande con letras grandes se leía “Caja de Depósitos y Consignaciones” y la caja mediana era enbase de “leche gloria” de esa época; como ya lo hemos explicado en la parte de la introducción de este libro; pues en uno de estos cartones se guardaban entre otros tantos viejos documentos los que transcribo literalmente, dejando aclarado que se ha respetado la redacción original del acta, solamente se ha agregado entre paréntesis algunas definiciones y correcciones de palabras, para hacerse más entendible.

 

BANDO PARROQUIAL.- “Bando Parroquial, urgente, urgente, se llama a todos los habitantes del valle y de los alrededores a reunirse en la falda de Caquia, junto a la cantera en donde se ha plantado un tronco de sauco, el día 16 de Mayo del presente, a horas 10.30 de la mañana, en donde se realizará la Santa Misa por el Visitador Eclesiástico don Bartolomé Martínez, previo a la ceremonia de fundación del pueblo de Santo Domingo, después del acto litúrgico y de la ceremonia se ofrecerá a la comitiva visitante, algún potaje del lugar, como papas con ají, cancha, ocas, tamales y chicha, que serán preparadas por las señoras integrantes del rezo del Santo Rosario; se pide a los oyentes no faltar a esta importante ceremonia, siendo obligatoria sus presencias, por tratarse de un acto de interés comunal”, firmado por el Padre Fray Juan Bautista Dávila, cura de la Parroquia.

 

ACTA DE FUNDACIÓN

“Acta de Fundación del pueblo de Santo Domingo de Tauca.- Mayo 16 de 1573.- En el nombre de Dios Nuestro Señor y de la Virgen Santísima María, el Capitán Alonso de Santoyo, Visitador General de los pueblos de Huánuco, Huaylas y Conchucos, en compañía del Visitador Eclesiástico don Bartolomé Martínez; en cumplimiento de la misión encomendada por su Majestad el Virrey del Perú don Francisco de Toledo, en Audiencia pública del lugar de Santo Domingo de Tauca. Por cuanto, en presencia de los moradores de españoles, mestizos e indios de la juredicción (jurisdicción) del valle, convocados como bien público, en uso de sacramentos, doctrina espiritual y administración de la real justicia, conviene mucho poblarse de indios, por ser sitio muy cómodo de estaciones, días templados y noches suaves, no hay vientos impetuosos, sus tierras aledañas producen abundante comida, maíz, trigo, cebada, alverjas, leña, semillas y agua para el sustento de la vida humana, amén de pasto para el ganado, suplican hacer dicha población, con varios número de testigos y por mi visto con los demás tocantes, teniendo consideración a lo susodicho; por lo cual, en nombre de su Majestad, por los poderes y comisión de su persona Real tenemos licencia, para señalar por sitio con el favor de Dios, con espada en alta de la Real justicia, frente al Crucifico DECLARO FUNDADO el pueblo Santo Domingo de TAUCA, bajo la advocación de Santo Domingo de Guzmán, para ello os mando y hago entrega, en su contorno derramados que obligados acudir a la dicha población, se reduzcan y pueblen en la parte y sitio donde estén más cómodas y aparejadas, tomando las necesarias para este efecto, en otras cómodas y realengas (amplias), siendo ansí (a sí) que el bien común se debe preferir al particular y en ellas acomodaréis a los pobladores por el mejor orden y manera que os pareciere convenir, señalando solares y sitios donde puedan hacer y edificar sus casas de vivienda y primero y antes todas cosas el sitio conveniente para la iglesia mayor, casa del Cabildo (Municipio), cárcel, plaza, tambo (mercado) y cementerio, todo ello en forma de pueblo y con buen orden, le señalaréis y amojonaréis por términos y juredición (jurisdicción); para que agora (ahora) y de aquí en adelante, entre tanto como pueblo, la difieran y amparen en justicia del beneficio de molino, hornos de teja y ladrillo y calera (horno donde se calcina la piedra caliza) para el servicio de la población, daréis título de los solares que repartiereis a las personas y por la misma forma señalaréis a los indios que hubieren de acudir por el orden que yo diere a servir a la población, para que de esta manera vaya siempre en adelante y en aumento y no a menos; proveyendo y ordenando en todo, posesión y otros actos que habéis de hacer, lo que más os pareciere convenir y se acostumbra y suele hacer en semejantes poblaciones; luego nombraréis Alcalde y Regidores, y los demás oficiales (gobernador sustituia al comisario de policía del pueblo) que son necesarios para la administración de la justicia y buen gobierno de la población, guardando en todo de esta condición, sin llevar por ello salario alguno; tocante a la población compeliéndole a ello por todo rigor de derecho y procedáis en todo lo que aquí se os encargo y mando, os doy poder tan bastante cual de derecho en tal caso se requiere, con libre y general administración, mando a todas y cualesquier jueces y justicias y a las demás personas de cualquier calidad, estado y condición que sean, no vayan ni vengan contra la forma de esta mi Provisión en manera alguna, ni por ninguna causa ni razón que sea, para la execución (ejecución) de ella os den y hagan dar todo el favor y ayuda que el pueblo les pidiereis, so las penas que en nombre de Su Majestad, en que desde luego les doy por condenados lo contrario.- Dada en Santo Domingo de Tauca, a los 16 días del mes de Mayo de 1573 años”. -

 

Firmados por: “el Capitán de Caballería don Alonso de Santoyo (Valverde), Visitador General de los pueblos de Huánuco, Huaylas y Conchucos, representante del Virrey del Perú y como representante de la Iglesia Católica el sacerdote don Bartolomé Martínez, acreditado por el Obispo de Lima, con el título de Visitador Eclesiástico. Por mandato de su Majestad el Señor Virrey del Perú don Francisco de Toledo. Leído el suso dado para que sepan y entiendan lo contenido en el título, siendo testigos: el Padre Fray Hernando de García, Vicario de la Doctrina de Conchucos; el Padre Fray Juan de Pineda, Primer Ministro Vicario de Pallasca; Padre Fray Francisco Velásquez, Vicario de San Juan de Sillabamba; Padre Fray Miguel Carmona, cura evangelizador de San Pedro de Piscobamba; Padre Fray Juan Bautista, cura catequizador de San Pedro de Corongo y el Padre Fray Juan Bautista Dávila, cura doctrinero de indios de Santo Domingo de Tauca y de San Marcos de Llapo”.

 

PRIMER ALCALDE DEL VALLE DE TAUCA.- Después de la fundación del pueblo de Santo Domingo de Tauca, el 16 de mayo del año 1573, acto que consistia: en el lugar plano plantaban un tronco de algún árbol, en este caso, dice el bando un “tronco de sauco”, siempre acostumbraban usar de picota clavada en el centro del lugar plano, en donde iban acondicionar la plaza de armas del pueblo, el capitán Alonso de Santoyo, voceando a los cuatro vientos: “por el mandato de su Magestad el Señor Virrey del Perú y no existiendo oposición alguna; declaro fundada el pueblo de Santo Domingo de Tauca”, luego desenfundando su espada que llevaba al cinto, procedíó a darle varios tajos al tronco y arrastrando con fuerza el arma sobre la tierra, de izquierda a derecha y viceversa, levantó en alto la espada, dando vivas al virrey, aplaudian los asistente; éste hecho representaba el acto fundacional del pueblo, después le ofrecieron alimentos a los asistentes; al día siguiente el gobernador interino don Aquilino de Tapia Cerna (hijo del capitán Jerónimo de Tapia, el primer gobernador interino designado el día domingo 5 de enero de 1536, que por su fallecimiento, en forma hereditaria asumió el cargo su hijo mayor de familia), convocó a los “vecinos, residentes o estantes del pueblo”, señalándoles que hace “treinta y nueve años, que la agrupación de españoles llegaron a este valle al mando del lugarteniente Francisco Martín de Alcántara en año 1534, quién delegó su mando en mi padre que vino conduciendo a españoles y mestizos, y demás gente han venido bajo la administración de un gobernador interino sucesorio”; pero que en cumplimiento del acta de fundación del pueblo de Santo Domingo de Tauca, les he citado con ayuda del Padre Fray Juan Bautista Dávila, para que en este cabildo (17-5-1573) se elija al Alcalde y demás autoridades del pueblo de Santo Domingo recien fundado. De cuyas votaciones resultaron elegidos: como Alcalde provisional el anciano don Ciriaco Rosales López, como gobernador don Nicolás Chávez Cortez, como alguacil don Atanasio Agreda Collantes, autoridades necesarias para la administración de justicia y buen gobierno de la población de Santo Domingo de Tauca; dejando libre la potestad al alcalde provisional, para designar en el transcurso del tiempo, a sus correspondientes Regidores como sus inmediatos colaboradores, en este aspecto no encontramos en el manuscrito, referencias de designaciones al parecer, fueron admitidos en acto privado indistintamente en fechas sucesivas, no tenemos la idea del número de colaboradores admitidos. Fueron juramentados por el gobernador interino don Aquilino de Tapia Cerna, entregándoles a cada uno sus “varas de justicia”, consistente en un tallo de “huarauya” de un metro y medio, por ser liso natural y de flor amarilla, que irradia luz del amanecer, significando alegría y fortuna sin asperezas en la vida institucional. Este aspecto protocolar es tan simbólico y natural, que sugiero a las autoridades actuales del pueblo de Tauca, se rescate esta significativa modalidad ciudadana, que el pueblo debe otorgarles a cada uno de sus autoridades éste admirable distintivo de autoridad, para que los ostente como divisa en los actos públicos y privados que les toque desempeñar.

 

El primer objetivo de sus autoridades fue realizar el trazo del perímetro de la plaza de armas, de 50 metros lineales de ancho, por 80 metros lineales de largo, quedando 5 metros a sus extremos, para disponer de una acequia de 0.20 centimetros de ancho, para el desague de las lluvias, con una vereda de un metro con 70 centimetros de ancho y el resto para el corredor o pasadizo con sus árcos o pilares para sostener los balcones, de donde podrían contemplar los festejos, corridas de toros, diversos acontecimientos a celebrarse y fiestas populares o patronales, al estilo de la Plaza Mayor de Madrid de España y luego se procedió a diseñar las calles y a entregar las parcelas o lotes, para edificar los locales públicos y comunales, como las viviendas de la vecindad, con obligatorio compromiso del uso del tejado, por expresa recomendación de sus fundadores y asesorado por el Padre Fray Juan Bautista Dávila.    

 

En este caso, la dinamica del poder entre los miembros de las autoridades nativas en el valle de Tauca, por que más eran españoles, mestizos que indios. En los testimonios de los curatos nos revelan que no existió en el valle de Tauca “niveles más altos de la jerarquia nativa”, ni tampoco española o mestiza “en el esquema virreinal establecido para el gobierno de un repartimiento de indios”, por que el valle en un gran periodo fue casi ignorado por las altas autoridades del virreinato, motivo a las guerras civiles, además por su baja población y aislamiento geográfico, pasaba por inadvertido como muchos otros valles interandinos de los Andes; ya que, los viajes por la sierra lo hacian siguiendo el trayecto del camino del inca o el Cápac Ñan y por la costa por el mar de Norte a Sur y viceversa, nunca fue en forma trasversal por lo inaccesible de su geografía.

 

                                   HIMNO A TAUCA

 

¡Oh! mi Tauca, tierra bendecida

vibrante corazón de historía,

deleitante posada de la vida

cristalino cielo azul de Angollca.

 

Tu espléndida cultura ancestral

propició la conquista de esperanza,

caminaron el destino natural

explorando el fecundo valle de grandeza.

 

Crusaron grandioso suelo del infinito

anónimo pasaste a la historía,

unificaste el vasto mundo andino

con libertad naciente de gloría.

 

Traspucieron lomadas amanecidas

con generoso desafío del viento,

en noble gesto del esfuerso de subidas

suscribieron real triunfo natural divino.

 

 

 

Partitura del Himno de Tauca, autor de la letra: Dr.Arnulfo Moreno Ravelo y de la música: el cantautor, guitarrista, arreglista y musico Kike Fuentes. 

 

ESCUDO DE ARMAS DE TAUCA

(Heráldica evocador del mensaje de esperanza)

Autor: Dr. Alipio Arnulfo Moreno Ravelo

Diagramado: Hélwis César Moreno Bardales

ESTANDARTE DEL DISTRITO DE TAUCA, PROVINCIA DE PALLASCA-ANCHASH

Autor: Dr. Alipio Arnulfo Moreno Ravelo (Remitido a la Municipalidad de Tauca el 15 - 12 - 2006)

          (Emblema representativa del distrito de Tauca)

 

FUNDACION DEL PUEBLO DE LLAPO

Dentro de la documentación y archivo cedido por la Iglesia Matriz de Tauca a la Municipalidad de Tauca, también se encuentra el acta de fundación del pueblo de Llapo y otros testimonios de reparto de tierras, como referente a construcciones de obras comunales; en este caso solamente me voy a limitar a transcribir literalmente el tenor del acta:

 

“Fundación del pueblo de Llapo.- En el nombre de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas y un solo Dios verdadero, en quien debemos creer y adorar, tomando por intercesora a la esclarecida y soberana Virgen María Nuestra Señora, para alcanzar misericordia y merced, tener buen fin y subceso (suceso) en lo que se pretende a gloria de Dios y provecho del beneficio público y común, el Capitán Alonso de Santoyo, Visitador General de los pueblos de Huánuco, Huaylas y Conchucos, en compañía del Visitador Eclesiástico don Bartolomé Martínez, por comisión de su Majestad el Virrey del Perú don Francisco de Toledo, estando en Audiencia pública convocada al 18 días del mes de Mayo de 1573, en el paraje llamado por los indios Llapo. Por cuanto, en presencia de los moradores de españoles, mestizos e indios del lugar, en uso de sacramentos y doctrina espiritual que su Merced manda que pueblen, y nos parece que el sitio y tierra es tal cual conviene, por ser la parte más cómoda y preferida y de mejor temple que hay en el lugar y por tener todos los demás requisitos necesarios para población, dejo que señalaran y señalo por sitio para con el favor en Dios Nuestro Señor y con vara alta declaro FUNDADO el pueblo de San Marcos de Llapo, tomo por abogado y patrón a San Marcos, en su nombre y protección, en presencia de las personas y estando, como dicho es, todos juntos con el dicho poblador, con la solemnidad que se requiere de derecho, debajo de los linderos señalados por la una parte de lomada que los indios llaman (…), y por la otra, tomada su derecera (izquierda) desde la mesma (misma) ladera hasta llegar a una cascada de agua, que está en la cuesta de dicha tierra y pasando del (de el) por la mesma (misma) derecera (izquierda) hasta un mojón de lomada grande donde hay mucha piedra sacada, y de la otra hacia el refajo (falda) de la estancia desocupada, que hay otras variedades de plantaciones del lugar, en el cual sitio se darán los solares en que labren y edifiquen sus casas las personas que en él se poblaren y protesta de hacer la población y traza luego en este dicho día como pueblo, la plaza, Iglesia, casa del Cabildo (Municipio), cárcel y cementerio; y ansí (a sí) lo ordeno, estando en el asiento y paraje se nombre Alcalde y Regidores y otros oficiales (gobernador sustuia al comisario de policia del pueblo) para la administración de dicho pueblo, dejo que, conformándose la población en nombre de su Majestad del Virrey, se establece el pueblo en el dicho sitio y lugar susoreferido (susodicho), se manda y le tiene señalado, porque de esta manera se a de llamar de hoy en adelante y le señala por términos y juredición (jurisdicción), en virtud del dicho titulo se libra y exenta este dicho pueblo de la juredición (jurisdicción) de la otra cualquiera población, para que sobre ella no tenga ni puedan tener dependencia. Dado en San Marcos de Llapo, a los 18 días del mes de Mayo de 1573 años”.

 

Firmados por el “Capitán Alonso de Santoyo (Valverde), Visitador General de los pueblos de Huánuco, Huaylas y Conchucos, representante del Virrey del Perú y como representante del Clero el sacerdote don Bartolomé Martínez, acreditado por el Obispo de Lima, con el título de Visitador Eclesiástico. Por mandato de su Majestad el Señor Virrey del Perú don Francisco de Toledo. Leído el suso dado para que sepan y entiendan lo contenido en el título, siendo testigos: el Padre Fray Hernando de García, Vicario de la Doctrina de Conchucos; el Padre Fray Juan de Pineda, Primer Ministro Vicario de Pallasca; Padre Fray Francisco Velásquez, Vicario de San Juan de Sillabamba; Padre Fray Miguel Carmona, cura evangelizador de San Pedro de Piscobamba; Padre Fray Juan Bautista, cura catequizador de San Pedro de Corongo y el Padre Fray Juan Bautista Dávila, cura doctrinero de indios de Santo Domingo de Tauca y de San Marcos de Llapo”.

 

Nota.- se ha respetado la originalidad del acta, solamente se ha agregado entre paréntesis algunas definiciones y significados de palabras, para hacer más comprensible. 

 

Después de “fundar este pueblo de Llapo, la comitiva continúo su inmediato camino saliendo con destino a fundar el pueblo de Corongo, acompañado de su cura catequizador, en cumplimiento de la Ordenaza dictada por el virrey Toledo en el año anterior (1572), prosiguiendo por el Callejón de Huaylas”, es probable que la fundación española de Corongo, se haya producido en la audiencia pública convocada por el Padre Fray Juan Bautista, como su evangelizador para ese mismo día 18 del mes de Mayo de 1573; por lo que podemos afirmar que no fue “obra del Licenciado García de Castro en 1565”, por resultar increíble que se haya realizado antes de la Ordenanza dictada por el virrey don Francisco de Toledo, en el año de 1572; debemos recordar que  la ordenanza fue obligatoria de la reducción de los naturales, tuvo por objeto práctico reunir en pocos pueblos debidamente determinados la escasa población indígena que se encontraban dispersas en los diferentes lugares del territorio del Perú, especialmente en los valles interandinos de los Andes, “a fin de facilitar su adoctrinamiento y gobierno”. Es decir, que hasta ese tiempo todavía existía extensos valles aislados geográficamente que eran totalmente desconocidos, y sus habitantes vivian tan libres, alejados y dispersos, que les resultaba imposible de cobrarles los tributos o levantar un ceso para evangelizarlos o administrarlos en sus lugares; por eso, don Francisco de Toledo, durante su largo Virreinato (1569-1581), la llevó a su perfección su proyecto de fundar los pueblos para aglutinar a sus dispersos naturales.

 

Después de haberse fundado los “pueblos de Llata, Huánucopampa, Uco, Llamellin, Huari, San Luis, Piscobamba, Pallasca, Huandoval, Cabana, Tauca, Llapo, Corongo, La Pampa y muchos otros poblados de menor rango, todos ellos mediante la modalidad de reducciones de indios con carácter obligatorio; por los visitadores el Capitán Alonso de Santoyo, con el apoyo del Visitador Eclesiástico Bartolomé Martinez y los curas de las Parroquias de la zona que respaldaron la creación de los pueblos” en 1573; según copia del cargo del informe eclesiástico que hace el Padre Fray Juan Bautista Dávila, al Convento de Santo Domingo de Huaylas, le dice: “en todos los pueblos de las reducciones de indios se han practicado la misma modalidad de obligación (…) en el caso del pueblo (Tauca) de mi evangelio, se llamó a la gente temprano, en donde se dio inicio con la celebración de una misa a cargo del Visitador Eclesiástico Bartolomé Martinez y auxiliado por mi parte como cura titular del lugar, en el mismo sitio en donde se dispuso la edificación de la Iglesia Matriz, concluida la Santa Misa y dado lectura del acta huvo aclamaciones, antes de concluir la ceremonía de fundación, fue instalado el primer cabildo español e Indios, a indicación expresa de las mismas autoridades fundadoras y también de mi parte como cura del lugar, en donde se eligieron a su primer alcalde, gobernador y demás autoridades (…) luego de los actos oficiales de fundación con los Visitadores, mas con el directo asesoramiento de mi persona, procedimos ha efectuar el trazado del sitio en donde debería ocupar la Plaza de Armas, con el apoyo de los presentes, procedimos a delinearla de 500 metros lineales de ancho, por 800 metros de largo, con un área de 400,000 m2, señalando una acequia de 0.25 cm. de ancho a su alrededor, para canalizar las aguas de las lluvias, con una vereda adicional de 1.50 cm. de gotera, luego pasamos al reparto de los solares; primero a los españoles, luego a los mestizos, despues a los forasteros, por último a los habitantes indios de las partes bajas del valle, de las quebradas altas dedicadas a la agricultura de tubérculos, los dedicados al pastoreo de auquenidos, a los obrajes y artesanía, también se destino un sitio al templo principal, la casa de cabildo (Municipio), el tambo (albergue o posada) (mercado), la cárcel hacia el lado Este, la del cementerio ubicado a buena distancia quedando al frente Este de la plaza; los grupos de españoles hacia los alrededores de la plaza, los demás mestizos e indios hacia el lado de las parcialidades que formarán los barrios, luego se trazaron las ocho calles longitudinales principales hacia los cuatro puntos cardinales: Norte, Este, Sur y Oeste, siguiendo el cursos de los vientos y de las aguas, luego siete calles transversales formando las primeras parcialidades necesarias para la administración de justicia y buen gobierno de la población”, cada casa era obligatorio tener su huerta de flores con plantas aromáticas y ornamentales.              

 

Téngase presente este importante artículo recolectado que el “Capitán Alonso Santoyo Valverde, en compañía del Fraile Hernando García, en 1573. Se menciona que saliendo de la ciudad de Huánuco pasaron fundando los pueblos de Bolognesi, Huaraz, Chacas, Piscobamba, Pomabamba, etc.”(..) “A mi modo de interpretar, la presencia del capitán Santoyo y de algunos religiosos en cada reducción de la región de Conchucos y del Callejón de Huaylas, obedecería a la Ordenanza dictada por el virrey Toledo en 1572, a fin de que estuvieran bajo la advocación de un Santo o Patrono para hacer más viable la evangelización de la masa indígena. De allí que estas reducciones o pueblos recibieran el nombre de San Pedro y San Pablo de Piscobamba, San Juan Bautista de Pomabamba, y asi sucesivamente”. (Revista Pumakayan, Año 1, Nº 4, Huaraz, noviembre 2009, pág. 15)  

 

Debe tenerse presente que “en 1542 se instaló el Corregimiento de Conchucos, que posteriormente fue adscrito al Cabildo de la ciudad de León de Huánuco. En 1561 llegaron a Conchucos los frailes de la 8va. Congregación Religiosa de los Agustinos, quienes constituyeron la fundación española de San Juan Bautista de Pomabamba, a la cabeza de esta orden estuvo Fray Hernando García (Vicario). La fundación oficial se llevó a cabo durante el Gobierno de don Francisco de Toledo (Quinto Virrey del Perú) que delegó sus poderes a Alonso Santoyo Valverde, para que viajara desde Huánuco hasta Pomabamba a fin de presenciar la Ceremonia de Bendición y Fundación Española y del Nuevo Pueblo”. (Historía Pomabamba).

  

En una carta fechada en 1636, el religioso P. Julio W. de Aranda Mojicasso, evangelizador del pueblo de Pomabamba, le dice a su amigo el cura del pueblo de Santo Domingo de Tauca, “que en uno de sus andanzas de investigación ha encontrado documentos de fundación de varios pueblos españoles de la provincias de Siguas, Pallasca, Corongo, y otros tantos en el Convento de Santo Domingo de Yungay, entre ellos también el de Pomabamba, Piscobamba, y otros como por ejemplo el de Sihuas fue el 5 de agosto de 1543, fundado por el Capitán de Caballería Gómez Arias de Ávila, se extendió el acta de fundación el mesmo (mismo) día, entregándose al cura de susodicha iglesia para su guarda correspondiente”, esta mensaje es de gran importancia lo transcribo por algún caso les interece a los investigadores e historiadores de las diferentes provincias que se mencionan.

 

Los naturales dispersos a los alrededores del pueblo de Tauca.- Al fundarse el pueblo de Santo Domingo de Tauca, se obligaban a los indios que se trasladaran a ocupar su correspondiente lote urbano dispuesto y reservado con fines de poblar el nuevo pueblo en obediencia de las órdenes que había dispuesto, el Virrey Toledo, antes de recurrir a la fuerza; pero los naturales no todos estaban con ánimo de dejar su antigua vivienda, muchos de los naturales se resistian a cumplir el mandato, a pesar que les concedieron sierto término “para que pasasen a vivir y morar en los pueblos donde se mandaban a reducir, apercibiéndose que pasado el término se les derribarían las casas antiguas y serían castigados dando encargo a los caciques principales para que les hagan pasar y edificar sus casas dentro de dicho término, so pena de suspensión de sus derechos de cacicazgos”, la resistencia a las ordenes de las autoridades en el pueblo de Tauca y en la provincia de Pallasca, no fue tan dramatica, a pesar que los naturales añoraban sus lugares acostumbrados por hacerles producir con sus trabajo agrícola más inmediato a sus chacras, por que tendrían sus tierras de sembrios más distante; por esta razón que en la historia de los pueblos de la provincia se justifica que muchos optaron por tener sus viviendas tanto en el nuevo pueblo, como seguir manteniendo sus viviendas rústicas en los lugares que los españoles los encontraron habitando.

 

En el caso de Tauca y Llapo sus respectivos Alcaldes fueron los llamados con ayuda de las personas entendidas en el trazo de cordeles, se procedió a su progresibo diseñó de las calles y los correspondientes lotes urbanos del pueblo conforme iban convenciendo a los habitantes de las lejanías, y en el caso de las reparticiones de las tierras tanto en las alturas como en las partes bajas fueron realizados por los Jueces de Fuero, designado para la región de Conchucos y de la provincia de Pallasca, por haberles autorizado con todos los poderes necesarios.     

 

ANIVERSARIO DEL DISTRITO DE PALLASCA

De acuerdo a la información obtenida de un sermón del año 1664, dado por el Bachiller Cristóbal Tello Sotomayor cura de la doctrina de San Pedro de Corongo, nos relata que con el proposito de conmemorar los 130 años de haber ocupado pacíficamente el territorio del valle hoy territorio de la provincia de Pallasca por la Comitiva exploradora, el dia 16 de diciembre de 1534, al mando del lugarteniente Francisco Martín de Alcántara, el medio hermano materno de Francisco Pizarro, hijo de Francisca Gonzáles, La Ropera; en su paso hacia el lugar y pueblo de Huamachuco, en donde se quedaron algunos españoles con el motivo de explorar sus valles, en la primera semana del mes de diciembre llegaron los descendientes de los españoles que integraron dicha Comitiva exploradora, acompañados de don Nicolás de Córdoba, don Baltasar Cangaguala, don Juan Mateo y don Baltasar Ticsi Cangaguala, caciques del repartimiento de Luringuanca y otros más hijos y mestizos de españoles del centro del virreinato, como también los gobernadores del repartimiento de Atunjauja don Juan Cusichaqui y don Salvador Cusichaqui, primos hermanos, que acompañan a la delegación, trajeron fletamento de una recua de 30 mulas de camino, con un cargamento de trigo y de maíz para el pueblo, además de 43 cabezas de ganado vacuno y 54 cabezas de ganado ovejuno, para la crianza en los verdes sitios de pastos del valle de Pallasca, por haberlos acogido pacíficamente y haberles brindado sus fructiferas y fértiles tierras, como la exploración de su riqueza de oro del río de Tablachaca, fueron recibidos por los naturales y españoles con música de andaritas y quenas, mas con el anuncio acostumbrado. Pero las autoridades virreinales lo interpretaron mal como una especie de subversión, por lo que Comisionaron al Dr. Diego Vergara y Agiar, para realizar las investigaciones del caso, pasando en visita por Corongo llegó hasta los lugares del obraje de la Estancia de Urcón y luego pasó por otros parajes que no se presisan; después de un año “en octubre de 1665, fueron apresados en la cárcel de Concepción”, con el pretexto “por incumplimiento de tributos y mitas de Huancavelica”, estos hacendados “indios principales” aparecieron como unos rebeldes de no entregar al corregidor las cantidades faltantes “para completar la tasa”, en realidad forzaron unos problemas internos del repartimiento para configurar delitos y comenzar a perseguirlos con el ánimo de frenar se propague las ideas de rebelión por cualquier otros lugares, ya que en el centro del país se vivian en tensas situaciones de las guerras civiles entre españoles, indios y mestizos contra las autoridades virreinales. Después de varias décadas desde la Conquista en que existía una larga tradición en todos los valles interandinos en los cuales se celebraban los aniversarios de los pueblos y otras actividades sociales que acudían tanto los españoles como los mestizos e indios en recuerdo de haber llegado sus antecesores al Perú, quedaron prohibidos a partir de haberse emergido la rebelión de 1666 a 1667 del cacique “don Salvador Cusichaqui, que pretendía legitimar su autoridad y su prestigio para gobernar el curacazgo de Atunjauja” del valle de Jauja. (Estracto obtenido del sermón dibulgado del cura de la doctrina de Corongo, Br. Cristóbal Tello Sotomayor).

 

Ejecutado el caudillo Tupac Amaru II, la corona española prohibió la circulación y lectura de los Comentarios Reales, porque sin duda “excitaba la conciencia de nacionalidad”. “Tupac Amaru II quien encabezó el movimiento más descomunal y heróico de rebelión, que estremeciera hasta su médula a la más grande potencia del orbe, como era España en el siglo XVIII, fue sabiamente influenciado por otro libro, cual es: los Comentarios Reales del Inca Gracilazo de la Vega, de quien fue asiduo, atónito y ensimismado lector”. (José Durand refiriéndose al gran movimiento  de reinvindicación que encabezó el Cacique de Tunga Suca).

 

CAPITULO XI

CONSECUENCIAS SOCIALES Y ECONÓMICAS.

           

LAS GUERRAS CIVILES DE LOS CONQUISTADORES

Primera Guerra Civil (1537-1538) entre Francisco Pizarro y Diego de Almagro.-

José A. Del Busto, comenta que: “Diego de Almagro regresa de Chile fracasado y pensó resarcirse capturando el Cusco. Se aproximo a la Ciudad Imperial y la tomó el 8 de abril de 1537, haciéndose recibir como gobernador y tomando presos a Hernando y Gonzalo Pizarro. Como supo Almagro que Alonso de Alvarado subía desde Lima para luchar contra Manco Inca, salió a su encuentro y lo derrotó en el puente de Abancay el 12 de julio de ese año. Alvarado fue llevado prisionero al Cusco. En su intento de desplazar a Manco Inca, Almagro coronó a su hermano Paullo. A estas alturas Almagro apetecía Lima y aseguraba que caía dentro de los dominios de su gobernación de Nueva Toledo. Entonces fue que bajó a la costa y fundó la villa de Almagro, en el valle de Chincha (agosto de 1537). Pero pronto le llegaron malas noticias: Alonso de Alvarado y Gonzalo Pizarro habían escapado de su prisión del Cusco y marchaban hacia Lima. Recién entonces pensó Almagro en matar a Hernando Pizarro, como se lo aconsejaba desde hacía tiempo Rodrigo Ordóñez, pero no lo hizo por las cartas que le escribiera Francisco Pizarro. Pese a sus enfrentamientos, había aún una fuerte amistad entre los dos viejos socios. Pizarro y Almagro decidieron entablar conversaciones en el pueblo de Mala, entre Lima y Chincha, bajo el arbitraje de fray Francisco de Bobadilla, comendador de los mercedarios y amigo de los socios. Bobadilla falló entonces, inclinándose a los Pizarro, para que Almagro abandonara el Cusco y libertara a Hermando Pizarro. Francisco Pizarro, entendiendo que el fallo lo favorecía, decidió que Almagro conservara el Cusco hasta que el rey decidiera lo definitivo. Almagro soltó a Hernando Pizarro, pero este lejos de irse a España como se había pactado, tomó el mando de las tropas pizarristas y subió a la sierra con el pretexto de combatir a Manco Inca. Almagro entendió lo peligroso de esta medida y también subió a la sierra a defender la Ciudad Imperial. Los hechiceros indios vaticinaron que había una batalla entre Hernando Pizarro y Diego de Almagro. El 6 de abril de 1538 en Las Salinas, hoy San Sebastián, cerca del Cusco. Venció Hernando y Almagro quedó prisionero. Francisco Pizarro, que estaba en Lima, marchó a la sierra para fortalecer a los suyos y evitar la muerte de Almagro, pero Hernando (a los tres meses) se adelantó y ajustició a Diego de Almagro (tenía aproximadamente 60 años). Le dio muerte de garrote y luego lo degolló. Fue en el Cusco el 8 de julio de 1538. Al día siguiente, el cuerpo del adelantado fue enterrado bajo el altar mayor de la iglesia de La Merced. Cuando Francisco Pizarro se enteró de la muerte de Almagro sufrió fuerte depresión. Se sentía culpable por no haber acudido a tiempo para salvar a su amigo y socio.      

 

Guillermo Alvarez, O.P. nos relata que: “El obispo Fr. Vicente Valverde en aquellos días se encontraba en Lima, recién llegado de España, a donde había ido a gestionar misioneros para evangelizar el Perú. Al enterarse de la situación de Almagro, inmediatamente se apersonó e intercedió ante Francisco Pizarro para que le perdonara la vida y se le dejara en libertad, en mérito a la vieja hermandad que los unía. En su carta al Rey del 20 de marzo de 1539, asi se lo da entender:”Estando yo en Lima entendiendo que se me diere gente, vino la nueva de como Hernando Pizarro había desbaratado la gente de D. Diego de Almagro, junto al Cuzco, y como había pretendido al Adelantado D. Diego de Almagro, y tomado la ciudad del Cuzco. Y luego fuí al Gobernador, y delante de los oficiales de V. M. le dije, en la iglesia de Lima, que mirase cuando de servicio era de Dios y del Rey que pasasen semejantes cosas; que enviase luego por la posta a mandar a  Hernando Pizarro que soltase luego al Adelantado y le enviase a su gobernación; y que le mandase que no consintiese que se hiciese agravio ninguno ni violencia a la gente del Adelantado. Y él me respondió que no le hablase de soltarlo, que no le había de soltar”. “Y visto ésto, le dije que enviase a mandar que se le hiciese buen tratamiento, y que pues las cosas no era fácil sino ardua, tener preso a su Gobernador, que me parecía que no se debía tratar por terceras personas; que él, en persona, se debía partir luego para el Cusco y soltar al Adelantado, confederarse con él, y hacer lo que convenía al servicio de Dios y de V. M. y que por ir él, de quien yo tenía confianza que miraría mucho lo que convenía al Adelantado, como a persona con quien había tenido tan larga hermandad, yo me partía juntamente con él; más que, en partiéndose él y teniendo noticia que la tierra estaba algo más segura, yo me partiría luego”. (Lisson, La Iglesia de España en el Perú. Archivo General de Indias, Sevilla).

 

Al parecer Francisco Pizarro aceptó el consejo de Fr. Vicente Valverde, pero lo hizo con tanta morosidad y malicia que dio tiempo a su hermano Hernando Pizarro, para que le mandara cortar la cabeza al viejo Diego de Almagro, el 8 de julio de 1538.

Informado el Rey de la anarquia imperante, comisionó al Licenciado Cristóbal Vaca de Castro, para resolver el diferendo de la posesión del Cusco. Los almagristas, conocedores de los pormenores de las instruccionesque traía el comisionado real y que no favorecía a sus intereses, resolvieronacabar con la vida de Francisco Pizarro. Aprovechando del viaje de Hernando Pizarro a España, y que Gonzalo Pizarro andaba ocupado en la conquista del país de la Canela (Ecuador) y en el descubrimiento del río del Amazonas, los almagristas dirigidos por Juan Herrada asesinaron a Francisco Pizarro de una estocada, en Lima, el 26 de Junio de 1541”.

 

SEGUNDA GUERRA CIVIL (1541-1542). Almagro El Mozo contra Vaca de Castro.-

El historiador José A. Del Busto relata: “Diego de Almagro “El Mozo”, hijo del socio de Francisco Pizarro, nació en Panamá en 1522. En 1535 estaba en Lima pero no fue a Chile con su padre. Se le juntó posteriomente  con el refuerzo que le llevó el capitán Ruy Díaz, reuniéndose padre e hijo en Aconcagua. Luego de participar en el resto de aquella desventurada empresa, regresó al Perú por Tacna y Arequipa, asistió a la toma del Cusco, prisión de Hernando y Gonzalo Pizarro, y a otros hechos menores, quedando en esa ciudad cuando las conversaciones de Mala y también para la batalla de Las Salinas. Luego de la victoria pizarrista, Hernando Pizarro lo remitió a Lima con Alonso de Alvarado, pero en Jauja toparon al marqués Francisco Pizarro, quien dio muestras de aprecio por el muchacho y le aseguró que su progenitor no moriría. Pero Hernando mató al Adelantado y el mozuelo quedó con los amigos de su padre en Lima, en una casa de la Calle de los Judios, comiendo maíz y quemando leña de la chacra de Collique que les dejó el escribano Domingo de la Presa. Todos se sentían caballeros, pero para salir a la calle no tenían sino una sola capa. Los Calleros de la Capa juraron entonces matar al marqués  Pizarro, más se cuidaron de que no interviniera directamente Almagro “El Mozo”, por consejo de su ayo Juan de Herrada (que reemplazó a Diego de Alvarado, ausente y envenenado en Valladolid). Los almagristas mataron al marqués Pizarro (26 de junio de 1541), pretextando que quería asesinar a Almagro “El Mozo”, y a continuación lo invistieron gobernador del Perú, uniendo así a Nueva Castilla y a Nueva Toledo. Pese a todo, el que gobernaba la situación era Juan de Herrada. Los rebeldes nombraron teniente de gobernador en el Cusco a Gabriel de Rojas y enviaron a García de Alvarado a Trujillo y Piura por hombres, armas y caballos. La rebelión era un hecho. A todo esto, Perálvarez Holguín se alzó por el rey en el Cusco y Alonso de Alvarado en Chachapoyas. Almagro “El Mozo” reaccionó castigando pizarristas, se hizo sentir hombre fuerte y nombró a Juan de Herrada su general; capitanes de jinetes a Cristóbal de Sotelo, a Juan Tello y a García de Alvarado, y de infantes a Diego de Hoces, Juan de Olea, Martíncote y a un fulano De Cárdenas, asi como alférez a Gonzalo Pereira. Con su ejército de 100 arcabuceros, 150 piqueros y 300 jinetes dejó Lima y pasó a Huarochirí, donde enfermó Juan de Herrada y fue reemplazado por García de Alvarado. Sin embargo, a este último le quitó el cargo en Jauja para tenerlo en su persona y nombró maestre de campo a Cristóbal de Sotelo. De Jauja siguió a Huamanga, despachando a García de Alvarado a Arequipa por hombres, caballos y armas; mientras él, con el grueso de la tropa, continuó al Cusco, entrando en la ciudad entre salvas de arcabucería, igual que en Huamanga. En el Cusco se enteró de que Cristóbal Vaca de Castro, el juez de comisión, se había juntado a Perálvarez Holguín y a Alonso de Alvarado. Almagro reunió inmediatamente a sus tropas y les leyó la provisión real que lo hacia  gobernador de Nueva Toledo y, además, la cláusula del testamento de su padre por la que le dejaba tal gobernación. En eso regresó García de Alvarado de Arequipa y mató a Cristóbal de Sotelo que estaba enfermo en la cama, dando luego en decir que Almagro “El Mozo” lo haría su general porque le temía.Pero en un banquete que ofreció Pedro de San Millán, García de Alvarado fue apuñalado por el propio Almagro, olvidándose todo en aras de la situación. Almagro partió del Cusco en pos de Vaca de Castro. Llevó consigo 250 jinetes, 250 peones y 200 arcabuceros. En Vilcashuamán, el 4 de setiembre de 1542, escribió una carta a Vaca de Castro acusándolo de pizarrista y diciéndole que él solo pretendía defender su gobernación. El encuentro fue al sur de Huamanga, en las lomas de Chupas, el 16 de setiembre de 1542, Fue la batalla más sangrienta que se dio entre los conquistadores. (…). La victoria se inclinó por los realistas y Almagro “El Mozo”, para no caer prisionero, tuvo que huir. Huyó con Diego Méndez a Yucay, pero alcanzados por Rodrigo Salazar “El Corcovado”, fueron cargados de cadenas y presentados a Vaca de Castro. Este, en la celda, le increpó su locura de rebelarse contra el rey, pero Almagro le respondió que no se había alzado contra la Corona, sino que había tomado las armas para defender su gobernación. Se le puso preso en casa de Gabriel de Rojas. Allí se le procesó y condenó a muerte; apeló al rey, pero se le denegó el derecho. Habiendo confesado y comulgado, marchó con serenidad al patíbulo. Pidió ser enterrado junto a su padre y se le concedió. No quiso dejarse vendar los ojos para que actuara el verdugo, pero lo obligaron a ello. Fue degollado y su cadáver expuesto a la vergüenza pública. Luego se le enterró en la iglesia de La Merced, debajo del altar mayor, al lado de los restos de su progenitor. Al momento de su muerte, Diego de Almagro “El Mozo”, tenía 20 años. Fue hijo bastardo mestizo del Adelantado Almagro y de la india panameña  Ana Martinez. Creció en Panamá, sabía leer, escribir y montar a caballo. Fue el único mestizo que comandó un ejército de 700 soldados”.(Conquista y Virreynato, pag. 64,66 y 67).               

 

Guillermo Alvarez, O.P. al respecto nos dice: “A su llegada a Popayán (Colombia) Vaca de Castro se enteró de la muerte del Gobernador Francisco Pizarro, inmediatamente escribió una carta al provincial dominico Fr. Tomás de San Martín, dándole poder para que tomara el gobierno de la ciudad. “sepan cuantos esta carta vieren como yo el licenciado Cristóbal  Vaca de Castro, (…) Capitán General de las provincia de la nueva Castilla, e nuevo Reino de Toledo llamado Perú, por su majestad, etc. Otorgo e conozco por este presente que doy, e otorgo todo mi poder cumplido, libre, llano e bastante, según que yo le hé, y tengo de S. M. e de derecho, que en tal caso se requiere, a vos el regente Fr. Tomás de San Martín, e al señor obispo del Cusco, Fr. Vicente de Valverde, e a Gómez de Alvarado, e a Francisco de Barrionuevo, e a Francisco Carreño (…), para que en nombre de S. M. y mío podáis tomar en vos las varas de la justicia que en la dicha ciudad hubiere, y las dar y entregar en el dicho nombre (…) para que tengan a carga la justicia y administren a la dicha ciudad en su términos de jurisdicción y a todas las justicias y alguaciles que podáis tomar juramento”.(Lsson, La Iglesia de España en el Perú. Archivo General de Indias, Sevilla, 1943, pag. 199 ss). Siguiendo estas instrucciones del licenciado Vaca de Castro, el Cabildo de la Ciudad de Lima se reunió sigilosamente en el convento de Santo Domingo y nombró por su teniente a Francisco de Barrionuevo, según se lee en el acta del cabildo del día 20 de noviembre de 1541: “…y este día el M. R. P. Maestro Fr.Tomás de San Martín, provincial, presentó una carta poder del muy ilustre señor licenciado Cristóbal Vaca de Castro, y justamente un traslado de una cédula de S. M., y el poder de dicho señor Presidente, es para pedir que le reciban por Gobernador y Capitán General de la Provincia y para que tome la posesión el dicho Padre Mtro “ (Fr. Tomás de San Martín). “Recibió el cabildo por Teniente a Francisco de Barrionuevo y tomado juramento dio por fiador Cristóbal de Burgos y fueron testigos, el vicario provincial, Fr. Francisco Martínez, O. P. y Francisco Carreño”. (Melendez, TVI, t. I, p. 105). El provincial Fr. Tomás de San Martín, con el bien entendido propósito de animar a la gente, de llamar a la paz y concordia a los almagristas y cuantos le seguían por temor, invocando la lealtad al Comisionado real, envió por todas las ciudades del país, a sus hermanos de hábito: Fr. Francisco Toscazo, Fr. Domingo de Santo Tomás y Fr. Juan Olías. El mismo provincial, en compañía de Fr. Martín Esquivel fue al encuentro del Presidente Vaca de Castro, en Huamanga, para informarle de su actuación. El 16 de setiembre de 1542, en la batalla de Chupas, Vaca de Castro derrotó a los almagristas, y Diego de Almagro, “El Mozo”, pagó su audacia con su vida”.    

 

TERCERA GUERRA CIVIL (1544-1548). Guerra de los encomenderos contra el Virrey Blasco Nuñez de Vela.- El historiador José A. Del Busto nos detalla que: “En virtud de las llamadas Leyes Nuevas de 1542, que tuvieron validez para todas las Indias Occidentales, el Perú fue convertido en virreinato, el más extenso de América (Barcelona, 20 de noviembre de 1542). Se nombró su primer virrey a Blasco Núñez Vela, natural de Ávila, veedor general de las Guardias de Castilla y corregidor de Málaga. Con él se nombró a la primera Real Audiencia de Lima, integrada por los oidores Diego Vásquez de Cepeda, Pedro Ortiz de Zárate, Pablo Lisón de Tejada y Juan Álvarez. Todos se embarcaron en Sanlúcar a inicios de noviembre de 1543, arribando a Nombre de Dios el 10 de enero de 1544, llegando por separado a Panamá y también al Perú, donde se notó un franco distanciamiento entre el virrey y los letrados. Núñez Vela, con criterio militar, quería aplicar con rigor las Leyes Nuevas. Los oidores, en su afán de ganar popularidad, se inclinaban a defender los derechos de los encomenderos, quienes se sentían vulnerados por las Leyes Nuevas. Se dieron situaciones muy tensas y los oidores, en Lima, terminaron tomando prisionero al virrey (18 de setiembre de 1544), deportándolo finalmente a España. Pero sucedió que el oidor Juan Álvarez, encargado de su conducción, lo libertó en el mar de Tumbes (7 de octubre), bajando el gobernante a tierra y subiendo a Quito con miras a levantar un ejército en Popayán. Sabía ya que su lucha sería no contra la Real Audiencia de Lima, sino contra Gonzalo Pizarro, que representaba a todos los encomenderos del Perú, y contaba con la anuencia  de los oidores. Gonzalo Pizarro bajó a Lima desde el Cusco. Entrando en la Ciudad de los Reyes el 28 de octubre de 1544. Allí los oidores, entre jubilosos y temerosos, lo recibieron por gobernador del Perú. Gonzalo respondió nombrando sus tenientes de gobernador: Alonso de Toro en el Cusco; Francisco de Almendras en Charcas; Pedro de Fuentes en Arequipa; Hernando de Alvarado en Trujillo; Jerónimo de Villegas en Piura; y Gonzalo Díaz de Pineda en Quito. Gonzalo Pizarro gozó del fervor popular, sus hombres lo llamaban el “Gran Gonzalo” y a su alzamiento la “Gran Rebelión”. El caudillo hizo a Hernando de Bachicao capitán general de la mar, y al frente de una pequeña armada compuesta por dos barcos capturados a sus dueños, lo envió a Panamá. Allí, el 15 de enero 1545, tomó 28 naves, robó mercaderías, impuso cupos, reclutó gente y retornó a Guayaquil. El virrey, mientras tanto, al frente de su ejército avanzó desde Quito a Piura y de allí a Túcume, pero retornó a Quito dudando de sus fuerzas. Gonzalo partió por mar hasta Trujillo y desembarcó para combatirlo, pero ya no estaba el gobernante. Entonces fue que subió a Quito y lo encontró. La batalla fue muy recia. Se dio en los campos de Iñaquito, el 18 de enero de 1546. El virrey Blasco Nuñez fue hecho prisionero y decapitado en pleno campo de batalla; fue enterrado su cuerpo en la ermita de Santa Prisca. A todo esto, Diego Centeno y Lope de Mendoza se alzaron en la Plata (16 de junio de 1545), asesinaron a Francisco de Almendras y con 180 hombres salieron a tomar el Cusco, pero como en Chucuito se enteraron de la muerte del virrey, retrocedieron a Desaguadero y luego a los territorios de los indios chichas. En el camino desertaron muchos centenistas, pero a los que quedaron subió a combatirlos Alonso de Toro, derrotándolos en Paria (23 de abril de 1546). Huyó Centeno a la sierra de Condesuyos y Lope de Mendoza, también fugitivo, se juntó a la hueste de Nicolás de Heredia, que salia de Tucumán. Pero ambos fueron derrotados en Pocona por Francisco de Carvajal, maestre de campo de Gonzalo Pizarro, en agosto del año dicho (antes citado), terminando decapitados Mendoza y Heredia. Gonzalo Pizarro, que había vuelto a Lima, abandonó la capital temiendo deserciones y marchó por tierra a Arequipa, subió a Huarina y derrotó allí a Diego Centeno, que se había rehecho. La batalla de Huarina fue el 20 de octubre de 1547”.

 

“En España, mientra tanto, ocurrían otras cosas. El príncipe Felipe, hijo del emperador y futuro Felipe II, reunió a sus colaboradores en la Junta de Valladolid y allí todos decidieron recuperar el Perú. Nombraron para ello a Pedro de la Gasca, clérigo inteligente y astuto, bachiller en ambos derechos, licenciado en Teología, canónigo de Salamanca, vicario de Alcalá, inquisidor y visitador de los tribunales de Valencia. Fue una acertada elección. Gasca zarpó de Sanlúcar el 26 de mayo de 1546, llegó a Nombre de Dios el 27 de julio y entró en Panamá el 13 de agosto, obteniendo allí la rendición de la flota gonzalista –la que había tenido Bachicao- de manos de su capítan general Pedro Alonso de Hinojosa. Con esta armada y muchos hombres Gasca partió al Perú. Pasó a Tumbes, siguiendo por Trujillo, Huaylas y Jauja, donde se enteró de la derrota de Huarina. Siguió a Humanga y Andahuaylas, se aproximó al Cusco. Tenía ya un numeroso ejército de 700 arcabuseros, 500 piqueros y 400 jinetes. La batalla se dio en Jaquijahuana, en la pampa de Anta, el 9 de abril de 1548, y significó el desbarate de los gonzalistas. Gonzalo Pizarro fue preso igual que su maestre de campo Francisco de Carvajal, apodado “El Demonio de los Andes” en razón de sus crueldades, asimismo los demás capitanes rebeldes. Todos fueron decapitados al siguiente amanecer. El cadáver del “Gran Gonzalo” fue llevado al Cusco y enterrado de limosna bajo el altar mayor de la iglesia de La Merced, donde ya estaban Almagro “El Viejo y Almagro “El Mozo”. Los que no cabían en todo el Perú, tuvieron que compartir la estrecha cripta debajo del altar mayor, donde hasta hoy descansan. Lo que siguió fue muy difícil porque La Gasca hubo de premiar a los vencedores; para hacerlo no alcanzaban todas las encomiendas del Perú. Se retiró al pueblo de Huainarima y ahí hizo el reparto de las nuevas encomiendas, todas bastante pequeñas, pues los vencedores eran muchos. La Gasca no volvió al Cuzco, prefirió seguir a Lima. Allí entregó el poder a la Real Audiencia y él se embarcó para España en el Callao el 27 de enero de 1550. Llevó al emperador y a su hijo el Perú recuperado y 3.771 barras de plata perulera. El emperador y su hijo acordaron recompensarlo y lo hicieron obispo de Palencia y en 1562, obispo de Sigüenza. Murió en Valladolid el 13 de noviembre de 1567 y está enterrado en la iglesia de la Magdalena”.(José A.Del Busto, Conquista Virreynato, p. 67, 69). 

 

Según Guillermo Alvares, O.P. relata lo siguiente  “La situación del Perú en estos años era caótica. Reinaba la arbitrariedad en los gobernadores, y los abusos en los encomenderos precipitaban la despoblación del país. Había, pues, la necesidad urgente de poner remedio a los abusos. “Los religiosos de Santo Domingo  - escribe Meléndez– instaban mucho para implantar la justicia, fundamento de todo bien y también se instaba para que el Real Consejo de Indias nombrara Virrey que ejecutase las órdenes que iba proveyendo, para reformar dichos excesos que, como dicho, referían los frailes dominicos, poniendo al Rey en consciencia. El breve remedio de ellos y el efecto que tuvo esta consciencia fue nombrar a Blasco Nuñez de Vela por Virrey “, dice Meléndez. “El rey Carlos V en 1542 promulgó las Nuevas Leyes de Indias, en virtud de las cuales ordenaba:

            - “Que se quitasen las encomiendas a los que habían caído en conmiso de perderlas por malos tratamientos a los Indios y estorbo de su enseñanza en la fe”.

            - “Que se incorporasen (los indios) en la corona real como los demás vasallos”.

            - “Que no se cargasen (a los Indios) ni llevasen por fuerza a las minas y pesquerías de perlas”.

            - “Que se pusiese medida a los tributos, y otras cosas de mucha consecuencia “.

“Los dominicos habían conseguido del Consejo de Indias estas disposiciones que, evidentemente, iban en detrimento de los intereses de los encomenderos. La cédula real del 1° de mayo de 1543, así, lo da a entender: “Como veréis, dice el Rey  a Fr. Tomás de San Martín, todo va enderezado al servicio de Dios y conservación, libertad y buena gobernación de los Indios, que es lo que vos y los otros Religiosos de vuestra Orden, según estamos bien informados, hasta ahora tanto habéis deseado y procurado “. “Este honroso reconocimiento comprometió a los dominicos en una misión aún más delicada, como tener que “trabajar con toda diligencia, cuanto en vos fuere, que estas nuestras leyes se guarden y cumplan, encargando siempre a los nuestros Virreyes, Presidente y Oidores y a todas las otras Justicias, que en estas partes hubiere, que así lo hagan y avisándoles, cuando supiereis que no se guardan en algunas provincias o pueblos, para que lo remedien y provean“(Melendez, TVI,t.I, p. 103 y ss).

 

“Las Nuevas Leyes de Indias desataron la rebeldía de los encomenderos, particularmente de Gonzalo Pizarro, dueño y señor de muchas propiedades y encomiendas en Cusco y Charcas. “Dándose todos por aniquilados y teniéndose ya por destruídos los poseedores de las encomiendas, antes ricos a sudores y sangre de los Indios, olvidados del vasallaje, cuyo es obedecer,(…) alborotaron el reino y trataban de resistir al virrey “,(Meléndez).

 

“En estas circunstancias, (el Provincial de los Dominicos) Fr. Tomás de San Martín emprendió una gira por las principales ciudades del país, para apaciguar los ánimos y hacer tomar conciencia a los encomenderos revoltosos, de la bondad de las nuevas leyes. Pero, la rebeldía pudo más que la palabra persuasiva de Fr. Tomás. Para calmar el alboroto fue llamado también el dominico Fr. Gerónimo de Loayza, primer obispo de Lima, y, con el consejo de ambos, el Virrey “proveyó auto” suspendiendo la aplicación de las nuevas leyes, por dos años, hasta que el Consejo de Indias determinara la mejor, despachó con este auto, a las Provincias de arriba (Cusco y Charcas), al obispo Fr. Gerónimo y a nuestro Provincial (…). Mas las cosas corrieron de manera que creciendo la rebelión prevaleció la malicia y entre infinitas revueltas vino a morir el Virrey a manos de los quejosos”, en la batalla de Añaquito (Quito, Ecuador), el 18 de enero de 1546.

Esta victoria unió más a los encomenderos, el maestre de campo, Francisco de Carvajal, el “demonio de los Andes”, aconsejo a Gonzalo Pizarro que se proclamara rey: “Debéis declararos rey de esta tierra conquistada por vuestras armas y las de vuestros hermanos. Harto mejor son vuestros títulos que el de los reyes de España. ¿En que cláusula de su testamento les legó Adán el Imperio de los Incas?”. (José Bonilla Amado, Perú colonial). “Gonzalo Pizarro se proclamó e hizose reconocer como Gobernador del Perú”.

 

“En esta faena acompañó al Provincial Fr. Pedro de Ulloa, quién tuvo la desgracia de caer en manos de los encomenderos. Le trataron tan mal “que si el Prior de nuestro convento del Rosario de Lima, que era ya, el P. Fr. Domingo de Santo Tomás, y el Capitán Martín de Robles, no se opusieron para que, le quitaran la vida; pero encerráronle en un sótano sin luz, a donde le tuvieron catorce días con grilletes y cadenas, y el sótano era una cisterna junto a una alverca de agua, que estaba llena de sapos y otras sabandijas ponzoñozas” (Melendez, t.I, p.115). Otra víctima de la furia de los encomenderos fue Fr. Francisco de San Miguel. Comisionado por La Gasca para anunciar la paz y llevar por los pueblos, valles y ciudades del reino, los testimonios de perdones, revocaciones de ordenanzas y cartas para sacerdotes y personas principales; estando de camino de Piura a Lima, “tuvo noticia que le buscaban muchos mal contentos y desconfiados del perdón del Presidente para quitarle las vida”(Melendez, t. I, p. 117). Burlando los proyectos sanguinarios de los encomenderos, se refugió en un cerro del valle de Olmos (Piura), donde permaneció oculto por espacio de un año, providencialmente socorrido por un indio bienhechor. El 9 de abril de 1548, La Gasca se enfrentó a Gonzalo Pizarro en el valle de Sacsahuana o Jaquijahuana, a cuatro leguas del Cusco y, sin disparar un mosquete, obtuvo la victoria a causa de la deserción de los soldados de Gonzalo Pizarro que se pasaron al ejército real hasta dejarlo casi solo. Ante este hecho inesperado, Pizarro y su maestre de campo Francisco Carvajal, se entregaron. Tras un breve juicio de guerra, fueron ajusticiados. Un hecho inesperado de esta larga jornada de pacificación fue que, estando “en el pueblo de Huaynarimac, a doce leguas del Cusco, el obispo de Lima, Fr. Jerónimo de Loayza, recibió los despachos del Rey y del Papa en que le hacían el primer Arzobispo de Lima”. El hecho fue proclamado y celebrado en el Cusco, el 24 de agosto de 1548, y la homilía la predicó Fr. Tomás de San Martín”. (S.J. Ruben Vargas Ugarte, Historia General del Perú.t. II, p. 29).          

 

CUARTA GUERRA CIVIL (1553-1554). Los encomenderos descontentos contra la Audiencia de Lima.- En este último alzamiento encomendero, el historiador José A. Del Busto escribe: “Precedida por los motines de Luis de Vargas en Lima; de Miranda, Barrio Nuevo y Melgarejo en el Cusco; y de Sebastián de Castilla en La Plata, la guerra de Francisco Hernández se desarrolló en 1553 y 1554. La boda del conquistador Alonso de Loaiza con María de Castilla, realizada en el Cusco el 12 de noviembre de 1553, fue el principio de la rebelión. Luego del sacramento hubo vino, viandas, luces y danza en la casa del contrayente. Se sintieron golpes en la puerta y entró Francisco Hernández Girón con armadura, capa negra y espada desenvainada. El corregidor Gil Ramírez Dávalos huyó con las mujeres al fondo de la casa, alguien tiró del mantel, cayeron los candelabros, reinó la oscuridad, hubo ruido de espadas y ayes de heridos, varios invitados escaparon por los techos. Al encenderse nuevamente las velas, estaban muertos el capitán Juan Alonso Palomino y el mercader Morales. El corregidor se entregó con garantías. Girón salió a la plaza, pasó revista a sus hombres y apostó centinelas en los caminos, pero ya habían huido Gracilazo, Jerónimo Costilla, Antonio de Quiñones, Alonso de Mesa, Juan de Pancorvo, Vasco de Guevara y otros vecinos del Cusco quienes, viajando a mata caballo, noticiaron a la Audiencia de Lima, pues no había virrey por haber muerto Antonio de Mendoza. El día 13 lo pasó Girón escribiendo cartas a los diversos cabildos del Perú y a personas importantes, criticando la revocación del servicio personal y las retasas de las encomiendas. Aparecieron también unas medallas acuñadas por los alzados donde se decía en latín: “Y los pobres serán saciados”. El ejército gironista conoció entonces por maestre de campo al licenciado Diego de Alvarado, por capitanes de jinetes a Tomás Vásquez y a Rodrigo de Pineda, y por capitanes de infantes a Nuño Mendiola, Juan de Piedrahita y Diego Gavilán, por sargento mayor a Diego de Villavicencio y por alférez a Albertos de Orduña. El 17 de noviembre Francisco Hernández fue investido procurador general y justicia mayor del Perú. Premunido de ambos títulos, salió con su ejército para Lima el 4 de enero de 1554. Enterado Alonso de Alvarado, que estaba castigando castillistas en Charcas, alzó la bandera por el rey en Potosí. Nombró maestre de campo a su cuñado Martín de Avendaño, prometió perdón a los culpados y salió de Potosí con 1,200 hombres el 29 de enero de 1554. La Audiencia, mientras tanto, se acobardó y revocó la prohibición del servicio personal, pero esto lo hizo el 5 de diciembre de 1553 y para entonces los gironistas ya tenían Huamanga desde hacía dos días, por lo que luego escondieron la revocación y dijeron que era falsa. El ejército de la Audiencia se formó a toda prisa en Lima. Tuvo por maestre de campo a Pablo de Meneses y dio el mando de la armada a Jerónimo de Silva. Aspiraron a ser capitán general oidor Hernando de Santillán y al arzobispo Jerónimo de Loayza. La Audiencia ofrecía perdones políticos, pero nadie quería ser perdonado por La Audiencia. Girón entró a Huamanga el 27 de enero de 1554 y el 28 del mes siguiente tomó Jauja. Ciertos cuerpos de avanzada que enviaron los oidores desde Lima, con Lope Martín  y Jerónimo Costilla, fueron derrotados aparatosamente. El ejército rebelde se mostraba indetenible. El Domingo de Ramos, 17 de marzo, Girón bajó por Sisicaya y Cieneguilla pero, lejos de tomar la capital, se encastilló en las ruinas de Pachacámac. Los oidores pasaron su ejército de Ate a Surco y se aprestaron asediarlo o a perseguirlo.Una noche, Diego de Silva desertó y contó que Girón quería enviar contra los leales un tropel de toros con antorchas encendidas en las astas. Los oidores cobraron más confianza, los toros no llegaron a salir, Girón era muy superticioso y temía que uno de los suyos le diera una puñalada. Por eso vivía refugiado en el antiguo Templo del Sol y dormía en lo alto de una tapia. Sus astrólogos le habían aconsejado no entrar en Lima y él les obedecía con la credibilidad del inseguro. Tuvo nocturnas pesadillas y la mañana del 23 de marzo decidió partir sin dar batalla. Estaba deprimido, sufría de neurosis. El héroe se derrumbó. Su ejército continuó al sur. Pasó por chilca, Mala y Asia, se encastilló en la fortaleza del Huarco, pasó por Chincha y Pisco, se escondió con sus 536 soldados  en las hoyas de Villacurí y, saliendo por sorpresa, derrotó a Pablo de Meneses el domingo de Cuasimodo, 31 de marzo. Al tiempo que Meneses llegaba derrotado a Lima, La Audiencia había quitado el mando al oidor Santillán y al arzobispo Loayza. Meneses, pese a su derrota, fue investido capitán general. A todo esto, Alonso de Alvarado entró al Cusco el 30 de marzo de 1554 y siguió a Parinacochas. Girón subió a la sierra desde Nasca y ambos ejércitos se encontraron en Chuquinga, junto al río Pachachaca, el 21 de mayo. Francisco Hernández ganó la batalla y Alvarado huyó a Lima derrotado. Cuando llegó a la capital había perdido el juicio: estaba loco. La Audiencia dejó Lima y subió a Jauja, Huamanga y Cusco. Girón, que estaba en Yucay, siguiendo la opinión de sus estrelleros pasó ante el Cusco sin combatir. Llevaba 700 soldados, 470 de los cuales eran arcabuceros, también llevaba 280 negros de guerra. Se detuvo en Pucará, lugar de ruinas sagradas, y se encastilló en ellas. El ejército leal lo alcanzó y el 8 de octubre de 1554 le dio batalla. Los gironistas abandonaron a su caudillo y desertaron en cantidad. Pucará fue una victoria para la Audiencia y Girón tuvo que huir a caballo con pocos leales. Bajó a la costa y en Acarí quiso capturar un barco, pero imposibilitado de hacerlo siguió a Chincha y volvió a la serranía subiendo por Lunahuaná. Así llegó a las ruinas de Jauja, la Hatun Jauja de los incas. Allí se parapetó, pero de sus cincuenta soldados desertaron casi todos. Salió entonces con yelmo, cota y espada, estaba poseído por la desesperación. Fue totalmente rodeado por Juan Tello de Sotomayor y Miguel de la Serna. Entonces, Gómez Arias Dávila vecino de Huánuco, lo aferró por la cintura y Hernán Pantoja lo tomó del yelmo. Girón no tuvo más remedio que rendirse y quedó en calidad  de prisionero. Entró asi a Lima el 4 de diciembre de 1554, día de Santa Bárbara. Se le confinó en la casa del fiscal Juan Fernández, se le tomó su declaración y fue condenado a muerte. Fue decapitado el 7 de diciembre y su cabeza  -junto con las de Gonzalo Pizarro y Francisco de Carvajal- fue colgada en la picota limeña, en el interior de una jaula”. (J.A. Del Busto, Conquista y Virreinato, p. 69, 70).                                            

 

Guillermo Alvarez, O.P. escribe “En el repartimiento de las encomiendas, La Gasca no pudo satisfacer a cuantos le habían apoyado y dado la victoria de Sacsahuana, creando de esta manera el descontento y la rebelión. El Virrey Antonio de Mendoza que le sucedió en el cargo, a finales de 1551, decretó la prohibición de los trabajos forzados de los indios; lo cual exasperó aún más a los descontentos; pues, estaban acostumbrados a explotar a los indios, desconociendo todos sus derechos. Hasta aquel día, los indios vivían sometidos a toda clase de extorsiones e injustamente se les exigía los más humillantes servicios. Muchísimos pagaron con su vida y sus bienes el precio de las guerras civiles; porque, de uno y de otro bando, se aprovechaban de ellos, como si fueran bestias de carga, y para enfrentarlos hermanos contra hermanos. El decreto del Virrey Mendoza, del 22 de febrero de 1549, señala los puntos clave que lo motivaron: “porque arrancan a los naturales de sus tierras, se les obliga a ir cargados con todo su avío y el mantenimiento que han de menester, y se les impide el que puedan ser adoctrinados y enseñados en las cosas de la fe” (Ruben Vargas Ugarte S.J., o. c. p. 29). La carta del 1° de julio de 1550 de Fr. Domingo de Santo Tomás es la más dolorosa revelación  de lo dicho. Desafortunadamente, la muerte del virrey Mendoza impidió que se ejecutara lo decretado. No obstante, los encomenderos descontentos aprovecharon la circunstancia y se levantaron en armas, capitaneados por Francisco Hernández Girón y Vasco de Guevara y declararon la guerra civil a la Audiencia de Lima que había asumido el Gobierno. La Audiencia a fin de desactivar la rebelión, derogó el controvertido decreto; pero todo fue en vano. Los encomenderos prefirieron el camino de la guerra y guerra tuvieron. Después de la victoria de los sediciosos en las pampas de Villacuri (cerca de Chincha) y Chiquinga (Nazca), fueron derrotados en Pucará (Huamanga) el 1° de octubre de 1554. La participación del Arzobispo, D. Fr. Gerónimo de Loayza, en la lucha contra los encomenderos descontentos fue indudablemente decisiva. La Audiencia de Lima, después de deliberar y consultar sobre la persona o personas que habían de dirigir la ofensiva contra el ejército de los encomenderos, acordó que fueran el Arzobispo Loayza y el licenciado Hernando de Santillán, oidor de la misma Audiencia”.

 

Meléndez comenta el caso diciendo: “Giron, conociendo que en solo el Arzobispo consistía la fuerza del bando del Rey, hallándose en Huamanga, a ochenta leguas de Lima, con su gente, trató de buscar medios para poder atraer a su opinión al Arzobispo, porque conseguido esto, le parecía que no le restaba cosa para ser dueño del Reino”. Y para lograr su propósito le escribió una carta, por intermedio del clérigo Francisco Huamanes de Ayala, que en su parte final dice: “y en lo que V. S. se determinarse, me avise con el P. Ayala, con toda brevedad; porque si V. S. no me avisa, entenderé que no me quieren por servidor” (Melendez, TVI, t. I, pp.496 ss).La derrota de Hernández  Girón se puede atribuir a no haber contado con el apoyo de los indios, por que éstos estaban de parte del Arzobispo, en quien veían un padre solícito y su más enérgico defensor frente a los encomenderos. Dice Melendez: “Le apreciaban, por los muchos bienes que hacía a los indios (…) tanto era lo que los indios amaban y estimaban al Arzobispo, por sus buenas obras”. No era para menos. Para la sistencia y curación de los indios, el Arzobispo Loayza hizo construir el Hospital de Santa Ana (Barrios Altos, Lima) donde pasó los últimos días de su existencia. “Lleno de buenas obras le cogió la última enfermedad, en el cuarto que había hecho en el mismo hospital, para vivir con sus pobres; pastor entre sus ovejas y padre haciendo sombra a aquellos sus pobres hijos” (Melendez, TVI, t. I, pp. 496 ss.). Es difícil comprender, a la distancia de siglos, el papel pacificador de los dominicos en el Perú del siglo XVI. Las palabras de Vargas Ugarte, referidas a Fr. Jerónimo de Loayza, bien se pueden aplicar a los otros dominicos que, como él y con él, tuvieron mucho que ver en este delicado asunto: Fr. Gerónimo de Loayza, dice, tuvo que adoptar el papel de pacificador, exigido por las circunstancias y no pudo negarse; pues, supo conducirse con tino y dirección notables” (Ruben Vargas Ugarte, S.J. Historia de la Iglesia en el Perú (1511-1568), tomo I, p. 187). Para los dominicos estos hechos, profundamente humanos, fueron verdaderos casos de conciencia, ante los cuales no podían sustraerse y , a conciencia plena, prestaron su colaboración a favor de la vida, de la justicia y de la paz”. (Guillermo Alvarez, Rev.Peruana de Historia Eclesiastica, p. 41 al 50).                                              

 

He tratado de hacer varías citas históricas y eclesiasticas con el propósito de realizar un analisis profundo, sustancioso, real y verídico de la vida política, religiosa, cultural y social del valle interandino, que hoy denominamos la Provincia de Pallasca, del Departamento de Ancash, desde fines de abril de 1532 que llegaron los conquistadores con su gobernador Francisco Pizarro a Tumbes, pasando al valle de Tangarará en donde el 16 de mayo de 1532, fundó San Miguel de Piura, luego se dirigieron a Cajamaca, llegando 15 de noviembre de 1532 y al siguiente día 16 de noviembre del mismo año, que fue capturado Atahualpa, después de nueve meses de estar como prisionero, fue juzgado y condenado a muerte, el día sábado 26 de julio de 1533, a su paso por el valle del Mantaro, Francisco Pizarro fundó la ciudad de Jauja, luego el lunes 23 de marzo de 1534, fundó la ciudad del Cusco, después fundó Lima, el lunes 18 de enero de 1535; al poco tiempo los viajes a España se hacian en barcos que navegaban en el Pacífico, la vida social, política, económica y cultural, sólo se desarrollo en los ambitos de los lugares limitativamente determinados, hasta la Cuarta Guerra civil (1553-1554), que fue el último alzamiento encomendero de Francisco Hernández Girón contra la Audiencia de Lima, el mismo que fuera decapitado el 7 de diciembre del año de 1554. Durante ésta época muchos lugares de la costa, de la sierra y de la selva del Perú, permanecieron intactos, libres, en todos sus aspectos, su vida política, económica, social y cultural, ignoraba de lo que sucedía a sus alrededores, la vida en las alturas, punas, jalcas, en los valles interandinos continuaban tal cual como tenían instituidos sus vidas y sus costumbres tradicionales, agrícolas, ganaderas y otros en forma natural, unitaria, familiar y dispersa, como lo habían realizado en la época preincaica, incaica y del Imperio del Tahauantinsuyo. De acuerdo a los estudios de renombrados historiadores la provincia de Pallasca, no dependió ni conformó ningún “Florecimiento del reino autónomo de los Conchudos” en ningún tiempo, tampoco tuvo algún sometimiento ni dominio específico realizado por el Inca Pachacútec, por ser un valle interandino de poca significación para el Imperio de los Incas, como otros tantos valle de los Andes y de la selva, que permanecieron geográficamente aislados por ubicarse en lugares accidentados de poca comunicación vial y que sus pocos habitantes jamás fueron censados por el Imperio, por que supervivian en forma natural y dispersa libre y voluntariamente a elección de cada familia y alejados de la administración imperial, concervando sus propios y características modalidades y formas de existencia en la vida de cada valle o altura en donde decidian habitarlo, comunicándose con sus propias señales y manifestación comunicativas de cada individuo, dando lugar a su original dominio del dialecto o su lenguaje lugareño.    

 

Los restos arquelogicos como se le llamaba a las ruinas, fortalezas, lugares  sagradas o de utilización de los hechiceros, en cuanto llegaron los conquistadores encontraron que éstos lugares hacia mucho tiempo que habían sido abandonados desde la época preinca, por ejemplo las ruinas de Machu Picchu, de Pachacámac, antiguo Templo del Sol, fortaleza del Huarco, ruinas sagradas de Pucará, ruinas de Jauja, la de Hatun Jauja de los incas, citado en 1554 (José Del Busto, p. 70), y muchos otros relacionados en el transcurso de la historia, como también las ruinas de Pashas de Cabana, Iglesiebamba en Chuquique, Cushi en Alaypampa, La Galgada en el río Tablachaca, según los especialistas datan de aproximadamente de 2,000 años antes de Cristo y quedan dentro de la jurisdicción de Tauca, y otros ruinas o vestigios arqueológicos existentes a lo largo del valle interandino de la que hoy conforma el territorio de la provincia de Pallasca, que se mencionan en las cartas y en los sermones de los primeros frayles que misionaron por estos parajes, etc. (manuscrito soldado Sebastián Mesa de Enciso, 1534), y en otros lugares que sería largo enunciarlo, que por la gran extención territorial muchos lugares del Imperio del Tahuantinsuyo, era física y materialmente imposible el control político, económico y social, por motivo del accidentado suelo geográfico que presentaba el enorme Imperio del Tahuantinsuyo, según se ha podido demostrar los estudiosos de los famosos historiadores, que tanto el Inca, como sus emisarios y ejércitos, se movilizaban y ejercian su dominio político, económico y social a traves de los caminos del inca o el llamado Cápac ñan, que se extendía por todo el Imperio, tanto por la costa como por la sierra, de todos los pueblos y asentamientos humanos que se encontraban en el camino y a sus margenes, según a su importancia y estrategia y a los lugares en donde habitaban las poblaciones de mayor densidad humana, con el fin de engrosar sus ejércitos reales del Inca; sin embargo, en los lugares de escasos recursos económicos y humanos no tenían la importancia existencal en la vida política y económica del Imperio de los Incas; por cuya razón, muchos lugares de los Andes y de la selva siempre han permanecido habitando en forma natural, conservando sus propios dialectos, costumbres, y modos de supervivenmcia en forma dispersa en muchos lugares del Perú.              

 

Los escasos misioneros llegados al Perú, no tuvieron las facilidades que necesitavan para realizar su trabajo de evangelización en el Perú, las órdenes y congregaciones religiosas desque que arribaron al Perú, comensaron a enseñar “los alcances, metodos y profundidad del mensaje evangélico” no solo en el Perú si no también a nivel de América, los pocos evangelizadores y doctrineros “realizaron una auténtica obra de transformación en las costumbres, modos de pensar, de vivir y de creer de los naturales del continente”. Después de haberse pacificado la tercera guerra civil, se inició las acciones pastorales y culturales, el Arzobispo Fr. Jerónimo de Loayza convocó el primer Concilio Provincial, en 1552, no tuvo trascendencia por la ausencia de los obispos de Tierra Firme, Nicaragua, Cusco, Quito y Popasyán. El segundo Concilio Provincial de 1565, participaron los obispos de Quito, de la Plata, de Chile y del Cusco. El tercer Concilio Provincial convocado por su sucesor Toribio de Mogrovejo en 1583, se autorizó ordenar sacerdotes a los indios y criollos idóneos. En 1548 de Lima viajó a España el Provincial Fr. Tomás de San Martín, para solicitar al Rey Carlos V, que en el Convento de Santo Domingo de Lima, se instituya el Estudio General Dominicano, Se autorizó su fundación por cédula del 12 de mayo de 1551 firmado en Valladolid. Para futuros dominicos. Consiguiéndose que los capitulares aprobaran la creación de la cátedra de Sagrada Escritura y nombrándose lector de dicha cátedra al Fr. Domingo de Santo Tomás. También Fr. Tomás de San Martín participó en el Capítulo General de Salamanca en España. Después de 24 años de fundación, pasó a ser la Real Universidad de San Marcos de Lima.

 

Con estas informaciones históricas dejo debidamente aclarado y sustentado los lugares y áreas territoriales en donde evangelizaron las órdenes religiosas, y que Fray Domingo de Santo Tomás, desde que llegó (1540) al Perú, desempeñó importantes cargos, fue Prior del Convento del Rosario de Lima y cátedratico de Estudios Generales dentro de la Orden Dominicana; del mismo modo Fray Pedro de Ulloa desde que llegó (1536) al Perú y que por desgracia cayo en manos de los encomenderos quienes lo encadenaron y lo encerraron en un sótano era una  sisterna en donde le quitaron la vida en 1542, por lo que ambos frayles jamás llegaron a Tauca ni al territorio de la provincia de Pallasca.     

 

EPIDEMIAS QUE ARRASARON EL MUNDO

De acuerdo a lo que nos enseña la história de la humanidad, la Biblia nos relata que existieron epidemias y pestes que arrasaron los Imperios más poderosos, las civilizaciones más florecientes del mundo, en forma enteras han desaparecido y sucumbido al embate mortal de la variedad de microbios y bacterias, que inundaron los rincones más alejados de la tierra. En el planeta tanto las epidemias y las pestes, fueron los más mortíferos, que los ejercitos y las armas. La Biblia y la historia nos hace conocer el desastre y la mortandad “que significó para la humanidad la epidemía de peste negra que devastó Europa en ladead Medía, lo cierto es que desde la Antigüedad se conoce el impacto que los virus y las epidemias causaban sobre el enemigo. Moisés, cuenta la Biblia, somete la voluntad del faraón con una plaga que acaba con la vida de todos los primogénitos de Egipto. Pero no es el único caso. Se dice que Julio César no dudaba en catapultar cadáveres contra los pueblos que sitiaba, primer antecedente de las guerras bacteriológicas de ahora. Pero, en rigor, las epidemias que verdaderamente han causado cambios sociales y económicos trascendentales son aquellas que aparecieron de improviso y que, luego de extinguirse, transformaron por completo las sociedades donde se produjeron.  Según nos explica el doctor Uriel García, patólogo y ex ministro de Salud del Perú, cuando ocurrió la conquista de América, el impacto de las enfermedades que trajeron fue tan grande que eso explica por qué un puñado de soldados acabó con civilizaciones como la maya e inca. En todo caso, el intercambio fue mutuo. “Así como hubo un intercambio de cultura y alimentos, también hubo uno de enfermedades. De aquí ellos se llevaron la sífilis”, explica.(…) Noble David Cook, por ejemplo, ha contabilizado que tan solo en el transcurso de apenas 11 años, entre 1524 y 1635, la población indígena fue diezmada por 23 epidemias (viruelas, sarampión, tifus, gripe) que la redujeron en casi 90%. Otro caso similar es el ya citado de la peste bubónica del año 1347 que asoló Europa y acabó con la vida de 25 millones de personas. La recuperación demográfica fue tan lenta y costosa que explica en gran medida por qué duró tanto aquella época. Pero, además, el terror que causó la enfermedad fue tan grande que fue considerada un castigo divino y desde entonces, ante cualquier plaga o enfermedad, por pequeña que fuese la Iglesia ofrecía los remedios y respuestas necesarios. Se hizo poderosa e influyente”.

 

“La gripe, o influenza, es otra de las epidemias que a lo largo de la historia universal han causado verdaderos estragos y configurado el mundo moderno, y que han propiciado avances médicos en su afán por combatirlas. Cuando en el 2000 una epidemia de gripe mandó a la cama a millones de europeos, el mundo temió que se tratase otra vez de una epidemia como la de 1918-19, la famosa gripe española que, en las postrimerías de la Primera Guerra Mundial, acabó con la vida de 40 millones de personas. Desde la Edad Media una epidemia no producía semejante mortandad. Dato curioso que permite ver cómo se comportan las autoridades frente a un brote epidémico lo constituye el hecho de que, aunque todo el mundo la conoce como española, lo cierto es que su origen estruvo en Estados Unidos y de ahí pasó al Viejo Continente, donde el enemigo invisible comenzó a aniquilar ejércitos enteros. La censura sobre la enfermedad, que en boletines e informes oficiales los países beligerantes impusieron, hizo que solo en España, que era neutral, la prensa se diera un festín informativo de modo que todos empezaron a llamarla española. Sin embargo, explica Uriel García, los virus son organismos vivos y, por lo tanto, siguen mutando, lo que produce otras varieantes igual de mortales. Después de la española sobrevino, en 1957, la gripe asiática, que acabó con un millón de personas en Oriente. Otra, la gripe de Hong Kong, terminó con la vida de 700,000 personas en 1968. Y en 1977, una gripe rusa, que la censura soviética escondió muy bien, acabó con un número de víctimas que hasta hoy desconocemos (hubo otra gripe rusa, la de fines del siglo XIX, que dejó un millón de muertos, nos cuenta García). En ese sentido, la epidemia que ahora preocupa a Europa es una prueba más de esa “movilidad” de virus y bacterias que han influido en nuestros destinos, ya sea que nos enfermemos o no. Si no, pregúnteselo a los agricultores españoles, a quienes se los acuso en un principio de exportar pepinos a Alemania contaminados con la bacteria “E”.coli enterohemorrágica”. En la Novela “Castigo divino”, Francois Gourcez cuenta la historia de la epidemia de viruela que azotó Francia en 1713, la más mortal de su historia (decenas de miles murieron) y la del descubrimiento de una nueva forma de combatirla que generaba reticencia en todos pese a su comprobada eficacia: la vacuna. Esta consistía en prevenir la viruela inoculándose otra, en este caso la viruela de la vaca, de ahí su nombre. Desde la iglesia hasta los científicos se oponían. El papa León XIII advirtió: “Quienquiera que procede a vacunar deja de ser hijo de Dios: la viruela es un castigo querido por Dios; la vacunación, un desafío contra el cielo”. Los segundosestaban convencidos de que la vacunatransmitía la sífilis, el cáncer, el escorbuto y la lepra. El tiempo le dio la razón a Edgard Jenner, su descubridor”.                    

 

Los enemigos de la humanidad es “el cólera, difteria, fiebre amarilla, gripe, paludismo, peste bubónica, sífilis, tifus, tuberculosis, y viruela son las diez peores enfermedades que el hombre ha debido enfrentar. “Aunque la Biblia, específicamente el Libro del Apocalipsis, habla de cuatro jinetes que anunciarán la llegada del juicio final, la humanidad ha luchado desde el inicio de los tiempos con diez de ellos y con nombre propio: las diez enfermedades más mortales que ha enfrentado el hombre. De estas, solo la viruela ha sido eliminada en el mundo. Otras dos enfermedades igual de mortales, la polio y el sarampión, se encuentran todavía en vías de erradicarse. La presencia de todas ellas se puede rastrear en muchas fuentes y documentos históricos. Homero se refiere a la plaga que diezmó al ejército griego que sitiaba Troya. Y Tucidides cuenta espléndidamente la palga de tifus que asoló Atenas en el siglo V a.C. y que acabó con la vida de Pericles. Más cercano a nuestro tiempo, la plaga de fiebre amarilla y malaria que causó una alta mortandad entre los miles de trabajadores del Canal de Panamá está presente en la tradición oral de los panameños y en muchas novelas. (Jorge Moreno Matos, Internacional, Lima, domingo 5 de junio 2011, pág. 5 y 6)

 

Con este estudio glosado he tratado de demostrar, que en el continente americano tanto en México como en el Perú, en donde se desarrollo el Tahuantinsuyo, también fueron arrasados en aquel tiempo con las epidemias mortales que dejó grandes pueblos exterminados de sus habitantes, con el cual por estas circunstancias se cortó toda continuidad de sus vidas; como por ejemplo el sitio arqueológico de la ciudadela de Machu Picchu descubierto en el Cusco, en donde al parecer se quedaron desabitados por estas plagas naturales que causaron la muerte masiva de su gente, como también se suman las plagas, sequías y ambrunas que padecieron en el antiguo Perú; en cuanto, los pueblos preincas se veían atacados con estas plagas, sus habitantes se veían obligados vivos hacerse enterrar con sus tesoros y sus sirvientes, como en el caso del Hombre de Cipan en el norte y otras tantas ciudadelas que se estan descubriendo; desde el campo médico e histórico los patólogos e historiadores desde mucho tiempo han dedicado sus vidas al estudio e investigación de estas distintas epidemias de pestes ocurridas  en el antíguo Perú; por esta razón, podemos afirmar con certeza lo que nos dice en su diario el soldado de Alonso de Molina, Sebastián Mesa de Enciso, cuando nos dice: que las pocas ruinas arqueológicas encontradas en el territorio de lo que ahora son los distritos de Llapo, Tauca, Cabana, Conchucos y otros, en cuanto arribaron en 1534, lo encontraron abandonados sin rastros de seres vivientes, solamente los naturales que vivian diseminados en el valle, hoy el tiempo y las investigaciones nos confirman y nos demuestran que las epidemias, plagas, terremotos, sequias y ambrunas, fueron la causa de haber originado estos desastres que han padecido nuestros antepasados en el antiguo Perú.

   

EL PRIMER BENEFACTOR DEL PERU

El primer benfactor del Perú fue un cacique principal del valle de Jauja que hizo las gestiones necesarias para obtener fondos para su repartimiento. “En 1666, el cacique principal de Ananguanca don Carlos Apolaya, pidió que se cobrara 4, 572 pesos de la caja de rentas y censos de Lima a nombre de los indios pobres de su repartimiento”. (ARJ. Protocolos Notariales, t.9 (Juan Francisco de Pineda) [1666], f. 597r.). Este personaje dio muestra y lección al mundo andino que las comunidades en los diferentes lugares del Perú sufrian escaces y que las tierras del centro en esas épocas eran las que mejor producian en abundancia el trigo y el maíz, además coca, ají, frutales, legumbres y otros más como pastales para el ganado, las zonas del centro valle de Mantaro hacia la montaña y el sur los valles del Cusco, eran las que mejor producían y además los españoles y mestizos se encontraban la mayor cantidad concentrados en estas tierras fecundas de arboledas nativas.  

 

SEQUIA EN EL VALLE DE PALLASCA

De acuerdo al testimonio vertido en un discurso dominical escrito por el Cura don Juan de Llanos de San Juan de Pallasca, se dirije a sus feligreses diciendoles que “tengan paciencia que la sequía que viene sufriendo las tierras de los pueblos del valle será superado”, he “impartido ordenanzas a todos los pueblos de Pallasca, Sihuas, Conchucos, Pampas, Huandoval, Cabana, Tauca y Llapo, para que se avoquen a elevar plegarias al Todo Poderoso, para que mande las lluvias y puedan regar los campos de las zona y haga reverdecer los cerros de pastos y aumenten las aguas de los riachuelos, evitarán que se muera sus animales y abrá productos para vencer el hambre”, y continúa diciendo: “tengan fe en el Señor, el es nuestro padre nos dara los alimentos y no dejara que su ganado se mueran”, casi al final dice: “que ha comunicado a las autoridades Eglesiásticas y todabía no tienen respuestas, esperemos unos días, también a los hacendados del centro, pasado mañana tendremos novedades esperemos”, efectivamente el 4 de enero de 1594, encabezado por don Felipe Guacrapaucar, cacique y segunda persona del repartimiento de Luringuanca, apoyado por otros hacendados españoles remitieron una gran cantidad de trigo y maíz, varias cabezas de ganado ovejuno, de ganado de cerda, para el pueblo de Pallasca y ahí se repartieron a los demás lugares, para aplacar la ambruna de sus pueblos, este gesto llegó a oidos del virrey y ordenó que a él y a otros también les otorgaran en el mes de mayo de 1594, el “reconocimiento del usufructo de estos bienes comunales inmuebles a través de las famosas composiciones de tierras al Rey”, consistia la composición de un conjunto considerable de “propiedades” en el repartimiento.

 

En forma similar, dias después un grupo de hacendados españoles apoyado por Juan Guaynalaya, cacique principal del repartimiento de Ananguanca y Jerónimo Guacrapaucar, cacique principal de Luringuanca y otros hacendados españoles y mestizos también se hizo presente  con un gran cargamento de productos de trigo, maíz, legumbres y otros comestibles, con 60 cabezas de ganado ovejuno, y 25 cabezas de ganado vacuno, descargandose en el pueblo de Cabana, de donde se repartrió para el pueblo de Huandoval, Tauca, Llapo y otros pueblos del valle, estos esfuerzos también fueron reconocidos “a través de las famosas composicionesde tierras al Rey”, esto fue dado a conocer a la comunidad por cada Sacerdote que conducian las según se dice:”el pueblo debe agradecer este valioso aporte a la solidaridad de las comunidades realizados por nuestros hermanos en cristo el Salvador”.

 

De acuerdo a estas informaciones puedo decir, que recien sabemos con exactitud los meses y época en que los pueblos del valle del que hoy es la Provincia de Pallasca, tuvo una escaces de alimentos motivado por la ausencia de las lluvias de la temporada y recien sabemos que las comunicades vecinas que pudieron brindarnos su apoyo y solidaridad en los momentos que más lo necesitabamos, es digno de un reconocimiento y agradecimiento a estas comunidades que nunca sufrieron sequias menos ambrunas, por las riquezas en ganado y variedad de alimentos que producía su fértiles tierras.            

 

Gratuidad de los servicios religiosos (1589).- El “Santo Prelado quiso que cada población de mil habitantes tuviese su Doctrinero o Cura, por la necesidad  de evangelizarlos y catequizarlos. (…) Para el sustento del Cura-Doctrinero estaba prevista una pensión anual de 300 a 400 pesos ensayados, que provenían de los tributos que pagaban los 300 o 400 indios tributarios que había en cada población de mil habitantes. Ellos se los daban al Encomendero, y éste al Doctrinero” (Santiago Márquez Zorrilla). Gracias a Dios, que este aspecto no funcionó en nuestra provincia de Pallasca; por dos razones: uno, por no existir poblaciones con mil habitantes; y dos, porque el Encomendero designado, jamás llegó a este lugar por su aislamiento geográfico (nunca quisieron escalar o conocer las Cordilleras Blanca (Nevada) y Negra), ni ha efectivisar el pago de tributos por los indios; todo esto se debe a que los frailes administraban y se encontraban más cerca de los naturales, que habitaban en la más completa libertad, bajo la tutela y administración de su fraile que a toda costa los defendian. En este caso, “el cura no debía cobrar a los indígenas por la administración de los sacramentos. Podía si recibir estipendios de misas, una parte del diezmo y lo que espontáneamente daban los feligreses. La gratuidad de los servicios religiosos se debía a motivo de caridad y ejemplaridad a favor de los nativos y a causa de la pobreza de ellos”. (Santiago Márquez Zorrilla). Este principio humano fue ampliamente practicado por todos los frailes que les correspondió evangelizar nuestro territorio que hoy es la provincia de Pallasca.

 

“Hablando del estado de misería material de los indios (de otras provincias) en aquellos tiempos, el Santo Toribio de Mogrovejo, escribiendo a Felipe II, desde Andajes, Provincia de Cajatambo, el 13 de mayo de 1589, decía lo siguiente: “La miseria, pobreza y calamidad en que estos infelices están puestos es tanta que si no es viéndola en persona no se puede ni deja entender”. Y acerca del contraste entre la vida de los Corregidores y la de los pobres indios, continuaba: “A ellos (los Corregidores) les sobran posadas, y los pobres (los indios) no tienen dónde ampararse”. El Santo Pastor procuraba que sus Curas estuvieran dotados de lo humanamente necesario para su honesta sustentación; por eso procuró que cada Doctrina o Parroquia tuviera su Casa-Convento donde vivir y una huerta-corral lo suficientemente grande para el cultivo de hortalizas y productos de panllevar; y cuando el Rey, el Virrey y los Corregidores pretendian escamotear los derechos que legítimamente correspondian a los Curas, él los defendía como la leona defiende a sus cachorros”. (Santiago Márquez Zorrilla).      

 

GRIANZA DEL GANADO.- De acuerdo al informe del rodeo se anotan, que el día 17 de marzo de 1582, se han contabilizado que en el pueblo de Tauca, “además de las tierras y pastos”, de varias chacras de trigo y otro tanto del maíz, también existian gran cantidad de “aves y carneros de Castilla, puercos y algunas vacas”, también “poseían” llamas y alpacas, muy poco destinado “para el transporte”más era cuidado “por su carne y por su lana”, en este caso, tanto los españoles como los indios criaban “el mucho ganado mayor y menor que poseían”en su administración diaria. El valle tenia muchos parajes de pastos, el ganado generalmente “se asentaba en los “cerros” altos  y comarcanos”, a lo largo del valle se ocupaban “en las cordilleras de la costa y de los Andes, a 10 y 5 leguas de distancia respectivamente”, existian muchos pastores, “así como muchos carneros de la tierra”, (Ramirez-1597:320-323) de aquí podemos deducir, que los productos y animales producidos y criados en las alturas o en los valles interndinos, se les calificaban en las ciudades de la costa, como procedentes de la “tierra”, pero los mestizos y criollos lo pronunciaban como traidos de la “sierra”. “Es problable que, en un inicio, los indios se beficiaban de las donaciones de ganado hechas por sus encomenderos”. Como es el caso que, según Guaman Poma de Ayala, “el capitán Cristóbal Peña, encomendero de Luringuanca, dejó a sus indios parte de su  hacienda”. 

 

CUANDO LLEGO LA IMPLEMENTACIÓN DE OBRAJES A TAUCA.- En una carta de fecha 22 de marzo de 1538, dirigido al Padre Fray Juan Bautista Dávalos, por Martín de Alcántara, el medio hermano de Francisco Pizarro, le informa que se encuentra residiendo en Jauja, y que recuerda como integrante de la Comitiva exploradora de la recepción que le dieron al lugarteniente Francisco Martín de Alcántara, en lugar de Hualalay y que aún “no olvida de la agradable comida que les ofrecieron”, de la “belleza de sus parajes”, “del amanecer”, y de tantas otras atenciones recibidas, así como de la posesión que hicieron del nuevo lugar llamado Tauca, y que le comuniquen que necesitan para sus campos, le ofrece apoyar en su capilla religiosa, en semillas, en ganado, porque cuenta con la influencia de los Curacas del valle del Mantaro, y con algunos otros de los que integraron la “Comitiva exploradora”; los cuales se quedaron a residir en Jauja y sus alrededores; éstas circunstancias de ofrecimienmto fue el nexo y la oportunidad más importante, para el Padre Fray Juan Bautista Dávila, que hasta ese entonces ya había adoptado el nombre reducido como “Padre Juan”, este hecho novedoso, el religioso hizo público en un bando parroquial y en un sermón de la misa del día domingo, conforme alegremente le manifiesta al contestar la carta, y entonces aprovecha el solicitarle que le obsequie a sus feligreses de Santo Domingo de Tauca, lo siguientes pedidos: una recua de 10 mulas de camino, para transportar bienes en dichos animales, 10 caballos amansados para cabalgar, 10 cabezas de vacuno hembras y un macho, 10 cabezas de ganado ovejuno de “castilla” o de “raza” para la crianza, y una ara o piedra consagrada para celebrar el sacrificio de la misa en la Capilla. Pasaron un tiempo de un mes y los pedidos fueron atendidos. Lastimosamente que a los tres años fueron asesinados conjuntamente con el marqués su medio hermano Francisco Pizarro Gonzáles, en su residencia en la ciudad de Lima, a mediodía del domingo 26 de junio de 1541.

Con esta información de la carta, podemos afirmar que en ésta época llegó por primera vez el ganado vacuno, el ganado ovejuno, para la crianza; en caso del caballo ya había llegado con la Comitiva exploradora dirigido por el lugarteniente Francisco Martín de Alcántara, con estos pedidos queda demostrado que oficlmente se generaron o se iniciaron los llamados obrajes y la crianza de este ganado por primera vez en el territorio del pueblo de Santo Domingo de Tauca.

 

PRIMERA SENTENCIA DE LITIGIO SUCESORIO EN EL PERU

“El acceso definitivo de don Carlos Limaylla al cargo de cacique principal y gobernador del repartimientote Luringuanca durante la difícil década de 1570 se vio favorecido, en última instancia, por tres factores: su condición de hijo mayor, las opiniones del corregidor y de los oidores de la Audiencia y, sobre todo, el antecedente documental de su reconocimiento como sucesor por Diez de San Miguel. Los argumentos de don Antonio Suniguacra y de don Juan Mangoguacra, litigantes contra don Carlos, no convencieron a las autoridades. Asi, entre 1570 y 1582, don Carlos se beneficio de la imposición del modelo hispano de sucesión para él y sus descendientes directos durante el resto del siglo XVI y prácticamente todo el siglo XVII. Esta relativa seguridad en el cargo no significó el fin de las batallas legales por el próspero curacazgo de Luringuanca, ni siquiera en lo que quedaba del siglo XVI”. “En agosto de 1586, cuando don Jerónimo Limaylla, hijo de don Carlos, recibió la posesión del cacicazgo que había pertenecido a su padre, la historia de disputas se repetió una vez más. A pesar de los esfuerzos del virrey Toledo y de su visitador por amenguar los litigios entre curacas, estos serían constantes a lo largo del periodo colonial”. (Los curacas hechiceros de Jauja, José de la Puente, pág.153).

Con esta información demuestro que en el territorio de la provincia de Pallasca no se producia estos problemas judiciales, por no existir litigios entre los pobladores del valle, los pocos españoles que arribaron a estos valles norteños eran pacíficos con los naturales.

 

NO REGISTRA LITIGIOS EN LA PROVINCIA DE PALLASCA

El territorio del valle interandino que hoy ocupa la Provincia de Pallasca, durante el periodo de vida desde el año 1534, en que es ocupado pacíficamente por los españoles, no registra ningún pleito entre sus habitantes, por cuanto no existia cacicazgos, como por ejemplo, en el centro del pais durante “las décadas que median entre 1550 y 1580 fueron un periodo muy convulsionado”, “la resolución de los pleitos por cacicazgos que el visitador toledano Jerónimo de Silva emprendió en 1570 hizo peligrar la continuidad de los Apoalaya en el curacazgo”, los conflictos fue por legitimidades, menos mal estos problemas no se presentó en el territorio de la provincia de Pallasca, según testimonios manuscritos que se glosan en este trabajo, cuando llegan los españoles no estaban organizados se encontraban dispersos, las anteriores organizaciones prehistóricos habian abandonado y desaparecido en muchos lugares; por esta razón, no existió en todo el valle interandino ningún enfrentamiento ni resistencia contra los españoles que los poblaron. Después de mucho tiempo posterior en cuanto se conformaron las respectivas comunidades, recien comenso sus convenidas pacificas limitaciones y las posisiones de hechos por sus nuevas autoridades comunales sin producirse mayores problemas por las extensas tierras. Por eso, “los sucesos en torno a la Visita General en el valle de Jauja debe concebirse, desde el punto de vista  de la sucesión curacal, como el resultado del periodo de transformación abierto hacia 1532 y, especialmente, de las iniciales tensiones y reacomodos de la elite nativa del valle en torno de los curacargos”.  “La opinión de visitadores, corregidores y oidores para sancionar el reconocimiento de determinados caciques principales fue determinante”. Para reodenar  “en la nueva estructura de poder nativo que venía cristalizándose en los repartimientos de indios”. “Así, aquellos que no fueron designados caciques principales ocuparían posiciones intermedias como segundas personas, gobernadores interinos y principales de pueblos y parcialidades. Estos personajes representarían, a la larga, una seria amenaza para la frágil posición de los curacas principales de Jauja”. (José de la Puente: pag. 161).  

Se ha hecho afirmaciones generales que es necesario profundizar las investigaciones de Susan Ramirez (2002 {1996}: 83),  “ha enfatizado que, por lo menos para la costa norte, los cambios de Toledo en la década de 1570 no fueron un punto de partida necesariamente. La reorganización del virrey “ya era tardía”, pues “muchas de las tradiciones en las cuales basó sus planes eran fundamentalmente distintas de lo que habían sido medio siglo antes”. Según la autora, las transformaciones en las cuatro décadas anteriores cambiaron la “base de legitimidad”, y el papel del curaca andino. De forma similar, Noack (2001:199-200) nos presenta la creación de un nuevo “paisaje político” en los primeros años de la Conquista, marcado por el reordenamiento de la relación de prestigio e importancia entre las autoridades de las siete “guarangas” de Cajamarca, aunque la impresión dejada en los documentos posteriores fuera la de que se trataba de una organización prehispánica. Los cambios en las relaciones de poder implicaron la “construcción de prestigio” de una “guaranga” sobre las otras, teñida por el esplendor prehispánico”. Es decir, vivian en “en su ley antigua”,

En el caso de la provincia de Pallasca siguieron conservando sus mismas costumbres y tradiciones los nativos de sus lugares, porque vivian en su propia ley antigua de sus ancestros prehispánicos. 

 

ORGANIZACIÓN DE LA COMUNIDAD DE INDIOS Y EL JUEZ DE AGUAS

En cuanto llegaron a repartirse las tierras y como la intromisión de los españoles y mestizos en las tierras y pastos tanto de las partes bajas como de las alturas desde fines del siglo XVI el Padre Juan Bautista Dávila de la Capilla Santo Domingo de Tauca en todos sus sermones dominicales se quejaba por la intromisión arbitraria a las tierras y pastos de las comunidades de indios no solo en el valle de Tauca, sino que también en los demás lugares del territorio de la provincia de Pallasca, fue entonces que un domingo dice el bando, después de la misa, con la presencia de los pobladores y el gobernador, a iniciativa del cura, se trato de conformar una comisión que se encargarían de cuidar estas intromisiones, disponer el sembrado de semillas de los lugares de tierras de temporada y el “uso de los sitios y pastos”, inclusive también se “encargaría a repartir las aguas para el regadío de las siembras” y los días que les correspondían “hacer uso del líquido de la jalcas”, para no producirse los roces entre los nativos y españoles, entonces fue el día domingo 12 de junio de 1539, se designa la primera Comisión que conformaría la llamada “Comunidad de Indios”, conformado de un anciano agricultor: Cipriano Toribio Inca y dos jóvenes ronderos de apoyo: Baulio Torobeo Quispe y Timotea Reyes Yanac, los cuales fueron juramentado por el gobernador, recibiendo la vara de mando, tallado en palo de huarauya con una cinta color amarilla atada en un extremo, para portarlo como símbolo de autoridad en la “distribución y cordelado de los andenes” de terreno, semejante al gobernador del pueblo, prometiendo cumplir por el cargo concedido, para la repartición de los andenes de cultivo de temporada, siendo sembrada con las “semillas donadas al curato de Santo Domingo”, por un período de un año de gestión, con esa condición recibía el mando; en igual forma para el reparto de las aguas designaron, también a un anciano agricultor: Dionisio Cerna Huanqui, como el primer Administrador de Aguas, juramentado por el gobernador del pueblo, recibiendo la vara de mando más larga, semejante a un largo bastón de palo de huarauya, tallado y atado en el extremo superior de una cinta de color verde significando el verdor del campo, para portarlo como símbolo de autoridad en la distribución del agua en el valle, para el regadío de las sementeras, dejando a su cargo designar a las personas coordinadoras “de sus conocidos y que goce de su confianza” designándoles como Juez de Aguas, tomandoles el juramento de estilo, comprometiéndose que se encargarían del reparto de las aguas a los regantes de la zona del valle, de las acequias principales, como también de las relimpias de las mismas,  encontradas por los españoles en uso de los nativos y de las relimpias de las acequias, así consta en el bando pregonado. (Exp. Nº 02-Archivos Parroquiales transferidos al Municipio, pág.65). El Padre Fray Juan Bautista Dávila, cura del pueblo de Santo Domingo de Tauca, el día 13 de junio de 1539, según reza en una citación parroquial. Paraque convoque a reunión en la plaza de armas del pueblo a todos los Jueces de Aguas, según su importancia y además a todos los regantes del valle de Tauca, para realizar la celebración de la fiesta “Corpus Christi”, en coordinación con los dirigentes de la Comunidad de indios y los ronderos del reparto de las tierras; fue entonces, que por primera vez se instituye la fiesta y el baile de los Jueces de Aguas en el pueblo de Santo Domingo de Tauca, convirtiéndose en una de las estampas folclóricas más importante de la zona, conformado por los Jueces y vigilantes de agua de cada paraje, en donde existian represas de riego y la toma de regadío, eran los lugares en donde se repartían las aguas, para los diferentes lugares de los sembríos del valle de Tauca. La fiesta se inició en la Capilla, los usuarios de agua  o los regantes, improvisaron cazuelas y pailas para el preparado de alimento de los jueces y regantes que asistieron, los jueces de agua comenzaron a “desplazarse bailando las canciones y tonalidades de los cajeros” o chirocos, que con ritmo cadencioso golpean el suelo con la vara de mando acompañado del pie derecho a izquierdo, el cura les habia preparado:

                       

        El agua es la vida

                             Jesucrito el camino,

                                        del campo la dicha

                                        al Santísimo Sacramento.

 

Los nativos bebian la chicha y masticaban la hoja de coca, desfilaban bailando en dos columnas, bestidos de pantalón de bayeta natural cordoncillao ya sea de lana blanco con azul o blanco con abano, sostenido con una ancha faja de “labores con colores encendidos”, llebando un saco del mismo color, con sus pies protegidos de sus llanques con correas, en la cabeza protegido de un sombrero tejido de junco; mientras que otros portaban en los brazos plantas de maíz de riego, las mujeres que acompañaban llevaba flores rojas sobre las orejas y en el sombrero una alforja con productos colgaba de su hombro derecho, mientras con la vara de mando marcaban el paso. El administrador de aguas se preparó para acatar lo manifestado por el Padre Fray Juan Bautista Dávila, el quién dirigió y dispuso como sería su participación en este día celebratorio de Corpus Christi, con asistencia de los usuarios de agua. 

En necesario conocer en que consiste esta celebración, el pueblo le designaba ocupar el cargo de Administrador de aguas, el cual se preparaba para la celebración que infaltablemente se hace en España, pero antes, déjeme explicarle:

“Corpus Christi quiere decir en  latín, "Cuerpo de Cristo"en España es la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo o "Cuerpo del Señor", es una fiesta de la Iglesia católica destinada a celebrar la Eucaristía, es Jesucristo en el Santísimo Sacramento. La celebración se llevará a cabo el siguiente jueves al octavo domingo después del Domingo de Resurrección, es decir, 60 días después del Domingo de Resurrección; formalmente es el jueves que sigue al noveno domingo siguiente a la primera luna llena de primavera del hemisferio norte. En 1208 la religiosa Juliana de Cornillon promovió la idea celebrar una festividad en honor del cuerpo y la sangre de Cristo presente en la Eucaristía. Por primera vez se celebró en 1246. En el año 1263, mientras un sacerdote celebraba la misa en la iglesia de la localidad de Bolsena, (Italia), al romper la hostia consagrada, brotó sangre.[1] Este hecho milagroso, muy difundido y celebrado, dio un impulso definitivo al establecimiento como fiesta litúrgica del Corpus Christi. Fue instituida el 8 de septiembre de 1264 por el papa Urbano IV, mediante la bula Transiturus hoc mundo. A Santo Tomás de Aquino se le encarga difundirla con su obra Oficio y Misa del Corpus, además de componer himnos eucarísticos para la fiesta, como el Pange Lingua. En el concilio del Vienne de 1311, Clemente V dará las normas para regular el cortejo procesional en el interior de los templos, e incluso indicará el lugar que debieran ocupar las autoridades que quisieran añadirse al desfile. En el año 1316, Juan XXII introduce la Octava y exposición del Santísimo Sacramento. Pero el gran espaldarazo vendrá dado por el papa Nicolás V, cuando en la festividad del Corpus Christi del año 1447, sale procesionalmente con la Hostia Santa por las calles de Roma. En muchos lugares es una fiesta de especial relevancia y en varios países es un día festivo oficial (ciertas partes de España, Austria, partes de Alemania, Hungría y Suiza, Brasil, República Dominicana, Bolivia, Colombia, Croacia, Polonia, Trinidad y Tobago, Portugal, Perú, Venezuela y Ecuador). Las celebraciones del Corpus suelen incluir una procesión en la que el mismo Cuerpo de Cristo, se exhibe en una custodia. Dicho popular: Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión.(Wikipedia, la enciclopedia libre).              

LOS PISHTACOS.- En cuanto se produjo la explotación minera a nivel de todo el territorio de Tauca, entonces se comenzó a usar implementos que requería el engrase de las herramientas, fue entonces que aparecieron el terror de los “Pishtacos”, eran personas valientes, no tenían compasión, cínicas e ignoradas que se dedicaban a extraer la grasa de los seres humanos para posteriormente obtener el aceite para las maquinas y herramientas que requerían de este elemento, estas personas actuaban solapadamente por las alturas o las punas y quebradas, fue entonces que cerca del camino que iba hacia el pueblo de Corongo, se instalaron a la salida del río Pacollana junto a la quebrada del mismo nombre, en el lugar descampado como para llegar al alto de Cuzmaca, en dirección de venida de Corongo a Tauca. Estas personas se escondían entre las ramas típicas del lugar, para que desprevenidamente atraparan a sus victimas inocentes, para extraerles la grasa de sus cuerpos y obtener el costoso aceite humano, éstos operaban en familia por muchos años, jamás fueron descubiertos por que eran temibles ya que eran prácticamente una descendencia de familias españolas, luego mestizos que lo hicieron a nivel de los diferentes lugares del país, que hoy se cuenta como una leyenda increible, sus actuaciones lo realizaba en forma individual difícil de descubrirse, la grasa humana lo obtenían de asesinados inocentes, los pishtacos tanto de día como en la noche acechaban en los lugares desolados a decapitar a sus victimas de cualquier sexo, especialmente de hombres jóvenes de contexturas entre ni muy gorda ni muy flaca, no de niños, sus victimas tenían que encontrarse desprevenidos pasando por el camino, ellos cuidaban de no ser vistos ni alertados, para que sus victimas no se asustaran, en caso contrario, el cuerpo de la persona se inundaba de sangre y esa grasa humana, ya no servía, la grasa tenía que ser totalmente blanca sin impurezas, para lo cual utilizaban una cuchilla de acero muy filuda en forma de una hoz, tenían que tener mucha habilidad y agilidad para decapitar a sus victimas, en primer lugar el pishtaco esperaba a la persona desprevenida en silencio, luego de improviso le decapitaba y le arrastraba a un extremo del camino para no ser advertido, inmediatamente lo subían hacia arriba por un estrecho caminito hasta llegar a una piedra grande, bajo esta piedra se encontraba una cavidad como cueva, en donde ocultaba al decapitado, luego de despojarlo de sus prendas, tenían que desangrar el cadáver, una vez que perdía todo la sangre, le seccionaban las extremidades, baceaban los intestinos y los órganos del cuerpo para luego colgarlos de una soga de cabuya o de un alambre en la parte alta existía una argolla de fierro empotrada en la piedra, luego encendían unas velas gruesas, con su calor que producían al cuerpo del cadáver se escurría o se extraía la grasa para obtener el aceite para maquinas, las victimas eran casi en su mayoría arrieros y trabajadores que venían o que regresaban de haber laborado en las minas que se explotaban en las vertientes del valle de Tauca, o venía de Corongo, esta actividad criminal secreta se trasmitía de generación en generación, hasta la fecha existe la argolla empotrada bajo la piedra grande oculta dentro de unos arbustos típicos del lugar. Los hijos de Tauca, pueden habilitarlos éste lugar como un lugar turístico de la época de la Colonia, para demostrar veracidad de los hechos y calificar hasta dónde llegaban los exploradores de las empresas mineras.               

 

CHORRO CANTADOR.- Según la información obtenida de un bando religioso voceado al pueblo se dice, “que con el fin de no dar oportunidad a las desapariciones de las personas que los ven asomar venir por el camino de la altura y que al descender no llegaban al pueblo desaparecían de este mundo, se comunica que todos al llega junto al chorro, empiecen alertarse silbando y cantando, para que los pishtacos no puedan atentar contra de su vida y les dejaran pasar sin problema alguno por el camino de la salida del río y en la parte silenciosa de la vertiente”, pues desde esa fecha del bando religioso del Padre Fray Juan Bautista Dávila la mencionada caída de agua de la quebradita tomó el nombre de “CHORRO CANTADOR”. Porque los lugares temibles eran el cerro del Bronce y también el lugar de Matacancha que comprendía la quebrada bulliciosa por la caida de las aguas del río de Pacollana. 

 

En muchas partes del territorio nacional se instalaron cerca de los caminos y en los lugares más silenciosos como las quebradas, para poder sorprender a sus desprevenidos e inocentes victimas, en uno de mis viajes realizados por el Callejón de Huaylas conocí a un viejo campesino de Cátac de Huaraz que me narraba que para atravesar los parajes ya sea de la puna o de la provincia eran siempre de herradura unas veces se caminaba a pie y en otras a lomo de burro o de caballo, me llevo a conocer un lugar llamado “Qora”, que se ubicaba junto a un río queda sus aguas al Río Santa formado de varios cerros, en uno de ellos existía una cueva en el cual se observaba en la parte alta una argolla con signos carcomidos por el oxido apreciándose que hace un buen tiempo de su abandono, en esta cueva me señalaba el acompañante en la época de la colonia los pistachos colgaban el cuerpo de las personas adultas que habían degollado cruelmente sin piedad alguna con un instrumento cortante llamado “alpánquer” que seccionaba a gran velocidad decapitando la cabeza del cuerpo, inmediatamente recogía el cuerpo de la victima y la trasladaban a la cueva en donde la colgaban sobre una fogata que al calor del fuego goteaba la grasa por el cuello del cuerpo humano colgado sobre una vasija grande llamado “perol”, esta grasa era utilizado para las máquinas industriales de las minas, aviones, y otros implementos que requerían de una alta lubricación, inclusive también eran empleados para la construcción de los puentes, de los molinos hidráulicos, en esa época era una industria muy cotizada la obtención de la grasa humana, por estos lugares caminaban en compañía de dos, tres o más personas, muchos cuando viajaban se protegían el cuello con ponchos o alforjas de consistencia en donde el arma del pishtaco no podía seccionar el cuello y en cuanto rebotaba contra los peñascos y las piedras generaba un ruido de caída de metal y además producía una fugas chispada de luces característicos al relámpago del tiempo.                  

 

CAPITULO  XII

INTERCAMBIO CULTURAL

 

ANCESTRAL COMPORTAMIENTO DE LOS HABITANTES

DE LA PROVINCIA DE PALLASCA

Revisando la historia de los pueblos de la provincia de Pallasca, se aprecia en toda su intensidad, que desde tiempos inmemoriales tienen un comportamiento especial digno de seguir conservandolos en este valle interandino, durante mis viajes por esos lares he podido observar que tienen un alto sentido del comportamiento enmarcado dentro de un principio ancestral de la moral, parecen que todos los padres o familias hayan sido instruidos , educados y modlados dentro del marco de los ineludibles valores morales que trasa, que norma verticalmente de lo que las familias y los hijos puedan diferenciar como dos caminos entre lo bueno y lo malo antes de emprender o tomar alguna decisión en sus vidas o en sus normas de conductas y este aspecto es el que modela realmente el comportamiento humano para saber diferenciar cuando estan actuando en el campo de lo correcto o estan equivocados en el campo de lo incorrecto. Pues estos comportamientos generales de las familias y ciudadanos de toda la provincia no solo nos ayuda , nos facilita a fijar, señalar o establecer normas de conducta, sino que también nos encamina a tomar serias determinaciones de sabias decisiones. Estos principios es digno de tomarse como ejemplo, para la aplicación de conducta en otros pueblos del Perú, o llevarse su aplicación a otros ámbitos más planificados como para los desempeños de los cargos estatales o también serían de gran provecho en caso de aplicarse en los campos empresariales.

 

En todos los pueblos de la provincia he podido advertir que este valor ético tiene mucha importancia hasta en los partidarios que conducen los predios y obtienen las cosechas, las transacciones entre el dueño del predio o de la chacra y el partidario, arrendatario o simplemente el “peón”, realizan transacciones muy equilibras y justas que mantienen a todos dentro de una atmósfera de satisfacción sana y de relaciones pueblerinas de un nivel cordial e imprescindible de gran moral, y esto se dan de manera continua desde hace muchos milenios, desde los tiempos preincas, por esta razón, en todos los ambitos de la zona se aprecia que existe entre los actos contractuales verbales una densidad altamente de confianza y estos “tratos” de los lugareños es suficientemente dable y aceptable dentro de la sociedad para que se pueda viabilizar, concretar y realizarse entre las gentes de los grupos sociales.

 

En realidad los grupos sociales o los pueblos que no conocen ni practican estos principios de los valores de la moralidad o modernamente diremos la ética, generarían una difusa desconfianza y se enfangarían en muchos errores, sería un caos, no sabrían “que todas las personas somos iguales”, y que todos las personas “tenemos un mismo derecho al trato respetuoso”, las sociedades o los pueblos de la provincia que desde su niñez no lo han enseñado ni menos se les ha “interiorizado el juicio lógico: no debo hacer a los otros lo que no querría para mi”, no podrían apreciar ni practicar ese hermoso terreno que nos enseñaron sobre la cortesía.

 

DOCUMENTOS INEDITOS.- Es conveniente glosar esta documentación inedita, que es la única en el pais que hasta ahora no ha sida conocida, nos dará una clara idea del aislamiento de todo el territorio que hoy conforma la provincia de Pallasca, no solo en la época del Imperio Inca sino que también en la época del virreinato: “En lo que atañe a las fuentes, este capítulo combina documentación inédita con una lectura alternativa de tres documentos publicados del siglo XVI. La redacción de estos documentos involucró directamente a los curacas del valle. Analizando desde la perspectiva novedosa de la sucesión curacal y de la consolidación del esquema que reguló la estructura jerárquica de la elite andina colonial de Jauja, estos testimonios narran una historia desconocida hasta ahora. El primer documento son las conocidas informaciones de los curacas huancas sobre sus servicios en la conquista y pacificación del Perú, dadas a conocer por Espinosa Soriano, “En esencia, las Probanzas huancas están compuestas por dos grupos de documentos. El primer conjunto corresponde a cuatro Memorias breves redactadas en junio de 1558 en nombre de los tres curacas principales del valle de Jauja. En ellas se da cuenta de los hombres, las mujeres y los bienes entregados a los conquistadores en el lapso que media desde la estancia de Francisco Pizarro en Cajamarca (1532-1533) hasta el develamiento de la rebelión de Francisco Hernández-Girón (1554). El segundo conjunto documental está conformado por dos informaciones de servicios. La primera, redactada entre junio y agosto de 1560, corresponde a los servicios de don Jerónimo Guacrapaucar, cacique principal de Luringuanca y de los indios de su parcialidad. La segunda, elaborada entre setiembre y octubre de 1561, da cuenta de los servicios de Cusichaqui, antiguo señor étnico del curacazgo de Atunjauja, y de los de su hijo y otros curacas, en la conquista y pacificación del reino.Cubriendo el mismo lapso (c.1532-1554), aunque más prolijas que las memorias de 1558, estas dos informaciones de servicios mencionan con mucho detalle los bienes, guerreros, indios cargadores e indias de servicio entregados por los curacas Guacrapaucar y Cusichaqui. Incluyen las declaraciones de numerosos testigos, en su mayoría no indígenas, que corroboran las narraciones acerca de las acciones a favor de la Corona durante los azarosos años iniciales de la presencia castellana en los Andes”. El análisis se concentra en las motivaciones de sus principales gestores y en el contexto interno de producción de la documentación –la elite de los tres curacazgos dominantes del valle- antes que en su evidente finalidad externa-obtener un conjunto de privilegios como recompensa del monarca-. Esta visión parte de la idea de que estos documentos nos hablan tanto de la época inaugurada con la Conquista como del periodo en torno de 1560, cuando fueron redactadas. Considerando tales narrativas como discursos sobre el poder y como estrategias de adaptación desplegadas por los señores étnicos de Jauja”.(…) El argumento central es que tales probanzas se dejan leer no solo como un intento de los curacas de Jauja por testimoniar su obvia colaboración durante la conquista de los Andes, sino también como una temprana tentativa  de individuos particulares muy interesados en afianzar su posición como los curacas de mayor autoridad bajo las nuevas pautas impuestas por la administración colonial”. Por esta razón, después de 10 años durante la Visita General del virrey Toledo, consiguieron el reconocimiento oficial  como caciques principales y gobernadores de los tres repartimientos principales del valle.

 

“El segundo documento que sustenta este capítulo fue redactado en la crucial coyuntura de la visita de Toledo. Se trata de las llamadas “Informaciones” sobre el gobierno nativo de la provincia de Jauja antes y durante el dominio inca. Los informantes de 1570 declararon acerca de varios temas; los de índole política y sucesoria interesaron especialmente al virrey. (Las Informaciones fueron publicadas por Roberto Levillier y dice: En carta a Felipe II desde el Cuzco, fechado el 1° de marzo de 1572, Toledo escribió sobre sus “Averiguaciones” que: “mandé hacer y se ha hecho una información con número de cien testigos de estos naturales de los más viejos y ancianos y de mejor entendimiento que se han podido hallar de los cuales muchos son caciques y principales y otros de la descendencia de los Ingas que hubo en esta tierra y los demás indios viejos de quien se entendió que con más claridad y razón la podrían dar”), en cambio las informaciones levantada en Jauja fue de personas subordinadas.

 

“Muy diferente (…), en 1582, cuando algunos curacas y principales de Jauja fueran convocados ante el corregidor Andrés Vega, en el pueblo de Santa Ana de Sicos (…) la “Descripción”, (…) los declarantes no eran curacas de mediana o baja jerarquía sino caciques principales y segundas personas, lo que nos señala que una reorganización del poder, una redefinición y un afianzamiento de las nuevas jerarquias nativas de la autoridad se habían operado ya en el valle. Asi, para comprender este proceso, las páginas que siguen se concentran en los protagonistas de estos tres documentos –las “Probanzas de c. 1560, la “Información” de 1570 y la “Descripción de 1582-(Los curacas hechiceros de Jauja, por José de la Puente, 133, 137).

 

Esta información nos da una clara visión de las intervenciones y transacciones que se realizaban en el centro del pais, por sus importantes contribuciones a la Conquista, en el cual no participaron los demás valles interandinos de los Andes y Selva, como en el caso de la provincia de Pallasca y de otras provincias que permanecieron al margen de las circunstancias que hasta la fecha no ha sido tomada por la historia nacional.

 

MOZOS CORONGUINOS.- Cuando yo llegue a Lima, me decian que la mayoría de jóvenes de Corongo y de Tauca, se desempeñaban en las tareas de mozos de los diferentes restaurantes de todos los niveles, pude hacer un seguimiento muy especial y adverti que estos jóvenes no eran cualquiera eran verdaderos profesionales en la materia, en primer lugar, estos jóvenes tenían una innata “vocación de servicio”, paras administrar un restaurante o un bar no era facil, no todos las personas pueden asimilar todos estos conocimientos ni contar inata o naturalmente con la capacidad y aptitud como para “interactuar con el público”, el joven que se desempeñaba como mozo tenía forzosamente que conocer a fondo y saber desempeñarse con la suficiente certeza de “confianza y eficiencia” antes de ocupar el cargo de mozo que obligatoriamente tenían que relacionarse o tratar personalmente con el “cliente” o con el público que asiste al establecimientoi. La innata cualidad que tenían estos jóvenes, eran personas intuitivas, de una alta capacidad de conocmiento de su oficio, tenían una obligatoria facilidad de relaciones o sea tenian una gran facilidad de comunicarse y además se sentían tan a gusto desempeñandose como mozo del restaurasnte.

 

En seguno lugar, estos jóvenes mozos tenían un completo conocimiento del funcionamiento cabal e integral de todos los ambientes de su centro de trabajo. El jóven no solamente se dedicaba a atender las mesas y al público que asistian como clientes del restaurante, sino que también tenían la obligación de conocer el lugar, sus compatimentos o su infraestructura del lugar de su trabajo, los servicios o las relaciones que existían entre estas diferentes áreas del restasurante, ellos sabían en donde se encontraban lo que el cliente les pedía, ya sea potajes fríos, calientes o los postres, tenían una agilidad mental y por su rapidez y atención los clientes les daban sus propinas y estas significaban diariamente regular suma que a veces sumaban más que el sueldo del mes.

 

En tercer lugar, el mozo era un gran conocedor y práctico del servicio de comedor, el savía de la preparación de los potajes y la sazón que el cliente les pedía, tanto regionales o nacionales como internacionales para poder inducirles o recomendarlos, ellos estaban entrenados en la cocina como se preparaba que ingredientes llevaba el referido plato en muchos casos les hacian probar al cliente, ellos sabían y tenían un alto conocimiento práctico en las ciencias de “gastronomía y enología”, ellos conocían que no les hacia daño al estomago del cliente menor o mayor de edad, estas cualidades los habían aprendido en sus provincias por que sus madres les habían enseñado a cocinar desde chicos.

 

En cuarto lugar, el jóven mozo sabía y conocía los efectos de un delicado tema de las bebidas alcohólicas como los vinos, ellos habían probado y también lo hacían con los clientes a “catas y degustaciones” de las bebidas de licor, ellos sabían promocionar las clases de vinos y sus caráteristicas del productro, ellos sabían cual es para damas, cual para varones e inclusive que combinaciones eran eficaces para marear a las damas o a los caballeros.

 

En lugar, estos jóvenes, tenían o habían adquirido una autocapacitación seguramente de manera práctica y constante, eran normas que los aprendían de los demás mozos más antiguos, ellos aplicaban sus simples conocimientos desde cuando el cliente llegaba al establecimiento hasta que se retiraba del lugar, ellos sabían darles la bienvenida y luego la despedida era un conocimiento tradicional que los aprendían de los más antiguos y que su intención era que el cliente se llevara la mejor impresión de su antención y persona, por eso se ponían muy atentos para poder servirles o solucionarles cualquier problema que se les presentaba al cliente, el con todo respeto y tolerancia y paciencia que se requería.

 

Yo, podría calificar que estos jóvenes ya tenían los conocimientos y cualidades insuperables tal ves a nivel nacional e internacional, seguramente que no les hubiera ganado ningún otro en este oficio que lo desempeñaban con vocación de servicio, es digno reconocer y plasmarse estas innatas habilidades que traían de sus regiones provincianas a la capital y ellos fueron los pioneros del arte culinario o sea los gestores del arte de cocinar secretos y potajes provincianos desconocidos, que hoy en día tanto el mozo y el cocinero son profesiones científicos de la ciencia dietética, con alto nivel de conocimientos cientificos que egresan de las prestigiosas Universidades a nivel nacional e internacional.                              

 

CAFÉ Y CREATIVIDAD EN TAUCA.- “A propósito de la reciente elección del café del valle de Sandia, Puno, como el mejor del mundo, damos una mirada a la historía de esta bebida vinculada con la creación artística. Una pequeña flor blanca, con olor semejante a la del jazmín, tres días después de nacer muere para darle paso a aquella semilla que en tiempos pasados fue condenada por la Iglesia y despreciada por los musulmanes, pero que actualmente representa un activo liberador de las mentes de los intelectuales más brillantes de los últimos tiempos, asi como uno de los productos más importantes que sostiene la economía mundial: el café”.

 

“Probablemente, su nombre proviene del vocablo turco kawah que significa “lo que maravilla y da vuelo al pensamiento”, o tambien de kaffa, región de la alta Etiopía. Son muchas las historias acerca de su origen, pero la más difundida es la leyenda que surge en el siglo IX. Un pastor etiope llamado Kaldi, observó con asombro la inquietud fuera de lo común de sus cabras al comer unos pequeños frutos rojizos de un arbusto en la región de Kaffa. El pastor probó las bayas y se las dio a los monjes de un monasterio cercano. Todos coicidieron en el aumento de la capacidad de concentración y resistencia a las largas noches de oración y meditación, lo cual atribuyeron a una inspiración divina”.

 

“En el nuevo mundo.- Tras su difusión por la cultura islámica –donde se inició la modalidad de hervir la semilla verde- alrededor del año 1000 d.C., el café “se convirtió en parte integral de la vida religiosa y secular”, según la revista “Nacional Ceographic”. Tres siglos después, los árabes la tostaron y molieron. El consumo se masificó en Africa y Arabía durante los siglos siguientes. En el siglo XVI fue prohibido por la Iglesia Católica tras ser catalogado como la bebida del demonio, pues era consumida por infieles y pecadores, esto hasta que el papa Clemente VIII la bendijo y bautizó dando la venía para su difusión por toda Europa. A América llegó gracias a Gabriel Mathieu de Clieu, un frances que guardo una planta de café en una pequeña caja de vidrio que resistió un viaje tortuoso debido al asalto de piratas, a una tormenta, a peleas y a la falta de agua”. (Diana Gonzales Obando, El Comercio, Apunte, El Dominical, domingo 2 de mayo del 2010, pág. 12).

 

Sin embargo, en el manuscrito de  soldado Sebastián Mesa de Enciso, de la Comitiva exploradora de 1534, “nos describe refiriéndose que cuando llegaron los españoles al valle” (de lo que hoy es territorio interandino del pueblo) “de Tauca, verificaron que los naturales bebian por las tardes, para vencer el frió un liquido negrusco”, que se preparaba de “frejoles tostados sin cáscaras, con habas también tostadas sin cáscaras, bien tostados hasta ennegrecerlos llamado “humish”, para obtener un buen líquido oscuro”, se le agregaba miel” al gusto de la persona, esta modalidad lo usaban a nivel de toda la provincia de Pallasca, “eran empleados para las horas friolentas de la tarde y tiempos invernales”, de lo que podemos deducir que en cuanto llegó la sebada al territorio de Pallasca, complemento su preparado siendo más sustancioso el liquido placentero de las tardes y de las mañanas y de los inviernos; es decir, que en la provincia de Pallasca como en otros lugares de los valles interndinos de la ruta ya se conocía la bebida del café en el año de 1534, en que arribaron por primera vez la Comitiva exploradora de Francisco Matín de Alcántara, quiere decir; que era un liquido que lo bebian los naturales desde la época preincaica, este es un buen dato nacional con respecto a los que fue el café pallasquino en la época de la conquista.

 

COMO LLEGARON EL TRIGO Y LA VID AL PERU.- El Inca Gracilazo De La Vega nos relata en su obra Los Comentarios reales, “Es de saber que el primero que llevó trigo a mi patria (yo llamo así a todo el imperio que fue de los Incas) fue una señora noble, llamada María de Escobar (…) A ella conocí en mi pueblo, que muchos años después que fue al Perú se fue a vivir a aquella ciudad; (…). Esta señora digna de un gran estado, llevó el trigo al Perú, a la ciudad de Rimac. (..) de que la semilla fue tan poco que la anduvieron conservando y multiplicando tres años (…), repartían la semilla (…) a veinte y treinta granos por vecino; y aún habían de ser los más amigos, para que gozasen todos de la nueva mies (…). El año de mil quinientos y cuarenta y siete aún no había pan de trigo en el Cozco (aunque ya había trigo), porque me acuerdo que el obispo de aquella ciudad, don fray Juan Solano, dominico (…) viniendo huyendo de la batalla de Huarina, se hospedó en casa de mi padre con (…) sus camaradas, y mi madre los regaló con pan de maíz; y los españoles venían tan muertos de hambre, que (…) tomaban puñados de maíz crudo, que echaban a sus cabalgaduras, y se lo comían como si fueran almendras confitadas (…)”. José Antonio Del Busto, en sus obras escogidas nos dice: que doña Betriz de Salcedo, Morisca, esclava, concubina y al cabo esposa del Veedor García de Salcedo, fue la primera española que holló la Cordillera de los Andes, pasó con su amo y amante a Cajamarca (1532), luego a Jauja, sembró por vez primera trigo en el Perú, pues “de cierta harina mal molida de España que se pasó a estas partes para hacer hostias sacó unos granos de trigo que halló y los sembró”. También sembraron el cereal mentado María de Escibar  e Inés de Muñoz y de Rivera, según cuenta el jesuita Cobo, pero lo debieron hacer en tiempo algo posterior porque un escrito oficial firmado por el Virrey Conde de Nieva, reconoce que no fueron las hidalgas castellanas sino la esclava morisca quien sembrara el primer trigo del pais.”(pág. 161 y 162).

 

“La uva tinta y el vino aloque, De la planta de Noé dan la honra a Francisco de Caravantes, antiguo conquistador de los primeros del Perú (…). Este caballero (…) envió a España por planta; y el que vino por ella, por llevarla más fresca, la llevó de las Islas Canarias, de uva prieta, y así salió casi toda la uva tinta, y el vino es todo aloque, no del todo tinto, y auque han llevado ya otras muchas plantas, hasta la moscatel, mas con todo eso aún no hay vino blanco (…). Juntamente con lo dicho oí en el Perú a un caballero fidedigno que un español curioso había hecho almácigo de pasas llevadas de España, y que (…) nacieron sarmientos; empero tan delicados, que fue menester conservarlos en el almácigo tres o cuatro años, hasta que tuvieron vigor para ser plantados, y para las pasas acertaron a ser de uvas prietas, y que por eso salía todo el vino del Perú tinto o aloque, porque no es del todo prieto como el tinto de España (…) las ansias que los españoles tuvieron por ver cosas de su tierra en las Indias, han sido tan bascosas y eficaces, que ningún trabajo ni peligro se les ha hecho grande para dejar de intentar el efecto de su deseo. El primero que metió uvas de su cosecha en la ciudad del Cuzco fue el capitán Bartolomé de Terrazas, de los primeros conquistadores del Perú, y uno de los que pasaron a Chilli con el adelantado don Diego de Almagro (…). Plantó una viña en (…) Achanquillo, en la provincia de Cuntusuyu, de donde, año de mil quinientos y cincuenta y cinco (…) envió (…) muy hermosas uvas, a Gracilazo de la Vega, mi señor, su íntimo amigo, con orden que diese su parte a cada uno de los caballeros de aquella ciudad para que todos gozasen del fruto de su trabajo (…). Yo gocé buena parte de las uvas, porque mi padre me eligió por embajador del capitán Bartolomé de Terraza y con dos pajecillos indios llevé a cada casa principal dos fuentes dellas”. (Los Comentarios Reales, Apunte, El Dominical del Comercio, 26 de abril del 2009, pág.5).  

 

COMO LLEGO EL TRIGO Y DEMAS CEREALES A TAUCA.- En vista de los campos fértiles se decidió traer el trigo y el ganado de castilla (oveja) y otros cereales más el Padre Fray Juan de Bautista Dávila, en sus pedidos en donación del valle del Mantaro, en este caso desde Jauja; porque en este lugar se concentraron todos los productos como el trigo, cebada, y otros cereales traídos desde España, luego sembrados en éste fértil valle del Mantaro; desde aquí fueron llevados al suelo de Tauca y desde donde eran esparcidos a toda el valle del territorio de la que hoy es la Provincia de Pallasca; fue la española doña Inés de Muñoz y de Rivera, quien llegó a Jauja en 1534, la primera mujer casada llegada al Perú, con su marido Francisco Martín de Alcántara el medio hermano del Gobernador Francisco Pizarro, por infuencia de su esposo en muchas oportunidades nos presto su efectrivo aporte, se calcula que fue a partir del año 1536. 

 

EL AGUA DE LA NIÑA EN HUALALAY.- En cuanto llegaron los integrantes de la Comitiva de Alonso de Molina a los parajes de Hualalay, advirtieron que de un lugar nacia un manojo de agua cristalina y que a su paso dejaba un lecho de un color rojiso amarillento, todos tomaron el agua y sentian un sabor muy especial, los escasos habitantes de este paraje nos dice el soldado Sebastián Mesa de Enciso, “era un lugar sagrado de donde los habitantes obtenian el agua, para beber con tanta devoción y la custodiaban en forma prohibida que no llegaran a ver la salida del líquido, que se encontraba entre malesas y plantas de zarzas, shiraques, ortigas, chichire, chogo, por que representaba el color dorado del sol de las mañanas, estas plantas eran antiquisimas se renobaban en forma natural a traves de años, todos los indios obedecian, el no talar, incendiar ni rozar el monte, por que se cree desde sus antecesores que en caso de hacerlo, ya no lo verán y las aguas se secarán para siempre; por esa razón, ninguna persona se acercaron más al monte de zarzales y solamente se limitaban a observar la salida de la acequia con el agua cristalina, abordaron hasta las inmediaciones del montonal de plantas y sarzales, se limitaron seguir la secuencia de su dorado cause, hasta perderse en una laguna”, este dato nos demuestra su gran importancia que tenía para la supervivencia de los habitantes del paraje, recordemos que estamos hablando de un hecho encontrado en el año de 1534, fecha del manuscrito, desde cuya fecha la gente lo ha visitado y ha bebido sus aguas sin darle la importancia que representaba para el lugar. Estos datos trascendió motivado por el Padre Fray Pablo de la Cruz, quién en ese entonces acompañaba a la Comitiva exploradora de Alonso de Molina en el año de 1534, en que llegan a Hualalay, porque según sus cartas de este año, y a sus sermones dominicales en el cual hace saber de la existencia de este “regalo de Dios, para sus hijos desamparados en la tierra”, y que “no era cierto que venia de su falso dios del sol de las mañanas”, continúa diciendo de que esta agua no era sagrada, el color se adoptaba por el tiempo de su existencia sobre la tierra y que el color obedecia a elmentos minerales existentes en el subsuelo”, pero en realidad la gente del lugar “seguia creyendo en lo que sus antepasados les dijeron” y continuaban “adorandolos y curando sus males con esta agua” de muchos tiempo de existencia brotada en forma natural y que nadie hasta esa época habia objetado ni menos le habian explicado sobre su procedencia.

 

Pero, después del fallecimiento del Padre Fray Pablo de la Cruz, al poco tiempo llegó el dominico Padre Fray Juan Bautista Dávila, quien venía de Cajamarca, evangelizando los pueblos del norte, no sólo en su alta misión religiosa, sino que también tenía conocimientos cientificos, historiográficos, geográficos y antropológicos, al enterarse de esta maravillosa riqueza de la naturaleza que gozaban los naturales, puso más atención solicitó expresamente a su sacristán y a las personas que acompañaban al Padre Fray Pablo de la Cruz, que lo hicieran conocer este lugar maravilloso del mundo andino, según su carta que lo hace al Padre Mateo de Xumilla, de la órden de los franciscanos que se había quedado en Cajamarca, para evangelizar a los naturales, le dice: “en mi camino misional emprendido de Huamachuco al sur, en todo los lugares pocos naturales he encontrado a mi paso, hice lo posible enseñarles pero me ha sorprendido que existen agua que brota del subsuelo con diferente sabores, el que más me ha llamado la atención de estudio es al que llaman el “agua de la niña”, no son de lluvias, es del subsuelo, es pura, cristalina y limpia, la gente le atribuyen poderes curativos como en otros manantiales, me sorprende sus elmentos observables, no cuento con instrumentos para analizar las muestras, como de los demás lugares del valle, su cause se encuentra impregnado de mucho tiempo un color rojizo, de esencia gelatinoso que no se mescla con el agua limpia que corre, me he sometido a beber esta agua con el fin de comprobar sus poderes curativos naturales, experimentando de ello, obtengo un sabor agradable y característico, te estaré comunicando mis experimentos”, estas fraces me hace sentir la felicidad más grande de mi vida y agradecer a Dios por habernos dotado de una maravillosa agua natural, con tantos poderes curativos y además de hacerles saber, que tiene una existencia de mucho tiempo, antes del año de 1534, en los albores de la Conquista y además de saber también que existían otros mantiales y ojonales con las mismas caracteristicas a nivel del extenso valle del territorio de la que hoy es la provincia de Pallasca, de otro lado, no solo tenía poderes curativos sino que también, nuestros hermanos de ese tiempo le atribuian poderes sagrados relacionados con el grancioso Sol de los Incas.                 

  

REPRESION CULTURAL.- “Don Carlos Limaylla, cacique principal de Luringuanca, y su hermano don Felipe Guacrapaucar figuraron entre los convocados por el corregidor Andrés de Vega en 1582. El segundo, que además actuó como intérprete para la redacción de la Descripción en cuestión (…), es quizá uno de los curacas más conocidos del valle del Mantaro. Don Felipe, identificado como “indio ladino” en varios testimonios, fue quien viajó a España llevando las Probanzas huancas de Luringuanca y Atunjauja. Además, fue el gestor más importante de la probanza de Luringuanca de 1560. El cacique figuró en ella como principal interesado casi desde el principio, pues viajó a Lima y se ocupó del asunto a partir del 10 de julio (la probanza se había comenzado el día 25 del mes anterior). En el documento se hacía un recuento de los principales servicios de su padre, don Jerónimo Guacrapaucar, curaca de la parcialidad de Luringuanca a la llegada de los españoles. Pero no hay que leer esta documentación solo como un esfuerzo por dejar constancias de las acciones del viejo curaca y de su parcialidad en tanto aliados de los conquistadores. También, es preciso detectar en los intereses personales de don Felipe Guacrapaucar en estos documentos, pues era el potencial heredero al curacazgo principal de Luringuanca. Como veremos, sus intereses colisionarían con los de otros pretendientes al curacazgo”.

 

“Ahora bien, entender los  “intereses personales” de don Felipe implica concebirlos en el contexto propio del siglo XVI, es decir, como enmarcados en la lógica  de supervivencia y adaptación de los señores andinos al régimen colonial. Tanto Waldemar Espinoza Soriano (1971-1972: 181; 1981(1973); 186) como Aquilino Castro Vásquez (1992: 135), por citar dos ejemplos, han presentado a don Felipe Guacrapaucar como un “egoísta”, un “envidioso”, un “pícaro farsante” y un “traidor” para con los indios de su repartimiento y los de los otros curacazgos del valle. La “traición” de Guacrapaucar se explicaría por su condición de individuo servil en lo que a los designios de España se refería. Olinda Celestino, en un trabajo dedicado a las cofradías indígenas del siglo XVIII (1981:13), se refiere a él como uno de los curacas “que frecuentemente rayaron con el fanatismo”. Otro autor, en un exceso de desconfianza respecto de lo que el propio don Felipe Guacrapaucar declaró acerca de sí mismo, ha llegado incluso a sostener que él era en realidad don FELIPE GUAMAN POMA DE AYALA –solo que encubierto-, basándose para esta suposición en argumentos tales como que ambos tenían el mismo nombre de pila (Peñalosa Jarrín 1995:380).  Estas interpretaciones  y apreciaciones toman como eje el hecho de que don Felipe viajara a España, se presentara como cacique principal de Luringuanca sin serlo “oficialmente” y, en opinión de estos autores, pidiera mercedes de las que solo él se beneficiaría. Se le ha acusado, por ejemplo, de ocultar la supuesta probanza de 1560-1561 correspondiente a la parcialidad de Ananguanca, sobre cuya existencia no existe en realidad ninguna prueba”. La entrega de un escudo de armas ha sido, empero, la principal motivación para denunciar al curaca como un típico caso de colaboracionismo y servilismo para con los “invasores” y de traición a su propio “pueblo”. Por esas ironías con que siempre nos sorprenmde la historia del Perú, el escudo de armas de Guacrapaucar es actualmente el escudo oficial de la ciudad de Huancayo, en el valle de Jauja.”           

 

“Aunque no se sabe con exactitud cuándo murió el viejo curaca don Jerónimo Guacrapaucar, padre de don Felipe y de otros herederos potenciales al curacazgo de Luringuanca, es claro que aquel vivía al iniciarse la “Probanza” en junio de 1560, aunque no viajara a Lima para supervisar su redacción. Un hecho hasta ahora desconocido, proveniente de la “Información” sobre los pleitos de los indios de Jauja que Francisco de Toledo mandó elaborar en 1570, es que fueron precisamente los caciques y principales del repartimiento quienes enviaron a don Felipe Guacrapaucar primero a Los Reyes –a continuar la probanza- y luego a España –para presentarla ante el Rey-. Los caciques y principales se oponían al gobierno de Carlos Limaylla, hermano de don Felipe y cacique principal en ese momento (el propio don Carlos Limaylla declaró ante el virrey en 1570 que “los principales de este repartimiento enbiaron a España a don Felipe Guacrapaucar principal pariente de este testigo, para sus negocios y le dieron 7,070 pesos corrientes, para su gasto y para los dichos negocios en especial para el de la perpetuidad)(Archivo General de Indias, Lima, 28A, 63Q (1570), f. 3v.). En otras palabras, el viaje de don Felipe fue respaldado por los caciques y principales de Luringuanca, quienes encontraron en este personaje una oportunidad para cuestionar la legitimidad de don Carlos Limaylla como cacique principal. Uno de los curacas rivales de don Carlos declaró, por ejemplo, que don Felipe recibió 145 pesos, a su regreso de España, con el fin de que los ayudara en sus pleitos contra don Carlos Limaylla. Casi de seguro, los caciques y principales de Luringuanca buscaban también que don Felipe fuera reconocido como su cacique principal. Don Carlos, por su parte, declaró que “como el dicho don Felipe fue a España y trato con letrados y aprendió a escribir cuando volvió se hizo pleitista y a revuelto el repartimiento con pleitos”. Don Carlos, en cambio, no sabía firmar.”

 

“Don Felipe estaba en España ya en 1562, con las probanzas bajo el brazo. Se presentó claramente como “cacique principal en el valle de Jauja” y pidió su reconocimiento como tal, así como otras mercedes que retomaré en un momento. El Consejo de Indias ordenó a la Audiencia que se iniciaran las averiguaciones conducentes a concederle algunas de sus peticiones. Pero la petición central no fue satisfecha: a don Felipe se le negó la titularidad del curacazgo principal de Luringuanca. Quizá decepcionado por esto, el 2 de mayo de 1564 don Felipe pidió permiso, presentándose otra vez como “cacique principal del valle de Jauja”, para regresar al virreinato del Perú. Por su viaje a España y por aquello a lo que al parecer se dedicó en los cinco años posteriores a su regreso en 1565 –litigar-, don Felipe fue acusado de “pleitista” y de gastar el dinero de los indios del repartimiento en sus juicios. La acusación ocacionó que el 24 de noviembre de 1570 el virrey Toledo senternciasra a don Felipe a ser desterrado del valle por diez años, con la prohibición expresa de litigar en causas de indígenas (Espinoza 1971-1972: 26-28, 398-406). Don Felipe logró ser nombrado gobernador interino de Luringuanca a su regreso de la Península, pero solo lo fue por enfermedad de quien para ese entonces había logrado imponerse –con la expresa ayuda de las autoridades virreinales- como cacique principal, su hermano don Carlos Limaylla. La aparición de este en los hechos narrados en la probanza de 1560 es más bien fugaz y en esto se ve otra huella de la intervención de don Felipe y de los curacas que lo secundaban al elaborarse el documento en Lima. Así la afirmación de don Felipe de que su hermano don Carlos, cacique principal de Luringuanca, era uno de sus “enemigos capitales” cobra sentido. El apoyo financiero y político de la elite nativa de Luringuanca de que disfrutaba el primero para la redacción y traslado a Epaña de la probanza de 1560 muestra la compleja red de alianzas detrás de la “simple” redacción de la probanza de Luringuanca.”

 

“Un documento inédito permite seguir el desenvolvimiento de las pugnas entre los miembros de la elite nativa de Luringuanca solo una década más tarde. En 1571, muy pocos meses después de que el visitador Jerónimo de Silva iniciara la “Averiguación de caciques”, otros dos pretendientes al curacazgo de Luringuanca reclamaron sus derechos ante la Audiencia; buscaban así acomodar las distintas legitimidades en juego a la lógica española de la sucesión. A pesar de la voluntad del virrey de su séquito de poner fin a los pleitos por los curacazgos y de arreglar la sucesión a las pautas del derecho español, la medida significó en realidad una oportunidad para que otros curacas reclamaran para sí el cargo que los Limaylla habían venido ocupando”.(Archivo General de Indias, Escribanía de Cámara,514 C(1663-1671), f.36r-37r.)(Los curacas hechiceros de Jauja, José de la Puente, pág.146, 147,148, 149 y 150).

 

He glosado esta cita bibliografica, por que considero que es un nuevo estudio que debemos conocer, ya que las páginas de la historia nacional hasta la fecha lo ha ignorado, pero a partir de este momento conoceremos quien fue FELIPE GUAMAN POMA DE AYALA, y porqué en su obra “no duda en denunciar abiertamente a los corregidores que “no temen a Dios” y que “destruyen, roban y castigan cruelmente” a los indios. Todos estos abusos muchas veces respaldados por los tenientes de corregidores, los curacas y los curas, fueron los que propiciaron el estallido de la rebelión de Tupac Amaru en 1780. Sin embargo, Guaman Poma también se ocupa de destacar a cabales funcionarios como el corregidor Gregorio López de Puga, quien según el cronista indio fue un funcionario “muy cristiano, amigo y servidor de Dios y de los pobres y de Su Majestad”. En las imágenes que decora su obra se puede observar estas dos actitudes, diametralmente opuestas, ejercidas ante los indios”. (Conquista y Virreinato, José Antonio del Busto, pág.104).

 

En cuanto, “desembarcaron los españoles en el norte” con Francisco Pizarro, don Jerónimo Guacrapaucar gobernaba como curaca de Luringuanca en el valle del Mantaro, le sucedió su hijo mayor don Carlos Limaylla, hermano de don Felipe Guacrapaucar, identificado como “indio ladino”, quién viajaba, reclamaba y se deferndía valerosamente de sus adversarios, para que le reconocieran como curaca de Luringuanca, al verse denegado se encubre con el nombre de FELIPE GUAMAN POMA DE AYALA, adoptando “Felipe” de su nombre, “Guamán” del quechua “Waman”, que quiere decir “halcón de vuelo”, luego “Poma” o puma, que significa “león andino” y finalmente “Ayala” recoge de la firma invertida de “Juan Alaya” del cacique principal y gobernador del repartimiento de Ananguanca del valle de Jauja, don Juan Apolaya, quién era un poderoso curaca que enfrentaba “una grave acusación por amancebamiento e incesto que ocacionó su reclusión en la cárcel local, denuncia presentada por el fray Diego Larrea Peralta, doctrinero del pueblo de Chupaca, residencia de los caciques Apolaya desde el siglo XVI”, esto era como para  desvincularse de cualquier sospecha de sus rencores y resentimientos, así evitar represalias contra su persona, se amparo en este supuesto nombre, para escribir su valiosa obra titulada “El Primer Nueva Crónica y Buen Gobierno, uno de los libros más originales de la historiografía mundial. En esta obra, de 1.180 páginas y 398 dibujos, que terminó en 1615, poco antes de su muerte, da la visión indígena del mundo andino y permite reconstruir con todo detalle aspectos de la sociedad peruana después de la conquista, a la vez que ilustra sobre la historia y genealogía de los incas. La obra, dedicada al rey Felipe III y enviada a España, se extravió. Hoy se conserva en la Biblioteca Real de Copenhague”. (Wikipedia, La enciclopedia libre)  

 

Menos mal que estos abusos y maltratos a los nativos no sucedieron en el valle del territorio del que es hoy Tauca ni menos en el valle de la actual provincia de Pallasca, conforme la explicaremos a travez de la historia recogida de sus diferentes fuentes ineditos y que formará parte de la historia nacional.

 

UNIVERSO INTELECTUAL.- “El poeta e investigador Ricardo Falla aporta una interesante lectura de la literatura española del Siglo de Oro y cómo su reflejo en la poesía del Perú del Siglo XVII fue constituyendo una idea de Nación(..) en su obra “Lo sentido y la palabra” nos ofrece una imagen mucho más cercana: la de escritores en permanente disputa, como las de sus ciudades en competencia por el poder económico. Pero no solo eso. Falla nos muestra cómo el Siglo de Oro Español fue leído en el Perú, con escritores criollos como Rodrigo de Carvajal y Robles, Juan del Valle y Caviedes y Juan de Espinoza Medrano “El Lunarejo”, zanjando sus posiciones frente a la poesía de la Metrópoli y por ello, fueron construyendo el principio de una idea de nación. “Detrás del Siglo de Oro está el conflicto por el comercio de dos metrópolis, la capital Madrid y la emergente Sevilla. Además, tenemos el debate por una propuesta estética, las características del culteranismo de Góngora, que fusionó el elemento grecolatino con el discurso popular. Es un discurso que les parecía abominablesa Francisco de Quevedo y a Lope de Vega, y que solo la generación del 27, siglos después, supo valorar”.(…) “España siempre fue un país de pequeñas nacionalidades con una cultura dominante, la castellana, que podría ser representada por el “Mio Cid”, es decir, la unificación de un estado a través de la castellanización y la guerra” (…) “En el siglo XV llegó a su fin la dominación política árabe en España. Sin embargo, la cultura se mantuvo. Y son los andaluces que llegaron al Perú los que generaron el mozárabe, una visión estética distinta a la visión castellana”. “Para el poeta limeño, el siglo XVII en el Perú, marcó nuestro predominio político y militar como capital del virreinato en toda América del Sur. Y del punto de vista cultural, fuimos lo que Diego de León Pinelo, el rector de la Universidad de San Marcos  entre 1656 y 1658, dijo de esa casa de estudios: una “Atenea Indiana”. En lo que a la literatura respecta, los autores abrazaron el ideal del culteranismo, conjugando en sus versos el elemento cristiano, la cultura grecolatina y los nacientes símbolos locales”. “Más del 70% de los españoles que llegaron al Perú eran de origen andaluz. Ya en 1633, Rodrigo de Carvajal y Robles en su libro “La fiesta de Lima” hablaba del “divino Góngora”, un autor que tomó partido por los andaluces, mientras menospreciaba la obra del castellano Lope de Vega por ser de un autor “envidioso”. “Por su parte, desde Cusco, El Lunarejo sintetizó aquel sentimiento con igual adhesión por lo andaluz”. “Es asombroso que, mientras en Espsaña se criticaba furiosamente la obra de Góngora, en América, la primera voz que lo defendió en todo el mundo, salió del Cusco”. “Así, la poesía nacida en nuestro país por criollos y mestizos resultó, como señala el profeso sanmarquino, un discurso que empesó a construir una idea de nación que dos siglos más tarde recogería una naciente república”. “Fue una acción espontánea de afirmación local –explica-. Uno lee, por ejemplo, en su “Discurso en loor de poesía”, cómo Clarinda, la poeta anónima peruana, exalta el espacio y tiempo peruanos como algo excepcional y distinto de lo español. Ella habla de los reinos del Perú, así como de los talentos, de la grandeza e inteligencia de los peruanos, mientras asocia España con la pobreza, el atraso y la misería. Su discurso es una respuesta a los prejuicios que venían de España”.(Enrique Planas, Los versos del Reino del Perú, c2 Cultura, El Comercio, domingo 27 de diciembre del 2009).      

 

INTERCAMBIO CULTURAL.- En el Arzobispado de Lima se encuentra gran cantidad de documentación que describen, que en la época del período colonial y del virreinato el valle de Jauja influyó grandemente a nivel nacional, no solo por “su clima benigno, su suelo fértil, su riqueza ganadera, su nutrida población”, sino que también por “los numerosos vestigios que testimoniaban su importancia durante el tiempo prehispánico” (J. C. de la Puente-2007). ”Esta Provincia fue una de las más opulentas de gente en tiempo de los Incas”, como lo afirmaba el cosmógrafo mayor del Reino, Cosme Bueno en 1764. El proceso histórico se inicia a partir de “octubre de 1533, fecha en que la hueste de Francisco Pizarro llegó al valle”, “los habitantes permanentes y temporales del valle fueron protagonistas y testigos de un largo proceso marcado por profundas transformaciones”, desde éstos pueblos se abastecieron a los centros mineros, con harinas, semillas y otros frutos, tanto “a la capital del virreinato, anualmente con cuarenta mil cabezas de ganado de castilla y dos mil de cerda”, “a pesar de no existir ningún asentamiento urbano establecido “ex profeso” para la habitación de españoles y sus descendientes, estos convivieron en el valle con indios, mestizos y esclavos afroamericanos. Desde muy temprano en el periodo colonial, el valle de Jauja fue lugar de paso y escenario del establecimiento de distintos sectores sociales que vivieron en las llamadas doctrinas de indios y transformaron la cultura indígena de modo irreversible”. (José C.de la Puente Luna, Los curacas hechiceros de Jauja-2007, pág. 91-92).  

 

“En los Andes peruanos de los siglos XVI y XVII, la provincia o corregimiento de Jauja era paso obligatorio para casi cualquier viajero que se desplazara por la red de caminos que unía los principales centros del virreinato. Tras el temprano y frustrado establecimiento de la ciudad capital en Jauja en 1534, no se fundaría ciudad española en la provincia durante el resto del período colonial. El espacio del valle del Mantaro nunca perdería, sin embargo, su marcado carácter de lugar de tránsito y de escenario de un intenso intercambio cultural. De Norte a Sur, dos elementos marcaban la geografía de la provincia: el camino de origen inca que conectaba Cajamarca con Cuzco, por un lado y, por otro, el río Mantaro. Por el camino real, un viajero podía desplazarse hacia el Norte, usando la margen izquierda del río, a través de la ruta que lo llevaría a los vecinos repartimientos de Tarma y Chinchaycocha y a la ciudad de Huánuco. Orientándose hacia el Sur, y usando la margen derecha, el viajero debería recorrer unas 36 leguas hasta la ciudad de Huamanga, con la opción de virar hacia la derecha para dirigirse al mineral de Huancavelica. (José C. de la Puente Luna-2007, pág. 93-94).

 

EL REGISTRO FOTOGRAFICO.- En este viejo archivo, encuentro un dato que puede ser útil más tarde, se dice: “la primera fotografía se dio en unos documentales aparecidos en el sur del Perú durante el año de 1863, de un aficionado fotografo panameño quellegó tomar vistas fotográficas de paisajes peruanos”,(…) hasta que por primera vez en el díario El Comercio un día domingo 31 de julio de 1898, apareció el retrato del Ayacuchano don Luis Carranza, líder del Partido Civil y había fallecido en Lima”.

 

CAPITULO  XIII

ORGANIZACIÓN POLITICA SOCIAL

               

EL TERRITORIO DEL VALLE DE LA PROVINCIA DE PALLASCA

NO ESTABA SUJETO A NINGUNA AUTORIDAD ESPAÑOLA

Con esta información que voy a glosar nos va ilustrar y acreditar que el territorio de la provincia de Pallasca, no se encontraba sujeto al mandato ni a la administración de ninguna autoridad que hubiera designado el conquistador Francisco Pizarro y en el virreynato por espacio de muchos años, los naturales solamente se conducían por sometimiento ancestral de desendencia de padres a hijos y de hijos a padres, conservando las interelaciones sociales del hecho natural del lugar familiar, zonal y regional. En caso de haberse designado lo realizaban subjetivamente la orden en el papel desde Lima, jamás se dieron la molestia de ni siquiera conocer los valles interandinos designados; en cambio esto no se produjo con los valles del centro del país como lo veremos:    

 

“Aun varias décadas después de la Conquista, existía en el valle una larga tradición que recordaba a los antiguos “Apos” y que emergió en la abortada rebelión de 1667 como uno de los símbolos con que don Salvador Cusichaqui pretendió legitimar su autoridad y su prestigio para  gobernar el curacazgo de Atunjauja. Siendo los “Apos” señores designados por sus propios subditos y reconocidos por los incas –al menos eso se pensaba hacia 1666-, el término oponía el peso de esta tradición a la autoridad de los curacas que habían sido más bien designados por los funcionarios coloniales y que les daban “mal gobierno y no les hacian justicia ni despachaban sus pleitos y negocios. (…) De acuerdo con su confesión, finalizado el alzamiento, los indios volverían a vivir “en su ley antigua”. Al parecer, la expresión guarda estrecha conexión con la época de las “behetrías” en los Andes, el tiempo de la “gentilidad” anterior a la conquista inca. Una “Información” mandada a elaborar en el valle en 1582 nos describe este tiempo mítico muy bien. Según los caciques principales que informaron al corregidor”, decian:          

“en tiempo de su gentilidad, antes del Inca, nunca fueron sujetos a nadie, más de que en cada uno destos repartimientos tuvieron y conocieron por sus señores a los indios más valientes que hubo; como fueron; en Atún Xauxa, a Auqiszapari y a Yaloparín, indios valientes; y en Hurin Guanca, a Canchac Huyca y a Tacuri y a Añaña, indios valientes; y en Hanan Guanca, a Patan Llocllachin y a Chavin; y en los Chongos, Patan Cochache, indios valientes” (Vega 1965 [1582]: 169).

 

De este párrafo, podemos deducir: “Primero, el testimonio menciona hasta en tres ocasiones a los “indios valientes” que, según la tradición, señorearon el valle” de Jauja. “Segundo, los curacas guardaban aún en 1582 claro recuerdo de aquellos “indios valientes” que comandaron las distintas parcialidades”. “Tercero, dicho tiempo de la “gentilidad” se habría caracterizado por la ausencia de cualquier dominio foráneo –“nunca fueron sujetos a nadie”-. “Asi, es casi seguro que la noción  de una vuelta a la “ley antigua” que la declaración del líder rebelde de 1666 contiene, y cuyo original quechua se ha perdido, aludía precisamente a ese tiempo de la gentilidad en que los indios del valle no debieron tributar a ningún señor más que a sus “valientes”.

 

En este caso, en el territorio del valle interandino de la que hoy es la Provincia de Pallasca, no tuvo caciques ni menos “indios valientes” según la tradición preinca nunca tuvo enfrentamientos con sus vecinos, jamás fueron conquistados por los Incas ni menos fueron conquistadores, nadie comandaba a nadie, porque no tenían ni formaban cacicazgos menos parcialidades, vivian libres y dispersos, desde épocas preincas vivian en un tiempo de la “gentilidad” que se habría caracterizado por la ausencia de cualquier dominio foráneo –“nunca fueron sujetos a nadie”- en todo el valle interandino de la que hoy es la Provincia de Pallasca, ni siquiera en el reinado de Tupac Yupanqui (1470-1493) que conquistó y sometió difícilmente a los “ayahuacas” que fueron los primeros pobladores de la provincia de Piura en el norte del Perú, en las crónicas de Gracilazo de la Vega  y de Cieza de León, podemos advertir que no eran tan fácil someter a los nativos siempre corrían mucha sangre durante estos enfrentamientos con los pueblos importantes del cual iban aprovecharse algún servicio a favor del Inca; en cambio existian gran cantidad de valles insignificantes en muchos otros lugares de los Andes de difícil acceso por su aislamiento geográfico. En cambio, en los valles del Cuzco, Mantaro y Cajamarca, fueron ocupados por casi todos los españoles por la fácil comunicación del famoso camino de los incas, en cuyos valles que llegaban se apropiaban de sus tierras de los naturales y cometieron muchas injusticias contra los indios de esos lugares, por eso el líder rebelde de 1666 don Salvador Cusichaqui, planteaba regresar a la “ley antigua” que significaba volver a ese tiempo de la gentilidad en que los indios de todos los valle de los Andes que no habían sido sometidos al Imperio no tributaban a ningún señor, solamente lo hacían a sus “valientes” Incas que se habían conquistado. (Archivo General de Indias Audiencia de Lima, 259, n°. 11 (2) [1669], f.51r-52v.)(José de la Puente, pág. 247).

 

ENCOMENDEROS Y DOCTRINEROS:- José de la Puente Brunke de la Pontificia Universidad Católica del Perú, nos comenta que “en los primeros tiempos de la colonización del Perú fueron los encomenderos quienes prácticamente monopolizaron el poder, tanto en el aspecto económico como en las vertientes social y política. La encomienda americana no supuso posesión de tierras, sino entrega de indígenas y de su fuerza de trabajo. En este sentido, los indios que los encomenderos recibían trabajaban y tributaban en beneficio de éstos. Por su parte, los encomenderos adquirían también una serie de obligaciones para con sus indígenas tributarios. De ellas, fue justamente una de las más importantes la de encargarse de velar por la evangelización de sus indígenas, ya que precisamente la tarea misional estaba en las bases de la justificación de la conquista española de América. Por eso, desde los inicios de la colonización las autoridades metropolitanas pretendieron establecer una íntima conexión entre la encomienda  y la evangelización. En esos primeros tiempos estaba dispuesto que cada encomendero debía residir muy próximo a sus indígenas, para poder cumplir con sus obligaciones, entre las cuales estaba la de velar por la catequización de aquéllos. Es más: no podía otorgarse encomienda a alguien que no pudiese residir cerca de sus indios. Sin embargo, esta obligación fue pronto variada, en vista de que la mayoría de los encomenderos se habían convertido en un obstáculo para la labor evangelizadora. (en el caso del valle de la provincia de Pallasca ya veía en forma independiente su evagelizador estable desde que llegó el capitan Alonso de Molina) En unos casos, el obstáculo venía dado por el hecho ya aludido de impedir que los doctrineros entraran a los pueblos donde residían los indios a ellos encomendados; (en el caso del territorio del valle interndino de la provincia de Pallasca, no existían pueblos solamente eran familias dispersas, sin mayor relevancia y que además jamás llegó el encomendero por estas tierras); en otras ocaciones, el obstáculo estaba configurado por las eventuales connivencias entre encomedero y doctrinero en perjuicio de los naturales. Posteriormente, y por todo ello, se dispuso que bajo ningún concepto residiese el encomendero en los pueblos donde lo hacían sus indígenas, ni que entrase por motivo alguno a ellos; y que cumpliese la obligación de vecindad instalándose en la ciudad cabecera de la jurisdicción donde se localizasen los indios a ellos encomendados (Cédulas reales, fechadas en 1555, 1559, 1563, 1569 y 1609 se prohibió a los encomenderos residir en los pueblos donde lo hacían los indios de sus repartimientos.Solórzano Pereyra, Política indiana, Madrid 1647, lib.III, Cap.III, N°I).(estas diversas cédulas reales favorecieron al territorio del valle interandino de la provincia de Pallasca, para que viviecen en forma independiente sin estar sometido a los caprichos de su encomendero que ni siquiera lo conocian la única autoridad que tenían era su evangelizador). Esta disposición significó el inicio de una nueva etapa, en la cual “comienza la evangelización sin el estorbo de los encomenderos”, quienes habían sido en teoría los encargados de cuidar por su normal desarrollo (Pérez Fernández, Isacio, 1988, p.274).

 

“Pero en esas primeras y convulsionadas décadas de la colonización muchas encomiendas carecieron de doctrinero, por diversas razones: no abundaban las personas calificadas para ello; las propias guerras civiles fueron un gran obstáculo para la organización de la labor evangelizadora; como sugiere Lockhart, posiblemente a muchos clérigos o religiosos no atraía el residir en los repartimientos, con la consiguiente lejanía o aislamiento de las poblaciones españolas, percibiendo una paga muy corta, y ocupando una posición ciertamente no brillante en términos sociales. (…) el sueldo promedio anual de los doctrineros se situaba en torno a los 300 pesos (James Lockhart, El mundo hispanoperuano 1532-1560)(en el caso del valle de la provincia de Pallasca frayle evangelizador no percibía ningún sueldo, solo vivia de las limosnas recibidas de parte los naturales).

 

Para esto es muy útil la consulta de un significativo documento en el que se expresan las diversas formas con que encomendaron indios: “El documento carece de fecha y de firma, y lleva por título “La forma que en estos reinos del Perú han tenido de depositar y encomendar los naturales de él los gobernadores Francisco Pizarro y el Licenciado Vaca de Castro y Presidente Gasca y el Marqués de Cañete y el Conde de Nieva y comisarios y el Licenciado Castro y el Visorrey Francisco de Toledo”. Archivo General de Indias (Sevilla), Patronato, 231, N° 7, ramo 1). De acuerdo con este documento, la obligación de evangelizar que todo encomendero contraía se especificó desde los primeros depósitos otorgados por Francisco Pizarro. “En los primeros tiempos, se utilizó el término “depósitos” en razón de que lo que Pizarro hacía era depositar determinados indios en cabeza de un español, a la espera de una más clara regulación por parte de la Corona de todo lo relacionado con el sistema de encomiendas que se pretendía implantar en el Perú”. Luego, cuando ya el marqués gobernador empezó a otorgar formalmente encomiendas, reiteró la obligación que cada beneficiario contraía de instruir a sus indios en la doctrina cristiana: “y que habiendo religiosos que doctrinen los dichos indios los traigáis ante ellos para que sean instruidos en las cosas de nuestra religión cristiana”. Igualmente, se señalaba la grave responsabilidad que debía pesar sobre las conciencias de los encomenderos si no colaboraban en la tarea evangelizadora: “de los cuales dichos indios os habéis de servir conforme a los mandamientos reales y con tanto que seáis obligado a los doctrinar y enseñar en las cosas de nuestra santa fe católica y les hacer todo buen tratamiento como Su Majestad manda y si así no lo hiciéreis cargue sobre vuestra conciencia y no sobre la de Su Majestd ni mía que en su real nombre vos los encomiendo”.(…) Si bien quienes directamente concedían en el Perú las encomiendas no dejaron de señalar claramente la obligación que todo encomendero contraía de velar por la evangelización de los naturales, las propias autoridades metropolitanas, también desde fechas muy tempranas, establecieron explícitamente la obligación evangelizadora de los encomenderos del Perú. Por ejemplo, por real cédula de 3 de noviembre de 1536 se especificó que todo español que en el Perú recibiera indígenas, en depósito o en encomienda, tenía la obligación de proporcionar un clérigo, un religioso o, a falta de ellos, una persona lega de buena vida y ejemplo, con el objeto de instruirán la fe católica a los encomenderos. (Fernando de Armas Medina, o.c. p.119). Sin embargo, el descuido en cuanto a la labor de evangelización con respecto a los indios encomendados no fue en todos los casos sólo atribuible a negligencia de los encomenderos. Por ejemplo, las guerras civiles entre los conquistadores (…) causaron gran devastación entre la población indígena, y evidentemente dificultaron la labor evangelizadora. Unido a ello, sobre todo en los primeros tiempos, el hecho de la escasez de misioneros, y su disposión y falta de enlace, el resultado fue que efectivamente la catequización de los indígenas no se acometió de manera ordenada. A esto también debemos añadir, como señala Vargas Ugarte, el hecho de que los conquistadores no tuvieron, por lo general, “ideas fijas sobre el modo de atraer a los indios a la fe (…), el 29 de julio de 1536 se expidió una real cédula disponiendo que el gobernador Pizarro debía echar del Perú a los religiosos que “no han dado ni dan buen ejemplo, antes bien viven escandalosa y deshonestamente”.   

 

José Antonio Del Busto nos relata que “Fue la encomienda una institución por la cual la Corona premiaba a un conquistador con un grupo de indios en calidad de tributarios. El conquistador, en este caso, era el encomendero, y los indios, los encomendados.(…) La encomienda nunca significó entrega de tierras al encomendero, tampoco la esclavitud para los indios. La encomienda fue una fuente anual de subsistencia que concedía la Corona a los conquistadores y, al mismo tiempo, un seguro de vejez, a cambio de defender, evangelizar y enseñar las buenas costumbres a los aborígenes. En el Perú, la encomienda pasó por tres momentos bien identificados: la encomienda pizarrista, la encomienda lagsquiana y la encomienda toledana”.

 

“La encomienda pizarrista se debió a Francisco Pizarro. Este por la Capitulación de Toledo tenía licencia para encomendar indios, pero luego el Consejo de Indias prohibió que lo hiciera, alegando que la encomienda entraba en una etapa de estudio y reaorganización. Los soldados de Francisco Pizarro, empero, le pidieron a este que cumpliera lo ofrecido y el Conquistador, atendiendo a sus necesidades, les concedió indios tributarios no encomienda sino en depósito, es decir, les depositó indios, no se los encomendó. Fue una jugada legal, porque obedecía a los consejeros de Indias no otorgando encomiendas, pero premiaba a todos sus soldados como si fueran encomenderos utilizando la figura del depósito. El español fue el depositario y los indios los depositados. Esto sucedió en 1534. Pronto se vio que la dación de depósitos adolecía de una serie de defectos: mal reparto de los indios, desconocimiento de sus territorios, mala información de su riqueza productiva. Sin embargo, lo peor fue que los depositarios quisieron cobrar el tributo en oro, y los depositados no tenían oro suficiente para pagar sus tributos. En 1538 se hizo la primera tasación de conocer mejor la realidad y mejorar las cosas, pero a la muerte de Francisco Pizarro (26-6-1541) las vistas de la tierra continuaban y no se había llegado a nada definitivo”. (José A. Del Busto, Conquista y Virreynato, pag.50, 51).                            

 

Como se podrá advertir claramente que en cuanto Francisco Pizarro, llega a Cajamarca el día viernes 15 de noviembre de 1532, y el día sábado 16 de noviembre de 1532, capturan a Atahualpa, y el sábado 26 de julio de 1533 fue sentenciado a muerte de garrote. El día 11 de agosto de 1533, Francisco Pizarro siguiendo el camino del inca o Cápac Ñan, pasó por Ichocán, Cajabamba, Huamachuco, Santiago de Chuco, Andamarca, Totopampa, Corongo, Huaylas (31-8-1533), Caraz, Yungay, Huaraz, Recuay, Chiquián, Cajatambo, Oyón, Bombóm, Punrún, Tarma, Jauja (11-octubre- 1533), Huancayo, Pucará, Azángaro, Vilcashuamán, Andahuaylas, Abancay, Limatambo, Jaquijahuana, llegando hasta Cusco (14 de noviembre de 1533) en compañía del nuevo soberano quechua (Manco Inca Yupanqui). Pizarro tomó posición de la ciudad y cuatro meses después, el 23 de marzo de 1534, hizo su fundación española. Fue la segunda ciudad cristiana del Perú. Después Pizarro, regresa al valle del Mantaro, donde había dejado una guarnición a cargo del tesorero Alonso de Riquelme, fundó Jauja el 25 de abril de 1534. De este lugar como su capital de su gobernación, sin perdida de tiempo conformó comisiones exploradoras secretas con sus soldados más allegados y de absoluta confianza, para explorar los lugares desconocidos y recolectar oro y plata, localizando además las minas entre los valles interandinos alejados, sin que se enteraran “los oficiales reales que representaban al rey el contador Antonio Navarro, el veedor García de Salcedo y el tesorero Alonso de Riquelme”, quiénes informaban a España de los descubrimientos realizados por Francisco Pizarro, se dice: “que partieron de Jauja, uno de dirijió hacia los valles de Huancavelica y Ayacucho, otro al sur de Abancay y Apurimac, con destino hacia Arequipa, otros hacia la ceja de selva y entre los últimos hacia Huaraz y Huamachuco”, según se manifiesta en el manuscrito del soldado Sebastián Mesa de Enciso, Jauja, 1534.

 

Quiere decir entonces, que el valle interandino de la provincia de Pallasca permaneció intacto, desde que llegó a Cajamarca (15-11-1532), su encomendero y gobernador Francisco Pizarro no tuvo tiempo suficiente como para encomendar a los naturales de estos y los muchos otros valles de los Andes desde Lima, y además del desconocimiento de sus territorios, la falta de información de los lugares en donde existian los naturales, el mal reparto de los indios, durante los turbulentos escasos nueve años que vivió, hasta el día 26 de junio de 1541 que fue dado muerte en Lima a los 62 años de edad por los almagristas, todos estos defectos dio lugar a que se quedara el Perú sin gobernador ni autoridad política alguna que los gobernara. Sin embargo, por suerte inesperada varios valles interandinos fueron explorados y conocidos como en este caso por el paso de la Comitiva del capitán Alonso de Molina, que en misión oficial exploradora de los sucesivos valles interandinos que se guardaban entre la agreste geográfia de la Cordillera Negra de los Andes, a su paso hacia el Norte del Perú; iniciado desde Jauja, pasando por Huaraz, hasta llegar a Huamachuco, conforme al itinerario relatado en el manuscrito del soldado Mesa de Enciso antes ya mencionado del año 1534.      

 

“La encomienda lagasquiana se debió a Pedro de la Gasca que trajo facultades para premiar a los conquistadores con encomiendas de indios. La Gasca mandó visitar la tierra, tomar cuenta de sus habitantes aborígenes y crear la tasa y la retasa, vale decir, lo que se debería dar por parte del indio o lo que se debía protestar si no estaba conforme con lo tasado. Se ordenó que el encomendero perdiera su encomienda si incurría en apostasía (delito contra Dios), alevosía (delito contra el rey) y sodomía (delito contra natura). Aun así, perduró en mucho el desorden y se generó descontento tanto entre los indios como entre los españoles”.(José A. Del Busto, Conquista y Virreinato, pag. 51).

 

Los efectos de esta encomienda tampoco llegaron al valle interandino de la Provincia de Pallasca, como a muchos otros valles interandinos a lo largo de los Andes, por la misma razón anterior de “que algunos encomenderos solicitaron al rey el envió de clérigos al Perú, por ser insuficiente el número de doctrineros para llevar a cabo la labor de cristianización de los indígenas. Asimismo, no fueron pocos los casos, en los primeros tiempos de la colonización, cuando aún no estaba establecida la jerarquia eclesiástica, en los que los encomenderos llamaron a los religiosos para que realizaran su tarea evangelizadora”.(…) Por otra parte, con frecuencia los propios doctrineros demostraron conducta bastante reprobable en el desempeño de sus funciones. Por ejemplo, en los primeros tiempos, cuando la designación de los doctrineros dependía exclusivamente de los correspondientes encomenderos, éstos en muchos casos elegían para tales funciones a aquellos curas que no les impidieran el obtener las máximas ganancias de la población encomendada, o –peor aun- a quienes pudieran colaborar con ellos en sus granjerías. Incluso en ciertos casos se trató de parientes de los propios encomenderos. Ya en 1597, y con el proposito de frenar en algo ese tipo de excesos, las autoridades metropolitanas dispusieron, con respeto a todos los territorios indianos, que no se encargara de las doctrinas de indios encomendados a deudos ni a parientes de los poseedores de esos repartimientos.” Fr. Domingo de Santo Tomás en su carta que escribió en 1563, decía: “Hasta ahora ha habido en esta tierra un gran desorden y monstruosidad y es que los encomenderos proveen en sus encomiendas los sacerdotes que quieren, para la doctrina de los indios y las más de las veces quieren los que no deben, porque proveen los que les ayudan a sacar mejor sus tributos y tienen cuenta con sus granjerías y aun algunas veces con quien pasen su tiempo en jugar (…) y los prelados no han sido parte para quitar ni poner en las doctrinas sacerdotes sino quien los encomenderos quieren…”(Vargas Ugarte, o.c.,vol.I, p.126). “Y muchas fueron las quejas contra el mal proceder de esos doctrineros, acusándoseles de “interesados y codiciosos y más atentos a juntar buenos pesos de oro para volverse a España con ellos que a catequizar a los indios y arrancarlos del error” (Vargas Ugarte, o.c.volI, p.127). En este sentido, en ciertos casos los doctrineros aprovechandon su status religioso para obtener trabasjo gratis de los indígenas, al punto de producir en ciertos casos celos de los encomenderos” (Stern, o.c., p.86-87).

 

José A. Del Busto, nos relata que: “La encomienda toledana fue una mejor solución. Los indígenas, por causa de las guerras civiles de los conquistadores, habían perdido su lugar de residencia y andaban errantes sin tener verdadera ubicación. Para evitar y que la organización se perdiera, el virrey Francisco de Toledo reglamento definitivamente el régimen de la encomienda. Mandó que fueran juntados todos los indios en pueblos o reducciones y que no pudieran vivir en otros lugares. Alli los empadronó, lo que se hizo con bastante orden, porque las visitas a las provincias habían arrojado 695 encomiendas con un total de 325,899 tributarios, los cuales daban una renta bruta de 1,205.032 pesos en 1572. Dispuso que la provisión fuera el único título válido para poseer una encomienda y anuló todo documento anterior que las hubiera concedido. El método de las reducciones  resultó adecuado y gracias a él hoy existen más de 500 ciudades peruanas. Se frenó, por otro lado, la disminución de los indios y se entronizó un mayor orden para todos. Los indios afectados, finalmente, solo tributarían entre los 18 y los 50 años de edad. Antes y después de ello no pagarían nada. Con la institución de la encomienda la Corona (España) economizaba un ejército. En efecto, cada vecino encomendero tenía la obligación de servir al rey, con sus armas y caballos, cada vez que hubiera necesidad de guerra.(…) Las encomiendas terminaron por la Real Cédula del 12 de junio 1720, después de una vigencia en el Perú de cerca de 200 años. Continuaron en Chile hasta 1780”.   

 

LOS CORREGIDORES DE INDIOS.- José de la Puente Brunke, nos relata: “Quizá el interese de ciertos doctrineros por continuar realizando prácticas ilícitas de diverso tipo estuvo en la raíz de algunas de las muy frecuentes quejas que los eclesiásticos formularon contra la creación de la figura del corregidor de indios. En efecto, en 1565 el gobernador Lope García de Castro había decidido el nombramiento de los corregidores, viendo en ello muchas ventajas: entre otras cosas, estas nuevas autoridades, según él, controlarían de manera más eficaz cualquier posible rebelión indígena que se suscitase, terminarían con los abusos inferidos a los indios por los viajeros o por los propios curacas, y reunirían a los naturales en núcleos urbanos. Muchos eclesiásticos acusaron a estas nuevas autoridades de abusivas y corruptas. Si bien sabemos que esto fue bastante cierto, no lo fue menos el hecho de que los corregidores aparecieron como autoridades que disminuirían el poder de los sacerdotes, observarían su conducta y eventualmente también supondrían una competencisa en las actividades ilícitas (Rafael Varon Gabal). En otras ocaciones, sin embargo, los doctrineros se aliaron con los indios tributarios para lograr que éstos pagaran menor tributo a su encomendero. Una modalidad fue, por ejemplo, la de ayudar a los naturales para consignar a tributarios escondidos entre los muertos y los ausentes. En este sentido, por ejemplo, el ya citado Hernando Palomino encomendero en la jurisdicción deHuamanga, se quejó de que los doctrineros de sus indios soras certificaban falsamente la muerte de no pocos indígenas, para que no fueran contados entre los tributarios (Steve J. Stern, Los pueblos indígenas del Perú, 1640, p.155). A medida que se fue estableciendo de manera general el sistema de las tasaciones, los doctrineros empezaron a percibir para su sostenimiento cierta parte del tributo de los repartimientos, ya fuera en especies, en moneda, o incluso en algunos casos en trabajo. Muchos se las ingeniaron para obtener el mayor provecho de esas asignaciones; en ese sentido, por ejemplo, en ocasiones negociaron con los productos vendiéndolos en mercados urbanos, ganando así cierta utilidad adicional. Fueron frecuentes los negocios de ese tipo, a pesar de las criticas que recibían y de diversas medidas oficiales dirigidas a impedirlos”.

 

Como queda debidamente demostrado que estas autoridades nombrados como los corregidores de indios, tuvo su base primordial en Lima, según Guaman Poma decia: “La dicha ciudad de Los Reyes de Lima, corte real, adonde reside su majestad y su corona real, presidentes y oidores, alcaldes de corte y justicias, doctores, licenciados, y los Excelentísimos señores visorreyes, de adonde gobierna todas las Indias Orientales, Occidentales; todo lo que toca al casta y generación de indios (…) de donde gobierna su santidad y su majestad, y es tierra de mucha comida y rica de plata, donde gobierna el cardenal, para el gobierno de la Santa Madre Iglesia de Roma, y en la dicha ciudad reside señoría Inquisidor y familiares, y señoría de la Santa Cruzada, y los reverendos prelados, comisarios y vicarios generales, abadesas generales de este reino, con toda su policía y cristiandad…”, esto era los escasos lugares del Perú; pero no llegaron en absoluto por los valles interandinos de los Andes, menos por el valle de la Provincia de Pallasca, del Departamento de Ancash. 

 

CORREGIDOR DE LA PROVINCIA DE HUAYLAS.- Con el fin de corregir los abusos que se cometían los encomenderos con los súbditos indígenas y además no haber cumplido con la enseñanza de la doctrina cristiana en cada jurisdicción del repartimiento o encomienda, el Virrey don Francisco de Toledo, designó al primer Corregidor de la Provincia de Huaylas el 30 de marzo de 1576, a don Diego de Escalante, señalándose como jurisdicción los Repartimientos de Huaraz, Marcará, Recuay y Huaylas.

 

El 30 de setiembre de 1579, se designo al segundo Corregidor don Juan Palomino, incrementándose su jurisdicción con las reservadas a la esposa del Conquistador, la princesa inca Inés Huaylas Yupanqui.

 

POBLACIÓN PREHISPANICA DEL VALLE DE TAUCA.- Después de haber realizado un profundo estudio de los más reconocidos arqueólogos, he llegado afirmar que el poblamiento del antiguo territorio Tauquino, se produjo aproximadamente hace más de 8 a 5 mil años, el suelo nos muestra los vestigios que aún permanecen vigentes muy incipientes nos demuestran la presencia del ser humano en épocas muy remotas, las cerámicas como los restos de tiestos o cerámicos, otros materiales culturales en el suelo donde esta asentado la actual Iglesiabamba, Cushy, las herramientas líticas de labranza son testimonios que hablan por sí solas de su antigüedad y posteriormente por circunstancias desconocidas fueron abandonadas. Pero se cree que por las ambrunas o las plagas en ese tiempo les haya diezmado a sus habitantes. Naturalmente se demuestra que la formación de las culturas con cultivo no evolucionado o sea de los complejos de cereales, tubérculos, de otro lado la horticultura tan caracteristicos para el Neolítico.

 

El territorio de Tauca como todo el valle de la Provincia de Pallasca, desde hace siglos prehistóricos siempre han impulsado “la cultura organica” en toda la región, y gracias a este hecho humano que ha generado primordialmente la producción agrícola en toda la extensión de valle de la provincia, el mismo que ha plasmado una buena actividad natural de sus tierras comunales, desde luego que ha favorecido la conservación de sus naturales paisajes y de su gente del lugar, tanto en su nutrición como en el cultivo de sus tierras fértiles, por eso sus tierras ha producido saludables productos de todo índole como hortalizas, variables tubérculos, hierbas aromáticas, árboles frutales, variadas clases de menestras, crianza del cuy, la casa de perdices y otras especies de los montes y quebradas como de palomas y “biscachas”, del preparado del “paragoll” que es el primitivo pan de maíz, posteriormente el preparado de panes de trigo y de cebada como la “semita” cernida, que fueron hechos artesanalmente, fabricado de quesos y leche de sus llamas y vicuñas, posteriormente de sus cabras y vacas, el uso de sus huevos de perdices y de sus palomas, a su propio entender de campo dotaban de magníficas semillas de primera calidad, todo esto ha formado a sus habitantes fornidos, sanos, activos, con ciertos hábitos de vivencias climaticos resistible a cualquier altura del valle, pocos se enfermaban y en este caso, eran curados con las mismas plantas curativas que producían en el valle o en las punas, así supervivian su familia y de sus dispersos vecinos que rodeaban el extenso valle de la provincia de Pallasca.

 

POBLACION COLONIAL.- En este sentido la población prehispanica de 1534 es solo una fecha referencial. Lastimosamente las cifras de la población del valle de Tauca era dispersa por sus lugares alejados, en cuanto llegaron los españoles y tomaron posisión de su territorio fue el domingo 18 de setiembre de 1534, en una hondonada sin habitantes y en cuanto se movilizaron a explorar sus valles la población resultaba fragmentaria, en un reducido número de naturales conforme se dice en el manuscrito de la Comitiva de Alonso de Molina, no se detalla claramente la cantidad de naturales, pero si brevemente se dice que fueron muy pocos, no solo sucede con el valle de Tauca, sino que también existe muchos otros enunciados en documentos provenientes de otras regiones de la sierra andina que no se precisan la población; en nuestro caso podemos afirmar que en el siglo XVI, la población fue de pocos varones y más mujeres pero no se distinguen edades, solo se atienen brevemente a citar las cantidades encontradas a simple vista y este calculo superficial no pasaban de 60 naturales dispersos, a esta suma debemos agregar en las tendencias demográficas más generales debemos incluir a los indios forasteros y a los españoles forasteros que llegaron a este lugar, y debe tenerse en cuenta que también habían indios o españoles que decidían trasladarse al valle, constituyéndose de todas maneras una población típicamente movible de una significante relevancia durante estas épocas y después veremos los resultados durante el período colonial. Pues estos grupos posteriormente se van a convertir en una sociedad “mixta” o “mestizos”, todos constituían una población significativa a fines del periodo colonial.

 

Las personas encargadas de recolectar los tributos por este valle del territorio de Tauca de toda la provincia de Pallasca, fracasaron por no existir indios tributarios que entendiera esta supuesta obligación, ya todos vivian independientes a lo natural, sin contar con un cacique o un liderazgo, hasta que llegaron al territorio de Tauca los españoles integrando la Comitiva exploradora del lugarteniente Francisco Martín de Alcántara; es decir, que durante los siglos XVI y XVII, son muy fragmentarias como en otras partes del Perú. 

 

En muchos testimonios se confirman que el territorio de Tauca de la provincia, fue un espacio de valle en el que cohabitan temporal o permanente de naturales, españoles, mestizos, y mulatos fue una costumbre en el periodo virreinal, en este caso la presencia indígena fue la mayoría en todo la provincia, existen razones fundadas para sostener que la provincia no contó con curacas sino con gobernadores y autoridades edilicias, en donde muchos españoles mestizos se dedicaban a la labor de arrieraje, a la ganadería y a la minería y al prospero negocio de los obrajes, era el complemento preferido en las ventas y estancias de ganado que en su mayoría se encontraban en las partes altas de los pueblos que se desarrollaba en toda la provincia, por eso en 1569 por las punas se llevaban en manadas llevados por los “sacadores”, mercaderes y arrieros, que constantemente y cada semana transitaban por todo la provincia,  Los arrieros usaban las mulas para llevar o trasportar lana, ropa de bayeta, papas, maiz, para llevar a Corongo, yupan, La Pampa, frutas, agua ardiente, la “ropa de castilla” que traían de Huaraz o de Lima, Cabana, Huandoval, Conchucos y otros, traian el queso, de otros bienes de productos de la provincia.

 

De acuerdo a los documentos figuran los denuncios clandestinos de nuevas vetas de minerales, existían familias que se heredaban la labor de explotarlas los nuevos yacimientos en los cerros, la venta de socavones y las donaciones y transferencias graciosas de varias vetas de oro y plata esta actividad extractiva ya no tenía mucha importancia por que era de unos pocos, mas dedicaban a la agricultura, en forma clandestina existian los “huaqueros” que se dedicaban al saqueo de sitios prehispanicos, muchos aventureros atraidos por buscar piezas de oro y plata en los restos arqueológicos y sepulturas prehispanicos, que encontraban en los cerros y en las cumbres, como en algunos lugares del valle, en una “cédula real de 1564 daba cuenta de cómo los españoles que residían en él se dedicaban a descubrir minas, guacas, enterramientos y tesoros enterrados.

 

Así como en muchos protocolos notariales que se conservan en diferentes lugares del pais especialmente en los archivos locales (1620-1639), en estos existen escrituras de ciertos individuos que se apropiaban de las tierras haciendose aparecer como los “hacendados” de muchos lugadres de la provincia, su prosperidad se producía siempre en desmedro de los nativos, en otros la crianza de ganado en las punas resultó rentable muchos se dedicaron a esta actividad para producir lana para los textiles, este fue durante el periodo colonial.

 

CAPITULO  XIV

EL EVANGELIO EN AMERICA

      

EL EVANGELIO EN AMERICA.- El Mons. Severo Aparicio, nos da “una visión histórica de la labor misionera llevada a cabo, en el ámbito del virreinato del Perú, por las cinco Ordenes religiosas designadas por la Corona para dicha empresa. Representantes de las órdenes de Santo Domingo, San Francisco, la Merced, San Agustín y la Compañía de Jesús, (…) la contribución de cada familia religiosa a la tarea común de la evangelización de la población nativa del Perú”. “Juzgamos pertinente hacer algunas consideraciones y señalar ciertos hechos en torno a la evangelización del Perú, como ayuda para una mejor visión de los orígenes y gestación de nuestra vida cristiana. Esta labor se cumplió dentro de especiales circunstancias. En efecto, las enormes distancias en medio de la difícil geografía, las inclemencias del frío de las zonas andinas o del calor agobiante de los valles, el desconocimiento de las lenguas nativas, la escasez de misioneros y las guerras civiles de los primeros años, fueron factores que, desde la partida, constituyeron un permanente desafío para el misionero y mediatizaron su labor. Por otra parte, cabe subrayar que la acción misma de la evangelización se vio condicionada, y en algún sentido mediatizado por la permanente intervención de la autoridad civil en nombre del real patronato, y no pocas veces por la de los propios obispos, celosos por sus derechos y atribuciones. Las frecuentes discrepancias y controversias en torno a las doctrinas entre virreyes, obispos y superiores religiosos, así lo demuestran. Es innegable que en el fondo de todo ello estaba el hecho de haber utilizado la Corona para sus fines políticos y en forma permanente, la autoridad moral de la Iglesia en estas tierras. Así se explica la casi total exclusión de la intervención del Romano Pontífice en el gobierno de la Iglesia de las Indias, como también la directa intervención de la Corona, a través del Consejo de Indias, en todos los aspectos del gobierno de la Iglesia, hasta en el nombramiento de canónigos. Al respecto, manifestaba toda la realidad y toda la verdad lo que, con ocasión de un concilio provincial, en una discusión entre el arzobispo de Lima y el obispo del Cuzco, por un lado, y los superiores provinciales,  por otro, sobre las facultades de los religiosos en las doctrinas, dijo el obispo del Cuzco: “que en las Indias casi no ay iglesia, porque Vuestra Majestad se lo es todo”. Como refirió al rey el provincial de la Merced, Fr. Nicolás de Ovalle, por carta de 19 de marzo de 1591. Dentro de esta política de la Corona estaba también la prematura creación y organización de obispados en estas tierras. (…)Con este criterio político antes que por razones misionales, Lima, una pequeña población, fundada en 1535 en medio del arenal, a orillas del río Rimac, en forma prematura fue convertida el año 1541 en sede episcopal, y en 1546 elevada a arzobispado. En forma forzada fueron trasplantadas a Lima las instituciones, usos y costumbres de la catedral de Sevilla, una iglesia ya con muchos siglos de existencia. Pudiéndose constatar poco después, como natural consecuencia, el caso de numerosos clérigos que exigían beneficios eclesiásticos pero que se resistían a ir a trabajar en lejanas doctrinas. (…). Otro caso de trasplante prematuro de instituciones españolas podría señalarse en la creación, en 1551, de la Universidad de Lima, a los escasos 16 años de la fundación de la ciudad, si bien al principio sólo como un centro de estudios teológicos de los religiosos dominicos, pero con la prohibición de que ni los indígenas ni los mestizos pudiesen ingresar en sus aulas para acceder al sacerdocio. Así, pués, antes de establecer centros elementales para enseñar a leer y escribir, y antes de brindar la cultura básica a la juventud, de un salto, fue instalada una universidad con los privilegios de la de Salamanca. Obra loable, pero otra parte, pero que servirá sólo para la educación de la élite eclesiástico-laica, mientras que la población en general quedará al margen de la instrucción y de la cultura por toda la colonía. (…) el sistema imperante implantado por España en el territorio peruano consistía en la política extractiva y de explotación (…) el pueblo permaneció en la más completa ignorancia”. (Rev.Peruana de Historía Eclesiastica-1992), con este comentario dejamos plenamente aclarado que Fray Domingo de Santo Tomás, Fray Pedro Cano, Fray Pedro de Ulloa y otros, jamás llegaron al territorio de Tauca ni de la Provincia de Pallasca, ostentaron sus cargos, títulos y designaciones sólo en Lima y esporádicamente en algunos pueblos importantes de la costa, nunca visitaron los valles interandinos del norte del Perú.

 

LOS DOMINICOS EN LA EVANGELIZACIÓN DEL PERU (SIGLO XVI) 

El dominico O. P. Guillermo Alvarez, hace un comentario. “La evangelización del Continente Latinoamericano y por supuesto del Perú, fue tarea de todas las órdenes y congregaciones religiosas. (…) La investigación histórica sobre los alcances, métodos y profundidad del mensaje evangélico, trasmitido por los evangelizadores y doctrineros, nos revela que realizaron una auténtica obra de transformación en las costumbres, modos de pensar, de vivir y de creer de los naturales del continente. La Buena Nueva caló hondo en la intimidad de su ser; así lo demuestran el mestizaje de la cultura hispanoamericana y muchas de sus expresiones folklóricas de religiosidad popular”.

 

“La obra evangelizadora de los dominicos en el Perú del siglo XVI, es un capítulo apasionante de la historias general de la evangelización de América Latina. Su vida y predicación tuvieron una finalidad única, hacer presente a Cristo entre los hombres, defendiendo a los débiles de los abusos a que siempre están expuestos; ya que por vocación, tienen la misión de proclamar el Evangelio en situaciones de frontera: allí donde la Palabra de Dios no ha sido anunciada, donde es cuestionada o rechazada, donde la justicia y los derechos fundamentales del hombre son desconocidos y atropellados. Estos aspectos fundamentales han marcado, en todos los tiempos y lugares el quehacer dominicano, y no por casualidad, sino porque tiene conciencia clara de que “eso es lo justo, el verdadero culto espiritual que agrada a Dios” (Ef.6, 1). El Señor así lo da a entender por boca del profeta Isaías: “¿No saben el ayuno que me agrada? ¿Romper las cadenas injustas, desatar las amarras del yugo, dejar libres a los oprimidos y romper toda clase de yugo?” (Is.58, 6).

“Las fuentes de información del vasto quehacer misionero dominicano, son sus cartas, relaciones, crónicas y actas de los capítulos provinciales de la Orden en el Perú”.

 

“Su campo de apostolado fue la costa, sierra y selva. Por donde pasaron plantaron e hicieron florecer la doctrina, la escuela y la Iglesia; asimismo, actuaron como Protectores  de los Indios y fiscalizadores de los abusos de los conquistadores  y encomenderos; como pacificadores en las guerras civiles entre españoles; como consejeros, moderadores, y asesores de los primeros gobernadores, y como exploradores de nuevas tierras de misión, en la selva; pero, sobre todo, como misioneros itinerantes”. (Rev.Peruana de Historia Eclesiastica, 1992). De estos religiosos dominicos y de los que misionaban en Centro América y el Caribe, escribió Fray Bartolomé de Las Casa: “Todos los religiosos dominicos que entonces vinieron, eran frailes señalados, porque a sabiendas y voluntariamente se ofrecían a venir, teniendo por cierto que habían de padecer acá sumos trabajos, y privaciones”. (Fr. Bartolomé Las Casa, Historia apologélica, Cap.25.t.I, p.12).

 

LLEGADA DE LOS MISIONEROS DOMINICOS AL PERU

 Al respeto Guillermo Alvarez, O.P. nos comenta, “La larga lista de misioneros dominicos españoles que llegaron al Perú en el siglo XVI, comienza con Fray Reginaldo de Pedraza. Es cosa sabida que el 10 de marzo de 1526, Francisco Pizarro, Diego de Almagro y Hernando de Luque suscribieron en Panamá un contrato, ante el escribano Fernando de Castillo, para explorar las costas peruanas y desde allí emprender la conquista del casto imperio del Tahuantinsuyo del cual tenían muy buenas referencias. El cronista dominico Fr. Juan Meléndez asegura que Fr. Reginaldo de Pedraza, O.P. “Fue compañero incansable de D. Francisco Pizarro en la exploración que hizo de las costas del reino del Perú, desde el año de 1524, y pasados cuatro años de peregrinación, en que padeció con todos los que andaban con Pizarro […]; le acompañó también en el viaje que hizo de vuelta de España, por el año de 1528”, con el propósito de comprometer a otros dominicos en la gran aventura de la evangelización del Perú”. (Fr. Juan Melendez, O.P., Tesoros Verdaderos de las Indias, Roma, 1681).

 

“El rey Carlos V, después de escuchar el halagueño informe de las recientes exploraciones por las costas del mar del sur, y de examinar las bases del proyecto de conquista presentado por Francisco Pizarro, el 26 de julio de 1529 firmó las capitulaciones de Toledo, en las cuales se lee: “Item: Con condición que cuando saliéreis…de estos nuestros reinos y llegareis a las dichas provincias del Perú, hayais de llevar y tener con vos a los oficiales de nuestra hacienda que por nos están y fuesen nombrados, y asimismo, las personas religiosas o eclesiásticas que por nos serán señaladas para instrucción de los indios y naturales de aquellas provincias a nuestra santa fe católica, con cuyo parecer y no sin ellos, habeis de hacerla conquista, descubrimiento y población de dicha tierra; a los cuales religiosos habéis de dar y pagar el flete y matalotaje y los otros mantenimientos necesarios conforme a sus personas, todo a vuestra  costa, sin por ello llevarles cosa alguna durante la dicha navegación; lo cual mucho os lo encargamos que así hagáis y cumpláis, como cosa de servicio de Dios y nuestro; porque de lo contrario, nos tendríamos de vos por deservidos”. (Fray Alberto María  Torres, O.P. El Padre Valverde. Ensayo biográfico y crítico. Quito, 1932, p.57).

 

“La amistad que unía a Francisco Pizarro con Fr. Reginaldo de Pedraza, hizo que se allanara fácilmente el requisito de llevar consigo “personas religiosas. Por otra parte, informada la Reina de la presencia de Fr. Reginaldo en España, le mandó llamar y le confió la misión de comprometer a seis religiosos de su Orden que quisiera llevar a efecto la “instrucción de los indios y naturales de aquellas provincias a nuestra santa fe católica”. El cronista real Antonio Herrera, en sus Décadas, escribe: “Mandóse a Fr. Reginaldo de Pedraza que apercibiese seis religiosos de la Orden de Santo Domingo que habían de ir a la jornada y se les diera dinero para ornamentos y cosas sagradas” (Antonio de Herrera, Década TV, lib. VI, Cap.V).

 

“En la cédula real del 19 de octubre de 1529, firmada en Madrid, aparecen los nombres de los religiosos dominicos Fr. Alonso Bargalés, Fr. Pedro de Yépez, Fr. Vicente de Valverde, Fr. Tomás de Toro y Fr. Pablo de la Cruz, comprometidos por Fr. Reginaldo de Pedraza y que pasaron al Perú a principios de 1530, llegando a Panamá a fin de año”. (O.P. José María Vargas, Misioneros españoles que pasaron a la América en el siglo XVI, Rev. Instituto de Historía Ecuatoriana, N°5 y 6).           

 

Aquí es necesario dejar aclarado la confirmación que nos hace el cronista dominico Fr. Juan Meléndez, O. P. que pasaron al Perú a comienzos de 1530, solo dos: Fr. Reginaldo de Pedraza de Pedraza y Fr. Vicente de Valverde; pero los cuatro restantes arribaron en años posteriores: Fr. Pedro de Ulloa, en 1536; Fr. Tomás de San Martín en 1537, Fr. Domingo de Santo Tomás en 1540 y Fr. Alonso de Montenegro en 1543 a Nicaragua y de aquí a Tomebamba (Ecuador), en 1546. (José María Vargas, O.P. Historia de la Provincia de Santa Catalina Virgen y Martir de Quito de la Orden de Predicadores, Quito, 1942, p. 11).

 

Prosigue relatandonos Guillermo Alvarez, O.P. “La expedición misionera se hizo a la mar en el puerto de San Lucar el 19 de enero de 1530 y, después de largos días de navegación por el mar Atlántico, desembarcó en el puerto de “Nombre de Dios”, desde donde avanzó a la ciudad de Panamá”. “Diego de Almagro al enterarse de que su socio Francisco Pizarro no le había traído ninguna merced de S. M. “Se sintió muy resentido”, comenta Agustín de Zarate, (Historia del descubrimiento y conquista  de la provincia del Perú). Reconciliar a los viejos socios de Panamá fue tarea ardua y de largos meses. El 13 de abril de 1531, a solicitud de Almagro, el secretarios de Pizarro, Francisco Jeréz hizo una información de los pasos dados en este proceso y en el acápite 25, dice: “a muchos ruegos del licenciado Antonio Gama y de los padres dominicos, (Almagro) volvió a poner mano” en el asunto”. (Colección de documentos inéditos para la historia de España, Madrid, 1855, Tomo 26, p.273 y ss.).  “Reconciliados los socios, reorganizaron la armada y los primeros días de 1531, Pizarro salió de Panamá con destino al codiciado Perú. Navegó por el Mar Pacifico, haciendo escala y después de 13 días en la bahía de San Mateo; pasando luego a pie, al pueblo de Coaque donde permanecieron siete meses. Los lugareños desconfiando de sus visitantes, huyeron al monte, circunstancia que aprovecharon los conquistadores para cosechar lo que tanto apetecían: oro, plata y esmeraldas de lo cual informa el cronista Francisco Jerez”. (Verdadera Relación de la Conquista del Perú, Sevilla, 1534. Historia Primitiva de las Indias, Tomo II). Durante estos tiempo que permanecieron los misioneros dominicos en este lugar, no permitían los actos ilícitos de los conquistadores contra los bienes de los naturales, siempre hacian respetar la vida y la justicia, cuestionaban y censuraban las injusticias y los atropellos, tomaban contacto amablemente con ellos “para aprender su idioma y anunciarles, aunque sea por señas o signos, la Buena Nueva de la Palabra de Dios, como lo habían hecho sus hermanos, hacía 20 años, en la Isla Española”. “Los efectos de la actitud moralizadora de los misioneros en Coaque se puede apreciar en el comportamiento posterior que observaron los conquistadores al arribar a la isla Puná”.(Guillermo Alvarez). El cronista Jerez nos dice: “El gobernador, sin hacerles mal ni enojo alguno, los recibía a todos amorosamente, haciéndoles entender algunas cosas para atraerlos en conocimiento de nuestra santa fe, por algunos religiosos que para ello llevaba”. (Francisco de Jerez, Verdadera Relación de la Conquista del Perú, Madrid, 1879, p. 33).

 

“Pero con el correr de los días, cambiaron radicalmente las cosas: Los “misteriosos barbudos” empesaron a cometer una serie de arbitrariedades, como la licencia que dio Pizarro para hacer esclavos. Este y otros hechos, provocaron el descontento  y desataron la guerra. El P. Vicente de Valverde como testigo, denunció: “cuando esta tierra se levantó, según me dicen y yo he visto, el Gobernador dio licencia para que se hiciesen esclavos en algunas partes, y así se herraron a algunos, (quiere decir: se marcaron con hierro candente); lo cual se hizo contra una cédula real de V. M. que al principio de la conquista de esta tierra se apregonó, en la cual V. M. manda muy justamente que por ninguna vía se hagan esclavos”. (Fr. Vicente de Valverde, Carta al Emperador, datada en Cusco, el 20 de marzo de 1539).

 

Los religiosos misioneros “dominicos informarban de estas arbitrariedades a sus cohermanos que misionaban en la isla La Española (Republica Dominicana) y a México”. También podemos verificar en “La carta del P. Bernardino Minaya, O. P., a Felipe II, así lo manifiesta: “Venidas las nuevas del descubrimiento del Perú […] y pasados a la costa del Perú hallamos los pueblos despoblados por donde los españoles habían pasado. Y andados algunos días con harta necesidad, alcanzamos al Pizarro. De allí siempre fui en su compañía con dos religiosos y cuatro indios enseñados, hasta la isla de Napunal […]. Y allí querían enviar en los navios los indios que habían recibido para servicio a vender a Panamá y de ellos traer vino, vinagre y aceite. Y como yo supiese esto les notifiqué un traslado autorizado por el cual mandaba S. M. que no pudiesen hacer esclavos a los indios, aunque ellos fuesen agresores. Y así lo apregonaron  y cesó de venderlos. Más, a mí y a los compañeros nos quitaron el mantenimiento. Después de dos meses de andar en compañía de Pizarro, Fr. Bernandino decidió regresar a Panamá. “Y así, continúa, me despedí yo y mis compañeros, aunque él (Pizarro) me rogaba que no me fuese, que habría mi parte del oro tan mal habido, ni quería con mi presencia dar favor a tales robos. Y así, me vine a Panamá con harto hambre, que el maestre de la nave Quintero no quería darnos cosa, diciendo que le había quitado la ganancia de los indios que trajera lleno el navío (para venderlos)” (Miscelánea Beltrán de Heredía, Colección de artículos sobre historia de la Teología Española. Tomo I. Datos acerca del P. Bernandino Minaya y Lic. Carlos de Padilla. Biblioteca de Teólogos Españoles, dirigida por los Dominicos de la Provincia de España, Vol. 25, B.5. Salamanca).

 

Sobre el particular también nos relata el Fr. Toribio de Motolinía: “Yo ha que conozco al de Las Casas quince años, primero que a esta tierra viniese; y él iba a la tierra del Perú”. (Fr. Toribio de Motolinía, Representación inédita carta Fr. Bartolomé de las Casas, escrita en 1553 al Emperador). A esto debe añadirse el siegiente relato: “Cumpliendo este encargo; (a saber: hacer conocer a los conquistadores la cédula por la cual se prohibía hacer esclavos), Las Casas tuvo el propósito de fundar un convento en la Puná; pero después de haber consultado con Fr. Reginaldo de Pedraza y Fr. Vicente de Valverde, que andaban en compañía de los conquistadores, convinieron todos en que no era ocasión de fundar conventos; porque la tierra no estaba aún sosegada; antes, los naturales sostenían cruda guerra contra los conquistadores. Túvose por buen consejo, en vista del estado de las cosas, volverse a Nueva España (México); y algunos religiosos que andaban en compañía de los españoles fatigados de los trabajos  y viendo que no hacían ningún fruto en los indios por las causas dichas, marcharon con Las Casas y sus dos compañeros a Panamá”. (Antonio María Fabie, Vida y escritos de Don Fray Bartolomé de Las Casas, Tomo I, p.139).

 

El dominico Guillermo Alvarez, O. P. escribe que “Los últimos días del mes de diciembre de 1531, Fr. Reginaldo de Pedraza recibió de manos del capitán Hernando de Soto, que acaba de llegar con un refuerzo de gente, una cédula con fecha 11 de marzo de 1531, mediante la cual era nombrado “Protector General de los Indios de la Provincia del Perú […] por la confianza y satisfacción que se tenía del dicho y de su Religión”, y atendiendo a que el clérigo Hernando de Luque, socio de Pizarro, se había negado aceptar dicho cargo”. (Torres, El Padre Valverde, Quito, 1932, p.72). “Fr. Reginaldo de Pedraza por cierto ejerció durante muy poco tiempo su oficio de Protector de Indios. De regreso con el P. Las Casas, después de una breve permanencia en el Perú, murió en Panamá en febrero de 1532, escribe M. Jiménez de la Espada”. (Relaciones geográficas de Indias, Tomo I, p. LXXXIII). “A fines de abril de 1532 llegaron los conquistadores a Tumbes y el 16 de mayo del mismo año acamparon en el valle de Tangarará, cuyas bondades geográficas y climáticas consideraron apropiadas para fundar una ciudad. El cronista Jerez  describe el hecho diciendo: “Vista aquella comarca y ribera, por el reverendo padre Vicente de Valverde, religioso de la Orden de Santo Domingo y por los oficiales de S. M., asentó y fundó pueblo en nombre de S. M. con el nombre de San Miguel de Piura”. A mediados de setiembre, los conquistadores dejaron Piura y se dirigieron a Cajamarca”, llegando el 15 de noviembre  de 1532, la ciudad se encontraba desabitada la gente se encontraba cortejando Atahualpa en la pampa de Pultamarca, a una distancia de tres kilómetros, en “un frecuente el ir y venir de embajadores” para atraerle, “llegó la noche, en medio de un suspenso indescriptible. Pedro Pizarro, testigo presencial de los hechos, escribió: “Yo oí a muchos españoles que, sin sentirlo, se orinaban de puro temor” (Pedro Pizarro, Relación del descubrimiento y conquista de los reinos del Perú, Madrid, 1844, V. Cfr. Torres, p.93).

 

“Francisco Pizarro celebró consejo con los jefes de su ejercito y acordaron que antes de poner las manos  en Atahualpa, se debía cumplir con la obligación de conciencia de darle a conocer el contendido del “Requerimiento” que estaba mandado por ley. Esta difícil  misión debía encomendarse a una o dos personas, religiosos o clérigos de preferencia. La cédula del 17 de noviembre de 1526, firmada en Granada, prescribía que los conquistadores siempre debían llevar y dar a conocer dicho “Requerimientro”, a gobernantes y pobladores del país que querían someter al vasallaje de su rey: “Sobre lo cual, dice la cédula, encargamos a los dichos religiosos o clérigos, descubridores o pobladores, sus conciencias”. ( Fr. Alberto María Torres, O.P., El Padre Valverde, Ensayo biográfico y crítico, Quito, 1932,p. 76). “La responsabilidad de esta difícil misión recayó en Fr. Vicente de Valverde. “Se resolvieron todos, escribe Montesinos, en que el padre Fr. Vicente de Valverde le hiciese formalmente la protestación que para este efecto traía del Emperador”. (Fernando de Montesinos, Anales del Perú, Lib. I, año de 1532).   

 

“El 16 de noviembre de 1532, fue un día más de embajadas que iban y venían, de Atahualpa a Pizarro y viceversa. Ya al ponerse el sol Atahualpa entró a la plaza de la ciudad, rodeado de su gente. En ese instante, escribe el cronista Francisco Jeréz, “El Gobernador” (Pizarro) que esto vió, dijo a Fr. Vicente que si quería ir hablar a Atahualpa con un faraute (intérprete) y él dijo que sí, y fue con una Cruz en la mano y con su Biblia en la otra, y entró por entre la gente hasta donde Atahualpa estaba y le dijo por el faraute: “Yo soy sacerdote de Dios y enseño a los cristianos las cosas de Dios, y así mismo vengo a enseñar a vosotros. Lo que enseño es lo que Dios nos habló, que está en este libro, y por lo tanto, de parte de Dios y de los cristianos, te ruego que seas su amigo, porque así lo quiere Dios, y venirte a bien de ello, y ve a hablar al Gobernador que te está esperando”. “Atahualpa dijo que le diese el libro para verle, y él se lo dio cerrado; y no acertando Atahualpa a abrirle, el religioso extendió el brazo para abrir, y Atahualpa con gran desdén le dio un golpe en el brazo, no queriendo que lo abriese; y porfiando él mismo por abrirle, lo abrió; y no maravillándose de las letras ni del papel, como otros indios, lo arrojó cinco o seis pasos de sí […]. El religioso volvió con la respuesta al gobernador y le dijo: lo que había pasado con Atahualpa y que había echado en tierra la Sagrada Escritura”. “Luego, Pizarro se armó y con cuatro hombres que le siguieron, llegó hasta donde estaba Atahualpa y le echo mano, diciendo: ¡Santiago! … a cuyo nombre los conquistadores que estaban ubicados en lugares estratégicos, soltaron tiros y empezó la batalla que duró poco más de media hora con un saldo de dos mil muertos y tres mil prisioneros” (Francisco de Jeréz, Verdadera Relación de la Conquista del Perú, Madrid, 1879).

 

Guilermo Alvarez nos dice: “En este mismo sentido escriben Hernando Pizarro y Pedro Pizarro, testigos presenciales de los hechos. La actuación de Fr. Vicente se redujo solamente a cumplir con el Requerimiento “que legalmente y en conciencia, estaba mandado, y a dar a conocer resultado de su gestión ante Atahualpa”.

 

Raúl Porras Barrenechea dice: “La intervención de Fr. Vicente de Valverde ha sido descrita en forma algo dramática y haciendo representar al dominico el papel  de faraute que lee un cartel de desafío. Nada de eso. La verdad llana y sencilla es ésta: Valverde se adelantó a cumplir lo que estaba prescrito en las instrucciones sobre nuevos descubrimientos, esto es, la lectura del Requerimiento, especie de alegato en que se exhortaba a las nuevas gentes a reconocer la soberanía de los reyes de Castilla, a recibir la paz a sus enviados y a aceptar la fe que se les iba a predicar”. (Raúl Porras Barrenechea, Historia General de los Peruanos, 2. El Perú Virreinal, Cap.IV, p.60).

                                   

Prosigue relatando Guillermo Alvarez, “Con la llegada de Diego de Almagro a Cajamarca se aceleró la muerte del Inca Atahualpa, a la cual se opuso Fr. Vicente Valverde y con él otros muchos, como Hernando Pizarro y Hernando de Soto, que pidieron fuera enviado a España. Desafortunadamente, las ambiciones e intrigas pesaron más que la sensatez y las buenas razones. Meléndez comenta: “el P. Fr. Vicente aficionado al Inca y lastimado de tan mísera fortuna, hizo grandes diligencias, porque le enviasen a España, hasta que viendo que no tenía remedio y que había de morir acusado falsamente de un mal indio, su vasallo, de que estaba de quebrantar la prisión y matar a los españoles, acumulándole el crimen de la muerte de su hermano Huascar Inca, trató de enviarle al cielo, y para esto instruyóle en la fe que admitió de buena gana y le bautizó de su mano”. (Fr.Juan Meléndez, O.P. Tesoros Verdaderos de las Indias. Roma, 1681, p.39).    

 

“De la permanencia de Fr. Vicente Valverde en Cajamarca y de su dedicación a la evangelización de los naturales, Pedro Salinas ha escrito: “Fue (Fr. Vicente) el que instruía a los indios de parte de los gobernadores en las cosas de nuestra Santa fe Católica, al tiempo que iba a descubrir, y fue el que instruyó al Inca, Señor natural del Perú, para convertirle”. (Colección de Documentos Inéditos, Madrid, 1855. t. XXVI, p. 195).   

 

Después de varios meses que los conquistadores permanecieron en Cajamarca, Guillermo Alvarez nos comenta: “A su paso por el vasto y hermoso valle del Mantaro, Pizarro fundó la ciudad de Jauja, con el parecer y acuerdo de Fr. Vicente, y más  tarde, el lunes 23 de marzo de 1534, hizo la fundación española de la ciudad del Cuzco. En el acta de fundación se lee: “Tomando mi acuerdo y parecer sobre ello (dice Pizarro), con el reverendo padre frai Vicente de Valverde, religioso de la Orden de Santo Domingo, por S. M. enviado para la conversión y doctrina de los naturales de estos reinos, y con Antonio Navarro, Contador S. M., con ellos y con otras personas… y en señal de la dicha fundación que hago y posesión que tomo, hoy, lunes 23 de marzo de 1534, etc.” (Acta de la fundación del Cuzco. Colección de Documentos Inéditos, t. 26, p. 223).   

 

Como se podrá observar, tanto los historiadores como los testimonios de los religiosos misioneros dominicos, nos afirman que conjuntamente con los españoles se trasladaron de Cajamarca, al valle del Mantaro en donde fundaron Jauja y luego se trasladaron a fundar el Cuzco; de donde organizaron varias comisiones exploradoras por todo la zona, con el propósito de buscar oro y plata y además de descubrir los yacimientos mineros; pero por motivo, de la inseguridad del Gobernador Francisco Pizarro y de los españoles por los constantes alzamientos de los indios, regresaron a la ciudad de Jauja, del cual también es amenazado y se trasladan a fundar la ciudad de Lima; para continuar con las exploraciones de la busqueda del oro y plata y el descubrimientos de las minas del precioso metal que anciaban los españoles, incurcionando por todos los valles interandinos, ceja de selva y valles de la costa; es en estas circunstanmcias que llegaron a explorar el valle interandino del territorio que comprende actualmente la Provincia de Pallasca.  

 

FUNDACIÓN DE LA PROVINCIA DE SAN JUAN BAUTISTA DEL PERU

Guillermo Alvarez, O.P. nos informa: que “En 1534, Fr. Vicente de Valverde viajó a España y logró comprometer a ocho religiosos que pasaron al Perú el 9 de diciembre de 1536. Estos fueron: Fr. Toribio de Oropesa, Fr. Alonso Daza, Fr. Gaspar de Carvajal, Fr. Alonso de Sotomayor, Fr. Antonio de Castro, Fr. Pedro de Ulloa, Fr. Gerónimo Pónez y Fr. Francisco de Placencia. El 10 de enero de 1537, pasó otra expedición de misioneros comprometidos por Fr. Francisco Martínez Toscazo. Venían asignados a la Provincia de Santa Cruz de las Indias, en la Isla Española; pero en realidad todos pasaron al Perú. He aquí sus nombres: Fr. Tomás de San Martín, Fr. Juan de Magdalena, Fr. Juan de Santa María, Fr. Martín Esquivel, Fr. Diego de Aguilar, Fr. Agustín de Zuñiga y Fr.Pedro de Ortega. Estos misioneros dominicos y otros, cuyos nombres aparecen en las crónicas de la época, comprendieron la situación que los separaba de sus provincias de origen, y discerniendo lo que mejor convenía hacer para gantizar la presencia de los misioneros llegados al Perú, y crear nuevas formas de vida y evangelización, adaptadas a las necesidades de los naturales, determinaron enviar como Procuradores a Roma a Fr. Francisco Martínez Toscazo y a Fr. Agustín de Zuniga, para hablar con el Maestro de la Orden, Fr. Juan Fenario, “llegaron a tan buen tiempo, que hallaron junta a la Orden, en el Capítulo General que se celebraba en la ciudad de Lyon de Francia, por la Pascua del Espíritu Santo del mismo año de 1536” (Meléndez, TVI, t.I,p.86). Los capitulares “aceptaron la petición y erigieron la nueva Provincia, separándola de las Provincias de Santiago de México y de la de Santa Cruz de la Isla Española. El Papa Paulo III, el 23 de diciembre de 1539, mediante el Breve “Cum Sicut accepimus”, autoriza al Maestro General de la Orden la creación de la Provincia. El 4 de enero de 1540, el Maestro General, Fr. Agustín Recuperato, firmó la patente, en la cual declaraba fundada la Provincia de San Juan Bautista del Perú. (…) el Maestro General nombró Provincial a Fr. Tomás de San Martín, para un período de ocho años, ordenándose que en el Convento del Santo Rosario de Lima se establesca la Casa de Estudios de la Orden, (…) asignó a los religiosos: “Fr. Tomás de San Martín, Provincial, Fr. Juan Olías, Fr. Martín Esquivel, Fr. Rodrigo de Ladrada, Fr. Juan Trujillo, Fr. Francisco Martinez Toscazo, Fr. Agustín de Zuñiga, Fr. Bartolomé de Ojeda, Fr. Blas de Castilla, Fr. Pablo de Santa María, Fr. Diego Manzo, sacerdotes, y Fr. Pedro Mártir, lego”. (Meléndez, T.V.I, t.I, p.87-96).

 

Como se podrá advertir por lo extenso del territorio peruano, y “el reducido número de misioneros con que contaba, obligaron al Provincial Fr. Tomás de San Martín, a recurrir a los conventos de España, en demanda de más religiosos. El 25 de marzo de 1540, a los tres meses de creada la Provincia, encontramos a Fr. Francisco Martínez Toscazo, en Sevilla, tramitando el paso de doce religiosos dominicos para el Perú. El 7de abril de 1540, el Rey extiende la cédula en la cual recuerda que a petición de Fr. Francisco Martínez, que vino del Perú a España, a procurar que fuesen alguna cantidad de religiosos, ordena a los oficiales de Sevilla proveer de pasaje y matalotaje al peticionario y a doce religiosos del Convento de Sevilla. Los que pasaron al Perú fueron: Fr. Francisco de San Miguel, Fr. Alejo de la Magdalena, Fr. Francisco de Zurita, Fr. Juan de San Pedro, Fr. Francisco de la Magdalena, Fr. Fr. Juan Bautísta, Fr. Pedro de Castillo, Fr. Martín de Mendoza, Fr. Lope Castrisera, Fr. Diego de Salazar y Fr. Juan de Santa María. El mismo año de 1540 pasó también de la Provincia de Santa Cruz, Fr. Domingo de Santo Tomás”. (José María Vargas O.P. TVI, t.I. p.13-96).

 

Entre el año 1529 y 1598, se efectuaron 26 expediciones de misioneros dominicos para la evangelización en América y hacia 1586 se crearon 19 Conventos en todo el Perú. Cada Convento evangelizaba a la ciudad, pueblos y anexos de la región, encomendados a su ministerio de enseñanza y asitencia espiritual, eran “cabeza de Doctrina”. “Se daba el nombre de Doctrina al pueblo, alrededor del cual se congregaban algunos ayllus, caseríos, parcialidades y comunidades indígenas, para recibir la instrucción de la doctrina cristiana, oraciones, cantos y prácticas sacramentales. Las Doctrinas estaban visiblemente representadas por el templo y la escuela. La Doctrina nacía bajo el patrocinio de algún ministerio de la fe cristiana o de un santo o santa. (…) Estas Doctrinas, en lo civil estaban sujetas a un cacique, y en lo religioso, a un padre doctrinero (Meléndez, TVI, t. II, p.604).

 

El Convento de Santo Domingo de Huaylas, fundado en 1579, fue cabeza de 14 Doctrinas: de los pueblos de Yungay, Carhuaz, Caráz, Pariacoto, Huata, Maleto, Atunhuaylas, Macate, Moro, Calamarca, Huantar, Chavín, Huari y Santa Ana; su irradiación evangelizadora solo llegaba hasta el pueblo de Macate de la Provincia del Santa, los misioneros no se atrebían ni menos tenían autorización para atravezar el río Santa, hacia más al Norte, fue la causa para no llegar los misioneros dominicos a los territorios del actual Provincias de Corongo y Pallasca; menos del Convento de Santo Domingo del Valle de Chicama, fundado en 1568, fue cabeza de tres Doctrinas:Chocope,Cao y Santiago;que solamente llegaban hasta las inmediaciones del río Tablachaca; Tampoco el Convento de San Pedro Mártir de Trujillo, que cogía la costa solamente llegaba a las inmediaciones del río Tablachaca, los que después de 34 y 45 años de haber llegado los españoles al valle interandino del territorio que hoy es la Provincia de Pallasca, por cuya razón, los pueblos del valle interandino no solo de Pallasca ni de Corongo, sino de otros tantos que permanecian alejados y aislados geográficamente en muchas parte de la serranía del Perú, vivieron libres, sin evangelizados ni conocer de los atroses abusos que cometían los españoles en contra de los naturales.

 

Es necesario dejar debidamente aclarado en esta parte, que gracias a la Comitiva exploradora organizado por Francisco Pizarro en Jauja, el que fuera encomendado al lugarteniente Francisco Martín de Alcántara, hombre de su entera confianza, para que con un grupo de españoles trataran de explorar los valles interndinos de los Andes del norte, en busca de oro, plata y de vetas del precioso mineral, partiendo de Jauja hacia la ruta del norte, hasta llegar a Huamachuco y luego regresar por el lado de la costa, esta orden fue motivo para que el misionero dominico en esta Comitiva se integrara como capellán el Padre Fray Pablo de la Cruz, de la Orden de Predicadores de los dominicos venidos desde España, conjuntamente con el también venía el soldado Sebastián Mesa de Enciso, (sobrino de Martín Fernández de Enciso, uno de los fundadores de Santa María de la Antigua la primera ciudad del continente), llegando a los territorios de la que actualmente comprenden las provincia de Corongo y de Pallasca en el mes de setiembre del año 1534 y después de haber recorrido todo el valle interndino de la provincia de Pallasca (La Pampa, Yupán, Bambas, Santa Rosa, Llapo, Tauca, Cabana, Bolognesi, Huandoval, Huacaschuque, Pallasca, Lacabambas, Conchucos, Pampas, hasta llegar a Huamachuco, de donde regresó para establecerce como misionero dominico en la evangelización del valle del territorio de la que hoy es Tauca, también misionara Llapo, Santa Rosa y otros, en cuanto se encontraba cumpliendo con su misión evangelizadora de estos pueblos, le soprendió la muerte falleciendo en este pueblo tauquino el día martes 23 de agosto de año 1536. Al enterarse el dominico Padre Fray Juan Bautista Dávila, de la Orden de Predicadores, que se encontraba en Cajamarca empredió viaje con destino al territorio de la que hoy es la provincia de Pallasca, pasando por los lugares de Pampas, Conchucos, Pallasca, Huandoval, Cabana, llegando al territorio de Tauca el día viernes 2 de octubre de año 1536, haciéndose cargo de la continuación de la obra evangelizadora iniciada por su colega dominico, es así como llegan los de la Orden Dominicana al valle de Tauca. En cuanto “el 4 de enero de 1540, el Maestro General, Fr. Agustín Recuperato, firmó la patente, en la cual declaraba fundada la Provincia de San Juan Bautista del Perú. (…) De acuerdo a las normas de las Constituciones de la Orden, y en el mismo decreto, consta que el Maestro General nombró Provincial a Fr. Tomás de San Martín, para un período de ocho años continuados; ordenó, ademas, que en el Convento del Santo Rosario de Lima se establesca la Casa de Estudios de la Orden, “donde se instituyan lectores en arte y de Teología”. (Melendez, T. V. I., t. I, pp.87-96).

 

Los valles interandinos de esta parte de los Andes del norte del Perú, permanecieron por muchos años en un total abandono y aislamiento por lo accidentado de su geografía, de la administración de los conquistadores, “los conquistadores atraídos poderosamente por la riqueza del país, lo primero que hicieron fue proceder al repartimiento de los indios. Era norma que los primeros pobladores de una ciudad recién fundada, todos debían de recibir en encomienda cierto número de indios para trabajos diversos, en las mitas mineras, obrajeras, agropecuarias y otras”. Todas estas situaciones sucedió en la parte del centro y del sur del Perú, porque aquí se ubicaron los conquistadores, las consecuencias fueron muy dolorosas, “la situación de los naturales se tornó aún más dura, con las guerras civiles entre conquistadores” dando lugar a la despoblación del pais y que este trance difícil y caótico duro más de veinte años desde la primera guerra civil de 1537, enfrentado entre Francisco Pizarro y Diego de Almagro hasta la cuarta guerra civil que terminó en 1554, enfrentados entre los encomenderos contra la Audiencia de Lima. Pero gracias a Dios, por haber llegado estos dos dominicos Fray Pablo de la Cruz (1534) y Fray Juan Bautista Dávila (1536), al valle interandino del que es actualmente el pueblo de Tauca de la provincia de Pallasca, siendo este último religioso misionero dominico que se dedicó a “la instrucción y conversión de los naturales”, evangelizando y enseñando nuevas formas de vida en labores cotidianas, adaptadas a las necesidades de los naturales de modo tolerante y pacífico no se produjo violencia alguna, hasta que fue asimilado por el Convento de Santo Domingo de Huaylas, al fundarse en 1579, para luego ser integrado en la Doctrina del pueblo de Yungay (que posteriormente se convirtió en Convento de Santo Domingo de Yungay), desde donde gestionó la dotación de la Imagen de Santo Domingo de Guzmán, en la remesa que venía en un barco debidamente fletado desde España. (Archivo del Convento de Santo Domingo de Huaylas).        

             

“El padre-doctrinante (o cura-doctrinante, como le llamaba en el 1er. Concilio Limense de 1567), era el principal encargado de la evangelización de los indígenas correspondientes a su Doctrina. Cada padre doctrinante  debía estar versado en el idioma de los naturales (quechua, aymara, mochica, etc.) y debía vivir inserto en su Doctrina para impartirles la doctrina cristiana y enseñarles a vivir en cristiano. El padre-doctrinante desempeñaba, pues, una labor intensa de evangelización y promoción de sus feligreses y catecúmenos. Como miembro de una Orden religiosa estaba sujeto a la autoridad del Prior del convento al que pertenecía la Doctrina”. (…)(Fr.Guillermo Alvarez, O.P.)

 

“Las misiones dominicanas en el siglo XVI se desarrollaron en lugares diversos de la costa y sierra del Perú y en circunstancias sumamente difíciles y complejas. Los misioneros dominicos, desde su llegada al país, se sintieron comprometidos con la causa de los naturales: con su instrucción en la doctrina cristiana y su defensa verbal y escrita, como lo demuestra sus cartas, relaciones y protestas. Asimismo, fue parte obligada de su apostolado, trabajar en la reconciliación de los conquistadores y poner freno a sus ambiciones; actuar de pacificadores y establecer el pago de tributos en la forma más benigna que lo pudieran hacer los indios; motivo suficiente para ganarse la antipatía de los encomenderos. Desde su fundación los conventos dominicanos fueron verdaderos centros de irradiación evangelizadora, a travéz de las doctrinas”.

 

“No se puede negar que, durante las guerras civiles (1537-1554), la obra de la evangelización, en parte, se vió limitada y hasta cierto punto estropeada. Pero ello no fue óbice para llevar adelante la tarea iniciada de la cristianización de los naturales. En 1548, la Provincia dominicana contaba con 80 religiosos; la mayoría de ellos dispersos en todo el territorio peruano, El Capítulo Provincial de 1548, celebrado en Cuzco, eligió Provincial a Fr. Tomás de San Martín y reasignó a todos los religiosos a los conventos de Lima, Cuzco y Arequipa, desde donde debían partir a evangelizar los ayllus, comunidades y encomiendas que integraban las doctrinas. Se determinó que los religiosos conventuales tenían la obligación de salir de dos en dos, como misioneros itinerantes. Después de dos meses de misión, retornarían a sus conventos, y los que habián quedado saldráin para apoyar a los curas o padres doctrinantes, o bien para explorar nuevos campos de misión. Refiriéndose a las ordenanzas del Capítulo Provincial de 1548, escribe Meléndez: “Nuestro Provincial y sus definidores despacharon por varias partes del reino, de dos en dos, doce frailes a predicar el Evangelio a los indios y en especial a los de las encomiendas”. En las Actas capitulares, en la sección de Misiones, se hace constar que fueron enviados como misioneros itinerantes, los siguientes: Fr. Domingo de Santo Tomás, Prior del Convento del Santísimo Rosario de Lima y Fr. Miguel de Céspedes, para que predicaran el Evangelio, doctrinasen y enseñasen a los indios de las cabezadas de Lima: Huarochirí, Canta, Checares y Cajatambo, principalmenmte en las encomiendas de Francisco de Talavera, Martín de Pizarro, Alonzo de Montenegro y Rui Barba. Fr. Melchor de los Reyes y Fr. Lope de la Fuente, para evangelizar  el valle de Chancay, (…). Fr. Juan de la Magdalena y compañero que el Provincial le señale, para evangelizar el valle de Lima, (…).Fr. Benito de Jarandilla y Fr. Pedro Aparicio, para que continúen evangelizando el Valle de Chicaza, de preferencia a los pueblos de Santiago, Chócope y Cao. Fr. Pedro de Vega y Fr. Alonso Tuero, fueron comprometidos para evangelizar el Valle del Mantaro, (…). Fr. Juan de Santa María y Fr. Domingo de Loyola, para evangelizar Cusco, (…). Fr. Andrés de Santo Domingo y Fr. Domingo de Santa Cruz, fueron destinados a evangelizar Juli, (…)”(Fr. Juan Meléndez, O.P., TVI, t. I, p. 226-240).       

 

Rubén Vargas Ugarte, S.J. en su obra Historia de la Iglesia en el Perú (1511-1568), I, p. 209, nos comenta: “la actividad apostólica de los dominicos, en esta época notable impulso y se extiende a buena parte del Perú”, el Consejo de Indias, bien informado de la expansión misionera dominicana y de los frutos que venía produciendo en provecho de los naturales, creyó oportuno encomendarles la enseñanza del idioma castellano. En la cédula del 7 de junio de 1550, encomienda al Provincial Fr. Tomás de San Martín, “que haga que sus religiosos procuren que los indios aprendan el idioma castellano, tomando por medio el enseñarles las oraciones y la doctrina cristiana en el dicho idioma”(…) “parece que los dichos religiosos podrían más buenamente entender en enseñar a los indios, la dicha lengua castellana que otras personas, y que la tomarían de ellos con más voluntad, y se sujetarían a aprenderla de ellos con mayor amor, por la afición que les tienen, a causa de las buenas obras que de ellos reciben”. (Meléndez, TVI, t. I, p. 127 y 225).

“El Capítulo Provincial de 1553, que eligió Provincial a Fr. Domingo de Santo Tomás, dio normas concretas a los religiosos para procurar la conversión de los naturales y la instrucción catequética de los ya convertidos: “Mandóse, escribe Meléndez, que ningún religioso pudiese predicar ni confesar, sin especial aprobación de la lengua de los naturales. Además, se le encomendó al Provincial, “examinar por sí mismo a todos los confesores, predicadores y doctores de indios”.    

 

Para facilitar y hacer más eficaz el ministerio de la evangelización, Fr. Domingo de Santo Tomás compuso la primera Gramática o arte de la lengua general de los indios de los reinos del Perú, y el primer Lexico o Vocabulario de la lengua general del Perú. Al escribir estas obras esenciales para la evangelización, Fr. Domingo de Santo Tomás se propuso dos objetivos: primero, poner en manos de los curas o padres doctrinantes un instrumento adecuado para aprender el idioma quechua, y poder evangelizar con eficacia; segundo, demostrar a S. M. y al Consejo de Indias que los naturales del Perú no eran los “bárbaros” de los que algunos historiadores o cronistas y juristas hablaban”. (Guillermo Alvarez, O.P. p. 33).

 

Fr. Domingo Angulo, O.P. en su obra La orden de Santo Domingo en el Perú, 1908, p. 229, nos glosa un párrafo del prólogo de la gramática escrito por el Fr. Domingo de Santo Tomás: “Mi intento, pues, principal, S.M., al ofreceros este artecillo, ha sido para que por él veáis muy clara y manifiestamente, cuán falso es lo que muchos han querido persuadir: ser los naturales del Perú bárbaros e indignos de ser tratados con la suavidad y libertad que los demás vasallos lo son: lo cual claramente  conocerá V. M. ser falso, si viere por éste, la gran policía que esta lengua tiene, la abundancia de sus vocablos, la conveniencia que tienen las cosas que significan, las maneras diversas y curiosas de hablar, el suave y buen sonido al oído de la pronunciación de ella, y la facilidad para escribir con nuestros caracteres y letras”.

  

En el caso, del territorio de lo que es hoy la Provincia de Pallasca, desde el día martes 18 de setiembre de 1534, en que ocuparon efectivamente el valle interandino los primeros españoles, conformado por la Comitiva exploradora al mando de Francisco Martín de Alcàntara, hasta que fue fundado en 1579, el Convento de Santo Domingo de Huaylas, fue el más cercano y sus misioneros solamente llegaron hacía el Norte, hasta el pueblo de Macate de la provincia del Santa, ningún misionero intento ni tenía la autorización para atravesar el río Santa.

 

En vista de que algunos en forma errada pretenden atribuir hechos falsos, se deja debidamente aclarado con pruebas fehacientes, según nos confirma el Fr. José María Vargas, O.P. en su obra Historia de la Provincia de Santa Catalina Virgen y Martir de Quito de la Orden de Predicadores, que el Fr. Domingo de Santo Tomás, arribó al Perú hacia 1540, residió en el Convento del Santísimo Rosario de Lima y se dedicó integramente al estudio e investigación de las lenguas existentes en el Perú, hasta que el Capítulo Provincial de 1548, le envió como misionero itinerante en la jerarquía de Prior del Convento del Santísimo Rosario de Lima; entonces, jamás visitó ni menos conoció ningun pueblo de la Provincia de Pallasca, ya que la dedicación de su tiempo y su objetivo primordial era de escribir su gramática y vocabulario de la lengua general del Perú. Además el desempeño de altos cargos en Lima no le permitió distraer su gran responsabilidad política.

 

Por el aislamiento geográfico y gracias a los primeros misioneros dominicos que llegaron en el año de 1534,a este valle interndino del territorio que hoy es la Provincia de Pallasca, “han dejado una huella profunda” en todo los pueblos de la provincia, “trabajaron sin desmayos por el derecho a la vida y el derecho a la libertad de los naturales”, no permitieron que les hicieran esclavos ni que les quitarán la libertad ni les hicieran trabajar en las minas menos hacerles cargueros, tampoco se les sacaron o quitaron sus tierras ni sus asientos o sus chozas, como lo hacian en otras partes del Perú, en donde eran lugares más accesibles e inmediatos a los gobernantes y encomenderos con el injusto pago de los tributos, que a casua de estos problemas y abusos, se produjo en ese entonces la desploblación de muchas zonas, tanto en la costa como en la sierra y en la ceja de selva. Por eso Fray Vicente Valverde, en su carta del 20 de marzo de 1539, en un acápite se lee: “no permita V. M. se les haga tan gran daño (a los indios de servir como esclavos), sino que a todos se les guarde la libertad que antes tenían y pues dan sus tierras y sus haciendas y sirven con sus personas, no sean hechos esclavos; pues, no hay por qué”. Como se podrá advertir, que los españoles conquistadores al llegar al Perú, fueron testigos presenciales de certificar que los naturales vivian dispersos en plena libertad, gozando libremente de las bondades que les ofrecia la naturaleza, en este caso, las extensas tierras fértiles de la provincia que le producia todo lo necesario, para supervivir con sus familias sin merecer apoyo ni esfuerzo de terceras personas.

 

Emilio Lisson Chaves en su obra La Iglesia de España en el Perú, nos dice que refiriéndose Fray Vicente Valverde “al derecho que tienen las mujeres de gozar también de libertad, recomendaba: “V. M. no dé oídos a razones que proceden de desordenados apetitos, y mande que se les guarde la libertad; porque así conviene al servicio de Dios y de V. M. y a la conservación de estos reinos”.

 

“Fray Domingo de Santo Tomás, que arribó al Perú hacia 1540, es otro de los grandes defensores de los naturales. Sus cartas y relaciones son testimonios reveladores de la situación de explotación a que eran sometidos y, al mismo tiempo, dan a conocer el pesamiento y actuación humanitaria y cristiana del dominico”. En sus 14 cartas escritas al Rey, al Consejo de Indias y otras personalidades influyentes y allegadas al gobierno, “son clamores angustiosos y apremiantes del misionero que llama a las puertas de quien sabe que puede poner freno a tanto abuso, atropello y aniquilamiento”.

 

Es conveniente mencionar estas históricas cartas, como por ejemplo, “En la carta del 1° de julio de 1550, fechada en la ciudad de los Reyes, escribe: “La tasa de los tributos que los naturales de esta tierra han de dar a los encomenderos (…) hánse habido en la dicha tasa harto más largos de lo que, según razón y conciencia, entienden que esta pobre gente puede y debe dar. Porque hasta ahora no habido más regla ni medida en los tributos que a esta pobre gente se les pide que la voluntad desordenada y codiciosa del encomendero. (…) y con ser así cierto, como digo, a mi juicio, va muy largas las tasas, mucho más de lo que se debería. Ha parecido a estos españoles bautizados, que, por no mentir, no les oso decir cristianos, cosa tan fiera la sombra de este poco de orden que se ha empezado a poner con la tasa, que no pueden oír este nombre de tasa, porque, quieren vivir y aún morir sin ella”. Una cosa sepa V.A. y es que el fundamento y principio de algún bien para esta tierra, está en que los naturales sepan lo que han de dar a sus encomenderos; porque no sabiéndolo ni tienen tiempo para oír las cosas de Dios, ni aún, lo que es más de llorar, es que no son señores de sus haciendas porque todos se las toman, ni de sus personas, porque se sirven de ellos como de animales brutos y aún peor que el asno (…) y, por el contrario, sabiendo el pobre indio lo que ha de dar a su encomendero, aunque sea mucho y con trabajo, en fin, con parecerle que tiene número y fin y es cosa conocida lo que ha de dar y trabajar, trabaja por darlo, porque, dado, podrá gozar de lo poco que le quedare y de algún rato si acabare de cumplir con el servicio que se le manda hacer. He dicho ésto, porque, V.A. esté prevenido y avisado (…) y envíe a mandar acá, con brevedad, que sin embargo de tan injustas suplicaciones y apelaciones (de los encomenderos), se ejecuten las tasaciones: pues, tan largas van” (José María Vargas, O.P., Fray Domingo de Santo Tomás. Su vida y sus escritos, Quito, 1937. Escritos, I. p.7).

 

Como se podrá observar en los contenidos de estas cartas se expresan los procedimientos abusivos de los españoles, que procedían en contra de los pobres indígenas, especialmente en las zonas de la costa, centro y sur del país, en donde mayormente se habían asentado los conquistadores españoles; pero estos inhumanos maltratos, no se producian en muchos valles interandinos de la sierra, adonde no llegaron fácilmente los conquistadores españoles, por su agreste geografía de difícil acceso a sus valles territoriales; es decir, gracías a Dios que en los pueblos del valle interandino de la Provincia de Pallasca, no sufrieron estos abusos y maltratos por los españoles, porque pasaban por inadvertidos ya que no tenían la relevancia significativa como de otros pueblos del país.

 

“En el mes de marzo de 1575, tres dominicos: Fr. Alonso de la Cerda, Fr. Miguel Adrián y Fr. Gaspar de Carvajal, escriben al Rey denunciando los abusos y arbitrariedades de las autoridades que gobernaban el país, sobre los indios, forsándolos al trabajo en las minas. Un fragmento de la carta de estos dominicos, nos da idea del asunto: “Luego que Don Francisco de Toledo vino por visorrey de estos reinos, juntó prelados y letrados, y parece que acordaron y dieron por parecer que era lícito compeler a los indios a que se alquilasen para trabajar en la labor de las minas y asi se ha hecho y hace; y ha cuatro años que los compelen y llevan por fuerza a trabajar en ellas, de que reciben notables daños y agravios, especialmente en la labor de las minas de azogue (…). Habemos lo tratado con el Arzobispo de esta ciudad y otros prelados y todos dicen ninguno haber sido de tal parecer que era lícito compeler a los indios a la labor de las minas. Parecióme (dice el P. Carvajal) que como cristianos y religiosos de la Orden de nuestro Padre Santo Domingo, que siempre habemos tenido especial cuidado de volver por estos naturales, entendiendo el servicio que a Dios y a V.M. se sigue, teníamos obligación de avisar de esto a V. M. para que en ello mande poner el remedio debido”. (Fr. José María Arevalo, O.P. Los Dominicos en el Perú, 1970, p.114). Muchas cartas llegaron al Consejo de Indias, de prelados, curas doctrineros y misioneros; pero no tuvieron efectos favorables, siempre salía ganando los encomenderos.

 

En octubre de 1548 el Presidente Pedro de la Gasca, hizo junta de los Oidores con la participación de los dominicos: Fr. Jerónimo de Loayza, Arzobispo de Lima; Fr. Tomás de San Martín, Provincial; Fr. Domingo de Santo Tomás, Fr. Bautista La Roca, Fr. Isidro de San Vicente, Fr. Antonio de Castro y otras personas notables, y juntos acordaron que de una vez por todas se extinguiese la costumbre de hacer esclavos a los indios; que se diese a entender a los indios traídos de Nicaragua y de otras partes, que eran libres; que no los cargasen como bestias; ni los serranos se trajesen a los yungas, ni los yungas de los llanos se llevasen a la sierra, porque se mueren con facilidad, por la mudanza del temple y ni pudiese ningún indio del Perú ser conducido a otras partes, porque no se despoblasen las provincias; dióse forma en los tributos, ordenando que los indios los pagasen con géneros, así naturales como industriales que tenían y no de otros; porque lo hiciesen con facilidad, y otras cosas de mucha utilidad para el reino y alivio de los naturales”. (Fr. Meléndez, TVI.t.I, p. 131 y 132).

 

Rubén Vargas Ugarte, S.J.refiriéndose concretamente a Fr. Jerónimo de Loayza, escribe: “Había bastado a la gloria (de Fr. Jerónimo) el haber contribuído tan eficazmente a la pacificación del Perú; pero hizo algo más: La tasación de los tributos era, como reconocía La Gasca, la clave de toda la conservación de los indios y la quietud del reino; ahora bien, esta tarea, prolija y penosa, le fue encomendada a Fr. Jerónimo juntamente con Fr. Tomás de San Martín, Fr. Domingo de Santo Tomás, todos tres grandes amigos de los indígenas”. “era de los misioneros más experimentados y el mejor conocedor de los indios”. (Vargas Ugarte, p.193-223)

 

“La conquista del Perú tuvo secuencias muy dolorosas, frentea las cuales el hombre peruano de entonces supo sufrir con gran entereza. Los conquistadores atraídos poderosamente por la riqueza del país, lo primero que hicieron fue proceder al repartimiento de los indios. Era norma que los primeros pobladores de una ciudad recién fundada, todos debían de recibir en encomienda cierto número de indios para trabajos diversos, en las mitas mineras, obrajeras, agropecuarios y otras. Arbitrariamente el encomendero podría trasladar a los indios de la sierra a la costa y de la costa a la sierra, sin excluír el servicio militar en los ejércitos conquistadores, creando el problema del abandono de sus hogares, el riesgo de morir azotados por el frío o deshidratados por el calor, por la falta de alimentos y falta de asistencia sanitaria. La carga de los tributos era otra pesadilla. Eran impuestos caprichosamente por los encomenderos; y para cumplir puntualmente con su pago, comprometían a toda su familia: a padres e hijos, generando, con frecuencia, dramas familiares innarrables, como el suicidio. De todos estos hechos nos hablan las relaciones y cartas de Fr. Vicente Valverde, Fr. Tomás de Berlanga, y Fr. Domingo de Santo Tomás y otros dominicos. La situación de los naturales se tornó aún más dura, con las guerras civiles entre conquistadores. Los efectos negativos de esta penosa situación, pronto se dejaron sentir, incidiendo principalmente en la despoblación del país. En este trance difícil y caótico, el Consejo de Indias recurrió a los buenos oficios de los dominicos”. (Rubén Vargas Ugarte, S.J.). En este caso, menos mal en el territorio del que hoy es la Provincia de Pallasca, no se produjo estos agobios por que los españoles que llegaron en 1534, fueron pocos y no tenían las ambiciones de tierras ni de minas, además que el valle interandino siempre permanecia alejado de estos abusos de autoridades ambiciosos, inclusive en este lugar no existía cacique alguno, todos vivian en la más completa libertad natural como en otros valles de los Andes, los naturales conviviendo con los pocos españoles que arribaron a su territorio, continuaban el desarrollo cotidiano de sus actividades y costumbres sin interupción alguna, como también lo hacian muchos otros lugares de los valles interandinos de la sierra del Perú, porque los conquistadores ambiciosos no llegaron a conocer diretamente a estos valles interandinos ya que pasaron varios años ignorados de su existencia.

 

 “El 28 de febrero de 1535, el obispo Fr. Tomás de Berlanga salió de Panamá con destino al Perú, con el cargo de visitador, trayendo consigo las siguientes instrucciones:1°) Informarse del número de indios que se habían repartido, y personas a quienes se habían encomendado. 2°) Enterarse del tratamiento que los encomenderos daban a los indios. 3°) Averiguar la tasa de los tributos y el cobro que se les hacía a los indios. 4°) Moderar en aquellas cosas que el Gobernador y los encomenderos se hubieran excedido; y llevar relación de todas estas cosas en un libro. 5°) Componer los pleitos y enfrentamientos habidos entre los viejos socios de la conquista. 6°) Examinar la posibilidad de crear una nueva gobernación, en vista de la desmesurada extensión territorial concedida al gobernador Francisco Pizarro” (Rubén Vargas Ugarte, S.J., Historia de la Iglesia en el Perú, I, p.171).

 

“La misión encomendada a Fr. Tomás de Berlanga era, por cierto, muy delicada, ya que en forma directa tocaba a los intereses del gobernador Pizarro y de los encomenderos. Pizarro, mal aconsejado o porque personalmente se diera cuenta de los alcances de los poderes concedidos al visitador dominico, desde su llegada lo rechazó con desdén”. Por carta del 3 de setiembre de 1536, Fr. Tomás de Berlanga informaba al rey: “cuando llegué (a Lima) y le demostré mis provisiones para la descripción de la tierra, me dijo (Pizarro):que en tiempo que anduvo conquistando la tierra con la mochila a cuestas, nunca se le dio ayuda, y ahora que la tiene conquistada y ganada, le envían padrasto. Púsose muy contrario a cuanto yo disponía (…) procuré atraerle visitándole y, en conversaciones (…) resolví decirle que, pues me había mirado como padrasto contra la intención de V. M. y mía, no esperaba hacer fruto, ni quería entender en cosa hasta dar relación a V. M. y que así me volvía a mi obispado (de Panamá). Mostró contento de ello, y dispuse mi venida. Ya que estaba de partida, me hizo un requerimiento solo por cumplir, y convidóme a ver el Cusco y la tierra. Díjele que iría si había de hacer lo que V. M. mandaba, si no, no. Respondió que era imposible, y así me vine”. (Fray Alberto María Torres, O.P., El Padre Valverde. Ensayo biográfico y crítico. Quito, 1932, p. 153).

 

“El P. Cappa, S.P., en los Estudios críticos (vol.3), comenta que el Consejo de Indias encomendó esta misión a Fr. Tomás de Berlanga: “por si llamara la atención que el Consejo de Indías comisionara a un obispo para la división astronómica de las dos gobernaciones, diré que D. Fr. Tomás de Berlanga era hombre entendido en astronomía y que así no se había de valer de manos ajenas para la determinación de los límites”. (Torres, A.M., o.c., p.153). La terquedad de Pizarro hizo que la cuestión de límites de su gobernación y de la de Almagro, quedara indifinida, lo que dio lugar a la primera guerra civil”.

 

De las glosas transcritas, podemos deducir que durante estas épocas el movimiento social, político y económico del Perú, se concentraba en la ciudad de Lima, los emisarios y las órdenes venían de España, pasando por Panamá hasta llegar a Lima y viceversa, el problema de tierras se encuentra en el centro y sur del país, entre el valle del Mantaro y Cusco y el problador social que hemos tratado se encontraban en las zonas del valle de Mantaro, Jauja, Huancavelica, Apurimac, Ayacucho, Cusco, Puno, Arequipa y Lima.                

 

LOS FRANCISCANOS EN LA EVANGELIZACIÓN DEL PERU (Siglo XVI)

El Arzobispo Emérito de Ayacucho Federico Richter Prada, O. F. M.nos comenta: “El cardenal franciscano Francisco Jiménez de Cisneros, Ministro Consejero de los Reyes Católicos Fernando e Isabel, fue uno de los promotores junto con el dominico Padre Deza, de las futuras tareas evangelizadoras en América. Cisneros, aprovechando una estadía suya en Roma, pudo conversar con el Papa Sixto IV, recomendando el asunto expuesto por Cristóbal Colón en la Corte Real. Gracias a estas recomendaciones, Colón pudo llegar a América en 1492. A raíz de la lucha por la unidad territorial, con la guerra de Granada (1481-1492), que expulsó definitivamente al último bastión musulmán de España, Isabel desarrolló, aprovechando esta circunstancia, el nuevo modelo de ejército, con la Santa Hermándad como cuerpo permanente, eficaz y modernamente organizado y equipado. Los moriscos fueron expulsados a raiz de la revuelta de las Alpujarras; tampoco se debe olvidar la reforma de la Iglesia española, donde destacó la figura de Cisneros.[…] México y Perú, sedes de dos grandes Imperios a la llegada  de los españoles a América, alcanzaron la gracia de tener misioneros insignes (…) Este Imperio era conocido genéricamente como imperio del Tahuantinsuyo (…) estaba regido por el Inca Mayta Capac, quien recibió las primeras noticias de la llegada de gentes extrañas a las playas norteñas de Tumbes. Los chasquis facilitaban en grande las informaciones en todo el Imperio, aprovechando también los magníficos caminos que entonces tenía este Imperio, como arterias por las que fue fácil toda comunicación y el desplazamiento guerrero del Inca, facilitando por ende la campaña de la conquista del Perú y de su evangelización cristiana.(…) llegando como fue el año de 1531 a las costas de Tumbes, después de fatigosos y aventurados viajes por costas y mares desconocidos. En la Caleta La Cruz, cercana a Tumbes, es plantada la primera Cruz, símbolo cristiano que inauguraba la evangelización de nuestro país. San Miguel de Piura, fundada inmediatamente en Tangarará, es la primera ciudad española en estos reinos del Perú”. (San Franciscanos, Federico Ritchar Prada, pag. 57).

 

En la Comisión Estudios de Misionzentrale der Fransikaner, Marzo 1991, literalmente se escribe: “El año 1500 marca el inicio oficial de la misión franciscana en América Latina, con la llegada de los frailes a la Española (hoy Haití). La construcción de esta misión ocurrió en un tiempo récord. En el año de 1524 llegarán los primeros doce franciscanos a Nueva España (México), y fundarán una floreciente misión en el valle del antiguo Tenochtitlán, capital del Imperio Azteca. De esta misión saldrán franciscanos para el norte, yendo hasta California y, siempre más, para el sur, hasta alcanzar la Tierra del Fuego. Se puede decir que la cristianización de gran parte de América Central y América del Sur, es debida al trabajo de los hermanos menores. Sin la historia de los franciscanos no se puede escribir la historia de América Latina”.   

 

El P. Diego de Córdova y Salinas, en Crónica de la Provincia de los Doce Apóstoles del Perú, Lima, 1651, nos relata diciendo: “Corria el año de 1531, cuando el benemérito religioso Fray Marcos de Niza pasó al Perú, acompañado de Pizarro en sus viajes de conquista de estas tierras peruanas. Había nacido en el Ducado de Saboya, allá  por el año de 1490. Lo encontramos después en Cajamarca, cuando Pizarro hiciera prisionero al Inca Atahualpa y durante su ejecución, el día 3 de Mayo de 1533. Antes había estado ya en México, en el convento de Xochimilco, dedicado a misioneros que venían de España, para la evangelización de la Nueva España y de otras regiones.(…) Surgió una diferencia entre Pizarro y el P. Niza a raíz del género de muerte que se le iba a dar al Inca Atahualpa, hecho prisionero de los españoles. Niza defendió la dignidad del inca como persona humana e hijo de Dios. Pizarro, enojado con Niza por esta reacción, lo despacho de Cajamarca”.   

 

El “analista Wading, en sus Memorias de 1532, pone por aquel entonces como presentes ya en el Perú a los seis religiosos Fray Juan de Monzón, Mateo de Xumillas, Francisco de los Angeles, Francisco de la Cruz, Francisco de Santa Ana y Pedro Portugués, por su puesto que en primera fila coloca al Padre Marcos de Niza”.

El Padre Federico Ritchter Prada, O. F. M. nos recalca manifestando que “Sabemos ciertamente que de los nombrados, trabajaron de inmediato en el Perú, después del suplicio del Inca Atahualpa, el Venerable Hermano Mateo de Xumilla, habiéndose “quedado” en Cajamarca para evangelizar a los naturales, ampliando su territorio misional hacia Chachapoyas. De la misma manera, parece que al año siguiente estuvieron en el Perú los dos sacersdotes Francisco de La Cruz y Francisco de Santa Ana, ambos cofundadores del Convento de San Francisco de Jesús  de Lima. (…) Fray Pedro Portugués, el “Lusitano”, figura en la comitiva de Pizarro, cuando éste desde Cajamarca avanzó hacia el Cusco, la capital del Imperio; tan cierto que, Portugués, en nombre de su Orden, recibe un solar en dicha ciudad para fundar convento”.

 

El Fr. Fernando Rodríguez Tena, en su obra Nuevo Mundo Saráficos (inédito). Historia de las Tres Ordenes del S. Padre San Francisco en la América. Sus hechos y progresos en ella, nos dice: “La obra escrita del P. Niza, llamada Relación y Cartas Informativas de lo obrado en las Provincias del Perú y de Quito, lamentablemente  desapareció hasta nuestros días. Esta información nos hubiera aclarado muchos puntos demasiado interesantes de los “primeros momentos” de la evangelización en el Perú, salpicados sí de sucesos políticos de la conquista, sirviendo de testigo de excepción en los avatares de esta campaña militar en suelos peruanos”. “Cuando Pedro de Alvarado salió del Perú en 1534, el P. Niza viajó con él a Guatemala y México, llegando a este último país en el año de 1540, donde salió elegido como Provincial de la Provincia Franciscana del Santo Evangelio. Falleció el 25 de Marzo de 1542”.

 

El cronista agustino P. Antonio de la Calancha, nos informa: “Yo Fray Marcos de Niza de la Orden de San Francisco, Comisario de los Frailes de la misma Orden  de las Provincias  del Perú; que fue uno de los primeros religiosos que con los primeros  cristianos entraron en las dichas Provincias”; añadiendo después: “de haber sido testigo del oro y plata dado a los españoles  por el Inca Atahualpa, con mas la tierra de su poderío; sin embargo le quitaron la vida del Inca y otros Caciques”. Recalca además de haber defendido a los indios y particularmente al Inca. Antes de que le dieran muerte “Clamó, dice, con la voz fuerte y potente como San Juan en el desierto, pero esto no fue suficiente para hacer desistir de su intento a los españoles”.

 

El historiador jesuita quiteño P. Juan de Velasco, en su obra Historia del Reino de Quito, 1844, en las “Cartas Informativas de lo Obrado en las Provincias del Perú, en las que refiere Fray Marcos los hechos sucedidos  en Cajamarca en torno a la prisión y muerte de Atahualpa. Dice por ejemplo: “Quispi era concubina de Huaína Capac, madre de Atahualpa, hermana del General Chalcuchima y del Cacique de Quito Caluchima, bautizado por el P. Marcos”. Otro hecho: “que al visitar al Inca que se encontraba en los baños termales, Don Hernando de Soto, al hacer pruebas con su caballo, tanto se le acercó al Inca que, la espuma del bruto le salpicó la cara”… Después de haber permanecido algún tiempo en el Perú y a raíz de las desavenencias surgidas con el conquistador Pizarro, a causa del género del suplicio que se le diera al Inca Atahualpa, suplicio al que se opusiera Fray Marcos, se volvió a México posiblemente en 1534.        

 

El historiador  Roberto Levillier en su obra Organización de la Iglesia en el Perú, 1919, pág. 50, afirma: “en 1531 llega al Perú Fray Vicente Valverde con seis compañeros, el cual se halló en la acción de Cajamarca, acaecida el 16 de Noviembre de 1533 y en la que fue preso el Inca Atahualpa. En igual forma, aproximadamente llegaron los primeros misioneros franciscanos a Piura, en número de 13, es a saber: Fray Marcos de Niza, Fray Juan de Monzón, Fray Francisco de los Angeles, Fray Francisco de la Cruz, Fray Francisco de Santa Ana, Fray Alonso de Escarcena, Fray Pedro Portugués, Fray Francisco Marchena, Fray Aragón (sacerdotes); los hermanos Mateo de Xumilla, Francisco Alcañices, Pedro Cabellos y Antonio de Haro, los que se desparramaron por varias provincias, formando la primera Custodia  ó Convento de Lima, dependiente de la Provincia del Santo Evangelio de México, hasta que se erigió aquella misión primigenia en Provincia, en 1553, siendo su primer Provincial el reverendo padre maestro Fr. Luis de Oña”.

 

Federico Ritchter Prada, O.F.M. nos hace una aclaración diciendo que (…) el Hermano Pedro Cabellos, nunca estuvieron en el Perú, por no aparecer en los anales históricos de la Provincia. La Provincia de los Doce Apóstoles, dependía de la Provincia del Santo Evangelio de México, por que residia el P. Niza, que desempeñaba su oficio de Comisario General para los franciscanos que habían pasado al Perú.

 

El P. Julián Plandolit, O.F.M. en su obra El Apóstol de América San Francisco Solano, Madrid, 1963, nos informa: “Fundaron la ciudad de Trujillo el 6 de Diciembre de 1534, Diego de Almagro y Diego de Mora. En seguida Fray Juan de la Cruz funda el convento franciscano cabeza de la Custodia de la Madre de Dios, que tendría como dependencia la fundación fugaz en 1535 en Pachacamac, realizada por Fray Francisco de la Cruz y el no menos efímero, compartido en 1536 con el solar dominicano, dentro de la recién fundada Lima, a cargo de los padres Fray Francisco de Marchena y Fray Francisco de Aragón; y posteriormente la fundación estable en Lima, a partir del nombramiento del 28 de Agosto de 1545, con el guardían y custodío Fray Francisco de Santa Ana, el cual toma posesión el 14 de Marzo de 1546”  En igual manera los testimonios de los misioneros de la Orden Franciscana, también se trasladaban por los caminos que usaban los incas en el Imperio del Tahauntinsuyo, siguiendo el mismo destino que los españoles.

 

El P. Antonino Tibesar O.F.M. en su obra Comienzos de los franciscanos en el Perú, Lima, 199, pág. 65 y ss, nos dice: “Los religiosos que vinieron con Pizarro al Perú no sólo iban a desempeñarse como misioneros, sino también como agentes en la conquista del pais. Así se desprende de lo dispuesto por la Corona Española. Mientras que los soldados con Pizarro aseguraban militarmente la tierra, los misioneros religiosos y, en menor grado, los sacerdotes diocesanos conquistarían el corazón y la mente de los nativos, adoctrinándolos en la religión, en la cultura occidental. Este desempeño que prestaron los misioneros fue mal visto y mal comprendido por algunos historiadores peruanos”.    

 

Federico Ritchter Prada, O.F.M. nos relata: “la Orden Franciscasna desde los inicios del descubrimiento de nuestro continente. Se corrieron riesgos; se supo el sabor del cansancio, de la fatiga, de lo desconocido y de lo agreste de nuestras serranías; de los calores y humedad de una costa desértica y de sus selvas tropicales, panoramas nunca vistos por ellos en su país de origen. Además, el desafío de encontrarse con pueblos de cultura, idioma y religión diferentes a los de España, sin poderse, en un comienzo, entender con estas gentes, comprendieron que la labor misional que les aguardaba les iba a ser trabajosa y difícil en todo sentido. Se fueron poco a poco salvando las dificultades, y la evangelización se desarrolló paulatinamente, pero  con paso seguro en estas dilatadas tierras americanas”.

 

Los franciscanos publicaron su primera Constitución de la Provincia de los Doce Apóstoles de Lima, el 15 de agosto de 1580, establecía normas precisas eminentemente pastoral para los religiosos, al comienzo la evangelización fue en los “repartimientos” y en las “encomiendas, para salvaguardar los derechos humanos y cristianos de los nativos, sin ningún otro interés material; de un modo especial de evangelización fue en los tambos incaicos, verdaderos centros de abastecimientos alimenticios que tenían los incas a lo largo y ancho del Imperio Tahauntinsuyano y a través de sus magníficos caminos, distantes uno de otro, como jornadas de un día de camino, especialmente cuando se movilizaba el ejército imperial, custodiados por un contingente de soldados y personas de administración, donde los misioneros “cada noche les enseñaban la doctrina cristiana” (Juan de Santa Cruz Pachacutec Yupanqui).

 

Las Doctrinas franciscanas fueron la de Magdalena en la periferia de Lima (1583), la de Surco a dos leguas de Lima (1557), ambas dependientes del Convento de San Francisco de Jesús de Lima; de Luna-Guana (1553). Convento de Cañete (11 setiembre 1581), atendía la Doctrina de Guarco y Calango. Convento de Ica (18 febrero 1564).De la Guardianía de Jauja: (toda de indios) Doctrina de Concepción, San Jerónimo, San Francisco de Orcotuna, Concepción de Mito, Natividad de Apata, Asunción de Matahuasi, Santiago de Comas y Santa Ana de Sincos. De la Guardianía de Guánuco: Doctrinas de San Cristóbal, San Miguel de Huáscar y San Pedro de Acamado. De la Guardianía de Trujillo: la Doctrina de Mansiche y Guanchaco. De la Guardianía de Chachapoyas: San Francisco de Chilinquín y San Pedro de Levanto. De la Guardianía de Cajamarca: (toda de indios) San Antonio, Santiago de Nepos, Stma. Trinidad, San Pedro de Chalaques, Todos los Santos de Chota, Asunción de Nuestra Señora, San Francisco de Guzmángo, San Mateo de Contumazá, Jesús, San Marcos, San Gabriel de Cascas y San Miguel. De la Guardianía de Chiclayo: (toda de indios), Nuestra Señora de Los Angeles, San Miguel de Farcapa, Cinto (1583) y Saña (indios mochicas y chimús). (Federico Ritchter Prada,O.P.M.).

 

Como se podrá observar que los centros de evangelización, fueron solamente en zonas específicas, bien demarcados los límites del trabajo misional de los religiosos franciscanos, por cuya razón, no llegaron por los valles interandinos de las Provincias de Pallasca ni menos la de Corongo.

 

“En Cajamarca, como vimos, las doce doctrinas fueron atendidas por franciscanos, a raíz del suplicio del Inca Atahualpa (julio de 1533), quedándose algunos de ellos, del grupo que acompañaba al P. Niza, en las cercanías de esta población, instruyendo a los nativos. El cronista dominicano P. Lizárraga anota: “Los franciscanos la han instruido (a la provincia de Cajamarca) desde el principio y ahora la instruyen con mucha edificación y cristiandad” (Lizárraga, O.P. Crónica, p.73).

 

José Toribio Polo, en la Revista Histórica, I, 1906, nos menciona:”También la labor misionera de V. Hermano Mateo de Xumilla en la Provincia de Cajamarca y Chachapoyas fue extraordinaria; su muerte fue piadosa como la de un verdadero siervo de Dios”.

 

En el Archivo de los Doce Apóstoles de Lima, Reg. 13, parte 2, relata que “Durante años un franciscano, de nombre Fray Jeús (sic), misionó entre los nativos de las estancias de Celendín”.

 

“Todas estas doctrinas excepto Celendín, constan en “Memorias de todos los Conventos”. Santo Toribio afirmó en 1592 que Fray Alonso García, franciscano atendía la doctrina de Guamachuco con 1700 habitantes”.

 

Del Archivo de los doce Apóstoles de Lima, Reg. 9, parte 2, se escribe que “Un franciscano se fue de Cajamarca en 1533 para misionar a los nativos de Lambayeque. El guardín de Trujillo concedió el permiso solicitado, por ser el poblado más proximo. Se construyó después casa en Chiclayo (lo que era el valle de Collique), el 20 de junio de 1559”.

 

“Desde 1534 los franciscanos, con Fray Pedro Portugués, comenzaron a evangelizar en la ciudad Imperial y sus contornos. Hubo un compás de espera en la tarea evangelizadora, debido a las guerras entre españoles; la misma construcción del Convento y del Templo sufrió un retraso debido a este amargo contratiempo” (P. Diego de Mendoza, Crónica de la Provincia de San Antonio de los Charcas 1665. Reg.41y42).

 

Como se podrá apreciar que los misioneros franciscanos no pudieron llegar a otros lugares de los valles de los Andes, como en el caso de las Provincias de Pallasca y Corongo, recordemos “en Tumbes se creó el Primer Obispado en 1529; la primera diócesis como tal fue Cuzco, en 537. A esta siguió Lima en 1541, siendo Fray Jerónimo de Loayza su primer obispo”. (Federico Ritchter Prada, O.P.M.)

 

“Los misioneros franciscanos tuvieron indudable importancia en la formación de estos pueblos: la presencia del templo, ubicado en el centro del núcleo habitacional y central que era la plaza, aglutinó las construcciones de las nuevas viviendas que empezaban a levantarse en estos pueblos. La traza empleada en estos, fue a cordel, en manzanas. Se les enseño a labrar el adobe, como se hacía en España, igual que a quemar tejas de arcilla. La doctrina, como se llamaba la casa de los religiosos, era el lugar más concurrido por los naturales, donde se les ofrecía además de catequesis, alfabetización, artesanías, etc. como posibles soluciones a sus problemas de orden legal y laboral, frente, no pocas veces, a encomenderos con poca conciencia”.

 

El “Símbolo” era una obra de “José Tamayo Herrera, publicó la Doctrina Cristiana y Catecismo para la instrucción de los indios y de las demás personas, que han de ser enseñadas en nuestra santa fe, constituye un hito singular en la cultura del Perú, por que marca el inicio de la actividad cultural en nuestro país; impreso en Lima en 1584, en la imprenta del italiano Antonio Ricardo, o Ricardo como se le castellanizó” (José Toribio Medina, La imprenta en Lima, I, 49-53). El autor del Símbolo, fue el P. Blas Valera, por que conocía el quechua y que había nacido en el Perú (Chachapoyas).

 

Se entendía por “Catecismo” a la doctrina cristiana, conjunto de dogmas y prácticas básicas de la fe cristiana, incluyendo las oraciones del Pater, Ave, Credo, la salve, los Mandamientos de la ley de Dios y de la Iglesia, los Sacramentos, etc. compuso el P. Oré, además, varios himnos y cánticos sagrados en quechua y con música propia inspirada ésta en el canto gregoriano y en las melodías propias de nuestra serranía, cantándose algunos de ellas hasta en nuestros días, como el hermoso “Hanac Pacha”, “Canmi Dios canqui” y otros”. Esta forma de presentar un tipo de enseñanza doctrinal, facilitó a nuestros misioneros el aprendizaje de gran parte del Catecismo (Símbolo), de lo que ya venía practicándose según este método, en las doctrinas de Nueva España, a finales de 1540. A propósito, el Anónimo Jesuita (Jiménez de la Espada, Tres relaciones, p.223) pretende que los jesuitas introdujeron la costumbre de enseñar la doctrina cristiana a los indios por medio de cantos, de modo que los nativos se olvidaran de sus himnos paganos. No se sabe quien introdujo el canto de himnos cristianos, pero no fueron los jesuitas ciertamente. Los franciscanos emplearon cantos en México antes de la fundación de los jesuitas en el Perú, por lo menos varios años antes que llegaran a nuestro país” (Francisco Díaz, Relatio Missionum, p. 511).

 

“Otra prueba al respecto es la que nos dejó dicho el V. Fray Mateo Xumilla, en sus misiones de Cajamarca y Chachapoyas (De ritibus Indorum, obra que se perdió. A.Tibesar, en o.c.). El P. Oré, al respecto dijo: “para todas estas cosas es muy necesario que haya escuela y maestro della, y cantores diputados, y pagados con salario suficiente donde sean enseñados los muchachos a rezar la doctrina y a leer y escribir, cantar y tañer” (Oré, Símbolo Católico, fol.56, Véase registro 9, N°2 y 5, sobre disposiciones para música y canto). El P. Constantino Bayle S.J., después de escribir el método comúnmente usado por los doctrineros en Hispano América, añade: “los franciscanos fueron los introductores del método y lo tenían prescrito para las doctrinas de la Orden” (El campo propio del Sacerdote Secular en la Evangelización Americana Misionalia Hispana, IV, 1946).

 

LOS MERCEDARIOS EN LA EVANGELIZACIÓN DEL PERÚ (Siglo XVI-XVIII)

Los Primeros Mercedarios que llegaron al Perú.- El Obispo Auxiliar del Cuzco, Severo Aparicio, O. de M. escribe diciendo: “Si bien no se encuentran en documentos los datos precisos de la fecha y circunstancias del arribo de los primeros mercedarios al Perú, en cambio, desde las horas inciales consta de la presencia de ellos y de sus nombres. La razón puede ser que muchos de ellos venían por cuenta de la Orden, y no mediante la Casa de la Contratación. El cronista Ruiz Naharro afirma que Fr. Miguel de Orenes y Fr. Vicente Martí estuvieron en la fundación de Piura, en 1533, y luego llegaron otros más. Allí habrían quedado cuando Francisco Pizarro enrumbó hacia Cajamarca. De pronto aparecen más religiosos en el Perú, sin que se sepa cómo y cuándo llegaron. De Piura unos se dirigieron al Cuzco y otros a Lima”.

 

“Es verdad admitida que Fr. Sebastián Castañeda, conocido como primo de Pizarro, fundó en 1534 el convento de la Merced del Cuzco, en el sitio llamado Cusipata, que actualmente ocupa. Al año siguiente, sin que se tenga noticias de su llegada, aparecen en el Cuzco Fr. Antonio de Almanza y Fr. Antonio de Solís, quienes , en julio de 1535, acompañaron, en calidad de capellanes, a Diego de Almagro en la desafortunada expedición a Chile. El año 1539, el P. Castañeda se encontraba en Huamanga, “donde asiste a la primera fundación de la ciudad de Quinua y luego a su traslado, siendo el primero en administrar los sacramentos en ella”. (Ruben Vargas Ugarte, Historia de la Iglesia en el Perú, I, Lima, 1953, p. 217). En esta ocasión Fr. Sebastián fundó el convento de su Orden en Huamanga”.

 

“Por su parte, Fr. Miguel de Orenes y Fr. Diego Martínez, desde Piura, se dirigieron hacia Lima, donde en 1534, instalados a orillas del río Rimac, en una precaria vivienda llamada “el conventillo”, tenían una ermita en Pachacamac, y desde allí “hacían sus correrías apostólicas en los pueblos inmediatos de Surco, Lurigancho, Carabayllo, etc. antes que don Francisco Pizarro bajara a la costa”.(Antonio Ybot León, La Iglesia y los eclesiásticos españoles en la empresa de Indias, II, Barcelona, 1963, 678, Pedro N. Pérez, Religiosos de la Merced que pasaron a la América española, Sevilla, 1924, p.170).

 

“En 1535 Fr. Miguel de Orenes fundó el convento de la Merced en el lugar donde está actualmente. Por algo esta casa se llamó convento máximo de San Miguel. Orenes como superior de la Merced por largos años, por supuesto, con la estrecha colaboración de sus religiosos, fundó y organizó en Lima y en sus provincias los centros misionales o doctrinas, atendidos por los mercedarios. Al mismo tiempo, por su ascendencia moral y antigüedad en la tierra, fue consejero de conquistadores y gobernadores, y estuvo presente en cuantos acontecimientos tuvieron lugar en su tiempo, como alzamientos de naturales, guerras civiles, etc.”

 

“El obispo de Panamá, Fr. Tomás de Berlanga, que vino a Lima en agosto de 1535 con el fin de hacer las paces en las diferencias surgidas entre Pizarro y Almagro, al año siguiente, desde Panamá, informaba al rey, entre otras cosas, haber encontrado en Lima como residentes a dos franciscanos (un sacerdote y un lego) y a cuatro mercedarios. Entre ellos estaba Fr. Miguel de Orenes. Otra figura destacada entre los primeros mercedarios en el Perú fue Fr. Juan de Vargas. El año 1533 se embarcaba en Sevilla para Santa Marta. Le encontramos en el Perú en 1537, y al año siguiente en el Cuzco ya como comendador del convento. Aquí tendrá destacada actuación como superior y como fundador de misiones o doctrinas entre los naturales, y sobre todo como el primer provincial de la Merced en América. La ciudad del Cuzco se convirtió en el centro de la labor misional de la Merced en las regiones andinas”.        

 

Desde la real cédulas (R.C.) de 1° de Abril de 1544, hasta el 5 de enero de 1597, emprendieron viaje a las provincias del Perú un total de 144 religiosos que pasaron al Perú por cuenta de la Real Hacienda durante el siglo XVI, cuyos nombres se conocen (Pedro N. Pérez, Religiosos…, pp.169-256). Con los que vinieron por cuenta de la Orden, el número se acercaría a unos 160 frailes”.

 

Como podríamos verificar que también los religiosos mercedarios que llegaron al Perú, se desplazaron a Piura (1533), Cuzco (1534), Lima (1535), Trujillo (1535), Huamanga (1540), Chachapoyas (1541) y Arequipa (1548), tampoco intentaron visitar los territorios del valle interandino de la Provincia de Pallasca ni de Corongo. 

 

LA ORDEN DE SAN AGUSTIN EN LA EVANGELIZACIÓN DEL PERÚ (1551-1600)

Benigno Uyarra Cámara, O.S.A. en la Revista Peruana de Historia Eclesiastica, escribe sobre los métodos de evangelización aplicado en el Perú: “Los viajes eran muy penosos por las muchas leguas que había que recorrer y por lo arisco de los caminos. Es modelo de doctrineros andariegos el P. Juan Ramírez, quien realmente hace “camino al andar”, al cumplir ricamente su vida, desde 1551, en que llega al Perú, y su muerte, ocurrida en Trujillo, ya octogenario y casi ciego, en 1608. No sólo fundó pueblos como Cutervo y Chota, sino que recorrió también Chachapoyas, Moyabamba y Santiago de Chuco, derramando la semilla del Buen Sembrador”.

 

“Entre las construcciones hay que destacar también los hospitales y las escuelas en donde se enseña gramática, lectura, aritmética, geografía, etc. como medio de aprendizaje, los agustinos se ayudan de la música. La usan también “para los oficios divinos con vigolones y capillas y coros, cuya virtuosidad envidiarían algunas catedrales”. (A. de la Calancha, Crónica Moralizada, Libro I, Cap. V y Libro II, Cap.3).

 

“El ejercicio de la caridad en los hospitales es un cautivador método de ayuda al necesitado y, sin pretenderlo, inclina las voluntades hacia nuestra fe. Cuando un grupo de soldados estaba empeñado en la conquista de la comarca de Vilcabamba, se vieron cercados por multitud de indios; los españoles no sufrieron daño porque se acordaban de los desvelos en atenderles practicados por el P. Diego Ortiz, Protomártir del Perú, al que venían desde doscientos kilómetros, para pagar el impuesto al Inca en provisiones de coca, dándoles Fray Diego alimento, curación y acogida”.

 

“Los cronistas agustinos insisten en un incentivo que envalentona a los doctrineros: “Ocúpanse sólo en las tierras y gentes de mayor dificultad, porque deseaban ir dejando las doctrinas como convirtiesen a los indios”. Así dejarán, tras un trabajo intenso de tres años, en 1563, Huambos y, cuatro años después, las de Chachapoyas (1567). Continuaron en las de Huambos los religiosos mercedarios, disgustándose mucho el Sr. Virrey de que las dejaran los agustinos. Las de Chachapoyas las trabajaron 13 años; las de Pachacámac, las dejaron en 1571, tras nueve años de labor. En cambio, las de Conchucos, más difíciles, las cultivaron durante 25 años. Las de Cotabambas, Omasuyos y Aimaraes las dejaron, tras conseguir en dichos lugares, adelantos en la fe y en el progreso humano. Las de Paria, que incluían a los “rudísimos Uros”, las trabajaron durante más de dos siglos”.        

“No todas las Ordenes religiosas son partidarias de las conversiones y bautismos en masa. Pero es preciso admitir que los “indios” fueron bautizados por decenas de miles sin mayor preparación. Muchos siglos antes, San Agustín, en el “De catechizandis rudibus”, (año 400) aboga por una catequesis seria y libre. En el siglo VIII, Alcuino sintonizará con la exigencia de una preparación de siete días, por lo menos; pero no debía sobrepasar los 40 días. El descuido en la catequesis, previa al bautismo, chocó mucho a los doctrineros dominicos y agustinos; éstos fueron llegando a América, a partir del año 1527. “Anunciar a Cristo, -dice San Agustín- no es solamente declarar lo que hay que creer respecto a Cristo, sino también lo que debe observar quien se apresta a ser insertado en el Cuerpo de Cristo”. (San Agustín, De fide el operibus, IX, 14. (Año 413).  

 

“Sin embargo, el capellán de Nicolás Federman Ulm, el agustino Vicente Requejada, primer religioso de esa Orden que pisó playas americanas, en 1527, reconoce que “bautizó algunos miles de indios y con soló espiritualmente a los soldados”. (Fernando Campo, O.S.A., Historia documentada de los agustinos en Venezuela durante la época colonial, Caracas, 1968, p. 177).

 

“En 1534, los agustinos –situémonos en México- exigieron no bautizar más de cuatro veces al año: Pascua, Pentecostés, San Agustín, Epifanía”. Se incluye la Epifanía, porque en el Occidente –en la Edad Antigua- se hacía en esos días por los predicadores un llamado especial a los catecúmenos adormecidos para que se inscribieran e hicieran el seguimiento cuaresmal, dando “previamente su nombre”. (Cristianes, J. Lorgganización d un catecumennat au XVIé Siecle, en “Maison Dieu” N°58, p.71-82)

 

Benigno Uyarra Cámara, O.S.A. prosigue relatandonos sobre: “Disposiciones de los Capitulos provinciales relativas a la predicación a los indios y a su bienestar material, son los que “oficializan la recepción de los conventos y las doctrinas, muchas veces en funcionamiento previo; son también los facultados para dejar el compromiso de las doctrinas; envían a las personas que estarán al cargo de las mismas. La de Huamachuco es como un laboratorio piloto para todas las demás, por anticiparse, en organización a las otras. Los primeros capítulos deciden ya dar voto, en las elecciones de provincial, no sólo a los que conforman la primera comunidad de Lima, sino también a los vicarios y priores de conventos de doctrinas que jerárquicamente funcionan de manera similar a los de las Ciudades. Las doctrinas, con varios, lograrán esta prerrogativa solamente cuando sean declaradas Prioratos o Curatos de religiosos. Mientras tanto para efectos de elección de discreto al Capítulo, serán anexionadas a otros curatos próximos. El poder civil impondrá más tarde un mínimo de ocho religiosos para poder ejercer un convento su propio discreto. Y hasta hay épocas en las que la Orden busca razonada solución, suprimiendo los discretos al Capítulo Provincial, pero manteniendo, como miembros de los capítulos, a los priores y a otros concurrentes por derecho constitucional”.

 

Continúa Benigno Uyarra refiriéndose: “El primer Capítulo Provincial dura del 19 al 24 de diciembre de 1551, lo componen sólo 13 miembros; justificadamente está ya en Huamachuco el P. Juan Ramirez y se congregó “en el Convento de Nuestro Padre San Agustín de la Ciudad de los Reyes”, el que durante 22 años se ubicó en las proximidades de la actual y antigua parroquia de San Marcelo”.

 

“Dice la Definición  2° de este Capítulo que “por ser enviados a predicar a estas gentes, que no tienen conocimiento de Dios, somos obligados a más perfecta manera de vivir”. Otra de las Definiciones prohibe aceptar o retener rentas, aún corporativamente. También se habla de distintas observaciones: vistan de jerga, de dentro a fuera; alpargatas, como calzado; a veces irán con sandalia, botines y descalzos. Observarán las tres disciplinas semanales (lunes, miércoles y viernes). Se cumplirá con el rezo de la plegaria “Nativistas” y preces a la Cruz; seguirá la 2° Contemplación, pues ha tenido otra por la mañana, a las 6.30, precedida del rezo de Primera. Aún en las doctrinas rezarán los maitines a las 12.00 a.m., que se prolongan más de dos horas. Destaca en estas Definiciones la seriedad de tender a la santidad mediante la pobreza, obediencia, religiosidad, prudencia y caridad”.

 

“El Segundo Capítulo Provincial del 21 de abril de 1554, rectificará algunas de las decisiones del Primero: se revoca, en parte, el sentido radical de pobreza, por lo que los conventos podrán tener rentas, como se adquieran honestamente, por cuanto esto es más conveniente al decoro, clausura y honestidad de nuestra Orden en este Reino, como nos lo ha enseñado la experiencia. Se define también que “antes que nuestros religiosos sean enviados a los pueblos y lugares de los indios, vaya el P. Provincial a ver los lugares en que se han de fundar conventos, y si (los lugares) son aptos para las doctrinas y en que nuestros frailes puedan perseverar, para que no den apariencia de inestables”. Se dan cuenta también que, tener como mínimo cuatro doctrinantes por comunidad, como estableció el primer capítulo, sería oneroso a los mismos indios; dada la escasez  de religiosos, buscan la solución, reduciendo el número a la mitad, tal como se hace en otras Ordenes. Lo mismo deciden al no obligar a salir de casa siempre de dos en dos, para así no reducir el número de doctrinas. Hay una idea de descentralización en la Provincia incipiente, dando facultad al convento de Huamachuco para que elija su propio prior, como ya lo hace el de Lima, tal como autorizan antiguas Constituciones y lo ha practicado, desde sus inicios, la Orden Dominicana. Aclara también el Capítulo que la práctica de recibir limosnas de los fieles debe disminuir cada día. Mientras que los gastos de esas limosnas debe intensificarse más, favoreciendo a los indios. Como contrapartida se autorizará el percibir Capellanías con renta para sustentarse, como ocurre entre franciscanos y jesuitas”.   

 

“El Tercer Capítulo Provincial del 15 de mayo de 1557, elige como provincial al P. Juan de San Pedro que no asistió, por estar doctrinando en Huamachuco. Se declara que las doctrinas de Chachapoyas y Conchucos se consideren, en orden a conventualidad, agregadas al Convento de Lima, para los efectos de voz activa y pasiva, y, por tanto, intervengan en la elección del Prior del Convento de Lima. Se establece que se preparen seis religiosos en el aprendizaje de las lenguas, antes de ser enviados a los pueblos y provincias a la tarea de conversión. Si conviene al servicio temporal y espiritual de los indios, se podrá pedir al Rey alguna ayuda, escribiendo y firmando la petición, el P. Provincial y todo el Definitorio, como lo aprobó, como Vicario General del Capítulo, que también presidió, el P. Alfonso de Orozco, en la Provincia de Castilla. El beato Alfonso de Orozco fue continuo “amparo y legislador de nuestra Provincia” (la del Perú). (Calancha, Crónica, Libro II, Cap. 31).

 

“El Cuarto Capítulo Provincial del 11 de mayo de 1560, prohibió admitir en la Provincia del Perú a mestizos y mestizas. Esta norma se había roto en el convento de la Encarnación, con la aceptación de la hija de un español, de apellido Alvarado, que beneficiaba, con una buena dote, la entrada de su hija Isabel en el convento nombrado y fundado dos años antes en Lima, poniéndose bajo la obediencia del Provincial de San Agustín. Por dicha conducta se les dejó de lado y fueron sometidas al arzobispo Loayza (1-II-1551). Hasta que Felipe II (28-09-1588) legisló en contra, no se podían ordenar mestizos, ni recibir mestizas en los conventos femeninos; y, cuando se autorizó el cambio, sólo podía hacerse con “información de vida y de costumbres”. (Calancha, Crónica, Libro II, Cap.23). Reglamenta este capítulo la autorización para poder salir de los conventos a misionar, sin hábito negro, que siempre deben usar en casa y que deben llevarlo consigo para ingresar al pueblo donde van y usarlo también en la Iglesia. Vestidos con hábito enseñarán a los indios de la doctrina. En este caspítulo se autoriza a los doctrinantes de Laymebamba y Conchucos para elegir prior local, teniendo, igualmente, participación en capítulo provincial, eligiendo un discreto”.

 

“En la Provincia de Conchucos, aunque primero se acepta como doctrina, no será admitido su convento hasta este capítulo, al mismo tiempo que los conventos de Cuzco, Trujillo y Paria. (Calancha, Crónica, Libro II, Cap.32).Se le dio discreto a capítulo a Paria. Se dividió la provincia en tres distritos (que otro capítulo posterior reducirá a dos) para el mejor gobierno de la Provincia. En el caso de tres, los Visitadores eran el prior del Cuzco, el de Lima y el de Trujillo. En el caso de dos, no entraba el de Trujillo. Se concretaban provisionalmente los ministros de la conversión por medio de los visitadores, mientras oficialmente los nombraba el Capítulo Provisional. “Que con más cuidado elegía el Definitorio un doctrinante que un prior”. “Y nombráronse priores y doctrinantes”. (Calancha, Crónica, Libro II, Cap.31).

 

“El Quinto Capítulo Provincial se reunió el 19 de junio de 1563. Estaba premunido de una Patente, otorgada por el Beato Orozco, el P. Pedro de Cepeda que lo presidió. Ya no votarán en el capítulo los residentes en Lima, por haber otros conventos que ya hacen número capitular. El P. Baltasar de Armenteras, O.S.A. es portador de una carta dirigida al Rey, donde se denuncian los frecuentes pleitos suscitados entre el clero secular y los religiosos, motivados por los trabajos de los doctrineros”.

 

“El Sexto Capítulo Provincial se reunió el 22 de junio de 1566, tendrá por delante un corto tiempo de gobierno del P. Andrés de Ortega que morirá durante el ejercicio. Se establece que los priores de doctrinas hagan rezar en común y en la iglesia, las horas canónicas. El P. Ortega hizo la visita provincial desde Huambos hasta Paria (más de 3000 kilómetros). “No pidió ni quiso más carruaje que una mula y un caballo y 100 pesos de colecta al año”. (Calancha, Crónica, Libro II, Cap.42). Murió el P. Ortega, acogido fraternalmente por los franciscanos de Cajamarca, en 1567”.

 

“El Séptimo Capítulo Provincial fue convocado, como ordenaban las leyes, reuniéndose el 27 de agosto de 1567, y el gobierno del P. Juan de San Pedro se prolongó hasta 1571. Establece, por lo tanto, que los provincialatos: duren cuatro años; se amplían las doctrinas en Barranca y otros lugares de la costa; pasan a los agustinos las doctrinas de los franciscanos en Cajamarca; se reciben las de Clisa, Yagón y Yagonet en el Alto Perú. El 1° de Abril de 1568 llegaron los jesuitas y, por algún tiempo, se hospedaron en nuestro Convento de Lima. En 1569 llegó el virrey Toledo; más tarde llegaría a Lima un hermano suyo: P. Alvarez de Toledo, como visitador general. El P. Luis Alvarez llegó en la 4° barcada que la componían también el P. Gabriel Saona, el P. Roque de San Vicente y el P. Alonso de Biedma. En 1568 entra a Vilcabamba el P. Marcos García y, unos meses más tarde, el P. Diego Ortiz, que sufrirá atroz martirio en 1571.

 

“El Octavo Capítulo Provincial tuvo lugar el 1° de Julio de 1571 y se celebró en el Cuzco y eligió al P. Luis López Solís, siendo presidente del mismo Capítulo. Recibióse el convento de San Guillermo de Cotabambas y las doctrinas de esa Provincia y de la de Omasuyos. Redujo a dos los visitadores de los distritos. El P. Gabriel Saona y el Provincial electo fueron los primeros catedráticos de esta Provincia, con cátedra de Teología en San Marcos. Serán noticias de 1571 la confianza puesta en la Orden por el Virrey para escoger tres agustinos y llevar a cabo la visita a las provincias de este reino, de la que salió la legislación de las “Ordenanzas” y la realización de censos. A disposición del virrey entraron por algunos años los PP.Francisco del Corral, Juan de Bibero y Agustín de la Coruña. También una mala noticia, por la sentencia a muerte y su cumplimiento en una horca, de Túpac Amaru I, que fue bautizado antes con el nombre de Felipe. Fray Agustín de la Coruña, de los siete primeros que llegaron a México, fue nombrado Obispo de Popayán, anda ahora en el Perú en misión oficial. Asistió al Concilio Provincial de Lima de 1567 y ahora se traslada, para servir al virrey, de Lima al Cuzco; lleva en esu haber sólo 10 pesos. Del ordenamiento que supusieron las “Ordenanzas”, “los indios vieron sus favores”. (Calancha, Crónica, Libro III, Cap.33). Pero ni de rodillas convence al virrey Toledo para conmutar la pena de muerte a Túpac Amaru I; tras muchos auxilios divinos, sí logra que tome el nombre cristiano y se cristianice, queriéndose imponer el nombre del Rey de España: Felipe. Aunque algunos historiadores dicen que quien le bautizó fue Juan de Bivero, más probable es que fuera el P. Agustín de la Coruña, y que un hijo de Cusitito Yupanqui, llamado también Felipe, fuera el noble bautizado como Felipe Quispe Titu por el P. Antonio de Vera, O.S.A”. (Así lo afirma la Crónica “Cusi Tito Yupanqui” por P. Marcos García, cuyo original está en la Biblioteca del Escorial y que afirma que Quispe Titu fue bautizado en el pueblo de Carco, en 1567, por Fray Antonio de Vera). Otras dos buenas noticias: se admite oficialmente el patronazgo del Capitán Lorenzo de Aldana, en Paria, que tanto ayudó a los indios; 16 religiosos llegaron en la quinta barcada o expedición, acompañados del P. Diego Gutiérrez. Ningún doctrinante podrá tener caballo o mula propia, ni a uso”.

 

“La Doctrina de Huamachuco en el sector de la sierra norte del Perú, entra en ella el P. Juan Ramirez en los primeros días de junio de 1551. La formaban 22 pueblos y numerosos anexos. Los principales pueblos eran: San Agustín de Huamachuco, San Nicolás de Tolentino de Cajabamba, que fue cura de los agustinos hasta 1779. Santiago de Chuco, Otuzco, Sinsicap. (En los cinco pueblos había convento). Pero además son dignos de enumerar: San Pedro de Usquil, Lucma (Norte), Simbal y Cajabamba. Los curatos de Simbal y Cajabamba duraron en la Orden hasta fines del siglo XVIII. El Obraje de Chusgón con conventillo para residir, produjo bienes que, hasta 1779, contribuían a financiar el sustento del Convento Grande de Lima.

 

“El P. Antonio Lozano, docto en ciencias eclesiásticas, de los primeros 12 que llegan al Perú, doctrinó en Huamachuco, Cotabambas, Omasuyos y Tapacari. Consumido en ancias, antes del primer destino, solía decir: “Cada día que se dilata mi entrada entre los indios, es un plazo penoso y, hasta verme en su conversión, no estoy a gusto”. Tampoco estaba a gusto, cuando retornando, en 1560, a uno de esos cuatro lugares decía que el diablo le arrebataba los frutos de su trabajo. “En una hora, con amenazas y miedos destruían lo que en un año sembraba con su sudor y ansias, el sacramento de la confesión (que es el que menos se ha recibido entre los indios –se supone de los de la iniciación cristiana- porque los demás, si se confiesan, ocultan las culpas que acriminan los predicadores y castigan los justicias); al fin ellos no han entrado con amor en este Sacramento. En esto cargaba el P. Antonio su trabajo y con diligencias y dulzuras, solicitaba enamorarlos a este Sacramento”. (Calancha, Crónica, Libro III, Cap.44).            

 

“Doctrina de Conchucos, esta región de las estribaciones orientales de la cordillera blanca, del departamento de Ancash, fue doctrinada por los agustinos entre 1559 y 1584. Los pueblos principales eran: San Juan de Pallasca, donde doctrinó el P. Juan de Pineda; Santo Domingo de Tauca, donde evangelizó el P. Marcos Pérez; San Pedro de Piscobamba, en donde trasmitieron la fe los PP. Miguel Carmona y el mismo Marcos Pérez; San Pedro de Corongo, donde ensenó el P. Juan Bautista y hasta donde llegó Santo Toribio, en visita pastoral, en 1585 y en 1594. Más secundarios eran los pueblos de San Agustín de Huandoval, Santiago de Cabana, Sihuas y Sillabamba, donde envangelizó el P. Francisco Velásquez. El P. Juan de la Magdalena penetró hasta Lampas, (actual departamento de Huánuco), al pueblo de Ticllos. El P. Juan es de los 14 fundadores de la Provincia del Perú; llegó desde México, acompañando al P. Juan Estacio, que resultaría ser el primer Provincial. El P. Juan trabajó tanto en la conversión de los idólatras como en la ruina de sus ídolos y adoratorios”. (Calancha-B. Torres: Epítome de Crónica, L, 1, Cap. 8. Año 1657).

 

“También doctrinó en Ticllos el citado P. Miguel Carmona. Con la hoja del tabaco peruano curó él, en Roma, de varios males, al Papa Gregorio XIII. El P. Carmona renunció a la Abadía que dicho Papa quería crear en Lunahuaná, pretendiendo complacerle. Murió ahogado el P. Carmona en Canarias (su pequeña patria), cuando regresaba al Perú, trayendo insignes reliquias de santos. Las distancias entre los pueblos de la doctrina eran notables: de Corongo a Sihuas son 128 kilómetros; de Piscobamba a Corongo hay 207 kilómetros; y de Lima a Corongo, 598 kilómetros. Corongo está abastecida por las aguas del río del mismo nombre, afluente del Cuyuchin y éste del Santa”. (Benigno Uyarra O.S.A. Revista P. de Historia E., p. 167).      

 

LOS JESUITAS EN LA EVANGELIZACION DEL PERU

El P. Armando Nieto Vélez en la Revista Peruana de Históría Eclesiastica escribe que la Compañía de Jesús se funda en 1540, teniendo como finalidad esencial “la defensa y dilatación de la santa fe católica” (Fórmula del Instituto, 21,julio 1550), “Este objetivo de la naciente orden religiosa, según la mente de San Ignacio de Loyola, debía traducirse en el “envío” de operarios a aquellas partes del mundo donde aún no se hallaba establecida la Iglesia. (…). Por ello la citada Fórmula del Instituto dice claramente: “iremos, sin tardanza, cuando será de nuestra parte, a cualesquier provincia donde nos enviaren, sin repugnancia ni excusarnos, ahora nos enviaren a los turcos, ahora a cualesquier otros infieles, aunque sean en las partes que llaman Indias, ahora a los herejes y cismáticos o a cualesquier católicos cristianos”.

 

El primer envio, de los Jesuitas al Perú, “cuando en 1555 fue designado virrey del Perú don Andrés Hurtado de Mendoza, escribió éste a Borja (Francisco de Borja, era el superior de los jesuitas de España con el título de Comisario) pidiéndole dos jesuitas para llevarlos consigo al Perú. La respuesta fue favorable. El 23 de agosto avisa Francisco de Borja a Ignacio de Loyola, desde Simancas, que los dos sacerdotes designados, Gaspar de Acevedo y Marco Antonio Fontova, han partido para el Perú. “Los del Perú –le dice- se partieron ya profesos, y van a muy buen tiempo, porque ya está apaciguada aquella tierra, y son castigados los que se levantaron en ella”. (Monumenta Historica Societatis Jesé, MHSI, Borgía,III, 239). Alude evidentemente al final de las guerras civiles y de la rebelión de Hernández Girón”. (…) Pero en realidad Acevedo y Fontana ni siquiera llegaron a embarcarse (…) en los asuntos de la Iglesia española intervenían las instancias del Estado en virtud del Real Patronato. En el caso de Acevedo y Fontana fue el Consejo de Indias el que se opuso. (…) Queda acreditado por varias  cartas el interés de Francisco de Borja por que la Compañía de Jesús pasase a Iberoamérica a evangelizar estas tierras. No lo pudo llevar a la práctica como Comisario de los jesuitas españoles, pero sí lo ejecutó al ser nombrado prepósito general de la Compañía en 1565. Hubo que vencer las resistencias del Consejo de Indias, que se opuso (por lo menos durante un tiempo) a que viniesen a América nuevas órdenes religiosas. (…) “sostiene el padre Francisco Mateos S.J., “las numerosas peticiones de jesuitas, que de diversas  partes de América venían a España, fueron poco a poco acostumbrando a los señores del Consejo de Indias a la idea de dejar paso franco a la joven Orden, que tan bien se estaba acreditando en sus misiones de Oriente”. (Primera expedición de misioneros jesuitas al Perú (1566-1568). Missionalia Hispanica, N°4, Separata, p.27).

 

Por “Real Cédula de Felipe II a Francisco de Borja, del 3 de marzo de 1566, en que el monarca expresa  su voluntad de enviar jesuitas a Hispanoamérica. Llega a fijar el número: 24. El rey se ofrecía a costear los gastos que fueren necesarios. Se determinó Borja a crear la provincia del Perú, de enorme extensión geográfica, pues abarcaba por lo pronto todo el territorio al sur de la Nueva España. (…) en cuanto al personal, no con veinticuatro sino con ocho miembros (dos por cada provincia española: Castilla, Toledo, Andalucía y Aragón). A finales de enero de 1567 se halla el padre Jerónimo Ruiz del Portillo, nombrado jefe de la expedición, preparando el viaje a ultramar. (…) Felipe II proveyó a los expedicionarios jesuitas de cuanto necesitaban para la travesía. Los gastos del viaje de Sanlúcar de Barrameda a Cartagena de Indias ascendían aproximadamente a 300 mil maravedíes (unos 800 ducados). De las arcas reales recibieron además los padres dinero suficiente (200 ducados) para adquirir libros. (…) los ocho jesuitas (Portillo, López, Alvarez, Fuentes, Bracamonte, Medina, García y Llobet) partieron de Sanlúcar el 12 de noviembre de 1567. El viaje, largo y pesado como solían serlo los de esos tiempos, cobró penoso tributo. Hubo que lamentar el fallecimiento del padre Antonio Alvarez, ocurrido en Panamá, “sepulcro de los navegantes”, a causa del temple malsano de los trópicos. El 28 de Marzo de 1568 arribaron al Callao y el 1° de abril hicieron su entrada en la Ciudad de los Reyes. Habían tardado cinco meses desde su salida de España.

 

El padre José de Acosta, desempeñaba el cargo de provincial de la congregación en enero de 1576, nos refiere sobre la importancia de la labor evangelizadora al afirmar “que el fin principal de la Compañía en las Indias occidentales era procurar la salvación de los indios que yacen en extrema necesidad”, comenta su biógrafo el padre León Lopetegui sustentándose en las actas latinas (…). A comienzos del siglo XVII el 80% de los sacerdotes de la Compañía habían estudiado quechua (y aymara). En el Cuzco, de doce sacerdotes, nueve se empleaban en el ministerio con los indios. El padre Claudio Aquaviva llegó ordenar que aun los superiores estudien la lengua indígena”. (Antonio de Egaña, vol. VI (1596-1599), doc.73, p.191).

 

“Entre los lingüistas notables con que contó la provincia peruana fue: Alonso Barzana, del cual se dijo llegó a dominar hasta seis lenguas; Bartolomé de Santiago, Blas Valera, Ludovico Bertonio, Diego de Torres Rubio y Diego Gonzáles Hoguín. Este último preparó en 1608 un excelente diccionario quechua-castellano, que ha merecido el elogio unánime de los entendidos y ha sido reeditado hasta por dos veces por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos: en 1952 u en 1989.”          

 

Con el “dominio de las lenguas las misiones entre indios alcanzaron gran fruto. Como ejemplo están las reducciones de Juli, zona frigida habitada por aymaras, a casi cuatro mil metros de altura. Estas reducciones sirvieron de inspiración a las famosas del Paraguay, en cuya madura organización y defensa se distinguió el insigne jesuita limeño Antonio Ruiz de Montoya (1583-1652). Las frecuentes salidas hacia territorios de indígenas, en forma de misiones volantes, se hicieron teniendo como centros las residencias de Lima, Arequipa, Cuzco, Juli, Potosí, Quito, Panamá, Santa Cruz de la Sierra y Santiago del Estero. Hay una tendencia claramente expanciva entre 1586 y 1591. No hay duda de que en ello influyó el entusiasmo de los particulares y las exhortaciones de los superiores romanos y locales”.      

 

Según el Catálogo público, 1637. Archivo Romano de la Compañía de Jesús, los jesuitas iniciaron las misiones en las regiones selváticas, como la de chiriguanas en el oriente de Bolivia actual, en 1587, los padres Diego Samaniego, Diego Martínez y otros en las regiones del sur.

 

Para “la región de Maynas, las entradas se hacían desde el colegio de Quito, por la mayor felicidad de acceso, y así se explica que las misiones de Maynas pasasen a depender de la viceprovincia de Quito, el monseñor Jáuregui, afirmó acerca de la evangelización de las regiones amazónicas: “El apostolado misional de la Compañía de Jesús se halla tan íntimamente ligado al gran río, que la región amazonense, desde Borja, en el pongo de Manseriche, hasta la frontera brasileña, fue teatro señalado de sus fatigas y esfuerzos, durante ciento treinta años, desde 1638 hasta 1768”. Las “exploraciones de los jesuitas por los ríos septentrionales (norte) comienzan con el padre Rafael Ferrer, quien hacia 1605 recorre detenidamente la región del río Napo, haciendo más de trescientas leguas. Preparó una exacta y detallada relación de las partes descubiertas y la envió a Lima pidiendo el refuerzo de nuevos misioneros. Trabajó arduamente entre los indios cofanes, y vino a morir trágicamente en plena selva en marzo o junio de 1610”.(…) Vinieron también a las misiones del nororiente sacerdotes no españoles, deseosos de contribuir a la expansión de la fe católica entre los infieles”.

 

Armando Nieto Vélez, S.J. prosigue relatándonos: Los jesuitas germanos resultaron excelentes misioneros, dieron buena cuenta de sí en el aprendizaje de las lenguas nativas y traían esmerada preparación científica. Entre los de Maynas debemos destacar a tres en especial. El padre Enrique Richter (1653-1695), nacido en Prosnitz de Moraría, vino al Perú en 1685, y se entregó a la evangelización de las tribus de las riberas del Huallaga y del Ucayali. Hizo más de cuarenta salidas por tierra y río, totalizando ocho mil leguas de recorrido. Se estableció entre los cunibos, enseñándoles la doctrina cristiana y tratando de reducirlos a vida civilizada. Fundó nueve pueblos. En 1695, cuando se preparaba a apaciguar a los piros sublevados, murió a manos de un cacique  cunibo. El padre Samuel Fritz (1663-1723) nació en Trutnov de la antigua Bohemia, y terminando los estudios de teología salió a las misiones de ultramar. “Gracias a su obra y su valentía –ha escrito un historiador checo actual- , Fritz se convirtió en una verdadera personalidad de la provincia bohémica, de la cual no puede prescindir la historia de las misiones jesuitas, pues dicho misionero se hizo su testigo más fidedigno y estimado. Es que en realidad Fritz descubrió para los europeos el gran río Amazonas” (Zdenek Kalista, Los misioneros de los paises checos en los siglos XVII y XVIII actuaban en América Latina). Fue el autor del primer mapa impreso del gran río. Con los datos recogidos en largas navegaciones fluviales trazó su célebre carta, y en 1707 la imprió en Quito. Otro mapa notable fue del padre Francisco Javier Weigel, superior de las misiones de Maynas, elaborado en las cárceles de Lisboa, en donde fue recluído con sus acompañantes de misión en acatamiento de los decretos de expulsión”. (…) lograron fundar, en 130 años, 173 pueblos en las orillas de los ríos Pastaza, Tigre, Napo, Marañón, Huallaga, Bajo Ucayali y Amazonas. (…) “las misiones jesuitas de Maynas quedaron dependiendo de la antigua viceprovincia de Quito (1607),  hasta que ocurrió la expulsión de la Compañía (1767). Con la Real Cédula de 1802 la Comandancia General de Maynas pasó a depender del Virreinato de Lima y los franciscanos de Ocopa recibieron el encargo de asumir la misión de los jesuitas desterrados”.

 

EL CLERO DIOCESANO EN EL SIGLO XVI

A los sacerdotes de la Orden de San Pedro, se les denominaba diocesanos, el Obispo de Cajamarca José Dammert Bellido, escribe: “El primer clérigo que aparece en la historia del Perú, es don Hernando de Luque, vicario de Panamá, que colabora en la financiación de los viajes de Pizarro, y recibe como recompensa la presentación para el obispado de Tumbes, pero falleció antes. La última investigación histórica ha desechado la leyenda de la Misa y participación de la misma hostía por los tres socios, por ser una invención muy posterior a los acontecimientos”. (Lockhart I, 84-5, 155; II 269;Lisson I, 1, 13-33; Pizarro Cap.30; Gracilazo, Comentarios III, Cap.38). En el tercer viaje de Pizarro lo acompañó como Vicario del ejército, el clérigo Juan de Sosa, que permaneció en San Miguel de Piura, pero sin embargo participó en el rescate de Atahualpa, volviendo a España en diciembre de 1533. Regresó al Perú y estuvo complicado en las guerras civiles y fue paradigma de los clérigos batalladores y que vinieron por granjerías” (Lockhart II, 268-71). Las noticias sobre el oro del Perú atrajeron a numerosos clérigos que fueron autores de numerosos desmanes denunciados a la Corona de Castilla. De ahí la reiteración de reales cédulas para que fuesen devueltos a la península “quienes no deben estas en dicha provincia”, como señala la Reina a 30 de noviembre de 1536, y que por la proliferación de los abusos se repiten hasta fines de siglo, tanto por los escándalos como por la explotación de los indígenas”. (Lisson I, 238, III, 34-5, 57-8; Esquivel, I, 179, 183). Las descripciones de clérigos “batalladores” aparecen en memoriales y crónicas, lo mismo que las denuncias por afán de obtener dinero y “enriquecerse presto para volverse a España” mediante la explotación de los indios”. (Lisson I, 3 106-7; Vargas, Historia de la Iglesia, I 194, 197-8).

 

“Al lado de estos malos elementos figuran trabajando en la viña del Señor numerosos clérigos en funciones de curas de almas, canónigos, inquisidores y obispos que calladamente esparcieron la semilla del Evangelio. El obispo Valverde manifiesta que ha escogido “los mejores sacerdotes de mayor vida y doctrina, para que las cosas del culto divino y conversión de los indios se traten como conviene y como vuestra Majestad manda” y elogia a su provisor Luis de Morales. Guamán Poma habla del visitador Juan López de Quintanilla que “había de ser visitador en todo el mundo”; del padre “Alonso Hernández Coronado” más que doctor y letrado “por sus obras de misericordia; del vicario Beltrán de Saravia, ejemplar por amor, caridad y humildad; del padre bachiller Avendaño, cura por más de veinte años del pueblo de Jesús de Pucyulla, que no recibió jamás camarico de los indios, que no tenía mitayos a su servicio ni indias en la cocina”. (Porras, Cronistas, 656, Lisson 12, 106).

 

“Entre los clérigos que defendieron ardorosamente a los indios, y que fueron escuchados por el Rey y los Padres Conciliares, estuvieron  el mencionado Luis de Morales, quien describió el caos producido en el país por la conquista y enérgicamente señaló los males; el lic. Hernando de Santillán en su Relación denuncia los abusos, los tributos excesivos, vejaciones, azotes, estupros, chamuscaduras; la anónima “Destrucción del Perú” trasciende simpatía por los indios y acusa a los españoles como Morales y Las Casas de la destrucción de las Indias; las “Fábulas y Ritos” del padre Cristóbal de Molina es el fruto de un amor profundo y el resultado de un trato comprensivo y amoroso en sus cotidianas tareas de párroco, predicador y confesor y de “antiquísimo escudriñador de quipos”; Pedro de Quiroga sabe poner el dedo en la llaga de la colonización española”. (Lisson I,3 48-96). Otros por un trabajo humilde y silencioso demostraron con el ejemplo de su vida el amor por los indios y el empeño por su evangelización, descollando Toribio Alfonso  de Mogrovejo y sus numerosos colaboradores (Rodríguez, passim).

 

“En cambio, el racionero Villarreal, y otros tantos, escribió que “los indios son la hez y la escoria de la generación humana”. (Porras, Fuentes 154, Cronistas 351).   

El obispo José Dammert Bellido, nos narra que era: “Una dificultad para el nombramiento de los curas estaba en la exigencia de la presentación real. En los principios, por no estar establecida la Jerarquía y por la escasez de sacerdotes, los encomenderos, a quienes correspondía procurar la instrucción religiosa de los indios, se concertaban con los clérigos, seculares o religiosos y les pagaban el salario convenido. Dada la irregularidad del procedimiento, las autoridades civiles y eclesiásticas tomaron a su cargo la provisión de las doctrinas. El 1° de junio de 1574 Felipe II dio una cédula para adaptar el sistema parroquial de las Indias a lo dispuesto por el Concilio de Trento, y el 4 de abril de 1600 Felipe III dictó las normas para su cumplimiento. El obispo de Quito, el dominico Fr. Pedro de la Peña, se inclinaba a entregar las doctrinas a los clérigos seculares porque ya había el suficiente número de sacerdotes de la Orden de San Pedro, (…) En enero de 1585, estando la sede vacante, el Cabildo del Cuzco, recibió la R. C. de 20 febrero 1583, en el cual se disponía que los frailes se recogiesen a sus conventos y se proveyeron las doctrinas en clérigos. Los canónigos al considerar que había más de cuarenta clérigos sin beneficio alguno, resolvieron declarar vacantes todas las doctrinas de regulares y mandaron poner edictos para proveerlas.(…). Los Cabildos Catedrales estaban integrados por clérigos en las sillas de Dignidades, Canónigos y beneficiados en las diócesis de Cuzco y Lima. El Cabildo era la principal entidad colaboradora del Obispo y éste escogía a sus Provisores o Vicarios Generales, a Cancilleres y Visitadores entre los Capitulares. Adquiría especiales funciones en la vacancia  de la sede episcopal, que por durar largo tiempo, debido a la dificultad de comunicaciones, a los engorrosos trámites de selección del candidato por el Consejo de Indias para la presentación a la Curia Romana. (…).La vacancia en Lima entre el fallecimiento de Loayza y la llegada de Mogrovejo duró seis años. En el Cuzco Valverde es asesinado en 1541 y su sucesor Solano toma posesión en 1545, para viajar a Europa en 1561 y renunciar, y Lartaún le sucede en 1570; al fallecer éste en 1583, lo reemplazará Montalvo que gobierna del 1587 al 1592, y la Raya de 1594 a 1606: en total 18 años de vacancia que pesaron duramente sobre el desarrollo de la diócesis (Vargas (ed.) Anales 137-40). Fue preocupante del rey y de los prelados que los evangelizadores y doctrineros de los indígenas supiesen la lengua de los naturales. Los Concilios Limenses dispusieron, el primero de 1551, que los adultos fuesen instruidos en su propia lengua; el segundo de 1567 exhortó a los obispos a que obligasen a los curas a aprender la lengua de los indios; y el tercero impuso como requisito indispensable para los nombramientos el conocimiento de la lengua. Para ello se fundó la cátedrá de la lengua general de los indios, o sea el quechua, en la Universidad de San Marcos, y tuvo por catedráticos al Dr. Juan de Balboa y al Dr. Alonso de Huerta, ambos criollos y elogiados por su saber y virtudes.Sin embargo hubo quejas, como la del oidor Gonzáles de Cuenca quien escribía en 1567: “ningún indio se confieza, ni entiende lo que se les enseña en la doctrina por no entender los sacerdotes la lengua y enseñarles la doctrina en nuestra lengua”, refiriéndose al norte del Perú. El arzobispo Mogrovejo se esforzó por predicar a los indígenas en la lengua general, y trató que los curas aprendiesen la lengua de los naturales que tenían a su cargo. En 1584 manifiesta al Rey que los curas conocen la lengua de diferentes pueblos, anotando que algunos la saben medianamente o poco, y que otro hará esfuerzo para aprenderla. Posteriormente que en la costa norte “saben la lengua mochica”, y específicamente que uno es “la mochica de los llanos de Trujillo, y otro es “buen lengua” en Moyabamba (Rodríguez, I, 352-61; II, 99-100).

 

En la formación de los clerigos, el virrey Martín Enriquez informó al Rey manifestándole que “hagan escuelas y estudios y colegios y seminarios en los pueblos de los indios”. Grarcilazo nos refiere “que en su ciudad natal el canónigo Juan de Cuellar leyó gramática y latinidad a una docena de mestizos, entre ellos a Felipe inca que era indio puro, y de ellos salió el padre Diego de Alcobaza, también se ordenó Martín de Ayala, sin embargo el virrey Toledo el 27 de noviembre de 1579 se quejó a la Corte, para que no se ordenen los mestizos. El Cabildo seglar del 23 de enero 1555, suplicó al Rey que los hijos vecinos vivido por diez años en Lima se ordenen. En Trujillo fue “donde primero que en otra parte deste reino se introdujo en forma de colegio con casa particular” hacia 1557 por orden del virrey Hurtado de Mendoza. Se educaron numerosos hijos de conquistadores, y el propio Carlos Marcelo Corne, hijo del preceptor latinista y helenista don Diego del Canto Corne, de nación francesa y algunos más se hicieron clérigos”. “El primer Seminario fue fundado por Santo Toribio, su primer rector fue el bachiller limeño Hernando de Guzmán de 1591 a 1602”. El obispo de la Raya fundó en el Cuzco el Seminario de San Antonio Abad en 1598, bajo el rectorado de Hernán Pérez de Soria”. “Los obispos pertenecientes a la Orden de San Pedro, Mogrovejo, de la Raya y Corne fundaron los primeros seminarios en Lima, Cuzco y Trujillo”. “El clérigo más ilustre del Perú es el segundo arzobispo de los Reyes don Toribio Alfonso de Mogrovejo, actualmente Patrono del Episcopado Latino-americano” (Vargas, Historía de la Iglesia, II 404-11).

 

“El sistema hispano que rigió el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición se trasladó a las Indias y los obispos eran los Inquisidores mayores, celebraban “Autos de Fe” y nombraban “inquisidores ordinarios en los asuntos tocantes al Santo Oficio” a clérigos. Así a 12 enero 1563 el Cabildo del Cuzco, en sede vacante, designó al chantre Hernando Arías y al canónigo Francisco Ximénez; luego fue comisario del Santo Oficio el canónigo Pedro de Quiroga, quien tuvo un serio entrentamiento con el obispo Lartaún. En 1570 se establece en los Reyes el Tribunal con el licenciado Serván de Cerezuela, que llegó solo porque su compañero el doctor Bustamante falleció en Panamá. Conforme a los ordenamientos reales en los Tribunales había dos inquisidores, un teólogo y un jurista, o dos teólogos. Los Inquisidores nombrados por el Rey eran personas de confianza como lo habían sido en España el licenciado Gasca, canónigo de Salamanca, y Visitador del Santo Oficio, Juez Metropolitano de Toledo y miembro del Consejo de la General Inquisición; los candidatos a sede cuzqueña Dr. Ramírez y lic. Tremiño” (Vargas, Historia de la Iglesia, I, 381-6).       

 

Hasta aquí, he tratado de explicar y esquematizar las regiones y lugares en donde las ódenes evangelizadoras llegaron al Perú, en 1532 las primeras órdenes religiosas que llegaron conjuntamente con Francisco Pizarro, fueron los Dominicos, los Franciscanos y los Mercedarios, cuando llegaron a Cajamarca el 15 de noviembre de 1532, posteriormente llegaron la órden de San Agustín en 1551, las misiones de los Jesuitas en 1566 y el Clero Diocesano llamado a los sacerdotes de la Orden de San Pedro; todos ocuparon las ciudades y alredores de las ciudades de Cajamarca, Jauja, cuzco y Lima, motivado y por la facilidad que les prestaba el camino del Inca o el Capac ñan desde el Norte hasta el Sur y más tarde por el camino de la costa, hasta que llegaron los barcos que surcaba el mar del Pacifico. Como se podrá apreciar que el territorio del valle de la que hoy es la provincia de Pallasca y otros tantos valles interandinos permanecian ingnorados por los españoles durante tanto tiempo desde la Conquista de Francisco Pizarro, en los sucesos de Cajamarca (16 noviembre 1532), hasta que las tierras les fueron dados “como premio o recompensa que se otorgaba a los primeros conquistadores y pobladores por los servicios prestados a la Corona”, a los encomenderos.

 

CAPITULO  XV

DISCURSOS, SERMONES, INFORMES Y CARTAS ECLESIASTICAS

 

Discursos, sermones e informes eclesiasticos de Tauca.- Los discursos eran una gran vía de motivación cultural, a veces “enmascaraban interese políticos y económicos, podía funcionar como arma poderosa en manos de determinados visitadores (...) en donde se detuvo la reflexión histórica (...) las victimas de la represión cultural y de la Inquisición para indígenas comenzaban a mostrar ahora el rostro de los victimarios, apropiándose de los mecanismos represivos a disposición de los sectores dominantes de la sociedad colonial. Indios fiscales, cantores o sacristanes que denunciaban interesadamente a otros indios, curacas que se deshacían de sus rivales políticos acusándolos de idólatras, comunidades indígenas que, con la experiencia adquirida en visitas anteriores, decían al visitador lo que este quería oír, indios cristianos que se oponían a la religión de sus abuelos o, inclusive, doctrineros idólatras que contrataban los servicios de brujos nativos”.(José C. de la Puente Luna-2007,pág. 42-43).

 

En un histórico Informe eclesiástico N° 102, de la Doctrina e Iglesia de Santo Domingo de Tauca, fechado con 12 de junio de 1634, se da cuenta y se pide autorización al Convento de Santo Domingo de Yungay de Huaylas, actualmente del Departamento de Ancash, del PRIMER CENTENARIO DE LA OCUPACIÓN PACIFICA DEL VALLE POR LOS ESPAÑOLES (HOY PROVINCIA DE PALLASCA), el cura encargado de la Doctrina de firma ilegible de ese entonces informa que por gestiones de los hijos y nietos de aquellos españoles, que por primera vez llegaron al territorio del valle que hoy comprende los pueblos de la Provincia de Pallasca. La mayoría de los personajes se encontraban residiendo en el centro del Perú, desidieron adoptar la posibilidad de la celebración del mencionado centenario, en recuerdo de haber llegado a este hospitalario territorio interandino de sus ancestros y que deseaban volver a recordar a caballo el itinerario de la Comitiva exploradora de Francisco Martín de Alcántara, que hacía un siglo en que partieron desde Jauja, pasando por Huaraz hasta llegar a Huamachuco. Esta comisión organizadora del centenario se encontraba encabezado y conformado por una delegación de los Dominicos que fundaron el obraje de Yanamarca de la estancia de Yanamarca en la jurisdicción del antiguo corregimiento de Jauja, apoyados por los hijos de los hacendados residentes en Concepción, entre ellos don Pedro de la Cruz, don Gaspar de los Reyes, don Francisco Pérez, don Juan de Leiva y don Gabriel Älvares Claros vecino de Huancayo, el notario don Juan Francisco de Pinedo, don Alejo de Chaves Cabeza de Vaca, don Pedro Lorenzo Astocuri, aunándose los hacendados del valle de Jauja, don Lorenzo Martínez de Miranda, Cristóbal de Chavarri, Pascual de Baldeón, don Juan López de Sanabría, don Juan Amaro de Ribera, don Rodrigo Monje, alféres Juan Tello de Meneses, don Felipe López de Salcedo, don Alonso Sotelo, don Benito Palomino, y otros tantos vecinos del valle de Jauja. La salida se iniciaba en la ciudad de Jauja, el día primero de setiembre del año 1634 y finalizaba el 30 del mismo mes en la ciudad de Huamachuco, consistía en pasar por los pueblos de Huaraz, Carhuaz, Yungay, Caraz, Huaylas, visitando y donando a los pueblos de La Pampa, Corongo, Yupán, Bambas, Llapo, Tauca, Cabana, Huandoval, Pallasca, Conchucos, Pampas y Huamachuco; luego regresando la Comitiva por el camino del Inca por donde se condujo Francisco Pizarro, hasta llegar a Jauja en 1534. Acondicionaron el fletamento de una recua de 50 mulas de camino con destino a estos pueblos, transportando bienes para donar a cada pueblo de ropa de “abasca”, varias varas de cordeyate y sayal, “ropa de la tierra”, bayetas, cordellates y frazadas y varias arrobas de lana del obraje de Sapallanga y de otros obrajes de los demás hacendados. Esta fuente de información es sumamente valiosa se encuentra en los Archivos del Convento de Santo Domingo de Yungay. Este gesto solidario y humanitario no ha sido revelado por la historía, al contrario se comprendió como un aspecto de “rebelión” por las autoridades de la época, dando lugar a que más tarde fueran comprendidos en “la pesquisa secreta sobre el corregidor Diego de Escobar Osorio, iniciada en Concepción el 8 de agosto de 1644 y finalizada el 16 de ese mes”, en este proceso declararon muchos otros complicados. Posteriormente también se comprendieron en una “averiguación por una frustrada rebelión de indios en 1667, tamién fueron comprendidos varios integrantes de estos personajes. Muchos otros lugares tanto de la costa como de los Andes fueron prohibidos las celebraciones tradicionales y los aniversarios motivo a la rebelión o alzamiento sucitado en el año 1666 a 1667 liderado por el cacique don Salvador Cusichaqui, quién pretendía “legitimar su autoridad y prestigio para gobernar el curacazgo de Atunjauja” en el valle del Mantaro. 

 

“Felipe Guaman Poma de Ayala, fue un cronista indio nacido en San Cristóbal de “Sondando” y fallecido por el año 1615 en Lima. Era de origen noble, si se le debe creer, por ser hijo del curaca de Lucanas, Andamarca, Circamarca y Soras, y nieto materno del Inca Túpac Yupanqui. Viajó cerca de treinta años por el Perú. Dolido por el sufrimiento de los indios ante los abusos de los españoles, decidió viajar a España para quejarse personalmente ante el rey. Por ello escribió su voluminosa Nueva Crónica y Buen Gobierno, la que ilustró con dibujos hechos a pluma para completar la información”. (Conquista y Virreinato, José Antonio Del Busto, pág.183). (la publicación de su libro lo hizo en España, su lectura fue prohibido en el Perú en estos tiempos).

 

La corona española prohibió la circulación y lectura de los Comentarios Reales del Inca Gracilazo de la Vega, porque “excitaba la conciencia de nacionalidad”; no olvidemos que posteriormente se desató las rebeliones indígenas contra la Corona Española, como el de Juan Santos Atahualpa en 1742, por la decadencia de las misiones franciscanas en la selva central, levantó a las tribus de Llanezas y asháninkas y sublevándolas contra los frailes. Durante el virreinato huvo “más de cien alzamientos contra los muchos abusos de los españoles, especialmente contra las autoridades, y de forma particular contra los corregidores. No todos fueron importantes, pero sí significativos. Hablaban de un malestar general entre los indígenas. Se suscitó así un sentimiento nostálgico por el Tahuantinsuyo y un afán de coronar un inca. Los caudillos aprendienron a utilizar el título de inca, y de verdad que varios de ellos eran descendientes de los hijos del Sol. En el siglo XVIII tuvo particular importancia en este aspecto, destacando entre rebeliones y conspiraciones las que mencionamos a continuación. (…) Ignacio Torote, curaca de Catalipango, se sublevó en 1737 en el Gran Pajonal y orillas de Perené. Esta rebelión significó un antecedente y ejemplo para la rebelión de Juan Santos Atahualpa en 1742. En 1750 se sublevaron los indios y mestizos de Huarochirí encabezados por Antonio Cabo y Francisco Inca. Miguel Surichac y Pedro Santos más una junta de 12 miembros. Los rebeldes pretendian tomar Lima y resucitar el imperio de los incas. Fueron apresados y ahorcados en la Plaza Mayor de Lima (…) En 1777 se sublevó José Gran Quispe Tupa Inca en Maras, Cusco, quien por medio de cartas comprometió a importantes indios y mestizos de ese lugar de Urubamba y Guayllabamba. Descendía de Huaina Cápac y decía que ese año de los tres sietes se coronaría un inca que mandaría desde el Collao a Quito. (…) En 1776 se alzó en Chayanta Tomás Catari, curaca de ese lugar, junto con sus hermanos Dámaso y Nicolás, hartos de las injusticias y de los abusos, murieron asesinados. En 1780 fue importante la conspiración de los plateros de la ciudad del Cusco, acaudillados por el criollo Lorenzo Farfán de los Godos y por el curaca de Pisac, Bernardo Pumayali Tambohuacso, fueron ejecutados.(…) Gran luchador social, José Gabriel Túpac Amaru es una figura sin igual en todo el continente americano. El sábado 4 de noviembre de 1780, día de San Carlos Borromeo, estalló la rebelión. Capturando y ahorcando a varios corregidores, como saqueando sus obrajes, escribió cartas a las provincias e invitando a los dirigentes a la rebelión. El jueves 16 de noviembre de 1780, estando en el santuario del Señor de Tungasuca, el Cristo de los Arrieros, proclamó la libertad de los negros. De este modo, habiendo extinguido la servidumbre de los indios, luego anuló la esclavitud de los melanodermos. Que sepamos, fue el primero que abolió la esclavitud negra en América. Enterado de todo esto el corregidor del Cusco, Inclán Valdez, tomó su cargo la defensa de la ciudad y levantó un ejercito (…) Sangarara  fue la gran victoria de José Gabriel Túpac Amaru el 18 de noviembre de 1780. El caudillo, siempre en su caballo blanco, asistió a la lucha desde el comienzo hasta el fin.(…) Anuló los impuestos e instó a rebelarse contra el mal gobierno, (…) Al Cusco llegó el ejército de Lima, el Jefe fue el mariscal José del Valle y Torres, el visitador Antonio de Areche representante plenipotenciario del virrey, y el oidor Benito de Matalinares asesor legal para todo lo que requería justicia. (…) El alcance final fue en Checacupe, junto al río Vilcanota fue derrotado y apresado el 6 de abril de 1781, también su esposa Micaela Bastidas y sus hijos Hipólito y Fernando, escapando Mariano, quedando en manos del visitador Areche. Túpac Amaru durante el interrogatorio del juicio, se negó a delatar a sus simpatizantes del Cusco, llegó a decirle a Areche con voz tan firme como alta: “Aquí no hay mas cómplices que tú y yo: tú por opresor, y yo por libertador, merecemos la muerte”. El 15 de mayo de 1781 se le condenó a muerte, en la mañana del día viernes 18 de mayo se cumplió la sentencia en la Plaza Mayor del Cusco. Ahorcaron a su jefes revolucionarios, a su hijo, esposa Micaela Bastidas y a José Gabriel Túpac Amaru, les cortaron la lengua y le ataron con correas a cuatro caballos con sus jinetes mestizos y , a una orden, los equinos se dispararon. Se dio un tirón y quedó el reo en el aire, como una araña en su tela. Al presenciar este espectáculo su hijo Fernando, un niño de 12 años, lanzó un grito de horror que se grabó para siempre en la memoria de todos. Pero no ocurrió el descuartizamiento y se tuvo que repetir la operación varias veces con el mismo resultado. Areche se sintió incómodo y para apresurar el final, ordenó que se le cortara la cabeza al maltratado José Gabriel Túpac Amaru. Sacó el verdugo su hacha y procedió al degollamiento. Solo se salvaron de morir Mariano y Fernando Túpac Amaru, hijos del héroe. El primero por caer prisionero poco después y el segundo, por ser un preadolescente. Se les remitió cautivos a España, naufragando el San Pedro Alcántara, barco que los conducía, frente a las costas de Periche, en Portugal. Allí murió Mariano, que viajaba encadenado, pero sobrevivió Fernando, quien poco después pereció en España victima de la tuberculosis. Asi acabó la familia de los Túpa Amaru, descendientes de los incas, mestizos de sangre real, la familia más gloriosa que presenta la historía del Perú”.(José Antonio Del Busto, Conquista y Virreinato, pág. 162-171).

 

Muchos otros lugares tanto de la costa como de los Andes fueron prohibidos las celebraciones tradicionales, aniversarios de pueblos, fundaciones de ciudades, etc. motivo a la rebelión o alzamiento sucitado en los años 1666 a 1667, liderado por el cacique don Salvador Cusichaqui, con todo lo sucedido en la sierra central del Perú, en los pueblos de la costa, de los valles interandinos de los Andes del norte, sur y oriente, tuvieron temor el rebelarse o sublevarser y además de las prohibiciones y crueldades de los enfrentamientos por los españoles, todas estas circunstancias fueron el motivo para que los pueblos, provincias y departamentos instituidos, se olvidaran de recordar las fechas de la toma de posesión, de los lugares conquistados o en celebrar sus aniversarios o fundaciones o continuar con sus fiestas lugareñas y usar sus tradiciones costumbristas; lo que fueron perdiendo muchas costumbres de sus ancestros, quedando en el olvido del tiempo.

 

Gracias a las versiones orales de las generaciones que han hecho subsistir estos acontecimientos recogidos de los diferentes lugares; hoy en día se pretende rescatar estas invalorables riquezas culturales, como veremos en el siguiente fragmento de bandos históricos: “Don Francisco Apo Cusichaqui participo en el bando del Rey durante la rebelión de Francisco Hernández Girón, servicio que le fue reconocido por cédula real (Espinoza Soriano 1971-1972:388-389). Firmó, entre otros caciques, el poder dado en Mama en enero de 1562 a fray Domingo de Santo Tomás, para combatir la perpetuidad de la encomienda (Murra 1992: xviii). “Don Andrés Hurtado de Mendoza, Marqueés de Cañete, falleció el 14 de setiembre de 1560 (Hanke 1978:I, 41) En ese mismo año, Diez de San Miguel abandonó el corregimiento de Chuchito (Espinosa Soriano 1964:392-393). Poco tiempo antes, el virrey había mandado que se visitase la tierra para que, entre otros asuntos, se averiguase sobre las cuestiones de gobierno relativas a los curacazgos. La visita de Lima se hizo en 1557 y la de Huaraz, al año siguiente (Assadourian 1987:333). Asi, el Testimonio a favor del derecho sucesorio de don Carlos Limaylla debidó ser de c.1557-1560. Estas notas han llegado hasta nosotros gracias a los bandos escritos de los pueblos.

 

CABANA.- Con fecha 26 de junio de 1627, remitió a la comunidad del pueblo de Cabana una cantidad de 200 pesos, don Gabriel Uniguala, quien era cacique de tasa del pueblo de Uchubamba “del repartimiento de los Andes”, quién dependía de una jerarquia prehispanico que se avecinaba a los pueblos de montaña, que veían desde antes de la implantación de las reducciones en la zona de selva, para la compra de ganado vacuno de crianza en las alturas. Fue por que en esta parte del territorio pallascasquino sus habitantes se encontraban atravesdando una escaces de alimentos, por la sequía de sus tierras, las disminución de sus aguas y la ausencia de las lluvias, afectando todo los valles del que hoy es la Provincia de Pallasca. (Fuente obtenida de una carta dirigida por el R.P. Fray Diego Rodríguez, parroco de Corongo).

 

CONCHUCOS.- De acuerdo a los testimonios escritos por los curatos el pueblo de Conchucos fue el único distrito de la Provincia de Pallasca que durante los años de 1615 contava con “tres niveles de autoridad nativa”, el primer nivel fue el Cacique principal y gobernador del repartimiento de los Conchudos, que se ubicaba al otro lado de la Cordillera de los Andes, este se encontraba apoyado por una segunda persona de su entera confianza, luego venía otro nivel de la autoridad del cacique prinipal de Siguas que ejercia autoridad sobre la determinada doctrina o pueblo de indios de Conchucos, este “ejercia su autoridad sobre el cacique de tasa”, quienes eran  los representantes o los dirigentes de los grupos reducidos en el pueblo del que hoy es el pueblo o el distrito de Conchucos y en esta época como segundo nivel tenía un “alcade de indios” reconocidos “por los indios y españoles del pueblo”, y en el tercer nivel tenían los “caciques de tasa o cobradores”, en varias ocaciones se “identificaban como indios principales o camachicos”, estos “cargos tenían carater de hereditario recaía siempre en las mismas tres familias durante los siglos XVI y XVII”. Debemos tener en cuenta esta caracteristica normal “en la sucesión, el cargo y la dignidad de cacique principal y gobernador se trasmitía del padre al hijo mayor”, es la única información valiosa que podemos rescatar de la vieja documentación y someterlo a estudio excepcional de esta historia de este pueblo que lo diferencia de los demás distritos de la provincia de Pallasca. Informe del encomendero Agustin Pardabe, archivo R.Huaraz.           

 

PALLASCA.- En una carta de fecha 3 de diciembre del año de 1536, del Padre Fray Juan de Monzón, que se encontraba evangelizando los lugares del que hoy es el distrito de Pallasca, que lo dirige al Padre Fray Juan Bautista Dávila, que se realizaba como misionero del territorio del que hoy es Tauca le dice: que encontró indios desnutridos y desanimados por desconocimiento de su alimentación; pero el está aconsejando que coman más seguido la hoja del “napus”, papas, maíz, oca, olluco, mashua, por tener mayor valor nutritivo y energía vitamínico, también le hace comer frejoles, habas, el chochos en agua, la sopa de hojas (verduras), el consumo de quinua, coyo (quihuicha o ajunjuli o cañihua), choclo asado, chichayo (calabaza), ricacha (arrecacha), llacón, frutas, beber huamanripa, para el trabajo de campo y que el “coto” (bocio), lo combate con sal traido de Huamachuco. Lo que me llama más la atención en esta carta, a mi parecer de gran importancia, el consejo sobre el consumo de mayor cantidad de frutas y el llacón, para despertar la energía mental, el estado de ánimo; debe darse de beber agua de anís silvestre, congona, huamanripa, coyal, cerraje, para despertar la inteligencia en los indios, estimula (insentiva) el cerebro; lo recomendaba el consumo de las bebidas, de muña, cashua o paico, yerba santa, berros, favorece la digestión y para curar heridas el uso de mático, verbena, ortiga, llantén en agua herbida, que ha aprendido de los propios indios; quiere decir, que en esta parte del Perú, los naturales del territorio del que hoy es la provincia de Pallasca, ya conocían perfectamente las semillas nutrientes de los vegetales, las frutas y las hierbas que influyen en la salud de los hombres que vivian en el valle interandino de la vertiente occidental de los Andes del norte de la Cordillera Negra, pues éste es un buen dato del cual los hijos del distrito de Pallasca, deben sentirse orgullosos que ya sus ancestros conocían lo que ahora se conoce como adelantos y descubrimientos de la ciencia médica.           

  

CARTA A PALLASCA.- En cuanto llegaron por primera vez los españoles al valle interandino de la que hoy es la Provincia de Pallasca, el medio hermano de Francisco Pizarro, Martín de Alcántara venía integrando la Comitiva exploradora, quien al arribar al territorio del que hoy es Llapo, tuvo un encuentro con una nativa de dicho lugar, a quien no conoció jamas, transcurrieron los años el joven se llamaba Baulio Alcántara Curcho, que al cumplir sus 29 años viajó a Jauja en busca de su padre y con el ánimo de conocerlo; sin embargo, de tanto averiguar llegó a ubicar a don “Antonio Picado, quién fue el secretario personal del gobernador Francisco Pizarro”, (antes de su muerte el 26 de junio de 1541), valiéndose de su cargo había “ordenado que le pagaran tributo a él”, este fue un problema que le produjo  en el valle de Jauja y que inclusive por Real Cédula de 31 de enero de 1564, el Rey pidió a las autoridades de ese entonces, “que hiciera averiguación y se impartiera justicia a partir del pedido de don Felipe Guacrapaucar, de la familia de caciques principales de Luringuanca”.(Espinoza Soriano 1971-1972:391). Fue entonces, que al no lograr su objetivo, el día 23 de marzo de 1564, regresó a su pueblo de Llapo, “trayendo 20 cabezas de ganado vacuno, 30 cabezas de ganado ovejuno y una recua de 10 mulas donados por los hacendados españoles, que llegaron por primera vez al valle” del que es hoy el distrito de Llapo, el cual “fue distribuido entre los habitantes de la comunidad” (Testimonio del 23-marzo-1564, inserto a fojas 17v. del Exp. 03, Archivo Eclesiastico, Jauja).

 

POBLACIÓN EN EL CENTRO DEL PERÚ.- En cuanto llegaron a Cajamarca los españoles después de ocho meses de estadía en donde dejaron hijos en las indias del lugar, se trasladaron a Jauja y luego al Cuzco, según los historiadores afirman que en realidad el movimiento social, politico y militar solo se encontraban afiancados en estos lugares de gran población. Fuentes: Vega 1965(1982):167. “Los curacas afirman que en tiempos anteriores a la Conquista el repartimiento poseía seis mil “indios de guerra”. Cook (1981:97) y otros (Párssinen 1992:338 y ss.) han tomado este dato –traducido “indios de guerra” por unidades familiares- como indicador de la población prehispánica del valle. Por ejemplo, la población del repartimiento de Atunjauja en el año de 1534 era de 6,000 tributarios, en la de Luringuanca, era de 12,000 en su totalidad, en la de Ananguanca era de 9,000 tributarios. “Había en los tres repartimientos principales hasta doscientos tributarios “mitimaes”, de Huarochiri, Chacllamama, Mancos y Laraos, y Yauyos (p. 235-236).  “En el caso de las mujeres no se distingue edades 3,016 tributarios se ubicaban en el valle, 358 en los Andes. 1575: Ramirez 1906 (1597): 235-236. Por suerte y por el aislamiento de su geografía, estos tributos no llegó aplicarse en todo el ámbito de la Provincia de Pallasca, por ser hasta ese entonces un valle interandino de poca notoriedad.

 

“Fechada en Lima a 27 de marzo de 1635, el Protector de los Naturales presentó petición al Conde de Chinchón para efectuar una rebaja en el monto anual de tributo destinado a la fábrica de la Iglesia en Lima. El contador de retasas informó que por retasa de 25 de enero de 1596 había 1,12 tributarios. Al momento de la petición, el repartimiento tenía 367 tributarios (tasa de 30 de marzo de 1634). (Biblioteca Nacional del Perú. Mss.B1482, f. 243r-245r.).

 

CONCHUCOS Y PALLASCA.- “El 16 de octubre de 1585, Rui Diez, donó a la comunidad de los pueblos de Conchudos y Pallasca un fletamento de una recua de 12 mulas de camino para dichos pueblos por haberle acogido y atenciones recibidas, para que se repartieran entre sus habitantes de dichos pueblos” (Archivo Regional Junín, Protocolos, t.3 (Pedro de Carranza). y además por encontrarse el territorio de la hoy la provincia de Pallasca sufriendo una escaces de sus alimentos por la falta de lluvias y agua se morian los animales y los habitantes, varios pueblos y hacendados del centro se hicieron presente ante esta emergencia y auxilio humanitario, para lo cual hicieron llegar trigo y maiz, para el consumo de los habitantes, ya que eran ignorados por las autoridades del virreinato, mientras ellos afrontavan las guerras civiles entre los mismos españoles, mestizos e indios que buscaban escalar los cargos políticos del virreinato.(Fuente obtenida del sermón del Padre Fray Baltasar de Armenteras O.S.A., en su visita a los pueblos del Sur del territorio del que es hoy de la provincia de Pallasca). 

 

HUANDOVAL.- “Sobre el fletamento de una recua de 5 mulas machos chúcaros para domesticar en transporte donados al pueblo de Huandoval, por Gonzalo Sánchez, residente en Huancayo, por su colaboración en su acogimiento en su arribo a su comunidad”. (en mayo de 1595), (ARJ, f.684r.-684v). En la Comitiva exploradora de Francisco Martin de Alcantara, llegó como soldado y en su agradecimiento y solidaridad, hizo esta donación a estas tierras de sequias, (Sermón dominical Padre Fray Baptista Franco-cura de Pallasca).

 

PAMPAS.- “El 25 de enero de 1605, Pedro de Guzmán dio poder para descubrir minas o vetas en los campos de Pampas y luego dar cuenta el número de mano de obra, para compensarlo en abastecimientos de primera necesiada” (ARJ, Protocolos t.2 (Juan de Mesa Valera) f. 506r-508).

 

Los mineros de Huancavelica se extendieron por los valles del norte y trataron de influenciar en los que en forma cacera exploraban en los cerros y quebradas del paraje de Pampas y Conchucos, llevaron varios indios fue en el mes de julio de 1576, porque los curacas del valle de Junin pretendían pagar con “los fondos que el común de indios habían acumulado”, para liberar a “sus indios de la onerosa obligación de mitar”, “sobre la preferencia de los mineros por recibir el dinero en efectivo de los salarios que la mano de obra mitaya, acerca de los indios alquilas y sustitutos, y sobre los indios de faltriquera” (Villena 1999 {1949}:291 y 379).

    

PALLASCA.- “La Pallasquina doña, Miguelina Paredes, como no existía cacique, reclamó a su encomendador por la intromisión de españoles y mestizos en las tierras y pastos de las comunidades pallasquinas, según reclamo del 12 de febrero de 1564, pedía que no se conceda ningún permiso a los españoles que arribaban tanto del norte como del sur, para tener estancias en las tierras de su comunidad” (AGI, 1564, f. 141r.).


 Origen del pueblo de Pallasca


Por considerarlo interesante recojo este tema que dice: “El pueblo se estaba construyendo allá donde está ahora el pueblo de Inaco, pero San Juan no quiso y se regresó, lo volvían a llevar, pero él igual se regresaba; así es que mejor construyeron el pueblo aquí. Ese es el origen de Pallasca. –Educa orgulloso el Chisne”.-


–“Hay otra historia, –se entromete el Anfitrión– el auxiliar del Colegio Agropecuario y el profesor de religión, la conocen, dramatizaron con ella una danza que ganó el concurso el año pasado (2010); muchos han escrito sobre el origen del pueblo y todos dicen que Pallasca proviene de la palabra “apallacta guango”, que creo es el nombre de un cacique.”


–“Otros dicen que Pallasca deriva del verbo quechua “pallar”, que en castellano significa recoger; cuentan que aquí habían muchas pepitas de oro que los aborígenes recogían, de los pueblos aledaños venían a “pallar”, por último el lugar terminó llamándose Pallasca. –Comenta el Loco”.
–“Eso has inventado tú. –Sindica el Anfitrión.


–“Supongo que hay algún sustento que ha dado origen a las versiones que Uds. manifiestan, ¿o no? –Pide explicación el Forastero”.


–“Claro que hay, y los que han escrito sobre el origen de Pallasca, como son el doctor Félix y el Porfiriasho, están vivos. –Argumenta el Anfitrión”.


–“El Dr. Félix Álvarez, –se apresura a explicar el Loco– conocido por sus contemporáneos como El Gringo, ex embajador y diplomático de carrera, reconocido Amauta del País, sostiene que Pallasca hasta los primeros años del siglo diecisiete se llamaba Andamarca, fundamenta su hipótesis, en los versos del poeta sevillano Diego Mejía de Fernangil, quien por esa época estuvo en Andamarca, lugar donde ejecutaron a Huáscar, que como sabemos todos, en una batalla librada cerca del Chimborazo en el Ecuador, fue derrotado y hecho prisionero por su hermano menor, Atahualpa, y finalmente muerto ahogado a fines del año mil quinientos treinta y dos, por orden secreta de Atahualpa ya capturado por los españoles. Analizando algunos versos nos damos cuenta que no se trata de nuestro pueblo. Analicemos:”
                       

 “Aquí, señor don Diego, en Andamarca,


donde Quisquis, y el gran Cilicochima
cortaron la cabeza de su monarca;
junto al arroyo do con vena opima
de rubicunda sangre dio a su vida
el sin ventura Guáscar fin y cima;”
 
“Testigo es el guijarro yerto y frío,
lleno de sangre, que mi mano abarca,
y testigos las aguas de este río.
Testigo y buen testigo es Andamarca;
testigo es el asiento deleitoso
del pueblo principal de Cajamarca.”
 
“El pueblo de Pallasca no tiene río alguno que lo atraviesa o lo circunda, por lo tanto no es el lugar que el poeta refiere, está claro que se trata de un pueblo en Cajamarca. Hay un antecedente histórico del siglo dieciséis, digno de crédito, –continúa comentando el Loco– Fernando de Cuellar, cronista español al servicio del conquistador Almagro, luego que éste fue derrotado por Pizarro en la batalla de Salinas, se refugió aquí en el año de mil quinientos treinta y ocho, y escribió sobre Pallasca:”


“Pallhusca (obra acabada), tribu nómada reaccionarios ante las tribus dominantes en las grandes luchas por la supremacía. Checras, jefe de los Pallhuscas, encabezando su ejército, vence a los Cuymarkas; en alianza con los Llankars vence a los Chontas y a los Tunkuas y establece su gobierno federado; construye el castillo de Cuchac, con plataformas superpuestas; mancomuna la fe religiosa (politeísta) con un Dios Supremo Cankor (águila); construye un sistema de irrigación por wayanchas; preponderancia de la agricultura sistematizada por los andenes y la minka. Conquistados pacíficamente por Pchacutec, amplían su sentimiento religioso, adoran al Dios Inty (sol) y subordinan a sus dioses a segundo plano. Surgen insurrecciones que terminan con la división de castas y clases: Huichay parte más alta del declive, residencia reservada al Inca, persisten ruinas con lujo de compartimientos, en la que se alojaba a su paso a Caxamarca. Chaupi zona media del declive de la metrópoli india, viviendas del pueblo, presentación de ruinas calcinadas, angostas calles, plazuelas rectangulares. Huaray (guangas) parte baja, depósitos de víveres de los Dioses, los que se distribuirán en los tiempos de hambruna, sequías o pestes malignas, más tarde se repartiría a las viudas del contingente que regresaban de Quitu a donde marchaban acompañando al inca Atahualpa, que posteriormente los había sometido. Los Pallhuscas perfeccionaron un estilo de cerámica policroma con representaciones de sus Dioses, escenas de la vida diaria, con gollete en el arco y base plana, dominación de la orfebrería (metalurgia), trabajos con aleaciones de oro y cobre, manufacturando objetos de carácter religioso. Sabedores de la llegada de hombres extraños (españoles) tienen horrendos vaticinios del Dios Inty (eclipses), quien decide que todos se exterminen; acuden al Gran Santuario Morahua (peñasco de Dios) e imploran su voluntad, el peñasco se derriba y todos quedan sepultados.”


“Este legado no deja dudas, pues de los seis barrios que componen ahora el pueblo, Chaupe, Quichuas, Toronga, Checras, Chalamalca y Huagallbamba; Checras y Chaupe, antes Chaupi, se desprenden de la descripción de Cuellar, testigo está el peñasco de Murahua, antes Morahua”.


–“La descripción de Fernando de Cuellar, deja mucho espacio para la imaginación, –comenta el Forastero– especialmente en la última parte, no creo que los pobladores se hayan suicidado, deduzco que Pizarro los exterminó por reaccionarios; eso explica el porqué aquí se ha extinguido la lengua autóctona, incógnita que el sabio Antonio Raimondi encontró a su paso, y el porqué los apellidos son abrumadoramente españoles. He tomado conocimiento, por otras fuentes, que el conquistador Francisco Pizarro antes de ejecutar a Atahualpa, pasó por este pueblo el doce de enero de mil quinientos treinta y tres, acompañado por dos jinetes rumbo al Cuzco, y a su paso contrajo matrimonio con la hija del cacique; lo que pasó después hay que deducirlo. Loco, ¿tienes algo más?”


–“Sí, claro, respecto a la provincia de Conchucos, a la cual pertenecía Pallasca luego de la conquista, y no hay que confundirla con el actual pueblo de Conchucos que es sólo un distrito de la ahora provincia de Pallasca. Fue el año de mil quinientos sesenta y uno, que los padres Agustinos emprendieron la ardua tarea de internarse en la provincia de los Conchucos para convertir a los rebeldes e idólatras indios. Los primeros religiosos que penetraron entre los indios Conchucos, fueron el padre fray Hernando García, vicario, y su compañero fray Alonso de Espinosa. La antigua provincia de Conchucos tenía entonces seis pueblos principales, en orden de importancia, llamados Pallasca, Tauca, Piscobamba, Corongo, Guandoval y Cahuana; los que subsisten aún y llevan los mismos nombres, con la pequeña diferencia de que Guandoval se llama hoy Huandoval y Cahuana se denomina Cabana. He aquí como describe el padre Calancha (Crónica moralizada de San Agustín, Libo II, Capítulo XXXII), la antigua provincia de Conchucos:”

 


“Esta provincia está á Levante de Lima, y de las Costas deste mar pacífico del Sur, entre las provincias de Guamachuco, i los contornos de la ciudad de Guánuco; aunque mas cercanos a la Costa, estan sus pueblos en la Sierra, i con caer debajo de la tórrida zona en nueve grados al trópico de Capricornio, conserva montes de nieve, i promontorios altísimos de yelo, pasa la cordillera que atraviesa el Perú norte sur por su provincia y otra pasado el pueblo de Requay, que siempre está nevada. Los altos en los montes son rígidos, insufribles y destemplados. El ayre ambiente pasa los cuerpos y hace desabrida la habitación. Entre laderas, ancones, i tierra baja ay guertas, sembrados, legumbres y florestas. Lo alto aflige y lo inferior recrea; atraviesan esta provincia grandes rios, i muchos montes crían fina plata, unos en mas seguidas vetas, i otras en algunas bolsas, beneficiando estan algunos cerros, sobra la riqueza en los metales; i porque faltan Indios en los pueblos, ni enriquecen los dueños, ni se aumentan los primeros ingenios”.


“También se sabe que Santo Toribio de Mogrovejo –prosigue el Loco– visitó Pallasca en dos oportunidades, la primera en mil quinientos ochenta y cinco y la segunda en el noventa y cinco, siendo párroco del pueblo el padre Juan de Llanos, bendijo y oró por la conversión y la fe de los naturales, confirmó a quinientos setenta y nueve en la primera visita y quinientos veintiocho en la segunda. En el año de mil seiscientos treinta y cinco los padres Jesuitas iniciaron la construcción de nuestra Iglesia, la misma que se inauguró en el mil seiscientos cincuenta”.
–“¡Caramba!, Uds. eran el pueblo más importante de la provincia de los Conchucos, ¿qué ha pasado?, ahora están en ruinas, ¿acaso caminan a la desaparición? –Reprende el Forastero”.


–“¡Quién sabe Señor!, –pronuncia el Loco– talvez ya estamos muertos y no nos damos cuenta, nos han matado la ignorancia y el apetito por el dinero fácil. La riqueza del pueblo igual que la del País ha sido y seguirá siendo saqueada, mientras nosotros sigamos muertos. De "Perros y ratas" de Walter Elías”.
 

 

 CORONGO.- “En enero de 1635, Francisco Gómez de la Torre y Maríana Vela, vendieron su estancia y hato de vacas, con 350 cabezas y seis sitios y pastos en las punas de Corongo, al ganadero Josefino Cardoso procedente de las alturas de Conchucos, por un valor de 2.345 pesos. La pareja era dueña también de la estancia ubicada en el asiento y pareja de Achi y Guayllacancha” (ARJ, Protocolos, t.2 (Pedro de Carranza), f.58r-59v.).

 

Es necesario que también deje escrito una nota importante que le interesa a los hijos del pueblo de Corongo, la “autoridad nativa” interna de los curacazgos en los siglos XVI y XVII, se encontraban organizados jerárquicamente por un personaje que ostentaba el cargo y título de “cacique principal y gobernador” de repartimiento en la época de la vida colonial. 

 

TAUCA.- “En el pueblo de Tauca, provincia de Pallasca, a las diez de la mañana, del día 10 del mes de agosto de 1879, reunidos los miembros y el Alcalde Municipal de este distrito; en pleno acordaron que ningun ciudadano ni su familia podrá edificar vivienda o cerco alguno, en la parte superior de la acequia del pueblo, con el fin de coservar intacta la parcelación de la lomada de Caquia y de sembríos del pueblo, bajo sanción de ser destruido la edificación y sacado del pueblo a lomo de un borrico al infractor conjuntamente con su familia.- firmado por el Alcalde don Gregorio Alvarez”. Este bando fue propalado tanto en el pueblo, en la misa dominical y en los caseríos.

 

HUANDOVAL.- “El 15 de mayo de 1597, Marcos Iñiguez, residente en los campos del obraje de Sapallanga, hizo la donación de veinte cabezas de ganado vacuno para crianza a la comunidad del pueblo de Huandoval, por su llegada y atenciones recibidas, (ARJ, Protocolos, Escribanía de Camara, f.45r-46v.).

 

CABANA.- “Cristóbal de Orellana era dueño de las estancias de San José  de Aco Aco, dio en donación 30 cabezas de ganado avejuno en crianza a la comunidad del pueblo de Cabana, por sus incomparable atención en su estadía en dicho pueblo”, (ARJ, Protocolos, t.2 (Pedro de Carranza), f.342r.-344v.).

 

TAUCA.- “Por mensaje expreso celebra y hace llegar en donación 30 cabezas de ganado vacuno, 50 cabezas de ganado ovejuno y una recua de 20 mulas de camino, para crianza en los parajes de la comunidad de Santo Domingo de Tauca, al cumplir los veiticinco años de haber ocupado por primera vez el pacifico valle del territorio de Tauca, (el 18 de setiembre de 1534)”, fue transportado desde “el obraje de La Mejorada que estaba en manos de la administración de Felipe Segovia Briceño en 1559. Según a una orden escrita a los pocos dias de haberse recibido, la licencia para el obraje de Sapallanga fue concedida por la princesa doña Juana el 7 de agosto de 1559 a doña Inés Muñoz de Ribera, viuda de don Antonio de Ribera y de Martín de Alcántara, medio hermano de Francisco Pizarro. Doña Inés fue fundadora del monasterio de La Concepción de Lima, que heredó el obraje”. (AGI, Escribania de Cámara, 518 C(1690-93): f. 69r-v.).” Esta donación lo hicieron en nombre del finado de don Martín de Alcántara, en gratitud de haber llegado por primera vez con sus demás compañeros integrantes de la “Comitiva exploradora” al mando de Francisco Martin de Alcantara.         

 

TAUCA.- En un sermón dominical el Padre Fray Juan Bautista Dávila, hace referencia que el día 18 de setiembre de 1564, van a celebrar los treinta años de haber ocupado pacíficamente el territorio del valle de Tauca, (integrantes de la Comitiva exploradora de Francisco Martin de Alcantara), en el cual integraba el español Hernando de Aldana, padre de Lorenzo de Aldana, quien en su condición de ser el poseedor de la encomienda del repartimiento de Luringuanca, apoyado de otros hacendados españoles entre ellos los descendientes de Rodrigo Nuñez de Prado y de Pedro Anades, como don Cristóbal Calderón, gobernador interino de Atunjauja, poseedor de la estancia de Huala, remitieron una donación de 48 cabezas de carneros de Castilla, 31 cabezas de ganado de cerda o puercos, 25 cabezas de vacas, además de abundante trigo, maíz y legumbres, para ser repartidos entre la gente del pueblo, ya que su padre criaba “muchos ganados mayores y menores” y antes de morir les dejó regalando una gran “cantidad de ovejas de Castilla” a los indios de su repartimiento, era un hacendado de gran sensibilidad humana, pide oraciones a los asitentes, para que Santo Domingo vendiga a su familia por sus donaciones recibidas.

 

TAUCA.- “En el pueblo de Tauca, provincia de Pallasca, a horas doce del día, de fechas 28 del mes de julio de año 1879, reunidos en asamblea solemne de ciudadanos del pueblo de Tauca, presidido por el Alcalde Municipal don Gregorio Alvarez de este distrito; se acordó adoptar la siguiente medida, cada propietario y su familia, quedan estrictamente obligados a conservar las calles empedradas, las paredes de las huertas y casas pintadas de blaco con yeso y los techos totalmente entejados, con las características especiales de pueblo andino, bajo sanción de fuerte suma monetaria, en caso de reinsidencia o desacato se declarará en asamblea del pueblo hijo no grato para el pueblo y se ordenara su expropiación para ser adjudicado a otro poblador, que respete las ordenanzas municipales”,.- firmado por el Alcalde don Gregorio Alvarez”. Este acuerdo fueron firmados por el Alcalde y los ciudadanos asitentes: Faustino Ruiz, Segundo Osorio Pacual, Daniel Chávez, Eugenio Pérez, Aquilino de José Cerna, María Reyes, Concepción Chávez, Casimira Gonzáles de Pomajambo, Brigida Bergara, Apolinario Inca, Micaela Toribio, María Calistro, Damiana Chuquihuara, María Benito, Pedro José Casana, Simón Casana, Bentura Olivos, Dolores Olivos, Encole Caturine, Atanacio Collantes, Lucas Astupiña de la Cruz, Julio Casana, Vicente López, Angel Castillo, Miguel Reyes Inca, Petrona Chávez, Manuel Cortez, Ramón Cortez, Pascuaza Espinosa, Clara Alejos, Santiago Alejos, María Sandoval, Adriano Balerio, Manuela García, Silvestre Castillo, Nicolas Alejos, María Villavicencio, Silvestre Castillo, Lucio López, María Alberta Olivos, José María Castillo, Manuel del Castillo, José Patrocinio Chuquihuara, Lorenza Chuquihuara, José Patrocinio Perez, Eulalia Timoteo, José Salvá, Angel Chavez, siguen firmas. Esta acta fue dada a conocer mediante el bando propalado tanto en el pueblo, en la misa dominical y en los caseríos del distrito.  

 

EL TERRITORIO DE LA PROVINCIA DE PALLASCA.- Debe dejarse aclarado que el territorio del valle interandino de la que hoy es la Provincia de Pallasca, gozaba de un previlegio natural o característica especial del modo de vivir y de su dialecto de comunicación, como otras tantas zonas de los Andes y de ceja de selva, no fueron objeto de que se les dispucieran como “yanaconas” o criados para el servico personal o colectivo de ningún curacazgo o de parcialidades en su propio territorio, gozaron de la libertad natural más perfecta de la Tierra, por que “los yanaconas eran una institución asociada con la expansión inca en los Andes”. “Erróneamente  identificados con siervos o esclavos, en realidad su status especial incluía desde simples tributarios y “mitimaes” hasta señores étnicos. Todos los “yanas” compartían la característica de haber sido relevados, temporal o permanentemente, de las afiliaciones y obligaciones para con su grupo de parentesco y se hallaban  en algún tipo de relación de dependencia directa con el Inca, con los miembros de su “panaca”- “linaje real”- o con algunos curacas prominentes. Enfatizando esta relación de dependencia, los españoles tradujeron el término como criado, un personaje protegido por algún señor y asimilado a su casa (Rowe 1982).

 

“En tiempos coloniales, y quizá también con anterioridad a la Conquista, los señores étnicos podían heredar los “yanacona” de sus antecesores. Susan Ramirez (2002:99-100) presenta el caso de don Melchor Carguarayco, curaca de la provincia de Cajamarca. En 1566, su viuda declaraba que el hijo de ambos había heredado del padre “los indios que tenía de su parcialidad y servicio entre los cuales tiene parientes e indios”. En la década de 1540, Pedro de La Gasca concedió a don Cristóbal Apoalaya, antepasado directo de los curacas Apoalaya del siglo XVII, la suma considerable de doscientos indios “yanaconas” para que los señores étnicos se valieran de ellos como “criados suyos”. Además, según un testimonio del siglo XVIII, era costumbre “asentada y fija” desde los tiempos de la Conquista que a los caciques Apoalaya “les mitasen indias casadas de los ayllos forasteros y plateros, en los ministerios de la cocina, por tener ellas y sus maridos “particulares conveniensas y educación en la Doctrina Xptiana” dentro de las cuatro paredes de la casa curacal”. (José de la Puente, pág.257-258).   

 

Felizmente en el territorio de la Provincia de Pallasca, no se produjo estas modalidades, los naturales fueron las personas que gozaron de la más perfecta y justa libertad de su condición en ese tiempo, gracias a los misioneros que impartieron sus enseñanzas y la evangelización en nuestro valle interandino, respetando y haciendo respetar la condición de sus costumbres, mientras que en otros lugares los conquistadores se disputaban de sus indios y los enrolaban para hacerlos forzadamente integrar en sus ejercitos o en sus trabajos de explotación mineras o agrícolas en las condiciones inhumanas, como lo hicieron en los pueblos del centro y del sur del Perú, según nos cuenta nuestra historia nacional. 

 

VENTA DE TERRENOS.- El 12 de junio de 1637, según documento privado el mestizo Crisanto López Huallca dio en venta al ciudadano español don Ruperto de la Rueda, un pedazo de su huerta en la suma de trescientos treinta pesos, para su vivienda, ubicado en el Jirón Patitos N° 245 del pueblo de Santo Domingo de Tauca, más dos árboles de alizos en pie, en los extremos del huerto. (Fuente Recibo de compra del Exp. 02, pág. 70v, Archivo Parroquial).

 

“El padre fray Juan Bautista Dávila, dominico del territorio del valle de Santo Domingo de Tauca, en un sermón dominical da cuenta a sus feligreses diciendo: “que últimamente los vecinos pueblos de YUPAN, BAMBAS Y LLAPO.-En el mes de mayo del año de 1584, el alféres Pedro de Orihuela, era propietario de la Hacienda La Mejorada, residente en las minas de Nuevo Potosí, hizo la visita por encargo de su padre, acompañado de su administrador el alféres Alonso de Sotelo, además de su yerno don Diego de Herrera y Olivares, también de su cuñado don Luis de Arratia, para prestar apoyo técnico y logístico en los descubrimientos de minas o de vetas, ya que ellos eran propietarios de varias minas que exploraba en Huancavelica, en agradecimiento por el aniversario de los 50 años de haber llegado y pasado por este valle de gran produción minera y agrícola, le hicieron un gran recibimiento, también ayudó económicamente a estos trabajos caceros de la exploración minera de estos lugares.”

 

RELIGION ANDINA EN EL PERU

 En el Archivo del Arzobispado de Lima, encontramos gran cantidad de datos de investigación, “los procesos de idolatrías contienen abundantes datos acerca de las divinidades, los mitos, la organización sacerdotal, los rituales comunitarios y las prácticas mágico-religiosas de las poblaciones visitadas por los extirpadores. El descubrimiento de la riqueza de información contenida en los expedientes fue un potente estímulo para el desarrollo de estudios acerca de la magia y de la religión andina antes y después de la Conquista (...) Dichas prácticas constituían el núcleo de lo que pasó a entenderse como religión andina prehispánica y colonial. Así, fueron entrando en el escenario de la discusión múltiples aspectos del universo mágico-religioso de los indígenas  de los siglos XVI, XVII y XVIII, tales como las hazañas míticas y los sofisticados cultos de las divinidades locales y regionales, la vigencia de la devoción a los ancestros momificados y los mitos, ritos y festividades religiosas de los habitantes nativos del Arzobispado de Lima. La organización sacerdotal nativa que se escondía detrás de la persecución de individuos aislados, así como el rol de los sacerdotes-comúnmente llamados hechiceros- en la conservación de la antigua religión andina se volvió uno de los temas centrales.(..) La Conquista y posteriores opresión habían obligado a los indios a aferrarse a su antigua cosmovisión, siendo los llamados hechiceros los defensores de la “pureza cultural” y de la revitalización de las viejas divinidades sojuzgadas(...) Sin embargo, la posibilidad de que existiera una organización sacerdotal nativa colonial, jerárquica, estructurada y bien definida- como la presentada por el extirpador José de Arriaga(..) recibió más de un cuestionamiento(..) con la Conquista se inició el declive del primer tipo de especialistas y de los cultos que supervisaban, los cuales, en caso de sobrevivir, se tornaron cada vez más clandestinos.(..) La clandestinidad hizo desaparecer, a largo plazo, la dimensión colectiva de las antiguas deidades, circunscribiendo su culto a individuos o grupos reducidos. Las divinidades de origen prehispánico fueron perdiendo su rol comunal original. El cristianismo se adaptó y ganó rápidamente terreno en este campo, por ejemplo, con las devociones a los santos patronales. La esfera mágica de lo privado sobrevivió y se vio enriquecida en su bagaje por la tradición mágica de Occidente. (...) En esencia, el problema residía en encontrar una perspectiva apropiada para explicar las transformaciones ocurridas luego de 1532. Se hizo preciso sopesar la tensión entre persistencia y transformación, entre continuidad y cambio. (...) La relación entre ambos sistemas fue de mutua acomodación y articulación. Así, en los Andes coloniales una  nueva síntesis suprema emergió, conteniendo en su interior dos esferas interrelacionadas e interdependientes pero separadas: el catolicismo nativizado y la religión indígena cristianizada”. (José C. de la Puente Luna-2007, pág. 44-50).  

           

En el Perú era un aspecto importante en la religión andina estas pruebas se encuentran en la documentación del Archivo Arzobispal de Lima, “la dificultad para separar las prácticas y creencias católicas de las no católicas se deja sentir especialmente en aquellos fragmentos de los expedientes que remiten a prácticas y creencias de tipo mágico -propias de la espera de lo privado-, tales como la adivinación para encontrar objetos perdidos la magia terapéutica, los hechizos de amor y la brujería (..) la “cultura religiosa indígena que sobrevivía casi sin alteraciones en determinadas zonas del virreinato alentó una visión más bien esencialista de lo andino: aquello que se resistía a desaparecer. (..) Detrás de la búsqueda de continuidades entre el pasado prehispánico y el mundo contemporáneo yacía la influencia de la historiografía sobre la resistencia de las poblaciones indígenas sometidas a la imposición religiosa. (...) En especial, se buscó revivir la figura del especialista religioso andino con la finalidad de analizar la visión desde adentro que este podía ofrecer acerca de la religión de su comunidad”. (José C. de la Puente Luna-2007, pág. 52).

 

En el virreinato peruano, el catolicismo se opone “a las religiones que los visitadores de la idolatría describieron –a veces inventaron- y quisieron extirpar a través de las célebres campañas. El catolicismo del siglo XVII no se puede equiparar con los contenidos del catecismo de 1584 y de la Biblia, o con las creencias que trajeron los misioneros (...) Fue también esta religiosidad la que llegó a América”. Como lo han demostrado investigadores modernos, “para el caso de México colonial, la Iglesia católica no tenía el monopolio de lo sobrenatural. Soldados, artesanos, campesinos y venerables itinerantes venidos de la Península o nacidos en América introdujeron entre los indios una masa de creencias ilícitas y prácticas clandestinas. Para aquellos, el cristianismo no era solo la religión del clero, sino también la versión que de aquél tenían los españoles, corregidores, mineros, mestizos y mulatos con quienes entraban en contacto en pueblos  y ciudades. (José C. de la Puente Luna-2007, pág. 58).

 

Durante la época colonial y del virreinato en el territorio de Tauca no se presentó denuncias ante el visitador de la idolatría, por que los indios que los ejercían la hechicerías eran minúsculos y muy escasos, adivinaban por medio de “sobada o pasada de cuy”, “sacrificios de aves raras”, “chacchado de coca con cal”, “el juego de “granos de maíz blanco y negro”, el uso de “piedras”, “cerros” “cuevas”, “sobadas de yerbas o de hojas de ramas aromáticas o resinosas”, “visitas a las huacas” en horarios nocturnos y el uso de otras hierbas naturales sin importancia alguna, no tenían tanta fuerza como lo que realizaban los “españoles, mestizos y mulatos”, “en los campos de la magia amatoria, de la terapéutica y de la magia negra o brujería” que se producían en el Centro del Perú, “destinadas a la consecuencia del poder, de la salud, del amor o de la riqueza”, en otros humanos objetivos como “la salud, el amor y la muerte” por ejemplo, “En el año de 1689, don Carlos Apoalaya, prominente señor étnico de uno de los tres grandes curacazgos del valle de Jauja, denunció el extraño fallecimiento de su esposa ante el visitador de la idolatría. Según el cacique de Ananguanca, su esposa, potencial heredera del vecino curacazgo de Atunjauja, había encontrado la muerte como resultado de los maleficios que varios hechiceros se habían encargado de lanzar contra ella. (...) los brujos habían actuado convocados por don Cristóbal Calderón, otro señor étnico local. (..) .En noviembre de 1690, el visitador de la idolatría inició una nueva averiguación en uno de los pueblos pertenecientes al curacazgo de Luringuanca, el tercer señorío del valle. El visitador buscaba develar los hechos tras las acusaciones de hechicería e idolatría que esta vez recaían sobre otros tres hechiceros y un curaca, don Juan Picho”. (José C. de la Puente Luna-2007, pág. 61-62). En realidad desde la década de 1550, “los tribunales coloniales no era un simple mecanismo de explotación de las masas indígenas sino que, en muchos casos, estuvo al servicio de los curacas y sus comunidades para resolver los pleitos internos”, el aparato judicial fue manipulado por los curacazgos en contra de los nativos para quitarles sus tierras. Fueron “los dominadores desde el momento en que se les incorporaba a la burocracia virreinal por su condición de indios nobles, merced a su nombramiento como caciques principales y gobernadores de un repartimiento de indios”, “muchos curacas acumularon un considerable patrimonio personal fuera de las pautas de la reciprocidad andina y tejieron sólidas alianzas –matrimoniales, políticos y económicas- con grupos no indígenas” (José C. de la Puente Luna-2007, pág. 71-72).

 

“María Susa Alaya o Arriero, hechicera de Chancay, fue solicitada por la hija de un alférez de apellido Villareal. También, curó con unas hierbas al propio corregidor de la provincia. En el mismo corregimiento, Sebastián Quito “El Viejo”, otro reputado hechicero, curó al Licenciado Bartolomé Jurado, cura y visitador, de unos hinchazones en manos y pies. El hechicero Pedro Guamboy era visitado por españoles y mestizos para conseguir buena suerte en el amor. (Sánchez 1991, pag. 22, 23, 96, 98, 101).

“Hernando Hacaspoma, el célebre hechicero de Cajatambo, curó a un español mestizo de La Barranca por un real” (Duviols 1986, pág. 232).

“En la misma zona, la hechicera Francisca Leonor, india del valle de Haiba, en Ambar, era frecuentada por la mujer de un español para eliminar a su marido” (García Cabrera 1994, pág. 465-466).

“En la provincia de Huaylas, también en el siglo XVII, varios hechiceros eran frecuentados por mestizos y españoles, como María Choque. Joseph “el Dios menor”, era capaz de destruir las sementeras. Un español que le negó un pedazo de tierra fue victima de su magia”. (Polia 1999, pag. 399-401).

“En Arequipa, hechiceros muy prestigiados recibían la visita de españoles, mestizos e indios” (Millones 1978, pág. 33).

“Los jesuitas de Cuzco se enfrentaron a hechiceros que adivinaban a los españoles el paradero de objetos perdidos a cambio de un real”. (Polia Meconi 1999, pag. 454).

“En la doctrina jesuita de Juli, cinco hechiceros expertos en adivinar el paradero de las cosas perdidas y el porvenir recibían a mucha gente, entre ellos algunos españoles” (Polia Meconi 1999, pág. 311).

“Rufina Hidalgo, “negra” de Chancay, tenía una “piedra pequeña como cochinito”, que era su dacha”. (Sánchez 1991, pag. 158).

“Agustina Grimaldo, “zamba” del pueblo de Cochamarca, tenía un idolillo de cristal para fines mágicos”. (García Cabrera 1994, pag. 481 y ss.).

“María Inés, india natural del pueblo de Chiquián en Chancay, curaba con hierbas que aprendió a usar de españoles”. (Sánchez 1991, pág. 7-9).    

“Quizá algunas excepciones sean las visitas que María Soto y otras hechiceras hacian al cerro Guancasmarca en el valle y la invocación que del cerro Acapana hacía María Incolaza, otra hechicera”. (Archivo Arzobispal de Lima, Exp.2 (1689-1691) folios108v.-230r.).

 

“En Jauja, así como en Lima, era la hechicería un mecanismo de ascenso social para muchos hechiceros y hechiceras. Tómese en cuenta que el curaca don Carlos Apoalaya denunció que las hechiceras de Jauja, por el hecho de su oficio, se enriquecían, eran respetadas y hasta proyectaban la imagen de virtuosas. Juan Solso, famoso hechicero, “indio venerado entre esta gente rustica por maestro en estas maldades”, recibía la visita de numerosos clientes. Estos trabajaban y cultivaban sus chacras, por lo que Juan no le faltaba nunca provisiones. Un testigo dijo que “todos le regalaban y andaba bien tratados”.(Archivo Arzobispal de Lima, Exp.2 (1689-1691), pag.79r.-160r).(José C. de la Puente Luna-2007, pág. 83-84).

     

CATOLISMO ANDINO EN EL TERRITORIO DEL PERÚ

Nuestros profesores de historia nos enseñaron que en América antes de ser descubierta por Cristóbal Colón, existía dos grandes Civilizaciones, el Imperio Azteca que se ubicaba en el territorio de México y el Imperio de los Incas que comprendía desde Ecuador hasta Chile en el territorio de Sudamérica. Estos Imperios sometieron a otras civilizaciones internas, incorporando a su religión a sus dioses de sus pueblos. En el “caso de los Incas, trasladaron sus ídolos principales al Koricancha, para mantener la solidez espiritual y material del Imperio. Los Incas, tuvieron dioses supremos inmateriales y adorados unánimemente en todo el Imperio: Pachacamaj e Illa Teqsi, Wiracocha (considerado creador del mundo), luego los visibles: el Sol (Inti), la Luna (Killa), las Estrellas (qoyllor), Venus (ch´aska) el Relámpago y el Rayo (chuki illapa), el Trueno (q´ajya), el Arco Iris (K´uychi turmanyi), el puma, la serpiente, etc. y de todos ellos el Sol era el mayor, el padre natural de los Incas. Con el descubrimiento de América llegó al nuevo mundo la RELIGIÓN CATÓLICA, es decir, adoración a la Santísima Trinidad (Dios Padre, Hijo y Espiritu Santo), devoción a la Virgen María, los Santos y reconocimiento al Papa, como representante de Cristo en la tierra”. (Rósulo F. Reyes Espinoza, Ucrania Peruana Llamellín-Ancash, pág.69).

 

Francisco Morales Padrón, en su obra Historia de América, nos relata “En la mañana del día Viernes 12 de Octubre de 1492, Cristóbal Colón llegó a la isla de Bahamas (Lucayas) que los indígenas la llamaban Guanahani, a la que Colón lo bautizó con el nombre de San Salvador. Desembarcó en la playa acompañado de Martín Pinzón, Vicente Yánez, sus capitanes y varios tripulantes cogido su estandarte o bandera real (donde aparecían las figuras de Jesús en un lado y en el reverso de la Virgen María, bordados en oro), igual sus capitanes bajaron del nao (nave) llevando dos banderas de CRUZ VERDE que el Almirante colocaba en sus navíos por seña con una F (rey Fernando) y una Y (reina Isabel), encima de cada letra su corona; en la playa, el Almirante se arrodillo, beso la arena y dio gracias a Dios por el éxito de su gran viaje, luego, dispuso la construcción de una gran Cruz de madera la misma que fue plantada en el arenal; al respecto Antonio Ballesteros Beretta, en su obra “Cristóbal Colón y el descubrimiento de América”, escribe: “…En cuanto a los solemnes momentos del desembarco, se hallan descritos por Hernando y Las Casas, inspirándose ambos en el Diario del Almirante. El primer contacto de los europeos con los indígenas está narrado con más conocimiento de causa por el dominico, que residió prolongados años en América. Hernando acompañó a su padre en el cuarto viaje, y estuvo de nuevo en la española, pero no mucho tiempo…El desembarco lo refiere el Diario con sencillez. Veamos cómo: “Luego vieron gente desnuda, y el Almirante salió a tierra en la barca armado, y Martín Pinzón y Vicente Yánez, su hermano, que era capitán de la Niña. Sacó el Almirante la bandera real, y los capitanes con dos banderas de la Cruz Verde, que llevaba el Almirante en todos los navíos por seña con una F y una Y; encima de cada letra su corona, una de un cabo de la cruz y otra de otro. Puestos en tierra vieron árboles muy verdes y aguas muchas y frutas diversas”. Esto sucedía el viernes por la mañana del 12 de octubre. La descripción de Las Casas es más detallada y pintoresca: “Saltando en tierra el Almirante y todos hincan las rodillas, dan gracias inmensas al Todopoderoso Dios y Señor, muchos derramando lágrimas, que los había traído a salvamento…”, “…Cumplidos los deberes con Dios, se apresuró Colón a efectuar ante sus tripulaciones la toma de posesión de aquella tierra…”. “La tierra vista desde el Nao Santa María (por R. de Triana), resultó siendo una isla y fue la primera en ser descubierta y tomada en posesión solemne, Colón puso el nombre de CRISTO bajo la advocación de San Salvador; a los días siguientes, continuando con la exploración marítima, el día lunes 15 de octubre descubrió otra isla a la que le bautizó con el nombre de Santa María de la Concepción. En este primer viaje de Colón “no iba ningún sacerdote, por que en un viaje de descubrimiento no había ocasión de efectuar conversiones, aunque debía ir para el servicio de la tripulación…”.           

    

Después de La Capitulación de Toledo que se firmó el 26 de julio de 1529, en la ciudad de Toledo en España, en donde Francisco Pizarro recibe el nombramiento de la Corona como gobernador, capitán general, adelantado y alguacil mayor del Perú, regresa de España trayendo consigo varios religiosos.

 

Guillermo Alvarez Perca O. P. en su obra “Historia de la Orden Dominicana en el Perú”,  nos relata al respecto: “Primera expedición misionera. En la cédula real el 19 de octubre de 1529, firmada en Madrid aparecen los nombres de los religiosos dominicos Fr. Alonso Bargalés, Fr. Pedro Yépes, Fr. Vicente Valverde, Fr. Tomás de Toro, y Fr. Pablo de la Cruz, comprometidos por Fr. Reginaldo de Pedraza y que pasaron al Perú a principios de 1530, llegando a Panamá a fin de año. Por otro lado, Fray Juan Meléndez O. P. en su obra “Tesoros Verdaderos de las Indias -1681”, “asegura que los seis primeros dominicos que pasaron al Perú, comprometidos por Reginaldo de Pedraza, fueron: Fr. Tomás de San Martín, Fr. Vicente Valverde, Fr. Martín de Esquivel, Fr. Pedro de Ulloa, Fr. Alonso Montenegro y Fr. Domingo de Santo Tomás”. Sin embargo, Diego de Trujillo (1571-Madrid) en su obra “Relación de descubrimiento del Reyno del Perú” relata. “Pizarro salió de España acompañado por seis frailes: Reginaldo de Pedraza (Vicario), Alonso Montenegro, Vicente Valverde, Pedro de Yépez, Alonso Burgalés y Tomás de Toro, de los cuales tres se quedaron en Panamá, continuando el viaje con los frailes Pedraza, Yépez y Valverde, los dos primeros murieron a poco…” por esta razón, sólo aparece Vicente Valverde, en el escenario de la captura de Atahualpa en Cajamarca”.(Rósulo F. Reyes Espinoza).

 

En el tercer viaje Francisco Pizarro, parte de Panamá el 20 de enero de 1531, con destino al Perú, desembarcando en las playas de Tumbes en enero de 1532, la Religión Católica había ingresado al Perú, “unos vinieron con la ambición  de conseguir oro, plata y poder, premunidos de armas de fuego y acero; otros con Biblia y Crucifijo en mano, para propagar la doctrina cristiana entre los indígenas en nombre de Cristo y del Papa su representante en la tierra”. El día sábado 16 de noviembre de 1532, fue capturado el Inca Atahualpa en Cajamarca.

 

Al Perú conquistado llegaron diversas órdenes religiosas que existían en España: dominicos, mercedarios, franciscanos, agustinos y jesuitas que se internaron por diferentes comunidades indígenas del país “a cumplir su misión, entre ellas de propagar el Evangelio, extirpar idolatrías, administrar sacramentos, etc”.

 

El P. Guillermo Alvarez Perca, O.P. en su ob.cit. en el Capitulo XVI- Relación de los Misioneros que pasaron de España al Perú en el siglo XVI, nos refiere que “A partir de 1529 a 1598 arribaron al Perú 28 expediciones con un total de 588 religiosos. Todos ellos traían las cosas necesarias de uso personal y los objetos religiosos para las celebraciones litúrgicas: misales, ornamentos, vasos sagrados, custodias y otros; en esta relación figura Fr. Pedro Cano, que salió de España el 23 de diciembre de 1560, en expedición integrada de 50 frailes, quién predicó, evangelizó y extirpó idolatrías en la Región de Conchucos y posible fundador de Santo Domingo de Huari” en el Departamento de Ancash.

 

“Los misioneros realizaron una titánica labor evangelizadora en la costa, sierra y selva del Perú y consecuentemente en el Valle de Conchucos del Departamento de Ancash (región trasandina entre el Callejón de Huaylas y la cuenca del Marañón, provincias de Sihuas, Pomabamba, Luzuriaga, Fitzcarral, Asunción, Huari y Raymondi), en una geografía agreste, difícil, clima inclemente, población muy dispersa y politeísta, diversidad de lenguajes, etc.; los evangelizadores trabajaron también en la reconciliación de los conquistadores y poner coto a sus ambiciones y rencores, pacificando y recomendando el pago de tributos más benignos para los indios, por lo que no fueron bien vistos por los encomenderos y corregidores.

 

Durante las primeras décadas de la evangelización se crearon las Doctrinas y por consiguiente el Cura doctrinero fue el principal encargado de la evangelización de los indígenas en su jurisdicción y para el efecto tenía que saber idiomas como el quechua, aymara, mochíca, etc. para impartir la doctrina cristiana. Los pueblos “cabeza de Doctrina” como lo fue Llamellín estaba representado por el templo, donde el cura doctrinero impartía la enseñanza de la doctrina cristiana”. (Rósulo F. Reyes Espinoza, Ucrania Peruana Llamellín-Ancash, pág.72).  

 

El cronista agustino Antonio de la Calancha, (naturalista, nació en Chuquisaca en 1584, a los 14 años ingresó a la orden de San Agustín, estudio en la Universidad de San Marcos, opto el Grado de Doctor en Teología, su obra Crónica Moralizadora de la orden de San Agustín en el Perú-1631) en su obra “Crónicas Agustinianas del Perú”, trascrito por Bernardo de Torres: “Corriendo en el año 1548, en que gobernaba la Iglesia Católica la Santidad de Paulo III; las Españas y las Indias Occidentales el invicto Emperador Carlos V N.S. y la Religión de San Agustín N.P. el Rvmo. P.M. Fr. Jerónimo Seripando, y siendo Provincial de Castilla y Andalucía P. Fr. Francisco Serrano, quien por orden expresa que tuvo de la Cabeza del mundo y de la Religión, escogió de toda su Provincia doce Religiosos, como doce apóstoles, para que pasasen a este reino a sembrar la fe en sus provincias”. Previamente habían enviado…”al Fr. Agustín de la Santísima Trinidad, Religiosos de cuyo ejemplar observancia se pudo fiar el crédito de todos…”(1548). Dos años más tarde, es decir el 1º de junio de 1551 “entraron a la ciudad de Lima doce fundadores con esclarecida fama de perfectos Religiosos: los RR.PP. Fr. Andrés de Salazar, con cargo de Prior y Vicario Provincial, Fr. Antonio Lozano, Fr. Juan de San Pedro, Fr. Jerónimo Meléndez, Fr. Diego Palomino, Fr. Pedro de Cepeda, Fr. Andrés de Ortega, Fr. Juan de Canto, Fr. Juan Chamorro, Fr. Francisco de Frías, Fr. Juan Ramírez, Fr. Baltazar Melgarejo…” posteriormente llegaron al Perú muchos agustinos para cumplir una noble misión. (Rósulo F. Reyes Espinoza, Ucrania Peruana Llamellín-Ancash, pág. 72).  

 

Es necesario reconocer la fundamental labor que realizaron los primeros Misioneros Dominicos que vinieron de España, en diferentes informaciones nos relatan de la siguiente forma sobre éstos misioneros:

 

LOS DOMINICOS EN EL PERÚ.-

“Los primeros Misioneros Dominicos que zarparon de España con destino al Perú, fueron seis: de los cuales, fray Vicente Valverde fue el único que desembarcó en Tumbes, el año 1532, dos de sus compañeros habían muerto durante la travesía y tres hubieron de regresar a Panamá, desde la isla de la Puná, "fatigados de los trabajos y viendo que no hacían fruto en los indios". Fray Vicente Valverde, enérgico y justiciero, tomó parte en las primeras acciones de la Conquista en Cajamarca y Cusco, y en la fundación de las primeras ciudades cristianas del Perú, Piura, Jauja, Cusco y Lima. Su amor al indio y el alto aprecio a su dignidad es inobjetable; aún cuando sus émulos lo quieran "como duro y hasta cruel", sus clamorosas letras al rey de España, pidiendo un trato más humano y libertad para el indio, perfilan su auténtica personalidad: "Que los indios no se hagan esclavos, ni se les quite la libertad por otra vía; ni se echen a minas; ni se carguen; ni se saquen de sus tierras y asientos; que a todos se les guarde la libertad que antes tenían". Estas quejas de fray Vicente, arrancaron de la pluma real una cédula por la que le nombraba "Protector y defensor de los indios" "y, en consideración de la vida buena y ejemplos, y haber conseguido mucho fruto en la doctrina y conversión de los nativos", la Santa Sede le promovió para el Obispado del Cusco y reinos del Perú, con singular alborozo de los indios”.

Nuevos operarios evangélicos.- “Siguiendo las huellas de Fray Vicente Valverde, a poco tiempo de iniciada la gesta de la conquista, llegaron fray Tomás de San Martín, fray Juan de Olías, fray Domingo de Santo Tomás, fray Pedro de Ulloa, fray Gaspar de Carvajal, fray Martín de Esquivel y ocho religiosos más. Venían todos ellos, escribe el Padre Bartolomé de las Casas, animados de gran celo y deseo de padecerlo todo por Dios, con júbilo y alegría”.

“Un vasto campo de acción se abría, pues, ante la mirada interrogante de aquellos mensajeros de Dios; por un lado indios expuestos al abuso de los conquistadores; por otro, conquistadores ambiciosos, envueltos en sangrientas luchas civiles, conciliar y apaciguar a estos, defender e instruir a aquéllos; he ahí la titánica tarea que les cupo afrontar a los abnegados misioneros dominicos. Mas, no por eso, la siembra del Evangelio fue sofocada. Pronto aparecieron las primeras comunidades cristianas en las principales provincias y ayllus: Piura, Trujillo, Chicama, Jauja, Tarma, Cusco, Yanaoca, Urubamba, Chumbivilcas, Pomata, Juli, Chucuito, Arequipa, Moquegua, Locumba, Chincha, Palpa, Huánuco, Yungay, Huancavelica, Canta, Lima, Huarochirí, Chacras, Chancay y cientos de pueblos más que se honran de haber tenido a los dominicos por sus primeros catequistas y maestros”.

“Es verdaderamente admirable cómo aquellos" pocos misioneros, en un período de tiempo tan corto y faltos de recursos, pudieron crear tantas doctrinas y escuelas, en las que se enseñaba la doctrina cristiana y las primeras letras a los hijos de españoles, a los mestizos y a los indios”.

Creación de la Provincia Dominicana.- “El Papa Paulo III, bien enterado de esta hermosa realidad, expidió un Breve el 23 de diciembre de 1539, en virtud del cual creaba la Provincia Dominicana de San Juan Bautista del Perú. A los doce días de expedido este Breve Apostólico (4 de enero de 1540) , el Padre General de la Orden, fray Agustín Recuperato, nombraba al dedo para desempeñar el cargo de Provincial, a fray Tomás de San Martín, afiliando a la nueva Provincia a los catorce religiosos arriba mencionados”.

Cristianización en marcha.- “Desde la llegada de los dominicos al Perú (1532), habían transcurrido más de 40 años. En este lapso, la Provincia Dominicana de San Juan Bautista tenía fundados más de 30 conventos y 67 doctrinas; cada cual con su escuela parroquial y un vasto radio de acción cultural y religiosa. Contaba la Provincia en sus conventos, fuera de los padres catequistas que vivían en sus doctrinas, 200 frailes, sin contar los religiosos residentes en los conventos del Ecuador, Colombia, Panamá, Argentina y Chile, fundados y gobernados por religiosos enviados desde el Perú. Después de cuatro decenios de correrías apostólicas por todos los caminos de la costa, sierra y selva, los misioneros dominicos podían tener la honda satisfacción de haber transformado la superchería pagana en adoración y culto al verdadero Dios, y de haber amalgamado dos civilizaciones de distinto grado cultural, que dio como resultado un mestizaje rico en ideas, en ciencias, en artes y en costumbres. "Las oraciones, catecismo, confesionario y pláticas espirituales que compusieron entonces nuestros frailes en lengua de los indios son las mismas que hoy usan en todo el Perú, sin diferencia alguna todos los curas, clérigos y religiosos de todas las órdenes, para enseñar, doctrinas, confesar y dirigir a los indios" (Tesoros verdaderos de las Indias. Tomo I, Libro IV, Cap. I)”.

“La siembra evangélica había caído, pues, en tierra fértil. Ahora los maestros y padres de la nueva civilización veían levantarse sobre los despojos de la gentilidad, universidades, escuelas, hogares modelos, verdaderos centros de irradiación cultural y religiosa. La Universidad de San Marcos podía competir con las más afamadas del Viejo Mundo; "tenía grandes letrados, así de los venidos de España, como de los nacidos en el Perú". La santidad y perfección de vida, era cosa común: florecía en el claustro y en el hogar, a ella aspiraban el hidalgo español, el criollo americano, el mestizo y cuantos se alimentaban de aquella rica sabia de espiritualidad cristiana. Los ejemplos no escasean en este aspecto, como en ningún otro.”

Evangelización de Arequipa.-  “Urgía, pues, la presencia del misionero protector del indio, en todas las latitudes del Imperio conquistado. En tal virtud, cuando en 1535 entraron los españoles en Arequipa, en el término de la distancia, fray Tomás de San Martín envió desde Chucuito a los religiosos fray Pedro de Ulloa, fray Diego Manso y fray Bartolomé de Ojeda. Recién llegados los misioneros, emprenden la ardua jornada de evangelizar a los naturales del barrio denominado Collasuyo, hoy san Lázaro; irradiando desde allí su actividad apostólica a Caima, Yanahuara, Tiabaya, Paucarpata y Chihuata; llegando, por el interior, hasta las faldas del Coropuna y, por la costa, hasta las playas de Moquegua y Locumba. Aquel, mismo año (1535) fray Pedro de Ulloa, apóstol infatigable del Rosario, echaba las bases del convento dominicano de San Pablo, de Arequipa”.

Iglesia de Lima.- “Con ocasión de la muerte de fray Vicente Valverde (1541), primer Obispo del Cusco y reinos del Perú, el rey Carlos V creyó oportuno y hasta necesario, dividir esta vasta diócesis en dos episcopados: Cusco y Lima. Para la diócesis del Cusco nombró a fray Juan Solano (+1580), enérgico defensor del derecho del indio; tuvo la santa audacia de entrar en la casa del conquistador, unas veces para romper el cepo que torturaba al indio y, otras para acusar su injusticia y vida escandalosa. Perseguido de muerte por sus enemigos, renunció al gobierno de su diócesis y se exilió en el Convento de la Minerva, en Roma; en donde fundó un colegio del que salieron más tarde hombres célebres en ciencia y virtud”.

Reseña histórica de la provincia de San Juan Bautista del Perú.- “Nuestra Provincia se fundó en 23 de diciembre de 1539, con la Bula de aprobacion del Papa Paulo III. El primer Provincial fue el padre Tomás de San Martin. Diez años mas tarde, los dominicos ejercían su ministerio en 18 conventos y mas de 30 doctrinas”.

“El primer Obispo del Peru fue fray Vicente Valverde O.P. (sede en la ciudad del Cusco, capital del Imperio Incaico). El primer arzobispo de Lima fue fray Jeronimo de Loayza O.P. En el Capitulo Provincial intermedio celebrado en Cusco (1548) se priorizaron tres cosas: la evangelizacion, la enseñanza a los indios y la formación de los evangelizadores. Para este último reto se fundó el primer centro de estudios superiores: "Santa Maria del Rosario" que luego pasaría a denominarse "Universidad Mayor de San Marcos" (Papa PíoV, Bula 25 de julio 1571). Los primeros dominicos que salieron de España con destino al Perú (1529) fueron seis, entre ellos Fr. Vicente Valverde. Los religiosos que misionaban en el Perú, considerando la distancia que los separaba de la isla La Española, sede de la provincia de Santa Cruz, de la que dependían jurídicamente enviaron a Fr. Francisco Martínez y Fr. Agustín de Zúñiga al Capítulo General de Lyon (Francia), para pedir la creación una nueva provincia. Los capitulares aceptaron su petición y erigieron la Provincia. La Bula de creación fue expedida por el Papa Paulo III, el 23 de diciembre de 1539; y el 4 de enero de 1540, el Maestro de la Orden Fr. Agustín Recuperato de Favencia firmaba en Roma las patentes de la nueva Provincia. El 12 de mayo de 1551 por gestiones del Padre Provincial, Fr. Tomás de San Martín, se funda el primer Estudio General, siendo la primera facultad de la hoy llamada Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la primera de América del Sur. También se preocupa de la educación elemental de los naturales, llegando a fundarse hasta sesenta escuelas, durante el s. XVI. Atendiendo a las necesidades prioritarias, nacidas de las acciones de guerra de la conquista, Fr. Jerónimo de Loayza, OP. Primer Arzobispo de Lima, construye el hospital de Santa Ana para los naturales y negros. Fr. Domingo de Santo Tomás, segundo provincial, propicia las primeras casas de recogimiento para niñas y niños abandonados; propugna los principios de la justicia social, en defensa de los naturales, escribe la primera gramática quechua y el primer catecismo quechua. Cuatro grandes figuras de santidad: San Martín de Porres, Santa Rosa de Lima, San Juan Macías y la Beata Ana de los Angeles Monteagudo.En el proceso, de la emancipación nacional, a lo largo del S. XIX, la Provincia peruana pasó por la crisis más aguda de su historia. Por decreto del Gobierno Republicano del 23 de marzo de 1822, la Provincia quedó reducida a tres conventos. La ocasional visita de Fr. Vicente Nardini, de eterna y agradecida memoria, en 1879, suscitó en el dominico italiano, el anhelo de restaurar la benemérita Provincia Peruana. Conseguida las facultades de Visitador y Vicario General (1881), trabajó tan ardua y provechosamente que el 4 de agosto de 1897, el MO. Fr. Andrés Fruhwirth por decreto «Peruvianis Regionibus», restituyó sus derechos como las demás provincias. Actualmente cuenta con 4 conventos y 5 casas, varias Obras. El promedio de frailes es de 75 integrantes. En Formación hay 30 frailes, díaconos 4, hermanos cooperadores 4, sacerdotes 46, Obispos 2.”

 

“En la fabulosa obra de “Historiadores primitivos de Indias”, Volumen II, Capitulo CXXI,  © Antehistoria, se relata lo siguiente: “De los monasterios que se han fundado en el Perú desde el tiempo que se descubrió hasta el año de 1550 años. Pues en el capítulo pasado he declarado brevemente los obispados que hay en este reino, cosa conveniente será hacer mención de los monesterios que se han fundado en él, y quién fueron los fundadores, pues en estas casas asisten graves varones, y algunos muy doctos. En la ciudad del Cuzco está una casa de señor Santo Domingo, en el propio lugar que los indios tenían su principal templo; fundóla el reverendo padre fray Juan de Olías. Hay otra casa de señor San Francisco; fundóla el reverendo padre fray Pedro Portugués. De nuestra Señora de la Merced está otra casa; fundóla el reverendo padre fray Sebastián. En la ciudad de la Paz está otro monesterio de señor San Francisco; fundólo el reverendo padre fray Francisco de los ángeles. En el pueblo de Chuquito está otro de dominicos; fundólo el reverendo padre fray Tomás de San Martín. En la villa de Plata está otro de franciscos; fundólo el reverendo padre fray Hierónimo. En Guamanga está otro de dominicos; fundólo el reverendo padre fray Martín de Esquivel, y otro monesterio de nuestra Señora de la Merced; fundólo el reverendo padre fray Sebastián. En la ciudad de los Reyes está otro de franciscos; fundólo el reverendo padre fray Francisco de Santa Ana; y otro de dominicos; fundólo el reverendo padre fray Juan de Olías. Otra casa está de nuestra Señora de la Merced; fundóla el reverendo padre fray Miguel de Orenes. En el pueblo de Chincha está otra casa de Santo Domingo; fundóla el reverendo padre fray Domingo de Santo Tomás. En la ciudad de Arequipa está otra casa desta orden; fundóla el reverendo padre fray Pedro de Ulloa. Y en la ciudad de León de Guanuco está otra; fundóla el mismo padre fray Pedro de Ulloa. En el pueblo de Chicama está otra casa de esta misma orden; fundóla el reverendo padre fray Domingo de Santo Tomás. En la ciudad de Trujillo hay monesterio de franciscos, fundado por el reverendo padre fray Francisco de la Cruz, y otro de la Merced, que fundó el reverendo padre fray ...... En el Quito está otra casa de dominicos; fundóla el reverendo padre fray Alonso de Montenegro, y otro de la Merced, que fundó el reverendo padre fray ......, y otro de franciscos, que fundó el reverendo padre fray Iodoco Rique, flamenco. Algunas casas habrá más de las dichas, que se habrán fundado, y otras que se fundarán por los muchos religiosos que siempre vienen proveídos por su majestad y por los de su consejo real de Indios, a los cuales se les da socorro, con que puedan venir a entender en la conversión destas gentes, de la hacienda del Rey, porque así lo manda su majestad, y se ocupan en la dotrina destos indios con grande estudio y diligencia. Lo tocante a la tasación y otras cosas que convenía tratarse quedará para otro lugar, y con lo dicho hago fin con esta primera parte, a gloria de Dios todo poderoso nuestro Señor, y de su bendita y gloriosa Madre, Señora nuestra. La cual se comenzó a escrebir en la ciudad de Cartago, de la gobernación de Popayán, año 1541, y se acabó de escrebir originalmente en la ciudad de los Reyes, del reino del Perú, a 8 días del mes de setiembre de 1550 años, siendo el autor de edad de treinta y dos años, habiendo gastado los diez y siete dellos en estas Indias”.

El Arquitencto Juan Gunther ha escrito sobre la Iglesia de Santo Domingo lo siguiente:“Después de la fundación de Lima, el 18 de enero de 1535, el conquistador Francisco Pizarro entregó a la orden de Santo Domingo el solar que hoy ocupa su iglesia en el jirón Conde de Superunda, a una cuadra de la Plaza de Armas de Lima. Aunque los dominicos Juan de Olias, Alfonso de Montenegro y Tomás de San Martín, quien asume el gobierno de la orden en calidad de vice-provincial, fundan primero su convento en el solar de Diego de Agüero en la esquina de las calles Judíos y Bodegones para mudarse recién en 1541 al solar que se les había asignado, mientras se construía su casa”.

“Antes, el 4 de enero de 1540, se crea la provincia de San Juan Bautista del Perú de la orden de Santo Domingo, separándola de las provincias de Santa Cruz de la Española y de la de Santiago de México. La nueva provincia se extendía desde Nicaragua hasta el Río de la Plata, "por toda la costa del Mar del Sur". A partir de esa fecha el convento, que debía denominarse del Rosario, comenzó a construirse gracias a la ayuda de muchos vecinos que dieron gruesas limosnas, adquiriendo para sí y sus descendientes las capillas donde habían de enterrarse. El capitán Juan Fernández edificó y dotó la capilla de San Juan de Letrán, Diego de Agüero, la de Santo Cristo, situada en el crucero, que mas tarde vino a ser la del Rosario y Jerónimo de Aliaga tomó para sí la denominada de San Jerónimo, que hoy es la capilla de Santa Rosa de Lima”.

“En ese mismo año Francisco Pizarro funda la Archicofradía de la Veracruz para dar culto al fragmento de la cruz en que murió Cristo y que a instancias de Carlos V envió a Lima el papa Paulo III. Para albergar esta reliquia se construyó la Capilla de Veracruz al costado de la iglesia de Santo Domingo. Pocos meses después llega un grupo de 12 sacerdotes de la orden, incluyendo a Domingo de Santo Tomás, fundador de la Universidad de San Marcos que, con el nombre de Estudio General, inicia en 1548 sus cursos de Teología, Escritura, Gramática y Lengua General. El 2 de enero de 1553 se inicia oficialmente el funcionamiento de la Universidad, cumpliendo con la Real Cédula expedida en Valladolid el 12 de mayo de 1551, siendo su primer rector el padre dominico Juan Bautista de la Roca. En 1574 se muda la Universidad al local de San Marcelo, después de haber sido abandonado por los padres de San Agustín”.

“El 28 de marzo 1568, llegan al Callao y el 1 de abril hacían su entrada en Lima 7 religiosos de la Compañía de Jesús, encabezados como provincial por el padre Jerónimo Ruiz del Portillo, para instalarse provisionalmente en el convento de Santo Domingo, antes de iniciar la construcción de su primer templo que inaguraron seis años después. La iglesia de Santo Domingo demoró en construirse. Aún no estaba terminada en 1583, ya que el 22 de enero de ese año el artífice mayor de albañilería Esteban Gallegos, requerido por los padres, declara que conocía el convento hacía 24 o 25 años y que a la iglesia "le falta de acabar y hacer mas de la mitad della y lo que falta por acabar no se hará con 40,000 pesos, por ser todos los materiales de cal, ladrillo y piedra muy costosos". Lo que no impedía que se adornaran sus capillas, como la de la Virgen del Rosario de los Españoles que hizo en 1582 el escultor sevillano Juan Bautista Vásquez y cuya pintura realizó Pedro de Villegas. Todavía en 1590, después del desastroso terremoto de 1586, el escultor sevillano Juan Martínez Montañés se obliga entregar al dominico Cristóbal Núñez, para la iglesia un "Santo Domingo", un "Santo Tomás", una "Santa Catalina de Sena" y el "Cristo" de la familia Aliaga. También el pintor Mateo Pérez de Alesio, que llegó a Lima en ese año, trazó los santos que adornan los claustros dominicos”.

“En esa misma época, exactamente en 1594, y a la edad de 15 años, es recibido San Martín de Porras como donado en el convento de Santo Domingo, por el prior Francisco Vega. Luego de nueve años profesa en la orden y el 2 de junio de 1606, en el coro del convento, el superior fray Alonso de Sea recibe sus votos de pobreza, castidad y obediencia. Durante 33 años, hasta su muerte, el 3 de noviembre de 1639, Martín será el enfermero, cirujano y barbero de la institución, ayudando y atendiendo a muchos menesterosos. Fray Martín fue canonizado por el papa Juan XXIII en 1962”.

“A finales del siglo XVI y hasta el terremoto de 1909 se termina la primera iglesia del convento y se trabaja intensamente en el adorno de los claustros. El 17 de setiembre de 1603, el alarife carpintero Francisco Rodríguez contrata cubrir los cuatro ángulos de un claustro pequeño que se estaba construyendo. Entre 1604 a 1606 se colocan los azulejos del claustro principal, importados del taller de Hernando de Valladares de Sevilla. A partir de allí se colocan los azulejos que fray Francisco de Avendaño, procurador del convento, encargó al ceramista Garrido, de acuerdo a la inscripción "me fecit Garrido", que aún se conserva. Debieron ser 6,000 azulejos grandes y los chicos que fueren necesarios, "habían de ser como los de la sala del Palacio". También en 1606 fundan los padres del convento de Santo Domingo la recolección Santa María Magdalena, después Sagrados Corazones o Recoleta en la actual plaza Francia”.

Después del terremoto de 1609 el convento de Santo Domingo inicia una gran actividad constructora que transformaría el monumento totalmenmte. En 1615 el maestro alarife Alonso Arenas reacondiciona el claustro principal y el prior Salvador Ramírez manda hacer los retablos procesionales de los ángulos del mismo. En 1616 el escultor Diego Martínez de Oviedo contrató con los mayordomos de la cofradía del Rosario para hacer el retablo de la virgen titular y un Jesús Nazareno, que fueron dorados por Diego Sánchez Merodio. El 16 de mayo de 1619 el alarife Diego Guillén contrata con los mayordomos de la capilla de la Veracruz la ejecución de la portada renacentista de ingreso, quizás diseñada por Juan Martínez de Arrona, que se puede ver en el grabado de la fachada de Santo Domingo que aparece en los "Tesoros Verdaderos de Indias" de Juan Meléndez, publicado en Roma entre 1681 y 1683.

“Mientras se estaban realizando estas obras el beato Juan Masías, antes de ingresar a la orden de Santo Domingo, contrata con el acaudalado Pedro Jiménez Menacho cuidar su ganado menor, que poseía éste como asentista del abasto de carne de la ciudad, en un lugar inmediato a la Alameda de los Descalzos, en donde se levantaría después la iglesia y beaterio de Nuestra Señora del Patrocinio. Es ahí, según refiere el beato en su autobiografía, donde tuvo revelaciones divinas. El 22 de enero de 1622, ingresa a la orden dominica para ocupar la portería de la recolección de Santa María Magdalena, actual iglesia de la Recoleta”.

“Anteriormente a la transformación de la fisionomía interna y externa del templo dominico, que se realizar  a partir de 1660, se hacen aún varias obras de importancia. El 2 de octubre de 1625 el alarife Francisco Gómez de Guzmán inicia la ejecución de la desaparecida portada del refectorio "según y de la forma y manera que está hecha la del refectorio del Colegio de San Ildefonso de la misma orden". A mediados de julio de 1630, el maestro de arquitectura y entallador Pedro Noguera realiza, a pedido del padre dominico fray Juan Yáñez, varias figuras para el retablo principal de la iglesia, que el pintor Agustín de Sojo, en compañía de Antonio de Umbela y Juan Cáceres, pintarán y dorarán. El 22 de enero de 1632, el alarife Antonio Mayordomo contrata la construcción de una espadaña para la iglesia en reemplazo de otra existente, de acuerdo al proyecto del padre dominico fray Juan García. El 14 de febrero de 1633, el alarife Antonio Mayordomo propone alargar el coro alto de la iglesia. El 18 de marzo de 1650, el maestro ollero Juan del Corral contrata hacer los azulejos para la iglesia y en 1653, por encargo de fray Alonso Prieto, los azulejos que habían de adornar la capilla del Rosario”.

“Pocos años después se inicia para el templo dominico la transformación que sufren todas las iglesias limeñas, es decir se reestructuran los templos abandonándose las formas góticas primitivas para reemplazarlas con lo que se ha llamado el barroco limeño. Así se inicia en Santo Domingo con la destrucción de la espadaña, recientemente inagurada, para remplazarla por una torre que es contratada, el 1o. de abril de 1659, al alarife Francisco Cano Melgarejo y al carpintero Lorenzo de los Ríos, por el prior fray Martín Meléndez, de acuerdo a los planos del alarife dominico fray Diego Maroto, que en esa misma época está construyendo el crucero y la cúpula de la iglesia. La torre de 44 varas de alto y de forma octogonal, se levantó sobre la capilla "de los negros" y constaba de tres cuerpos rematados por una cúpula coronada por una escultura bronceada de Santo Tomás de Aquino mitrado. Cano Melgarejo es autor también de la gran escalera conventual que aún existe. El 2 de enero de 1663, el maestro Lorenzo de los Ríos contrata la construcción de la cúpula para rematar la torre de Santo Domingo que se terminó de construir el 8 de enero de 1665. Un grabado de la iglesia con su torre publicó en Roma, en tres tomos entre 1681 y 1682, el dominico limeño Juan Meléndez en su "Tesoros Verdaderos de Indias". En 1666 el alarife fray Diego Marote hace derribar las bóvedas góticas de la capilla mayor de la iglesia para hacerlas reedificar en cal y ladrillo por el albañil Diego de la Gama; aunque por poco tiempo, ya que 25 años después las reconstruye en madera y yeso”.

“Mientras se realizaban estas grandes obras, dentro y fuera de la iglesia, en el mes de agosto de 1667, se celebró con gran pompa la beatificación de Santa Rosa de Lima. El 17 de junio de 1678, a un cuarto para las ocho de la noche, se produce el terremoto que agrietó totalmente el templo de Santo Domingo. Después del sismo el alarife fray Diego Maroto inicia la conversión de la iglesia de Santo Domingo en un templo de tres naves, derribando la parte delantera de la iglesia a partir de las capillas paralelas de los Aliaga y los Agüero, y edificando el crucero con una nueva capilla mayor. Todo esto con adobes, madera y quincha, que habían comprobado ser más resistentes que la piedra y el ladrillo. Una vez levantado el templo se reinicia su adorno. Así, el 14 de enero de 1684, el ensamblador Diego de Aguirre contrata con la cofradía de la Virgen del Rosario de los Españoles, en la iglesia de Santo Domingo, para hacer en un año el retablo y el camarín de la Virgen. En 1687 los ensambladores Pedro Gutiérrez y Juan Gómez de Lasalde terminan la confección del retablo de Santa Rosa. Entablaron pleito por debérsele 1,000 pesos de la cantidad ajustada y en su alegato dicen que el retablo terminado era de las mismas proporciones que el de la Virgen del Rosario y, por tanto, debía costar igual. En 1687 el pintor Rafael Bermúdez hace un lienzo de la Virgen del Rosario, rodeada de unos medallones con santos”.

“Después del terremoto de 1746, que redujo a Lima a escombros, se inicia la reconstrucción del convento y de la iglesia para convertirlas en el monumento que hoy conocemos. Después de la rehabilitación del templo le tocó a la capilla de la Veracruz que se reedificó en 1758 y el 12 de febrero de 1774 se colocó el primer ladrillo para la reconstrucción de la torre agregándole un cuerpo mas de altura diseñado por el artífice Juan de la Torre, siendo el resto de acuerdo a los planos del alarife Martín Gómez. El ángel de bronce de 3.5 mts. de altura, y que en las noches servía como faro, fue obra del platero Fernando Daza. La torre se terminó de construir en 1776 interviniendo en la reedificación como maestro de obras el alarife Juan de la Roca. En 1835 la arruinó un incendio sustituyéndose su cúpula piramidal por una chata y el ángel por uno de madera. Después del terremoto de 1940 la torre recuperó su forma original. En 1780 el maestro escultor José Pérez de Mendoza hace el retablo principal "de obra moderna" de la capilla de la Veracruz”.

“Durante la época de la Independencia el presbítero Matías Maestro transforma el interior del templo dominico reconstruyendo prácticamente todos sus altares para convertirlos al estilo neoclásico que estaba en pleno auge. Lo ayudaron en esta labor el maestro carpintero Jacinto Ortiz y el pintor José Sagastizábal. También encargó en 1822 al pintor sevillano José del Pozo decorar con sus lienzos el camarín de la Virgen del Rosario de los Españoles y pintar dos lienzos uno de Santa Rosa y otro de la Virgen María para los nuevos altares. Ya en este siglo los altares son remozados -y el de Santa Rosa redorado- gracias al autor de esta obra. El camarín de la Virgen del Rosario de los Españoles es una verdadera joya rtística que desgraciadamente no esta abierto al público”.

 

Las actividades extirpadoras se realizaron en todo el Perú, los primeros datos se encuentran en la “Instrucción del pionero extirpador Cristóbal de Albornoz, elaborado hacia 1584. El texto contiene una enumeración de las huacas de los habitantes del valle (provincia de Jauja), sin mayor indicación sobre las idolatrías de los indios. A inicios del siglo XVII, cuando se montaban las primeras campañas oficiales, el famoso Francisco de Ávila dijo haber visitado la zona entre enero de 1614 y febrero del año siguiente. Refiriéndose a su labor extirpadora en varias doctrinas del valle, escribió que había reducido a la fe católica a 11.720 personas, confiscando de manos de los indios 380 ídolos de piedra y destruido 420 ídolos, reemplazándolos por cruces”. (Esta información fechada en Lima el 16 de marzo de 1615, Archivo General de Indias, Lima, 326, folios 1 al 3).

 

 “El célebre doctrinero de San Damián de Checa también sostuvo haber castigado a los indios idólatras de las doctrinas de Santa Fe de Atunjauja, San Miguel de Huaripampa, Santa Ana de Sincos, La Ascensión de Mito, San Francisco de Orcotuna, Santo Domingo de Sicaya y San Juan Bautista de Chupaca, todas ubicadas en el valle (Jauja). El padre José de Arriaga (jesuita), autor del primer manual para extirpadores, en el cual expresó su indignación grandilocuente por la supuesta difusión de la idolatría en el virreinato, pudo escribir que muchas zonas, como el valle de Jauja, estaban muy cultivadas y recibían de ordinario riego de doctrinas. Según Arriaga, en el valle había poca o ninguna idolatría, gracias a los cuidados y diligencias de los padres dominicos y franciscanos, encargados de adoctrinar la región  desde los tiempos del pacificador Pedro de La Gasca. (...) “treinta y cinco años después. Diego Barreto de Aragón y Castro llevó a cabo, entre el 4 de octubre de 1654 y el 30 de setiembre de 1655, una visita de idolatrías en el valle del Mantaro. La información de su visita es importante porque constituye la única relación más o menos detallada que se ha conservado para la zona de Jauja. Ampliando lo que fue el radio de atención de Ávila cuarenta años antes, Barreto no solo confisco ídolos, reemplazó huacas por cruces y convirtió a varios indios a la verdadera fe, sino que penitenció a muchos hechiceros que habían pactado con el Demonio y castigó a otros indios por amancebados. También, fundó una casa de reclusión para hechiceros en Santa Fé de Atunjauja. (...) Cada uno de estos momentos 1650 y 1690) coincide con la labor de un visitador de la idolatría, Diego Barreto de Castro y Antonio Martínez Guerra, respectivamente”. (José C. de la Puente Luna-2007, pag. 75-77). “A Felipe de Medina se le encomendó, el 9 de setiembre de 1649, la visita de Yauyos, Jauja, Chancay y Huaylas. Estaba en Andajes hacia marzo de 1652, realizando una visita de extirpación en los pueblos de Cauxul, Lancha, San Benito y Andares. En el mismo año fulminó causas en Cajatambo”. (Duviols 1977- pag. 198).